FANFICTION: En mi mundo. (Nisekoi) Capítulo 14



Capítulo XIV



Sicilia. La isla más grande del mar Mediterráneo y la séptima de toda Europa. Región independiente de la república Italiana, la más grande de todas; ubicada al sur del mar Tirreno y separada de la región de Calabria, al costado este, únicamente por el estrecho de Mesina.

Con una superficie de más de veinticinco mil kilómetros cuadrados y habitada por más de cinco millones de personas, es una de las islas más densamente pobladas del Mediterráneo. Además, es uno de los mayores centros turísticos de toda Europa, dónde se puede desarrollar toda clase de viajes y descubrimientos encantadores, ya sea a través de su historia, su naturaleza o su cultura.

En la parte septentrional de la isla se extiende lo que es la provincia de Palermo, cuya ciudad homónima, al centro del golfo que abarca toda la parte noreste, es la capital de la región Siciliana. Dicha ciudad, que en algún tiempo fue griega, luego romana, y que posteriormente fue conquistada por los Normandos y Suevos, es una joya de la cultura multiétnica que alberga. Es, además, la ciudad más grande e importante de Sicilia, así como el centro comercial por excelencia de los productos agrícolas de esta isla del Mediterráneo, con fábricas de productos alimenticios, industrias siderúrgicas, navieras, muebles, artículos de piel, vidrio, industria química, de cemento, textil y de papel.

La mayor parte de los edificios más antiguos de la ciudad datan del periodo en el que Sicilia era reino normando y en ellos se superponen elementos arquitectónicos de influencia árabe, bizantina, normanda y española. Sin lugar a dudas, Palermo es una ciudad que vale la pena visitar aunque sea una vez en la vida.

No obstante, dicha joya de ciudad también está cubierta por el polvo de las desgracias que han generado los desastres naturales en forma de terremotos, y del lastre que han provocado la especulación inmobiliaria, la miseria y el paro o los crímenes de la mafia.

Fue en el año de 1992 cuando el juez Giovanni Falcone fue asesinado por la mafia, en compañía de su esposa y tres escoltas, quienes hicieron estallar mil kilogramos de explosivos colocados en la autopista al momento de que ellos iban en coche rumbo al aeropuerto ubicado a 35 kilómetros al oeste de la capital. Ese mismo año, su sucesor, Paolo Borsellino, también fue ejecutado.

Por este motivo, el aeródromo lleva hoy en día el nombre de 'Aeropuerto Internacional Falcone-Borsellino' en conmemoración a aquellos dos hombres íntegros que lucharon contra el crimen organizado a capa y espada, y habían sido incorruptibles.

Más de dos décadas después, en el lugar antes mencionado, tres peculiares sujetos acababan de llegar desde Japón luego de un largo viaje. Nuestros singulares viajeros: Raku Ichijo, Paula McCoy y Seishirou Tsugumi se encontraban caminando, algo fatigados, por las afueras del aeropuerto, conversando acerca de cuál sería su siguiente parada.

"Así que en alguna parte de esta isla se encuentra Chitoge" meditaba Raku Ichijou mientras miraba de un lado a otro aquel nuevo y enigmático mundo que se cernía ante sus ojos. No podía estar más ansioso por verla de nuevo y que le contase lo que estaba pasando.

"Señorita, resista. Ya vamos en camino" pensaba Tsugumi, quien seguía lidiando en su interior con un sinfín de temores y preocupaciones.

—Esto de no traer absolutamente ningún arma, es desesperante —se quejaba, entre tanto, Paula, con las manos en la nuca y un dejo de fastidio. Raku la miraba con algo de recelo pues era él quien había terminado cargando con su equipaje junto con el suyo.

—Venimos hasta aquí a través de un vuelo comercial —le respondió Tsugumi, quien iba al frente del grupo leyendo con detenimiento un mapa y una hoja de papel con instrucciones mientras arrastraba su valija con la otra mano—. Traer armamento sin ser detectado es prácticamente imposible. Además, no debemos preocuparnos por eso. Cuando nos reunamos con el resto del equipo se nos proporcionará todo el que requiramos para la operación.

—¿Resto del equipo? —Preguntó Raku, algo sorprendido.

—Así es. De acuerdo con las instrucciones que el señor Claude me dejó escritas en esta nota, una vez hayamos llegado a Italia deberemos dirigirnos a la costa de Palermo. Una vez allá, en un complejo habitacional en el barrio de Settecannoli, nos estarán esperando los otros agentes del Beehive que el señor Claude envió aparte de nosotros.

—¿Eso significa que no estaremos solos?

—Por supuesto que no. El señor Claude ya se encontraba planeando la manera de detener esta boda desde mucho antes que tú te aparecieras, Raku Ichijou. Los hombres con los que trabajaremos son fieles subordinados directos suyos, que se ofrecieron a ayudarlo pese al alto riesgo que implica el fracaso de la misión.

Los ojos de Raku brillaron esperanzados. Sin embargo, se comenzaba a temer que esto se estaba volviendo un poco más complicado de lo que él habría querido; mas debía comprender que Claude estaba mejor posicionado que él para discernir cuál debía de ser la mejor estrategia para localizar y llegar hasta Chitoge, y descubrir la verdad tras todo esto. Debía confiar en él.

—Entonces, debemos tomar un taxi, ¿no? —Opinó Raku.

—Yo preferiría que pasáramos a comer algo primero —dijo Paula, con algo de infantilismo en su actitud—. ¡Me muero de Hambre!

—¡Nada de eso! —Reprendió su colega—. Mientras más pronto nos reunamos con el resto del equipo, más pronto podremos…

De repente, tanto Tsugumi como su compañera detuvieron en seco su andar, siendo Raku el único que siguió caminando hasta que se percató de ello. Entonces se volteó hacia atrás para ver qué era lo que había ocurrido.

—¿Pasa algo?

Las dos chicas se miraron con complicidad y asintieron. Sin necesidad de dirigirse palabra alguna, se pusieron de acuerdo y corrieron al mismo tiempo hacia un callejón de aquella avenida, por el cuál acababan de pasar hace unos momentos. Raku, confundido, intentó seguirlas pero éstas le dejaron muy atrás.

Cuando Raku se acercó lo suficiente a aquel callejón sin salida escuchó el ruido de golpes y forcejeos. Asustado, se dio aún más prisa y entró para buscar a sus compañeras. En el rincón más profundo del angostillo finalmente las divisó. Ambas estaban sometiendo en el piso a un hombre adulto mientras le amenazaban de manera muy agresiva.

—¡Chicas! ¿Pero qué están…?

—Muy bien, imbécil. ¿Creíste que no nos habíamos dado cuenta? —le espetaba Paula mientras le daba una que otra bofetada a su víctima.

—No sólo ibas en el mismo vuelo que nosotros, sino que además nos has estado siguiendo desde que bajamos —agregó Tsugumi igual de molesta—. ¡Confiesa, bastardo! ¿Acaso eres un espía de la mafia? ¿Para quién trabajas?

—¡No, no, nada de eso! —Suplicaba el pobre sujeto completamente temeroso de lo que esas dos se podrían atrever a hacerle—. Yo sólo estoy aquí por… —recibió otra arremetida de Paula.

Raku observó de reojo su rostro hasta que por fin lo reconoció—. Esperen un momento… ¡Chicas, deténgase!

Tsugumi y Paula voltearon confundidas hacia el morocho.

—¡Yo te conozco! —Exclamó señalándole con incredulidad. Ciertamente no podría estar más asombrado de verlo en un lugar tan lejano como aquel país.

—¡Aniki! —Gritó el sujeto, bastante aliviado de ver que Raku le había reconocido—. Gracias a Dios…

—Raku Ichijou, ¿conoces a este sujeto? —Preguntó Tsugumi sumamente enérgica. Luego se volteó a mirar con más detenimiento el rostro de aquel espía por si ella también le recordaba de algún lugar. Notó que se trataba de un adulto joven de nacionalidad japonesa, cabello negro y corto a excepción de su enorme flequillo que sólo llevaba hacia delante del lado derecho, llegándole hasta por debajo de la mejilla mientras que por el lado izquierdo lo tenía completamente peinado hacia atrás, dejando asomar la arracada de su oreja izquierda.

—Sí. Verán, él es el capitán del escuadrón antidisturbios de la ciudad y…

—Ah, Ya veo… —musitó Paula lenta y mordazmente. Ella y Tsugumi voltearon a verse, se sonrieron con malicia y enseguida miraron de nuevo a su víctima, a la vez que un aura demoniaca comenzaba a emerger de ellas—. Así que se trata de un policía, ¿eh…?

—Pues bien, por ahí hubiéramos comenzado. —Tsugumi se tronó los nudillos. Las intenciones de ambas sicarios eran demasiado obvias. El pobre sujeto se echó a temblar al ver todo ese sadismo reflejado en los ojos de las dos jóvenes que lo tenían contra el piso—. Hasta aquí llegaron tus intentos por sabotear a nuestra organización, polizonte enclenque….

—¡Qué no le hagan daño! —Suplicó Raku asustado y muy preocupado—. Él… ¡Él es un amigo mío!

—¿Qué? —dijeron al unísono Paula y Tsugumi.

—Sí. Su nombre es Aiba Migisuke, y es un conocido de Tachibana. A pesar de su trabajo, él nunca ha tomado represalias hacia mí o algo sólo porque yo sea parte de una casa Yakuza. Así que podemos confiar en él. Se los aseguro.

—¡Pero Raku Ichijou! —Protestó Tsugumi—. ¡Ese hombre nos ha venido siguiendo todo este tiempo! ¿Qué otras razones podría tener si no?

—Es una larga historia —pronunció finalmente Migisuke, echando un profundo suspiro. El resto de los presentes voltearon hacia él con incertidumbre.

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—Señorita Marika —comentaba un Migisuke quien estaba de visita en el departamento donde vivía la hija del superintendente de policía—, se le ve muy triste. ¿Acaso le ocurrió algo?

—No es nada que te importe —contestó sin siquiera voltear a verle, en un rincón de su sillón—. Estoy bien.

—No sea así, señorita. Sabe que si usted tiene un problema, yo siempre estaré dispuesto a ayudarla. No importa de lo que se trate. Usted puede contármelo.

—No tengo nada. Déjame en paz…

—¿Está segura?

—Estoy segura.

—Ya veo… —Él, en realidad, no le no le había creído. Claramente podía ver en su rostro y forma de hablar, lo deprimida y desconsolada que estaba la pobre; pero a su vez sabía, en cierta forma, que no tenía caso insistirle—. En fin. He venido para avisarle que me voy a ausentar durante un par de semanas de la ciudad, por lo que no la voy a poder asistir como es costumbre durante todo ese tiempo. Ya que por fin conseguí que me dieran mis vacaciones para esta fecha, y las voy a aprovechar para realizar aquel viaje a Paris con el que siempre he soñado y por el que tuve que ahorrar y prepararme mucho.

—Espera un segundo. —Marika despegó el rostro del cojín y volteó a verlo—, ¿Dijiste viaje?

—Sí —le mostró su boleto de avión—, justo mañana es el vuelo. ¡Será la primera vez que viajo a Europa en mi vida!

Marika le arrebató el Ticket y lo observó con atención. Luego de unos instantes dijo:

—Migisuke —su semblante apagado había desaparecido por completo y ahora se comportaba nuevamente como de costumbre—, tengo una mejor idea. En lugar de Francia, ¡ve a Italia!

—¿Qué? Pero señorita Marika, yo ya tengo planeado…

—Si haces que te reembolsen por este boleto y pones un poco más de dinero, puedes comprarte sin problema otro, ¿no?

—Bueno… sí. Pero ese no es el problema. ¿Por qué quiere que yo…?

—Migisuke —tomó al joven oficial de las manos y le miró directamente a los ojos—, necesito pedirte un gran favor. Sólo tú puedes ayudarme.

Marika le veía con una mirada suplicante, sus ojos brillaban esperanzados. Migisuke tragó saliva e intentó zafarse de la situación:

—Pero señorita Marika… ya le dije que estas son mis vacaciones y…

—Migisuke, tú me acabas de decir que siempre estarías dispuesto a ayudarme en caso de que tenga un problema, ¿no es así? ¿O acaso Migisuke no estaba siendo sincero conmigo?

—¡No! Señorita, es verdad, pero yo en estos momentos… y, además, no entiendo porqué quiere que yo…

Las dotes de actuación de Marika como 'damisela en peligro' estaban dando sus frutos. El oficial de policía comenzaba a sentirse culpable con cada negativa que intentaba darle.

—Raku-sama, él se encuentra en grave peligro y ni yo misma soy capaz de hacer algo por él. Migisuke, por favor, te lo ruego, ayúdame.

—¿Qué? ¿Se refiere a su prometido?

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—Y entonces me pidió que te vigilara de cerca para asegurarme de que no intentaras hacer algo peligroso, y que te protegiese en caso de ser necesario —terminó de relatar su historia. Los otros tres escucharon cada palabra con algo de incredulidad.

Paula ya no pudo contenerse: echó un resoplido e inmediatamente se soltó a reír a carcajadas mientras señalaba a Migisuke con sorna—. ¡Pero qué patético eres! ¿Acaso eres el perro de esa mujer? —Se sujetaba el abdomen del dolor que le causaba tanta risa. Sus ojos lagrimeaban incluso.

Por otra parte, Raku y Tsugumi se quedaron viéndole en silencio, con una expresión cargada de pena ajena que no pudieron disimular. Migisuki suspiró y bajó la cara al piso, como diciendo: 'lo sé, soy un tonto por haberme dejado.'

—Ya veo —dijo Tsugumi—, pero eso no importa. Este lugar no es para ti, así que tendrás que volver por dónde viniste.

—Lo siento, pero puedo hacer eso —ladeó la cabeza.

—¿Pero por qué no?

—Porque le prometí a la señorita Marika que iba a cuidar de su prometido y me aseguraría que regresase sano y salvo. Si regreso ahora, no podré ver a la señorita a los ojos. Le habré fallado.

—Este no es un juego, idiota. ¿Tienes una idea de lo delicada que es nuestra situación? Si no te marchas en este mismo instante, yo…

—¡Tsugumi, Espera! —Raku se puso entre ellos con los brazos extendidos para proteger a Migisuke.

—Raku Ichijou, ¿qué estás haciendo?

"Ya veo, Tachibana debe estar muy preocupada por mí. A pesar de que no estaba de acuerdo conmigo de que viniese, buscó una manera de ayudarme" pensó el joven sucesor del Shueei-gumi, con algo de remordimiento mientras recordaba la última ocasión en la que había hablado con la pelirroja. Él aún se sentía un tanto conmovido y hasta responsable de sus llantos de aquella tarde.

—Él vino hasta aquí a base de sortear muchas dificultades —dijo—, porque quería hacerle un favor a Tachibana. No podemos botarlo así como así. Dejemos que nos acompañe.

—¡Estás loco! —Gritó Tsugumi exaltada—. Esta es una misión de vida o muerte, no podemos arriesgarnos. Además, él es un policía, ¿qué tal si todo esto es un engaño y está buscando la manera de tendernos una trampa?

—Yo confío en él —musitó Raku desviando la mirada.

—¿Qué…?

—¡No me vean como a un oficial de policía! —Exclamó Migisuke, robándose la atención de todos—. En estos momentos no estoy en servicio, así que sólo soy un simple civil que vino hasta aquí para cumplir una promesa a la señorita Marika. Prometo que no voy a decir nada acerca de ustedes ni de lo que voy a ver, así que, por favor, ¡déjenme acompañarlos!

—¿Y a ti quién te dio permiso de hablar? —Tsugumi hizo a un lado a Raku, se acercó a Migisuke, lo agarró de la camisa y alzó su puño para golearlo; pero Paula le detuvo en seco sujetándola del brazo.

—Espera, Black Tiger. Quizás no sea tan mala idea. Él podría sernos de ayuda.

—¿Cómo?

—Dijo que su misión era asegurarse que Ichijou se mantuviese sano y salvo, ¿no? Si ese es el caso entonces no va a tener otra opción que ayudarnos con la misión.

—¡Pero Paula! ¡Es inadmisible que un policía como él interfiera en esta misión! ¿No ves que la señorita está en juego?

—Precisamente por eso pienso que debería ayudarnos. Él es el capitán de un escuadrón antidisturbios, ¿no es así? Eso quiere decir que sin duda ha sido entrenado debidamente para esta clase de situaciones de riesgo. Vamos a necesitar de toda la ayuda posible si queremos que las posibilidades de éxito sean lo suficientemente elevadas. Ichijou ya dijo que confía en él, además… —acercó su rostro al amedrentado hombre, encajándole una mirada siniestra que hizo sudar frío a Migisuke—, no creo que a este muchachote le convenga delatarnos ni nada por el estilo. Digo, ¿qué pensarían de él si en la policía se enteran que estuvo colaborando con gansgters? Seguramente lo destituirían de su cargo y hasta podría ir a prisión. ¿O me equivoco, chavalín?

Migisuke tragó saliva. Se sentía como si hubiese caído dentro de las fauces de un lobo.
—Así es —contestó muy nervioso y asustado—, les prometo que ayudaré en lo que me pidan y no le diré nada a nadie si ustedes también guardan el secreto.

—P-pero Paula —replicó una Tsugumi cada vez más escéptica—, ¿cómo vamos a llevar a un oficial de policía con el resto del equipo? Ellos jamás permitirán que alguien como él se involucre en esto.

—Ese no es ningún problema, Black Tiger —dijo la albina con una sonrisa despreocupada—. Les diremos que es un nuevo miembro del Beehive que recién se unió a la banda cuando aún estábamos en Japón, y que el señor Claude también lo envió en secreto para ayudarnos.

—Esa es una excelente idea, Paula —agregó Raku, entusiasmado con la propuesta—. Estoy seguro que si él nos ayuda las cosas serán más fáciles. Aparte que él podrá cumplir con su promesa a Tachibana.

Tsugumi frunció el ceño, rechinó los dientes y apretó con rabia el puño de su mano. Aún no estaba del todo convencida pero tanto Raku como Paula parecían estar de acuerdo, por lo que no tenía otra opción que aceptar, pese a la desconfianza que aún le guardaba a aquel hombre.

—De acuerdo. —Se giró a un costado y se cruzó de brazos—. Pero si algo sale mal, será su responsabilidad.

Migisuke rió con nerviosismo. Podía notar, por la hostilidad en su mirada, que aquella jovencita de cabello corto y ojos carmesí le detestaba y sólo lo había aceptado por obligación. Raku también sonrió y le dio una palmada en la espalda a Migisuke, quien al menos había conseguido el favor de participar activamente en el embrollo. Aunque se mostraba también entusiasta y sonriente, por dentro la verdad era una persona completamente distinta: estaba que se moría de miedo y no paraba de lamentar su suerte.

"¿Cómo fue que terminé en medio de todo esto? La señorita Marika jamás me dijo nada acerca de una confrontación entre bandas, ¡y ahora mismo me he comprometido a intervenir!"

—¡Bien, ya está decidido! —Exclamó Paula—. Entonces… ¿iremos o no a un restaurante antes de viajar a la capital?

—Yo mientras iré a por nuestras maletas —dijo Raku tras recordar que, por haber corrido los tres de repente, las habían dejado a mitad de la calle.

—Te acompaño, Aniki. —Migisuke se ofreció más que nada porque no quería quedarse a solas con ese par de jovencitas tan violentas.

—¡Te dije que me dejaras de llamar así!

Eran las dos de la tarde en la provincia de Palermo. De acuerdo con la invitación que Yui le había regalado a Raku, faltaban aún siete días para que se celebrase la boda. Por lo que en menos de una semana tendría que dar inicio la operación para recuperar a Chitoge y cancelarla.

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