FANFICTION: En mi mundo. (Nisekoi) cap 17



Capítulo XVII



Raku Ichijo, luego de despertarse, se talló los ojos, dio un pequeño bostezo y estiró sus brazos. Pese a que el cambio de horario le tenía algo aturdido, podía intuir —quizás por el ambiente, la temperatura o la falta de bullicio—, que debía ser todavía muy temprano. No obstante, como se sentía incapaz de volver a conciliar el sueño, se decidió levantarse de una buena vez de su improvisado futon hecho a base de un edredón y una almohada. Miró a Migisuke, quien aún dormía como un tronco y sus ronquidos lo corroboraban, con algo de envidia. Deseó por unos momentos seguir durmiendo tan plácidamente como él. Se vistió y salió de la pequeña habitación.

Ya en la sala se encontró a Oblivion, quien yacía sentado en el piso frente a su enorme monitor. Podía escucharse el insistente sonido de sus dedos golpeteando a toda velocidad el teclado inalámbrico de su ordenador. Las persianas, a diferencia del día de ayer, estaban abiertas permitiendo pasar los rayos de sol mañaneros, quienes le confirmaron al japonés que ya había amanecido.

—¿Qué hora es? —preguntó Raku con voz aún somnolienta luego de haber soltado un bostezo.

—Unos cuantos minutos pasados de las seis de la mañana —le contestó el hacker sin siquiera voltear a verlo.

Raku se acercó y miró de reojo la pantalla. Era incapaz de comprender qué tanto hacía el hacker de lo rápido que éste operaba el ordenador, y por como cambiaba constantemente lo que se mostraba en la pantalla. Recordó sus palabras de ayer: sobre como él se tendría que encargar de averiguar la localización de Chitoge y reunir la información necesaria para poder llegar hasta ella, y se preguntó si justamente eso era lo que estaba haciendo desde temprano. "Ahora que lo pienso, él estuvo trabajando hasta muy noche, tanto que hasta cuando ya todos nos habíamos ido a dormir él continuaba despierto" pensó.

—Eres sorprendente —le dijo—. ¿A qué hora te levantaste?

—En realidad nunca me fui a dormir —le aclaró.

—¿Qué?

Raku se echó un par de pasos hacia atrás y quedó boquiabierto. "¿Entonces se la pasó despierto toda la noche?" Era la duda que le había abordado, pues el extravagante sujeto no tenía en absoluto el semblante de alguien desvelado. Ahora más que nunca creyó en sus palabras, las cuales resultaron ser, por increíble que fuese, literales.

—Por cierto, ¿a qué hora te imaginas que se despertará el resto? —Preguntó Oblivion sin dejar de teclear a una velocidad inaudita.

—Ni idea. —Raku se rascó la nuca. A él también le gustaría saberlo. No se sentía muy cómodo lidiando solo con aquel raro sujeto por alguna razón que no podía entender—. Quizás debería despertarlos…

—No. Déjalos que descansen. Deben estar muy cansados por el viaje, incluso tú. Pero supongo que tú debes tener demasiadas cosas en qué pensar para poder conciliar el sueño, ¿no es así, 'Romeo'?

Raku desvió la mirada y sus mejillas se tornaron un poco rojizas. Se quedó a observar en silencio, detrás del hacker; viendo toda clase de mensajes confusos que iban y venían en el monitor, demasiado rápidos y extensos para que él pudiese leerlos. Así fue como se dio un lapso de incómodo tiempo en el que ya no supo qué más decir.

—Por cierto —dijo Oblivion de repente—, ¿cuál crees que sea la comida favorita del policía? Sé que a la linda Paula le gustan las cosas dulces y creo que a Seishirou le da igual en cuanto sepa decente. Pero, ¿y a él?

—Yo tampoco estoy muy seguro de eso. Pero cuando fuimos al restaurante recuerdo que él pidió… —Raku guardó silencio unos instantes hasta que por fin su cerebro pudo procesar correctamente lo que acababa de escuchar. Entonces cayó en sobresalto y gritó—: ¡Espera! ¡Tú… tú…! ¿C-cómo fue que te diste…?

—¿Cuenta? No soy un tonto, jovencito. Justamente anoche me puse a investigar sobre él. Pero no te alteres. Desconozco cuál pueda ser el motivo por el que alguien como él haya decidido involucrarse en esto, pero por más que investigué no encontré ninguna razón por la cual desconfiar de él, así que lo dejaré pasar y guardaré el secreto. Además, con lo escasos que estamos de personal no me puedo poner quisquilloso.

Raku suspiró de alivio y secó el sudor de su frente con el dorso de la mano. Pasaron unos cuantos minutos más y Tsugumi apareció, habiendo sido la segunda del grupo en despertar. Minutos después le siguió Migisuke mientras que Paula, por otra parte, permaneció profundamente dormida.

Por otro lado, el extravagante sujeto de gafas empezaba a sentirse un tanto incómodo con la presencia de aquellos tres, quienes no dejaban de observarlo mientras parloteaban entre ellos. Hasta que, por lo que sea que haya visto en ese momento, que hizo que las retinas de sus ojos se dilataran y su rostro se pusiera tenso, activó rápidamente el protector de pantalla del monitor y se volteó de forma explosiva hacia el trío de mirones.

—¡Se puede saber que tanto me están viendo! —Les gritó. Ellos quedaron un poco extrañados.

—Bueno —contestó Raku—, es que te vimos tan metido en lo que hacías que… nosotros sólo queríamos saber si había algo en lo que te pudiésemos ayudar.

—¡Que no! —Oblivion giró el monitor. Se mostraba realmente molesto, preocupado e incluso un poco nervioso. Tsugumi y Migisuke notaron muy bien lo extraño de su abrupto cambio de humor—. Si les soy sincero, soy de las personas que se sienten más a gusto cuando trabajan solos y sin que nadie los esté observando. Así que me harían un grandísimo favor si me dejan continuar con mi trabajo en paz.

—No digas eso —insistió Raku—. Debe haber algo en lo que te podamos ayudar. No tienes por qué hacerlo todo tú solo.

Oblivion estrelló la palma de su mano contra su cara. Aún con su paciencia a punto de ser colmada, trató de contenerse.

—Por eso es que no quería que nadie más se quedase… —Suspiró—. Pero bueno, ya que tanto insistes… —gruñó entre dientes, se quitó sus anteojos y, con un trapito especial que llevaba guardado en el bolsillo, se puso a limpiarlos—. ¿Alguno de ustedes sabe cocinar?

Migisuke, Tsugumi y Raku se quedaron perplejos. Tal pregunta parecía estar completamente fuera de lugar. Los tres asintieron con cara de incrédulos.

—Perfecto. Entonces, ya que ayer me ayudaron a limpiar esta pocilga, ahora échenme una mano con eso. Vayan y compren unos cuantos víveres.

—¿Comprar víveres? —Exclamó Raku, arqueando un poco la ceja.

—Sí. La verdad es que siempre he sido un inútil para esas cosas. No sería mala idea que me preparasen algo decente para comer, mira que no he probado otra cosa que comida rápida desde que llegué a este país. Recuerden que el trato para que yo los dejase hospedar aquí era que me ayudarían con los deberes.

Si los rostros del trío pudiesen ser leídos, de seguro en ese momento dirían algo como: '¡No puede estar hablando en serio!' Mientras que ellos se quedaron sin saber qué responder, Oblivion prácticamente ya los estaba empujando poco a poco hacia la salida.

—Así que salgan y vayan al mercado. Es más: tómense todo el tiempo que quieran, no es necesario que regresen de inmediato. Si quieren, aprovechen y den un paseo por la ciudad. Aprovechen que la playa está a unas pocas cuadras o visiten el centro turístico que también está muy cerca, vayan a un museo, al parque, al cine, ¡a dónde ustedes quieran! No se preocupen por el dinero —sacó una cartera del bolsillo de su pantalón y la introdujo, así sin más, sin fijarse siquiera en cuanto dinero había en ella, en el bolsillo de Migisuke—, con esto les bastará para comprar medio mercado. Aprovechen y compren algún suvenir, ropa o qué sé yo. Ahora, váyanse y no regresen hasta antes del atardecer. Y no olviden traer lo necesario para preparar la comida decente que les pedí. ¿De acuerdo?

Ya faltaba muy poco para que lograse sacarlos del departamento a punta de empujones cuando a Tsugumi se le agotó la paciencia y le conectó un coscorrón que lo dejó con un enorme chichón en la cabeza. Oblivion pidió disculpas cual crío reprendido por su madre.

—¿A qué viene esa actitud? —Le gritó furiosa la sicario—. ¡No nos trates como si fuéramos un estorbo!

—Esto no es nada personal, Seishirou. Yo en verdad soy del tipo de personas que trabajan solos, ¡es en serio! Y todavía… todavía tengo demasiadas cosas por hacer, ¡todo en menos de una semana! Para hacerlo a tiempo necesito concentrarme y no puedo hacerlo si hay gente rodeándome. Así que, por favor, denme un poco de espacio para que pueda hacer mi trabajo.

A pesar de lo raro que esto sonaba, discernieron algo de lógica a sus palabras por lo que decidieron aceptar, aunque con un poco de recelo, su petición.

—Claro que —agregó el hacker frotándose la barbilla y con una mirada un tanto maliciosa y reanimada que apuntaba hacia una de las habitaciones del recinto—, si se tratase de la compañía de mi querida Paula, podría permitir que ella…

No pudo terminar su oración. En menos de dos segundos, la albina, quien se había despertado gracias a un escalofrío que recorrió todo su cuerpo al momento de escuchar, aún dormida, la voz de Oblivion pronunciando su nombre, corrió hasta situarse justo frente a su acosador y conectarle un fuerte gancho a la barbilla que lo estampó contra el techo, dejando una pronunciada abolladura en éste. Su víctima terminó tirada en el piso, con el rostro aplanado y mallugado, con todo el cuerpo salpicado por los escombros del techo que cayeron junto a él. El resto del grupo miró asustado a Paula, pues tenía la cara muy enrojecida, la respiración agitada y una enorme vena en su cien que parecía a punto de reventar. Lucía, por más difícil que uno pudiese creer, más avergonzada que iracunda.

—Oh, mi querida Paula… —balbuceaba el malherido joven, aún en el suelo. Sus palabras apenas y se entendían por lo hinchado que había quedado su rostro—. Hasta cuando me maltratas… me pones tan contento que…

—¡CALLATE, CALLATE, CALLATE…! —Pisoteaba una y otra vez la cabeza de Oblivion, con tal ímpetu que toda la habitación temblaba al compás de cada impacto. Raku, Migisuke y Tsugumi reaccionaron y la sujetaron con fuerza.

Cuando el arrebato de ira se le hubo bajado lo suficiente, la albina se dio cuenta que todavía llevaba puesto su pijama con figuras de ositos, ante la vista de los demás. Su rostro se enrojeció aún más, hasta quedar hecha un tomate andante. Lanzó un ensordecedor chillido que obligó a los otros a taponarse los oídos, y corrió de vuelta al dormitorio con la misma rapidez con la que había llegado.

—Ya oyeron a ese estúpido —dijo a Raku y compañía una vez que volvió ataviada con sus prendas habituales—. Dejemos que se pudra solo y busquemos algo mejor que hacer que estar en esta pocilga.

Raku y Migisuke quedaron sin habla; nerviosos e intimidados, asintieron. Antes de que Paula alcanzara a tocar la perilla de la puerta, la voz de Oblivion, que ella tanto detestaba oír, la volvió a increpar:

—Esperen un momento —ordenó mientras se ponía lentamente de pie, soltando uno que otro quejido de dolor—. Ahora que lo pienso bien, no pueden salir a la calle así nada más.
'¿Cómo?' clamó el cuarteto casi al unísono.

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Raku y Paula no podían sentirse más incómodos y abochornados. Por un lado lo estaban por el calor, que era demasiado insoportable como para andar por las calles con aquellas pesadas gabardinas largas, gafas oscuras y sombreros fedora que Oblivion los había obligado a portar mientras anduviesen afuera. Por otro lado, la apariencia que ellos daban con tan ridículo atuendo, idéntica al clásico estereotipo del espía o acechador que era visto a menudo en el cine y la TV, provocaba que todas las miradas de los transeúntes se clavaran sobre ellos, incomodándolos al punto de desear esconderse debajo de la tierra. La única del grupo que caminaba sin lucir incómoda era Tsugumi.

—Pero lo único que no entiendo —gruñó Paula entre dientes y señalando con rencor a Migisuke, quien iba con una sonrisa y silbando una canción despreocupado—, es por qué este polizonte estúpido es el único de nosotros que no tuvo que vestirse así.

Él, al oírla, arqueó una ceja y le peló los dientes, indignado. Ambos se miraron el uno al otro desafiantes, como a punto de pelear.

—Recuerda —le contestó Tsugumi— lo que nos dijo Oblivion:
»—"Esta ciudad está llena de mafiosos hasta el cuello. Y en algún lugar debe encontrarse Maximiliano Benedetti, quien ya conoce vuestros rostros. Si por alguna razón él o sus hombres los llegasen a reconocer, seríamos descubiertos y nuestra operación fracasaría."
»Pero ese no es el caso con el señor Migisuke, así que él puede pasearse tranquilamente ya que nadie sabe quién es. De todas formas él en realidad no tiene conexión alguna con el Beehive, Paula.

—Sigue siendo injusto —Paula infló sus mejillas y frunció las cejas. Luego, en un acto de total infantilismo, le dio un codazo a Migisuke. Su víctima sólo emitió un quejido y se llevó las manos al abdomen.

—¿Pero qué tan probable sería toparnos con ese hombre en una ciudad tan grande? —Preguntó Migisuke.

—Realmente no lo sé —respondió Tsugumi—. Pero tengo entendido que esta región de Italia está controlada de pies a cabeza por la mafia, y en especial por la familia Benedetti, quien es prácticamente la que tiene todo el control de Palermo y el área metropolitana. El resto de familias de la zona son en cierta manera simples apéndices que se subordinan a ellos. Se dice además que en Sicilia aproximadamente una de cada doscientas personas trabajan o están relacionadas de alguna manera con la mafia.

Raku se sobresaltó al escuchar tales cifras—. Lo que se me hace raro es que Oblivion nos haya echado fuera sabiendo lo peligroso que es que alguien nos vea… ¿En qué estará pensado?

—Tienes razón —añadió Tsugumi—. A mí también me pareció muy sospechosa su actitud.

—Pues por mí no hay ningún problema —dijo Paula con un mohín de hostilidad—. No soportaría tener que estar en el mismo espacio que él ni un minuto más, así que por mí encantada de dejarlo solo.

—Oye, Paula —Raku volteó a mirarle—, entonces, ¿es verdad que tú y ese sujeto ya habían trabajado juntos? ¿Desde hace cuánto se conocen?

La albina torció los labios y sus mejillas se ruborizaron. Daba la impresión de que le costaba mucho el tener que hablar al respecto.

—La primera vez que trabajamos juntos fue hace un par de años cuando aún estaba en América. Todavía recuerdo la cara de imbécil que puso la primera vez que nos vimos, que hasta tuve que molerlo a golpes en frente de todos para que me dejara en paz. Desde ese entonces, por alguna extraña razón, la mayoría de las misiones que hacía para el Beehive siempre lo involucraban a él. ¡Todo se volvió un martirio para mí! Tengo que confesar que en parte fue por él que me decidí venir a Japón a tomarme un descanso.

A Raku, Tsugumi y Migisuke no les era difícil sospechar que aquella racha de misiones en las que ellos dos trabajaron juntos no podía haberse tratado de una mera coincidencia. De tan solo pensarlo, se les erizó la piel y se compadecieron por la pobre de Paula.

—Ahora debemos girar a la derecha —acotó Tsugumi, quien guiaba al grupo con ayuda de un detallado mapa de la ciudad de una de las aplicaciones de su teléfono móvil. El destino era un pequeño supermercado ubicado en la Via Mario Orso Corbino, casi esquina con la Via Oreto, en el circunvecino barrio de Oreto Perez.

—¡Un segundo! —Paula detuvo su paso—. Ese imbécil dijo que nos tomáramos nuestro tiempo, ¿no? Entonces no tiene caso que compremos de una vez la despensa; mejor vayamos a dar una vuelta primero. Pero antes… —arrojó al suelo su sombrero y las gafas de sol, y se desabrochó la gabardina—, ¡hay que cambiarnos estas horribles prendas!

—¡Pero Paula! —Objetó Tsugumi—. ¿Qué pasará si nos…?

—No te preocupes, tengo una idea.

Le preguntó a su compañera dónde estaba la Boutique más cercana. Ella verificó en su aplicación que había una considerable cantidad de tiendas de ropa en el barrio de La Kalsa, muy cercano a donde se encontraban. Paula indicó que esa sería su siguiente parada y el resto del equipo terminó siendo arrastrado sin tener la más mínima idea de lo que planeaba.

Abordaron un taxi y, en un abrir y cerrar de ojos, el cuarteto ya se encontraba circulando por las pintorescas calles de lo que alguna vez fue el corazón cultural e intelectual de la ciudad. Raku y Migisuke miraron abobados como todos y cada uno de los edificios, pese a ser la gran mayoría locales comerciales, conservaban en su fachada aquel diseño con influencias árabes que databan de siglos pasados, cuando la ciudad aún era joven. Terminaron en una tienda de ropa y accesorios llamada Magazzini Leone, ubicada en la concurrida Via Roma. Ni bien entraron la albina ordenó de inmediato a los empleados que trajeran dirigentemente ropa para sus compañeros, misma que ella comenzó a seleccionar con esmero.

Cuando salieron de la tienda, todos, a excepción de Migisuke, llevaban ropa nueva.

Tsugumi ahora iba con un vestido color gris muy cortito y veraniego que, junto a unas sandalias de tacón negras, hacían lucir despampanantes sus largas y esbeltas piernas, y un bolso de mano muy coqueto que combinaba con su característico listón de cabello. Llevaba además, los labios pintados con un sensual brillo que la misma Paula había seleccionado para ella.

—Pero… ¡Pero Paula! —exclamó la joven y bella asesina abochornada—. Se supone que no deben reconocernos. ¡Cómo voy a andar así de expuesta!

No le gustaba en lo absoluto lo descubierta que le hacían lucir esas prendas. Todos los varones que pasaban se le quedaban viendo absortos por su belleza, lo que la apenaba aún más.

—Por eso mismo, Black Tiger—le contestó su camarada sonriente a más no poder—. Estoy completamente segura que todas las veces que te vieron en Japón ibas con tu ropa habitual, así que si ahora vas como una chica, nadie te va a reconocer.

Tsugumi recordó experiencias pasadas —como aquella misión en la que él y Raku se infiltraron en un crucero para robarle información confidencial a Seccaccino—, y se dio cuenta que Paula tenía toda la razón. Eso la hizo sentirse un poco desanimada consigo misma y su desdichada suerte de que todo mundo siempre la anduviese confundiendo de género.

Raku, por su parte, llevaba unos pantalones caquis de algodón, una playera de manga larga color azul marino junto a un delgado chaleco negro, una boina roja y unos anteojos cuadrados de pasta que eran enormes. Según Paula, quien se adjudicó ser experta en disfrazarse para espionaje e infiltración, eso sería más que suficiente para que nadie lo reconociese. Aunque esto no le convencía del todo, Raku prefería mil veces ir vestido así a seguir llamando la atención con el anterior atuendo. Paula se quedó con un jumper azul pastel, un sombrero de playa blanco y unas gafas de sol nuevas que, según la sicario, lucían mucho más acordes a ella que las anteriores, además de una ligera bufanda veraniega —hecha de algodón liviano— color verde.

—En marcha —ordenó Paula, quien, de alguna extraña manera, se las acababa de apañar para tomar el control del grupo. Migisuke, Raku y Tsugumi la siguieron curiosos de saber qué se traía entre manos.

Debido a que no habían desayunado, lo primero que hicieron fue parar en uno de los tantos puestos ambulantes de comida que había en la zona. Ahí tuvieron la oportunidad de probar el tradicional pani ca meusa, tan tradicional bocadillo de la ciudad que, según les explicó el vendedor, consiste en un panecillo relleno de baso y pulmón de ternera salteado. Mientras que Paula y Migisuke lo comían con entusiasmo, Raku y Tsugumi les acompañaban taciturnos, preguntándose a sí mismos si era correcto o no el estar pasando el tiempo de esa forma en medio de su situación.

No satisfecha con eso, Paula arrastró a los demás a otros locales de comida ambulante a probar los demás platillos; entre estos visitaron un puesto que vendía las famosas sfinciuni: pizzas al estilo siciliano que se caracterizan por el mayor grosor de su pasta, su forma cuadrada y su generosa cantidad de queso en contraparte a la más popular y mundialmente difundida pizza napolitana de las cadenas internacionales. Siguieron recorriendo el lugar hasta toparse con un puesto de cazzilli —croquetas de patata y huevo—, y Arancini —similares a éstas últimas pero hechas a base de pasta de arroz y azafrán ligado con queso y huevo—. Nuevamente, los que disfrutaron de los bocadillos fueron la albina y el oficial de policía mientras que los otros dos, quienes se declararon satisfechos, se abstuvieron de probarlos.

De ahí se pasearon por todo el barrio cual ordinarios turistas. Visitaron algunos sitios históricos como lo son la iglesia de San Francesco, en la que Paula aprovechó para tomarse unas cuantas fotografías y visitar la antigua Focacceria contigua, que es famosa por estar activa desde el año 1834. De ahí siguieron recorriendo hasta el otro extremo del barrio y visitar el famoso museo de las marionetas, La Piazza marina plaza muy agradable tanto por la vista de los pintorescos edificios como por ser donde se encuentra el exótico jardín Garibaldiy y sus plantas tropicales. Luego fueron al Palacio Chiaromonte para otra sesión de fotos. Entre parada y parada, Paula aprovechaba cada local de suvenires que se iba topando para comprarse toda clase de recuerdos como llaveros y figurines. Raku le preguntó muy preocupado si no estaba gastando demasiado dinero a lo que la jovencita le dijo que era tanto el efectivo en la cartera que Oblivion les había dado que todavía no se había gastado ni la cuarta parte. Raku le arrebató la billetera para cerciorarse y se llevó un tremendo susto al mirar con sus propios ojos la insólita cantidad de billetes de alta denominación que había en ella.

—Y pensar que nos la dio sin chistar —dijo—. ¿Cuánto más dinero tendrá?

Continuaron su paseo. La mayor parte del tiempo Raku permaneció callado, con la mirada extraviada y las manos en los bolsillos del pantalón.

—Raku Ichijou —Tsugumi le increpó tras unos minutos de silencio—, ¿te sientes bien?

—¿Qué? —Estaba tan ensimismado que ni siquiera se fijaba por donde iba—. Sí, lo estoy.

"Me pregunto si estaba pensando en la señorita…" se dijo a sus adentros Tsugumi al observar lo melancólico de su rostro. En un momento dado se dio cuenta que ya llevaba demasiado tiempo observándolo por lo que se giró en sentido opuesto, temerosa de que él o cualquiera de los otros dos lo hayan notado.

—Por cierto: ¿cuál es nuestra siguiente parada? —Raku volteó hacia atrás buscando la respuesta de Paula, pero entonces se dio cuenta que ella ya no iba junto a ellos, al igual que Migisuke—. ¿Eh? ¿En dónde está Paula?

—¡Paula! —Tsugumi miró hacia todos lados. La calle estaba casi en su totalidad llena de turistas que no paraban de avanzar y no había rastro alguno ni de ella ni del policía entre todo ese gentío—. ¿En dónde se habrán metido?

Se preguntó cuánto tiempo llevaban caminando a solas. Sus mejillas se sonrojaron de sólo pensarlo.

—Lo más seguro —dijo Raku— es que vieron algo que les llamó la atención y corrieron como locos.

—¿Qué debemos hacer?

—Podríamos esperar aquí a que regresen… o caminar y buscarlos.

Lo que ellos no sabían era que, en realidad, Paula los estaba vigilando oculta en una esquina; con Migisuke amordazado, atado de pies y manos forcejeando fútilmente. Ella sonreía satisfecha pues su plan para dejar a esos dos a solas había sido un éxito.

"Ahora todo depende de ti, Black Tiger" pensó con cierto aire de malicia y ahogando una perversa risilla.

Luego de varios intentos Raku y Tsugumi se rindieron y cesaron de gritar los nombres de sus extraviados compañeros. Convencidos de que más temprano que tarde aparecerían, continuaron caminando por las pintorescas calles de La Kalsa. Tsugumi, al darse cuenta de lo sugestiva que era la situación, sintió mariposas en el estómago. Se preguntó cuándo había sido la última vez que ella y Raku Ichijou habían paseado los dos solos sin que hubiese una razón de peso de por medio, pero inmediatamente sacudió la cabeza con fuerza y se recriminó a sí misma por estar haciéndose ideas equívocas de la situación.

 "Nosotros venimos hasta acá para rescatar a la señorita" se repetía una y otra vez. No quería reconocerlo, porque para ella eso sería una infamia; pero, en el fondo, la verdad era que se sentía un poco feliz de haber venido hasta acá junto a él, sobre todo tomando en cuenta que ella ya se había resignado hace apenas unos días a que nunca más volvería a verlo.

Pasaron cerca de una pastelería en donde el dueño estaba afuera del local ofreciendo una bandeja de Cannoli —pieza de repostería característico de la región siciliana, que consiste en una lámina de masa crujiente enrollada en forma de tubo y rellena de queso ricotta endulzado y otros ingredientes como lo pueden ser fruta, jalea, chocolate y más— recién elaborados que tenía en promoción especial al público. Cuando miró a Tsugumi acompañado de Raku, quedó completamente admirado por la belleza de la jovencita. Luego de observarles con atención, el pastelero concluyó que debía tratarse de una joven pareja de enamorados que habían venido de vacaciones o incluso de luna de miel a la ciudad, por lo que decidió hacerles un pequeño obsequio.

Los invitó con un ademán a acercarse, y éstos, curiosos, lo hicieron. El pastelero les ofreció como cortesía de la casa un cannolo a cada uno envuelto en una servilleta de papel. Sabiendo que ellos al ser extranjeros no debían conocer el postre, pasó a decirles con grandilocuencia un pequeño discurso que le gustaba mucho utilizar para impresionar a los turistas:

"Il Cannolo Siciliano rappresenta l'amor etra un Uomo e una Donna, la cialda che rappresenta la virilità, la durezza, avvolge in un abbraccio di protezione la ricotta, che rappresenta, con il suo candore, la morbidezza, la dolcezza e la delicatezza della Femminilità."

Ambos japoneses no entendieron ni un ápice de lo que les había dicho, pero supusieron que solo les había dado una leve explicación del postre en sí. Continuaron su camino sin más preámbulos. Raku le dio un pequeño mordisco a su cannolo para saber que tal sabía. Le pareció tan exquisito que invitó a Tsugumi a probar el suyo.

—Están tan dulces y cremosos —dijo Raku— que estoy seguro que a Paula le habría gustado probarlos.

—Lástima que ella no esté aquí.

Lo que no sabían era que la pequeña albina, una vez que se habían alejado lo suficiente del local, se acercó junto con Migisuke —a quien llevaba aún amordazado y arrastrándolo de una cuerda como a un costal de basura— al local, y le compró toda la charola de cannoli al pastelero, haciendo que éste brincase de alegría.

Continuaron andando hasta que llegaron al Foro Italico, el bello paseo marítimo de la ciudad de Palermo. Un concurrido sitio peatonal, muy colorido por su extensa área verde, sus aceras de colores y el acceso marcado por dos altos tótems dorados de 2 metros de alto. A lo largo del recorrido había esculturas con temas de la flora y fauna del Mediterráneo, y unas mil cuatrocientas pequeñas figuras de cerámica de vivos colores. Tanto Raku como Tsugumi admiraron boquiabiertos la extensa y pacífica vereda, que era como un respiro a todo ese aglomerado de edificios y tumulto de personas compactadas en angostas calles del que provenían. Pero lo que más llamó su atención, lo más hermoso y admirable del lugar era sin duda su preciosa vista al mar desde donde ambos pudieron apreciar, en la distancia, el imponente monte Pellegrino. Una llana y singular sensación de paz colmó sus corazones al pasearse ahí. Sintiéndose fatigados de tanto haber caminado sin parar desde la mañana, Raku y Tsugumi decidieron descansar en uno de los bancos.

"¿Por qué siento como si alguien nos estuviese observando?" Tsugumi se sentía un poco inquieta, pero al cabo de unos minutos lo dejó pasar. Aquella presencia no parecía ser realmente hostil o peligrosa.

El aura que ella había percibido no era otra que la de Paula, quien, desde uno de los balcones del palacio de Butera, a decenas de metros de ellos, vigilaba muy atenta la escena con sus binoculares y con Migisuke a su lado, desesperado por desatarse y huir de su victimaria.

—¿Qué estás esperando, Black Tiger? ¡Haz tu jugada!

—Tsugumi —murmuró Raku luego de unos considerables minutos de calma. Esta respingó al escucharle.

—¿S-sí?

—Necesito pedirte algo —El muchacho se escuchaba tan serio al hablar que hasta la joven sicario se preocupó un poco.

—¿Qué es lo que quieres? —Le preguntó con cierto aire de timidez pero al mismo tiempo aparentando rudeza.

—Ese sujeto tan extraño, el tal Oblivion. Él dijo que se encargaría de buscar a Chitoge por nosotros, y que por eso no era necesario que hiciéramos nada por el momento. Pero… todo su plan y las cosas que quiere que hagamos… esto no es lo que tenía pensado hacer cuando decidí venir hasta acá…

Raku, mientras hablaba, miraba nostálgico hacia el horizonte. Tanto él como su acompañante escuchaban el melódico sonido del mar que, por alguna extraña razón parecía que evocaba los recuerdos y añoranzas de los tiempos en que el grupo se divertía alegremente, sin haber reparado nunca en que una separación tan abrupta como la que habían sufrido se les habría de presentar en un futuro no muy lejano.

—Diga lo que él diga —continuó— yo no me puedo quedar de brazos cruzados. Quiero buscar a Chitoge por mi propia cuenta. Tsugumi, ¿me ayudarías a buscarla?

—¿Qué? Raku Ichijou, ¿qué es lo que tienes pensado hacer?

—Todo este camino… si accedí a esto es porque me imaginé que sería posible toparnos con Chitoge por casualidad.

—Pero Raku Ichijou, recuerda lo que nos dijo Oblivion. Si nos descubren…

—Esto no es lo que yo quería.

—¿Cómo? ¿A qué te refieres?

—Por favor, Tsugumi, ayúdame a buscarla. Aún falta una semana, estoy seguro que si hablo con ella podremos cancelar la boda sin necesidad de recurrir a la violencia. Todo será tan simple como recorrer la ciudad como turistas hasta que podamos encontrarla.

—Raku… Ichijou…

El silencio se adueñó del ambiente. La brisa marítima era suave y ondeaba el cabello de ambos al ritmo del arrullo de la marea y el quiebre de las olas estampándose en la arena. Tsugumi miraba hacia el cielo azul, Raku tenía los ojos apuntando al suelo. En un momento dado la joven sicario volteó discretamente a verle, y no pudo evitar conmoverse ante la lánguida expresión de su rostro.

"Raku Ichijo, tú debes de ser el que más estás sufriendo de todos…"

Jaló con delicadeza de la tela del chaleco de Raku. Éste se sorprendió tanto que volteó hacia ella. Tsugumi le miraba profundamente, con los ojos vidriosos y el rostro largo y melancólico.

—Está bien, te ayudaré. Vamos a buscar a la señorita por nuestra cuenta.

Raku sonrió agradecido—. Estoy seguro que la vamos a encontrar.

—Sí —asintió con la cabeza y sus labios se curvaron hacia arriba.

Luego de eso, Raku se incorporó y estiró su cuerpo.

—Ya es tarde, lo mejor será que vayamos de una vez a comprar los alimentos para preparar la cena, que pronto tendremos que volver al departamento.

—Espera, ¿qué pasará con Paula y el señor Migisuke?

—No te preocupes por ellos. De seguro regresarán solos al departamento si no nos encuentran. ¡En marcha!

—Sí.

Paula mordió con rabia el último cannolo que le quedaba, dejó escapar un frustrado chistido y arrojó los binoculares tan lejos como pudo. Decepcionada, se retiró del balcón arrastrando a un Migisuke que aún seguía maniatado y amordazado, preguntándose el porqué de su desgracia.

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Cuando Raku y Tsugumi regresaron al departamento, se llevaron una sorpresa: tras haber abierto la puerta con la copia de llave que Oblivion les había dado, notaron que ni susodicho hacker ni su ordenador se encontraban a mitad de la sala como en la mañana. Gritaron su nombre y se pusieron a buscarlo. Tsugumi se dio cuenta que la puerta de una de las alcobas se encontraba cerrada con seguro y dedujo que probablemente él estaba ahí dentro. Le ordenó que abriese la puerta.

—Espera unos momentos, Seishirou, estoy ocupado.

Ella se extrañó, pero a la vez se sintió aliviada al ver que se encontraba a salvo. Raku desembolsó todo lo que habían comprado del supermercado, que no sólo eran víveres para cocinar, sino también artículos de limpieza como detergente para la ropa, fibras, guantes de plástico, escobas, etc… Una hora después llegaron Paula y Migisuke. Mientras la primera lucía muy molesta, el oficial estaba casi irreconocible de lo demacrado, sucio, abollado y traumatizado que había quedado. Por más que les preguntaron qué estuvieron haciendo desde que se separaron del grupo, ninguno de ellos les dijo nada.

Cuando Raku hubo terminado de preparar la cena, llamó a Oblivion para que se viniera a sentar con el resto. Él le gritó que mejor fuera a llevarle su plato a la habitación. Raku aceptó. Tocó la puerta tras ver que ésta continuaba cerrada con el seguro, y Oblivion, de manera inesperada y tajante, la entreabrió lo suficiente para coger su plato y la volvió a cerrar en las narices del japonés, no dándole ni tiempo siquiera de asomarse. Confundido, se dispuso a regresarse al comedor pero la voz del extravagante agente del Beehive le detuvo:

—¡Ah, se me olvidaba! ¡Raku, por favor tráeme bastante bebida, que me estoy muriendo de sed, y de una vez unos tentempiés!

—¿C-cómo? —se giró hacia la puerta. "No entiendo nada. El día de ayer, cuando nos pusimos a cenar las pizzas, él se sentó junto a nosotros. ¿Qué tanto estará haciendo allá adentro?"

Se hizo de noche y, tras haberse dado un baño cada de ellos por turnos, el cuarteto de huéspedes se dispusieron a dormir. Migisuke y Raku llamaron a la puerta donde Oblivion aún permanecía encerrado, pues esa era la habitación donde dormían los varones. Oblivion les contestó que si no era mucha molestia, ellos podían dormir en la sala, ya que él tendría que trabajar toda la noche y no los quería incomodar. Bastante disgustados, golpetearon la puerta ordenándole que los dejase entrar. Pero él solo la abrió un segundo para arrojarles en su cara los futones y demás pertenencias que habían dejado adentro y cerrar con seguro de nuevo. Aún más molestos, le gritaron toda clase de injurias hasta que se dieron por vencidos.

"¿Qué es lo que nos estará ocultando?" Raku sospechaba cada vez más de su actitud. Sea lo que sea que él estuviese haciendo, estaba más que dispuesto a hacer lo que fuera necesario para averiguarlo.

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Oblivion se mordía el nudillo de su dedo índice, estresado, nervioso. Le preocupaba sobremanera lo que sus ojos veían a través del monitor, que iluminaba con su fría luz la mitad del cuarto. Los cristales de sus anteojos reflejaban siniestramente la imagen de la pantalla, ocultando sus ojos y haciendo lucir aún más pálida su tez.

"Esto se está saliendo de lo previsto… ahora mismo ya no estoy seguro si con los pocos hombres que tenemos para la operación vamos a ser capaces de…"

—¡Con un demonio, lo que faltaba! —Le habían entrado tan de repente unas enormes ganas de orinar que no se pudo contener ni por un instante. Corrió tan rápido como pudo hacia el baño. Tan apurado estaba que ni siquiera se fijó en que había dejado la puerta entreabierta al correr, ni que había un sujeto parado a un lado de ésta, que había estado esperando pacientemente a que esto sucediera.

Raku aprovechó la oportunidad y se apresuró a entrar a la alcoba. Advirtió que en el rincón más lejano a la puerta yacía aquel enorme monitor encendido. Se acercó, movido por su sed de averiguar qué era lo que había estado ocultando el hacker, a ver lo que había en la pantalla. Cuál fue su soberana y espeluznante sorpresa cuando sus ojos vislumbraron, anonadados, desorbitados y completamente estupefactos, la imagen satelital de lo que parecía ser el tejado de un restaurante, y a quienes estaban sentados junto a una redonda mesa de cristal.

—Chi… Chi… ¡Chitoge!


NOTAS DEL CAPíTULO:  Para los que se preguntan qué fue lo que les dijo el pastelero a Raku y a Tsugumi cuando les regaló los cannoli, la frase más o menos se traduciría como: “El Cannolo siciliano representa el amor que hay entre un hombre y una mujer. La oblea, que representa la firmeza de la masculinidad, envuelve en un abrazo protector a la riccotta, que representa, con su suavidad, dulzura y delicadeza, a la feminidad.”
*Davide C.M.Ortisi - La Filosofia in pillole*

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