FANFICTION: Los hombres mueren, las leyendas no. (Death Note) cap 14

En el capítulo anterior: Los días en el orfanato transcurren y Kitty se enfrenta al tener que acoplarse a su nuevo entorno. Queeny le confiesa en una plática que teme por un amigo suyo, que vio en una visión. Pero ésta no decide si creerle o no. Después, tras unos acontecimientos, Kitty descubre por accidente un lugar secreto en el subsuelo del orfanato. Ahí conoce a un chico solitario que se hace llamar "Near".



LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO

CAPÍTULO 14: INCOMUNICACIÓN.

Eran las nueve de la noche en Londres. Sato yacía recostado en su habitación, con su cuaderno negro –aquel que le había cambiado la vida– en sus manos. El shinigami Deementy le veía en silencio.

–Ya solo faltan dos días, Deementy. Dos días para el día cero. Y Kitty aún no se ha comunicado conmigo. Esto no puede seguir así. Estoy seguro que ella ya no sospechaba nada de mí.

– ¿Ya no piensas seguir escribiendo más nombres? –preguntó el dios de la muerte plateado, con un tono frío aunque levemente preocupado.

–No. Afortunadamente he terminado antes de lo que pensé. Ahora solo debo esperar que el día llegue –le contestó con tono apático–. Por otra parte, estoy algo preocupado. No puedo eliminar todas mis cuentas de Messenger hasta haber hablado primero con Kitty y ella no ha dado señal. Los preparativos que le hice al cuaderno están terminados y, gracias a los programas de Zero, nadie será capaz de rastrearme, al menos no hasta que sea demasiado tarde.

El rubio se dispuso a tomar una siesta, pero en ese mismo momento, una alarma de su PC le indicó que había recibido un E-mail con la etiqueta de un contacto sumamente importante.

– ¿Será posible…? – se levantó totalmente lleno de emoción. Por el tipo de alerta que había programado, no podía tratarse de otra cosa no fuese lo que él había estado esperando. Hurgó en su bandeja de correo y miró el E-mail, sin asunto y con una sola palabra escrita en el mensaje: "Now".

"¡Es la cuenta de correo que le di a Kitty!"

Entusiasmado, Max abrió el resto de sus cuentas de Messenger y observó que cada una de ellas había recibido un correo idéntico, tal y como le había indicado a su amiga que hiciera. Ella de seguro, en ese momento, debía de encontrarse en alguna PC, tratando finalmente de ponerse en contacto con él.

"No puedo dejar pasar la oportunidad."

El ojimaple abrió una cuenta de Messenger nueva y agregó como contacto a Kitty. La pelirroja, que se encontraba operando una PC desde New York, al recibir el aviso de que otra cuenta le había agregado a su lista de contactos, dedujo que se trataba de su amigo que acababa de recibir sus correos, y le agregó también para iniciar la conversación.

"Sabía que podrías hacerlo, "Kitty" (gatita)." – fue el primer mensaje enviado por el rubio en la conversación de mensajes instantáneos.

"Idiota… No hay nada de lo que no sea capaz de hacer. Pero no tienes idea de los problemas en los que tuve que meterme."

"Para que te hayas tardado tanto, me lo imagino." Escribió e inmediatamente agregó: "¿Dónde te encuentras?"

"En la computadora de una de las oficinas del orfanato. Pero no te preocupes, todo está controlado. Los que me vigilan me perdieron de vista y no podrán enterarse dónde me encuentro hasta pasado un tiempo. Además, no dejaré ninguna huella en el historial."

"Esto es excelente" pensó el joven. "De ahora en adelante deberé tratar de ponerme en contacto con ella lo más posible. Hasta ahora, mi plan está saliendo a pedir de boca."

"Te tardaste mucho –volvió a escribir–. Como se nota que ahí te tienen estudiando como loca ;)."

"Sí. Este lugar es un infierno."

"¿Cuándo serás capaz de volver?"

Pasaron algunos instantes antes de que Karen contestara.

"Es imposible saberlo."

"¿A qué te refieres?"

"Todo es por culpa de ese L. Aún no soy capaz de verlo cara a cara y ya no estoy segura de cuales son sus intenciones… por otro lado…"

"¿Por otro lado qué?"

"¿Estará bien que le cuente a Max de Price?", se preguntó la bella jovencita de cabellos carmesí, quien yacía sentada frente a la computadora de su amigo, en la oficina del director general del internado. Era su segundo día libre de la semana que había pedido a criterio propio, después de haber calculado la mejor manera de despistar a sus vigilantes y concluir que el modo más seguro de contactar a su amigo era ese.

"Me reencontré con un viejo amigo: Price. Él Todo este tiempo estuvo aquí."

"¿Price? ¿Tu amigo ese que se había ido del manicomio (esta ultima palabra tachada) orfanato hace años?"

"Sí. Ahora resulta que él es el director del orfanato de Nueva York. Me llevé una gran sorpresa. Ahora entiendo qué fue lo que había pasado."

"¡El director! Vaya…Yo también lo comprendo. Se había ido porque, al igual que tú, había sido llamado por "L" porque quería conocerlo a él." Después de unos instantes sin recibir respuesta, el apuesto rubio le envió este otro mensaje: "¿Pero porqué él se quedó allá y nunca te fue a visitar?"

Kitty se quedó perpleja. Para poder explicarle claramente a su amigo, debía decirle la razón completa de todo, y no podía hacerlo así nada más.

"Tú deberías ser capaz de comprenderlo."

"Tu amigo decidió quedarse con ese sujeto, y es por eso que ahora él está allá."

"Exacto."

"¿Y fue por eso que ya no podía ni siquiera hablar contigo por teléfono o decirte que se encontraba bien?"

"No me dijo nada de eso por que al principio no se lo tenían permitido y porque no tenía manera de comunicarse conmigo. Tampoco tenía permitido viajar de vuelta a Londres. Pasó el tiempo, se enteró de lo mucho que me había deprimido y, para no alterarme más, decidió que lo mejor sería que yo no volviese a saber de él. Solo que no se esperaba que a mí también me mandarían a USA."

El ojimaple de nueva cuenta sonrió; esta vez, de una manera más amplia y exaltada. Todo comenzaba a quedarle más claro. Antes de que él pudiera contestar, su amiga envió oto mensaje:
"Ese maldito L me había fastidiado la vida desde muchos años antes de venir aquí. Desde que me hizo que me trasladaran al orfanato, solo por ser diferente a los demás, mandar lejos a mi primer amigo; y después, mandarme lejos de ti."

"¿A qué te refieres?"

La ojiazul se quedó meditando con desanimo e indecisión. Ya había pensado muchas veces sobre el tema pero nuca lograba poner en claro sus pensamientos. Sus sentimientos hacia su amigo seguían siendo difíciles de interpretar y ya no sabía que creer al respecto.

"No creo que debiera decírselo… pues aún no estoy del todo segura. Hablaremos de eso cuando haya regresado a Londres." Pensó.

"Nada. Solo que L es un maldito manipulador. Si tan solo pudiera tenerlo en frente, le diría unas cuantas verdades."

"¿Por qué aún no lo has visto?"

"Ese sujeto es bastante raro. A pesar de que él ya nos está observando, nunca ha dado la cara en todo el tiempo que llevo."

Max parpadeó lentamente y pensó: "Lo sabía…"

"¿Qué? ¿Cómo es posible eso?"

"Se supone que la identidad de L es un secreto y no cualquiera debe saber quien es en realidad. Aún así, estoy segura que sus adeptos más cercanos deben conocerlo, pues trabajan en conjunto y en el mismo edificio."

El rubio, al oír esto, esbozó una leve aunque maliciosa sonrisa, pensando que las cosas no podrían estar dándose de mejor manera para sus planes. Nuevamente, su amiga mandó otro mensaje escrito:

"Max, vas a pensar que soy una sentimental, pero… ¿No podrías encender la webcam? Aunque sigamos hablando con mensajes escritos para no hacer ruido."

"De acuerdo." El joven, tras meditarlo, encendió la cámara de su computador. Casi al mismo tiempo, Kitty hizo lo mismo. Después de varios días, ambos genios se volvieron a ver a través de los monitores. Sato sonrió burlesca y amistosamente a su amiga, para así fingir naturalidad.

"La última vez sospechó de mí por mi comportamiento frío y agresivo" pensó. "Debo portarme y hablar como comúnmente lo hago." La chica de cabellos rojos le miró. Había pedido esto precisamente por la advertencia que Queeny le había dado de que, tal vez, algo muy malo le estaba ocurriendo. Vio a su amigo haciendo la misma sonrisa y gestos que los de siempre: despreocupados y algo cínicos. Pero había algo que no le convencía por completo.

"¿Realmente crees que no te permitirán volver de inmediato?"

"No. Estoy empezando a perder las esperanzas."

"¿Por qué?"

La ojiazul bajó un poco la mirada antes de teclear la respuesta.

"El mal nacido me tendió una trampa."

"¿Una trampa?"

"Así es. La trampa estaba en hacer que mi amigo del internado también fuera conmigo. L estaba seguro de que yo intentaría convencer a todos para Aarón se quedara en mi lugar, para así yo regresar a Londres. Entonces, impuso la terrible condición de que si él llegase a sospechar que esas son mis intenciones, hará que me quede más tiempo y regresará de inmediato a mi compañero a Inglaterra."

"Ahora sí que ya no entiendo nada. Me dijiste que te habían enviado a allá porque L quería conocerte en persona, porque eres muy talentosa y porque pensaban que su influencia te ayudaría en tu desarrollo. Ahora que estás allá, no has podido ver a la cara a L, y hasta tienen pensado retenerte más tiempo. ¿Para que demonios te quieren en ese lugar? Eso de que L te quería ver en persona era mentira."

"Ya lo sé. De todas maneras ya sospechaba que ellos no me dejarían verlo directamente. Al menos no de inmediato. Pero voy a hablar con él, así sea lo último que haga. Encontraré la manera de exigirles que me dejen hablar con él. L no podrá negarse. No después de todo lo que me ha hecho hacer a mí."

"Sigo sin entender bien para qué es que te querían enviar a USA." –contestó el rubio.

"Si te lo explicara, quizás no me lo podrías creer…"

El adolescente hizo gala por vez primera de su actuación para disimular una sonrisa que, casi de golpe, le había venido al leer las palabras de Kitty.

"Si lo intentas, quizás pueda ayudarte. De todas maneras, creo que ya empiezo a comprender. Así como con tu amigo; que tenía casi tu misma edad cuando se lo llevaron, L quiere que te quedes allá. La historia se está repitiendo. Lo curioso es que llamaste a tu amigo como el ayudante de L, y que tú y tu compañero están siendo evaluados, y que, al parecer, solo uno de ustedes va a quedarse por más tiempo."

"Eso último no lo dije. Dije que regresaría a Aarón y me retendría por más tiempo si intentaba algo."

"Exacto, Kitty. De todas maneras, por la manera de obrar se puede notar como es a ti a quien quiere y el otro crío solo es un chivo expiatorio."

Kitty se encogió de hombros. Su amigo estaba empezando a comprender las cosas; quizás, demasiado bien. El hecho de que un personaje tan impresionante como el detective, se empeñara en tener en América a una niña, por muy genio que fuese, contra su voluntad y chantajeándola de esa manera, era absurdo. Más absurdo e increíble sería si le dijera la finalidad de todo este circo a su amigo.

"Price se volvió el aprendiz y el asistente de ese sujeto. La razón por la que me mandaron a USA es porque quieren convencerme de que yo también me vuelva su aprendiz."

Los ojos de Max se abrieron como platos. Apenas y pudo contener su expresión. "Lo sabía…" pensó emocionado. Su amiga notó dicha expresión, mas no la tomó en cuenta como algo anormal; era de esperarse que alguien reaccionara así ante tremenda y desatinada idea.

– Esa niña no parece estar dispuesta a ocultarte nada –comentó el plateado y esbelto shinigami–. De todas maneras, ya está cometiendo algo indebido al hablar contigo. No tiene ningún caso callárselo si tú ya estás sospechando, ni tampoco debe suponer que tenga algo de malo que te lo platique si solo eres un muchacho común y corriente que no tiene nada que ver con esto.

"Exacto, Deementy. Así somos los humanos" pensó el rubio mientras escribía la respuesta a su amiga por el Messenger. "Las personas sienten que al hablar de sus problemas, estos dejan de pesar tanto. Ahora solo falta que me pida un consejo."

"Tú eres la más inteligente del orfanato, ¿no es así? Supongo que fue por eso que fijó sus ojos en ti."

"En teoría. Pero tú sabes que mi única ilusión es ser escritora. Habiendo tantos otros niños, pudo haberse fijado en alguien al que sí le interese ser detective."

"La única manera de que puedas hacerlo entrar en razón, es hablar personalmente con él."

"Ya lo sé, cabeza de chorlito." Contestó Karen en otro mensaje, su rostro se mostraba disgustado y a la vez comprensible con Max.

"Aunque… ¿no crees que sería divertido ser una detective como L?"

"Eso no lo digas ni de broma."

"Ja, ja, ja. Lo sé. Estoy seguro de que regresarás en menos de un mes, gatita. Ni siquiera ese detective tramposo es tan tramposo (esa última palabra tachada con una línea) listo como tú."
"El más tramposo de todos siempre has sido tú. Tú me enseñaste a ser bribona…"

Karen sabía que la hora en que tendría que desconectarse se acercaba, pues no le convenía seguir ausente para sus vigilantes por más tiempo. Por lo que se dispuso a despedirse de su amigo por el día de hoy. No sin antes preguntarle una cosa:

"Una cosa antes de irme, Max…"

"¿Sí?"

"¿No te ha ocurrido nada desde que yo me fui a América? ¿Algo de lo que quisieras contarme?"

"Pues… me terminé en un solo día el juego de "Soul of the Darkness" en el nivel experto y con las cinco calaveras desbloqueadas. ¡Mi madre casi me mata por no haber salido de mi cuarto en más de doce horas! El resto del tiempo me la pasé divagando, como siempre."

"Ya veo…" La pelirroja apagó la web-cam, y antes de cerrar su sesión de Messenger y borrar el historial delator de la PC, escribió un último mensaje: "Cuídate". La cuenta dejó de estar en línea, y el rubio de ojos maple se quedó en silencio, junto al dios de la muerte, por unos instantes. Una funesta sonrisa se pintó en sus labios y, en unos instantes, la sonrisa se convirtió en un carcajeo propio de un psicópata. Una risa que quizá sería mejor no describir.

–Deementy, parece que mis planes están saliendo a pedir de boca.

– ¿A qué te refieres?

El rubio se levantó de su escritorio y caminó de regreso a su cama. –Tal y como lo imaginé, Kitty va a quedarse por tiempo indefinido. Y lo que es mejor, existe probabilidades de que, a querer o no, termine involucrándose con L. Gracias a eso, podré estar al tanto de la reacción que ese bastardo tenga cuando el día cero haya llegado. Hacer que ella me platique y me tenga informado sin que sospeche de mí será bastante fácil. De esa manera; aunque en un principio L no va a saber quien soy yo y donde me encuentro, yo me adelantaré a él averiguando cuanto pueda sobre él, sobre su manera de moverse y también sobre las personas que estén cerca de ese mal nacido. Ahora que le dije a Kitty que debía hablar a como diera lugar con "Lsito", ya tengo la excusa perfecta para hacer que ella se vuelva mi espía.

–No logro entenderte –dijo el shinigami, que no dejaba de mirar con frialdad al humano. Max se recostó en su lecho, disponiéndose a dormir una siesta.

–No estoy del todo seguro que ella pueda llegar a verse cara a cara con él, pero hay dos opciones: Uno; la próxima vez que hable con ella, le preguntaré si logró por fin verlo; si ella no lo ha logrado, al menos, para demostrarme que lo ha estado intentando, me dirá todo lo que sabe en torno a él y el porqué no ha podido verlo aún. De esa manera, no me será difícil dirigirla para hacer que me diga lo que me interesa saber. Pero si llegase de casualidad a conocerlo, mi ventaja se incrementaría aún más. Aunque le llegaran a advertir que no debe hablar nunca sobre el lugar donde se encuentra ella y donde probablemente se encuentre el mal nacido de L, Kitty no estará dispuesta a obedecer las órdenes de aquellos que la tienen lejos de su hogar y contra su voluntad. Me lo platicará todo, incluso sobre los asuntos que llegaron a hablar. Ella no va a sospechar de mí ni de que me interese tanto por L; ya que solo soy un pobre amigo preocupado por su amiga que se interesa por saber cuando es que podrá regresar a Londres para estar de vuelta con él. Tampoco tendrá muchos deseos de dejar que los de allá se enteren de que ha estado hablando conmigo, porque eso significaría el ya no ser capaz de volver pronto; y ella no es tonta, no va a permitir que lo hagan. Como ellos quieren que ella, de alguna u otra manera, se convierta en la aprendiz del detective, va a tener toda la información que yo quiero en bandeja de plata, esperando a que yo se la pregunte de manera insospechosa, para utilizarla y estar siempre un paso adelante en mi estrategia.

–Y con eso, ¿podrás vencerle a ese sujeto?

–No comas ansias –Max cerró y abrió los ojos y alzó su brazo derecho, apuntando hacia el techo y simulando que movía objetos invisibles con el dedo–. En una partida de ajedrez; si deseas ganar, primero debes acabar con los peones, luego, deshacerte de algunas piezas más valiosas hasta dejar al rey lo suficientemente desprevenido y, por último, acorralarlo…

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Recostada en los jardines de recreación del enorme orfanato, la joven Kitty meditaba sobre el encuentro que había tenido con su amigo. Media hora fue el tiempo en que sus espías la habían perdido de vista y que ella aprovechó. La ojiazul estaba segura de que ellos no tenían idea de adonde se había metido; y aunque aún así pasaran el reporte, no serviría de mucho, pues antes de perdérseles se dio un paseo por todo el edificio. No había manera de que supieran en que lugar y con qué intenciones había estado.

"Es bastante raro, pero me sentí muy peripatética cuando lo vi por la web cam. Cómo si hubiese pasado más de un año sin verlo y… Yo que le había prometido que los convencería a todos de regresarme a Londres. Él tiene razón, tengo que hablar con L a como dé lugar… Por otro lado, Queeny me dijo que probablemente algo muy malo le estaba ocurriendo a Max. Siempre que tiene un problema, él me lo cuenta sin ningún tapujo; no tiene sentido que de ser cierta la premonición de Queeny, ahora él se estuviera haciendo el valiente y no quiera decirme nada. Siempre me dice como se siente sin sentir vergüenza. Una de dos: o Queeny se equivocó, o en realidad algo verdaderamente horrible le está pasando, al punto de que no quiere decirme que es. ¿Pero por qué no habría de poder decirme? ¿Es qué yo soy parte del problema?"

Tomó su vieja libreta de pasta negra, que yacía en el pasto, junto al bolígrafo que su amiga Joan le había regalado, y comenzó a dibujar un retrato de medio cuerpo del rubio. La fidelidad del dibujo era igual de asombrosa que la otra imagen que tenía. Observó con atención la imagen; por vez primera, la aún niña en espíritu trató de olvidarse de penas y ver las cosas con más madurez y atrevimiento.

"¿Y si regresando de USA, le pidiese que intentáramos ser algo más que amigos…? ¿Cómo serían las cosas entre nosotros si fuésemos novios?"

Su imaginación fue contaminada por los recuerdos ácidos de las actitudes atrevidas del ojimaple, y el miedo la invadió de solo especular que con esto solo le daría a su amigo "derechos" que la pondrían entre la espalda y la pared.

"¡No! ¡Eso no!" se abrazó a sí misma con pánico y sacudiendo su rostro de un lado al otro. Su terso rostro se pintó de rosa y daba la impresión de que temblaba de miedo. "¡Aún no estoy lista para tanto! ¡Apenas y he dado mi primer beso! ¡Eso… eso es suficiente por el momento!"

Volvió a recoger su libreta, abrió en una hoja en blanco y, tomando de vuelta su fino bolígrafo, se puso a trazar otro dibujo.

"Por otra parte está Price. Es maravilloso que nuevamente estemos juntos, ahora que ya soy capaz de demostrarle lo mucho que le quiero, puedo recuperar el tiempo perdido y devolverle parte del cariño que me dio cuando yo era pequeña. Durante las clases, en el centro de investigaciones, él se ha portado muy bien conmigo, como solía ser cuando estábamos en Wammy's. Quisiera que él regresara a Londres cuando todo esto termine, pero él tiene que quedarse aquí. Cuando yo me haya marchado de vuelta a Wammy's, volveremos a separarnos. ¿Realmente es bueno regresar a Londres lo más pronto posible? Sé que se lo prometí a Max, pero… tal vez, si me quedo un poco más tiempo aquí, con Price. Después de todo, no tengo tanta prisa. Una vez que regrese ya no podré verlo, al menos que lo dejaran visitarme de vez en cuando. Pero sería muy poco lo que nos veríamos. Por otro lado, si algo llegase a salir mal y yo me quedara más tiempo aquí, al menos Price estaría conmigo. No sé que hacer… desde aquí extraño a ese inútil, pero desde allá estaré extrañando a Price."

Terminó el dibujo. Al igual que con el anterior, comparó la imagen del moreno con la otra, donde aparecía más joven. La chica suspiró.

"Ahora que ha madurado, se ve más guapo… me pregunto si lo mismo sería si el idiota de Max algún día –por obra del divino creador– madurara también."

– ¿Ese se supone que es Price?

La joven genio se exaltó al escuchar aquella aguda e infantil voz. Estaba tan ensimismada que no había podido detectar al intruso hasta ese momento en que le habló.

– ¿Tú eres la amiga de Price? –se trataba de la pequeña niña de cabellos rizados y amiga de Price: Sandy.

–Pero si solo eres una pequeña cría –balbuceó desilusionada de sí misma–. Yo no debería de asustarme con tanta facilidad.

–Dibujas muy bien –la pequeña le sonrió.

–Bueno… sí –Kitty se levantó del pasto y se sentó.

La más pequeña iba a tomar la libreta pero la mayor se dio cuenta y no se lo permitió, tomando el objeto antes.

–Deja eso.

–Yo solo quería verlo –reclamó con un gesto y tono de decepción. Ante esto, la pelirroja se apenó y abrió su cuaderno para mostrárselo a la pequeña, pero sin soltarlo y sin dejar que ésta lo tocase.

– ¿Me regalas el dibujo? –preguntó.

–No puedo. Este cuaderno ya es muy viejo y si le arranco una hoja, se maltrataría mucho.

Sandy movió la cabeza con desilusión. Kitty, al notarlo, agregó:

–Pero si me traes una hoja de papel, te dibujaré lo que quieras. Incluso un dibujo idéntico a éste.

La pequeña niñita de ojos miel corrió emocionada al oír esto, y, momentos más tarde, regresó con una gran hoja en blanco y se la dio a Kitty. Ésta sonrió y se puso manos a la obra.

–Ya está –una casi copia ampliada del retrato de Price, había elaborado Kitty. Sandy la tomó con emoción.

– ¡Muchas gracias…!

–Bueno, creo que lo mejor será que me vaya a cenar –la bella taheña se levantó del verde pasto, y antes de que comenzara a avanzar, Sandy reclamó su atención de nuevo.

–Espera. Dime cuando vendrás a jugar junto con Price, conmigo y con mis amigos.

–No lo sé. Pero si se llega a dar la oportunidad… con gusto le pediré a Price que me deje jugar con ustedes.

–La pequeña Sandy sonrió aún más que anteriormente y se despidió de Kitty, airando su mano desde lo lejos mientras se alejaba y volvía con sus otros amigos.

Después de eso, la genio ojiazul regresó a los interiores del orfanato, donde se topó a medio camino con Price. Éste le saludo con su particular sonrisa, y ella solo pudo sonreír también ante su contagioso estado de ánimo. Kitty le confesó que estaba hambrienta, el moreno le asintió sonriente y ambos comenzaron a caminar hacia los comedores.

– ¿Te la pasaste durmiendo toda la tarde como es tu costumbre? –El guapo moreno le acarició con ternura el cabello mientras ambos andaban. Kitty aprovechó para sujetar su brazo y recargar su cabeza en él.

–Así es –mintió mientras frotaba dulcemente su mejilla en el brazo del moreno–. Tú bien sabes como soy. Ahora dime como te fue a ti mientras estabas afuera.

–Pues… estuve algo ocupado, como siempre –contestó con jovialidad–. Espero que este día te hayas divertido, porque mañana las clases se reanudaran. Hasta ahora lo has estado haciendo muy bien. Ah, y por cierto. Kitty, no es bueno que digas mentiras, al menos que eso te ayude a descubrir algo importante.

Ambos genios se miraron con complicidad. Price no era alguien fácil de engañar pese a no ser desconfiado con la gente. Un minuto de silencio pasó y el pelinegro agregó:

–La verdad es que L no me tiene permitido hablarles a ustedes sobre su evaluación hasta que esta haya terminado, pero lo que si voy a decirte, es que él se ha maravillado con tu cooperación.

– ¿En serio?

–Sí. Incluso él mismo me lo dijo hace un par de días. Dice que es tan positiva tu cooperación, que hasta sospecha que algo has de tramar.

Kitty hizo una mueca y cerró los ojos. Si era orden de L que Price le dijera que aún sospechaba de ella, eso solo significaba que este también tramaba algo. Por otro lado, nada le garantizaba que el ojinegro no se lo estuviese diciendo –desobedeciendo la orden de no hablar al respecto– como un acto de amistad para ayudarla.

Llegaron a los comedores, y uno de los encargados, al ver que se trataba de ellos, inmediatamente se acercó para recibirlos y traerles algo para merendar. Se sentaron en una de las mesas y siguieron conversando.

–Entonces, ¿hace poco volviste a hablar con L?

–Sí.

"Lo sabía" pensó la ojiazul. "Siempre que le pregunto por L, Price me dice que hasta hace poco hablaron. Él, en comparación con Queeny y Rock, se ve mucho más seguido con L; casi me atrevería a decir que diario. Y es que, en lo que va de la semana, nunca he oído que ellos hayan hecho contacto o hablado con esa letra. Siempre están pensando en lo que deben de hacer y lo que van a decirle cuando lo vean. Pero… Queeny y Rock llevan más tiempo siendo sus aprendices, y, por lo que ellos mismos me contaron, L también debe de confiar mucho en ellos. ¿Realmente Price tiene tantos privilegios por encima de ellos? ¿Por qué?"

– ¿Y de que más hablaron? –preguntó la pequeña adolescente con un gesto analista, lleno de curiosidad.

–Eso –Price le tocó la nariz con el dedo y la meneó en círculos con suavidad, sonriéndole. La pelirroja cerró los ojos y sintió cosquillas, su semblante serio se esfumó y hasta casi terminó por reírse–… es un secreto.

–Ya veo. Pero yo solo quería saber como vamos hasta ahora en nuestras evaluaciones.

–Ya te dije que vas muy bien. Has cubierto todas tus expectativas e incluso has dado más de lo que se esperaba en un principio, hasta ahora has aprendido sin problema todo, sin necesidad de estudiarlo y trabajarlo tanto. Por otra parte, Aarón también nos ha dejado a todos con la boca abierta. Su talento es únicamente superado por su interés y sus conocimientos previos; incluso ha demostrado saber muchísimo sobre criminología e investigación. Se nota que se ha estado preparando para esto desde hace mucho y con gran ahínco.

–Una cosa es hacer las cosas bien y con ahínco, y otra, pasar una prueba.

–Je… ¡Sabía que dirías algo como eso!

– ¿Me estás diciendo cosas que no deberías decirme? –preguntó la ojiazul, tras reflexionar que su amigo simplemente no podía estarle hablando así, no tras las condiciones que el detective les había puesto a todos.

– Pues… – Price desvió la mirada hacia arriba, como si fuese un niño contándole a su mejor amigo la travesura que hizo– Creo que he dicho algunas… ¡No importa!

–De seguir así las cosas, ¿crees que ambos logremos aprobar?

El rostro del apuesto moreno cambió su semblante distraído, cerró y abrió los ojos, y tras una leve pausa, respondió:

–Eso ya no te lo puedo decir. Ustedes deben de seguir esforzándose, sin pensar en cuales serán los resultados. Especialmente tú, Kitty. Recuerda las condiciones. No me gustaría que, sin quererlo yo, te incitase a que intentaras inconscientemente hacer algo que L descubriera y te castigase.

–Es verdad… –la pelirrojita se encogió de hombros y movió la cabeza–. Lo que pasa es que… yo… he estado pensando las cosas y… he llegado a una decisión.

– ¿Cuál? –preguntó Price con un gesto curioso e inocente.

La ojiazul tragó saliva. Si bien era cierto que ella aún no estaba del todo segura de su decisión, la confianza que tenía en su viejo amigo le motivaba a decírselo a pesar de todo. Lo mejor hubiera sido, tal vez, pedírselo directamente a L, pero ya no le cabía la menor duda de que Price era la segunda mejor opción.

–Sigo y seguiré firme en mi decisión de no quedarme y ser candidata y aprendiz de L. Pero he estado meditando un poco, respecto a la situación que estoy viviendo y sobre mi posición de volver a más tardar en unas semanas a Londres, y… ahora pienso que tal vez –su suave y chillona voz se fue volviendo más lenta con cada palabra–… que tal vez no sería mala idea que me quedase un poco más del tiempo que acordamos en el pacto. A lo que me refiero es que ya no tengo tanta prisa por regresar a Wammy. Siempre que no se trate de un periodo en demasía largo o indefinido, me gustaría seguir aquí por un poco más de tiempo del requerido, aún después de haberme liberado de mi compromiso.

Price observó a su amiga. Su gallardo y joven rostro le sonrió de nueva cuenta.

–Entonces… ¿es qué ya no tienes prisa por volver a ver a tu amigo?

"Co… ¿Cómo es que es que Price sabe de…?" la jovencita se desconcertó. Su expresión del rostro se transfiguró, pasando de la enorme sorpresa a la ira. Se levantó de su asiento, pero Price sujetó su delgado brazo y la detuvo.

– ¿Qué te pasa?

–Ella me prometió que aquella plática se quedaría entre nosotras –reprochó con cólera mientras trataba de zafarse–. Va a pagármela muy caro…

–Si te refieres a Queeny, ella no me dijo nada sobre Max.

La ojiazul dejó de forcejearse y volteó a ver a su amigo con sorpresa.

– ¿Cómo es que sabes su nombre…?

– ¿No lo recuerdas? Tú misma gritaste: "¡Eres igual de irritante que el otro estúpido de Max!" cuando pateaste a Rock, el día de la presentación.

"Es verdad. Estaba tan enojada que no reparé en mencionar a Max en aquella ocasión" meditó la joven de rojos cabellos.

–Es probable que Rock no le haya tomado importancia y que Queeny haya decidido que se trataba de un niño del orfanato que te cae mal, pero yo pienso que debe tratarse de tu mejor amigo. No hay ningún muchacho en Wammy's con ese sobrenombre. Si se trata de alguien que conociste afuera, no te juntarías con él si en realidad te cayera mal. Hace falta querer mucho a una persona para llamarla estúpida sin ningún miramiento –agregó el joven moreno.

–Si lo que dices fuese cierto, yo estaría enamorada de Rock –contestó con ironía

– ¡Jajajaja…! –una risa contagiosa que no se escuchaba en lo absoluto malintencionada se dejó oír por parte de Price– ¡Tienes razón! El caso es que ahora, has comprobado mis sospechas. Tu amigo se llama Max. ¿Es realmente cierto que es como Rock?

"Qué descuidada soy" meditó Kitty, antes de contestarle al ojinegro."Si no me hubiera dejado llevar por el enojo, dando por sentado que Queeny me había traicionado, no habría reaccionado de esta manera; antes, hubiese fingido no saber de que hablaba para no delatarme yo misma."
–A veces…

El guapo genio miró con atención los gestos de su compañera y dijo: –De acuerdo, respeto que no me quieras hablar sobre él. Pero dime, ¿por qué quieres ahora estar más tiempo aquí?

Karen se encogió de hombros –Yo había decidido quedarme solo dos semanas cuando estaba en Londres. Pero… eso fue antes de saber que tú estabas aquí. Suponiendo que todo sale bien, dentro de tres semanas más podría regresar a Londres. Pero si a pesar de todo, me quedase, estaría dando a entender que he decidido continuar con la oportunidad que se me ha dado, pero eso no es lo que quiero. Quiero quedarme por más tiempo, pero solo para estar contigo. Ya que una vez que me valla, volveremos a estar lejos. Pero lo cierto es que la única razón por la que estoy aquí es por mi talento y por lo que ellos esperan de mí. Si sigo insistiendo en que no me interesa ser parte de todo esto, ellos se enfurecerían con justa razón. No quiero que malentiendan las cosas. Si he decidido quedarme un poco más, no es porque hayan logrado convencerme de nada. Pero no creo que ellos vean así las cosas, no después de todos los problemas en que se metieron para poder traerme hasta aquí. Pero tú… estoy segura que tú sí me comprendes, Price. Por favor, tienes que permitirme hablar con L personalmente. Estoy segura que si él y yo hablamos, podré convencerlo de una buena vez que no gana nada teniéndome como su rehén. Quiero estar aquí, este orfanato a pesar de todo es maravilloso, y me ha permitido verte de nuevo. Por eso no quiero seguir aquí encadenada y vigilada, quiero sentirme libre y hacer las cosas que me gustan sin tener que estar a la expectativa de que de no gustarle mi obrar a otro, seré oprimida contra mi voluntad. Quiero ser yo quien decida cuando marcharme sin tener que rendirle cuentas a nadie. Déjame hablar con L y pedírselo yo misma. Si alguien puede hacerme ese gran favor, eres tú, Price. Si no lo hago antes de que la evaluación, no conseguiré nada, pues ya se habrá decidido mi situación y tal vez él suponga que esto lo hago para llevarle la contraria o tratar de engañarlo. Te lo suplico, llévame a ver a L.

Kitty se abrazó con Price, casi al punto de derramar lágrimas. Price meditó por unos instantes las palabras de la joven antes de contestar.

–Lo siento, Kitty –dijo con un poco de congoja–. Pero eso que me pides es imposible.

–Pero Price… tú… tú siempre estás hablando con L. Yo sé que podrías meterte en problemas, que incluso por el mero hecho de hacer esto él podría retenerme por haberlo desacatado, pero tarde o temprano tendré que hablar con él si es que realmente quiere que me vuelva su legataria…

–No es eso. Es imposible que te lleve con él porque nunca lo he visto en toda mi vida. Lo lamento.
Los colores se le subieron al rostro a Kitty al escuchar esto. Despegó su rostro del pecho del joven moreno y volteó a verlo.

–Pero tú siempre estás hablando con él y…

–Sí, solo que más que una conversación, es un monologo con instrucciones que recibo a través de un ordenador. Son muy pocas las cosas que tengo que decirle cuando me comunico con él, ya que recibe la información que necesita únicamente a través de Watari. Él debe de ser el único que ha llegado a ver en persona a L. Es por eso que es totalmente inútil que intentes hablar con él.

–Pero tú eres…

–Ni siquiera a mí se me ha permitido jamás verlo en persona.

– ¡No…!

La linda taheña no aguantó más la presión y salió corriendo de los comedores. Price trató de detenerla, pero comprendió que lo mejor sería dejarla sola a que meditase las cosas.

"Esto no puede estar pasando." Pensaba la joven mientras corría llorando, más por rabia que por cualquier otro sentimiento, hacia las habitaciones del ala oeste del orfanato. Llegó hasta la habitación que buscaba y empezó a tocar la puerta a base de golpes y gritos.

– ¡Aarón! –su garganta se irritó de lo fuerte que gritaba. Finalmente se impacientó y giró de la perilla para tratar de abrir la puerta a forcejeos. Para su sorpresa, el cerrojo no tenía puesto el seguro y la habitación del muchacho se abrió sin problemas.

–Es extremadamente desagradable y de muy mal ver el entrar a una alcoba sin tener el permiso del ocupante y con esa actitud tan tosca –el crío de pálida piel no dejó de ocuparse en su escritorio, leyendo aquel grueso libro de criminología–. Cálmate un poco, no recuerdo haber hecho nada que pueda hacerme responsable de tu ira.

– Tú… –Kitty tenía el rostro totalmente rojo del enojo, con una mueca de cólera y las mejillas aún húmedas de las lágrimas que recién se habían deslizado en ellas–. Tú sabías que L jamás se deja ver por nadie, ni siquiera por sus aprendices. Por qué… ¿Por qué no me lo dijiste?

– ¿Realmente no lo llegaste a suponer?– Aarón cerró el libro y volteó donde Kitty– ¡Qué ingenua eres! ¿Tienes una idea de las personas que desean verlo muerto? Él no puede arriesgarse.

– ¡Cállate! –comenzó a gritar– ¡Si hubiera sabido desde un principio que ese cobarde jamás dejaría verse, no hubiera aceptado nunca que me arrastraran lejos de mi hogar!

La ojiazul se dio la media vuelta, caminó hacia la puerta, y enseguida la impactó con todas sus fuerzas al momento de salir de la alcoba del joven genio.

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– ¡NEAR!

Un agudo y femenino grito rompió el silencio que había en la enorme sala blanca. El albino, que se encontraba en el centro de la habitación, apilando un montón de dados totalmente blancos, perdió la concentración al escuchar a la intrusa y colocó erróneamente uno de ellos; provocando que la torre que llevaba construida se viniera abajo. Los pequeños dados se estrellaron repetidamente en su cabeza y hombros, causándole un dolor apenas soportable; a pesar de todo, el albino apenas y reaccionó cerrando los ojos y frunciendo el ceño de enfado. La joven taheña se acercó a él sin importarle el accidente con una mueca de cólera.

–Es peligroso que vengas a verme –le dijo–. Puedes meterte en serios problemas si…

– ¡Quiero que me lleves a donde se encuentra L!

Ambos se miraron, y, tras unos momentos de silencio, Near respondió:

–Eso es imposible.

– ¡No te pases de listo! Ni siquiera Price ha podido verse con ese mal nacido. Pero estoy segura que tú si lo has llegado a ver, y sabes en donde se esconde. ¡Es por eso que tú al igual que él te escondes!

– Te equivocas –Near interrumpió en lo que se volteaba de nuevo a rearmar la torre de dados–. Yo nunca he visto a L.

–No… –Kitty trató de tranquilizarse, no estaba actuando de manera racional y lo sabía. Lo primero que debía hacer era demostrar con hechos que el extraño albino debía conocer al detective para que este no pudiese negarlo y después convencerlo que le concediera tan grande favor–. Investigué un poco y… no parece haber ningún registro tuyo en el orfanato, ni siquiera en los mapas del lugar se menciona la existencia de este sitio. Eso prueba que eres un subordinado de L, tú mismo me lo diste a entender; pero a diferencia de los otros, te escondes por completo. Ni a Aarón ni a mí se nos contó nada sobre ti. Estoy segura que Watari no es la única persona que ha llegado a verse con L. De seguro tú tienes, por decirlo de alguna manera, un rango aún por encima del de Price.

–Ya te dije que yo no soy como Price y los otros.

–Ésa solo es una verdad a medias. Yo sé que tú también estás involucrado en todo este circo. Confiésalo.

Pero Near ya no contestó a su pregunta.

–Te lo ruego –la joven continuó–. No me interesa saber nada de ti, solo quiero que me digas si existe alguna manera de ver a L. Yo… tenía la esperanza de que antes de que se decidiera sobre mi destino en este lugar, podría hablar con él. Pero Watari jamás me lo va a permitir y ni siquiera Price es capaz de hablar directamente con él como yo pensaba. Te lo suplico, dime en donde puedo encontrar a L. No creo que pueda encontrarlo en aquel edificio, pues sería demasiado obvio que la gente ha intentado hacerlo y ha fracasado. Dime si hay alguna manera, algún lugar, algún momento, algún medio donde pueda encontrarle.

Near escuchó las suplicas de la superdotada sin desatender su torre de dados.

–Si pudieses hablar frente a frente con L, ¿Qué le dirías?

– ¡Le diría sus verdades! ¡Que no es más que un manipulador, cobarde y egoísta que hace lo que quiere con las demás personas, y que ya no pienso aguantar que decida sobre mi vida, para después no ser capaz ni siquiera de darles la cara a quienes les hace sufrir por sus caprichos…!

La chillona voz de kitty se volvía aún más aguda cuando esta perdía los estribos. Sus puños comenzaban a dolerles de tan fuerte que los apretaba. Su bello rostro comenzaba a transfigurarse de todo el enojo que desbordaba. Near, sin embargo, siguió tranquilo y respondió:

–No creo que seas capaz de llegar a algo si solo vas a decirle insultos huecos. ¿Realmente desperdiciarías una oportunidad así, dirigiéndote de esa manera tan imprudente e irracional? Todo eso me da a entender que solo quieres verlo porque no te pareció que no se dejase ver ante ti, y quieres quejarte. Yo, en realidad, me refería a qué motivo puedes tener para querer verlo a toda costa, además de pedirle que te liberase, ya que no puedes arriesgarte a perder la poca flexibilidad que ha tenido contigo, y, prácticamente, ya no puedes hacer otra cosa que esperar a que cumpla su promesa.

Kitty se tranquilizó. Near estaba en lo correcto. Descargando su ira y quejándose por decisiones que ya había consentido no la llevaría por ningún camino. Aunque detestaba pensar que el poder de aquel personaje parecía ser absoluto –no solo los dos orfanatos, sino también los gobiernos daban cabida a sus caprichos– y que lo último que deseaba era consentirle tener también total control en ella, había algo que necesitaba aclarar antes que nada; su verdadero objetivo, del que se había hecho desde que supo que cruzarse con aquel hombre ya era inevitable.

–Hay algo que quiero preguntarle. Deseo que él mismo me lo responda, y no pienso descansar hasta que lo haga. Pues yo decidí que vendría hasta aquí solo tras esa condición…

El albino dejó inconclusa la torre de dados, y, sin voltear, guardó silencio para escuchar atento las palabras de la joven.

–No hace falta explicar que mi vida hubiese sido totalmente distinta si mis padres no hubiesen muerto. Pero eso solo fue una cruel jugarreta del destino. Mis padres fueron asesinados. Quizás… estaban consientes del peligro que corrían al atestiguar en contra de aquel desgraciado, sin embargo, ellos prefirieron morir defendiendo aquello en lo que creían, antes de hacerse a un lado por su propia seguridad y por la mía. Pero lo que no fue una coincidencia fue el haber llegado a Wammy's. Contra mi voluntad, me transfirieron hasta ese lugar, solo porque era alguien especial. Mas yo nunca pedí ser diferente de las demás personas. Crecí bajo un ambiente donde los niños eran alentados a competir unos con otros, donde no había cabida a la despreocupación, donde solo parecías ser valioso si sobresalías de entre todos. Y yo, a pesar de no tener la menor idea del porqué, me acostumbre a dicho ambiente y me volví en una persona fría que solo podía sentir respeto hacia si misma predominando de entre todos. La razón del porqué mi vida había tomado un rumbo tan diferente a las tantas otras personas no la conocí sino hasta hace unas semanas, cuando se me dijo que un sujeto al que nunca había conocido quería conocerme. A pesar de mis súplicas, él no descansó hasta traerme hasta acá. Está empecinado en hacer que ocupe un lugar que no quiero. Logró su cometido. Ahora solo quiero que me responda el porqué…

– ¿El Porqué…?

– Yo decidí revelarme ante la doctrina que me habían inculcado en el orfanato. Dejé de interesarme por competir con los demás para buscar mi propio destino, dejé de preocuparme por sobresalir, y decidí que era más importante divertirse y ser feliz que ser la más eficiente de todos. Por más que siempre intentaron convencerme de que mi apatía era algo malo, yo nunca les hice caso y seguí haciendo las cosas como se me venía en gana. Y a pesar de eso, aquel sujeto a quien nunca he conocido en mi vida me eligió a mí, siendo que otros hubieran sido felices y lo hubiesen dado todo para tener esto que no quiero. Yo nunca pedí nacer siendo una genio, tampoco elegí ser huérfana, mucho menos que alguien esperase que me volviera su discípulo. Es por eso que quiero saberlo. Quiero que él mismo, en persona, me diga que fue lo que vio en mí, la razón por la que está tan empeñado en tener algo que yo no quiero darle. ¿Por qué…? ¿Por qué quiere que sea una detective y que aprenda a ser como él? ¿Qué tengo yo que no tiene ningún otro ser humano en todo el mundo? ¿Qué?

–Nada… –contestó fatídicamente el de cabellos blancos.

– ¿Dices que él me trajo hasta acá por mero capricho?

–No.

–Pero…

– ¿Tienes una idea de porqué Price, Queeny y Rock también fueron elegidos? ¿Tienes una idea de porqué los eligió a ellos por encima de tantos otros niños que soñaron con poder ejercer la autoridad y el poder del detective que es considerado como el más grande de todos?

–Supongo que, al igual que conmigo, eran los más talentosos de su generación.

–No basta con tener talento. L no solo se fija en eso.

– ¿Entonces?

–Hace tiempo, al igual que a ti, se me dijo un día, que L había tomado cierto interés en mí y en un compañero.

–Bueno… y eso, ¿qué? Supongo que en cuanto te explicaron que es lo que ibas a hacer, te pareció buena la idea y aceptaste.

–No.

– ¿Qué…?

Kitty alcanzó el tope de su desconcierto. Finalmente Near volteó a verla, con una mirada fija y profunda.

–Ni a mí ni a mi compañero se nos preguntó si estábamos de acuerdo o no. Solo se nos dijo que L había puesto sus ojos en nosotros y que había altas posibilidades de que uno terminaría siendo elegido. Si te soy sincero, yo nunca quise ser un sucesor. Sin embargo, terminé siéndolo. Tú no eres la única a la que han traído en contra de sus deseos. Hubo el caso de un niño que terminó cometiendo suicidio al no soportar la carga y la responsabilidad. La disposición y los deseos tampoco juegan ningún papel en esto, como ya habrás comprobado.

–Entonces… ¿Por qué permitiste que hicieran eso contigo? Y si tú nunca te ofreciste a nada, ¿por qué L puso sus ojos en ti? ¿Por qué hace que niños que no son capaces de aguantar esta presión y tenían planeado hacer otras cosas con sus vidas compitan unos con otros?

–Porque en alguien tenía que poner sus ojos. Así, por la misma razón por la que los demás no fueron elegidos, por la misma razón por la que hay personas quienes desean ser doctores y terminan siendo hoteleros. Por la misma razón por la que una niña como tú desea ser como los demás, mientras otras sueñan con lo que harían si tuvieran tu talento. Por la misma razón, yo terminé siendo lo que soy. Simplemente… estoy aquí porque alguien tiene que estar aquí y ese alguien soy yo. Siempre estuve consiente de ello, y es por eso que no necesito entender algo que entiendo. Éste es el lugar que me corresponde y lo acepto. Y aunque pudiera fantasear con haber sido otra cosa y estar en otra parte, estoy consiente que en este momento hay también muchas personas que sueñan con ser lo que yo soy –diciendo esto, el albino volvió a tomar los dados del piso para continuar armando la inconclusa torre a escala–. Pero en este mundo el papel que a cada quien le corresponde no se decide por sus aspiraciones. Cada pieza en un rompecabezas es única, y ninguna otra puede ocupar su lugar más que ella; a su vez, esa pieza no será capaz de estar en otro lugar que no sea el suyo. Para que un Puzzle se complete, todos sus componentes deben ocupar su puesto. ¿Alguna vez has visto a alguien empeñarse en armar un rompecabezas, preguntándole a cada parte donde le gustaría ir? Yo soy lo que soy, porque si yo no lo fuese, nadie más sería acto para ser lo que a mí me corresponde ser. Aquellos que se empeñan en ser lo que no pueden ser, se vuelven inevitablemente en unos mediocres, sin saber que su incompetencia se basa en el hecho de que no están haciendo lo que para ellos nacieron.

La joven Karen movió la cabeza en señal de desaprobación. La manera de pensar de aquel sujeto parecía ser contraria a lo que, de pequeña, sus despreocupados amigos le habían enseñado.

–No puedo estar de acuerdo con lo que dices –parpadeó mientras susurraba segura de su respuesta–. Es cierto, todos somos únicos y nadie puede ocupar nuestro lujar tan bien como nosotros mismos. Pero dudo mucho que las piezas de un Puzzle sueñen con ocupar un lugar que no es el suyo. Al contrario, si fueron hechas para llenar cierto espacio, dentro de su ser habitará el deseo preprogramado de ocupar el lugar que les corresponde. El corazón jamás nos engaña. Él nos dice que es lo que debemos buscar hacer con nuestros destinos. Si no queremos, por más que alguien quiera convencernos, ser o hacer cierta cosa, esa es una clara muestra de que ese no es tu destino ni tu lugar. Antes bien, tus sueños y tus anhelos son la guía que Dios nos dio para encontrarnos a nosotros mismos y descubrir quienes somos.

–Tú no naciste deseando ser lo que deseas ahora. Tú misma dijiste que antes eras como los demás niños del orfanato. ¿Tu instinto que Dios te dio estaba equivocado o hasta hace poco descubriste lo que quieres ser? ¿Cómo sabes que esto que ahora quieres ser tampoco es aquello que deseas y debes ser?

Kitty se encogió de hombros. –Estaba confundida. Las influencias que tuve de pequeña, la soledad, me hicieron creer que esto es lo que debía hacer. Luego reflexioné con calma las cosas y decidí que este no era mi destino.

–Aún es muy pronto para que sepas que es lo que realmente puedes y quieres ser. L únicamente quería que conocieran su mundo porque tienen el potencial para estar en él. Pero hasta ahora no he visto alguna prueba con la que puedas refutar eso, ya que no pareces conocer del todo en que consiste este mundo. ¿Cómo sabes entonces que definitivamente no es también el tuyo?

Las palabras del albino llegaron en lo profundo del ser de la taheña. Sus rojas cejas dejaron de estar arqueadas, comprendió un poco más las acciones de su Némesis, y suspiró.

–No puedo preguntarte el porqué me eligió, porque eso solo debería poder decírmelo L. Dime entonces, por qué L te eligió a ti.

–Hace tiempo, en Wammy's, se reunieron a todos aquellos niños que eran los más sobresalientes de todos. L nos dio una pequeña plática a través de una PC. No podíamos ver su rostro y su voz estaba distorsionada, no obstante, él nos dijo que podríamos preguntarle lo que quisiéramos y nos respondería. Un niño tras otro le preguntó cuanto quiso saber acerca de su oficio. Finalmente, hubo uno que preguntó cual era la razón por la que se dedicaba a resolver crímenes. Si era porque a él le gustase luchar por la justicia. Fue de ese modo que L nos explicó la razón por la que se dedica a detective.

– ¿Qué contestó?

– Dijo:
"No tiene que ver con la justicia. Resolver casos que impliquen mucha dificultad es solo mi pasatiempo. Si ustedes midieran que tan buenas o malas son mis acciones, basándose en lo que dicen las leyes actuales, tendrían que condenarme por haber cometido incontables crímenes. Del mismo modo en que ustedes disfrutan de resolver acertijos y misterios, y de acabar los videojuegos lo más pronto posible, así también es para mí. Simplemente me apasiona porque es algo que disfruto hacer. Y esa es la razón por la que solo tomo los casos que son de mi interés. No lo hago por la justicia. Y si llega a ser necesario para la resolución de un caso, no juego limpio y hago lo que sea necesario para ganar a cualquier precio. No soy más que un deshonesto y tramposo ser humano al que no le gusta perder."

Aquellas palabras resonaron como ecos dentro de la joven Kitty. Jamás imaginó que un icono de justicia confesase tan abiertamente que todas sus acciones solo fuesen un capricho cumplido tras otro. Eran tantas las protestas que le llegaron a la mente que no podía decidirse por cual decir primero, por lo que terminó enmudecida por unos instantes. Hasta que Near continuó.

–Ahora que sabes esto, contestaré a tu pregunta: después de decir aquellas palabras, se le preguntó a L si había visto a algún niño al que quisiera que tomase su lugar. Entonces, L nos eligió a mí y a mi compañero, sin siquiera molestarse en ver ninguno de nuestros datos. Nosotros no preguntamos nada. Aparentemente, no había manera en la que él pudiese basar su decisión. Muchos de los presentes argumentaron eso. Pero la razón por la que nos eligió fue precisamente esa. Todos excepto mi compañero y yo le preguntamos a L. Lo único que hicimos fue permanecer en silencio y observar atentamente. L dijo que mientras nos observó, notó en nosotros una mirada perversa, diferente de las demás. L no buscaba genios que quisiesen ser detectives, sino personas que le recordaran a él, y que probablemente pensaran igual que L.

–Es por mi egoísmo… –susurró Kitty en quedo–. Es porque siempre me he empeñado en hacer las cosas a mi modo, porque de una u otra manera consigo que los demás hagan mi voluntad. Es por mi egoísmo y mi terquedad que se interesó en mí… ¿No es así?

Near sonrió con malicia mientras colocaba el último dado blanco en la cima de la torre.

–De acuerdo –la joven también sonrió, sacó del bolsillo de su pantalón una barra de chocolate envuelto y lo arrojó al piso–. Ten, es en pago por el chocolate de la última vez.

– ¿Ya te vas? –preguntó el de marcadas ojeras al voltearse y notar que la niña caminaba hacia la puerta.

– Gracias por la plática, me aclaraste muchas cosas. Sería muy útil que de vez en cuando, viniera contigo para charlar.

–Si te descubren te meterás en muy serios problemas.

–No me importa. He decidido que yo ya no le debo nada a ese mequetrefe.

– ¿A qué te refieres?

– ¿Dices que L con tal de ganar juega sucio…? Entonces yo tampoco tengo porqué jugar limpio. Haré las cosas como yo quiera. También avizale que he decidido quedarme un poco más de tiempo en Roger's, aún después de finalizar la prueba. Mis razones se las dejo a su criterio, lo mismo va para cualquier medida que quiera tomar al respecto. Ya me las arreglaré para regresar a Londres cuando se me pegue la gana. También quiero que le digas que le doy las gracias por haberme permitido ver de nuevo a Price. Y que si por algún motivo llegase a cambiar de opinión y quisiera quedarme, él sería sin duda uno de mis motivos.

La joven caminó hasta la puerta, escaló por el ducto de ventilación por donde había entrado y se fue.

CONTINUARÁ…

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