FANFICTION: Los hombres mueren, las leyendas no. (Death Note) cap 13

En el capìtulo anterior: Kitty se reconcilia con Price. Se descubre algunos misterios acerca de L y su manera de operar. Se descubre la identidad de Zero y aparece en escena su hermana menor: Anna Namikawa, quien es nieta de uno de los hombres màs poderosos del mundo y uno de los ejecutivos màs importantes de Yotsuba Corp.


LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO.

CAPÍTULO 13: CHOCOLATE


La noche iba a caer pronto. Satoshi Yagami estaba por terminar su jornada de dos horas diarias de escribir nombres a diestra y siniestra en su cuaderno de la muerte. El shinigami plateado de largas y filosas garras lo observaba en silencio, con esos orbes escarlata que emitían un intenso brillo en la oscuridad de la habitación.

- Hace ya dos días que Kitty llegó a USA – comentó el rubio de ojos maple al shinigami –. Espero que pronto encuentre la manera de acceder al Messenger que le di. Es indispensable entrar en contacto con ella antes del día cero.

- ¿Acaso temes que ella…?

- No, Deementy. Ella no es así. Cuando Kitty accede a una petición, ella hace hasta lo imposible por cumplir su palabra. Estoy seguro que ella en este instante tiene muy en cuenta que yo estoy esperando a que se comunique conmigo. No me defraudará.


El shinigami y el humano permanecieron en silencio hasta que Sato terminó su jornada y guardó su Death Note.

- Je. Jamás pensé que mi velocidad aumentaría tan severamente. Con el número de victimas que llevo, mañana mismo podré completar el objetivo. No obstante, será mejor que continué hasta antes del día cero. Mientras más victimas haya, mejor.

Deementy escuchó a su humano y recordó las palabras de Rem, mientras lo observaba en silencio…

"Los seres humanos son criaturas… asquerosas."

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Otro día de entrenamiento había llegado. Kitty despertó acostada en su habitación alrededor de las once de la mañana. Realmente se había cansado mucho el día de ayer. Lo último que recordaba era que se encontraba con Price mirando las estrellas.

"De seguro Price me trajo hasta mi alcoba", pensó. "¿Qué hora será…?"

Se levantó y observó con pánico la hora que indicaba el reloj colgado en el extremo opuesto a la ventana.

"No puede ser… ¡Ya son pasadas de las once! Ayer Aarón y yo ya estábamos en aquel edificio desde antes de las diez. ¿Qué voy a hacer? Esto no le va a agradar a la letra esa."

Abrió estrepitosamente la puerta y salió corriendo en busca de Queeny o Price. Las niñas que pasaban a un lado de ella comenzaron a mirarla extrañadas. Kitty rápidamente lo notó y así se dio cuenta de que únicamente llevaba puesta su vieja y enorme camisa blanca de manga larga. No traía sus flojos pantalones de mezclilla ni su pequeña blusa de tirantes, nada. Solo llevaba puesta su camisa que le cubría hasta la parte baja de sus muslos. Avergonzada, el color de su rostro se le subió hasta el tope y soltó un potente grito, propio de una mujercita horrorizada. Corrió de vuelta a su habitación y cerró la puerta con tanta fuerza que, las otras niñas se asustaron al oírlo.

-¡Ese miserable…! ¿Cómo se atrevió a…? – Balbuceaba con rabia mientras se tallaba el cuerpo temblorosamente en la ducha - ¡Tengo que matarlo! ¡Lo mataré así sea lo último que haga! – Su gesto, con la mirada y los dientes afilados, daban la apariencia de un psicópata enfurecido que solo pensaba en asesinar. Mientras el agua de la regadera la fue tranquilizando, unos hilos escarlatas comenzaron a brotar de ella, mezclándose con el agua limpia y deslizándose entre sus piernas hasta caer al suelo y perderse en la coladera del baño. La jovencita miró aquello con un mohín apenado.

"Maldita sea… Como odio ser mujer."

- Kitty. – de pronto tocaron la puerta – ¿Ya despertaste?

"Pero si es Queeny…" La pelirroja se apresuró a contestar. – Me estoy duchando. Espera unos momentos, por favor. – gritó.

La trigueña hizo caso omiso y entró a la habitación. Se sentó en la cama y esperó a que Kitty saliera del baño. Ella al darse cuenta, se apresuró a salir envuelta en una toalla.

- Te dije que me esperaras. – sentenció la ojiazul avergonzada.

- ¿Por qué te apenas? – sonrió. Kitty dobló la cabeza. - Anoche te quedaste profundamente dormida. Ni siquiera sentiste nada cuando te bajamos a tu habitación Price y yo.

- ¿Tú y Price?

- Así es. Price no quería que nadie se diera cuenta que te había llevado a la azotea. Así que cuando notó que te habías quedado dormida, me llamó para que le ayudara a bajarte y te acomodara de regreso en tu alcoba.

- Ya veo… - La jovencita de largos cabellos suspiró – Entonces fuiste tú quien me desarropó.

- Kitty, ¿No me digas que pensaste que…?

- ¡No! Claro que no. – sonrió nerviosamente, moviendo las manos de un lado a otro y con una enorme gota de sudor formándose en su nuca. – A propósito, Ya son pasadas de las once y el entrenamiento se suponía que era a las nueve y media. No quiero que L piense que soy una indisciplinada.

- No te preocupes. Price ya se fue junto con Aarón al centro de investigaciones. Al parecer, ese muchacho se está llevando de maravilla con él. Parece que lo admira mucho.

"Sí. Ese lame botas… Lo único que quiere es colgarse de él", pensó la ojiazul, casi frunciendo el ceño.

- Durante tu estancia podrás descansar dos días a la semana. – continuó la bella mujer – Así que no hay ningún problema si este día te quedas en el orfanato a descansar. ¿Por qué no te tomas este día y exploras el orfanato? Estoy segura que encontrarás muchas cosas interesantes.

- Ya veo. – sonrió – Entonces me quedaré tranquila.

A pesar de estas palabras, Kitty en realidad desconfiaba de las intenciones de L y los que le secundaban. No obstante, recordó a Price y supuso que de alguna manera él no permitiría alguna trampa por parte de los otros. Resignada, se puso a meditar en la situación, pues de una manera u otra, quería sacarle provecho.

"Es cierto. Puedo aprovechar esta oportunidad para ponerme en contacto con Max…"

- Tienes un cabello muy lindo. – Queeny se acercó donde la niña, quien aun permanecía cubierta en una toalla, para tocar su cabello. Kitty, quien era muy penosa, se avergonzó y sus mejillas se tiñeron de rojizo. – Aunque, si pones atención, se ve que las puntas están muy maltratadas. ¿Cuándo fue la última vez que te cortaste el cabello? – le acarició el pelo con dulzura y tomó uno de sus largos mechones.

- Desde que tengo uso de memoria, yo nunca he dejado que me corten el cabello. – afirmó en voz baja.

- Ya veo. Comprendo que quieras tener el cabello largo pero, debes recortar tus puntas de vez en cuando para deshacerte de la orzuela. Ven, te cortaré y te emparejaré las puntas.
- No. A mí me gusta el cabello largo y…

- No voy a cortarte el cabello. Solo lo voy a arreglar para que quede más lindo.

Kitty miró las puntas de su larga cabellera. A pesar de lo sedoso y bien cuidado que estaba, sus puntas, que probablemente eran parte del pelo que tenía cuando ella era una bebé, estaban abiertas, secas y de tamaños disparejos. Las miró con melancolía por unos instantes y luego contestó:

- Está bien. Solo trata de cortarlo lo menos posible.

Queeny sonrió y asintió moviendo la cabeza. Salió de la alcoba por unas tijeras y pidió a Kitty que la esperase y mientras tanto, se vistiera.

Kitty hurgó por los cajones repletos de ropa nueva y a su talla, y de ellos sacó unos pantalones parecidos a los que suele usar y unos boxers para niña.

"Se supone que todo esto se está manejando discretamente – pensó la pelirroja –, así que no creo que se me permita usar el Internet para comunicarme con otras personas. Aunque diga que me darán este día para que yo descanse, lo más probable es que habrá quienes me vigilen. Afortunadamente es lunes y lo más probable es que, Queeny no pueda quedarse por atender su trabajo. Debo ser paciente y esperar un buen momento."

En uno de los cajones había sujetadores de diferentes colores y diseños. La catorce añera los tomó y observó de uno en uno con incertidumbre.

"Deben ser de mi talla, pero… yo nunca me he puesto uno y… se ven bastante incómodos." Hizo una mueca de desagrado. Últimamente su busto había crecido un poco más y ya no le era posible ocultarlo con solo una blusa y una camisa floja. "Con solo verlos siento que el elástico ya me está maltratando la piel. Pero si no me pongo, se me puede llegar a transparentar. Y no tengo ninguna blusa lo suficientemente ajustada para usarla como sustituto. Lo mejor será que improvise."

Tomó una playera de color blanco y la desgarró hasta convertirla en una especie de faja. Con ella, se vendó el pecho tratando de no apretarse demasiado. Después recogió su camisa blanca de manga larga y volvió a ponérsela. No sin antes olisquearla para asegurarse de que, aún no estaba demasiado sucia.

Queeny volvió a la habitación con unas tijeras y un cepillo. La pelirroja se sentó en la cama en su habitual pose de "gatita" y se dispuso a que le cortaran el cabello.

- Kitty. – dijo en tono leve la trigueña, en lo que cortaba con cuidado las puntas secas del cabello de la joven.

- ¿Qué ocurre?

- Tú tienes un amigo. Un amigo muy especial, ¿cierto?

"¿Qué? ¿De qué está hablando? ¿Se referirá a Max? ¡Pero ella no puede saber de él!" pensó rápidamente y fingiendo inercia. Inmediatamente respondió:

- En el orfanato había una niña. Su nombre es Joan. Por alguna razón, siempre que ella podía, se juntaba conmigo y me ayudaba. Al principio no entendía bien el porqué era tan buena conmigo. Pero… antes de irme me confesó que su madre había sido escritora. Y como yo siempre decía que mi sueño era convertirme en escritora… creo que puedo entender bien el porqué me idealizaba.

- Te quería porque te veía como a su mamá, o mejor dicho, veía a la madre que Dios le había quitado de pequeña en ti.

- Sí. – Kitty dobló la cabeza y suspiró.

- Todo eso es muy lindo. Pero yo no estaba refiriéndome a ella.

- ¿Entonces?

- Yo hablo de un chico. Un chico de tu misma edad.

Kitty se quedó desconcertada y no supo que responder. Si negaba abiertamente la suposición de Queeny, ya no sería capaz de averiguar porqué ella sabía tanto o si realmente sabía algo.

- Déjame explicarte – continuó la trigueña. – Es probable que no vallas a creerme. Pero cuando toco a las personas, soy capaz de saber acerca de ellas, e incluso de las personas que están a su alrededor.

- Eso es imposible.

- Es lo mismo que todos me dicen. Al menos hasta que les digo que fue lo que vi, entonces empiezan a creerme.

- Yo nunca he creído en lo paranormal. – contestó la ojiazul con voz firme y escéptica.

- Yo tampoco. Pero hay muchas cosas en este mundo que, aunque los seres humanos todavía seamos capaces de explicar, ocurren. La tierra giraba alrededor del sol desde antes de que Galileo lo notara. La Tierra nunca fue plana, ni siquiera cuando la gente así lo creía y llamaba a eso "conocimiento". La verdad es que yo tampoco puedo explicarme esto, que siempre que toco por primera vez a alguien, tengo visiones acerca de él o de alguien cercano a él. Puede que sea solo una alucinación seguida de una fuerte coincidencia pero, aquellas visiones que tengo por muy abstractas y confusas que llegan a ser, resultan ciertas. Por eso respóndeme si lo que vi esta vez también es cierto. ¿Tienes un amigo de tu edad? ¿Es alguien del orfanato?

La jovencita permaneció en silencio. "El que Queeny supusiera que tengo un amigo de mi edad no prueba nada. Pero tampoco veo el porqué ella armaría esta tremenda farsa. Si me lo está diciendo, debe ser por algo. ¿Qué tal si fue Aarón quién se lo dijo…? Creo que estoy pensando demasiado", meditó y luego contestó:

- Te equivocas. Yo apenas y les dirijo la palabra a compañeras del orfanato. No tengo ningún amigo varón que sea tan allegado.

- Ya veo. – Queeny sonrió. – Entonces es alguien que conociste afuera. No tendría caso que te arriesgaras a mentirme si ese amigo tuyo fuera de Wammy, pues así no me tendrías que dar ninguna explicación.

- ¿Tan segura estás de esas visiones que no dudas que el que yo tenga un amigo de mi edad sea cierto?

- No te preocupes. Esto no tiene nada que ver con L y su prueba. Esta plática se quedará entre nosotras.

Otro lapso de tiempo en perfecto silencio pasó. Queeny no dejó de cortar con cuidado las puntas de la enorme cabellera de la pelirroja, esperando con paciencia la respuesta de la misma.

- ¿Y qué fue exactamente lo que viste? – finalmente Kitty rompió el silencio.

- Puede que no me creas, pero… Vi a tu amigo. Se trata de un niño bastante lindo. – sonrió. – No obstante, sentí que algo muy malo le esta ocurriendo…

Estas palabras no le hicieron ningún mohín a Kitty. Seguía escéptica. Pero lo siguiente la desconcertó enormemente.

- Vi como si él… tuviera de acompañante a… la mismísima muerte.

- ¿A que te refieres?

- No estoy segura, pero eso fue lo que vi. Miré a tu amigo caminando y con la muerte a un lado suyo, e intuí que de una u otra forma ese niño debía ser alguien muy importante para ti. No sabría explicarte el porqué, pero cuando lo miré, noté una terrible sensación de odio. Tuve mucho miedo. No me había sentido tan angustiada en ninguna otra visión antes.

- Ya veo. – susurró en voz queda.

- No pienses que digo todo esto para asustarte. Solo quiero que, pase lo que pase, no dejes de ayudar a ese muchacho. Debió ser muy difícil que se separaran por este viaje. Tal vez solo se trate de eso. Sí, eso espero.

Queeny terminó de recortar las puntas secas del cabello de Kitty. Únicamente le emparejó el cabello, por lo que la rojiza melena de la pelirroja continuó igual de larga, llegándole hasta la parte alta de sus caderas y de manera uniforme. Con esto, su precioso cabello ahora se veía más lindo y arreglado.

- ¿Qué tal? Con esto te verás más linda. – sonrió. – Ahora debo irme. Tengo una junta en el departamento donde trabajo.

La ojiverde salió de la alcoba, dejando sola y sentada en la cama a Karen. La jovencita permaneció quieta, reflexionando en las palabras de Queeny.

"Ahora que recuerdo, la vez que Max y yo nos vimos en la plaza, previo a que nosotros nos despidiéramos en "MagicLand, lo había notado muy extraño; como si de unos cuantos días a otros fuera otra persona diferente. Pero luego en el parque, ya se le había pasado. Fui una tonta al no haberle preguntado que le había pasado. Definitivamente no se trataba de algo irrelevante. Y ahora, Queeny me dice que lo vio acompañado por la misma muerte."

Ya pasado un buen tiempo, Kitty se levantó de la cama y corrió de vuelta hacia los cajones de su ropero, tomó su cuaderno negro junto con el bolígrafo plateado que le habían regalado y se alistó a salir de su cuarto para explorar el enorme orfanato.

El pasillo que recorría era muy largo. La bella pelirroja volteaba de un lado a otro con discreción, su objetivo era memorizar todos los caminos por los que hiba pasando. Luego de haber memorizado todo el sitio y así, encontrar el lugar apropiado para conectarse a Internet, podría esperar el momento. Ese era su plan.

Comenzó a recorrer el sitio. Primero se paseó por toda el área de dormitorios donde se encontraba, un área reservada únicamente para niñas de 8 a 14 años. Las habitaciones eran individuales, al igual que en el orfanato de Londres. Una vez que pudo bajar a la planta baja del edificio, se dirigió a explorar el enorme jardín central, el cual llevaba deseando conocer en vivo desde que lo vio por la ventana de su alcoba. ¡Era bellísimo! El exquisito ambiente creado por las bastas cantidades de áreas verdes colmadas de árboles, en conjunto con las alegres voces de los niños jugando en él bajo la agradable luz de medio día, hacían de ese sitio un lugar excelente para encontrar, aunque sea por unos instantes, la paz y la alegría. Kitty recorrió la zona de recreación, y mientras veía a los otros niños jugar, recordó como había sido su vida cuando tenía la edad de aquellos niños.

Recuerdo que en aquellos tiempos, solía ser muy introvertida. Los demás niños corrían y jugaban mientras yo me entretenía leyendo novelas y libros de texto. Al principio, los demás trataban de invitarme pero yo les hacía mala cara, por lo que terminaron rindiéndose y dejándome sola. Todos excepto Price. El pobre tenía que esforzarse para convencerme de juntarme a jugar con otros y hacer que los demás me aceptaran, aunque, a final de cuentas, terminaba separándome del grupo.

Tras terminar de recorrer el área de recreación, encontró en los jardines un pequeño árbol de fresno. Le pareció un sitio agradable por la falta de bullicio, así que se encaminó hacia allá. Se recostó bajo la escasa sombra del arbolillo a tomar una siesta. Los jardines de ese orfanatorio eran tan agradables que, si no fuera por los enormes muros que lo rodeaban, Kitty sentiría que se encuentra aún en los jardines de Wamy's, en Londres. Cerró los ojos, tratando de imaginárselo y, el sueño poco a poco llegó a su cuerpo. Se quedó dormida.

Pasó alrededor de una hora y media y la pequeña jovencita continuaba profundamente dormida bajo aquel árbol. De pronto, una niñita de acaso unos diez años, de tez de color, labios gruesos y cabello negro, pateó con moderada fuerza el costado de la pelirroja, haciendo que esta despertara bruscamente.

- ¿Quién eres? – gritó Kitty asustada. Luego, al ver que solo se trataba de una infanta, recuperó la compostura y la observó enfadada.

- Eso mismo quiero que tú me digas. – Le miró profundamente y con un gesto parecido al del enfado. – Dime porqué tú tienes una habitación para ti sola. De dónde vienes y por qué ahora te vienes a acostar en este lugar como si nada.

- Eres una impertinente. – la joven genio se levantó y miró a la morena. – Todavía no tienes idea de que es lo que vine a hacer aquí y cuanto tiempo voy a quedarme y vienes a fastidiarme porque envidias cosas tan absurdas como una cama.

- Con solo verte puedo saber que eres de esas niñitas consentidas a las que les dan todo y cambian el mundo a su antojo a base de berrinches.

- Tú no sabes nada de mí.

- Te miré cuando corriste como loca a encerrarte al cuarto y todos se pusieron a rogarte. Dime, ¿te fascina que la demás gente te ruegue…? – vociferó con un tono humillante.

Entonces, Kitty dejó de apretar los puños y sonrió, provocando el disgusto de la niña de color. Luego se dio la media vuelta y comenzó a retirarse sin voltear hacia atrás. Mientras se alejaba, comentó calmadamente:

- ¿Sabes? Yo tengo un amigo allá en Londres. Tú no eres ni la mitad de grosero que él cuando se lo propone. Una vez me dijo que el único remedio que hay para dejar de envidiar, reprochar o interesarse demasiado por las vidas de los demás, es conseguirse una propia.

- ¡Niñita consentida! – comenzó a gritar un y otra vez mientras Kitty se alejaba. – ¡NIÑITA CONSENTIDA! ¡Sin las demás personas no valdrías nada! ¡Solo eres una mimada!

Karen no detuvo su paso y respondió: - Gracias por haberme despertado. Si no hubiera sido por ti, hubiera desperdiciado todo el día dormitando y yo tengo planeado hacer algunas cosas.
La infanta se quedó gritando en el mismo sitio hasta hacer que otros niños voltearan a verla. Karen caminó con la frente en alto hasta salir de los jardines de recreación. Caminó una vez más por los pasillos, llegando a uno donde no se encontraba nadie excepto ella. Apoyó sus manos en la pared y miró hacia el piso; comenzó a respirar golpeadamente, hasta que dos lagrimitas comenzaron a brotar de sus ojos y sus respiros se hicieron llantos.

- Eso no es cierto… no es cierto… - susurraba entre respiros golpeados y con la carita húmeda de sus lágrimas. Pasado unos momentos, se secó con la larga manga de su camisa el rostro, recobró entereza y continuó caminando.

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Ya habían pasado quizás unas dos horas y Kitty apenas había terminado de recorrer el orfanato, con excepción de las zonas de los dormitorios de los habitantes. El lugar contenía una enorme área que vendría a ser la escuela del orfanato, repleta de aulas para diferentes grados y materias de estudio; con oficinas y salas dedicadas a la recepción de personal externo; el personal interno también tenía una zona dedicada exclusivamente a ellos; había también un lugar donde se encontraba las bodegas de abastecimiento del lugar, tanto para alimentos perecederos y conservas, artículos de limpieza y mantenimiento, y consumibles; no cabía duda que un lugar tan basto como este tenía una estructura muy compleja, en la que el fallo o falta de cualquier parte repercutiría de manera abrupta en todo. Pero todo estaba en orden y funcionando adecuadamente. A pesar de lo simple que se viera la estructura externa del edificio, por dentro, las zonas que correspondían al área de administración, recibo y almacenamiento del lugar parecían un laberinto. Kitty pudo memorizar a la perfección cada lugar y pasillo, por lo que pudo darse una idea concreta de la organización del lugar. A pesar de ello, sintió que el sitio aún tenía muchos lugares por explorar. La cantidad de puertas bajo llave con las que se encontraba en el camino eran demasiadas. Aún cuando pudiera explorar con sigilio los sitios donde el personal abunda, Kitty no podía meterse a cada oficina o habitación. Por el momento no era necesario. Solo debía darse una idea concreta de donde estaba cada parte del orfanato. Con eso bastaba por el momento. Ahora, debía ir a cumplir su segundo objetivo. La verdadera razón por la que había decidido que quedarse podría ser provechoso estaba por comenzar.

"Una vez que te instales allá, busca la manera de hacerte de una PC y averigua como a que horas puedes utilizarla a tus anchas sin que los de ahí lo noten. Una vez que lo hayas confirmado, metete a esta cuenta. Para entonces yo habré eliminado todos los contactos que tengo en ella y solo dejaré las direcciones de mis otras cuentas. Mándales a cada una un mail o un mensaje corto en espera donde digas más o menos a que horas puedes conectarte. Y así, yo me conectaré contigo a esas horas."

Kitty recordaba perfectamente las instrucciones de su amigo. La hora de ponerlas en práctica había llegado.

Podría utilizar uno de los laboratorios de cómputo, pero tendría que hacerlo sin que nadie me vea, y borrar el historial para evitar que se enteren. Pero antes, hay que percatarse de que no haya cámaras o cualquier otra cosa que me delate. Tal vez, haya alguna oficina donde pueda entrar y… No. Es muy arriesgado.

Continuó explorando el orfanato, solo que esta vez regresó a las áreas de recreación. Su objetivo era descubrir si realmente los niños del ahí podían tener acceso al exterior a través del Internet como medio de diversión. Descubrió que, efectivamente, había una sala de descanso equipada con algunos equipos de cómputo, para que los niños pudieran chatear y navegar en la web en sus ratos libres, a contraposición de los laboratorios de cómputo que servían como herramienta de estudio. Esperó no más de diez minutos a que se desocupara una de las quince computadoras y se sentó a operarla.

"Primero debo verificar el nivel de restricción que tiene."

Tal y como ella se lo esperaba, el grado de bloqueo de seguridad era extremadamente alto. Todas las páginas con contenido no apto para menores de quince años estaban restringidas y para evitar saturación, las PCS borraban todo el historial del navegador cada dos horas y no permitían la descarga de ningún archivo, mucho menos la instalación de cualquier programa. Con todo esto, los habitantes del orfanato solo podían utilizar el Internet para reproducir videos y música en páginas comercialmente conocidas y visitar páginas, blogs y foros de discusión que no fueran restringidos por la configuración del navegador.

"Mientras estuve dando vueltas alrededor del orfanato, pude percatarme de que hay algunos adultos vigilándome, quizás por órdenes de Queeny o de alguien más. Ya sabía que eso de tomarme el día libre no era más que una verdad a medias", pensaba la astuta joven mientras se ponía a navegar en sitios de interés para despistar. "Maldita sea. Ya sabía que no iban a dejar de vigilarme. Aunque estas máquinas tienen la ventaja de ser utilizadas por muchos otros y de que borran el historial cada dos horas, se sigue corriendo el riesgo de que tengan acceso al correo que Max me dio después de haberlo utilizado y, cuando vean que esa cuenta está hecha con datos falsos, querrán saber para que es que la utilizo y con quien me comunico."

Una hora pasó navegando en la red y después se levantó para continuar explorando el orfanato. O al menos eso quería hacer creer a los dos trabajadores del orfanato, que le seguían de lejos desde que ella había salido de su alcoba. Ya tenía un plan, ahora solo debía esperar el momento para ejecutarlo.

"Esos dos… No podré quitármelos de encima hasta que Queeny o Price regresen, ya que de seguro, esa es la orden que les dieron. Ya puedo imaginármelos dando un reporte completo de mi conducta no solo a Queeny sino también a L, informándoselo como parte de mi evaluación."
Kitty se había ahondado tanto en sus pensamientos, observando con disimulo a sus espías que, sin querer, terminó tropezándose con un sujeto que al igual que ella, no la había visto por estar de espaldas, bebiéndose con calma una bebida en lata.

- ¡Ay! Lo siento… - Kitty se ruborizó y trató de pedir disculpas con nerviosismo. El joven de piel tostada se quejó y antes de que pudiera reclamarle, se dio la media vuelta y miró con una sonrisa maliciosa y divertida a la bella joven.

- Vaya, vaya. – dijo entre risillas el ojiverde, provocando con su soberbia mirada el enfado de Kitty. – ¡Pero si es "Hello Kitty"!

Karen apretó los puños y maldijo su suerte. Toparse con el hermano de Queeny sin que hubiera ningún adulto aparte de él significaba lo peor para ella.

- Ya te dije que si me sigues llamando así, voy a golpearte hasta causarte un severo…

- Ya, ya. No me gusta pelearme con niñitas. – Rock le dio un sorbo a su refresco. –Así que hoy no fuiste al centro y te tomaste el día, ¿eh?

Karen no respondió y volteó su rostro hacia un lado, mostrando su antipatía. El joven se sorprendió un poco y, tras encogerse de hombros, se puso de nuevo frente a la ojiazul.

- ¿No quieres una soda? – le ofreció una de las dos latas que llevaba en su brazo izquierdo. Kitty continuó con sus bracitos, totalmente cubiertos por las largas mangas de su camisa, cruzados en señal de indiferencia. Pero el engreído moreno no se rindió y siguió ofreciendo la lata de refresco a la chica hasta que esta de mala gana la tomó.

- ¿Y tú qué demonios haces aquí? – preguntó Kitty con recelo.

- ¿Qué? ¿Ahora me vas a prohibir que me la pase en este lugar? Por si no lo sabías, soy uno de los benefactores del orfanato y por eso, a veces me obligan a venir.

- O sea que tienes que acudir a una junta con el resto de los benefactores y los encargados del lugar.

- No tienes suerte –corrigió –. La junta esa que dices ya se terminó.

Kitty frunció las cejas de rabia. Su esperanza de que el compromiso del trigueño lo obligara a dejarla en paz se había esfumado.

- Espera.… Si hubo una junta, ¿entonces Price…?

- Tampoco tuviste suerte. Él logró exentarse para poder quedarse con el otro mocoso de piel de papel en el centro de investigaciones. Aún falta un buen de tiempo para que regresen.

Kitty se apesadumbró. Antes de que uno de los dos pudiera decir algo, las entrañas de la pelirroja comenzaron a resonar con ese inconfundible gruñir indicador de hambre. Rock sonrió divertido.

"Rayos… No he comido en todo el día" pensó Kitty entre enfadada y avergonzada.

- Si tienes tanta hambre –dijo el ojiverde –, ve a los comedores y pide algo a los encargados. Mientras tanto, puedes darle unos sorbos a la soda que te acabo de dar.

- ¿No sabes que me tienen prohibido el azúcar?

- Sí.

- Entonces ¿Por qué…?

- Me importa un plátano.

La jovencita miró con desprecio a Rock. Éste solo sonrió mientras ambos continuaban caminando por los pasillos del orfanato. Kitty miró indecisa la lata de soda, observó a detalle la etiqueta y se dio cuenta que no se trataba de un simple refresco gasificado (era una bebida energética). No sabía si debía beber de ella, pues nunca antes había probado esa clase de refrescos. Recordó haber visto a Max beber soda algunas veces, pero jamás se atrevió a pedirle un sorbo, y esa clase de bebidas eran un mundo distinto. Pero era un hecho de que se encontraba hambrienta y que el azúcar le podría ayudar a mitigar algo de su apetito mientras llegaban a los comedores. Abrió la lata y la olisqueó por unos segundos, luego le dio un sorbito para probarla. El sabor resultó completamente nuevo para ella. A pesar de que la textura efervescente y rugosa parecía incomodarle a su suave boquita, dicha cualidad no le desagradó del todo y se empalagó al darse cuenta que, pese a eso, la soda tenía un sabor extremadamente dulce. Dio otro sorbo con más confianza y el sabor de la bebida comenzó a gustarle aún más. ¡Estaba fascinada! Ya sin inhibirse, se pegó de la lata y comenzó a beber todo el líquido hasta terminárselo.

- ¿Me das otra…? – preguntó con dulce voz la pelirroja. Rock volteó y notó que esta ya se había acabado todo el refresco.

- ¿Te gustó…?

- ¡Sí!

El trigueño miró extrañado la actitud de la jovencita. La que hace unos momentos le había hecho mala cara, ahora le sonreía. Entonces recordó:

"Ella es hiperactiva. No le podemos dar nada que contenga azúcar en altas proporciones. Su conducta es muy inestable y… ¡Rock! Pon atención que es importante."

"Creo que esto va a ser divertido", pensó con malicia al imaginarse lo que podría ocurrir si una niña genio e hiperactiva como Kitty se embriagaba con una bebida estimulante. No lo pensó dos veces y le dio la última lata que llevaba consigo.

- ¡Gracias!

El ojiverde miró divertido como la hambrienta jovencita se bebía toda la soda energizante de un solo golpe.

- ¡Que rica! – sonrió inocentemente. - ¡Pero todavía tengo mucha hambre!

- Espera un poco más, "Hello Kitty" –dijo entre risillas. Luego de eso, Kitty detuvo sus pasos. Rock también paró y se acercó a ella para ver el porqué se había detenido.

- ¡Que no me digas así! – sin dar aviso alguno, Karen le conectó un potente golpe en el costado a Rock, el cual tuvo que contener un grito de dolor.

- ¡Niña estúpida…! Se sobó donde le había pegado.

- ¡Eres un pedante grosero y estúpido!

- Serás… ¡Tú solo eres una niña andrajosa y berrinchuda! ¡Maldita pelos de cereza rancia!

- ¿Qué dijiste…? – Kitty apretó sus puños y afiló la mirada con una especie de maldad inocente.

- ¡Pelos de color cereza rancia! –gritó nuevamente. – Tu cabello es tan rojo, ¡que ha de ser imposible saber cuando es que estás en tus días y cuando es que…!

Una bofetada cortó las palabras del trigueño. Una Kitty encolerizada derribó a Rock al piso y, bajo los efectos de la taurina y otras sustancias estimulantes, comenzó a darle de azotes sin piedad. Pasado unos momentos de que los encargados del orfanato se dieran cuenta del incidente, unos cuantos empleados comenzaron a aglomerarse para intentar detener a la enfurecida niña, cuya fuerza, la hacía zafarse una y otra vez de quienes trataban de detenerla para volver a lanzarse sobre su desafortunada víctima.

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- Y eso fue lo que sucedió – le explicaba avergonzada la joven genio al apuesto y siempre tranquilo Price –. Nunca fue mi intención causar un escándalo, Rock fue quien me provocó diciéndome obscenidades.

- Sabes bien que no debes comer nada que sea demasiado dulce – regañó Queeny, quien yacía sentada al lado de un Price totalmente tranquilo–. No obstante, la tomaste y te la bebiste a conciencia.

- Pero Rock también tuvo la culpa por darle esas bebidas energéticas – acotó el moreno.

- Pero Kitty se bebió esas dos sodas sin pensarlo. Ella no es ninguna niña. Sabe perfectamente que no debe hacerlo.

- Lo lamento – la pequeña genio se encogió de hombros. – Pero estaba segura de que un par de bebidas dulces no me iban a sacar de mi juicio.

- Eres hiperactiva, estabas en ayunas y esas dos sodas eran bebidas estimulantes que solo los mayores de edad deberían tomar y con moderación. ¿Acaso no leíste las etiquetas antes de beberlas? – el reprendo de Queeny apenó aún más a la apesadumbrada Kitty, quien bajó la mirada y guardó silencio con la mirada puesta en sus piernitas.

- Ya déjala, Queeny. – Price trató de tranquilizar a su compañera al ver que Kitty comenzaba a sentirse mal. – Rock también tuvo la culpa por haberle ofrecido esas bebidas y mofarse de ella.

- Sí… - la bella agente arqueó una ceja, ver a Price tranquilo a pesar del incidente la estaba comenzando a irritar. Por otro lado, era un hecho que la responsabilidad de su hermano era más grande, y hasta ella misma sintió ganas de matarlo cuando Kitty le confesó cual fue el insulto por el cual había perdido el juicio–. Supongo que tienes razón. Iré a hablar con él hora mismo.

Queeny se levantó de su silla y al salir de la alcoba de Kitty, azotó la puerta dejando entrever su mal genio. Kitty estaba tan avergonzada de haber armado todo ese escándalo que no era ni siquiera capaz de mirar a los ojos a Price. El moreno lo notó, por lo que se acercó a ella para consolarla.

- No te preocupes. Rock está bien. La hemorragia que le causaste ya está bajo control y a Queeny ya se le pasará lo enfadado en cuanto termine de discutir con él.

Kitty al oír esto, se echó a llorar en el pecho de su amigo. Y éste solo la abrazó calidamente.

- Lo lamento… - susurró entre llantos -. Lo más probable es que… L me va a recriminar el que yo sea tan conflictiva y no me permita volver a Londres.

- Kitty, lo que tú hagas durante tu tiempo libre no se considera en lo absoluto dentro de tu evaluación. La próxima vez no hagas nada imprudente y ya. ¿OK?

La joven apartó su rostro del pecho del detective y se secó las lágrimas con una sonrisa mientras asentía a su petición.

- Perfecto. Entonces vamos a traerte de cenar. Espérame aquí.

Price salió de la alcoba para ordenar que le trajeran una modesta cena a Kitty, pues la hora de cenar en los comedores había pasado y no era bueno que ella ayunara por tanto tiempo. Kitty permaneció sentada en su cama y sin pensarlo dos veces, se recostó a dormir una siesta en lo que su amigo regresaba.

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Eran las doce y media de la noche. Ya había pasado mucho desde que Kitty había cenado y se había quedado sola, durmiendo placidamente en su alcoba. Pero la hora de efectuar su plan había llegado, por lo que Kitty despertó y, tras advertir la conveniente hora, se percató de que en los pasillos no hubiera nadie vigilando para después salir a hurtadillas de su habitación a través de la ventana; tal y como su amigo Price le había enseñado a hacer. Durante la tarde estuvo recorriendo los interiores del orfanato para identificar todos los puntos donde había cámaras de seguridad y había descubierto que, todas las intersecciones de pasillos que conducían a las escaleras, tenían una. Era imposible pasar de un piso a otro, de un área a otra, sin exponerse a ser descubierto por ellas. No obstante, la joven genio recordaba como Price aquella vez la condujo hacia la terraza por fuera sin que él se preocupara por ser descubierto por los agentes de seguridad del lugar, incluso, con ayuda de Queeny la había devuelto a su alcoba nadie aparte de ellos se enterara. También había dicho que él acostumbraba subir a la azotea a contemplar las estrellas. La conclusión era que salir de su habitación por fuera y escabullirse por las paredes interiores del edificio era factible. El área de recreación carecía de cámaras a excepción de los accesos, por lo que nadie la vería a menos que pasara por ellos, cosa que no haría.

La pequeña sala con computadoras que se encontraba dentro del área de recreación está desprovista de cámaras de seguridad. Ya que no es necesario que las tenga si todos los accesos están cubiertos. Debo moverme con cautela, aún no sé si hay alguna especie de velador que cuide que no haya incidentes en las instalaciones o personal que dé mantenimiento nocturno.

La pequeña Kitty logró llegar hasta el lugar sin ser vista por ninguno de los jardineros que laboraban su turno nocturno. No obstante, La sala de cómputo se encontraba cerrada con llave. Para fortuna de la joven, era una vieja puerta de cerrojo que podía ser abierta utilizando un pequeño clip. Haciendo uso de sus habilidades, Karen logró abrirla. Cerró de vuelta la puerta a sabiendas que tal vez habría un velador que pasaba cada cierto tiempo para verificar que el lugar se encontrara en orden y confiando en que, dado que la puerta estaba cerrada, dicho velador no se metería si ella no hacía ningún escándalo.

Lo más seguro es que durante la noche, el interruptor de la corriente de esta sala sea desactivado. Si es así, debo encontrarlo.

Por desgracia, la corriente de aquel cuarto era retirada desde los controles de la subestación eléctrica del orfanato, cosa que al darse cuenta, Kitty maldijo.

Debí suponérmelo. No me queda de otra más que regresar y encontrar otra manera de acceder a Internet sin que nadie me vigile. Aún me quedan otras opciones. Este lugar tiene muchas otras partes con computadoras y acceso a Internet, aunque esta me pareció la más segura, dado el uso desmesurado de las PCs y la predisposición de ellas de depurarse constantemente y de limpiar el historial.

Pero las cosas no iban a quedarse así. Justo cuando Karen abrió la puerta de la sala, la sombra de uno de los jardineros del área de recreación se acercó para dar su obligatorio recorrido. La ojiazul cerró la puerta, pero el jardinero ya había detectado como esta se había movido y, confundido, corrió para ver que era lo que ocurría.

No había salida. Dentro de poco ese hombre entraría y la descubriría. Los problemas en que Kitty se metería esta vez serían muy serios y ya no podía darse ese lujo. Debía encontrar una solución y pronto. La pelirroja corrió a esconderse detrás de uno de los escritorios justo a tiempo para que el jardinero al entrar no la viese. El empleado movió su lámpara hacia todos lados para tratar de encontrar alguna anomalía, pero todo estaba en aparente orden.

"Todo se encuentra bien", se escuchó en el radio-comunicador del jardinero. Este contestó: "Sí. La puerta estaba cerrada y no hay nadie dentro. Tal vez solo fue mi imaginación".

"Verifica bien. Es probable que el que haya entrado se haya escondido. Mientras tanto, vigilaremos el área por si encontramos al responsable rondando cerca."

El robusto y maduro hombre acató la orden, se acercó donde estaban los ordenadores y volvió a pasar el haz de luz de su lámpara por todos los escritorios, uno por uno, del sitio. Con una agilidad envidiable, Kitty se escabulló por detrás de ellos, evadiendo la luz delatora de la lámpara de mano, hasta gatear hacia la puerta que se había quedado abierta mientras el jardinero continuaba revisando los muebles y salir del lugar sin que este la viese.

"¿Y ahora que voy a hacer?" pensaba aterrada la jovencita mientras corría a esconderse. "Ahora todos deben estar buscándome. De seguro no tardarán en bloquear los accesos al jardín, y ahora que están alertas, ya no puedo subir de vuelta por las paredes porque ellos me descubrirían. Tengo que encontrar un buen lugar para esconderme en lo que se convencen de que no había ningún intruso."

Se escondió en unos arbustos, pero en pocos momentos las lámparas de unos jardineros le advirtieron desde lo lejos que pronto vendrían a inspeccionar por lo que nuevamente se dio a la fuga. Así estuvo evadiendo a sus cazadores por unos minutos, hasta que llegó a la conclusión de que seguir así solo se expondría a ser descubierta en cualquier momento y que debía encontrar un escondite definitivo antes de que la acorralaran. Fue entonces que vio aquel gran árbol donde se había quedado dormida y pensó que si lograba escalar hasta su copa, sería imposible que la encontraran y podría permanecer a salvo. Corrió con todas su fuerzas, pero por desgracia, su desesperación la hizo tropezar y caer al piso.

¡NO! ¡No puedo permitir que…! Debo de hacer algo. Tiene que haber algo que yo pueda hacer. Si me descubren L me retendrá en este lugar y yo no quiero quedarme aquí para siempre…

Tres de los empleados estaban aproximándose más a ella, pasando sus lámparas por encima de donde yacía tendida. Si se levantaba, sería vista de inmediato, pero si permanecía pecho tierra, los jardineros la encontrarían una vez que se acercasen un poco más. Kitty comenzó a golpear el piso, maldiciendo su suerte, gritando en sus pensamientos una y otra vez que no debía permitir que esto ocurriese. "Tiene que haber una manera de salir de esta… ¡Alguna!"
Entonces notó que en su costado izquierdo había una especie de ranura donde emergía una tenue y lejana luz.

- ¿Encontraron algo? – preguntó uno de los jardineros a sus otros dos compañeros.

- No. Por un momento creí ver algo arrastrándose en el piso, justo en este lugar. Pero no hay nada.

Los tres hombres pasaron sus lámparas en el lugar señalado y vieron una coladera de aproximadamente medio metro cuadrado de superficie, la cual estaba cerrada y sin nada dentro de ella. Luego de eso, continuaron su búsqueda por toda el área recreativa para tratar de encontrar al posible intruso.

Kitty había logrado meterse por aquel sumidero antes de que sus perseguidores lo notasen y escabullirse por los conductos justo antes de que pasaran las luces de sus lámparas por la coladera. "Salir de nuevo por donde entré no es seguro. Lo mejor será buscar otra coladera" pensó mientras se arrastraba por los no muy estrechos ductos.

Esperen un momento… Este desagüe estaba en medio de un basto jardín. ¿Para qué necesitarían que el drenaje se llevase el agua de las lluvias? ¿Y porqué no está oscuro dentro? Pareciera que hubiera un lugar muy iluminado cerca…

Continuó gateando y la luz se fue haciendo más cercana. Kitty Llegó a una parte donde el canal bajaba en forma vertical, miró hacia abajo y notó que había otra coladera a unos metros, mientras que en un costado yacía una especie de rejilla, de donde provenía aquella luz blanca.

¿Una habitación? ¿Una habitación debajo de los jardines del orfanato?

Su curiosidad la hizo bajar con cuidado por el ducto hasta postrar sus pies en la coladera. Miiró a través de la reja y vio una habitación totalmente en blanco y vacía. Sin hacer ruido abrió la ventanilla y saltó dentro del misterioso lugar.

Ya entiendo. Si este lugar se encuentra debajo de la tierra como un sótano, es necesario que el aire entre por algún lado. El lugar por donde entré no es solo un desagüe sino también un ducto de ventilación para este sitio. Como hay una edificación bajo los jardines, es imposible que la tierra absorba toda el agua de la lluvia. Es entonces obvio que hay más de estas coladeras cerca de aquí.

La habitación a la que había llegado no era muy amplia. Había únicamente dos puertas, una enfrente de la otra, en esas cuatro paredes además del ducto de ventilación. Fue a verificar si alguna de las dos se encontraba abierta. Para su sorpresa, una lo estaba, mientras la otra yacía resguardada bajo llave.

No puedo tratar de vencer la cerradura como en la sala de cómputo. Podría activar alguna alarma. También es probable que haya cámaras. Lo más sensato es: salir de nuevo por los ductos de ventilación, una vez que hayan dejado de buscar un intruso.

Tan solo por mera curiosidad, Kitty decidió que esperar en ese vacío cuarto sería demasiado aburrido trató de asomarse por la otra puerta, para ver si ahí sí era posible pasar. Aquello que vio al entreabrirla la dejó totalmente sorprendida. Tanto que no pudo resistirse a entrar.

¡Qué habitación tan enorme! La distancia que había del piso hasta el techo debían de ser de al menos unos cinco metros. La superficie total era aproximadamente de unos doscientos metros cuadrados. Pero lo que realmente había llamado la atención de la jovencita había sido que, dentro de la enorme cámara, había unas enormes y complejas edificaciones construidas a base de naipes colocados, cuyos tamaños eran tales que casi llegaban hasta el techo. Pensar que con tantas torres, edificios, pirámides y castillos de cartas, un pequeño temblor, un insignificante golpe o un disturbio en una de ellas, provocaría un fatal derrumbe que tiraría de todas, cual efecto dominó, en un instante, Pero aún más importante: "¿Quién podría haber construido todo esto? ¿Y para qué?". Esto se preguntó la bella Karen en sus adentros mientras caminaba a paso lento en medio de todos esos naipes acoplados, sintiendo como si en alguna especie de laberinto extraño se encontrase. Tantas torres no le dejaban ver bien que había del otro lado de la habitación, ni siquiera que había en el centro. Como las torres de cartas estaban colocadas de manera dispareja, sin ningún orden claro, y caminar de forma recta era imposible, la joven genio se dio a la travesía de rodearlas para avanzar hasta el otro extremo del lugar.

Afortunadamente no vi cámaras en las esquinas. Dudo mucho que las haya en toda la sala. ¿Qué clase de lugar es este?

Fue en ese preciso momento que vio, en medio de todos esos castillos de naipes, la figura de un sujeto que yacía de espaldas, sentado en el piso y ocupándose en hacer algo con su mano derecha. Karen en un principio tuvo medio de lo que podría pasar si dicho sujeto la descubriera, pero al ver que no se trataba de un encargado, sino más de bien de un joven, decidió acercarse para averiguar qué era lo que estaba haciendo ahí tan solo.

Se trataba de una persona de apariencia joven, de largos y alborotados cabellos blancuzcos, cuyos ropajes blancos y desalineados en conjunto con su cabello no dejaban ver bien su rostro. Una vez que Kitty se acercó lo suficiente, pudo contemplar que lo que el joven estaba haciendo era unir las piezas de un enorme rompecabezas blanco, donde él yacía en el centro de este; mientras agregaba, una a una, las piezas de las esquinas y los bordes, encerrándose a sí mismo dentro del Puzzle.

- ¿Cómo es que lograste entrar hasta aquí? – preguntó la calmada voz del albino sin desatender su oficio y sin voltear a ver a la intrusa. Karen no sabía que debía contestar, pues no podía confiar en aquel sujeto, pero tampoco podía intentar mentirle sin saber primero en dónde estaba y quien era él.

- Yo iba a preguntarte primero qué es este lugar.

- Se podría decir que es mi cuarto. Aquí paso la mayoría del tiempo.

- ¿Y quién eres tú?

El albino dejó paulatinamente de recoger y unir las piezas y volteó a ver el rostro de la joven. Los penetrantes y nublados ojos negros del joven se encontraron con los claros y vivaces azules de la taheña. Luego de unos instantes, el extraño muchacho de marcadas ojeras volteó de nuevo hacia el suelo y continuó uniendo las piezas del rompecabezas blanco.

- Tú debes de ser Kitty -dijo con suave y serio tono de voz-. ¿Acaso entraste por los ductos de ventilación? De otra manera no hubieras sido capaz de llegar hasta aquí sin llamar la atención. Eso y porque tu ropa se encuentra sucia.

Efectivamente, la camisa de la bella genio se encontraba totalmente manchada de donde ella se había arrastrado cuando escapó de los vigilantes. No es que no lo hubiera notado cuando entró a aquel cuarto, pero no se había dado cuenta de que tan grave era hasta oír el comentario del albino y mirar con más atención lo mucho que se había ensuciado.

- ¡Ay, no! Cuando vean mi ropa sucia me van a hacer muchas preguntas. ¡No puedo dejar que me vean así!

Casi por instinto, la jovencita se quitó presurosamente la prenda para observar a detalle que tanto se había manchado de mugre. Lo hizo tan rápido que no se dio cuenta que esta vez no llevaba nada debajo de la camisa –salvo un vendaje improvisado en el pecho– hasta verse a sí misma semidesnuda, y con un hombre enfrente de ella que, para su fortuna, estaba distraído armando un rompecabezas. Todos los colores se le subieron al rostro, se tapó su cuerpo como pudo restregando la prenda sucia en su torso y soltando de la pena un potente y agudo grito que, sorprendentemente, no alteró en lo más mínimo al albino; quien continuaba jugando con su rompecabezas blanco. Karen trató de correr en sentido opuesto, pero solo logró tropezarse con una de las tantas torres de naipes que había, derribándola. A su vez, aquella torre de naipes derribó otras torres, que derribaron a su vez, derribaron otras torres, creando un efecto dominó que terminó por demoler todas las edificaciones a escala del lugar. Los naipes volaron por toda la habitación, tapizando el suelo por completo.

- ¡L-lo siento! ¡No era mi intención…! Yo solo… – rogaba totalmente asustada la pelirroja, que yacía en el piso semi-enterrada en un montón de naipes que resultaron ser cartas del tarot. El misterioso "joven" de cabello blanco apenas y se mutó ante el desastre. Apenas unas cuantas cartas cayeron sobre él y el Puzzle.

- Tienes suerte de que aquí no haya cámaras. De lo contrario ya te habrían descubierto.

Karen se enfadó por la actitud de ese sujeto, y rápidamente, se incorporó poniéndose de inmediato su sucia camisa.

- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo después de lo que hice? Además, hace unos momentos te pregunté tu nombre y no me contestaste. ¡Dime quien eres y porqué estás en lugar tan insólito y oculto!

Pero el albino no contestó de inmediato y siguió uniendo las piezas del rompecabezas blanco. Justo antes de que Kitty le repitiera la pregunta, contestó:

- Puedes llamarme Near si quieres…

- Near… Ya veo. – Kitty suspiró aliviada y a la vez algo decepcionada –. Así que solo eres otro de lo tantos críos que viven aquí y que quieren algún día ser como el tal L.

- Un aspirante más… - el hasta ahora frío personaje pareció reaccionar ante las palabras de la ojiazul y movió ligeranmente la cabeza sin dejar de unir las piezas de su Puzzle– tienes toda la razón. Solo soy eso y nada más – susurró despacio. Luego se puso de pie, y con cuidado, salió del centro del enorme cuadro blanco para ponerse a colocar las piezas del centro. Karen pudo apreciar entonces, que pese a la corta edad aparentada en sus finísimas facciones, el albino ya tenía una estatura de al menos un metro con sesenta y cinco centímetros. Su fisonomía era fina como la de un chaval, pero sus ojos carecían de brillo y su mirada era tan apagada que incluso llegaba a dar miedo. Su cabello, largo hasta chocar con sus hombros, daba la apariencia de que aquella persona quizás nunca se había peinado en toda la vida. Su pijama blanca y arrugada, era el toque que terminaba de hacerlo ver como alguien de excesiva extravagancia.

¿Qué edad tendrá? Por su apariencia, debe de tener como unos quince años o más. Dice que es un candidato a la sucesión, y por su apariencia tan estrafalaria no lo dudaría ni un instante. Es más que obvio que también aquí hay niños candidatos y él debe ser uno de ellos. ¿Acaso ya habrá pasado el entrenamiento y ahora trabaja al lado de Price y los demás? ¿O aún no lo comienza? ¿Cómo es que nos lo han estado ocultando a mí y a Aarón?

- Respóndeme, –ordenó Kitty así sin más– ¿Ya has sido entrenado?

- No. Jamás.

- Ya veo. – Kitty cerró y abrió los ojos – ¿Cómo es que tú sí sabes quien soy? Supongo que también conoces a Price y a los otros, ¿no?

- Sí. Conozco a Price, a Rock y a Queeny. También sé sobre Aarón y de ti.

- ¿Y cómo es que tú sí nos conoces y nosotros no sabemos nada de ti y de los otros candidatos?

- Porque no existen otros candidatos salvo los que ya conoces actualmente. Yo no soy un candidato.

- ¡Mentiroso! Hace unos momentos me dijiste que eras un aspirante al igual que los otros.

Near sonrió. En ese mismo instante, colocó la última pieza del rompecabezas.

- Exacto. – Pero el enorme cuadro blanco no duró mucho tiempo completo, pues el albino levantó por un extremo la enorme base y tiró todas las piezas de vuelta al suelo para empezar a armarlo de nuevo.

Espera un momento… Dijo que "ya no era considerado un candidato". Eso significa que tal vez, hace tiempo, fue un aspirante; mas no consiguió quedarse o renunció como muchos candidatos lo hacen. Pero entonces, ¿por qué dijo también "Soy eso y nada más"? ¿Acaso ya es más que un sucesor? ¿Cómo es que no me lo presentaron al igual que a Price y que a los demás? ¿Realmente será cierto que Price es el más importante de los aprendices de ese chiflado?

Kitty pudo haber tratado de ahondar más sobre la identidad del misterioso joven, haciéndole más preguntas hasta ver que tan dispuesto estaba a revelarle información. Más sabí por la forma de sus respuestas que solo daba contestación a sus preguntas por mera cortesía, más jamás diría algo que verdaderamente le informara sobre él. Así que no trató de darle más vueltas a asunto y concentrarse en otras cosas como salir de extraño cuarto blanco.

- Oye… ¿de dónde sacaste ese rompecabezas blanco? – Kitty se acercó a sentarse donde el albino.

- Es un regalo. Hace un par de años que me lo dieron.

- Es maravilloso que también haya de estos en América. En Wammy's House también tienen y me gustaba mucho armarlos, solo que no recuerdo haber visto uno tan grande. ¿Me dejas ayudarte?

La joven ojiazul comenzó a recoger piezas del suelo para comenzar a unirlas con sus correspondientes. Cada pieza era única y el Puzzle se componía de miles, pero el misterioso Albino parecía haber memorizado cada una de ellas por la manera tan fácil con la que las identificaba y colocaba en su sitio. A Kitty tampoco le costaba mucho trabajo encontrar la pieza correcta y ponerla.

- Sabes, pensé que estarías enojado conmigo por haber derribado tus torres de cartas. ¿Tú las construiste todas solo? – el albino de ojos negros le asintió sin dejar de colocar piezas.

- De todas maneras tenía planeado derribarlas en cuanto terminara de jugar con el rompecabezas.

- Comprendo… de esa manera tú podrías armar otras cosas de nuevo, ¿no?

- Así es. Ya no tenía más espacio para armar otra torre aunque tenía deseos de construir otras más. Ahora puedo empezar desde cero y armar otras figuras. – la jovencita le sonrió ampliamente.

Ambos genios continuaron armando el rompecabezas. De pronto, Kitty notó que a un lado del peliblanco, yacía olvidada en el suelo una enorme barra de chocolate americano, con la envoltura medio retirada y un par de pequeños mordiscos en una de las esquinas. Kitty gritó de entusiasmo y la recogió.

- ¿Es tuya? – Near asintió - ¿Me das un poquito?

- ¿No se supone que no debes comer cosas demasiado dulces?

La pelirroja se encogió de hombros y miró con recelo a Near. – Eso no te importa. Solo quiero darle un mordisco.

- Tienes razón.… Te la regalo.

- ¿En serio? – sus ojos brillaron de ilusión.

- Sí.

- ¡Yupiii! – sin pensárselo dos veces, Kitty tomó la golosina y comenzó a devorarla con frenesí. Near continuó armando su rompecabezas con total interés. Antes de terminarse el dulce, Kitty preguntó al albino: - ¿Te gusta el chocolate?

- Realmente… No.

- No lo entiendo – se rascó un poco la cabeza –. Entonces, ¿Por qué llevabas chocolate contigo?

Luego de unos instantes de silencio, el albino contestó de manera pausada:

- Me recuerda a un compañero.

Dicha respuesta casi confundió a la linda taheña, quien tras meditar por unos instantes, contestó casi a manera de susurro:

- Entiendo. – Kitty tomó una de las piezas del rompecabezas en blanco y permaneció quieta, esperando a que el ojinegro terminara de acomodar el resto de en la esquina inferior derecha. Cuando solo faltaba por poner esa pieza para terminar el Puzzle, la pelirroja la colocó en su lugar con un aire de victoria.

- ¡Yo gané! – guiñó con una sonrisa.

- ¿Ganaste…?

- Sí. Aún cuando tú armaste la mayoría de las piezas, yo fui quien puso la última pieza. No importa cuantas piezas hayas puesto, si no terminas el rompecabezas, solo eres un perdedor.

– Tienes razón– Near sonrió seca aunque gustosamente.

Kitty se incorporó, envolvió el trozo que le había quedado de la barra de chocolate y lo guardó en su bolsillo del pantalón. Antes de que alcanzara a formulara una pregunta para el albino, este le sentenció:

- No hay manera de que puedas volver a tu alcoba sin que te descubran, salvo que vuelvas a escabullirte por los ductos de ventilación que dan para los jardines. No te recomiendo que lo hagas por el de hace rato, porque aún podrían estar ahí vigilando, si es que alcanzaron a ver algo moverse antes de que escaparas. Te recomiendo que salgas por otro ducto que está unos tres metros a izquierda, antes de llegar al de donde entraste, él te conducirá a una coladera más cercana a las habitaciones. Así correrás menos riesgos.

Kitty sonrió con algo de impudor y altanería. La manera de expresarse del extraño joven albino le divertía bastante.

- Valla. Se nota que debe gustarte sentirte el sabiondo. Me recuerdas a cierto niño pedante y altanero. La próxima vez invéntate una excusa más creíble que aquella de: "pensaba tirarlas todas" cuando tengas que tranquilizar a alguien de nuevo. – Karen corrió hacia la puerta mientras decía en voz alta estas palabras–. Hasta luego, "Near". Te prometo recompensarte por el chocolate si es que nos vemos de nuevo alguna vez.

- Y tú deberías comenzar a utilizar sujetador. – dijo con voz suave mientras tiraba de vuelta al piso la piezas de su Puzzle. Con voz tan suave que la pelirroja no alcanzó a escucharlo.

CONTINUARÁ…


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