Capítulo XVIII
Sentía
como si su garganta se le cerrara de tan tremenda impresión, al punto de que el
aliento comenzaba a faltarle. Desesperado, trató de acercarse más al monitor,
pero se movió tan precipitadamente que tropezó y se estrelló de cara contra el
piso. Mas ni el dolor de tan tremendo porrazo fue capaz de detenerlo. Como pudo,
se arrastró hasta casi embarrar sus ojos en la pantalla. La nitidez de la
escena oscilaba constantemente: de repente se enfocaba de tal forma que se apreciaban
a gran detalle los rostros de quienes se encontraban cenando alrededor de
aquella elegante mesa; pero luego a los pocos segundos todo se volvía demasiado
difuso como para discernir sus facciones. Raku, por un instante, pensó en
tratar de ajustar él mismo la toma de la cámara, moviéndole al ratón
inalámbrico y teclado que había a un lado en el piso, buscando entre todos los
comandos que se desplegaban a los costados de la imagen, aquel que solucionase
el problema; pero recapacitó al saberse un completo ignorante sobre el
funcionamiento de ese programa. En cambio, permaneció quieto, aferrándose al
monitor fuertemente con ambas manos; incrédulo y con una sensación de vacío en
el pecho que iba en aumento.
Aquella
mujer tenía que ser Chitoge, no le cabía la menor de las dudas. ¡Pero se veía
tan distinta! El pelo recogido, el vestido de noche, el maquillaje y toda esa
aparatosa joyería que llevaba encima la hacían verse de mucha mayor edad. Para
colmo, aquel enorme listón rojo, tan característico de ella, que siempre portaba
sin importar la ocasión ni el peinado ni las prendas, brillaba por su ausencia.
Las manos de Raku, que no paraban de apretar ansiosas los extremos del monitor,
comenzaron a temblar. Una gota de sudor cayó desde su mentón al piso. Sus ojos quedaron
abiertos de par en par, al igual que su boca; ni siquiera pestañeaban. Sus
labios y lengua se resecaron.
Ahogó
una mueca de rabia cuando al fin prestó la atención debida y se dio cuenta que
quien se encontraba sentado al lado de ella era ni más ni menos que Maximiliano
Benedetti. "Es ese maldito…" dijo entre dientes para sí mismo en
cuanto lo hubo reconocido. Tanto él como la rubia se hallaban en compañía de una
pareja de burgueses, quienes lucían mucho mayores en edad a ellos. Raku, tan
anonadado que ni siquiera era capaz de saber qué hacer o qué pensar, siguió
observando abobado la escena, casi hipnotizado. Sus pensamientos poco a poco fueron
quedando en blanco. Hasta que…
—¿Te
gusta lo que ves, Romeo?
La
voz de Oblivion lo hizo estremecerse. Sus cabellos se tensaron como las púas de
un erizo. Volteó, casi por mero reflejo, hasta toparse con la silueta del excéntrico
hacker, quien clavó en él una mirada imposible de descifrar. Sus labios se
torcían en una mueca que llevaba impresa la frustración misma; su postura, la
resignación; sus puños, el enojo.
—¿Cuándo
fue que tú…? —Tartajeaba Raku con la voz desencajada, mientras se incorporaba—.
¿Cómo es que…? ¿En dónde se supone que…? ¿Por qué no nos lo dijiste…? —Agarró a
Oblivion de los hombros y empezó a zarandearlo. Éste se limitó a
cerrar los ojos, suspiró, esperó dos o tres segundos y, finalmente, lo detuvo
sujetándolo de las muñecas.
—Una
pregunta a la vez, por favor —solicitó aparentando frialdad, cuando lo cierto
era que no podía estar más disgustado consigo mismo y su terrible descuido—.
¿Desde cuándo? Pasé toda la noche anterior buscando y rastreando algunas
transacciones comerciales y del registro civil hasta que los encontré. ¿Cómo?
Tomé 'prestado' esta belleza de satélite que puede filmar sin problemas desde
el espacio mientras no esté muy nublado. Desde que encontré la ubicación de la
señorita la he estado siguiendo a través de esta preciosidad ¿En dónde están?
En un restaurante de cinco estrellas. Y sobre la última pregunta: no quería que
te enteraras porque ya sabía que ibas a reaccionar de esta manera tan estúpi…
—¿Y
QUÉ ESTAMOS ESPERANDO? —Raku gritaba tan fuerte y desmesurado que incluso le
salpicaba con su saliva—. ¡Si ya sabes en dónde está, entonces debemos ir por
ella cuanto antes!
—No.
No seas estúpido.
—¿Pero
qué…?
Raku
le soltó. Su cuerpo aún tiritaba y le respondía arrítmicamente. Se inclinó a
mirar de vuelta al monitor. La terraza del restaurante, por lo que se alcanzaba
a apreciar, era muy elegante y debía estar situada en una especie de edificio.
O al menos esa impresión le daba. Trató de mover por sí mismo la vista de la
cámara por si lograba divisar más del lugar, pero Oblivion le reprendió dándole
un fuerte manotazo en la cabeza.
—No
toques —le ordenó.
—¡Dime
en dónde está! —Vociferó de tal forma que Oblivion llegó a pensar que se le
había zafado un tornillo.
—¿Y
para qué quieres saberlo? —Preguntó con un tonecillo de retórica.
—¿Cómo
que para qué? —Se incorporó y, pasando de él, se dirigió a la salida—. Voy a ir
por ella ahora mismo.
—Esto
es el colmo… —Oblivion se pegó una palmada en la frente. Se lamentaba muchísimo
su mala suerte, que lo había arrastrado a tener que lidiar con semejante
desastre.
Antes
de que Raku pudiese alcanzar la puerta, el hacker le agarró con firmeza su
brazo izquierdo y le aplicó una llave que lo hizo soltar un profundo y adolorido
grito. Raku se preguntó a sí mismo de dónde un sujeto tan enclenque como él
sacaba la fuerza para someterlo con tanta facilidad, como si fuera un muñeco de
trapo. Luego supuso que quizá esto no se trataba de una cuestión de poder, sino
de habilidad y técnica.
—A
ver, “Romeo” —le dijo mientras lo empujaba de regreso—, ya que al
parecer todo lo que expliqué ayer te ha entrado por una oreja y salido por la
otra, quiero que mires esto:
Lo
tumbó de rodillas frente al monitor. Se aseguró en todo momento de estarle torciéndole
el brazo con la misma o más fuerza, pues quería asegurarse que el dolor lo
mantuviese bien dócil. Mientras, con la otra mano se puso a operar el teclado y
ratón que yacían en el piso.
—Presta
mucha atención… —le susurró al oído. Raku aún forcejeaba, intentando
inútilmente liberarse. La visión de la cámara satelital dejó de lado a Chitoge
y a los otros y pasó a mostrar los alrededores del edificio—. ¿Ves a todos esos
coches estacionados en las afueras del restaurante? ¿Por qué te imaginas que
están ahí en lugar de haber entrado al estacionamiento del sitio? Míralos bien…
Ellos no vinieron a cenar, no señor. Ahí se encuentran los soldati de la
familia Benedetti, vigilando que nadie venga a intentar 'colarse sin
invitación' a la cena. Si te llegaras a pasear cerca y te reconocen, ten por
seguro que quedarás con más agujeros que un queso gruyer, ¿entiendes eso?
—¡Entonces
llama a los demás! ¡Vayamos todos de una vez por ella…!
Oblivion
no le dio ni tiempo de terminar su frase pues torció aún más su brazo
haciéndolo gritar de nuevo.
—Ya
deja de decir estupideces. Aunque fuéramos todos en este mismo instante a ese
restaurante, no podríamos solos contra todos ellos. Ni siquiera seríamos
capaces de acercarnos a la señorita Kirisaki, ya ni hablemos de escapar. Ten en
cuenta que mientras estuviésemos lidiando con esos simios, tratando de hacernos
paso, otros soldati llegarían al lugar. Y aunque los venciéramos también
a ellos, llegarían otros, y después otros… En esta ciudad infestada de mafiosos
nosotros no somos más que una manada de ratones en medio de un callejón repleto
de gatos callejeros. Haber localizado a la señorita no es ni la cuarta parte de
lo que vamos a necesitar para poder rescatarla. Es sólo a través del factor
sorpresa que tendremos una leve oportunidad de lograrlo. Y para ello tengo que
reunir más información y elaborar el plan meticulosamente en base a eso, para
después movilizarnos en el momento más oportuno. ¿Entiendes?
—¡SUÉLTAME!
—Ordenó Raku, quien luchaba por incorporarse pese a tener encima al joven
estratega, llegando incluso a ignorar el punzante dolor de su brazo torcido
tras su espalda.
El
mismo Oblivion se sorprendió de la tenacidad del chico y de la fuerza de
voluntad que poseía. No obstante, logró someterlo una vez más contra el piso y
le sujetó de una pierna, pasando así a aplicarle un dolorosísimo leglock que
terminó por subyugar por completo al japonés. Éste pegó un chillido de una
potencia mucho mayor a las anteriores.
"Incluso
yo mismo me llevé una sorpresa" reflexionaba en sus adentros el
especialista mientras jalaba con fuerza de la pierna de Raku. "Las
escoltas que van con la señorita son demasiadas, muchas más de lo que calculé
originalmente que serían. Y el número no disminuye sin importar a dónde vaya,
incluso cuando la señorita no está con él. No logro entenderte, bastardo. Todas
esas escoltas que le has encasquetado a la señorita dan la impresión de que
tienes miedo de que ocurra un altercado en contra de la señorita en cualquier
momento. No obstante… se supone que en la actualidad ya no queda una sola
familia que se oponga a los Benedetti en todo Palermo; todas las que quedan en
pie se han subordinado a ellos. Sus enemigos viven refugiados en las demás
provincias, incapaces de hacerles un rasguño. Adelt no está en posición de
traicionarte y, aunque lo hiciera, él nunca le haría daño a su propia hija.
Entonces, ¿de quién la proteges? ¿A qué le tienes tanto miedo, Benedetti? ¿O a
quién…?"
Un
muy estrepitoso impacto sacó al hacker de sus pensamientos. Volteó hacia donde
la puerta de la habitación. Ésta acababa de ser derribada, con todo y seguro.
—¡Pero
qué demonios…! —Fue todo lo que alcanzó a gritar…
0/0/0/0/0/0/0/0/0/0/0/0
—Paula
—llamaba Tsugumi en voz queda a su compañera. Ambas ya se encontraban
recostadas en sus respectivos futones y con la luz de la habitación apagada—.
Paula… ¿ya te dormiste?
—No
molestes —contestó Paula, irritada aunque tratando de aparentar apatía. La
joven yacía recostada en sentido opuesto a Tsugumi—. Quiero dormir.
—Paula,
yo… yo sólo quería saber… sólo quería que me dijeras si estás enojada conmigo.
La
albina resopló de coraje, hizo un puchero, frunció ligeramente el entrecejo y
estrujó con ansiedad su almohada. En efecto, tal y como Tsugumi sugería, ella
no había dejado de ponerle muy mala cara cada vez que la veía o ella intentaba
entablar conversación.
—Es
que —continuó— desde que regresaste te he notado muy molesta. ¿Pasó algo cuando
nos separamos? ¿Estas enfadada porque Raku Ichijou y yo te dejamos a solas con
ese policía? ¿No me digas que…?
—¡Cállate!
—Se giró hacia ella—. ¡Por supuesto que estoy molesta contigo, Black Tiger! ¡No
puedo creer que hayas desaprovechado la oportunidad tan valiosa que te di!
—A…
¿a qué te refieres?
Paula
dio un azote al suelo y se incorporó hasta quedar sentada sobre el futón—. ¡Esa
tarde te di una oportunidad única de estar a solas con Raku Ichijou y no
hiciste nada! No puedo creer que todavía sigas tan indecisa luego de tanto
tiempo, ¡simplemente no lo entiendo!
—¿Qué?
—las mejillas de la sicario se ruborizaron—. ¿Entonces lo hiciste adrede?
—Black
Tiger —la jovencita gateó hasta quedar cara a cara con Tsugumi, a quien le
invadieron los nervios—, ¿en verdad estás bien con esto?
—¿De
qué hablas?
—De
tus sentimientos. ¿En verdad está bien para ti dejar las cosas como están? ¿Es
que nunca vas a hacer nada?
Tsugumi
giró el rostro hacia otro lado. Cabizbaja, dejó pasar unos cuantos segundos
antes de contestar:
—Te
lo he dicho mil veces, Paula, no hay nada entre él y yo. Nunca lo habrá… porque
a quién él ama es a la señorita. Yo sólo soy…
—¡Ese
es el problema contigo!
—¿Qué?
—Todo
este tiempo has estado poniendo de excusa que él es el novio de la señorita
Chitoge. De seguro te la pasas pensado idioteces como: 'Esto es lo mejor para
los tres' o 'no puedo traicionar la confianza de la señorita' o qué sé yo.
¡Pero mira ahora cómo están las cosas! Ellos ahora mismo no son nada y la
señorita hasta se va a casar con otro hombre, pero aún así no has hecho nada.
¿A qué estás esperando? ¿Qué te detiene?
—¡No,
Paula! —Tsugumi golpeó el suelo con frustración, rechinando los dientes—. ¡Que
no! ¡La señorita a quién ama es a Raku Ichijou! ¡Es por eso que nosotras
debemos…!
—¿Y
qué tal si no resulta ser cierto? —Gritó a todo pulmón, interrumpiéndole—. ¿Qué
es lo que vas a hacer? ¿Vas a seguirte aferrando a esa excusa por siempre?
—El
señor Claude —respondió ahora con voz temblorosa, dubitativa—, y Raku Ichijou…
Si ellos están seguros que esto es una farsa, entonces…
—¿Y
si no es así? ¿Qué vas a hacer si no es así? ¡Contéstame!
Tsugumi
enmudeció y clavó los ojos en el piso.
—Si
tú lo quisieras, Black Tiger —dijo Paula—, podrías simplemente pedir ser la
escolta personal de la señorita y venirte a vivir con ella; no sería ningún
problema pasarte a la otra familia ahora que las bandas han hecho un pacto,
para seguir sirviéndole. ¿Por qué te arriesgas de esta forma para traerla de
vuelta?
—¡No,
Paula! ¡No lo estoy haciendo por eso! ¡Lo hago porque…!
—¡Ah,
ya sé por qué! Porque no sólo no te quieres separar de la señorita Chitoge, no.
Tú quieres que ella regrese con Raku Ichijou ¡porque así podrás estar al lado
tanto de ella como de él! ¿Me equivoco?
—¡Cállate!
—Ladeó la cabeza, cada palabra de Paula le punzaba en el pecho de forma
inmisericorde—. ¡Tú no entiendes que todo esto fue por mi culpa! ¡Es mi deber
emendar mis errores y…!
Paula
tomó con ambas manos el rostro de su amiga, obligándola a mirarle a los ojos.
—Deja
de poner excusas tontas. Date cuenta… date cuenta que dependiendo de cómo se
den las cosas, estos podrían ser los últimos días que podrás pasar al lado de
ese hombre. Si no le confiesas tus sentimientos y nunca más lo vuelves a ver,
¿vas a estar bien con eso? Responde: ¿en verdad quieres esto, Black Tiger?
No
hubo respuesta verbal. En su lugar, Tsugumi se quedó mirando a Paula con los
ojos humedeciéndoseles poco a poco, con la expresión de una pequeña niña
extraviada en un centro comercial a punto de entrar en pánico. Sorbía por la
nariz conteniendo el inminente llanto que amenazaba con escapársele. Finalmente
tomó entereza, cerró los ojos y retiró poco a poco las manos de su amiga del
rostro. Justo en ese momento, ambas escucharon el profundo grito de alguien en
el otro extremo del departamento.
—¿Esa
voz no es de…? —Preguntó Paula.
—¡RAKU
ICHIJOU!
Corrieron
hasta la habitación de enfrente. Tsugumi, tras verificar que la puerta estaba
cerrada con el seguro, la derribó de inmediato con una potente patada. Cuando
miro la escena, en donde Raku estaba siendo torturado en el suelo con una llave
a la pierna que Oblivion le aplicaba con fuerza, su mandíbula se vino abajo.
—¡Pero
qué demonios…! —Fue todo lo que alcanzó a gritar el hacker antes de que la
enfurecida asesina de azabaches cabellos lo mandase a volar contra el muro de
un puñetazo. Sus anteojos cayeron y rodaron por el suelo.
—Raku
Ichijou —tomó al desfallecido entre sus brazos—, ¿te encuentras bien?
—¿Qué
le estabas haciendo, pervertido? —Vociferó Paula señalándolo con oprobio—. ¿No
me digas que además de lolicon también eres…?
—Paula…
Tsugumi… —balbucía Raku entre gemidos de dolor—, ese sujeto… él ya localizó a
Chitoge y nos lo estaba ocultando.
—¿Cómo
dices? —Tsugumi junto con Paula se giraron hacia el monitor, y los ojos de
ambas casi se les salieron de las cuencas al observar el video—. ¿Qué significa
esto? ¡RESPONDE!
—¿Pero
qué está pasando aquí? —Exclamó un Migisuke que acababa de llegar alarmado por
todo el escándalo—. ¡Santo cielo! ¿Qué le pasó a Raku-kun?
"Y
yo me pregunto" pensó Oblivion, tirado en el suelo, con los demenciales
gritos de todos martillando su ya de por sí contusionada cabeza, "¿en qué
mierda estaba pensando cuando dejé a estos locos quedarse a dormir aquí? ¡Ah,
sí! En mi querida Paula… Bien. No me arrepiento de nada."
Para
el excéntrico hacker explicarles a las dos agentes la situación no era trabajo fácil.
La forma en que Raku había dado a conocer su versión de los hechos, lo había
dejado muy mal parado. Pero tenía que hacer el intento, todo sea por evitar que
la situación se le saliera aún más de las manos.
—Muy
bien, infeliz —le espetó Tsugumi—, será mejor que nos expliques por qué no nos
dijiste que ya habías localizado a la señorita.
—Tú
misma lo acabas de ver —contestó mientras se llevaba un pañuelo a su
ensangrentada nariz—. Sabía que si se enteraban cometerían alguna estupidez y
se harían una idea equivocada de la situación. ¡Y vaya que si no me
defraudaron! Es más: ¡rompieron todas mis expectativas! Entiendan de una vez que
aunque haya localizado a la señorita aún es muy pronto para que podamos hacer
algo. Tenemos que esperar para que…
—¡Esperar
una mierda! —Profirió Raku con enfado—. Vayamos de una vez por ella.
—Por
enésima vez: no sólo es encontrarla y ya. Ahora que ya la tenemos ubicada
necesitamos elaborar un plan. Tengo que reunir más información. Debo de
cerciorarme muy bien cuál de todos los posibles lugares es en el que ella
podría estar presente cuando hagamos nuestra jugada, conseguir los planos de
cada uno de los posibles sitios, estudiarlos, hacer tiempos, decidir en qué
momento exacto comenzar la operación. Instruir y preparar a cada miembro y…
—Tsugumi,
Paula, en marcha. —Raku le había ignorado por completo y se alistaba rumbo a la
puerta.
—Seishirou,
te ordeno que detengas a ese idiota —dijo con autoridad. Tsugumi, cabizbaja,
pasó a sujetar a Raku del brazo.
—Él
tiene razón —susurró—. Aún es muy pronto.
—Tiene
que haber una forma… —dijo entre dientes Raku, su mirada denotaba una tremenda
frustración.
—Si
quieres que la haya, entonces ¡déjame hacer mi trabajo! —Oblivion se acercó y
posó su mano en el hombro del chico—. Aprende a mirar el lado lleno del vaso,
jovencito. ¡Mírala! Por fin la encontramos, ahora sólo debemos planear nuestra
jugada.
—¡Esperar
mierda! Ya estuve esperando durante muchísimo tiempo. No necesitamos complicar
las cosas. Sólo debemos llegar a Chitoge y escapar con ella. Mientras más
pronto lo hagamos, mejor.
—Creo
que tienes una idea equivocada de cómo son las cosas, mozalbete, y es mi culpa
por haber sido demasiado indulgente con ustedes. Entiéndelo de una vez: soy yo
quién está a cargo de esta misión. Yo decido cómo se hacen las cosas. Vamos a
esperar hasta uno o dos días antes de la boda antes de ir a por la señorita.
Aprovecharemos todo el tiempo disponible para recaudar cuanta información
podamos y trazar el mejor plan posible. Si no nos preparamos adecuadamente, no
vamos a poder lograrlo ¿entiendes? No te estoy pidiendo permiso ni estoy
tratando de persuadirte, te estoy diciendo cómo van a hacerse las cosas. Puede
ser que en tu clan se la pasen consintiendo cada una de tus estupideces, pero
yo no me voy a arriesgar a que la misión fracase por tus caprichos. Se harán
las cosas a mi modo, te guste o no.
Raku
apretó los puños. Más que molesto, se veía insatisfecho. Tenía los ojos en el
suelo, emitía quejidos por lo bajo, como si se estuviera aguantando unas
enormes ganas de gritar y maldecir.
—Por
cierto —agregó el hacker mientras caminaba de regreso a su lugar frente al monitor—:
Seishirou, Paula, Aiba, a partir de este momento Raku Ichijou tiene prohibido
pisar un pie fuera del departamento. Ustedes se asegurarán de ello. Es una
orden.
—¿Qué?
—Gritaron casi al unísono los cuatro.
—Ya
no puedo seguirme arriesgando a que este remedo de Romeo intente actuar por su
cuenta. Hay muchas, demasiadas cosas en riesgo para que todo se eche a perder
por los actos impulsivos y estúpidos de un niño llorón y berrinchudo que ni
siquiera fue capaz de evitar que su novia se largara con otro hombre.
Raku
ya no pudo contenerse más: corrió, ante la sorpresa de todos, y le conectó un
derechazo en la mejilla a Oblivion que mandó a volar de nueva cuenta sus
anteojos. Éste, sin embargo, encajó el golpe y aprovechó para agarrar del brazo
a su atacante y aplicarle una llave de judo que lo estampó de espaldas contra
el suelo. Tsugumi reaccionó con cólera y alzó a Oblivion contra la pared,
sujetándolo con una sola mano por el cuello de la playera.
—¿Tú
también, Seishirou? —Hablaba con dificultad—. ¿Vas a ponerte del lado de ese
inepto? ¿Hace falta que te recuerde quién está a cargo?
—No
confío en ti —sentenció con fría y punzante voz mientras le enterraba como puñales
sus asesinos ojos.
—¡Qué
lástima! —Respondió con ironía.
Tsugumi
chasqueó la lengua y lo arrojó al suelo. Luego ordenó al resto que 'dejaran
solo a ese infeliz' y se retiró de la habitación azotando la puerta. Migisuke
ayudó a Raku a levantarse.
0/0/0/0/0/0/0/0/0/0/0
Los
ojos de aquel maduro y un tanto regordete hombre brillaron y se abrieron como
platos al ver a la pareja recién salida del edificio.
—¡Pero
qué sorpresa! —exclamó con una sobreactuada sonrisa. Se acercó donde ellos en
compañía del serio y enigmático hombre, alto y canoso, que caminaba a su
costado—. Mi querido sobrino, no había tenido el gusto de verte desde que
regresaste a la ciudad. ¡Ven, salúdame! ¿Qué has estado haciendo, eh?
¡Cuéntame!
Aunque
por dentro Maximiliano Benedetti se maldecía su suerte, accedió a estrechar
manos y darse un pequeño abrazo con él.
—Lo
lamento mucho —le dijo su tío—. He estado muy ocupado con los preparativos y
algunos otros asuntos.
Luego
de eso, aquel alegre hombre de bigote y medio calvo clavó de inmediato su
mirada en la bella prometida de su sobrino.
—Ya
lo creo que sí, hijo, ya lo creo que sí… ¿Así que es ella, eh? —añadió con voz
cantarina—. Es la primera vez que la veo. ¡Oh, pero si es preciosa! ¡Te sacaste
la lotería! ¿Qué estás esperando para presentarme a tu prometida, eh?
Chitoge,
mientras tanto, se volteó hacia el silencioso acompañante del tío de
Maximiliano. No le gustó para nada la manera tan fría e insistente en que éste le
observaba, que contrastaba con la simpatía irradiada por el otro señor.
Maximiliano por su lado pasó a hacer la presentación de manera formal:
—Chitoge,
él es mi tío: Paolo Benedetti. Tío, le presento a mi prometida: Chitoge
Kirisaki.
—Es
un placer conocerlo —Chitoge saludó con una cordial reverencia, flexionando
brevemente las rodillas e inclinando un poco la cabeza.
—Al
contrario, el placer es mío —correspondió el gesto.
—Por
cierto, ¿Cómo sigue mi abuelo? —Preguntó Maximiliano.
—No
debes preocuparte por él, hijo —contestó Paolo—. Él ha estado muy alegre desde
tu regreso. No para de hablarnos de lo encantadora que es su futura nieta y de
lo complacido que está. ¡Deberías oírlo! Bien hasta podríamos asumir sin
miramientos que su estado ha mejorado y todo gracias a ti, muchacho —rió.
—Lo
visitaré de vuelta una vez que haya terminado mis asuntos. Mientras ese día
llega, les suplico que continúen cuidando de él como hasta el momento.
—Hablando
de ello —por fin se hubo animado a hablar el estoico viejo que escoltaba a
Paolo—, le informo, señor, que la Comisión ha solicitado que en la mayor
brevedad posible, comparezca y rectifique ante ellos su condición como el
futuro capo de nuestra familia. Hay algunos asuntos substanciales que los
representantes de las otras familias desearían tratar con usted cuanto antes.
—Me
encargaré de todo una vez haya contraído matrimonio con mi enamorada. Hasta ese
entonces, le suplico que usted y mis tíos se sigan haciendo cargo en mi
ausencia.
—Como
usted mande, señor.
Tras
uno o dos minutos de trivial plática, Paolo Benedetti y su acompañante pasaron
a retirarse alegando que tenían cosas por hacer. Chitoge los miró alejarse por
unos momentos. Luego se giró hacia Max y se percató de que, para gran sorpresa
de ella, éste se encontraba con el rostro tenso, molesto; y con un inexplicable
dejo de rencor en su mirada.
—¿Te
ocurre algo? —Le preguntó la joven.
—No
te preocupes, estoy bien.
El castaño encaminó
a Chitoge rumbo a la limusina que aguardaba por ellos frente a la entrada del edificio.
—¿Así
que él es uno de tus tíos? —Volvió a preguntar la rubia.
—Así es.
—¿Y
quién era la otra persona?
—Él
es el Consigliere de nuestra familia, la mano derecha de mi abuelo, así
como en su momento lo fue de mi padre. Su nombre es Mario Andolini. Él es quien
prácticamente se ha estado haciendo cargo de todos los asuntos diplomáticos
desde que la salud de mi abuelo decayó.
—Ya
veo… —susurró.
—Chitoge.
—¿Sí?
—No
te fíes de ellos. Aunque no lo demuestren y finjan tratarte con respeto, en
estos momentos lo cierto es que no podrían repudiarte más. Por mucho que
intenten aparentar lo contrario, no son más que lobos con piel de oveja, así
que ten mucho cuidado.
Chitoge
miró de reojo cómo el joven italiano apretaba su tembloroso puño al momento de
decir tales palabras. La rubia suspiró y bajó la mirada.
—'Lobos
con piel de oveja…' tú debes saber de eso mejor que nadie —espetó de forma fría
y sin reparos. Maximiliano no le contestó.
Karen
les estaba aguardando con la puerta del vehículo abierta, listo para ser
abordado rumbo a la mansión.
Eran
las once y media de la noche en la ciudad de Palermo. Dentro de poco sólo iban
a faltar cinco escasos días para que la boda entre la hija del máximo jefe de
la organización criminal norteamericana conocida como 'The Beehive', y el nieto
del Don de los Benedetti, familia de la Cosa Nostra, se llevase a cabo.
FIN DE LA SEGUNDA PARTE.
CONTINUARÁ…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario