CAPITULO I: UN FINAL SOLO ES UN PRINCIPIO MÁS
"¡No quiero morir…!"
Ese
era el único pensamiento al que se aferraba en ese momento. Pero iba a
morir, y ya no se podía hacer nada al respecto. En unos segundos su
corazón dejaría de latir y moriría en ese lugar. Todos los presentes
observaban con pena como suplicaba una y otra vez: "¡No quiero morir…¡No
quiero morir…!"
Él que tantas vidas cegó a conciencia. Él que
tantas veces había dado muerte a tantas personas sin siquiera pestañear
al hacerlo. Quien diría que él tendría tanto miedo y rebeldía hacia su
propia muerte. Jugó con la muerte durante tantos años, y ahora era su
turno. Esta vez fue su nombre el que había sido escrito. Esta vez, él
sería quien moriría. Suplicó una y mil veces al ser que consideró su
compañero que hiciera algo para evitarlo. Pero este solo le dijo que era
inútil, su muerte, ya era inevitable, y que con esto se cerraba el
trato que habían tenido hace años cuando se conocieron.
"¡No quiero morir…¡No quiero morir!" Repetía en sus adentros una y otra vez.
Pero
él ya estaba condenado a la muerte. Su cuerpo estaba lleno de heridas
que lo desangraban poco a poco. No había lugar al que pudiera escapar.
Estaba rodeado de quizás las únicas personas en el mundo que aún querían
y podían detenerlo. Si no moría en ese momento, de todas maneras su
vida se había terminado. Había perdido. Ya no le quedaba nada. Y sin
embargo, lo último que deseaba, era morir…
"¡No quiero morir…¡No quiero morir¡No quiero morir…!"
Finalmente
llegó el momento. Su corazón se detuvo de golpe y cayó al piso,
exhausto y perdiendo sus últimas fuerzas. Aún mientras iba perdiendo
poco a poco la conciencia, no dejaba de pensar con todas sus fuerzas:
"¡No quiero morir¡No quiero morir…!"
Todo
empezó a nublarse a su alrededor. Las heridas de bala que lo habían
hecho retorcerse de dolor mientras se desangraba, ya ni siquiera le
dolían…
"¡No quiero morir…¡No quiero Morir!"
Y de pronto, todo era tinieblas y silencio. Ya no había dolor, ya no había nada. La muerte había llegado…
"¡NO QUIERO MORIR…!"
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- ¡NO QUIERO MORIR!
Gritó con tantas fuerzas que todos los que estaban presentes no pudieron evitar voltear hacia donde se encontraba.
-
Tranquilo. Ya todo está bien… - dijo una pequeña jovencita de cabello
negro, lacio y largo hasta los hombros, mientras sujetaba con suavidad
la cabeza del castaño para tranquilizarlo.
- Tal parece que llegó
otro más… - susurró fríamente uno de los presentes, que se encontraba en
un rincón de aquella extraña habitación, mientras fumaba un cigarrillo y
jugaba con su consola portátil de videojuegos, casi inerte a la llegada
del castaño.
-¿Eh…? En… ¿En dónde estoy…?
Bastante
confundido, el castaño se incorporó poco a poco del piso y miró hacia
todos lados, percatándose de que se encontraba en un lugar completamente
distinto a donde creía haber estado hace unos instantes.
- ¿Q-qué es este lugar…¿En dónde estoy?
Se
dio cuenta entonces que el dolor había desaparecido por completo.
Sorprendido, comenzó a tocarse en las zonas donde recordaba haber sido
herido hace unos instantes. Su mano, su pecho, sus costados… Su traje
estaba empapado, sucio y manchado con su sangre, tal y como él lo
recordaba, pero no había señal alguna de que lo hubieran perforado las
balas. No sangraba, ni siquiera había cicatrices, nada. Él estaba
intacto.
- Espera un segundo… - de pronto, uno de los tantos que
se encontraban en aquella misteriosa habitación junto con el castaño, de
cabello rubio y largo, se acercó con un gesto de disgusto hacia él -
¡Pero si eres Tú!
El rubio empuñó una extraña arma, parecida a una pistola de mano, hacia el rostro del castaño. Su objetivo era dispararle.
-
¡Detente…! – gritó con fuerza la jovencita que yacía a un lado del
castaño, quien rápidamente cubrió la boca del arma del rubio con su mano
derecha al momento que este jaló de los gatillos.
Una destellante
luz acompañada de un raro sonido salió de esa "pistola". La jovencita
de cabello largo no dejó de cubrir aquella arma hasta que dicho destello
se desvaneció por completo. Luego, la chica le arrebató al rubio
aquella pistola con un hábil movimiento de su brazo.
- ¿Qué crees que estas haciendo? – le reclamó la pelinegra.
-
¡Tú no sabes quien es en realidad ese tipo! – gritó en respuesta y
luego trató de lanzarse sobre el castaño para atacarlo. Pero la chica no
se lo permitió y lo detuvo sujetándolo con fuerza.
El castaño
estaba bastante confundido. Miró hacia la ventana y vio que a lo lejos
podía divisarse la torre de Tokio. Pero más sorprendente aún¡Era de
noche¿Cuánto tiempo había transcurrido¿Por qué se encontraba en un lugar
tan alejado de los muelles¿Qué había pasado?
- ¡Suéltame¡Tú no
sabes quien es ese sujeto realmente! – continuaba gritando el rubio
mientras la jovencita continuaba sujetándolo sin ningún esfuerzo
aparente.
Fue entonces cuando el castaño volteó y miró con
atención el rostro de aquel rubio de cabello largo. Recordó entonces,
que ese rostro ya lo había visto antes. ¡Sí! Ese rostro… ese rostro lo
había visto un poco más joven en un dibujo a lápiz que él había
memorizado a la perfección. ¿Acaso era él?
"Imposible… no puede
tratarse de él. Él ya está muerto…" pensó mientras miraba atónito el
rostro del rubio, que aún trataba de zafarse de la pelinegra para
lanzarse sobre él.
- Tranquilízate. – una grave aunque suavemente entonada voz llamó la atención tanto del rubio como de la pelinegra y el castaño.
El
rubio casi por instinto obedeció a aquella voz y dejó de hacer fuerzas
para zafarse. Ante esto la pelinegra soltó al rubio y también volteó
hacia donde estaba la persona que lo había tranquilizado. El castaño,
más confundido todavía que antes, volteó hacia el mismo lugar. Fue
entonces cuando se percató que en el centro de aquella extraña
habitación yacía una enorme esfera de color negro. La habitación estaba
sin ningún mueble excepto por aquella esfera y una lámpara que colgaba
encima de esta en el techo. Pero lo que más le hizo estremecerse y
hacerlo entrar en shock, fue mirar a la persona que había hablado hace
unos instantes y que se encontraba a un lado de aquella esfera negra.
Sus ojos casi se desorbitaron cuando lo vieron. ¡Quién más podría ser si
tenía exactamente la misma apariencia!
Aquel joven de mirada
vacía y largo cabello negro y tieso se acercó donde el trío, y miró con
gran sorpresa pero sin inquietarse en lo más mínimo al castaño. Muy
contrario al pelinegro, el castaño se encontraba muy alterado. No podía
hallarle lógica a nada de lo que estaba ocurriendo.
- Ryuzaki… - dijo la pelinegra – Este salvaje trató de volarle la cabeza y yo solo…
- ¡Ryuzaki…! – los ojos del castaño se abrieron como platos al escuchar ese nombre.
-
Así… - comenzó a decir calmadamente el pelinegro que no dejaba de mirar
profundamente al castaño con sus enormes ojos negros – Así que
finalmente has muerto, Yagami Light…
PROXIMO EPISODIO: "HA AMANECIDO UN NUEVO DÍA"
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