Nativitas
— ¡Grandes noticias! —Gritaba Matsuda con ilimitada alegría y emoción—. ¡El bebé de Misa y Light-kun por fin ha nacido!
— ¿En serio? —gritó un Soichiro que inmediatamente se había contagiado de la emoción.
— ¿Y qué es…? —preguntó Aizawa.
—Sí, dinos —se apresuró Ide levantándose con ansias del sillón—. ¿Niño o niña?
— ¡Eso es lo mejor de todo! ¡Misa y Light tuvieron…!
…
Unas horas atrás…
…
—Aquí
están —exclamó Ide a sus compañeros al ofrecerles a cada uno un vaso
desechable lleno de café expreso, que había comprado de la máquina
expendedora de la clínica—. Ten, Matsuda, aquí está el tuyo.
—Gracias.
—Lo tomó. Sopló ligeramente tras intuir que, de lo humeante que estaba,
seguramente estaría demasiado caliente. Luego le dio un pequeño sorbo—.
¡Ahh! ¡Delicioso! Nada como un buen café para pasar la noche en vela.
¡Hoy sí que ha sido una noche muy larga!
—Ni falta hace que lo
digas —musitó luego de un suspiro el detective de mediana edad a la vez
que fruncía ligeramente el ceño. Mogi y Soichiro Asintieron con
tenuidad.
Todos estaban realmente fatigados. Aunque, gracias a su
incomparable entusiasmo, Matsuda aparentaba seguir lleno de energía,
pese a que, en realidad, era quien más cansado sentía.
—Por
cierto, Mogi-san, Ide-san —acotó el jovial Matsuda—, ya hemos terminado
la investigación por hoy. Si quieren pueden retirarse a descansar con
sus familias.
Soichiro se extrañó un poco de aquella actitud aparentemente sensata.
—
¿Y no acompañar al jefe, ahora que está por nacer su primer nieto, el
primer hijo de Light-kun? —Contestó Ide, a la par que tomaba asiento
junto a los otros. Luego pasó a mirar fijamente al techo con sus
pequeños ojos—. ¿Qué clase de compañeros…? No… ¿qué clase de amigos
seríamos?
Mogi le secundó con la mirada. Matsuda sonrió satisfecho de haber escuchado la palabra "amigos" aplicada a ellos como grupo, no solamente compañeros de trabajo.
—Además —continuó—, ¿por qué no te aplicas el consejo a ti también?
—
¡Ide! ¡Yo también quiero conocer al bebé de Light-kun! Además yo soy
soltero y no tengo porqué regresar a mi departamento si no quiero.
—A propósito, jefe, ¿ya le avisó a su esposa y su hija dónde se encuentra?
—Sí…
—respondió—. Cuando salí afuera le llamé por teléfono. Le pedí que no
le avisara a Sayu hasta que se despertara. Mañana a primera hora vendrá a
visitar a Misa.
Continuaron conversando de cosas triviales y
relacionadas a la futura paternidad de Light. Matsuda era quien se
encontraba más animado de todos, ya no podía contenerse las ganas de
saber el género del bebé que venía en camino.
—Y… ¿Ustedes qué creen que será el bebé? ¿Niño? ¿O una linda niña?
—Sea niña o niño, amaré por mucho a mi nieto. —Se vanaglorió Soichiro con una fraternal y sincera sonrisa.
—Aún así… ¿No hay un sexo que le gustaría que fuese? Si es un niño… o una niña… ¡A mí…! ¡A mí me gustaría que fuera una niña!
—Tonterías
—interrumpió Ide, quien acababa de darle un buen trago a su café
humeante—. El primogénito de una familia de preferencia debe de ser un
varón. Luego del varón, pueden venir todas las damitas que se quieran.
Pero siempre debe haber al menos un varón en la casta.
— ¡Ide-san! ¡Cómo puedes decir esas cosas en pleno siglo veintiuno!
Ide
se ruborizó y se levantó de su asiento exaltado. — ¡No me
malinterpretes, idiota, dije claramente que eso sería lo mejor, no que
es obligatorio!
— ¡Silencio! —Exigió el hasta entonces callado
Aizawa—. Ide, mi primera hija fue una niña a la que amo mucho y nunca me
decepcionó no haber tenido primero un varón. Y Matsuda, el jefe ya te
dijo que le daba igual el género de su nieto. Estamos en un hospital,
¡compórtense!
Los dos agentes agacharon la cabeza y un aura de
depresión les rodeó. Soichiro se sorprendió de lo enérgico que a veces
podía ser Aizawa con ellos, especialmente por Matsuda.
—Sigo insistiendo en que será una niña… —susurró el ocurrente detective a su amigo, tratando de no ser oído por Aizawa.
—Será un niño —contestó Ide en el mismo tono bajo.
— ¿Quieres apostar?
—Con gusto…
—10,000 yens a que es niña.
—Doblo la apuesta a 20,000 a que será niño.
—De acuerdo…
—Bien…
…
Misa
Amane tenía unos pocos instantes de haber sido trasladada al paritorio.
La enfermera le explicó que el estrés al que había sido sometida le
había hecho adelantar el parto, no obstante que, gracias a Dios, no hubo
mayor percance y que podría llevarse a cabo de manera natural. "Todo
por culpa de ese chofer loco" pensó con un mohín de rabia y una pequeña
vena marcada en su sien izquierda.
— ¡Qué lugar tan interesante!
—Exclamó Ryuk, quien miraba de arriba abajo los aparatos de
monitorización que había junto a la peculiar camilla donde yacía
recostada la rubia—. ¿Eh…? ¿Por qué me estás mirando tan feo, Misa?
Efectivamente,
la mirada llena de hostilidad de Misa hablaba por sí sola para
cualquier sujeto con sentido común, cualidad de la que,
desgraciadamente, el shinigami carecía. La próxima a ser madre le hacía
toda clase de señas con la cabeza para indicarle que se largara,
señalándole con la colérica mirada la salida.
— ¿Quieres que me vaya? Pero yo quiero ver como nace el bebé…
Misa
frunció el ceño, apretó los dientes con todas sus fuerzas y comenzó a
golpear con fuerza el colchón de la camilla con ambos puños cual niño
haciendo una rabieta. ¡Cuántas ganas tenía de que la comadrona y las
enfermaras asistentes no estuvieran para poderle gritar a aquel dios de
la muerte un sinfín de cosas que él no podría olvidar en mucho tiempo!
—Señorita
—una de las enfermeras se dirigió a Misa al verla comportarse
desesperadamente—, entiendo que el dolor es grave pero, por favor, sea
paciente, relájese y continúe con sus respiraciones. Terminaremos pronto
con esto.
—Está bien —contestó con la voz medio desgarrada. Dejó
de moverse y solo se dedicó a observar a Ryuk. Mientras le miraba, dos
lágrimas de enfado comenzaron a rodar por sus mejillas. El shinigami se
consternó ligeramente de verla en aquel estado, permaneció inerte por
unos instantes más y, finalmente, cedió a su súplica.
—Tú ganas. Iré a ver si Light por fin llegó.
La
joven suspiró de alivio una vez que el cuerpo del monstruo desapareció
por completo al traspasar el piso. Justo a tiempo, porque la tocóloga,
con ayuda de sus asistentes, comenzaron a posicionarla para el parto. El
dolor que sentía ya no significaba tanto para ella; más le preocupaba
ahora saber si su enamorado había llegado a tiempo para acompañarla.
Unos minutos más tarde, otra enfermera asistente entró a la sala.
—Le tengo buenas noticias, señora Amane —le dijo—: Su enamorado llegó a la clínica hace poco.
—
¿En serio? —susurró casi sin aire, con un dije de alegría que se
entreveía pese a sus gestos de dolor—. Entonces… ¿Light podrá estar con
Misa durante el parto?
—Lo siento. Si ustedes hubiesen llegado con
antelación quizá habríamos podido prepararlo apropiadamente para que
asistiera él también. Pero el parto se dará de un momento a otro, ya no
hay tiempo; lo mejor será que él espere y pase a visitarla una vez
finalizada la labor de parto.
—Yo quería que Light estuviera conmigo —reprochó entre quejidos.
—Muchas otras jovencitas también…
— A… ¿A qué se refiere con…?
—Que muchas mujeres desean que sus maridos estén con ellas cuando dan a luz —le contestó a la vez que arqueaba una ceja.
—Más… ¡más le vale!
La
adolorida rubia apretó los dientes; era mucho el acongojo que pasaba y
el no poder tener a su tan amado dios la deprimía aún más.
"Misa
tiene que ser fuerte" decía para sus adentros. "Misa tiene que ser
fuerte. Misa tiene que ser fuerte… Light ha venido a verme, estaremos
juntos una vez que nuestro bebé haya nacido. Juntos los tres, como una
familia"
Luego de casi un par de horas el parto dio inicio. Para
la pobre e inexperta rubia esa fue la media hora más larga, casi eterna,
de su lozana vida. No tuvo ni ánimos de tener los ojos abiertos en
ningún momento. Apretaba tantos sus dientes que sentía su esmalte
maltratarse. Las asistentes le vigilaron y la sujetaron con firmeza sin
dejar de animarla para que continuase pujando; era casi imposible
mantenerla quieta debido a los estertores que la orillaban a arquearse.
Hubo momentos en que se le escaparon fuertes alaridos. Su hermoso rostro
yacía empapado en sudor, transfigurado por las expresiones remarcadas
de su inaguantable sufrimiento. Lo único que le continuaba dando fuerzas
para continuar eran sus enormes ganas de ver a su amado con su bebé, el
hijo de ambos, en brazos con esa imagen en mente la joven pudo obtener
fuerzas para continuar. Finalmente el dolor disminuyó, lo suficiente
para que Misa pudiese darse cuenta que la expulsión había terminado.
Pese a sus enormes deseos por conocer a su bebé, continuó con los ojos
cerrados, exhausta, tratando de recuperar la mayor cantidad de aliento
posible. No fue sino hasta que escuchó el tranquilizador llanto de su
criatura que tuvo la voluntad para abrir los ojos y levantar un poco la
cabeza para verle por vez primera. El cordón umbilical apenas estaba a
punto de ser cortado por los asistentes cuando volteó a conocerlo. Pese a
su condición completamente exhausta, la ahora madre sonrió de
satisfacción.
…
—Ese tonto de Matsuda —gruñía Aizawa con la
mano a punto de aplastar el vaso desechable aún un poco lleno del café
que se había enfriado—. ¿En dónde se habrá metido?
—Me dijo que
quería ir al baño —contestó Ide con naturalidad. Soichiro soltó un
suspiro y Aizawa tomó asiento con resignación, aunque todavía molesto de
la actitud tan infantil de su compañero.
—No hay remedio. De seguro intentará escabullirse para averiguar si el bebé ya ha nacido.
—Yo
juraría que desde que se enteró de la noticia ha estado más emocionado
que el mismo Light. ¿Y usted, jefe —el detective volteó a mirar al
futuro abuelo que permanecía sereno y en silencio al lado de Mogi—, no
le emociona también la llegada de su primer nieto?
—Por supuesto, Aizawa. Pero…
Soichiro permanecío en silencio antes de atreverse a continuar:
—Me
pregunto si seremos capaces de regresar todo a la normalidad a tiempo,
si todo nuestro esfuerzo dará frutos y podremos darle a este bebé que
viene en camino a todos los demás un mundo que no viva dominado por las
acciones infantiles de un hombre que juega a ser Dios con la vida de los
demás…
—Jefe…
Aizawa podía entender a la perfección los
sentimientos de Soichiro. Él también se había preguntado en numerosas
ocasiones en que clase de mundo tendrían que vivir sus hijos si él
fracasase en detener a Kira.
—No importa cuanto nos tome
—sentenció con seriedad y solemnidad el maduro agente—, sé que lo
detendremos. Nuestros esfuerzos ayudarán a que este y otros niños en
camino puedan tener un futuro.
…
—Señor Yagami, le informo que su bebé ya ha nacido. Puede pasar a verlo en la ventanilla de la sala de los recién nacidos.
Ryuk
abrió los ojos como platos de la emoción y light sonrió con sencillez.
La enfermera le indicó el camino al vidrio y le indicó que su
primogénito era el de la cuna número 27.
— ¿Así que es aquél, Light? —preguntó el shinigami de negras alas.
—Sí…
¡Light!
Aquel grito había sido nada menos que de Matsuda, quien se acercaba corriendo desde el fondo del pasillo.
— ¿Qué está haciendo este tipo tan lerdo aquí? —preguntó Ryuk.
—Conociéndolo es más que obvio, Ryuk —susurró Light en respuesta.
—
¡Light! —exclamó casi sin aliento el detective al haber llegado donde
el castaño—. Perdona por venir tan de repente. Pero me muero de ganas
por saber sobre el bebé. ¿Ya nació? Y dime… ¿FUE NIÑO O NIÑA? —el timbre
de voz de Matsuda en esta última sentencia era como si el saberlo fuese
un asunto de vida o muerte.
Light cerró los ojos y sonrió secamente. — ¿Por qué no lo descubres por ti mismo, Matsuda?
— ¿Qu-qué…?
El
joven genio le indicó se voltease al cristal que asomaba al nido de la
clínica. Le señaló la cuna número 27 que se encontraba a poca distancia
de la esquina superior izquierda de la sala. El extrovertido agente solo
atinó a sonreír cuando leyó con atención los datos del recién nacido en
la tarjeta anexa al catre.
…..
—
¡Grandes noticias! —Gritaba Matsuda con ilimitada alegría y emoción
mientras corría velozmente hacia donde esperaban semidormidos el resto
del equipo de investigación. Todos se espabilaron el sueño un poco
alarmados e inmediatamente después molestos con su compañero—. ¡El bebé
de Misa y Light-kun por fin ha nacido!
Soichiro, Mogi, Ide y Aizawa quedaron boquiabiertos al oír la buena nueva.
— ¿En serio? —preguntó Soichiro igualmente impactado que el resto.
— ¿Y qué es? —preguntó Aizawa que, sin darse cuenta del todo, también había quedado contagiado de entusiasmo.
—Sí,
dinos —se apresuró Ide, que no solo estaba ansioso por la felicidad de
la nueva vida que había llegado al mundo, sino que también había
recordado la tonta apuesta que hizo con Matsuda y que deseaba resolver
de una buena ve por todas—. ¿Niño o niña?
— ¡Eso es lo mejor de todo…!
Los ojos del agente brillaron como un par de estrellas en una noche de verano.
— ¡Misa y Light tuvieron una NIÑA!
— ¿UNA NIÑA? —exclamaron casi al unísono.
— ¡Sí! ¡UNA NIÑA!
Ide
se estremeció de miedo. Sabía que su compañero no solo le obligaría a
pagar la apuesta sino que, además, tendría que soportar sus
humillaciones y recordatorios sobre su error y el acierto de él. Aizawa
se enfureció y le ordenó que guardase silencio. Mogi sonrió sin
gesticular palabra alguna.
Mogi no sabía qué hacer o decir. Su
rostro se ruborizó sin que él se diese cuenta. Finalmente trató de
sonreír pero la expresión que salió fruto de la combinación de sus
nervios y emoción aterró un poco a Matsuda.
Aizawa continuaba muy
molesto con su compañero por haberse escabullido a la sala de espera a
sacarle información a Light. "¡Pero qué clase de actitud infantil es esa
para alguien de su edad!" Pensaba. No obstante, acompañó al grupo en el
festejo.
Soichiro por su parte se quedó estático. Un mohín de
conmoción, felicidad, satisfacción y nostalgia se fue pintando poco a
poco en su rostro hasta que, sin que él pudiese evitarlo, una lágrima
brotó de uno de sus ojos, escapándose hasta casi caer al cuello de su
arrugada y sucia camisa.
— ¿Jefe? —le preguntó un preocupado Aizawa.
—Estoy
bien —contestó en compañía de una fraternal sonrisa. Aquel cansado y
demacrado hombre no se había sentido tan feliz desde hacía ya años.
…..
La
puerta de la habitación se abrió; Light Yagami entró y caminó hacia la
cama donde le esperaba su mujer acompañada por una enfermera mientras
cargaba a la recién nacida. La rubia se veía, pese a lo agotada, llena
de júbilo. Su sonrisa de satisfacción decía más palabras de las que se
pudiesen utilizar en el intento de versificar sus sentimientos.
—Light —se apresuró a encarar al amor de su vida con su ahora más que nunca dulce voz—, mira, ella es nuestra hija.
El
castaño se acercó y se inclinó donde Misa, ésta le ofreció para que
cargase a la pequeña bebita que estaba envuelta en una suave frazada.
Light la miró con detenimiento. Su tez era muy rosada, probablemente su
tez habría de ser tan blanca o más que la de la propia madre. En la
parte superior de su frente se alcanzaban a apreciar unos finos cabellos
blondos. Las hendiduras de sus cerrados ojos eran larguísimas, señal de
que sus ojos serían enormes una vez los abriese. El resto de sus
diminutas facciones eran bastantes similares a la de ambos padres,
aunque a final de cuentas los rasgos más prominentes de su rostro eran
herencia dominante de la madre.
—Misa… Es hermosa. Al igual que tú.
—Se
llamará Hikari —contesta la rubia, con letargo pero a la vez con
firmeza—. En honor a ti, Light… Así lo he decidido desde el momento en
que la vi…
—Misa…
—Te amo… Y siempre te amaré, Light.
—Y yo a ti, Misa.
Permanecieron
así unos instantes más, en cuanto les fue posible alargar la visita
antes de que la bebita fuese llevada de vuelta al nido, en lo que la
madre intentaba torpemente de darle pecho por vez primera a su recién
nacida hija.
(Final, primera parte) Continuará…
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