FANFICTION: En mi mundo (Nisekoi) capítulo 1


Capítulo I



Lunes por la mañana: la hora de asistir al colegio había llegado. El joven Raku Ichijou, hijo unigénito del cabeza en jefe de la facción central Yakuza Shuuei-gumi, segundo en sucesión de la misma y estudiante de segundo año en la preparatoria Bonyari, se disponía a salir luego de haber terminado de preparar y servir el desayuno a cada uno de los miembros del clan de su padre. Como era costumbre, todos en la mansión lo despidieron en medio de porras, deseos de ánimo y una que otra cursi lágrima. Si algo no le faltaba era el cariño incondicional de todos esos hijos de puta, cuya sola existencia hacían de su vida, desde que nació, un verdadero suplicio y una eterna lucha.

Trotó con un poco de prisa. Ya llevaba algunos minutos de retraso y lo último que quería era hacer enfurecer a aquella persona. Llegó a la misma esquina de siempre, dónde su supuesta novia: la súper popular y bellísima alumna que vino desde América, Chitoge Kirisaki, diariamente le esperaba. Tal y como lo suponía (y se temía,) ésta se ya encontraba ahí, con pinta de llevar  harto tiempo. “Mierda, de seguro debe estar molesta” pensó. Ya no había nada que hacer salvo pedir disculpas.

Caminar juntos de ida y vuelta al colegio era una de las tantas rutinas que ellos implementaban como parte de su actuación como enamorados, la cual venían llevando a cabo durante casi ya dos largos años.

—Buenos días, Chitoge. Siento mucho haberte hecho esperar… Chito… ¿Chitoge?
El desconcierto de Ichijou no era para menos. Chitoge lucía, por alguna extraña razón, bastante apática, ida, melancólica y muy pero muy demacrada.

—Buenos días, querido —la rubia le devolvió el saludo con la voz desencajada y triste.

—Chitoge, ¿pero qué fue lo que te pasó?

—Nada —sabiéndose demasiado obvia, la rubia trató de poner todo de sí para encubrirse—. Anoche tuve insomnio y me dormí hasta muy tarde. Apúrate, que ya vamos un poco tarde, tonto brote de soya.

A Raku no le convenció en lo absoluto aquella explicación pero, ya que por el momento no era aconsejable insistir, decidió que dejaría pasar un tiempo antes de abordar de manera apropiada el tema. Bien podría ser que sencillamente ella aún no estaba preparada para compartirle su problema. "O quizás en unas horas se le pase y esté mejor. Si no, le volveré a preguntar" pensó.

"Él siempre me ha esperado para caminar juntos a la escuela" iba, entre tanto, reflexionando Chitoge, "pero más que nada él sólo lo hace porque tenemos que aparentar que somos novios. Si él y yo sólo fuéramos simples amigos, ¿igual lo haría? Pensándolo más a fondo: ¿Acaso siquiera seríamos amigos?

»Es decir… incluso si él me dijo una vez que me consideraba su mejor amiga, casi todas las cosas que hemos hecho juntos han sido sólo para guardar las apariencias. Coincidimos con muchas de nuestras amistades, sí, pero igual nada de eso me garantiza que él va a seguir pasando el tiempo conmigo cuando ya no haya ninguna obligación de por medio…

»¿Pero por qué me quiebro tanto la cabeza? Si de todos modos el día que dejemos de ser falsos novios, ese mismo día me voy a separar de él para siempre. Ya nunca podré saber si a él realmente le hubiera gustado estar conmigo."

Llegaron a la escuela y de inmediato se reunieron con el resto de su grupo: Tsugumi, Marika, Kosaki, Ruri y Shuu. Todos ellos pudieron notar, a mayor o menor escala que Raku, que algo no andaba bien en la actitud de su querida amiga; pero Chitoge evadió con negativas cada una de sus preguntas. Raku echó un ligero resoplido, le frustraba mucho el no poder saber qué era lo que le pasaba a Chitoge, y el que la rubia no quisiese al menos decírselo a otra persona, lo volvía mucho más frustrante.

Entraron a su salón. Chitoge permaneció ensimismada en su pupitre mientras que el resto del grupo esperaba a que las clases dieran inicio. Sin reaccionar como comúnmente lo habría hecho, vio como Marika Tachibana, su siempre entrometida compañera de clases, acosaba de nuevo a su falso novio; acción que a su vez había provocado el descontento de Tsugumi, quien no paraba de gritarle a la intrusa que dejara de meterse con los novios ajenos. En otras circunstancias seguro que Chitoge se habría metido en la discusión, pero ahora mismo no estaba de humor para confrontaciones absurdas. Todos en el salón notaron su total falta de interés y la preocupación hacia ella se acrecentó.

"Marika… Desde siempre ella ha sido tan directa, y no tiene ningún miedo en reconocer sus sentimientos por ese tonto germen de soya. Yo, en cambio, aunque ya ha pasado más de un año desde que descubrí que estoy enamorada de él, me he guardado este secreto y no me he atrevido a confesárselo a nadie. Incluso hubo una vez en que Kosaki me lo preguntó y le mentí. ¿Por qué diablos soy así? ¿Por qué simplemente no puedo decirle que me gusta y ya? ¿Acaso es tanto mi miedo a afrontar su rechazo? Si él me dice que no y a partir de esa confesión nuestra relación se vuelve incómoda, ¿qué es lo que él haría? ¿Qué pasaría después? Pero si pienso mejor las cosas, eso ya no tiene la menor importancia. Ya sea que él me rechace o me corresponda, de todas maneras me voy a tener que separar de él una vez que terminemos el instituto. ¿Guardarme este sentimiento hasta que el día de despedirnos llegue sería lo mejor…?"

—Señorita, ¿segura que se siente bien? —Fue la voz de Tsugumi la que sacó a la rubia de su ensimismamiento. Chitoge, quien tenía la cara pegada al pupitre, se giró hacia su amiga.

—Sí, ya te lo dije, sólo estoy algo cansada.

Tenía un punto. Su rostro, ojeroso y escuálido, en efecto reflejaba falta de sueño; mas eso no era lo único que delataba su sombría actitud, siendo eso lo que todos sus amigos —y Marika— advertían.

Las clases por fin dieron inicio y Chitoge continuó con su mente a la deriva en lo que trataba de aparentar que prestaba atención al profesor de turno.

"Aparte, todavía ni hemos podido descubrir la verdad sobre lo que nos ocurrió hace más de diez años, durante el verano en que todos nos conocimos. ¿Qué pasaría si yo resultara ser esa niña con la que hizo aquella promesa de amor? Él me dijo que aún a la fecha sigue enamorado de ella pero… ¿y si descubrimos que yo soy aquella niña, seguiría pensando lo mismo? Es decir: ¿Cómo puedes estar enamorado de alguien que ni siquiera sabes cómo es en el presente? Incluso aún alucino con el hecho de que él probablemente haya sido mi primer amor por aquellos años. ¿No sería entonces como si me hubiese enamorado dos veces de la misma persona en diferentes tiempos? Eso, por donde se vea, es tan… romántico…"

La primera clase del grupo de 2do 'C', continuó sin más embrollos.

Mientras tanto, en uno de los salones de la escuela en la zona de los grupos de primer año, se hallaban conversando dos compañeras de clase en lo que el profesor de turno llegaba. Se trataban de Haru Onodera, la hermana menor de Kosaki, y su mejor amiga: la tranquila y amistosa Fuu-chan. A un lado de ellas yacía, sentada en su pupitre, la estudiante extranjera Paula McCoy, observando con detenimiento a través de la ventana.

—Oye, Paula —dijo la joven Haru al notar que su amiga se veía muy tensa—, ¿te preocupa algo? Te la has pasado todo el día sin hablar con nadie.

—No es nada —refunfuñó la de cabello albino sin desatender su asunto—. Ahora guarda silencio que no me dejas concentrarme.

Paula sonaba molesta, estresada, como si algo no anduviera bien. Haru y Fuu-chan eran incapaces de imaginar qué clase de inconveniente podría tener a alguien tan segura de sí misma como ella en ese estado, mucho menos pensar en si había algo que pudieran hacer para ayudarle. De repente, los ojos de la albina se agudizaron. Una gota de frío sudor se deslizó por su frente. Por fin había sido capaz de detectar, aunque fuese por un leve instante, aquello que tanto había buscado confirmar desde que llegó a la escuela.

—No hay duda… —Apretó los dientes y se levantó estrepitosamente, azotando la paleta del pupitre.

—¿A dónde vas, Paula-chan? —le preguntó Fuu-chan mas no recibió respuesta.

Paula corrió a toda prisa por los pasillos hasta llegar al patio central de la escuela. Una vez ahí, escaló, a base de extensos y potentes saltos, los muros del edificio principal. En la esquina de la azotea vislumbró una conocida silueta, quien parecía estar vigilando los alrededores del plantel. Se acercó a ella con diligencia.

—¡Black Tiger! ¿Tú también lo viste?

—Así es, Paula. —Tsugumi miraba en dirección al mismo rincón en donde Paula había detectado aquella presencia—. Ese maldito espía lleva toda la mañana merodeando la escuela de un lado a otro. Sus movimientos son tan sutiles que no cualquiera se podría dar cuenta de su presencia; sabe moverse muy bien. Ni siquiera yo fui capaz de visualizar bien su rostro. ¿Qué hay de ti, Paula? ¿Pudiste verlo?

—Lo mismo —ladeó la cabeza—. Ese bastardo sabe ocultarse muy bien. Apenas y pude ver su sombra mientras se desplazaba de un punto a otro… Black Tiger, ¿quién crees que sea ese sujeto? ¿Crees que esté aquí para hacerle daño a la señorita?

—No lo puedo asegurar todavía, Paula. Esta es la primera vez que detecto a un intruso como él en la escuela. Pero debemos estar alertas. Por mi parte, debo informar al señor Claude de la situación.

Tsugumi apretó los puños. Por alguna razón, tenía un mal presentimiento. Se sentía tan distinto a cuándo Paula lo había hecho. Quien quiera que fuese el espía, debía tratarse de alguien sumamente habilidoso. Pero, ¿por qué un sujeto de tal nivel sería mandado a vigilar la escuela? Pero sobre todo: ¿Quién lo habría mandado? ¿Y con qué propósito?

—Paula.

—¡Sí!

—Hasta que no sepamos bien a qué nos estamos enfrentando, no le vayas a decir nada de esto a la señorita. No hay necesidad de preocuparla en vano hasta no saber primero qué medidas tomar. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

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Las clases en el salón del 2-C estaban por acabar y la rubia aún continuaba sumida en sus pensamientos:

"Todavía me queda un año más junto a él. Sé que al menos debería aprovecharlo para confesarle mis sentimientos antes de despedirme, pero si lo hago, tengo miedo de enfrentarme a su rechazo. Me gusta mucho que las cosas entre nosotros continúen tan bien como hasta ahora. Además, en el remoto caso que él llegara a corresponder mis sentimientos, sólo tendríamos poco más de un año para estar juntos. Ya que si yo permaneciese aquí por más tiempo, nos veríamos obligados a seguir con la farsa del noviazgo por más tiempo y… ¡Espera un segundo…!"

Chitoge volteó a ver qué estaba haciendo Raku: el muy distraído se veía todo adormilado en su pupitre, incluso bostezaba. Lo que ella no sabía es que, aún dentro de esa torpeza ocasional propia de él, Raku seguía muy preocupado por ella. ‘Cuando salgamos, le invitaré un ramen y aprovecharé el momento para preguntarle con sutileza qué le ocurre’ era lo que el joven Ichijou pensaba en ese momento.

"La razón por la que Papá y sus hombres no pueden estar en esta ciudad por siempre es porque el falso romance entre Raku y yo no puede durar toda la vida. Papá dijo que no sería justo que nosotros pasáramos el resto de nuestras vidas fingiendo un noviazgo que en realidad no existe, y que tarde o temprano tendremos que seguir con nuestras vidas. ¿Pero qué pasaría si nada de esto fuera una actuación? ¿Qué pasaría si él y yo fuéramos novios de verdad? Supongo que entonces las cosas podrían seguir como hasta ahora por mucho más tiempo, ya que ni él ni yo veríamos esta relación como una obligación, sino como algo que nosotros dos queremos.”

Las imágenes mentales, tan optimistas como utópicas, desfilaron de una en una en su imaginación. Toda la teoría en sí era tan bella: Ella y Raku —en forma caricaturizada— tomados de la mano y sonriendo en un camino de flores mientras que a sus espaldas los hombres de ambas bandas los vitoreaban y reían en paz, unidos y fraternales. Esa simple escena en su cabeza fue más que suficiente para que sus mejillas se sonrosaran.

“Entonces ya no habría ningún problema si esta relación se extiende más allá de los tres años. Ya que mientras él y yo estemos saliendo, las cosas entre nuestras familias van a estar bien, y entonces ni Papá ni yo tendríamos que marcharnos. En pocas palabras, si él y yo nos convertimos en novios de verdad, yo podría quedarme a vivir aquí para siempre. ¡Ya no habría ninguna necesidad de abandonar a mis amigos!"

—Chitoge —Raku le zarandeó del hombro.

—¿Eh? ¿R-raku? ¿Qué pasa?

—Las clases ya se terminaron. Deja de andar en las nubes, debemos irnos.

—S-sí…

Guardaron sus cosas y salieron del aula junto al resto de la clase. Mientras circulaban por los corredores, Raku advertía lo mucho que la actitud de su supuesta enamorada había cambiado. Si bien seguía igual de distraída, su semblante melancólico y depresivo de hace apenas unos momentos se había reemplazado por uno más o menos reflexivo. Quizás esto era una buena señal, era lo que el joven Raku creía o quería creer.

"No, no, no. Las cosas no son así de fáciles.” Chitoge sacudió su cabeza como tratando de echar a un lado sus fantasías. “Ni siquiera sé todavía si seré capaz de hacer que este chico se fije en mí. Ni siquiera he tenido el valor de confesármele.

»Pero una cosa sí sé: ya no puedo seguir más con los brazos cruzados. Si no hago algo, dentro de un año lo perderé a él y a todos mis amigos. ¿Qué debo hacer? ¿Qué cosa puedo yo hacer para que se fije en mí?"

—Chitoge.

—¿Eh?, ¿Q-qué pasa, Raku?

—Sé que te lo llevo diciendo desde la mañana, pero me da la impresión de que no te sientes bien. —El siempre atento Raku ahora sí que se escuchaba preocupado—. Todo el día te la has pasado muy decaída, y aunque no nos has querido decir qué te pasó, quiero que sepas que si tienes un problema puedes contárnoslo con confianza, no importa qué sea, pedirnos ayuda y…

—¡Que no, Raku! —La rubia ladeó la cabeza y agitó las manos—. Te dije que sólo estoy algo desvelada. Sí, es por eso. No te preocupes más, que mañana voy a estar otra vez como siempre.

—¿Y se puede saber entonces por qué razón no pudiste dormir bien anoche?

—¿Qué?

—De hecho también quería preguntarte por qué cancelaste nuestra cita de ayer. ¿Acaso te ocurrió algo? ¿La razón por la que no pudiste salir ayer y de que no hayas podido dormir bien ayer son la misma? Si es así, quiero saberlo. Si hay algo en lo que te pueda ayudar.

—Raku… tú…

Chitoge suspiró. "No tiene remedio, él siempre es así de entrometido. Quisiera poder decírselo, ser por una sola vez sincera con él. Pero este no es el momento. ¿Qué es lo que debo hacer?"

—Chitoge… Yo sólo…

—Perdóname por hacer que te preocuparas —exclamó la jovencita con una tierna mirada. Su rosto se había ruborizado y el timbre de su voz ahora delataba un toque de vergüenza y sinceridad—. Tienes razón, Raku. Hay algo… hay algo que tengo que contarte, pero ahora no me siento capaz de decirlo. No es nada serio, no te hagas ideas equivocadas de que tengo algún problema grave ni nada de eso. Es sólo que ahora mismo no tengo la menor idea de qué hacer. Pero, por favor, ¡espera un poco más de tiempo! Te prometo que cuándo haya puesto en orden mis ideas te contaré lo que está pasando. Hasta ese entonces sé paciente y deja de angustiarte por mí. No quiero que te estreses ni te preocupes por nada. ¿Vale?

Raku dobló la cabeza hacia el pecho y, en señal de aceptación y alivio, soltó un profundo suspiro.

—No hay remedio. No vuelvas a asustarme así. ¿De acuerdo?

—Sí —silabó con timidez.

—Por cierto, ¿no quieres ir a comer Ramen antes de ir casa?

—¿Qué?

—Aún no estoy seguro pero creo que eso puede ayudar a sentirte mejor. Yo invito.

"Raku… tú, estúpido" Chitoge tuvo que contener unas enormes ganas de llorar. ¿Será acaso que el tanto pensar que, tarde o temprano, su vida tendría que continuar lejos de él, estaban por fin haciendo mella en su voluntad de hierro? Su sombría vida había dado un radical cambio cuando se volvió a encontrar con él. ¿Sería ella, entonces, capaz de seguir adelante si se volvían a distanciar de nuevo?

—Sí, Raku —finalmente, todo ese aire lúgubre que aún quedaba en el semblante de Chitoge se desvaneció por completo, dando espacio a una sonrisa tan alegre y afectuosa, que hasta Raku se ruborizó de la impresión—. ¡Me muero de hambre! Tú sí que sabes como consentirme, ¡eh!

Raku, ante semejante e inaudito cambio de ánimo, se quedó boquiabierto, perplejo; enmudeció. Y cuando parecía que nada podía acrecentar aún más su asombro, la rubia, sin previo aviso, le sujetó del brazo y apoyó ligeramente la cabeza en su hombro.

—¿Pero qué crees que estás haciendo? —Le gritó Raku, asustado.

—Cállate. Recuerda que tú y yo somos novios. Si no hiciéramos este tipo de cosas de vez en cuando ¿no crees que sería sospechoso?

—Bueno… sí. Pero no es como si tú y yo…

—Además tú siempre dejas que Marika se te arrime, y nunca te he visto que le levantes la voz como a mí.

—¿T-Tachibana? P-pero es que ella siempre es la que…

—Como sea —resopló molesta para después continuar con aquella tonalidad dulce—. Ayer cancelamos nuestra cita al cine, por lo que estaba pensando que, si no te molesta y si no tienes ningún plan, podríamos aprovechar la tarde y tenerla de una vez. ¿Qué dices?

"¿Qué demonios está pasando?" Pensó Raku. "¿Por qué ese cambio de humor tan repentino? Hace unos momentos estaba toda decaída y ahora parece otra persona…"

—Bueno —titubeó el morocho—…, en realidad no tenía ningún compromiso hoy. Así que supongo que está bien.

—Perfecto, entonces está decidido. Después del ramen me llevarás a ver una película como acordamos el fin de semana. Asegúrate de escoger algo que valga la pena esta vez.

Raku, si por un lado estaba extrañado, por el otro se sentía aliviado de ver cómo el estado de ánimo de Chitoge por fin se había alzado. Miraba de reojo cómo ella aún se aferraba a él y se preguntó en qué momento se hartaría de aquella 'actuación' y lo soltaría. Pero parecía que nadie estaba más lejos de tener esa intensión que ella. Todo lo contrario: la firmeza con la que sus brazos se agarraban al suyo era notoria, como si Chitoge simplemente no pudiera estar más cómoda así; mismo sentimiento que, muy a menudo, notaba en Marika cuando era abrazado por ella. Prestó atención a su alrededor: notó como la gente que caminaba cerca volteaban a verlos, algunos con morbo y soltando una nada discreta risilla perversa. Un compañero de clases inclusive les escupió una burla desde lo lejos, misma que Raku respondió con un enérgico: ‘¡Vete a molestar a otra parte, vago!’ Volteó a ver si tales comentarios por fin habían incomodado a Chitoge pero, para su sorpresa, ella seguía enganchada a él con toda tranquilidad. Por si esto fuera poco, vio, aterrado, como Chitoge sonreía de oreja a oreja.

"¡Está sonriendo! Nunca antes la había visto sonreír así cuando vamos juntos. ¿Qué mosco le picó? Me estoy muriendo de vergüenza. Quiero decirle que me suelte pero no atrevo. No sé como podría reaccionar si se lo digo. ¿Qué debo hacer?"

—Chitoge…

—¿Sí?

Raku sintió un nudo en la garganta. —No, nada.

"Quería decirle que me soltara, ¡pero no pude! Por mucho que me diga que es para aparentar ser novios, esto ya cruzó los límites."

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Trascurrieron los días. Raku constató que, tal y como ella se lo había prometido, Chitoge ya no volvió a verse otra vez apagada ni decaída. Todo lo contrario: un cambio radical, que al parecer nadie podía apreciar tanto como él, se había dado en la actitud de la rubia. Ésta había comenzado a portarse de una forma más sincera, amable y jovial con él. Sonreía y mostraba un incipiente interés en todo lo que él le platicaba, sin importar cuan trivial y aburrido fuese. A menudo le pedía que la acompañara a todas partes, y aprovechaba cualquier ocasión y pretexto para tomarlo del brazo, arguyéndole que Claude y algunos otros miembros del Beehive habían vuelto a la andanza de vigilarlos, por lo que era menester guardar las apariencias. Cuando ocurría algún accidente, de aquellos que para su mala suerte ella siempre malinterpretaba, en lugar de la típica reacción de molerlo a golpes o gritarle toda clase de insultos, la rubia sólo se limitaba a reír y decirle cosas como: "Hay que ver cómo eres, querido," y lo pasaba por alto. En una ocasión Chitoge hasta tuvo un fuerte encontronazo verbal con Marika, mucho más intenso que el de la mayoría de las veces; tanto que incluso le llegó a gritar, en frente de toda la clase, que de una vez por todas se mantuviera con las garras alejadas de los novios ajenos. Todos estos detalles no eran tomados tan en serio por la mayoría de la clase, excepto por él, Kosaki y la misma Marika, quienes ya se cuestionaban el por qué Chitoge ahora cargaba con esa conducta tan distinta a su ‘yo’ habitual.

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Llegó un sábado por la tarde. Raku y Chitoge paseaban por la ciudad en una de sus ya habituales ‘citas de mentiras’. Una vez más, el joven del clan Shuuei advertía con extraño la tan incomprensible actitud de la rubia, la cual había perdurado toda la semana. Allá iban los dos otra vez, muy acaramelados, sólo que a diferencia de los últimos días, no llevaban su uniforme escolar. Chitoge sobresalía muchísimo gracias a aquel precioso vestido de encaje color rosa pastel, además de que iba meticulosamente maquillada y llevaba puestos unos preciosos aretes plateados que, junto a su ya característico listón rojo en el cabello, la hacían parecerse a una muñeca de porcelana de carne y hueso. Los ojos de todos los peatones volteaban a devorarlos, aún con mayor ímpetu de lo que Raku podía recodar alguna vez. Y es que había algo en la manera tan afectuosa en que ella le sonreía y le hablaba, que a todos los jóvenes varones les bastaba con ver la escena un solo instante para padecer de un tremendo ataque de celos. Todas esas miradas de resentimiento y envidia, Raku podía sentirlas detrás de él, como un centenar de cuchillos a punto de apuñalarlo por la espalda.

—Chitoge… ¡no te me pegues tanto! —Le susurró—. Q-que siento que en cualquier momento alguien va a venir a matarme.

—¿No me digas que te mueres de vergüenza, queridito?

—Pues sí, también —Raku sufrió un bochorno, todos los colores se le subieron al rostro—. Pero ese no es el punto.

—Pues yo también —aseguró Chitoge, aunque por la forma tan tierna y suave en que lo dijo, junto a su sonrisa, no lo aparentaba—, pero sabes que no tenemos opción. Te dije que hoy Claude iba a estar vigilándonos. —Mentira. Ella en realidad no tenía ni la menor idea de qué estaba haciendo su protector en esos momentos—, así que te tienes que aguantar. Además, dentro de poco vamos a cumplir dos años desde que empezamos a salir, es ilógico que aún te apenes por caminar abrazados en una cita. Ya deberías estar acostumbrado a esto, ¿no?

—Sí. Pero…

Chitoge tenía razón, mas había algo en toda esa supuesta actuación que no le dejaba a Raku asumirla como tal. Su corazón estaba que se aceleraba a mil por hora, y cada vez le costaba más esfuerzo mantener la compostura.

Llegaron a una esquina. Antes de que el semáforo diera el pase, varios vehículos transitaron diligentes. Entre ellos, hubo uno en particular que llamó la atención del joven Ichijou. Era una limusina blanca, la cual marchó despacio, justo frente a la pareja. Raku alcanzó a entrever el rostro de un joven detrás del cristal a medio subir de la ventanilla trasera. Los ojos de aquel desconocido se clavaron fijamente en ellos dos, detalle que el mismo Raku no pudo pasar por alto. No era como si aquel enigmático sujeto sólo se hubiese sentido atraído por la escena, no. Detrás de la fría mirada de aquel tipo, que parecía ser originario de otro país, se podía evidenciar con claridad que él les observaba con otra intensión; como si de alguna manera él supiera quienes eran. Los miraba como lo haría alguien que al fin había encontrado lo que tanto buscaba.

—Chitoge, ¿viste eso?

—¿Ver qué?

—El sujeto que iba en esa limusina se nos quedó viendo muy raro.

—¿A qué te refieres?

—¿No lo viste? Era un joven que tenía toda la pinta de ser extranjero. En mi vida recuerdo haber visto antes su cara. Nos miraba con mucha atención, como si él ya nos conociera. Especialmente a ti, Chitoge. No paraba de mirarte fijamente.

Chitoge soltó una risilla.

—Tonto, es normal que se nos queden viendo si vamos así. De eso se trata.

Raku se ruborizó. Parecía ser que a Chitoge le divertía muchísimo su actitud abochornada.

—¡Que no! No era esa clase de mirada. Era más como si él te hubiera reconocido de algún lugar.

—Si no te conociera —dijo con un pequeño desliz de puya—, pensaría que estás celoso porque alguien se me quedó viendo así.

—¿Qué? —Raku se puso, sin llegar a darse cuenta de tan vergonzosa reacción, rojo como el interior de una sandía—. ¿Por qué habría de sentirme celoso sólo porque alguien te estaba mirando? Si ese sujeto en verdad supiera que por dentro eres como una gori…

La forma en que Chitoge, sin dejar de sonreírle, le apretó del brazo, fue tan brutal que Raku por un instante se temió que ella sería capaz de arrancárselo de tajo si osaba completar la oración. El semáforo por fin les dio el pase. Cruzaron la avenida y continuaron su camino rumbo al parque de diversiones.

Mientras tanto, en aquella limusina blanca, aquel enigmático joven, sonreía a secas, satisfecho.

—Tenías razón, Karen —le dijo a su chofer en un idioma ajeno al japonés—. No cabe duda que es ella. Por fin la hemos encontrado.

—Felicidades, mi señor. Por fin todos nuestros esfuerzos han dado frutos. Pero… ¿qué es lo que piensa hacer con ese hombre?

—No te preocupes por eso. Dependiendo de cómo se den las cosas será el cómo tendré que deshacerme de él. Regresemos al hotel.

Y el vehículo se perdió entre los muchos otros que iban y venían sin parar en aquella jungla de asfalto.

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