FANFICTION: En mi mundo. (Nisekoi) Capítulo 14



Capítulo XIV



Sicilia. La isla más grande del mar Mediterráneo y la séptima de toda Europa. Región independiente de la república Italiana, la más grande de todas; ubicada al sur del mar Tirreno y separada de la región de Calabria, al costado este, únicamente por el estrecho de Mesina.

Con una superficie de más de veinticinco mil kilómetros cuadrados y habitada por más de cinco millones de personas, es una de las islas más densamente pobladas del Mediterráneo. Además, es uno de los mayores centros turísticos de toda Europa, dónde se puede desarrollar toda clase de viajes y descubrimientos encantadores, ya sea a través de su historia, su naturaleza o su cultura.

En la parte septentrional de la isla se extiende lo que es la provincia de Palermo, cuya ciudad homónima, al centro del golfo que abarca toda la parte noreste, es la capital de la región Siciliana. Dicha ciudad, que en algún tiempo fue griega, luego romana, y que posteriormente fue conquistada por los Normandos y Suevos, es una joya de la cultura multiétnica que alberga. Es, además, la ciudad más grande e importante de Sicilia, así como el centro comercial por excelencia de los productos agrícolas de esta isla del Mediterráneo, con fábricas de productos alimenticios, industrias siderúrgicas, navieras, muebles, artículos de piel, vidrio, industria química, de cemento, textil y de papel.

La mayor parte de los edificios más antiguos de la ciudad datan del periodo en el que Sicilia era reino normando y en ellos se superponen elementos arquitectónicos de influencia árabe, bizantina, normanda y española. Sin lugar a dudas, Palermo es una ciudad que vale la pena visitar aunque sea una vez en la vida.

No obstante, dicha joya de ciudad también está cubierta por el polvo de las desgracias que han generado los desastres naturales en forma de terremotos, y del lastre que han provocado la especulación inmobiliaria, la miseria y el paro o los crímenes de la mafia.

Fue en el año de 1992 cuando el juez Giovanni Falcone fue asesinado por la mafia, en compañía de su esposa y tres escoltas, quienes hicieron estallar mil kilogramos de explosivos colocados en la autopista al momento de que ellos iban en coche rumbo al aeropuerto ubicado a 35 kilómetros al oeste de la capital. Ese mismo año, su sucesor, Paolo Borsellino, también fue ejecutado.

Por este motivo, el aeródromo lleva hoy en día el nombre de 'Aeropuerto Internacional Falcone-Borsellino' en conmemoración a aquellos dos hombres íntegros que lucharon contra el crimen organizado a capa y espada, y habían sido incorruptibles.

Más de dos décadas después, en el lugar antes mencionado, tres peculiares sujetos acababan de llegar desde Japón luego de un largo viaje. Nuestros singulares viajeros: Raku Ichijo, Paula McCoy y Seishirou Tsugumi se encontraban caminando, algo fatigados, por las afueras del aeropuerto, conversando acerca de cuál sería su siguiente parada.

"Así que en alguna parte de esta isla se encuentra Chitoge" meditaba Raku Ichijou mientras miraba de un lado a otro aquel nuevo y enigmático mundo que se cernía ante sus ojos. No podía estar más ansioso por verla de nuevo y que le contase lo que estaba pasando.

"Señorita, resista. Ya vamos en camino" pensaba Tsugumi, quien seguía lidiando en su interior con un sinfín de temores y preocupaciones.

—Esto de no traer absolutamente ningún arma, es desesperante —se quejaba, entre tanto, Paula, con las manos en la nuca y un dejo de fastidio. Raku la miraba con algo de recelo pues era él quien había terminado cargando con su equipaje junto con el suyo.

—Venimos hasta aquí a través de un vuelo comercial —le respondió Tsugumi, quien iba al frente del grupo leyendo con detenimiento un mapa y una hoja de papel con instrucciones mientras arrastraba su valija con la otra mano—. Traer armamento sin ser detectado es prácticamente imposible. Además, no debemos preocuparnos por eso. Cuando nos reunamos con el resto del equipo se nos proporcionará todo el que requiramos para la operación.

—¿Resto del equipo? —Preguntó Raku, algo sorprendido.

—Así es. De acuerdo con las instrucciones que el señor Claude me dejó escritas en esta nota, una vez hayamos llegado a Italia deberemos dirigirnos a la costa de Palermo. Una vez allá, en un complejo habitacional en el barrio de Settecannoli, nos estarán esperando los otros agentes del Beehive que el señor Claude envió aparte de nosotros.

—¿Eso significa que no estaremos solos?

—Por supuesto que no. El señor Claude ya se encontraba planeando la manera de detener esta boda desde mucho antes que tú te aparecieras, Raku Ichijou. Los hombres con los que trabajaremos son fieles subordinados directos suyos, que se ofrecieron a ayudarlo pese al alto riesgo que implica el fracaso de la misión.

Los ojos de Raku brillaron esperanzados. Sin embargo, se comenzaba a temer que esto se estaba volviendo un poco más complicado de lo que él habría querido; mas debía comprender que Claude estaba mejor posicionado que él para discernir cuál debía de ser la mejor estrategia para localizar y llegar hasta Chitoge, y descubrir la verdad tras todo esto. Debía confiar en él.

—Entonces, debemos tomar un taxi, ¿no? —Opinó Raku.

—Yo preferiría que pasáramos a comer algo primero —dijo Paula, con algo de infantilismo en su actitud—. ¡Me muero de Hambre!

—¡Nada de eso! —Reprendió su colega—. Mientras más pronto nos reunamos con el resto del equipo, más pronto podremos…

De repente, tanto Tsugumi como su compañera detuvieron en seco su andar, siendo Raku el único que siguió caminando hasta que se percató de ello. Entonces se volteó hacia atrás para ver qué era lo que había ocurrido.

—¿Pasa algo?

Las dos chicas se miraron con complicidad y asintieron. Sin necesidad de dirigirse palabra alguna, se pusieron de acuerdo y corrieron al mismo tiempo hacia un callejón de aquella avenida, por el cuál acababan de pasar hace unos momentos. Raku, confundido, intentó seguirlas pero éstas le dejaron muy atrás.

Cuando Raku se acercó lo suficiente a aquel callejón sin salida escuchó el ruido de golpes y forcejeos. Asustado, se dio aún más prisa y entró para buscar a sus compañeras. En el rincón más profundo del angostillo finalmente las divisó. Ambas estaban sometiendo en el piso a un hombre adulto mientras le amenazaban de manera muy agresiva.

—¡Chicas! ¿Pero qué están…?

—Muy bien, imbécil. ¿Creíste que no nos habíamos dado cuenta? —le espetaba Paula mientras le daba una que otra bofetada a su víctima.

—No sólo ibas en el mismo vuelo que nosotros, sino que además nos has estado siguiendo desde que bajamos —agregó Tsugumi igual de molesta—. ¡Confiesa, bastardo! ¿Acaso eres un espía de la mafia? ¿Para quién trabajas?

—¡No, no, nada de eso! —Suplicaba el pobre sujeto completamente temeroso de lo que esas dos se podrían atrever a hacerle—. Yo sólo estoy aquí por… —recibió otra arremetida de Paula.

Raku observó de reojo su rostro hasta que por fin lo reconoció—. Esperen un momento… ¡Chicas, deténgase!

Tsugumi y Paula voltearon confundidas hacia el morocho.

—¡Yo te conozco! —Exclamó señalándole con incredulidad. Ciertamente no podría estar más asombrado de verlo en un lugar tan lejano como aquel país.

—¡Aniki! —Gritó el sujeto, bastante aliviado de ver que Raku le había reconocido—. Gracias a Dios…

—Raku Ichijou, ¿conoces a este sujeto? —Preguntó Tsugumi sumamente enérgica. Luego se volteó a mirar con más detenimiento el rostro de aquel espía por si ella también le recordaba de algún lugar. Notó que se trataba de un adulto joven de nacionalidad japonesa, cabello negro y corto a excepción de su enorme flequillo que sólo llevaba hacia delante del lado derecho, llegándole hasta por debajo de la mejilla mientras que por el lado izquierdo lo tenía completamente peinado hacia atrás, dejando asomar la arracada de su oreja izquierda.

—Sí. Verán, él es el capitán del escuadrón antidisturbios de la ciudad y…

—Ah, Ya veo… —musitó Paula lenta y mordazmente. Ella y Tsugumi voltearon a verse, se sonrieron con malicia y enseguida miraron de nuevo a su víctima, a la vez que un aura demoniaca comenzaba a emerger de ellas—. Así que se trata de un policía, ¿eh…?

—Pues bien, por ahí hubiéramos comenzado. —Tsugumi se tronó los nudillos. Las intenciones de ambas sicarios eran demasiado obvias. El pobre sujeto se echó a temblar al ver todo ese sadismo reflejado en los ojos de las dos jóvenes que lo tenían contra el piso—. Hasta aquí llegaron tus intentos por sabotear a nuestra organización, polizonte enclenque….

—¡Qué no le hagan daño! —Suplicó Raku asustado y muy preocupado—. Él… ¡Él es un amigo mío!

—¿Qué? —dijeron al unísono Paula y Tsugumi.

—Sí. Su nombre es Aiba Migisuke, y es un conocido de Tachibana. A pesar de su trabajo, él nunca ha tomado represalias hacia mí o algo sólo porque yo sea parte de una casa Yakuza. Así que podemos confiar en él. Se los aseguro.

—¡Pero Raku Ichijou! —Protestó Tsugumi—. ¡Ese hombre nos ha venido siguiendo todo este tiempo! ¿Qué otras razones podría tener si no?

—Es una larga historia —pronunció finalmente Migisuke, echando un profundo suspiro. El resto de los presentes voltearon hacia él con incertidumbre.

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—Señorita Marika —comentaba un Migisuke quien estaba de visita en el departamento donde vivía la hija del superintendente de policía—, se le ve muy triste. ¿Acaso le ocurrió algo?

—No es nada que te importe —contestó sin siquiera voltear a verle, en un rincón de su sillón—. Estoy bien.

—No sea así, señorita. Sabe que si usted tiene un problema, yo siempre estaré dispuesto a ayudarla. No importa de lo que se trate. Usted puede contármelo.

—No tengo nada. Déjame en paz…

—¿Está segura?

—Estoy segura.

—Ya veo… —Él, en realidad, no le no le había creído. Claramente podía ver en su rostro y forma de hablar, lo deprimida y desconsolada que estaba la pobre; pero a su vez sabía, en cierta forma, que no tenía caso insistirle—. En fin. He venido para avisarle que me voy a ausentar durante un par de semanas de la ciudad, por lo que no la voy a poder asistir como es costumbre durante todo ese tiempo. Ya que por fin conseguí que me dieran mis vacaciones para esta fecha, y las voy a aprovechar para realizar aquel viaje a Paris con el que siempre he soñado y por el que tuve que ahorrar y prepararme mucho.

—Espera un segundo. —Marika despegó el rostro del cojín y volteó a verlo—, ¿Dijiste viaje?

—Sí —le mostró su boleto de avión—, justo mañana es el vuelo. ¡Será la primera vez que viajo a Europa en mi vida!

Marika le arrebató el Ticket y lo observó con atención. Luego de unos instantes dijo:

—Migisuke —su semblante apagado había desaparecido por completo y ahora se comportaba nuevamente como de costumbre—, tengo una mejor idea. En lugar de Francia, ¡ve a Italia!

—¿Qué? Pero señorita Marika, yo ya tengo planeado…

—Si haces que te reembolsen por este boleto y pones un poco más de dinero, puedes comprarte sin problema otro, ¿no?

—Bueno… sí. Pero ese no es el problema. ¿Por qué quiere que yo…?

—Migisuke —tomó al joven oficial de las manos y le miró directamente a los ojos—, necesito pedirte un gran favor. Sólo tú puedes ayudarme.

Marika le veía con una mirada suplicante, sus ojos brillaban esperanzados. Migisuke tragó saliva e intentó zafarse de la situación:

—Pero señorita Marika… ya le dije que estas son mis vacaciones y…

—Migisuke, tú me acabas de decir que siempre estarías dispuesto a ayudarme en caso de que tenga un problema, ¿no es así? ¿O acaso Migisuke no estaba siendo sincero conmigo?

—¡No! Señorita, es verdad, pero yo en estos momentos… y, además, no entiendo porqué quiere que yo…

Las dotes de actuación de Marika como 'damisela en peligro' estaban dando sus frutos. El oficial de policía comenzaba a sentirse culpable con cada negativa que intentaba darle.

—Raku-sama, él se encuentra en grave peligro y ni yo misma soy capaz de hacer algo por él. Migisuke, por favor, te lo ruego, ayúdame.

—¿Qué? ¿Se refiere a su prometido?

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—Y entonces me pidió que te vigilara de cerca para asegurarme de que no intentaras hacer algo peligroso, y que te protegiese en caso de ser necesario —terminó de relatar su historia. Los otros tres escucharon cada palabra con algo de incredulidad.

Paula ya no pudo contenerse: echó un resoplido e inmediatamente se soltó a reír a carcajadas mientras señalaba a Migisuke con sorna—. ¡Pero qué patético eres! ¿Acaso eres el perro de esa mujer? —Se sujetaba el abdomen del dolor que le causaba tanta risa. Sus ojos lagrimeaban incluso.

Por otra parte, Raku y Tsugumi se quedaron viéndole en silencio, con una expresión cargada de pena ajena que no pudieron disimular. Migisuki suspiró y bajó la cara al piso, como diciendo: 'lo sé, soy un tonto por haberme dejado.'

—Ya veo —dijo Tsugumi—, pero eso no importa. Este lugar no es para ti, así que tendrás que volver por dónde viniste.

—Lo siento, pero puedo hacer eso —ladeó la cabeza.

—¿Pero por qué no?

—Porque le prometí a la señorita Marika que iba a cuidar de su prometido y me aseguraría que regresase sano y salvo. Si regreso ahora, no podré ver a la señorita a los ojos. Le habré fallado.

—Este no es un juego, idiota. ¿Tienes una idea de lo delicada que es nuestra situación? Si no te marchas en este mismo instante, yo…

—¡Tsugumi, Espera! —Raku se puso entre ellos con los brazos extendidos para proteger a Migisuke.

—Raku Ichijou, ¿qué estás haciendo?

"Ya veo, Tachibana debe estar muy preocupada por mí. A pesar de que no estaba de acuerdo conmigo de que viniese, buscó una manera de ayudarme" pensó el joven sucesor del Shueei-gumi, con algo de remordimiento mientras recordaba la última ocasión en la que había hablado con la pelirroja. Él aún se sentía un tanto conmovido y hasta responsable de sus llantos de aquella tarde.

—Él vino hasta aquí a base de sortear muchas dificultades —dijo—, porque quería hacerle un favor a Tachibana. No podemos botarlo así como así. Dejemos que nos acompañe.

—¡Estás loco! —Gritó Tsugumi exaltada—. Esta es una misión de vida o muerte, no podemos arriesgarnos. Además, él es un policía, ¿qué tal si todo esto es un engaño y está buscando la manera de tendernos una trampa?

—Yo confío en él —musitó Raku desviando la mirada.

—¿Qué…?

—¡No me vean como a un oficial de policía! —Exclamó Migisuke, robándose la atención de todos—. En estos momentos no estoy en servicio, así que sólo soy un simple civil que vino hasta aquí para cumplir una promesa a la señorita Marika. Prometo que no voy a decir nada acerca de ustedes ni de lo que voy a ver, así que, por favor, ¡déjenme acompañarlos!

—¿Y a ti quién te dio permiso de hablar? —Tsugumi hizo a un lado a Raku, se acercó a Migisuke, lo agarró de la camisa y alzó su puño para golearlo; pero Paula le detuvo en seco sujetándola del brazo.

—Espera, Black Tiger. Quizás no sea tan mala idea. Él podría sernos de ayuda.

—¿Cómo?

—Dijo que su misión era asegurarse que Ichijou se mantuviese sano y salvo, ¿no? Si ese es el caso entonces no va a tener otra opción que ayudarnos con la misión.

—¡Pero Paula! ¡Es inadmisible que un policía como él interfiera en esta misión! ¿No ves que la señorita está en juego?

—Precisamente por eso pienso que debería ayudarnos. Él es el capitán de un escuadrón antidisturbios, ¿no es así? Eso quiere decir que sin duda ha sido entrenado debidamente para esta clase de situaciones de riesgo. Vamos a necesitar de toda la ayuda posible si queremos que las posibilidades de éxito sean lo suficientemente elevadas. Ichijou ya dijo que confía en él, además… —acercó su rostro al amedrentado hombre, encajándole una mirada siniestra que hizo sudar frío a Migisuke—, no creo que a este muchachote le convenga delatarnos ni nada por el estilo. Digo, ¿qué pensarían de él si en la policía se enteran que estuvo colaborando con gansgters? Seguramente lo destituirían de su cargo y hasta podría ir a prisión. ¿O me equivoco, chavalín?

Migisuke tragó saliva. Se sentía como si hubiese caído dentro de las fauces de un lobo.
—Así es —contestó muy nervioso y asustado—, les prometo que ayudaré en lo que me pidan y no le diré nada a nadie si ustedes también guardan el secreto.

—P-pero Paula —replicó una Tsugumi cada vez más escéptica—, ¿cómo vamos a llevar a un oficial de policía con el resto del equipo? Ellos jamás permitirán que alguien como él se involucre en esto.

—Ese no es ningún problema, Black Tiger —dijo la albina con una sonrisa despreocupada—. Les diremos que es un nuevo miembro del Beehive que recién se unió a la banda cuando aún estábamos en Japón, y que el señor Claude también lo envió en secreto para ayudarnos.

—Esa es una excelente idea, Paula —agregó Raku, entusiasmado con la propuesta—. Estoy seguro que si él nos ayuda las cosas serán más fáciles. Aparte que él podrá cumplir con su promesa a Tachibana.

Tsugumi frunció el ceño, rechinó los dientes y apretó con rabia el puño de su mano. Aún no estaba del todo convencida pero tanto Raku como Paula parecían estar de acuerdo, por lo que no tenía otra opción que aceptar, pese a la desconfianza que aún le guardaba a aquel hombre.

—De acuerdo. —Se giró a un costado y se cruzó de brazos—. Pero si algo sale mal, será su responsabilidad.

Migisuke rió con nerviosismo. Podía notar, por la hostilidad en su mirada, que aquella jovencita de cabello corto y ojos carmesí le detestaba y sólo lo había aceptado por obligación. Raku también sonrió y le dio una palmada en la espalda a Migisuke, quien al menos había conseguido el favor de participar activamente en el embrollo. Aunque se mostraba también entusiasta y sonriente, por dentro la verdad era una persona completamente distinta: estaba que se moría de miedo y no paraba de lamentar su suerte.

"¿Cómo fue que terminé en medio de todo esto? La señorita Marika jamás me dijo nada acerca de una confrontación entre bandas, ¡y ahora mismo me he comprometido a intervenir!"

—¡Bien, ya está decidido! —Exclamó Paula—. Entonces… ¿iremos o no a un restaurante antes de viajar a la capital?

—Yo mientras iré a por nuestras maletas —dijo Raku tras recordar que, por haber corrido los tres de repente, las habían dejado a mitad de la calle.

—Te acompaño, Aniki. —Migisuke se ofreció más que nada porque no quería quedarse a solas con ese par de jovencitas tan violentas.

—¡Te dije que me dejaras de llamar así!

Eran las dos de la tarde en la provincia de Palermo. De acuerdo con la invitación que Yui le había regalado a Raku, faltaban aún siete días para que se celebrase la boda. Por lo que en menos de una semana tendría que dar inicio la operación para recuperar a Chitoge y cancelarla.

FANFICTION: Matar o morir. (Death Note) cap 4

ABSOLUTAMENTE A TODOS LOS HUMANOS LES LLEGARÁ SU HORA DE MUERTE. 

CAPITULO IV: EL MISTERIOSO BOSQUE DE LA MUERTE

- ¿Qué es esto…? – preguntó uno de los vándalos que andaban cerca de la esfera y se acercaron a ver lo que había en uno de los compartimientos de esta.

- ¡Woah…! – el trío comenzó a sacar algunas de las armas que había dentro. Eran unas escopetas de diseño un tanto extraño, equipadas con una mira.

Ryuzaki dejó a un lado al rubio, al castaño y a la pelinegra, para acercarse al compartimiento trasero de la esfera. Mello y Light aún desconfiaban el uno del otro y se miraban con desprecio, mientras que la jovencita de cabello negro al percatarse de ello, se colocó en medio para evitar otro ataque impulsivo entre ambos. El ojeroso buscó en el compartimiento de la esfera, donde había un conjunto de extravagantes maletines guardados en él. Buscó entre todos ellos y encontró dos, los cuales tenían escritos en su portada dos apodos que el pelinegro rápidamente relacionó con sus dos compañeros: "Psicópata" y "Choco delincuente".

"Estos deben de ser sus trajes", pensó al mirarlos, y acto seguido se acercó de nuevo donde estaban el rubio y el castaño. Arrojó cada maletín a su correspondiente dueño y luego les ordenó:

- No hay tiempo que perder. Pónganselos antes de que comience la transportación.

- ¿De que estás hablando? – preguntó el castaño quien nuevamente se volvía a sentir confundido.

- ¿De qué nos va a servir ponernos esto? – dijo el rubio al abrir su maletín y sacar el traje para mirarlo.

- Ese traje los protegerá y los hará más fuertes.

- ¿Qué…! – exclamaron al unísono más incrédulos que antes.

- Lo que dice Ryuzaki es cierto. – el siniestro hombre de tez morena clara y facciones latinoamericanas se acercó donde el rubio en compañía del norteamericano– Gracias a él he podido sobrevivir hasta el momento.

- José… Roy… Por más que traten explicarme… - el rubio comenzó a tocarse el lado izquierdo de su intacto rostro mientras hablaba con los que alguna vez fueron sus subordinados – nada de esto puede ser cierto. Todos nosotros estamos muertos…

El castaño nuevamente miró con atención a su alrededor. Notó como algunos de los que se encontraban en la habitación también se encontraban aconsejando al resto para ponerse aquellos trajes negros. Pudo ver incluso a su padre, que ya lo tenía puesto, tratando de aconsejar al grupo de pandilleros que además de llevar un arma, también se pusieran el traje; a Naomi sacar un maletín del compartimiento de la esfera, para después escoltar a la morena de cabello corto al pasillo del departamento a ponerse el traje. Y a una mujer rubia a la que no había visto antes, quizás porque al igual que su padre, se encontraba en otra habitación del departamento cuando observó, acercarse al rincón donde aún se encontraba llorando.

- Vamos. Tienes que ponerte tu traje antes de salir al exterior. – le dijo mientras tocaba su hombro para animarla.

El castaño la miró con atención y no pasó ni un segundo para que la reconociera como a los otros. Se trataba de nada más ni menos que la gran ladrona que solía trabajar para L: Mary Kenwood, Wedy.

"Así que ella también está aquí…" pensó el castaño. "Me pregunto… porque todos ellos terminaron aquí… ¿Será por que todos murieron por el Death Note…? No… Mi padre aunque hizo el trato de los ojos, murió por causas naturales…"

- De acuerdo… - musitó el rubio al sus antiguos hombres – Iré a ponérmelo.

- Tú también. – La pequeña pelinegra tomó el maletín que el castaño había dejado en el piso para dárselo – Debes ponerte tu traje y llevar al menos un arma contigo.

"Las personas que al parecer saben que está ocurriendo o llevan puesto el traje o ya empezaron a ponerse el suyo. Ryuzaki, mi padre y hasta Misora lo levan puesto. Y además quieren que los demás también se lo pongan. No creo que esto lo hagan para perjudicarme. No ganaré nada si no me lo pongo."

- Está bien…

El castaño tomó el maletín y guiado por la pelinegra, se dirigió a un rincón del pasillo para colocarse el traje. El castaño aún no estaba seguro de querer ponerse aquel extraño traje. Sin embargo, decidió que tal vez era mejor que continuar con aquel sucio y roto traje, manchado con sangre. Se quitó poco a poco sus ropajes, comprobando que ya no le quedaba ni una cicatriz o señal alguna de que hace unos momentos las balas lo hubieran perforado. "Maldito Matsuda" pensaba al recordar el mal rato que aquel agente le había hecho pasar. "Si en verdad estoy vivo, debo encontrar la manera de salir de aquí para vengarme de esos insectos." Continuó quitándose sus prendas hasta quedarse únicamente en ropa interior. Luego comenzó a tratar de ponerse aquel "cosplay", que le quedaba sumamente ajustado, tanto que este no le entraba de sus caderas por más que trataba.

- Para que te quede no debes traer nada puesto… - le susurró desde lo lejos una suave y fémina voz.

El castaño se extrañó y volteó hacia el final del pasillo para ver de quien provenía esa voz, pero no vio a nadie. "Esa era la voz de aquella niña de secundaria" El castaño frunció el ceño y sin dejar de vigilar hacia el fondo del pasillo, se quitó toda la ropa y pasó a colocarse aquel traje negro, abrochando cada parte a través de aquellas extrañas chapas plateadas, que iban desde el cuello hasta los pies. Fue en ese momento que un hombre maduro que también estaba vestido con uno de esos trajes se acercó a él junto con una pequeña pistola de dos gatillos.

- Light, También debes llevar una de estas… - le ofreció el arma.

- Padre… - algo ofuscado tomó la pistola mientras pensaba: "Ryuzaki y Misora han estado aquí con él. Es probable que… Lo mejor será seguir fingiendo hasta no estar seguro" - ¿Por qué estamos aquí…¿Es porqué estamos muertos?

- Light… no estamos muertos. Pero si estás aquí, significa que… Kira ha…

"Así que aún no se lo han dicho…"

- Así es papá… - actuaba fingiendo pena e indignación – al final no pude detenerlo…

- Está bien… eso ya no importa.

Padre e hijo regresaron de aquel rincón a la habitación de la esfera negra. Light esta vez pudo notar como casi la mayoría de los que se encontraban atrapados con él, ya tenían puesto aquel extraño traje. Entre ellos, ya se encontraba el rubio de cabello largo.

- tú también debes ponértelo. – le decía el ojeroso al pelirrojo que se había acercado donde su amigo, aún sin soltar su consola portátil de videojuegos.

- Ese traje se ve bastante ridículo… yo paso.

- Matt… lo mejor será confiar en él. – le respondió el rubio. El pelirrojo solo permaneció callado.

Aparte de él, todavía faltaban por ponerse el traje, uno de los pandilleros y el vagabundo. Pero ambos solo estaban esperando su turno para ir a uno de los rincones del pasillo para cambiarse. Entonces, la jovencita de cabello negro nuevamente volvió a acercarse al castaño. Se percató de que ya llevaba en el sujetador de su traje una pistola de dos gatillos, y con amabilidad le ofreció otra pistola.

- Ten. También lleva una de estas. – se trataba de un pistola diferente, poseía tres bocas en lugar de una y no tenía un radar como la otra.

El castaño la tomó y la examinó de inmediato. No estaba seguro de si realmente esas extrañas pistolas fueran más que simples juguetes. Su concentración de repente fue cortada cuando comenzó a mirar con pánico como aquella jovencita comenzaba a desaparecer de la habitación. Era como si estuviera desapareciendo poco a poco. Con ello, se podía ver en el interior de su cuerpo donde iba desapareciendo, como si estuviera siendo rebanada poco a poco.

- No te preocupes. – Decía mientras su rostro desaparecía y sus labios aún continuaban presentes – Parece que soy la primera en ir…

El castaño volteó hacia el ojeroso y la esfera buscando respuestas, y se percató de que nuevamente el mensaje de la superficie de aquella esfera había cambiado. Un contador de tiempo que llevaba 59 minutos e iba en cuenta regresiva.

- ¡Rápido! – Gritó el pelinegro que vigilaba a los demás desde el centro de la habitación - ¡Tomen cuantas armas puedan y lleven los trajes de los que aún no se han cambiado!

El padre del castaño junto con la mujer de cabello de largo y la rubia, hicieron caso inmediato, mientras el hombre negro y alto detectó que ahora él también era transportado y esperó con una sonrisa llegar al "lugar de la misión". El castaño continuó viendo atónito lo que sucedía. Iba a ordenarle al pelinegro de grandes ojos negros le dijera que estaba ocurriendo, pero no tuvo tiempo, ya que antes de hacerlo, se dio cuenta de que él también estaba desapareciendo poco a poco.

- ¿Pero qué…? – los demás ya no alcanzaron a escuchar lo que iba a decir, pues sus labios habían desaparecido.

El castaño miró horrorizado como su cabeza se encontraba ahora en otro sitio, esperando a que el resto de su cuerpo apareciera también.

- ¿Un bosque…?

Ahora estaba en lugar diferente. Estaba en el exterior. Rodeado de árboles y hierba baja. Era de noche, y estaba solo…

PROXIMO EPISODIO: "DESTRUÍR. EL ÚNICO CAMINO PARA SOBREVIVIR"

FANFICTION: Matar o morir. (Death Note) cap 3

EL CIELO Y EL INFIERNO NO EXISTEN. SIN IMPORTAR LO QUE UN HUMANO HAGA EN SU VIDA, ESTARÁ DESTINADO A IR AL MISMO LUGAR QUE LOS DEMÁS CUANDO MUERA. LA MUERTE ES IMPARCIAL.


CAPITULO III: EN ESTE MOMENTO IRÁN A DERROTAR A ESTE SUJETO

Los presentes miraron al moreno. Algunos con escepticismo, algunos con bravura y esperando sus ordenes, otros, con miedo. El castaño aún continuaba algo aturdido. Aún quería respuestas. Pero él conocía bien la forma de ser del ojeroso. Supuso entonces, que tal vez lo conveniente sería esperar y dejar que las respuestas vinieran solas.

Las palabras que se habían pintado en la superficie de la esfera negra se fueron difuminando para dar paso a otras, acompañadas esta vez de una imagen. La imagen era de un ente raro, jamás antes visto por los huéspedes de la habitación. Junto a la imagen de aquel peludo y dentón humanoide, venían las siguientes sentencias:

EN ESTE MOMENTO IRÁN A DERROTAR A ESTA PERSONA:
CASTORCENSE ("BEAVER ALLIEN". (arriba de este nombre viene la foto de la criatura. Lo demás a partir de aquí viene en la parte derecha a la foto)
CARACTERISTICAS: TRABAJADOR, FUERTE, RUDO.
LE GUSTA: COMER MADERA
FRASE: "CRICK CRACK!"

El castaño observó aquel mensaje, el cual le pareció bastante tonto. Todo esto parecía una especie de juego de video o reality show barato. Nada de esto tenía sentido alguno aquí. Tratando de hallar más lógica a todo esto, trató de mirar con atención a las demás personas que estaban con él en aquella habitación. Primero, vio con atención a la jovencita pelinegra que aún permanecía a un lado suyo, mirando con seriedad el mensaje de la esfera negra. Vistiendo aquel extravagante traje negro. "Es muy joven. Tal vez sea estudiante de secundaria" pensó. Luego, vio de reojo al hombre maduro que también llevaba aquel extraño traje con chapas plateadas en él. No cabía duda para él. Era idéntico a su padre. Hasta lo había reconocido y llamado por su nombre. Tenía que ser él. Miró a la mujer morena de cabello largo. Ella también era idéntica a la ex agente del FBI que él había asesinado para protegerse. Era Naomi Misora. Su memoria no podía estar errada. Ella también tenía puesto uno de esos trajes negros, por lo que el castaño empezó a preguntarse por que motivo podían traerlo puesto. Entonces volteó de nuevo hacia donde estaba el pelinegro de ojeras marcadas, y notó que debajo de sus fachosas ropas, él también traía puesto aquel extraño traje negro. "¿Qué será ese traje?" se preguntó en sus adentros y comenzó a buscar con la mirada cuantos más de los que se encontraban allí lo traían. Solo vio a uno más con el traje puesto. Era precisamente el hombre moreno y alto que hace unos minutos le había gritado que dejara de quejarse. Él también traía un traje debajo de sus ropas. De hecho, él había empezado a quitarse las prendas para quedarse únicamente con aquel traje negro en lo que el castaño volteaba a mirarlo. Todos los demás no llevaban puesto otra cosa que ropa común y corriente. El castaño miró con atención al resto de los que estaban allí. Estaba aquel rubio que sin duda debía ser Mello. Él había intentado matarlo, porque de seguro, él también sabía su secreto. También vio a tres sujetos vestidos de vándalos. Ellos se encontraban sumamente alterados y no hacían mucho caso de las palabras del pelinegro. Continuó mirando al resto de las personas: Un joven de cabello rojo que llevaba puestos unos googles anaranjados y vestía una playera de manga a larga de rayas negras con un chaleco caqui con blanco, que se encontraba aún en un rincón del cuarto fumando un cigarrillo y jugando con su consola portátil de videojuegos. A un hombre joven de apariencia algo siniestra, del cual se podía ver que no era de nacionalidad japonesa, más bien, por su tez, debía ser latinoamericano. Junto a él había otro hombre también extranjero, solo que este daba la pinta de ser norteamericano. Un hombre de apariencia joven, este si era japonés, tenía el cabello largo y negro, y su apariencia pronto le dio a recordar al joven de ojos maple que él ya lo había conocido. "Espera… Ese sujeto debe de ser uno de los miembros de Yotsuba… Sí… ¡Es idéntico a Namikawa!" Continuó observando para ver qué otros conocidos podía encontrar allí, pues la cantidad hasta ahora ya era enorme. Vio a una chica de tez morena, acurrucada y llorando silenciosamente en la ventana del balcón de esa puerta. Y vio a un vagabundo mugriento y fachoso, que se había acercado a donde el grupo que esperaba instrucciones del pelinegro de enormes ojos únicamente por curiosidad y porque quería que alguien le explicara porqué estaba aquí. Fue cuando terminó de observar con detenimiento que una persona a la que no había visto aún, llegó del pasillo y dijo:

- ¿Qué fue esa música que se oyó hace un instante…?

Fue entonces que el castaño volteó para ver a aquella huésped que no había visto, y cuando reconoció su rostro, sus ojos volvieron a abrirse de la impresión. Lo mismo ocurrió con la mujer de cabello corto cuando reconoció al castaño. Ambos quedaron petrificados.

- Yagami-kun…!

- T-takada…

Para sorpresa del castaño, ella también estaba allí. Su nombre había sido escrito en el Death Note, pero el suyo también, y él seguía vivo. Entonces, no era irracional que ella también. Pero… ¿Por qué…? Ella se encontraba sin ropa y cubierta únicamente por una manta. Se suponía había sido quemada, pero su cuerpo no tenía ni el más mínimo rastro de quemadura. La joven mujer se inquietó mucho y rápidamente se acercó donde la esfera negra. El rubio de cabello largo la veía con desprecio y la morena se acercaba al moreno de cabello tieso aparentemente para que este la resguardara del rubio. Con algo de escepticismo, la morena de cabello corto se dirigió al castaño.

- Y-yagami-kun… ¿Tú también estás muerto…?

- No… lo sé… - tartamudeó. Por primera vez en su vida Light se sentía incapaz de comprender la situación en la que estaba. "¿Acaso Takada no asesinó a Mello…? Pero aunque así fuese… Takada debería estar muerta. Mikami y yo escribimos su nombre… lo mismo con Misora… aunque nunca se encontró su cuerpo, era seguro que se había suicidado… Pero lo más importante… Ryuzaki y mi padre… ¡Yo los vi morir y hasta estuve presente cuando enterraron sus cuerpos! Además, si Misora y Ryuzaki siguen con vida… ¿Cómo es que ninguno de ellos me delató durante todo este tiempo…? Ay algo aquí que no tiene sentido…"

- Eso ya no importa¡porque dentro de poco ustedes van a estarlo! – Nuevamente el rubio perdió los estribos y trató de atacar al castaño. Pero justo cuando el rubio iba a arrojar al ojimaple al piso, el muchacho de ojeras marcadas que se encontraba encima de la esfera negra se dio cuenta y con un potente y ágil salto, pateó y derribó al rubio, evitando que le pusiera un dedo encima al castaño.

- Cuantas veces debo repetírtelo. No vas a ganar nada matando a ninguno de los que estén aquí. Ni a ella… - señaló con la mirada donde la horrorizada mujer y después, al castaño – ni a él… lo quieras o no, ahora todos estamos en el mismo barco y vamos a tener que trabajar en equipo si queremos sobrevivir.

El castaño miró sobrecogido al pelinegro y al rubio, mientras la jovencita sujetaba su brazo para evitar que este en un desenfreno fuera a corresponder la agresividad al rubio.

- ¿Acaso… tú también conoces a Ryuzaki…? – preguntó la jovencita al castaño, quien no contestó la pregunta y se siguió concentrando en Mello y Ryuzaki.

- Dentro de poco esa esfera se va a abrir… y voy a necesitar que ustedes dos me ayuden a prevenir que la mayor cantidad de personas mueran. Así que por el momento voy a requerir que se olviden de todo lo pasado y cooperen con nosotros…

Ambos jóvenes miraron con desagrado al moreno. En eso, Un repentino y fugaz ruido, indicó al trío de genios que aquella esfera negra finalmente se abrió de los costados, liberando tres compartimientos internos de la esfera. Ante esto, la mayoría de los que se encontraban en la habitación voltearon donde la esfera y la observaron. Algunos por mera curiosidad, otros, porque sabían que esto era indicio que ya faltaba muy poco para que el infierno en vida se desatase nuevamente…

PROXIMO EPISODIO: EL MISTERIOSO BOSQUE DE LA MUERTE.