Capítulo VIII
“Entonces, ¿se terminó?”
Yacía Raku Ichijou recostado en su
futon, mirando hacia el techo. Mañana iba a ser día de escuela por lo que debería
estar aprovechando las pocas horas que quedaban en dormir. Pero todos sus
esfuerzos por conciliar el sueño habían sido en vano. Todo lo que pudo hacer durante
el resto de la madrugada, fue pensar, pensar y seguir pensando.
“Se suponía que este era el día por el
que tanto esperé todo este tiempo. El día en que por fin me libraría de todos
los problemas y preocupaciones, el día en que mi vida volvería a la normalidad
—si es que se le puede llamar así—. Pero todo pasó tan de repente, todo fue tan
distinto a cómo imaginé que sería..., y se siente tan diferente también. La manera
y las razones por las que Chitoge se marchó, aún no puedo entenderlas del todo.
Pero...”
Alzó su mano, como si tratase de alcanzar
al oscuro vacío que se cernía frente a sus ojos.
“Si esto es lo que ella quiere, supongo
que entonces está bien.”
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—¡Hey, idiotas, el desayuno está
servido!
Todos y cada uno de los Yakuza presentes,
quienes esperaban ansiosos en el comedor por el aviso de su joven maestro, se
voltearon emocionados hacia la cocina. Raku Ichijou se asomó con el alimento en
mano. A ellos sólo les bastó con oler tales delicias para que se les hiciera
agua la boca. Los hambrientos Yakuza no se hicieron esperar y se arremolinaron
de uno en uno por su ración.
—¡Muchas gracias, Bocchan! ¡Como
siempre, le quedó exquisito!—Exclamó un satisfecho Ryuu, con un par de ridículas
lagrimitas de alegría chorreándole por los ojos. El resto de Yakuzas, igual de entusiasmados,
le secundaron—. Por cierto, hoy por fin es la ceremonia de fin de cursos, ¿no
es así, Bocchan? ¡Es increíble cómo pasa tan rápido el tiempo! Debería apurarse
si no quiere llegar tarde. ¿Quiere que le preparemos una limusina en este mismo
instante, Bocchan?
—No, no te preocupes, puedo llegar a
pie —contestó su señorito sin desatender el plato. Su manera de comer era algo
lenta y pausada; desganada. Su mirada se veía un tanto extraviada, como si sus
pensamientos no se hallasen en la misma sintonía que su cuerpo.
Ryuu y los demás constataron, con el
corazón hecho pedazos que, pese a todos sus esfuerzos, su joven maestro todavía
no presentaba mejoría alguna en su estado de ánimo. Deseaban con fervor el hallar
las palabras exactas, algún detalle o lo que quiera que fuera capaz de alegrar
a su joven maestro al menos un poco. Pero las malas experiencias y múltiples fracasos
de días pasados les habían enseñado que casos tan especiales como el suyo no
eran tan fáciles de remediar; no si tu único recurso a la mano son tus buenas
intenciones y nada más que eso.
—¡Vamos, Bocchan, arriba esos
ánimos! Ya deje de pensar en esa… —intentó decirle uno de ellos, pero Ryuu de
inmediato lo silenció con un nada discreto codazo en la boca del estómago, que
lo dejó sin aliento. "Ten más tacto, imbécil" prácticamente le dijo con
los ojos. El otro Yakuza sólo atinó a sobarse el abdomen.
Raku pudo haber notado, o quizás no,
aquel palurdo intento de disimulo —aunque era más que seguro que sí lo había
hecho—, pero no pareció haberle importado. El Yakuza pidió disculpas a Ryuu por
lo bajo. Raku dejó a medio comer su desayuno y se levantó de la mesa.
—Bien, es hora de irse —dijo con taciturnidad.
Tomó su mochila y, sin prisa, salió a paso lánguido de la mansión. Sus
muchachos lo miraron retirarse entre despedidas, frases de aliento y porras.
—Pobre bocchan —dijo uno de ellos, a
punto de romper en llanto.
—Hay que darle más tiempo al tiempo
—lo consoló Ryuu con una palmada en la espalda, quien a pesar de sus palabras
tampoco se le veía del todo convencido.
Y es que, por mucho que Raku había
tratado estos últimos días de aparentar naturalidad, había algo en su
semblante, en su mirada y en sus gestos, que siempre lo dejaba en evidencia
frente a ellos.
Hablar del tema era un absoluto
tabú, un inconcebible escarnio, estuviera él presente o no, pero no era
necesario. Todos pensaban ecuánimes lo mismo cada vez que veían la opacidad y
la melancolía de sus ojos.
“Hoy es la ceremonia de fin de ciclo
escolar. Eso significa que ya han pasado más de dos semanas desde que Chitoge,
Tsugumi, Paula y todos los otros miembros del Beehive se fueron de la ciudad.”
Cuando llegó a la esquina de aquella
estrecha y poco concurrida calle a mitad del camino al colegio, detuvo su paso.
No fue sino al cabo de unos segundos que Raku se dio cuenta que lo había hecho otra
vez. Suspiró fastidiado, se dio la vuelta y continuó su camino. Un par de
semanas y seguía sin quitársele esa vieja costumbre. ¿Por qué? No importa, de
todos modos, si lo hacía o no, en realidad no le afectaba en mucho. Ahora podía
darse el lujo de andar más despacio e incluso salir más tarde de su casa, que
aún así llegaría con tiempo de sobra a la escuela.
“Según lo que dijeron Paula y mi viejo, ese
día todos en el Beehive recibieron la orden de marcharse de Japón cuanto antes.
Y así fue. Desde entonces no se ha vuelto a ver a ninguno de ellos merodeando
por la ciudad. Con ellos ausentes, se siente como si todo por lo que pasé desde
la llegada de Chitoge a la ciudad sólo se hubiera tratado de un sueño; uno del
que me recién desperté hace unos días.”
Faltaban unas pocas cuadras para
llegar al colegio cuando Raku se empezó a cruzar con otros alumnos. Muchos de
ellos, desde lo lejos, le miraban con algo de lástima y murmuraban entre sí.
Raku, aunque parecía que iba demasiado distraído, alcanzaba a escuchar algunas
de sus frases:
“Mira, ahí va el hijo de la casa
Ichijou…” Podía oírse la voz de un muchacho.
“Se ve que aún está muy deprimido…”
Le contestó una chica.
“Pobrecito —se oyó la voz de un
tercer sujeto—, debe sentirse horrible que tu novia te vote por otro de la
noche a la mañana…”
“Baja la voz, que te puede oír…” Le
susurró la misma chica. Luego de eso, el resto de la conversación se volvió
inaudible para Raku.
Por lo visto las habladurías no iban
a parar durante un buen tiempo. No obstante, Raku al menos ya se sentía de
alguna manera acostumbrado a ellas, o al menos de eso trataba de convencerse.
En un principio su amigo Shuu había tratado de calmar los rumores dando a
conocer su propia versión de los hechos, pero todo fue en vano. Para la mayoría
de los metiches, Raku había sido catalogado como “el perdedor cuya novia lo dejó
plantado de manera humillante frente al resto de la clase.” ¿Pero qué podían
saber ellos? Bien sabido es que la realidad siempre, pero siempre es mucho más
compleja a como la suelen retratar los chismes.
—¡Raku-sama!
Desde la lejanía se escuchó la apacible
voz de Marika Tachibana, quien corría frenética a él. En esta recurrente escena
Raku siempre solía espantarse y se echaba unos pasos hacia atrás antes de
recibir de lleno la embestida de la enérgica chica. Pero esta vez, como en los anteriores
días, no se inmutó; se quedó ahí estático. Marika se aferró a él con todas sus
fuerzas y le dio los buenos días, cargada de entusiasmo y derrochando ternura sin
par; pero Raku permaneció sin hacer nada, con la misma expresión distraída y
melancólica. Como éste ya no le ponía ninguna resistencia, Marika ahora
prolongaba la duración de su abrazo cuanto quería, y hundía su cara en el pecho
de su amado.
—¡Raku-sama, me alegro tanto de verlo!
—Dijo.
Pero había algo que no andaba bien,
y ambos se percataban de ello. Aquellos abrazos duraban más de la cuenta, sin
que nada ocurriese, y eso les extrañaba. A Marika al punto de que luego de un
rato mirara hacia los lados, preguntándose el porqué nada ni nadie los había
interrumpido ya. “Ah, es cierto” pensaba y dejaba de preocuparse. Pero el
verdadero fastidio para ella era que Raku, su idolatrado Raku, ya no tenía más esa
reacción de vergüenza, tan cómica y adorable que tanto amaba de él. Una sensación
de inconformismo le invadía todos los días luego de que todos sus intentos por
hacer volver esa reacción fracasaban.
Que aquella engorrosa mujer ya no
estuviese ahí para pelearle y reclamarle, ¿en verdad esto era por lo que tanto
había esperado? En teoría sí, ya que por fin se había quitado de encima a una
de sus mayores molestias y al fin podía pasar todo el tiempo del mundo al lado
de su amado Raku. Pero, por alguna extraña razón, en la práctica, en la realidad
misma, la tan anhelada satisfacción y la gloria de la victoria no estaban
presentes —o, de estarlas, estas no sabían a cómo ella imaginaba—. Quizá se
debía a que en realidad aún no la había vencido, o lo que es peor: que
realmente nunca la venció. Ella no se lo arrebató por sus propios medios como
tanto había jurado que lo haría. Todo lo contrario, fue esa desdeñable mujer
quien siempre tuvo a Raku entre sus garras mientras quiso, y luego fue ella
quien lo votó como a un juguete del que ya se había cansado. Si bien ahora ya
no existía ningún obstáculo para que ese Raku fuese por completo suyo,
irónicamente ahora él era más ajeno y distante con ella que nunca.
Marika se cansó de abrazarlo y lo
soltó un poco desilusionada. Verla haciendo ese tipo de pucheros era como ver a
una niña pequeña que, tras haber conseguido que sus padres le compraran ese
juguete que tanto anhelaba, terminaba sin saber qué hacer con una vez se lo
dieron.
“Bueno, no todo ha vuelto a ser como
antes. Tachibana sigue aquí, y mi relación con Onodera, que tanto progresó desde
que entramos al instituto, sigue presente. Yui-nee también está conmigo. Nada
de eso ha cambiado. Pero, a pesar de tenerlas a todas ellas, sin Chitoge y
Tsugumi todo se siente tan diferente.”
Shuu, su mejor amigo, y Kosaki,
acompañada de Ruri y de su hermana menor Haru, llegaron y se incorporaron al
grupo. Le saludaron y, tras constatar con un poco de pena que Raku aún llevaba
consigo ese semblante serio y taciturno, se dispusieron a entrar al plantel.
Shuu por un momento pensó en jugarle una pequeña broma. ‘Mejor que se enfade por
una tontería sin importancia a que siga así’ supuso el chico de anteojos. No
obstante, tras meditarlo con más calma, llegó a la conclusión de que aún no era
el momento para hacer ese tipo de juegos. Después de todo, una herida, mientras
más grande es, más tiempo toma el sanar. Así que no tenía por qué preocuparse
—aún no.
La ceremonia de finalización del año
escolar dio inicio. Mientras el director daba un elocuente discurso de
motivación a todos los alumnos reunidos, Raku divagaba en sus propios pensamientos.
Un par de asientos vacíos que había en la fila posterior llamaron su atención.
¿Era una simple casualidad que éstos estuvieran solos? ¿O acaso quedaron desocupados
por la súbita ausencia de aquellas dos estudiantes que dejaron de asistir de un
día a otro? Desvió la vista hacia otro lado por un instante y, cuando la
devolvió, Chitoge y Tsugumi se hallaban ahí sentadas, platicando de cosas
frívolas y riendo. Arqueó las cejas exaltado y éstas desaparecieron en un abrir
y cerrar de ojos. Raku suspiró, frunció el seño y se giró hacia otra parte.
“Es curioso. Se supone que todo este
tiempo esperé a que llegara este día. Pero, si soy sincero, hubo un momento en
que ya no me detenía a pensar cuando sería. Ahora ya estoy viviendo lo que tanto
había anhelado, mucho antes de lo que creí que lo haría. Pero…
»Pero todo fue tan repentino. Demasiado
repentino diría yo. Ya no tengo por qué seguir fingiendo frente a los demás, ni
tengo que gastar más de mi tiempo y fuerzas en convencer a nadie. Ya no tengo
que preocuparme por las terribles consecuencias que tendríamos si éramos
descubiertos. Ni mi vida, ni la de ninguno de mis amigos y familia —por ahora— corren
peligro.”
Las horas pasaron cual si fueran
segundos. La ceremonia concluyó y los alumnos se dispusieron a volver a sus
hogares. Raku caminaba por los corredores de la escuela pero Shuu apareció de
la nada y se le pegó como mugre a la uña.
—A partir de hoy comienzan las
vacaciones de primavera —charló de manera espontanea, natural, con su viejo
amigo—. Un par de semanas más y por fin seremos alumnos de tercer grado. ¿No es
increíble cómo pasa rápido el tiempo? ¿Eh, Raku?
—Sí —respondió, tratando de seguir
el juego, de mostrar la misma actitud relajada y jovial de su viejo amigo—.
Demasiado rápido.
A unos cuantos metros de ellos, estaba
Ruri Miyamoto, siguiéndoles el paso en compañía de Kosaki.
—Y bien, Kosaki —le susurró Ruri—,
¿cuándo piensas hablar con él?
—P-pe-pe-pero Ruri… —Las mejillas de
Kosaki se tiñeron de rosa—, no creo que Ichijou-kun ahora esté de humor para…
—Si te esperas a que 'esté de humor'
—le advirtió—, se te irá la vida entera esperando. Es muy probable que en estos
momentos tú seas la única que puede hacer algo por él.
—¿Pero qué se supone que podría
hacer yo? —Kosaki se encogió de hombros.
Ruri arqueó una ceja. "No tiene
remedio" pensó. "Ninguno de los dos lo tiene."
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Aunque le había dicho a Shuu que se iría
directo a su casa, Raku, sin saber por qué, se encontraba caminando por las
calles rumbo a otra dirección. Pensar que había rechazado la compañía de su
amigo con semejante excusa. “¿Será que en realidad sólo quería estar solo?” Se
cuestionó. ¡Pero si estar solo era lo que más había estado haciendo estas
últimas semanas! Y, a todo esto, si no era hacia su hogar, ¿a dónde más se
dirigiría a estas horas? Ni él mismo sabía la respuesta. Caminaba cual autómata
por toda la ciudad, sin pensar en si tenía que llegar o no a un destino en
particular; le daba igual. Si algo había aprendido estos últimos días es que el
tiempo ahora le sobraba y mucho, podía perderse toda la tarde si así lo quería
que no pasaba nada. Todas esas horas libres con las que contaba y no hallaba
qué hacer con ellas. No, era peor que eso: le estorbaba todo ese tiempo libre, desearía
poder deshacerse de él. En otras circunstancias quizás invertiría sus horas de
ocio en compañía de todos sus amigos o ayudando en los quehaceres a los suyos,
pero últimamente había cogido el feo hábito de distanciarse, de rechazar toda
propuesta, como lo acababa de hacer con la de Shuu. Por mucho que había mil y
una actividades para pasar el rato, nunca se sentía con el ánimo para realizar
ninguna de ellas.
Cuando tomó consciencia del sitio en
el que estaba, un sentimiento de nostalgia invadió su corazón.
“Este lugar… Ahora lo recuerdo. Fue en
esta zona de la ciudad donde tuve mi primera cita.”
Raku miró hacia aquellos rincones
donde tanto sus muchachos como los gansters del Beehive se habían escondido a
espiarlos hace casi ya dos largos años. Aún en el presente, los mismos escondrijos
lucían casi idénticos a cómo los recordaba.
—El hombre es el que tiene que tomar la iniciativa, idiota.
Escuchar el recuerdo de aquella voz le
hizo un nudo en la garganta.
“¿Cómo fue que mi primera cita en la vida
terminó siendo con alguien que ni siquiera me gustaba? En ese entonces Chitoge
y yo no hacíamos otra cosa que pelearnos, todo lo que ella sabía hacer era
sacarme de quicio. No solo no nos podíamos poner de acuerdo en nada, sino que
no soportábamos en lo absoluto nuestra forma de ser, nuestros gustos ni
nuestras costumbres.”
Entró a un lujoso café y pidió un
asiento. No supo ni por qué lo hizo, pero ya no podía salirse así sin más. No
fue sino al cabo de unos segundos de haberle dado el primer sorbo a su taza de
café expreso, que lo recordó: hacía casi dos años, él ya había estado aquí. El
local, para su sorpresa, no había cambiado casi nada. Miró hacia el frente y se
topó con la Chitoge de aquel entonces.
—¿Qué porquería es esta? ¿Y cuesta 600 yen? ¡Patético!"
Sacudió la cabeza y miró de nuevo. El
asiento estaba solo.
Se bebió de un solo sorbo lo que
quedaba en la taza, pidió que le trajeran la cuenta y salió del establecimiento
tan rápido como pudo. Estaba asustado, lo suficiente como para no querer pensar
en lo que acababa de ver, y querer olvidarlo. Siguió con su camino y se dejó llevar
una vez más por sus pies hasta llegar a las puertas de un restaurante familiar.
Ni él mismo supo por qué entró, no se sentía hambriento ni nada. La mesera le
preguntó si iba a ordenar algo y él dudó entre hacerlo o simplemente pedir
disculpas y marcharse. Se decidió por el platillo más sencillo que había en el
menú, uno que creyó que no le costaría ningún esfuerzo comerse, y aún así no pudo ni acabarse la mitad.
Mientras jugaba con el resto de la comida, se preguntó cuándo había sido la
última vez que él había comido fuera de casa sin la compañía de nadie. No logró
recordarlo.
“Ahora
que lo pienso, la mayoría de las veces venía en compañía de…”
Esta, por tanto, tenía que ser la
primera vez que comía solo desde que había entrado al instituto. Frustrado, se
dio cuenta que una vez más había evocado su recuerdo. Raku miró hacia el
asiento de enfrente y la imagen de Chitoge, arrasando con toda la comida a su
paso, apareció por un breve instante. Así fue como se acordó que aquel
restaurante era nada menos que el mismo que ellos dos habían visitado el día de
su primera cita. ¿Coincidencia de nuevo?
“¿Pero qué demonios es lo que me pasa?”
Se enfadó consigo mismo, mas no
estaba de humor para reprocharse. Así que se apresuró a pedir la cuenta.
"¿En serio? ¿Tan poco?" pensó asombrado al ver la nota. El gasto le
parecía tan bajo, tan insignificante. Después de todo él estaba por demás
acostumbrado a desembolsar grandes cantidades de dinero cada que visitaba un sitio
para comer. ¿Pero por qué? La respuesta era demasiado obvia pero prefirió ya no
pensar más en ello. Abrió su cartera, ésta estaba rebosante de billetes. Tenía tanto
dinero que no sabía ni qué hacer con él. Antes se solía quejar de que muy
apenas le alcanzaba lo que llevaba consigo para los gastos del día a día, pero
ahora el dinero le sobraba por montones. Cualquiera pensaría que ello le
supondría un alivio, una razón de júbilo, pero era todo lo contrario. Para él,
el no saber qué hacer con todo ese efectivo le dejaba un mal sabor de boca, le
provocaba una extraña sensación de ansiedad, de desasosiego. ¿Pero por qué? De
nuevo evadió la respuesta. Ya no quería seguir dándole más vueltas. Tenía que
dejar de hacerlo o, tarde o temprano, temía por que su cordura colapsase. Salió
del local como un energúmeno y emprendió nuevamente su travesía a través del
distrito.
Mientras esperaba en la esquina el
pase del semáforo, levantó la mirada al cielo y vio el cartelón de un cine al
otro lado de la calle. No había una sola película en aquella lista que llamara
su atención, de eso estuvo seguro. Frunció el seño, se llevo la mano al rostro
y soltó un fastidiado suspiró. El semáforo al fin dio luz verde a los peatones.
Raku no se podía explicar cómo fue
que había terminado dentro de aquella sala, viendo esa película de la que nunca
antes había oído hablar y que estaba seguro que sólo escogió por tener que
escoger una de entre todas.
“¿Qué estoy haciendo? Esto es patético,
ni siquiera me estoy divirtiendo.”
—Hey, Bo-cchan, esta es tu oportunidad, ¡bésala!"
—¿Qué?
Por un momento creyó haber oído la
voz de uno de los hombres de su clan. Miró hacia su costado pero no había
nadie. La sala estaba casi vacía, con la excepción de un puñado de gente a
decenas de butacas de la suya. Pasaron otros minutos de calma hasta que otro
recuerdo volvió a acosarlo. Ahora, a su otro costado, aparecía de nuevo la Chitoge
de hace un par de años, dormida en la butaca con un descomunal bote de
palomitas vacío en su regazo. Babeaba tranquilamente, con un mohín de
satisfacción dibujado en su angelical rostro. Raku se talló los ojos. Miró otra
vez y constató, una vez más, que había sido solo su imaginación. Entonces lo recordó:
el cine dónde se había metido era el mismo cine de la cita de aquel entonces. Y
no sólo eso: él, todo este tiempo, se la había pasado visitando uno a uno los
mismos lugares de aquel día y en el mismo orden; no era ninguna casualidad.
Raku azotó el asiento, y huyó despavorido del cine. Desesperado, corrió por las
calles ante la estupefacta mirada de los peatones. Todo lo que quería ahora era
estar lo más lejos posible de aquella zona. Ya no aguantaba más, ya no quería
seguir pensando más en ella. Pero mientras más se resistía, más se daba el
efecto contrario, y más y más recuerdos lo embestían.
‘Idiota.’
‘Frijol de soya.’
‘Las cosas románticas, no me molestan...’
‘Cariño…’
‘Odio a los tipos débiles y quejumbrosos como tú.’
‘¿Alguna vez has escuchado de la frase 'Zawsze in love'?’
‘Si fuéramos novios de verdad, ¿crees que aún así nos seguiríamos
llevando mal y peleándonos a cada instante?’
‘¿Tú me odias, no es así?’
‘¿No crees que la historia de Romeo y Julieta nos pega bastante a
nosotros?’
‘¡Por supuesto que te odio!’
‘¿Por qué no me lo dijiste? Te hubiera
creído.’
‘Gracias, Raku.’
‘Te traje una manzana...’
Corrió hasta quedar completamente exhausto.
Le faltaba el aliento y no podía dejar de jadear. En parte, fue para él un
alivio, pues en tales condiciones de fatiga extrema pareciese que se había
liberado de su tormento. Aunque sólo fuera porque su cerebro ahora se
concentraba más en su fatiga física que ya no le daba ni tiempo de pensar, era
justo lo que necesitaba para descansar.
Hasta ese día, sin importar cuan deprimido
estuvo, él jamás había caído en tan deplorable estado mental. Entonces, ¿por
qué ahora? ¿Por qué tendría que afectarle tanto ahora si, para empezar, nunca
hubo nada entre ellos?
Raku caminó despacio hacia una banca
que se hallaba a unos pocos metros. El lugar estaba situado en una vereda, en
la colina más particular de toda la ciudad, desde dónde se podía ver la mayor
parte de la zona centro. Raku se sorprendió. Vio cuan lejos ahora se encontraba
del barrio en el que hasta hace poco andaba, que desde ahí podía mirarlo por
completo, tan diminuto en la distancia como un pequeño pedacito más del basto
paisaje. ¡Cuánto debió haber corrido!
“¿Qué demonios está pasando conmigo? Esto
no es normal. Ya son dos semanas desde que Chitoge se fue. Justo cuando
comenzaba a creer que por fin la había olvidado. ¿Por qué? ¡No lo entiendo!
Ella sólo fue una chica con la que estaba obligado a salir. Ella sólo fue…
Espera…, este banco, esta colina… ¡ahora lo recuerdo…!
A sabiendas de lo que le deparaba, tragó
saliva y se giró lentamente a mirar a su costado. Lo que tanto se temía pasó:
el espejismo de Chitoge estaba ahí de nuevo, junto a él. Hacía un tiempo ellos
dos se sentaron a contemplar el paisaje en esa misma banca, y ahora la memoria
de aquel día surgía frente a él:
—Hemos pasado por muchas cosas. Como tú golpeándome, o golpeándome
o volviendo a golpearme.
—Tú tenías la culpa.
—Quizá. Estaba más allá de mi control y no podía evitarlo. Pero
tú también odiabas la situación tanto como yo al principio, ¿a que no?
—Por supuesto, soy una adulta después de todo.
—Yo no puedo ver a ningún adulto desde aquí.
—¿Acaso no ves a la dama que está junto a ti?
—No.
—¡Voy a golpearte!
—¡Pero si no he hecho nada malo ahora!
Fue en ese momento que Raku por fin lo comprendió: Era inútil tratar de escapar de sus recuerdos. Pues eran
tantas las anécdotas, los momentos y experiencias, que vivió al lado de ella,
que no importaba en qué rincón de la ciudad buscase un escondite, siempre
habría una remembranza, una anécdota de algo que vivió al lado suyo, aguardando
ahí por él. Pues sus recuerdos se hallaban dispersos por toda la ciudad, como
el rocío nocturno sobre las hojas de un árbol.
—Chitoge… —Raku tapó sus ojos con
ambas manos. Por mucho que luchó para evitarlo, poco a poco fue cayendo en
llanto.
—Ichijou-kun…
Raku de inmediato reconoció aquella tímida
voz y levantó el rostro.
—O… ¿Onodera?
Ella se encontraba ahí, a unos
metros de la banca, mirándole con un gesto de aflicción y preocupación.
—¿Te encuentras bien, Ichijou-kun?
4 comentarios:
Se vio que no era Zaxia in love , sino Zawsze in love , no tienes ni el uno o segundo volumen de Nisekoi en español traducido por Ivrea (?) Se dio a conocer que no era Zaxia y fue un error de las fansub :/
Sorry, soy de México y he tenido que sobrevivir con fansubs ya que no he tenido la oportunidad de comprar los tomos para comparar las traducciones. Pero gracias por el dato. Lo corregiré aquí y cuando lo suba a FF.net
PD: pensé que comentarías sobre el cap en sí xd
Comentare con el final que le des , ya que me gusta ppr ahora el camino que estas cogiendo :)
PD:Puedes preguntar a alguien por foro o algo que te mande una foto del volumen 1 de Nisekoi y que sea de España :)
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