FANFICTION: Los hombres mueres, las leyendas no. (Death Note) capítulo especial 5-6

LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO.

CAPITULO ESPECIAL:

¿CITA?

Jamás. Ella nunca había pisado en toda su vida un parque de diversiones. Aún cuando ella se escapaba constantemente del orfanato donde vivía. El parque de diversiones más concurrido de Londres nunca había sido uno de sus destinos. Conocía a la perfección gran parte del área metropolitana. Ya que ella se ponía a explorar las calles de aquella gran ciudad frecuentemente. Ella no tenía que esperar a verse con su amigo para hacerlo. La mayor parte de las veces ella deambulaba sola y visitaba lugares diversos cada vez que conseguía escaparse del lugar donde vivía. Pero había algunos lugares que aún seguía sin ser capaz de pisar. Y aquel parque de diversiones era uno de ellos. No estaba segura si su amigo antes había visitado aquel sitio, pues nunca se dio la oportunidad de tocar el tema. Si ella no había visitado nunca ese parque, era porque no contaba con el dinero suficiente para hacerlo. Ella era muy afortunada sin llegaba a tener en su bolsillo dos o tres Euros. Pero esta vez, su amigo la había invitado a ese parque, y con esto su oportunidad de conocerlo había llegado. Todo lo que sabía acerca de cómo es un parque de diversiones y lo que se hace en él era lo que había visto en las películas, programas de TV y en las historietas y mangas. Tal vez era por todas estas razones que cada paso que daba hacia el parque la hacía sentirse más nerviosa. Pero ella, tenía que ir. Este día sería sin duda la última vez que vería a su amigo antes de marcharse lejos. Debía estar allí, y verlo. La ocasión pasada se quedó con ganas de decirle algo. Algo que sintió que debió decirle cuando supo que pronto se distanciarían, pero la vez pasada no pudo darse el tiempo necesario para ello. ¿Y si la última vez que ellos se vieron él estaba así por algún tonto estado de ánimo de su voluble carácter? Ya no importa. Él la estaba esperando allá y ya se le había hecho un poco tarde. Empezó a correr. Ya le quedaba muy poco para llegar. Ella tenía que llegar donde se encontraba. Tenía que preguntárselo. Tenía que decírselo antes de que sus caminos se separaran por sabrá dios cuanto tiempo. Finalmente ella llegó a la entrada del parque. El haber estado corriendo desde su hogar casi no la había cansado. Lo importante era que finalmente había llegado con tan solo veinte minutos de retraso y que ahora solo debía buscar a su amigo. Pero no fue necesario encontrarlo, porque él la encontró a ella.

Él estaba allí, tal como lo había prometido en su carta. Con la misma familiaridad de siempre se fue acercando donde se encontraba ella. Solo que esta vez la pelirroja sí se quedo algo extrañada cuando lo vio. El porte y la manera de vestir de su amigo esta vez era diferente a como ella estaba acostumbrada a verlo. Los tennises que traía puestos lucían limpios y sin maltratos. Aquellos pantalones de mezclilla azul fuerte, lucían como si fuesen… ¡nuevos! Su playera ajustada de color rojo con un extraño estampado que llamaba mucho la atención. En su muñeca izquierda llevaba puesto lo que a simple vista sería para muchos un enorme reloj digital. Ella nunca le había visto semejante aparato. Y una pequeña mochila de color negro, de un solo tirante que le colgaba un poco por debajo del cinturón en el costado derecho de su cuerpo. El peinado del rubio era también algo distinto. Básicamente era el mismo corte donde varios mechones que nacían del centro de su cabeza caían hacia su rostro, costados y nuca de una manera tan rebelde y a la vez ordenada. Solo que esta vez su cabello lucía húmedo. Y dichos mechones estaban más definidos. Todo indicaba que el ojimaple había utilizado fijador para el cabello en esta ocasión. Y además, había una sutil fragancia proveniente del cuerpo de aquel jovencito. Karen no se esperaba encontrar a su amigo tan distinto a como siempre solía verlo. Verlo arreglado de esa forma la había impresionado bastante, aunque en realidad no sabía porqué.

- Rayos. – Dijo el rubio un tanto irónicamente - ¡Como me gustaría que una sola vez ninguno de los dos llegara tarde a algún sitio!

- ¡¿Qué dijiste?!

- Olvídalo… - Max levantó las manos y las puso entre su amiga y su rostro en señal de: "tranquilízate" – Yo nomás decía… de hecho yo también acababa de llegar hace como unos cinco minutos.

- Bueno. Si lo que dices es cierto yo no te tuve esperando nada de tiempo como tú la ultima vez. – la pelirroja se cruzó de brazos mientras respondía con ese tono "para regañar" tan común en ella cuando estaba con su amigo.

- Hey… tampoco nos vallamos a esas. … … … - Max no pudo evitar fijarse en como se había venido vestida su amiga y se le quedó viendo un tanto extrañado – Oye Kitty…

- ¿Qué…?

- Pues… - el ojimaple vio con desilusión que su amiga se había venido vestida con el mismo atuendo que casi siempre utilizaba. Esos pantalones de mezclilla flojos y gastados. Esos tenis de gimnasia sucios. Y sobre todo, aquella enorme camisa blanca, arrugada y muy grande para que aquella jovencita la usase, que incluso le cubría las manos por completo debido a sus enormes mangas. No obstante, aquella sedosa cabellera escarlata y ese fino y delicado rostro hacían a querer o no que la niña se viera hermosa y muy femenina – Oye Kitty… ¿Cada cuando les compran ropa en el orfelinato?

- Pues, - contestó la jovencita – todos los años te dan ropa nueva junto con los obsequios de navidad. Solo que tú tienes que pedirla. ¿Por qué?

- ¡Ahh…! Y… ¿Qué fue lo que les pediste el año pasado?

- ¿Por qué me preguntas algo tan tonto…? – Refunfuñó la ojiazul - ¿No te gusta como me visto…? O es que… ¡QUIERES INSINUARME QUE PARA EL PROXIMO AÑO DEBERÍA DE PEDIRLES UNAS BRAGAS Y UN SOSTÉN, MALDITO PERVERTIDO!

- No… - movía nerviosamente la cara de un lado a otro al ver como el temperamento de su amiga que había malinterpretado las cosas se encendía – Bueno… sí, también sería bueno eso… pero a lo que yo me…

- ¡IDIOTAAA…! – la jovencita perdió los estribos antes de que Max pudiera explicarle y comenzó a corretearlo por toda la entrada para golpearlo. Las personas que se encontraban también en el acceso del parque volteaban llamados por el escándalo que la pareja de jóvenes provocaba. Y alguno que otro de los presentes hasta se reía al ver ese espectáculo.

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

- "Maldita Kitty…" – pensaba Max con un poco de resentimiento y frustración, mientras caminaba con los hombros bajos y un ojo morado al lado de su temperamental amiga – "De haber sabido que se iba a venir vestida como siempre, no me hubiera molestado en arreglarme tanto. Además, la muy tonta no se trajo ni un centavo y tuve que pagar treinta Euros para su entrada. Si tan solo se hubiera arreglado, hubiera podido presumir que venía con una chica linda."

- Y… ¿Qué vamos a hacer ahora, Max? – preguntó la pelirroja aún disgustada.

- No lo sé… ya se me quitaron los ánimos…

- Pero esta fue tu idea… se suponía que hoy sería nuestro día.

- … … mmm… ¡Ya se! – Exclamó al ver un puesto de comida – Vamos a comprar un aperitivo.

En compañía de su amiga, el catorce añero se acercó donde un puesto del parque y se compró un enorme plato de papas fritas bañadas en queso derretido y con chiles jalapeños en rodajas encima. Su amiga simplemente observó con asombro el tamaño del plato que había pedido.

- ¿Vas a comerte todo eso tú solo?

- Claro que no. TÚ me vas ayudar con una parte.

- Ay no… tú sabes que a mí no me gustan esas cosas. – refunfuñó la pelirroja.

- ¡Vamos! Pero si están deliciosas. – comentó el ojimaple mientras levantaba una papa saturada de queso y la acercaba meticulosamente a su boca, cuidando que no se le cayera ni una gota del aderezo.

- Yo no entiendo como te pueden gustar esas cosas tan grasosas…

- ¡Como no van a gustarme! – el jovencito continuaba comiendo las papas una a una mientras hablaba al mismo tiempo. Tal acto hacía que su amiga pusiera un gesto de desagrado – Las patatas fritas son tan… tan crujientes… ¡tan sabrosas!

- ¡Tan saladas y llenas de grasas trans!

- Grr… - Max frunció el ceño de enojo – Perdón, señorita saludable. Si no te gustan, entonces¡más para mí! – Contestó mientras continuaba comiendo una a una las papas – Busquemos entonces algo que te guste.

- P-pero… - la pelirroja ojiazul acercó su dedo índice a su cara y lo puso entre sus labios – a mí no me gusta comer esa clase de cosas.

- Vamos. Tiene que haber algo que te guste… Crunch, crunch… Mm… Ahora que lo pienso nunca te he visto comerte nada. – Afirmó mientras continuaba mordiendo las papas con queso entre palabras – ¿Qué clase de tentempiés te gustan? Crunch…

- Pues a decir verdad… hay un dulce que me fascina. Solo que en el orfanato casi no me dejan probarlo, más que en días especiales y en mi cumpleaños. Pero no creo que…

La atención de la ojiazul fue completamente absorbida por una pequeña fuente de sodas con mesas al aire libre que estaba a unos metros del camino por donde pasaban la pareja de genios. Sus ojos zafiro se abrieron de par en par para observar el cartelón de publicidad que había encima del local.

- Oye Max… - sujetó a su amigo del brazo para detener su paso - ¿Qué te parece si vamos allá¡Por favor…!

- ¿Mmm? – confuso volteó donde le indicaba su amiga - ¿Una fuente de sodas?

- Sí. ¡Rápido! – La pelirroja comenzó a arrastrar del brazo al rubio hacia dicho local del parque – Comamos algo allí.

La rapidez con la que Kitty arrastró a su amigo hacia la fuente de sodas fue tanta que un descuido del ojimaple provocó que este tirara al piso el plato de papas fritas que aún no terminaba de comerse.

- ¡ARRGG…! – Gritó alterado y con un borbotón de lágrimas en cada ojo - ¡Mira… mira que lo me hiciste hacer!

- Luego te compras más. ¡Rápido! – la pelirroja continuó llevando del brazo a Max hacia una mesita desocupada.

- M-mis papaass… - continuaba llorando el ojimaple mientras hacía una graciosa mueca de sufrimiento y seguía siendo arrastrado por su amiga. El pobre crío apenas alcanzaba a estirar el brazo en dirección de donde se había caído su botana favorita.

Finalmente, el rubio ya no trató de poner resistencia a las acarreadas de su amiga y fijó su atención en aquel letrero del local. El cuál era el que en un principio había llamado la atención de Kitty. En él decía: "Prueba nuestro delicioso Sundae extra grande en nuestros cinco diferentes sabores. ¡Ahora más grande y cremoso!"

- "Con que le gusta el helado…" - pensó Max, mientras tomaba asiento junto con Kitty – "Bueno… eso no es nada raro. Por mí esta bien si quiere una copa de mantecado."

La jovencita se mostraba bastante emocionada mientras esperaba a ser atendida, y no era para menos. El helado era su dulce favorito y ya llevaba más de medio año que no lo probaba. En el orfanato simplemente le tenían prohibido consumir esa clase de alimentos y hacerse de algunos y comerlos le resultaba muy difícil. Pero ahora ella estaba con su amigo, donde ningún profesor podría detenerla.

- Buenos días jóvenes. – una joven empleada del parque que hacía de mesera se acercó donde los pequeños genios para darles a cada uno el menú de la fuente de sodas – Espero lo estén pasando de maravilla en nuestro parque. Mi nombre es Dennise. ¿Puedo tomar su orden?

- Sí, gracias. – contestó el rubio mientras observaba con atención dicho menú, el cual le hizo llegar a una irrefutable conclusión: "¡Todo está demasiado caro!" – Y bien Kitty¿Qué vas a querer?

- ¡Quiero el súper Sundae extra grande de vainilla con ración extra de jarabe de chocolate, por favor! – exclamó la ojiazul sin ningún titubeo ni vacilo.

- ¡¿Q-Qu-Qu-Qu…?! – Comenzó a tartamudear el rubio al escuchar las palabras de Kitty - ¡¿QUÉ?! KITTY¡YA VISTE CUANTO CUESTA ESA COSA!

- Vamos… no está tan caro. – Comenzó a suplicar con la mirada – dijiste que me comprarías lo que yo quisiera… ¡Por favor…!

Ni la tierna mirada de niña a punto de llorar podía conmover a Sato más de lo que el precio de aquel tentempié lo intimidaba. El pobre rubio ya había tenido hace unos días un gasto muy fuerte donde la mayoría de los ahorros de su vida se habían esfumado. Y gastar todo lo que le había quedado en aquel parque no era una opción para él.

- ¡No pienses que vas a ganar algo mirándome con esos ojos! – reprochó con desesperación y casi tartamudeando – Si te digo que NO, es NO.

Un leve mohín de tristeza fue esbozado del delicado rostro de la pelirroja, el cual hubiera conmovido a la persona más dura. No obstante, Max estaba tan acostumbrado a su amiga que ya no le afectaba ninguna clase de chantajes sentimentales de su parte.

- Por favor…

- ¡NO!

- Por favor…

- ¡NO!

- Por favooor…

- ¡QUE NO…!

- No, no, no. – de repente la joven mesera interrumpió aquella secuencia de suplicas y negaciones que no parecía tener fin y se dirigió con una maliciosa sonrisa al ojimaple – En una cita, el caballero debe de invitarle a su acompañante todo lo que ella deseé. – afirmó dulcemente.

- ¡¿CITA…?! – Exclamaron al unísono Max y Kitty.

- Ji ji ji. A decir verdad el verlos me da un poco de envidia. – La joven mesera se dirigió con dulzura a la pelirroja, que se había desconcertado por la conclusión a la que la joven empleada había llegado al verlos – Yo tenía tu misma edad cuando mi novio me invitó a salir por primera vez. Lástima que últimamente hemos estado muy ocupados para salir decentemente.

- No señorita. Usted está malinterpretando las cosas… - trató vanamente Max de explicarle a la joven – Ella no es mi…

- ¿En serio…¡Que romántico! – Kitty comenzó a platicar con la mesera, mientras ambas comenzaban a ignorar al rubio – La verdad, esta también es mi primera cita. Aunque de haber sabido que se comportaría así conmigo, mejor hubiera aceptado la propuesta de Richard. Él sí sabe ser caballeroso con las niñas…

Ambas mujeres voltearon a ver en complicidad al joven rubio. Y las miradas de desprecio de las dos juntas, fueron más de lo que el pobre muchacho pudo soportar.

- De seguro es de aquellos chicos que creen que por lindos pueden tratar a las niñas como se les dé en gana. – dijo irónicamente la empleada del parque

- N-no… esto no es… - el pobre de Sato estaba tan intimidado por la mirada de desprecio de la joven, que no podía ni darse tiempo de desmentir la jugarreta de su amiga – E-stá bien… - bajó la cabeza derrotado y furioso por dentro consigo mismo – Señorita… tráiganos el súper Sundae de vainilla con jarabe de chocolate extra y una soda de raíz para mí…

La mesera tomó la orden del ojimaple y se retiró con una sonrisa de oreja a oreja, originada tal vez por su intervención en la pequeña aventura del par de jóvenes. Max trató de guardar los estribos el mayor tiempo posible en lo que la joven empleada se alejaba de la mesa, mientras que Kitty simplemente lo observaba con una sonrisa más maliciosa que tierna, mofándose por dentro de haberlo derrotado.

- Max, eres el mejor novio falso que una chica podría tener. – Le guiñó descaradamente con una dulce sonrisa – Je je…

- Maldita… - dijo el rubio entre dientes mientras apretaba fuertemente los puños contra la mesa y una espesa aura de energía gris se formaba alrededor de él - ¡¿ACASO TE CAUSA GRACIA QUE LOS DEMÁS PIENSEN DE NOSOTROS SEMEJANTE IDIOTEZ, QUE HASTA TE QUIERAS APROVECHAR DE LO MISMO?! – Finalmente explotó en un enorme berrinche hacia su cínica amiga, mientras la miraba con una mirada asesina, los ojos inyectados en sangre y gritaba con una enorme boca llena de dientes afilados. Dicho berrinche hizo que su amiga también se enfadará y le contestara de una manera muy parecida:

- ¿IDIOTEZ¡TANTO ASCO ASÍ TE DÁ QUE LA GENTE PIENSE ESAS COSAS DE NOSOTROS, IDIOTA!

- ¡ESE NO ES EL MALDITO PUNTO¿CÓMO TE ATREVES A CAER TAN BAJO SOLO POR UN ESTÚPIDO HELADO¡LUEGO DICES QUE YO SOY EL OBSESIONADO ADICTO AL POTASIO!

- ¡TU ERES EL QUE CAYÓ BAJO! TÚ Y YO SOMOS AMIGOS. ¿QUÉ TE CUESTA COMPLACERME ESTE INSIGNIFICANTE GUSTO¿NO HABÍAS DICHO QUE ME COMPRARÍAS LO QUE YO QUISIERA PARA COMER¡¿ACASO NO VALGO MÁS QUE ESO PARA TI, MALDITO TACAÑO?!

- ¡¿TACAÑO¿QUIÉN FUE EL QUE PAGÓ TU BOLETO DE ENTRADA ENTONCES¿TU PROFESOR DE ALGEBRA…?

- ¡FUISTE TÚ QUIEN ME INVITÓ A ESTE PARQUE!

- DIJE QUE NOS VERÍAMOS AQUÍ¡PERO NUNCA MENCIONÉ QUE TE TRAERÍA EN PLAN DE PARASITO¿O ES QUE ACASO NO PUEDES RAZONAR CUANTOS VÍVERES HUBIERA PODIDO COMPRAR MI MADRE CON ESE DINERO?

Después de eso, la pelirroja ya no le contestó a su furioso amigo. Su gesto de ira se suavizó tras escuchar aquellas palabras, y no era que ya no tuviera argumentos para debatirle a Max. Pero en cierta manera las últimas palabras de su amigo le habían hecho sentir un poco de arrepentimiento. Así que simplemente se quedó observando con rencor y desprecio a su compañero. Max también permaneció con el mismo gesto de cólera mientras trataba de tranquilizarse y así ya no seguir exponiéndose a llamar la atención de las demás personas. Finalmente la misma mesera de hace unos momentos regresó con las ordenes de los jóvenes.

- Aquí tienen. – Dijo mientras colocaba en la mesa las ordenes de ambos niños – Un Sundae de vainilla extra grande y una soda de raíz. ¿Mm…¿Les pasa algo?

- Estamos bien. Gracias – contestó el ojimaple con un fingido tono de naturalidad. Ante esto la joven mesera dejó las órdenes en la mesa y se alejó de los jóvenes.

Max permaneció aún enfadado con su amiga. No obstante trató de redirigir la situación y hacer como si nada hubiera ocurrido. Por lo que intentó vanamente de cambiar de tema.

- Diablos… - dio un sorbo a la enorme bebida suya con un gesto de apatía y resignación - … Oye… - miró a su amiga quien aún seguía con ese mohín triste y enojado – Y bien… ¿No vas a comerte tu helado…?

- Ya no lo quiero… - la pelirroja se dio la media vuelta y comenzó a levantarse de su asiento.

- ¡¿Qué¿Cómo que ya no lo…¡Kitty…!

La jovencita se había apresurado en levantarse de la mesa para alejarse del lugar. Para su infortunio, el ojimaple se había percatado de sus intenciones a tiempo y la detuvo sujetando la enorme y colgante manga izquierda de su camisa antes de que ella pudiera empezar a correr.

- ¡Suéltame! – exigió sin siquiera voltear a ver a su amigo a los ojos.

- ¿Qué te pasa?

- Eres un idiota… puedes quedarte con tu estúpido helado…

- ¿Qué¿Cómo puedes decir tal tontería después de que me obligaste a…? – los reclamos del rubio hubieran sido mayores de no ser que finalmente notó por el rostro de su amiga que él había sido demasiado cruel en las últimas palabras que le dijo, así que se contuvo y un poco arrepentido por sus impulsos, trató de disculparse – Kitty… espera… yo… yo no quería…

- ¡Cállate! Al menos ya se… que para ti solo soy un parásito. Pues entonces mejor me voy para ya no hacerte gastar inútilmente… - aquella niña realmente reflejaba tristeza en su rostro mientras trataba de zafarse de su amigo. Pero era inútil. Max jamás permitiría que ella se alejara de su lado.

- Kitty… - el rubio bajó la mirada y con un tono apenado pidió disculpas – perdóname… tú vales más que un simple helado. Solo me disgusté porque me hiciste comprártelo haciéndome quedar como un pelmazo. Sabes que esta quizás sea la última vez que nos veamos en mucho tiempo. Por favor… no te vallas. Lo lamento…

- Idiota… - la ojiazul miró aún enfadada y la vez muy triste, con los ojos húmedos, a su amigo – Dijiste que era muy caro… y que el dinero que estás gastando te hubiera servido para cosas más útiles y que hasta ahora he sido como un parásito. – volvió a darle la espalda.

- Kitty… - aún sujetando la manga de la camisa de su amiga, el rubio ojimaple comenzó a sincerarse con Kitty y hablando en un tono más arrepentido le dijo: - tienes razón… el boleto de entrada, ese helado, y muchas cosas de este parque de diversiones puede que estén muy caras… pero nada en este mundo puede costar lo mismo que la dicha que me da cuando estoy contigo… lo siento…

Finalmente la ojiazul volteó a ver a su amigo, y con una expresión como si estuviera conteniendo a todo pulmón el llanto se dirigió de nueva cuenta a él:

- Idiota… eres un baboso que solo sabe fastidiarme con tus gansadas – musitó mientras se limpiaba con una mano las lagrimillas de las pestañas que nunca alcanzaron a derramarse.

- Ya. No chilles. – Max al ver que su amiga ya se había tranquilizado, la soltó de la manga y le indico con dulzura que volviera a tomar asiento – Mejor comete tu helado de vainilla antes de que se derrita.

-Sí. – la pelirroja finalmente le regaló a su amigo una sobria sonrisa en señal de que había hecho las paces y tras tomar asiento junto con él, clavó sus ojos con especial atención en aquella enorme golosina. La cual era bastante grande y muy decorada y colmada de cosas dulces.

- Oye… - su amigo prestó especial atención en el tamaño del helado de su amiga – ¿realmente crees poder comerte tú sola todo ese helado? Parece que esta hecho como para unas dos o tres personas.

Max no estaba exagerando. Ese enorme plato de helado realmente estaba muy grande. Aún a un goloso como él le parecía absurdo que una pequeña y delgada niña como Karen se fuera a comer sola esa enorme golosina. Por unos instantes pensó que tal vez su amiga planeaba comerse aquel platillo con la ayuda de él. Pero pronto esta conjetura de Max fue desmentida cuando la joven pelirroja comenzó a devorar con rapidez y cucharada a cucharada el helado.

- ¡Kyaaa¡Está delicioso! – exclamó emocionada la ojiazul mientras se tomaba un pequeño descanso en su contienda de comerse poco a poco el enorme tentempié. Cualquiera que la viera no creería que hace unos instantes estaba a punto de llorar – Chomp, chomp… (Sonido de comer helado con voracidad) ¡Este es el helado más rico que he probado hasta ahora…!

- Valla. Realmente debe de gustarte. – afirmó el ojimaple mientras miraba con un poco de asombro a su amiga comerse su helado y le daba unos pequeños sorbitos a su soda – shruuuttt… (Sonido de beber por un sorbete) Como se nota que casi no te dejan comer de eso en el manicomio para genios donde vives…

- Chomp, chomp, chomp… pues a decir verdad – contestó Kitty más concentrada en comer que en platicar – chomp, chomp… No… solo en ocasiones especiales me dejan… chomp, chomp, chomp… y es muy poco lo que me dan. La verdad es que me tienen prohibido comer cosas dulces… chomp, chomp…

- ¿En serio…? Shruuuuuttt… ¿y por qué…? – preguntó extrañado y curioso.

- Pues… chomp, chomp… dicen que no asimilo bien el azúcar… chomp chomp chomp… y según ellos los dulces en exceso me vuelven hiperactiva… - para cuando había terminado de decir aquello, la jovencita de ojos zafiro ya llevaba ¡más de la mitad del platillo! – pero están exagerando… chomp, chomp…

Al escuchar estas palabras; el rubio de ojos maple obtuvo de repente un mal presentimiento e intuyó que tal vez el dejarla comerse sola tanta azúcar no iba a ser bueno. Por lo que trató inútilmente de detenerla.

- Kitty… - dijo con nerviosismo – ese helado está muy grande. Qué te parece si te ayudo con la mitad – acercó su mano donde la golosina para tomar una de las otras cucharas que había en el plato.

- Yo puedo sola… - pero una conocida mirada asesina de su amiga, de esas que casi siempre le avisaban que estaba a punto de ser golpeado por ella, lo detuvo.

- gulp… pero… - ya era demasiado tarde. La jovencita ya estaba por terminarse el enorme Sundae de vainilla y el ojimaple paralizado por la preocupación y el miedo de lo que podría pasar, solo alcanzó a presenciar como su amiga terminaba con los últimos bocados de lo que quedaba del mantecado.

- ¡Aaaahhh¡Estaba delicioso! – exclamó muy alegre y como si nada.

- K-kitty… - miró boquiabierto tanto a su amiga como al plato vacío – tú…

Era increíble. Ese postre era exageradamente grande y colmado y aquella pequeña niña que no medía ni 1.60 de estatura se lo había acabado sin ayuda de nadie y sin tener ninguna señal de aletargamiento o indigestión. Todo contrario a eso, parecía estar muy feliz.

- Muy bien¡vamos! – la joven se levantó muy animada y sin esperar a su amigo comenzó a retirarse del establecimiento.

- Espera¡Kitty…! – el pobre muchacho trató de alcanzar a su amiga, pero antes de que pudiera seguirla, una ya conocida voz reclamó su atención.

- Veo que ya terminaron – con una sonrisa fingida la joven mesera sujetó del hombro al ojimaple antes de que este pudiera echarse a correr para alcanzar a su compañera.

- ¿Eh¡Ah! – Rápidamente el rubio castaño buscó en su pantalón y sacó de su cartera cierta cantidad de dinero que con diligencia dio en mano a la joven empleada – Ten. Quédate con el cambio… ¡KITTYYY! – nuevamente Max emprendió marcha para alcanzar a su amiga quien ya le llevaba mucha ventaja y se le había perdido de vista.

- Ju ju ju… Que linda pareja hacen – sonrió la joven pelinegra mientras veía al joven rubio alejándose.

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

- "Maldición. ¿En donde se metió esa sinvergüenza?" – pensaba ofuscadamente mientras buscaba a su amiga entre la multitud del enorme parque - ¡KIIITYYY¡Dónde estáaas!

El parque de diversiones era muy grande y Max no tenía idea de donde se pudo haber metido Kitty. El solo hecho de que ella hubiera sido capaz de alejarse de la fuente de sodas y las palabras que ella le dijo acerca de que el azúcar en exceso la volvía hiperactiva tenía al rubio tan preocupado que este solo podía pensar en una cosa: "Debo encontrarla antes de que se meta en problemas."

- ¡KITTY¡KITTY…! – gritaba por todas partes sin recibir respuesta de su acompañante.

Así estuvo el pobre joven durante casi una hora. Buscando de allí para allá. Casi le dio la vuelta al parque entero. (Nota del autor: mmm… creo que exageré en esta parte. ¡Pero bueno! Se supone que este capitulo es más comedia que nada n nU) Ya cuando el jovencito se encontraba muy cansado de tanto buscar, fijó su atención en un aglomerado de gente que había en uno de los locales del parque. Pensando que había llegado a querer o no la hora de pedirle ayuda a la demás gente y preguntarles si no habían visto a su amiga, el rubio castaño se acercó donde la multitud para preguntar por ella. Pero cual fue su sorpresa que precisamente al acercarse al localcillo del parque, la razón de que tantas personas estaban reunidas en un mismo lugar había resultado ser Kitty, la persona que él había estado buscando.

Era un local donde se jugaba con unos rifles de diábolos al tiro al blanco. Max había podido hacerse paso entre toda la muchedumbre para ver con sus propios ojos el espectáculo que se había dado en ese sitio. En el centro del área para tirar, se encontraba una jovencita, sujetando con firmeza en cada mano un rifle de diábolos, a pesar de lo pesados que podrían ser para una niña mantenerlos levantados con una sola mano. Dicha niña estaba disparando con agresividad y gran puntería a los blancos más difíciles y lo estaba haciendo tan rápido que había llamado la atención de todas las personas que pasaban y la veían. La manera en que ella recargaba cada rifle agitándolo con una sola mano mientras disparaba con el otro era más que impactante. Max no pudo evitar poner una mueca de ira cuando la vio.

- ¡Kitty! – le gritó cuando finalmente pudo ponerse detrás de ella.

- Max, que bueno que llegaste. – contestó la pelirroja sin inmutarse ni dejar de disparar con los rifles.

- ¡No me salgas con idiote…!

- Señor¿podría recargar otra vez los rifles? – aún sin voltear hacia su amigo, la pelirroja entregó al encargado las seudo armas, y este las recogió. - ¿Qué decías Max? – finalmente volteó.

- ¿C-cu-cuántas recargas llevas ya…? – preguntó el ojimaple azorado al intuir que probablemente ya se había gastado mucho dinero en aquel juego.

- Mmm… creo que ya van como cinco veces que se me acaban las balas. – respondió Karen mientras el encargado le entregaba uno de los rifles que ya estaba recargado.

- ¡P-pero si has estado usando dos rifles¿Cómo piensas pagar todo esto si no traes ni un centavo?

- Pues estaba esperando a que tú llegaras. – Contestó mientras recibía el segundo rifle y de vuelta asumía su imponente posición de apuntar con dos armas a la vez – Por lo mismo no me atrevía a dejar de pedir más municiones hasta que tú llegases para pagar.

- KITTY… ¡Túuuu…! – el rubio ya no le permitió seguir jugando a la pelirroja y sujetó la punta de los rifles mientras le gruñía enfurecido y le arrojaba una siniestra mirada que pareciera que se la quisiera comer viva - ¿Cómo te atreves a…?

- ¡Suéltalos! – La chica sin prestar atención a las palabras de su amigo comenzó a forcejearle los rifles – Quiero seguir jugando… ¡No seas malo y pide los tuyos!

- ¡No! – juntando todas sus fuerzas el ojimaple consiguió arrebatarle ambos rifles a la jovencita – Ya jugaste bastante. Vámonos de aquí antes de que hagas más tonterías.

- Eres malo… - con una graciosa mueca de infantil rencor la ojiazul se cruzó de brazos y volteó el rostro a otra parte – lo que pasa es que no quieres jugar contra mí porque sabes que yo te aplastaría en este juego…

- ¿Qué…¡Ya deja de decir estupideces y larguémonos de aquí!

- Ves… - miró a su amigo con una mirada burlona y retadora – tienes miedo de que una niñita te humille en frente de todos…

Haría falta ser un inmaduro, temperamental e infantil para caer en semejante desafío tonto. Y valla que Sato lo era. Un complejo muy marcado de él era que siempre se la pasaba compitiendo en todo con su amiga: debates, videojuegos, deportes, etc.… a él no le importaba en lo absoluto demostrarle a la gente nada. Pero cuando se trataba de Kitty, él simplemente no permitía que ella se vanagloriara de que él le había tenido miedo. El rubio castaño miró la cantidad de personas que los estaban observando, y pensó: "Le daré una lección en frente de todos para que se le quite lo arrogante y así se le quite lo hiperactiva. Ku ku ku… esto será divertido…"

- … - el rubio le dio uno de los rifles de diábolos a su amiga quedándose con el otro – Vamos a ver si eres tan buena como bocona. El primero en darle al blanco principal (un interruptor en el centro del área de blancos que activa una serie de luces y pistolas de agua que mojan a alguien del área de tirar al azar) gana. Pero antes de poder apuntarle se deberá derribar 20 blancos simples. Tú tiraras a los de la izquierda y yo a los del otro lado.

- Pero los rifles solo tienen 20 municiones.

- Entonces que sean 19 blancos simples. Así que para poder tirarle al blanco principal no deberemos fallar en ningún tiro y solo tendremos una oportunidad para darle antes que el otro lo haga.

La pelirroja sonrió al escuchar las condiciones del duelo, pues le pareció bastante divertido.

- Bien. – la ojiazul empuñó con firmeza el arma y apuntó hacia la zona de blancos, esperando el inicio del reto. Su amigo hizo igual. Ambos se concentraron al máximo.

- A la cuenta de tres – dijo con determinación el ojimaple – UNO… DOS…

El cúmulo de gente no estaba muy seguro de lo que iba a ocurrir. Sin embargo había varios de ellos que escucharon a la perfección el reto entre ambos jóvenes y se dispusieron a espectar con emoción el desafío.

- ¡TRES!

Apenas se escuchó la señal y ambos jóvenes comenzaron a disparar y derribar uno a uno los figurines de plástico de la zona de blancos. La velocidad con la que tiraban y recargaban los diábolos era increíble. Se notaba que ninguno tenía planeado perder contra el otro. La cantidad de blancos dados estaba muy pareja al principio. Pero poco a poco el rubio comenzó a tomarle la delantera a su pelirroja amiga. Esto debido a que su fuerza física le permitía recargar el rifle un poco más rápido que ella. La jovencita comenzó a desesperarse y trató de disparar lo más rápido posible para alcanzarlo y dispararle antes que él. A Max ya solo le faltaba derribar 5 blancos más para poder tirarle al interruptor central, y sentía que la victoria ya era suya. Pero justo en ese momento un leve descuido suyo ocasiona que él falle en uno de sus disparos.

- "¡Maldición!" – Pensó furioso el ojimaple – "Ahora ya no me alcanzaran los diábolos. ¡No podré tirarle al último blanco!"

La ojiazul, quien aparte de estar tirando a sus blancos estaba al tanto de su rival, se dio cuenta, y con una siniestra sonrisa de victoria se mofó de su amigo.

- Je… - Kitty tras haberle sonreído irónicamente a Max, se dispuso a tirar y recargar con más calma, pues creía que con esto su amigo ya no podría ganarle y ella solo tenía que terminar de derribar los blancos.

- ¡No creas que me has vencido, hija de Ariel! – gritó con enfado.

- ¡¿Hija de Ariel?!

- ¡SÍ! – con gran fuerza y coraje el ojimaple recargó una vez más su rifle y con gran determinación apuntó fieramente hacia un par de figurillas que se habían quedado solas en un rincón alejado de la zona de blancos. Mirando detenidamente los blancos, Max se tomó su tiempo y se concentró al máximo antes de tirar – "No voy a fallar… yo jamás me rendiré ante nadie"

- "¿Qué tienes pensado hacer…?" – Kitty se detuvo por un instante para presenciar el acto de su amigo – "¡No será que…!"

Finalmente el disparo del joven se dejó lanzar hacia ese rincón. El diábolo fue directo hacia uno de los figurines que estaban allí. Solo que en lugar de chocar directamente con él y derribarlo, le impactó por el extremo izquierdo, haciendo que este en lugar de caer comenzara a girar sobre su eje y a acercarse donde el otro figurín. Terminó estrellándose con el figurín que tenía a lado y ambos comenzaron a tambalearse. Karen miró anonadada la maniobra de su amigo y ambos se paralizaron al esperar el desenlace de las dos figurillas. Finalmente, ambos figurines cayeron y una fugaz sonrisa de victoria pasó por el rostro del rubio de ojos maple.

- ¡Sí! Ahora solo me faltan tres más.

- La pelirroja comprendió que su amigo aún tenía oportunidad de ganarle y se dispuso a terminar de derribar los figurines que le faltaban con gran velocidad. Max también se apresuró a terminar con los blancos que le quedaban para tirar al principal y último. La velocidad y puntería con la que ambos disparaban era impactante. Finalmente ambos acabaron casi al mismo tiempo con sus 19 blancos y ya estaban listos para tirar su último diábolo. Ambos recargaron con gran fuerza su rifle y apuntaron hacia el interruptor. No había tiempo para preparar el tiro. Ambos dispararon con rapidez tratando de que su bala se impactara antes que la del rival. Los disparos habían sido tan sincronizados y precisos, que ambos diábolos se impactaron en el interruptor uno detrás del otro. La velocidad y tamaño de los balines no permitieron ver de quien era el que se había impactado primero, pues la diferencia de tiempos fue de apenas unas décimas de segundo. (Nota del Autor: Si quieren saber de quien fue el diábolo que se impactó primero en el interruptor, es decir, quien había ganado el duelo, pueden preguntármelo en un mensaje privado o rew y yo con gusto se los diré) El dispositivo se había activado y un montón de luces y alarmas ruidosas se encendieron mientras unas pequeñas fuentes que disparan chorros de agua comenzaron a moverse de un lado a otro para disparar al azar a un rincón del local. Que sorpresa fue que todas las pistolas de agua terminaron apuntando a un mismo sitio y soltaron sus chorros hacía allá. La descarga de agua le tocó desafortunadamente al lugar donde estaba parada la pelirroja.

- ¡Kyaaaa! – la pobre quedó totalmente empapada mientras su amigo solo observaba divertido la tragedia de su acompañante.

- ¡Ja ja ja ja ja…!

- ¡Buaaaa! – comenzó a llorar la pobre niña, mientras su amigo al darse cuenta, pagó rápidamente la cuenta, tomó por los hombros a su amiga y se la llevó lejos de la multitud de personas que habían visto aquel tonto desenlace.

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Pobre jovencita. A pesar de que se habían alejado de aquel local para descansar en un lugar más despejado y tranquilo del parque, ella continuaba llorando. Estaba muy empapada y su amigo no encontraba la manera de consolarla.

- ¡Buuuuu…! – lloraba mientras trataba de secarse las lagrimitas con las manos.

- Ya, Kitty. No es para tanto. – Mientras tanto, Max trataba de consolarla sujetándola de los hombros – Ya no chilles.

- … … - inmediatamente después de estas palabras, la ojiazul volteó a ver a los ojos a su amigo y sin darle ningún aviso le conectó un violento manotazo que le dejó en el rostro la marca de su mano y lo derribó al piso - ¡CALLATE¡Todo esto fue por tu culpa!

- ¡Eso no es cierto! – Contestó el jovencito aún en el piso – TÚ fuiste quien se puso a jugar en un principio. ¿Sabes cuanto tuve que pagarle al encargado por todos los diábolos que pediste?

- ¡Fue por tu estúpido desafió que quedé toda mojada…!

- P-pero… - le apuntó sorprendido y alterado con el dedo - ¡fuiste tú quien me retó…!

- … - nuevamente la ojiazul volvió a estallar en llanto cual si fuera una bebé - ¡Buaaaaa…¡Buuuuu…!

El rubio se levantó más furioso que conmovido y sin acercarse de vuelta a su amiga exclamó.

- ¡Con un demonio¡Ya deja de llorar…¡No creas que me conmueven en lo absoluto tus estúpidas lágrimas…!

- ¿No…? – preguntó aún cabizbaja y secándose un ojo con la parte de la manga de su camisa que le colgaba de la mano.

- ¡NO!

La jovencita permaneció en silencio por unos instantes mientras terminaba de secarse las lagrimitas del rostro y tras hacerle un gracioso puchero a su amigo, le dijo:

- Que malo eres… en vez de consolarme te pones en plan de victima…

Max se quedó estupefacto y con una gota de sudor atravesando su nuca.

- Bueno, ya qué… - dijo Karen y se dio la media vuelta y comenzó a avanzar lejos de su amigo para después empezar a trotar – Vamos a subirnos a las atracciones mecánicas. Creo que te puedes subir gratis una vez a cada una con tu pase de entrada.

- ¡NOOOO! – con unos reflejos de rayo el rubio alcanzó a su amiga y la sujetó del brazo para detenerla.

- ¿Qué te pasa…?

- Kitty – nervioso y con una medio sonrisa Max trató de convencerla – ¿Q-qué te parece si mejor nos estamos aquí en lo que se te seca la ropa y después vamos?

- No podemos perder el tiempo. Ya se me irá secando conforme andamos.

- ¡No! Insisto…

Por fuera, Max trataba de sonreír y parecer razonable y sensato para convencer a su Kitty de que se esperara unos momentos más. Pero por dentro, el pobre adolescente estaba que se moría de los nervios.

- "Con un demonio." – Pensó mientras continuaba deteniendo a su amiga – "Tal parece que el azúcar además de volverla loca también la vuelve más tonta… ¡No se ha dado cuenta que desde que se mojó se le está viendo todo! Pero… si se lo digo, se va a dar cuenta que la he estado observando y me va a matar a golpes. Pero tampoco puedo dejar que alguien más la vea. Fue por eso que me la llevé lejos de ese lugar… ¿Qué hago? Si le pido que cambiemos de camisa también se dará cuenta… ¡Arggh…¡Tienes que mirarla a los ojos o se dará cuenta¡A los ojos!"

- Ya… ¡Suéltame! – ordenó la pelirroja mientras trataba de soltarse de su amigo.

- Kitty… descansemos antes de ir a los juegos mecánicos. ¡Por favor! – le sonrió delatadoramente, mientras sus ojos aún se debatían que parte del cuerpo de su amiga observar.

- Está bien… tú ganas. – Contestó la ojiazul – vamos a sentarnos un rato…

Max suspiró por dentro de alivio. Sin dejar de sujetar la mano de Kitty la encaminó donde una banca y la hizo tomar asiento junto con él.

- Ji ji. Espero no enfermarme o si no me meteré en problemas.- musitó jovialmente Karen mientras colocaba sus manos debajo de su nuca – ¿Mm? A propósito Max¿Qué hora es…?

- ¿Eh…? – el ojimaple estaba distraído observando con discreción si la camisa de su amiga ya se había secado lo suficiente (Nota del autor: Sí… ajá, por eso y nada más – sarcasmo- ¬¬) pero la pregunta de su amiga lo devolvió a la tierra – Déjame ver. – Dejó de sujetar a su amiga por unos instantes y acercó su brazo izquierdo para observar un aparato negro, que es más grande que un reloj de pulso y que traía atado a su muñeca – Son las…

Karen aprovechó el descuido de su amigo y con una rapidez envidiable, se levantó del banco y se echó a la fuga en lo que Max embobado miraba su "NaNoToP". Max no tardó en darse cuenta de la treta, pero su amiga era muy veloz y ya le había ganado varios metros de ventaja.

- ¡KITTY! – Gritó mientras corría para alcanzarla - ¡Espérame…!

La jovencita que aún estaba bajo los efectos del azúcar corría alegremente a donde las atracciones mecánicas. Aún no se había dado cuenta que las prendas que traía puesta se trasparentaban por lo mojadas que estaban, y Max trataba de alcanzarla como loco para evitar que otros la vieran así. Un grupo de adolescentes iban caminando para desgracia de la ingenua niña por donde esta pasaba corriendo, y Max al darse cuenta aceleró el paso para alcanzarla.

- ¡KIIITTYYY! – justo cuando la ojiazul se había cruzado en el camino del grupo de muchachos, Sato logró alcanzarla y la envolvió con un fuerte y desinhibido abrazo para evitar que fuera vista por los otros chicos.

- ¿Pero qué estas haciendo? – pregunta desconcertada por dicho acto.

- Kitty… - respondió el ojimaple entre jadeos de agotamiento – No vuelvas a hacerme eso nunca… Quiero que te quedes a mi lado. ¿Me oíste? A MI LADO…

- Max… – aún más desconcertada, la jovencita comenzó a sonrojarse por el comportamiento del rubio - ¿Qué me estas queriendo decir…?

- Oye amigo – uno de los muchachos del grupito que había quedado a un lado de ellos observándolos los interrumpió – Tu novia es muy linda. ¡Te felicito!

- ¡Lo mismo digo! – Otro muchacho del grupito levantó su mano al frente y mostró la señal del dedo gordo hacia arriba – No sabes cuanta envidia me das…

Después de eso, todos los del grupo se echaron a reír. Max, con una vena saltada en la frente y los dientes apretados y filosos, volteó sin dejar de abrazar a su amiga y con una mirada y tonalidad de voz siniestra les ordenó:

- LÁRGUENSE…

Todos al ver la mirada del ojimaple se paralizaron de la impresión y algunos hasta se les pusieron la cara azul del susto. Guardaron inmediatamente silencio y con discreción dejaron de mirar a los jóvenes y continuaron avanzando. Kitty aún estaba confundida por el comportamiento de su amigo y el comentario de aquellos tipos hizo que le diera más pena que su amigo la estuviera abrazando de ese modo tan íntimo. Pero Max solo lo hacía para que esta no fuera vista. Por lo mismo no podía dejar de abrazarla, ya que todavía había mucha gente pasando por aquel camino del parque de atracciones.

- Suéltame Max. – Dijo incomodada y apenada – Que parecemos un par de idiotas.

- No. Si te suelto vas a tratar de huir de mí otra vez.

- ¡Que me sueeeltes…! – Karen trató de zafarse de su amigo por la fuerza, pero él la había sujetado tan firmemente que solo conseguía forzarse a si misma – "Maldita sea… no recuerdo que Max tuviera esa fuerza. ¿Acaso ha estado haciendo ejercicio?" – pensó.

- Kitty, por favor, no vuelvas a intentar escaparte. Lo que sea que quieras hacer vamos a hacerlo juntos. ¿OK?

Kitty al escuchar a su amigo, dejó de forcejearse y resignada se dejó seguir abrazando por él. La gente que pasaba por donde ellos, se les quedaban viendo con algo de ternura, pues pensaban que ellos dos hacían una pareja muy linda. La blusita y la camisa empapadas de Karen se habían impregnado a causa de la humedad con su fémina figura, y delineaban a la perfección las curvas de su joven cuerpo. A su vez, esa humedad hacía que el contacto entre ambos cuerpos se sintiera aún más. La tierna mujercita al dejar de intentar zafarse pudo sentir como su pequeño busto era ligeramente aplastado por el pecho de su amigo. Fue entonces cuando se dio cuenta y comprendió lo que estaba pasando.

- M-max… mi ropa está demasiado mojada… ¿No me digas que… se me ve todo?

- Sí… - contestó apenado – por eso no quería que te fueras todavía hasta que se secara tu ropa…
- Ya veo… - contestó también avergonzada – y yo que no me había dado cuenta… que tonta soy…

Ambos permanecieron unos instantes en silencio, aún abrazados, tan apenados que no se atrevían a mirarse a los ojos.

- "Ahora que lo pienso" – meditó el ojimaple – "esta es la primera vez que la abrazo así. Ya me está dando un poco de pena… además, con la ropa tan mojada parece que es su piel la que me está rozando."

- "Que vergüenza…" – también pensó la ojiazul – "Eso significa que él… si no fuera por que me está tapando ¡lo golpearía por imbécil! Pero… es curioso que… a pesar de que esto es muy penoso… yo no me siento nerviosa ni nada. Al contrario, de alguna manera este idiota me hace sentir tranquila… ¿Por qué…?"

El corazón de ambos palpitaba más fuerte de lo normal.

- Max… - preguntó la ojiazul - ¿Qué vamos a hacer entonces?

- Tranquila. Solo tenemos que ir a un lugar donde puedas cambiarte.

- Pero¿Cómo…? Si me sueltas se me va a ver todo… y sería muy raro que camináramos así…

- Tengo una idea. – con mucho cuidado, el rubio castaño bajó su brazo izquierdo y levantó las piernas de su amiga para elevarla del piso.

- ¿Qué estas haciendo? – preguntó alterada.

- No te muevas o se te verá todo. – Contestó con firmeza – agárrate de mi cuello y recárgate en mi pecho para que nadie te vea.

La jovencita entendió las intenciones de su amigo y esta se dejó cargar por él. El rubio cargó y llevó a su amiga de vuelta al lugar donde se encontraban anteriormente, para que esta ya no estuviera expuesta a la vista de la demás gente. Ya ahí, el joven de cabello dorado soltó con cuidado a su amiga, y está, ya consiente de su situación, se tapó meticulosamente el pecho con sus brazos.

- Gracias… - musitó la pelirroja - ¡Ah! Y una cosa más… - una vez más, la jovencita le conectó un descomunal manotazo a su amigo que le dejó la huella de su mano en la mejilla - ¡Eso es por andar de fisgón…!

El pobre muchacho solo alcanzó a gritar de dolor mientras pensaba: "Lo sabía". No conforme con eso, Kitty lanzó a su amigo al piso y se le acercó amenazadoramente con el puño por delante para golpearlo. El rubio castaño apenas alcanzó a cerrar los ojos parar esperar el impacto. Para sorpresa de él, su amiga únicamente le dio un golpecito con el dedo en su nariz. Max abrió desconcertado los ojos y confirmó que Kitty ya no le iba a hacer más.

- Si esto no hubiera sido también por mi culpa te golpearía más fuerte. – renegó y después se alejó de Max – Pero eso es lo de menos. No solo mi camisa sino también mi blusa están mojadas, por lo que no puedo quitarme la camisa y ponerla a secar.

El rubio se levantó y tras meditar por un breve instante la situación, sugirió:

- Ya sé. Ponte mi playera. Yo mientras me pondré tu camisa. No hay problema si yo la uso.

- Buena idea. Pero… ¿Dónde se supone que me voy a cambiar…? No podemos ir hasta los baños mientras yo esté así.

- Mmm… - pensó el ojimaple con la mano en la barbilla – Pues ni modo. Tendrás que cambiarte aquí mismo.

- ¡¿Qué?! – gritó enfurecida.

- No. ¡No me malentiendas! – Contestó con las manos por delante del rostro por si Kitty le arrojaba un golpe – Ponte de espaldas contra esa pared y mientras te quitas tu camisa yo te arrojaré mi playera y cuidaré que nadie se acerque y te vea.

A Karen no le parecía agradable lo que su amigo le estaba diciendo que hiciera, pero sabía que a final de cuentas era el mejor método y que podía confiar en él. Así que después de asentir disgustada se acercó a la pared y dándole la espalda al ojimaple se empezó a desabrochar su enorme camisa. Mientras tanto Max miró a todos lados y tras percatarse que no había alguien lo suficientemente cerca para ver lo que pasaba, se colocó a manera de escudo visual para su amiga y comenzó a quitarse su playera roja.

- Más te vale que no trates de mirar nada… - dijo Kitty con un tono serio.

- Para qué… si ya no hay nada más por ver allí. – contestó sarcásticamente y provocando la furia de su amiga.

Max arrojó dicha prenda para que su amiga, quien ya se había quedado solo con su pequeña y delgada blusa de tirantes que mojada era casi transparente, la tomara y se la pusiera. Max, que se había quedado con el torso descubierto, esperó a que Kitty terminara de ponerse su playera y le arrojara su camisa para ponérsela. Kitty finalmente terminó de ponerse la prenda de su amigo y recogió la suya que había dejado en el piso para arrojársela a Max. Finalmente Max recogió la aún mojada camisa y tras ponérsela se colocó de nuevo su mochila.

- Valla… - dijo el ojimaple mientras se recogía las mangas de la camisa – esta cosa es muy grande hasta para mí…

- No exageres. Esa camisa la he tenido desde hace muchos años y vale mucho para mí. Así que más te vale que no la maltrates.

- Pero si ya está muy maltratada… ¿La tienes desde hace cuanto…? Espera¿de dónde sacaste tú esto? Es una camisa para caballero y ni siquiera es de tu talla.

- Eso ya no te importa – refunfuñó algo ofendida – vámonos que aún nos falta mucho por hacer.
La jovencita nuevamente empezó a correr mientras buscaba de entre todos los juegos mecánicos a cual subirse primero. Su acompañante apenas pudo seguirle el paso para cuidar que ya no se metiera en más problemas.

- "Así que tiene un valor sentimental para ella." – pensaba el ojimaple mientras iba tras de su amiga – "Con razón casi siempre lleva puesto este trapo viejo. Ahora lo entiendo. De seguro le perteneció a un amigo suyo que ya no está en el orfanato y esa camisa es como una especie de recuerdo, o algo así… ¡Naa! Que importa…"

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

- ¡Max, vamos a subirnos ahora al látigo de la muerte! – exclamó con entusiasmo la jovencita de ojos zafiro que llevaba arrastrando a su amigo del brazo de un lado a otro.

- Kitty¿no quieres tomar un descanso? – pidió algo cansado el ojimaple.

- ¡No!

La pareja de genios ya llevaban más de 10 atracciones mecánicas y no habían parado ni un instante. Sato que no había comido nada decente desde la mañana y se empezaba a sentir débil por el hambre, se preguntaba hasta cuando se le pasaría a su amiga los efectos del azúcar. Y es que la situación era muy fastidiosa. Sin parar ni un segundo Max y Kitty continuaron subiéndose a más y más juegos mecánicos: dos diferentes montañas rusas, un martillo volador que giraba 360 grados sobre si mismo, unas tazas giratorias extremas, un cohete gravitacional y un súper paseo en un tren bala que recorre todo el enorme parque en tan solo 12 minutos mientras sientes el aire impactarse a gran velocidad en tu rostro. No fue sino hasta después de eso que Sato perdió los estribos y lleno de coraje tomó a su amiga del brazo con firmeza y le dijo:

- ¡BASTA! Kitty, ya jugamos bastante y quiero…

- Estoy cansada… - afirmó la ojiazul a su amigo con un gesto de fatiga y sueño.

- ¿Eh…?

- Vamos a descansar a otro lado. – dijo y después se tocó la cabeza algo aturdida de la fatiga.

- Sí…

Ambos caminaron y salieron de la zona de juegos mecánicos para ir a descansar en una zona llena de áreas verdes y árboles del parque de diversiones. Como ese lugar estaba muy alejado de los juegos mecánicos y casi no había gente descansando en ese sitio, el silencio del lugar lo hacía lo bastante tranquilo para reposar. A pesar de que estaba prohibido, se metieron dentro de las áreas verdes y se ocultaron detrás de un enorme árbol para no ser vistos por la gente que pasaba por esos rumbos. Karen que estaba muy cansada se recostó en el pasto apoyando su cabeza en aquel álamo. Max mientras tanto, se dispuso a comer la decena de hot dogs que se había comprado camino hacía allá.

- Max, – agotada, la jovencita se dirigió a su amigo – me siento muy cansada. Hace ya como una hora que debí de haber tomado mi siesta de la tarde, hemos estado de un lado a otro… y la verdad es que últimamente no he dormido como acostumbro…

- Chomp, chomp (sonido de Max comiendo como loco)… ¿Ah, no…¿Poh qué…?

- No te importa…

- Ehtáh nehvioja poj lo del viaje¿no? Chomp chomp…

- … … - Kitty permaneció en silencio y cerró los ojos antes de contestarle al rubio ojimaple – No solo es eso… Como sea… me siento muy cansada. Tendré que dormirme unos minutos aquí.

- Guiulp… (Sonido de pasarse un enorme bocado mal masticado)¿Qué? – Max dejó de deglutir por unos momentos – Pero Kitty… ¿Qué tal si mejor te llevo de vuelta al orfanato?

- No hay tiempo. Estoy cansada y no puedo dar un paso más. Como sabes, mi metabolismo me obliga a dormir más que la demás gente, y por venir aquí contigo me levanté y escapé temprano de allá. Ya no aguanto el sueño…

- Pero no te puedes quedar dormida así nada más en este lugar. – Exclamó preocupado - ¿Qué pasaría si alguien…?

- Por eso tú te vas a quedar aquí a cuidarme… - bostezó y se acomodó en el pasto – Lo siento, pero en verdad ya no aguanto. Si no, jamás me atrevería a quedarme dormida aquí.

El ojimaple miró a su amiga y finalmente accedió:

- Está bien, duérmete. Yo te cuidaré… - se sentó a un lado de su amiga y continuó comiéndose sus hot dogs.

Karen realmente se encontraba muy cansada, y tan solo se necesitaron un par de minutos y la tranquilidad del lugar para que esta se quedara profundamente dormida. El ojimaple permaneció sentado al lado suyo, comiéndose con prisa insaciable los hot dogs y vigilando que nadie se metiera a los jardines donde se encontraban. Menos mal que allí no había cámaras de vigilancia, o ya tendrían a un guardia ordenándoles que se salieran de ese sitio. El ojimaple finalmente terminó con los diez hot dogs y con esto, sació su voraz apetito que lo llevaba hostigando desde hace buen tiempo. A pesar de que estaba muy cansado por las vueltas y corridas que le hizo tener su amiga, el ambiente tranquilo y silencioso de aquel lugar le pareció un poco aburrido, así que sacó unos pequeños audífonos de su mochila y los conectó a su NaNoToP que llevaba en su muñeca izquierda. Abrió la carpeta de música y se puso a escuchar una canción de las que llevaba almacenadas en la memoria de su lujoso aparato. El adolescente se ensimismó con la melodía de la rola y después de unos minutos de solo escuchar música, decidió también ponerse a jugar un videojuego que le había descargado a su aparato del Internet. Mientras que a un lado suyo, yacía la hermosa jovencita de cabello escarlata, descansando sin ningún remordimiento ni preocupación. Así pasó una hora. Max continuó tan metido en su juego, que parecía nada en el exterior podría distraerlo. Sin embargo, la tierna y suave voz de su amiga, entonada con suavidad debido a que ella continuaba dormida, le llamó la atención.

- Max… - la jovencita susurró dormida.

- ¿Mmm…? – el ojimaple algo sorprendido pausó su juego, giró a su izquierda y miró hacia abajo, donde el rostro angelical de su amiga reposaba con su enorme cabellera esparcida en el pasto – Acaso… ¿Acaso estará soñando conmigo…?

- Cómo eres inmaduro…

Un gesto de desilusión y una gota de sudor se pintaron en el rostro y nuca del rubio.

- "No puedo creerlo." – Meditó – "Hasta en sus sueños me ve como una especie de tonto infantil. Esta niña no tiene remedio… primero me hizo gastar mucho dinero en aquel helado y en aquel juego del tiro al blanco, después me trae de un lado a otro en las atracciones mecánicas del parque, y ahora la muy desvergonzada se pone a dormir en este sitio muy tranquila y sin importarle yo en lo absoluto. A veces creo que ella me trata a su antojo como si yo fuera su juguete o algo así. Aunque… ahora que la veo bien, se ve bastante linda cuando duerme. Claro, eso porque solo así ella no intenta fastidiarme ni pegarme. Verla dormir así me da un poco de envidia. Yo también quisiera tener por unos instantes esa tranquilidad que refleja. Por mucho que trato de vivir despreocupado y a mi modo, nunca consigo estar a gusto. ¿Por qué será…?"
El joven de cabellos dorados continuó observando a la pequeña genio. Prestó especial atención en su propia playera que ella aún ella llevaba puesta y después miró la enorme camisa que él traía y que era de su amiga, y recordó con disgusto la situación tan incomoda por la que habían pasado hace un par de horas.

- "Yo no sé como se le ocurre venirse vestida así y no ponerse un sostén en un lugar tan concurrido como este. Se supone que es una superdotada, pero lo único que sabe hacer es meternos en problemas. Me pregunto si lo hará a propósito… No, no lo creo… Menos mal que ya se le pasó el efecto del azúcar. Je… a decir verdad… se ve bastante linda cuando está dormida. Eso es obvio. Pues dormida se le pinta esa expresión de paz que se le pinta a la gente dormida. Y al menos así ella no puede gritarme ni nada por el estilo."

El rubio sonrió por su comentario irónico y continuó vigilando el sueño de su amiga de cabello sangre. Con un poco de malicia volvió a recordar el incidente de cuando ella se mojó en el local de tiro al blanco y miró de nueva cuenta por debajo de su cuello, como si aún pudiera visualizar aquellos pechitos que casi lo hacían volverse loco.

"Valla… nos conocimos cuando éramos unos niños, y aunque yo sigo igual de flaco, tú si que has crecido, gatita (Kitty)… Me pregunto… si ella ya… - rió levemente mientras aquel pensamiento cruzó su mente - ¿Pero qué estoy diciendo? Por supuesto que ya. Hay chicas que desde los doce años… entonces, la pregunta sería cuando exactamente empezó a… ¡Arghh…¿Pero en que estupideces estoy pensando? – el ojimaple volteó hacia otro lado mientras cerraba fuertemente los ojos y se estiraba los cabellos como auto castigo a su vileza, mientras movía su cara de un lado para otro con frenesí. Ya pasándole el sentimiento de culpa, el muchacho volteó de nuevo a su amiga con precaución, como si aún temiera que esta se despertara en cualquier momento y lo golpeara por estarla mirando "de esa manera".

- … … "Creo… que sería interesante ver como se pone en unos tres o cuatro años más… Sí… creo… que al ritmo como ella se va desarrollando, para entonces Kitty…"

El joven continuó divagando entre sus mil y un pensamientos. Los recuerdos de aquel inesperado beso que recibió de su amiga hace unas semanas pasaron por su cabeza y poco a poco el mirar el rostro de Kitty, tan lindo e inocente, lo hicieron perder la razón del tiempo y quedarse observando con ternura a la desprotegida joven por mucho tiempo. Justo cuando inconscientemente el rubio castaño comenzó a acercar su cara al rostro de su amiga, mientras recordaba una y otra vez aquel momento en que se habían besado, Kitty comenzó a abrir sus ojos enzafirados con lentitud. Su gesto de tranquilidad y sueño fue cortado tajantemente cuando lo primero que vio fue el rostro de su amigo, transfigurado por la expresión que había adquirido a través de sus pensamientos.

- ¡¿Pero que estás haciéndome…?! – gritó mientras erizaba todo su cuerpo asustada.

Max apenas alcanzó a convulsionarse del tremendo susto y con un gran salto hacia atrás se alejó de la ojiazul y calló al piso a unos pasos lejos de ella.

- N-no e-esta-ba haciendo n-nada malo… ¡L-lo juro!

- No te creo… - la jovencita que ya se había incorporado por completo se acercó donde su amigo, mientras se tronaba los nudillos con las dos manos y su cuerpo empezaba a irradiar un aura roja y brillante, mientras que su siniestra mirada permanecía oculta tras de la sombra de su flequillo – Max… tú… ¡y yo que confié en ti…!

- K-kitty… esto tiene una explicación bastante prudente que si me dejas explicarte… Kitty… - ya no había tiempo para dar ninguna excusa. El ojimaple tuvo que pararse y comenzar a correr por su vida.

- ¡NO HUYAS MALDITO! – comenzó la persecución que los llevó a salirse de aquellas áreas verdes y pasar por otras zonas donde estaba prohibido que las personas pasaran por allí.

- ¡Kitty¡No es lo que tú piensas! – Gritó desesperado – Tranquilízate y deja que te…

- CALLATE ¡maldito cínico¡Deja que te ponga las manos encima!

Así continuaron corriendo por un largo trayecto del inmenso parque. Corrieron por donde estaban los locales de comida y restaurantes. Pasaron por algunos sitios donde se estaban llevando a cabo conciertos y desfiles promocionales del lugar. Por la zona donde había restaurantes y cafeterías y tiendas de regalos y recuerdos. Recorrieron y vieron más lugares del parque en aquella tonta persecución que todo lo que estuvieron recorriendo anteriormente.

- ¿Qué demonios sucede contigo? – Preguntó el ojimaple exasperado y jadeante – Dijiste que estabas cansada… y vete aquí, corriendo como loca.

- ¡Cállate! – Contestó Karen en las mismas condiciones que su amigo - ¡Te mereces una golpiza por lo que me estabas haciendo…!

- ¡ESPERA! – con todo el aliento que le quedaba, Max se detuvo y frenó en seco a su amiga, que más por la autoridad de la orden del rubio, también se detuvo por el cansancio de la larga persecución – Acaso… (Jadeando entre cada palabra) tienes… ¿Acaso tienes pruebas… de que yo te puse… un ínfimo dedo encima mientras estabas dormida…?

- ¿Qué más… (También jadeando) pruebas quieres…¡Es más que obvio… que tú me estabas haciendo… cosas perversas…!

- ¡No… es cierto…! – Ambos jóvenes se tocaban el pecho por el dolor de la agitación – Yo solo estaba… mirándote mientras dormías… ¿Acaso es un delito eso…?

- De seguro… ibas a hacerme algo perverso… solo que yo me desperté a tiempo…

- ¡No…!

- Claro que sí… cada día me queda más claro que tú eres un depravado y sientes una enfermiza atracción banal hacia mí…

- ¿¡Pero de donde sacas esas conjeturas tan idiotas!? – preguntó a gritos, completamente recuperado de la falta de aliento.

- ¿De dónde? – respondió con ira y apuntándole con la mano – ¡Que me dices de aquella tarde en el parque en la que me chantajeaste para que yo te diera un beso en la boca! Eso prueba que tú solo buscas la oportunidad para aprovecharte de mí.

- ¡Con un demonio, Kitty¡No digas tonterías! Te pedí eso porque pensé que jamás te atreverías a hacerlo y así dejarías a un lado ese estúpido juego de la apuesta y el castigo. ¡Tú fuiste la atrevida que fue capaz de hacerlo a pesar de lo tonto que era!

La pelirroja calló por unos segundos antes de contestarle a su caprichoso amigo.

- O sea… ¿O sea que tú… me obligaste a besarte solo porque no querías decirme algo tan tonto como tu verdadero nombre…?

- ¡No! Yo no te obligué. ¡TÚ fuiste quien aceptó! A lo que me refiero es que tú también tuviste la culpa. Yo no te obligué a que me dieras ese estúpido beso. Y yo jamás te haría algo que tú no quisieras. Si esa vez me besaste fue porque tú quisiste, y si no¡yo jamás te hubiera obligado a hacerlo!

La pelirroja se ruborizó y disgustó al compás de las palabras de su amigo.

- Eres bastante infantil, sabes.

- ¿Infantil…?

- Sí, infantil. Tú no querías darme tu nombre porque dármelo significaría ceder ante algo que yo he querido de ti desde hace mucho, por eso llegaste a los extremos de pedirme algo tan tonto como eso. Y si yo te di ese beso, no fue porque tuviera tantas ganas de saber tu nombre, ni mucho menos pienses que me gustó hacer tal cosa. Lo hice para que no te salieras con la tuya y porque yo soy alguien que siempre cumple sus promesas.

- Entonces tú también eres infantil. ¡Le diste tu primer beso a un completo imbécil solo porque no querías perder ante él!

La jovencita esbozó una expresión de disgusto y berrinche. Tal parece que la manera de expresarse de su amigo la hizo sentirse mal por dentro.

- Idiota… - bajó la mirada, y su rostro quedó fuera de la vista de su amigo de cabello oro – aún si fue por algo tan infantil como aquello… yo jamás le hubiera dado mi primer beso a cualquier imbécil…

- ¿…? – el ojimaple se quedó perplejo, mientras que la pelirroja sin dejar de tener la cara mirando hacia abajo se dio lentamente la media vuelta y comenzó a retirarse de él.

- K-kitty… - tartamudeó - ¿A dónde vas…? Es-perame…

La jovencita permaneció en silencio y continuó avanzando a paso lento. Su amigo finalmente dejó de estar inerte y avanzó hasta ponerse a un lado de ella, y la pelirroja al sentirlo, movió su rostro que aún miraba hacia el piso de manera que su amigo continuara sin ver su carita.

- Kitty – preguntó algo preocupado - ¿Qué te sucede…?

- Nada que un baboso como tú pueda entender…

- Kitty… - el ojimaple tomó la mano de su amiga para detener su paso, y esta sin dejar de mirar al suelo detuvo su andar – Tú y yo hemos sido amigos desde hace ya casi cinco años… El hecho de que yo me hubiera atrevido a pedirte tal cosa… debo decir al igual que tú… que aunque lo hice solo para no perder ante ti… tal vez no lo hice solo por eso…

- ¿Qué estas tratando de decir? – preguntó sin voltear a verlo a los ojos.

- Lo que trato de decirte… es que… - el ojimaple de cabello dorado titubeó por unos momentos antes de continuar su respuesta hacia su amiga – Aunque desde esa vez he hecho como si eso nunca hubiera pasado… Yo no me he podido quitar aquello de la mente… me ha estado dando vueltas una y otra vez en mi cabeza y eso… me hace sentir muy confundido… ya no sé que pensar…

- Yo también… - murmuro con un tierno tono de timidez – No sabía que tú…

- Lo siento… no volveré a decir más tonterías al respecto de aquel día. Eso ya pasó y ya no importa…

- Fui yo quien tocó el tema… soy yo quien debería pedir perdón…

- Je… cierto. Pero igual lo siento.

El silencio nuevamente prevaleció por unos segundos, mientras que el jovencito, ya menos preocupado, soltó la mano de su amiga y esperó pacientemente respuesta de esta.

- Bueno, - finalmente el rubio habló para animar a la ojiazul – Creo que aún nos queda tiempo para hacer otras cosas. Así que…

- Max… - la pelirroja le interrumpió a su amigo y finalmente volteó para mostrarle su rostro que estaba a punto de caer en llanto - ¿Estás consiente… de que esta quizá sea la ultima vez que nos veremos en mucho tiempo…?

La pregunta y la expresión de su amiga sorprendieron un poco al ojimaple, pero este inmediatamente guardó la calma y le regaló una tierna sonrisa a su compañera.

- Claro que estoy consiente. Solo que decidí no pensar en eso en ningún momento mientras estuviera contigo en este parque.

- ¿Por qué?

- Porque… si me hubiera puesto a pensar en eso a cada rato, me hubiera deprimido y entonces no me hubiera podido divertir como me divertí hoy contigo. Además, yo estoy cien por ciento seguro de que esta separación no será por mucho tiempo.

- Pero… ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso…? – La mirada de la niña se volvió aún más triste – Una vez allá, ellos podrán disponer de mí a su antojo y yo no seré capaz de hacer nada porque estaré sola. Además, yo sigo sin confiar ese tal "L". Tengo un mal presentimiento de todo esto… que tal… ¿Qué tal si nunca me dejan volver a Inglaterra y me quedo a vivir en el orfanato de allá? Pasaría entonces mucho tiempo para que tú y yo…

- Shitt, no digas más. – el joven se acercó para consolar a su amiga y acarició suavemente con su mano la cabecita cuyo rostro trataba de contener el llanto a más no aguantar – A decir verdad… a decir verdad yo tampoco quiero que te vallas. Pero al final de cuentas… yo no soy quien para impedirlo. ¿Qué tal si realmente lo están haciendo por tu bien…? - poco a poco, la mirada del ojimaple se fue oscureciendo por la tristeza – Hasta donde sé, yo solo he sabido ser una mala influencia para ti. Tú tienes un gran potencial, y deberías empezar a sacarle provecho…

- Tú… tú me dijiste que la mejor manera de sacarle provecho a tu potencial es el vivir feliz, hacer felices a las personas a quienes quieres y estar siempre con ellas. Yo… yo… yo no quiero irme… - una vez más, la pequeña genio estalló en un conmovedor llanto. Su amigo se acercó y la abrazó suavemente. Esto, hizo que su amiga se desinhibiera aún más, y derramara por completo todo su llanto en el hombro de su amigo, que la miraba con tristeza.

- Yo tampoco… pero todo lo que podemos hacer es esperar. Ya… ya no llores… vas a hacer… vas a hacer que yo también… - los ojos del ojimaple también empezaron a humedecerse, pero él sentía que debía mantenerse fuerte para no dejar que ella cayera en lágrimas. La jovencita lloraba y lloraba, y Max solo la abrazaba mientras trataba de consolarla.

- Ya no llores… Tú y yo seguiremos en contacto¿lo recuerdas…?

- S-sí… - murmuró – pero no será lo mismo. Sniff. ¿Y que tal si al final de cuentas no me puedo conectar a la cuenta de Messenger que me diste…?

- Lo harás. Estoy seguro. Y te prometo una cosa. Si en algún determinado momento llegaras a descubrir que te jugaron sucio y no te van a dejar volver como te lo prometieron… te juro… que yo mismo encontraré la manera de traerte de vuelta.

- Jum… - sonrió levemente – no digas Maxterías (combinación de Max y tonterías).

- hablo en serio… Si esos miserables se atreven a mantenerte lejos de mí para siempre… yo sería hasta capaz de asesinarlos…

- ¿Ah, sí? – Kitty, que por los comentarios ocurrentes de su amigo había dejado de llorar, le contestó burlonamente - ¿Y cómo se supone que harás tal cosa? Tonto…

- No lo sé… eso es lo de menos. Ya encontraría el método para hacerlo. Pero… si tan solo hubiera algún modo para matar a las personas con el que solo necesitaras la intención de matarlas para hacerlo, ten por seguro que ellos serían los primeros de mi lista.

La jovencita rió jocosamente por las tonteras de Max y se separó de él para caminar unos pasos y después voltear a decirle:

- No digas eso ni de broma. Si existiera un método para matar a la gente como tú lo describes y alguien como tú llegara a dominarlo¡ten por seguro que ese sería el fin de la raza humana!

- Muy graciosa. – respondió con enfado.

- Je, pero ahora que lo pienso, hace mucho tiempo se dijo que Kira podía matar con solo saber el rostro de la victima.

- Kira… - se disgustó – ese maldito asesino… Oye, se podría decir que Kira tuvo ese poder de que yo imagino, y el mundo no se acabó porque él lo tuvo. ¿Por qué dices que si alguien como yo se adueñara de aquel poder el mundo se acabaría?

- Pues… ¡Porque tú estas más loco que él! – le sacó burlescamente la lengua a su amigo.

- Grrr… - musitó molesto y con el ceño fruncido.

De pronto, una alarma del aparato que Max llevaba en su muñeca comenzó a sonar. El ojimaple acercó su mano para ver la pantalla de su NaNoToP y confirmar que un mensaje privado le había llegado.

- Valla, es de Zero…

- Max. – dijo la pelirroja, que hasta ese momento no se había fijado bien en el aparato que su amigo llevaba puesto en su muñeca. - ¿Qué eso no es una NaNoToP?

- ¿Eh? Sí… - contestó mientras leía el mensaje que había recibido. En él decía: "Max, ya esparcí tu carta cadena infectada con tu virus a todas partes del mundo. Ahora solo tenemos que esperar. Ja, ja…"

- ¿Cuándo te la compraste…? – preguntó Kitty.

- Je. Hace unos días… Para hacerlo tuve que utilizar los ahorros de toda mi vida. ¡Pero valió la pena!

- Déjame verlo… - la jovencita sujetó la muñeca del rubio y le desabrochó el aparato de la pulsera de su muñeca para verlo con más atención.

- ¡Oye! Devuélvemelo… - se asustó el ojimaple.

- Espera. Quiero verlo. – La chica se alejó unos pasos para evitar que Max le arrebatara su NaNoToP de las manos.

- Veo que ya le descargaste muchas cosas… - la jovencita iba a seguir fisgoneando en la computadora de bolsillo de su amigo, solo que mientras lo hacía, miró en la barra de herramientas la hora que era. Y dicha hora la hizo recordar algo y estremecerse de la impresión.

- ¡No puede ser…! – Exclamó con fuerza – Max… ¿Ya son las seis de la tarde…?

- Sí… - dijo con firmeza el ojimaple, quien aprovechó el aturdimiento de la pelirroja para arrebatarle el costoso artículo de sus manos.

- ¡Esto está mal¡Aarón va a matarme!

- ¿Aarón? – preguntó confundido.

- Sí… - exclamó nerviosa y un tantito histérica – le dije a Aarón que me ayudara a escaparme y me cubriera… de seguro el pobre…

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
Mientras tanto, en Wammy's House…
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

- Karen. – una joven profesora tocaba a la puerta de la habitación de la joven genio – Karen. Has estado encerrada en tu alcoba todo el día. ¿Acaso te ocurrió algo?

- No, estoy bien. – una aguda voz que provenía de la habitación de la pequeña genio contestó a las interrogantes de la maestra – Solo que últimamente no he dormido bien, y por eso tengo mucho sueño. Si no es mucha molestia, me gustaría que me dejaran seguir durmiendo un poco más.

- Pero Karen, ya llevas así todo el día y ni siquiera has desayunado. ¿Por qué no te levantas por unos instantes y bajas a comer algo? Luego puedes seguir durmiendo si quieres. No es bueno que te mal pases.

- "¡Pero que humillación!" – Pensó el crío de cabello negro, que se encontraba dentro del dormitorio de la joven – "De haber sabido que esa sinvergüenza no regresaría hasta que se le fuera a dar la gana, no hubiera aceptado apoyarle de tal manera…"

- Sí quieren - el pelinegro de enormes gafas continuó imitando la voz de su compañera ausente – pueden traerme algo de comer a mi habitación si no es mucha molestia. Pero realmente tengo mucho sueño todavía y quiero dormir un par de horas más.

- Karen, tu voz no se escucha bien. – La maestra lejos de tranquilizarse se fue preocupando más - ¿Te sientes mal¿Pescaste un resfriado o algo por el estilo?

- No… estoy bien. Solo estoy cansada. Eso es todo…

- Está bien. Entonces les diré que te preparen algo y en seguida vuelvo para traértelo. – finalmente la profesora se alejó de la puerta de aquella habitación y caminó con rumbo a los comensales del orfanato.

Aarón, tras abrir con discreción la puerta y asomarse para percatarse de que la maestra ya se había alejado, dio un ligero suspiro de alivio, y cerró de nueva cuenta la puerta de dicha habitación con el seguro para que nadie pudiera abrirla por fuera. Se acercó al balcón y se percató que nadie estuviera por los jardines de abajo. Viendo que nadie estaba allí, bajó meticulosamente a través del gran roble continuo al balcón de la habitación de Karen.

- "Karen. Voy a hacer que me pagues por esto…" – meditó mientras corría hacía la entrada frontal de la mansión – "Se suponía que solo debía de cubrirte por unas horas, pero ya te tomaste demasiado tiempo."

Aarón, que aún se sentía en deuda Karen, estaba ayudándole a que nadie en el orfanato se diera cuanta de su ausencia. Como era muy común que Karen se levantara hasta muy tarde, lo único que tenía que hacer era hacerse pasar por ella cada que alguien se acercara a su alcoba, y decirles que ella quería dormir más tiempo, luego salirse por la ventana de atrás y regresar donde el orfanato para vigilar a los profesores mientras fingía que solo estaba estudiando. Si veía que uno de ellos se volvía a extrañar de que Karen Aún no se levantaba, él se daba cuenta y se escabullía de vuelta a aquel dormitorio, entraba por la ventana de atrás, imitaba la voz de su amiga diciendo estar bien y pidiendo un poco más de tiempo en cama, y una vez que los maestros se retiraban, él dejaba una vez más la habitación bajo llave y salía de ella por la ventana para volver a vigilar por fuera a los adultos. Ese plan hubiera sido perfecto si la pelirroja solo hubiera estado ausente unas dos o tres horas. Pero ya eran pasadas de las seis en punto y todos los profesores estaban preocupados y temían que algo grave le ocurría a su alumna más especial.

- "No podré seguir engañándolos por mucho tiempo… Karen, tienes que regresar lo más pronto posible, o nuestros profesores van a darse cuenta de tu ausencia y nos meteremos en graves contrariedades. Ahora que les dije que me trajeran algo de comer para que no se extrañaran más, deberé abrirles la puerta por unos momentos para que me dejen el plato. Voy a tenerme que envolver en las sabanas y fingir estar dormido y que soy tú. Pero sinceramente va a ser muy difícil que no se den cuenta. Voy a tener que distraerlos siendo yo mismo para ganar más tiempo… Karen… Vas a pagar por esta humillación…"

El pelinegro continuó corriendo. Nunca antes había tenido tanta presión por tanto tiempo en su joven vida, e incluso ya hasta comenzaba a arrepentirse de haber aceptado ayudar a la ojiazul de cabello rojo a reunirse por última vez con su amigo antes de irse a USA.

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
De regreso en "MagicLand"…
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

- Hoy me divertí mucho… - dijo con ternura la bella pelirroja a su amigo – es una lástima que ya debamos irnos.

- Pobre de tu amigo… - contestó irónicamente – el pobre debe de estar que le llueven sapos y lombrices…

- Lo sé… es por eso que ya me tengo que ir…

- Kitty. Hoy fue un gran día¿no crees?

- Sí…

Ambos jóvenes, cansados de tanto andar de un lado a otro, caminaban por el enorme lugar camino a la salida del parque. La camisa de Kitty, que ya se había secado por completo mientras era usada por el ojimaple, fue devuelta a su original dueña en una escapada a los baños del parque de atracciones. Ahora ellos debían volver a sus hogares, pues ya habían pasado casi todo el día afuera y sin que nadie supiera en donde estaban.

Fue justo cuando se encontraron fuera de la entrada del parque, cuando la pelirroja recordó que ella debía decirle algo a su amigo, y que con tantas distracciones se le había olvidado preguntarle:

- Max… espera un momento.

- ¿…? – volteó hacia ella extrañado.

- había algo que quería preguntarte desde la ultima vez que nos vimos en el parque… pero como tenías tanta prisa y te fuiste…

- ¿De qué se trata…?

- Max… volviendo a aquel día de la apuesta… - la jovencita no podía mirar a los ojos al rubio – Dijiste que me pediste "eso" solo porque creíste que yo no me atrevería a hacerlo…

- Ya te dije que sí. Fue por eso esencia, pero últimamente me he estado preguntando y…

- Dime entonces… - la jovencita se llenó de todo el valor que pudo antes de hacer la gran pregunta, y su voz más partida que llena de fuerza, alcanzó levemente a musitar:

- ¿Qué fue lo que sentiste en ese momento…?

El ojimaple de cabello rubio no se esperó tal clase de pregunta. Fue por eso que de la impresión quedó semi perplejo y contestó:

- ¿A-a qué te refieres con eso…?

- ¿Te dio asco…? – La ojiazul tenía su mirada oculta tras la sombra de su cabello mientras preguntaba con más decisión - ¿Sentiste nauseas de que yo hiciera tal cosa…¿O qué fue lo que sentiste¡Responde!

El ojimaple recordó una vez más ese día. El color de su rostro aumentó levemente mientras cerraba los ojos y pintaba en su boca una sonrisa un tanto maliciosa.

- ¡Respóndeme de una vez! – Gritó la niña con su cara envuelta de color sangre y un gesto enfadado - ¡No me hagas quedar en ridículo y dímelo!

- Kitty… - algo apenado, Max contestó finalmente – Te equivocas… Puedo asegurarte que ni asco ni nauseas ni nada por el estilo sentí… Aunque al principio estuve muy confundido por que tú y yo somos amigos, y eso no me dejó saber que sentí con exactitud ese momento. Pero después yo…

- Entonces… ¿Qué sentiste…? Porque yo en ese momento sentí que…

- Realmente ese fue tu primer beso¿no? – le interrumpió su amigo mientras se acercaba un par de pasos a ella.

- ¿Todavía lo dudas, idiota?

- Perdóname… por mi culpa te tocó que fuera con un bueno para nada como yo. Entiendo que estés molesta conmigo por habértelo echado a perder.

- ¡Cállate! – la jovencita se dio la media vuelta y se dio a la fuga, corriendo con una velocidad envidiable. Max reaccionó rápidamente y trató de alcanzarla, pero un descuido lo hizo tropezar y caer al piso. Su amiga continuó corriendo y a los lejos, gritó con sus últimas fuerzas de valor:

- Yo tampoco sabía porqué me atreví a hacer tal tontería… pero después entendí que la razón porque lo hice… ¡FUE PORQUE SIMPLEMENTE QUISE HACERLO!

La pelirroja continuó corriendo sin mirar atrás. Max únicamente contempló tirado en el piso, como su amiga de la infancia se iba alejando más de él hasta perderse de vista entre las lejanas calles. Escuchó a la perfección las últimas palabras que gritó su amiga. Oírlas lo dejó impactado. Se levantó y permaneció inerte, mirando donde su amiga había corrido para escaparse. Resignado, se dio la media vuelta y caminó por su propio rumbo. Pensando en las palabras que Kitty le dijo.

- "Kitty… yo también… pero no está bien… Tú y yo somos buenos amigos. Y no está bien que nos queramos de ese modo. Bueno, eso creo…"

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Ese día Karen regresó al orfanato alrededor de las siete y media de la tarde. Su amigo Aarón, que ya estaba bastante cansado y molesto por las contrariedades en las que se había metido para encubrirla, trató de reprenderla por su irresponsabilidad y exceso de confianza. Pero la pelirroja no se encontraba de buen humor y con una mirada maligna le dio a entender a su amigo que no tenía tiempo ni humor para ello. Se presentó ante sus profesores siguiendo el teatro que el pelinegro les había contado a todos, diciéndoles que ya se encontraba mejor y confirmándoles que nada grave le había ocurrido. Los profesores no descartaron sus sospechas y preocupaciones, pero como nunca tuvieron ninguna prueba, no les quedó de otra que creerle y dejar así las cosas. Más noche, Aarón trató de ir nuevamente a la alcoba de su amiga para preguntarle como le había ido y porqué demonios se había tardado tanto. Pero Karen todavía continuaba de mal humor y reclamó agresivamente a su compañero que la dejara sola. Finalmente cayó la noche, y Karen, con un gesto triste y melancólico, contempló la luna y pensó en su amigo.

- "Menos mal que me equivoqué… Cuando lo vi tan distinto en la plaza, pensé que algo malo le había ocurrido. Pero hoy se comportó como siempre lo hace. Entonces eso quiere decir que ese día solo estaba de mal humor y fuera lo que fuera que tenía, ya se le pasó. Aún así, ese día estaba muy cambiado, y para que alguien se ponga así algo realmente malo debió de haberlo ocurrido. ¿Y una semana después como si nada? Es posible en cierto tipo de personas, pero nunca Había visto así a ese idiota… Creo que estoy pensando demasiado…"

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Por otro lado, Sato había llegado a su hogar como ya pasadas de las ocho. Sayu, su madre, lo recibió con algo de autoridad, pues tenía que reprenderlo por haberse ausentado tanto tiempo y haber tenido su celular apagado. Pero Max no le dijo en donde había estado, y le dio una multitud de excusas e indirectas para disculparse y ocultárselo. Sayu finalmente se resignó y lo dejó por las paces. Sirvió la cena y tras pasar de los reproches y sermones a la insinuación de que tal vez su adorado hijo se la había pasado todo el día con una niña en una cita, la joven madre soltó una maliciosa risita y miró con ternura a su hijo, que muerto de la pena ya ni siquiera volteaba a ver a los ojos a su madre.

- Jum, jum… - sonrió burlonamente Sayu – Entonces si estuviste con una niña todo este tiempo…

- Sí… - gritó ofuscadamente con la cara completamente roja - ¡Pero no se trató de ninguna cita ni nada!

- ¿Ah, no…? – Contestó con un tono insinuador - ¿Entonces qué fue exactamente?

- Ella… ella es solo una amiga mía. Como va a irse a estudiar al extranjero por un tiempo, ella y yo quisimos pasar un buen rato como despedida. Ya que esta semana se irá a USA a un intercambio estudiantil…

- Ya veo… - nuevamente sonrió de lo contenta que se sentía – Entonces realmente debes quererla mucho. ¿Por qué nunca antes me habías hablado de ella?

- P-pues no es la gran cosa. Como te digo, ella es solo una amiga y…

- ¿No me digas que – interrumpió la bella mujer – ella es la niña que te dio un beso aquel día?

El hecho de que Sayu hubiera deducido que aquel día que le preguntó si había besado alguna vez a una niña y este se avergonzó delatadoramente, él había sido besado; Y que además supusiera que Kitty fue esa niña, tomaron por sorpresa a Sato, que no alcanzó a hacer otra cosa que volver a negarlo todo con muy poca convicción de su parte.

Max entró a su alcoba con la pena que le había provocado su madre por delante y cerró la puerta casi golpeándola con fuerza. Una vez que se tranquilizó, se acercó a su cama para recostarse, y fue cuando notó que encima de esta había un libro de portada negra encima con una nota escrita en él…

- ¿Qué es esto…?

Se acercó y leyó aquella nota. En ella decía: "Eres una abominación que para haber nacido se tuvo que dar muerte a miles de vidas. Si eres lo cobarde y quieres vivir el resto de tu patética vida como uno más del montón, no toques esta libreta y largarte a vivir tus idiotas fantasías." Ese mensaje estaba escrito con la misma letra del ojimaple, cosa que lo desconcertó más.

- ¡Pero que clase de broma es esta! – gritó furioso y luego tomó la libreta junto con la nota para arrojarlas al bote de basura. Pero justo en el momento en que levantó aquel cuaderno para aventarlo, una ráfaga de sensaciones intensas lo paralizó e hizo estremecerse por dentro. El rubio se quedó inmóvil por unos momentos mientras sentía como si un conjunto de ideas y pensamientos fueran liberados violentamente dentro de su mente. Después de eso, el ojimaple continuó quieto por unos segundos más y sin dejar de sujetar el cuaderno bajó el brazo y tomó con el otro la nota para verla de nuevo.

- No podría tener más razón. – El gesto del rubio se volvió nuevamente serio y frío – Soy un imbécil que se la pasa soñando despierto y desperdiciando mi talento. Pero es bueno saber que a pesar de eso, no soy ningún cobarde. ¿No es así? Deementy…

La sombra de una criatura enorme y abominable se divisaba nuevamente delante del joven rubio. Detrás de él yacía un imponente dios de la muerte de color plateado, que le miraba con sus carmesíes orbes y un gesto de enojo.

- Por un momento – dijo el shinigami con su siniestra voz, mientras el ojimaple continuaba dándole la espalda – pensé que tenías pensado retractarte y ya no ibas a ayudarme. Estaba a punto de matarte incluso.

- No digas estupideces, Deementy. Te dije que esto lo hacía para que mi plan no corriera ningún riesgo.

- Pues yo sigo sin creer tal cosa.

- Kitty se había percatado la ultima vez que mi comportamiento era muy distinto al que yo tengo hacia con ella. Ella es muy perspicaz, y esa impresión no me rea favorable. Recuerda que dentro de poco la utilizaré para mantener vigilado a L, y sería muy peligroso que ella sospechara de mi plan y le dijera a ese maldito que le pedí que estuviéramos en contacto. Así que la cité vernos este día, y para volver a ganarme su confianza necesitaba renunciar a los derechos de la libreta para que mi comportamiento no me delatara y erradicar cualquier sospecha que ella pudiera tener de mí. Con esto, ella ha vuelto a confiar en mí, y se ha convencido que el otro día solo estaba de mal humor y ocupado, y por eso me porté así. Ahora ya puedo continuar con mi plan con la seguridad que ella me tendrá confianza y podré hacerla hablar acerca de los movimientos de ese maldito L.

- Sigo pensando que no solo lo hiciste por eso. – Reclamó el shinigami – Y que por aquella tontería, desperdiciaste un día entero. Si vuelves a hacer eso, te asesinaré. No se te olvide nuestro acuerdo…

- Cállate. No habrá próxima vez. Esa niña y yo no volveremos a vernos nunca. – el ojimaple fue directamente a su escritorio y se sentó en él, para después abrir el cuaderno de pasta negra, su Death Note, en una hoja sin escribir, mientras encendía su PC y miraba su NaNoToP.

- Puede que tengas razón… - le dijo el ojimaple a su infernal compañero mientras desatendía por unos momentos a su aparatos – Lo hice… también lo hice porque quería recordar aunque fuera por lo ultima vez… - su mirada fría, por un leve instante pareció volverse únicamente triste y dolorosa – lo bien que se sentía mi vida antes de que tú vinieras a fastidiarme la existencia…

- Si mi hermana no hubiera dado su vida, jamás habrías tenido ninguna vida.

- Lo se, maldito imbécil. – Volteó hacia Deementy con un gesto de odio – Es por eso que la odio tanto como a ti… Además, este día también fue muy bueno porque no tuve que ver tu abominable ser en mucho tiempo…

- Lo mismo digo. Yo también descansé de ver el podrido rostro de tu padre reflejado en el tuyo.

- Como sea… - el jovencito dejó de lado el intercambio de insultos que ya se había vuelto cotidiano entre él y el dios de la muerte, y se dedicó a acceder a través de Internet a algunos archivos del gobierno de otros países – Mientras estaba en el parque recibí un correo de Zero, donde me dijo que ya había terminado de enviar la carta cadena que le pedí a todas partes del mundo. Kitty se irá a USA en una semana. Y a solo me quedan dos semanas más para el gran día. Para entonces espero haber contactado a Kitty en USA. Todo lo que me resta por hacer es seguir escribiendo lo más que pueda antes de que llegue la hora cero…

El ojimaple tras mirar uno por uno todos los archivos que había abierto en su PC y en su computadora de bolsillo, se dispuso a escribir a paso constante y decidido en aquella libreta negra. Aquella Death Note que lo había maldecido. Mientras escribía línea tras línea en ella. Una frase se dejaba oír de sus labios a cada momento. Era una de las pocas frases que él había creído ciertas de un enorme libro que todos menos él, consideraba sagrado:

- Vuelve al polvo… vuelve al polvo… vuelve al polvo… vuelve al polvo… vuelve al polvo… vuelve al polvo… vuelve al polvo…

CONTINUARÁ…

No hay comentarios.: