FAFICTION: Los hombres mueren, las leyendas no. (Death Note) cap 3

LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO

CAPITULO 3: VIAJE


Habían pasado ya tres días desde que aquel pacto entre el humano Satoshi Yagami y el dios de la muerte Deementy se había cerrado. En apariencia, la vida de aquel joven continuaba como siempre había sido hasta ese día. Excepto porque ahora tenía a un infernal compañero, que lo seguía a donde quiera que éste fuese y que únicamente él podía ver. Aún cuando parecía, a los ojos de los humanos, que su introvertida vida seguía su inmutable y apático curso, en realidad ya no era así; ahora el rubio estaba siendo poseído por un dios de la muerte, quien le juró que, el día de su final, él mismo escribiría su nombre para darle muerte por él mismo, y a quien le dedicaba casi la totalidad de su tiempo libre para hacerle preguntas relacionadas a Kira, como: ¿Qué fue exactamente lo que pasó con él? ¿Cómo había evadido todo ese tiempo a la policía del mundo?, y ¿llegó a tener aliados en su contienda al igual que enemigos? El shinigami fue contestando cada pregunta que Max le iba haciendo, pero siempre guardando la identidad tanto de Kira como de aquellos que también estuvieron involucrados. Max también se la pasó preguntando sobre los poderes y efectos de las Death Notes, pues quería estar seguro de hasta qué punto el cuaderno era capaz de manipular a las personas antes de matarlas. "¿Cuánto tiempo de diferencia podía haber entre la fecha de muerte especificada y el día en que se escribió el nombre de la victima?", "¿Puedes manipular a alguien para que mate a otra persona antes de morir?", "¿Sólo puedes hacer que hagan cosas que puedan y sepan hacer antes de morir?", "¿Qué pasaría si escribo el nombre de la victima, la causa y los detalles de la muerte en otro orden al correcto?", "¿Y si al escribir su nombre me equivoco y lo escribo ortográficamente incorrecto?" Deementy contestaba cualquier duda relacionada al cuaderno que Max le hacía, al instante. Al parecer tenía un perfecto conocimiento del poder y de las limitaciones del cuaderno, cosa que no era normal en aquellos shinigamis promedio que sólo les interesaba matar a las personas para alargar su vida, sin importar como lo hiciesen. Max intuyó que tal vez no era normal que un ser que se supone sólo mata a un par de humanos cada 20 o 30 años supiese las diferentes formas que había de usarla así nada más. Así que un día, mientras ambos iban camino al colegio, el rubio acastañado le preguntó a su poseedor —en voz baja y de manera de que solo el shinigami escuchara— al respecto:

— ¿Cómo es que sabes tantas reglas y métodos tan extraños…? ¿No me digas que tú los has usado todos?

—Te equivocas… nosotros los shinigamis no necesitamos hacer cosas tan complicadas para matar a la gente si no queremos. De hecho, la mayoría desconocen lo que es capaz de hacer una Death Note en realidad.

— ¿Entonces por qué tú si sabes todo esto? ¿Acaso estuviste investigando…?

—Así es… —confirmó el shinigami—. Después de que la humana por la que mi hermana dio su vida murió, dejé de observar por un tiempo el mundo humano y comencé a juntarme y hablar con el rey de mi mundo. Y también leí algunos escritos antiguos donde venían detallados los poderes del Death Note y las reglas que se aplicaban tanto para los dioses de la muerte como para los humanos que la poseyeran. Memoricé toda esa información porque pensé que podría ayudarle al humano al que le daría mi libreta a sacar más provecho de ella, ya que Kira fue poderoso porque aprendió a usar la libreta de forma inteligente.

—Sí —contestó Max con ese tono y gesto de desprecio que siempre ponía cuando se hablaba de ese asesino—, ese infeliz incluso consiguió que otros humanos acortaran sus vidas para obtener los ojos de shinigami, y después los utilizó a esos individuos a su antojo… Lástima que a final de cuentas su vida fue tan corta como la de sus esbirros.

El shinigami plateado aceleró el movimiento de sus enormes alas de libélula para adelantarse y le cerró el paso al humano colocándose enfrente de él. Lo miró fríamente a la cara y, con un tono intimidante, le dijo:

—Todavía no veo que estés haciendo algo para encontrar las libretas. ¿Acaso no piensas hacer lo que te ordené…? —lo amenazó con voz siniestra para recordarle que él no estaba a su lado por gusto y menos dispuesto a perder el tiempo.

—No te desesperes… —el rubio no dejó de avanzar y pasó a través del intangible cuerpo de Deementy, sin ningún recato ni vergüenza—. Aunque no lo creas, he estado reflexionando sobre todo lo que me has dicho, porque con ello sabré que es lo que debo hacer para encontrarlas. —El dios de la muerte se volteó de nuevo hacia el humano y le dedicó una mirada asesina a precio de su descaro y falta de respeto; pero éste siguió caminando como si nada y a Deementy no le quedó más que continuar detrás de él.

—Dices que Kira se las arregló para ocupar un cargo en la policía que le permitió tener más acceso a los archivos de los criminales, y fingió estar tras de Kira cuando en realidad sus intenciones eran manipular la investigación y asegurarse de que nadie descubriera la verdad —el shinigami asintió a las palabras de Max—; pero hubo alguien que sospechó de él, y al final ese alguien terminó por desenmascararlo y vencerlo. Esa persona es quien actualmente posee uno de los cuadernos de Kira, aunque en realidad no lo utiliza para nada. ¿Cómo es que entonces no tiene en su poder ambos cuadernos y no sólo uno?

—En realidad —contestó el shinigami mientras ambos continuaban avanzando hacia el colegio—, él creyó que había obtenido ambos cuadernos, pero Kira había falsificado uno de ellos y había escondido el verdadero en un lugar seguro, llevándose después el secreto a la tumba.

—Entonces… —concluyó Max—, lo único que podemos hacer por el momento es ir por el cuaderno que tiene ese sujeto, ya que no podré buscar el cuaderno de Kira hasta saber su verdadera identidad. Aunque… ahora que sé que era un miembro de las fuerzas policíacas de Japón, sólo tengo que buscar en los registros policíacos de ese país para encontrarlo, pero por el momento prefiero concentrarme en el otro cuaderno.

Max continuó caminando hasta llegar a su colegio. Era temporada de exámenes finales y hoy tenía que realizar el de química orgánica, aunque en realidad eso no le causaba preocupación alguna en lo absoluto. Más preocupado se sentía por un presentimiento que llevaba desde que el shinigami comenzó a hablarle de Kira y que mientras más meditaba, más cerca se encontraba de confirmarlo.

Todos en el aula se encontraban preparados para comenzar con el examen. La profesora indicó el inicio del tiempo y los alumnos comenzaron a responderlo. Max por su parte, contó y leyó primero todas las preguntas antes de contestar alguna y, tras meditar las respuestas de cada una de ellas, reflexionó:

"Son en total 69 reactivos, todos de igual valor. Leerlos todos me tomó alrededor de 15 minutos, por lo tanto me quedan 135 minutos para contestarlos. Si dedico un lapso de 2 minutos para contestar cada pregunta, dejaría las dos ultimas cuestiones sin resolver… por lo que solo tendré que equivocarme en 12 preguntas más para sacar un 80 de 100…"

Después de meditar, el ojimaple rellenó el espacio de la primera pregunta con su lápiz y después esperó que el reloj indicara el transcurso de dos minutos exactos antes de contestar la siguiente, y así sucesivamente. Mientras tanto, el shinigami de coraza plateada observaba con extrañeza la manera tan diferente con la que su humano realizaba aquellos exámenes a como lo hacían los demás jóvenes humanos. Aunque nadie salvo Deementy lo notara, Max era el único que contestaba como si el problema no fuera saber las respuestas, sino en sacar una calificación específica en un tiempo específico.

Durante cada lapso de tiempo entre una pregunta y otra, el ojimaple se dedicaba a reflexionar en la información que Deementy le había proporcionado sobre Kira, que cada vez hacía que un fatídico presentimiento suyo creciera más y más:

"Kira residía en Japón, al igual que mis padres en aquellos años. Y de acuerdo con lo que me dijo Deementy, Kira llegó a ocupar un puesto en la policía japonesa, lo que le brindó acceso a la información de los delincuentes que él asesinaba. Además, se hizo participe de la investigación secreta del caso Kira, para así poder manipular las investigaciones desde dentro y asegurarse de que nadie lo descubriera. Mi padre también era policía y, de acuerdo con mi madre, él también participó en el caso Kira. Y mi padre murió el mismo día que Kira desapareció. De acuerdo con mamá, mi padre y sus hombres lograron desenmascarar a Kira, y este se dio a la fuga y mató a mi padre. Jamás se volvió a saber de él después de eso y los asesinatos a criminales cesaron. Pero… Deementy me aseguró que Kira no fue quien mató a mi padre, que en realidad Kira murió y que yo averiguaría quien fue el hombre que mató a mi papá si le ayudo a recuperar las libretas. Actualmente una de ellas la posee el hombre que logró derrotar a Kira, y para recuperar esa Death Note deberé encontrarlo y quitársela… ¿A-acaso la persona que derrotó a Kira y la persona que mató a mi padre son la misma persona…?" —El rubio se estremeció por dentro y sus pupilas se dilataron por la adrenalina que su cuerpo produjo del pánico—. "Si Kira realmente resultó ser miembro de las fuerzas policíacas, entonces la policía debió de haber guardado el secreto para evitar el descrédito y el pánico que eso podría generar. ¡Y pudieron haber dicho que ese sujeto que en realidad era Kira, murió a manos de él, como coartada para evitar que el mundo supiera lo que ocurrió en realidad…! ¡No puede ser…!" —el rubio acastañado comenzó a sudar frío y sintió como si el corazón le dejase de latir por unos momentos. Aturdido, recargó su cabeza en su mano, con el codo apoyado en la mesa del pupitre, dejando caer al piso su lápiz. Su rostro estuvo a punto de estrellarse en la mesa, pues se había dejado caer por el desvanecimiento que casi sufrió de la impresión y angustia que sintió en ese momento. Permaneció inerte en esa posición durante unos minutos—. "¡No puede ser...! Quiero pensar que todo esto no es más que una coincidencia… ¡Pero todo tendría sentido si lo que me temo es cierto…!"

Cuando la lucidez regresó paulatinamente a la mente de Max y éste vio que se había retrasado en sus respuestas, él rápidamente se despabiló, retomó su lápiz y contestó uno a uno los reactivos faltantes, procurando de vez en cuando contestar equivocadamente algunas preguntas hasta completar los doce errores necesarios para que su calificación fuera la que él quería. Luego dejó las diez ultimas preguntas para responderlas hasta el final del tiempo del examen y descansar de la conmoción que casi le hizo perder el conocimiento. Al final contestó todos los reactivos del examen, excepto los últimos dos, como él lo había planeado. Deementy notó nuevamente que la manera de Max de contestar el examen era diferente a la de los demás alumnos, ya que vio como éste simplemente podía contestar las preguntas a la velocidad que él quisiese —aunque en realidad no comprendía siquiera con que objeto los humanos hacían cosas como estas—. Max salió con rapidez del aula después de entregarle a su profesora la hoja de respuestas. Como ese día únicamente tenía ese examen, él podía retirarse temprano del colegio y no regresar hasta el día siguiente.

Aunque el ojimaple aparentaba entereza y seriedad en el exterior mientras caminaba por las calles, en su interior se encontraba completamente aturdido y temeroso; pues una sospecha que había tenido desde que hizo el pacto con aquel monstruo se estaba volviendo cada vez más latente. Permaneció en silencio, meditando en las posibilidades, mientras caminaba con el shinigami a su lado, rumbo al parque al que estaba acostumbrado escaparse cuando faltaba a clases o salía temprano. Deementy notó que su humano se encontraba más serio de lo habitual y, mientras iban a mitad del camino, le interrumpió sus pensamientos.

—Sato… quiero preguntarte algo.

— ¿Mmm...? —el rubio sin voltear hacia el shinigami, hizo un gesto de disgusto, pues estaba tan angustiado que no tenía humor para hablar con nadie—. Ya te he dicho que me llames Max. Sato es como me llaman mis compañeros de clase y mi madre únicamente…

—La verdad no me interesa mucho eso de los exámenes y la escuela, pero estos días he notado que tu manera de contestar las pruebas son muy distintas a la de los demás humanos. Tú contestas cada pregunta como si controlaras el tiempo en hacerlo, mientras que los otros contestan algunas preguntas rápido, otras con más tardanza, y otras no las contestan y se pasan a las siguientes.

Max permaneció en silencio por unos segundos y luego contestó aún apático y ensimismado. —Ya veo… si lo notaste significa que tal vez debería también darle diferentes tiempos a cada reactivo además de fallar a propósito con un riguroso azar. Creo que saltarme preguntas con fintas de difícil también…

—No comprendo… ¿Respondes mal a propósito…? Pensé que se trataba de contestar bien el mayor número de veces.

—Pues sí, de eso se trata. —El joven de ojos maple trató de olvidar por unos instantes sus pensamientos de preocupación, entrelazó sus manos por detrás de su nuca y, mirando hacia el cielo, se puso a conversar con la criatura que lo acompañaba—. Verás, el mundo de los humanos es bastante estúpido. Cuando alguien es talentoso, las personas que no son tan talentosas voltean a verlos; y una de dos: o comienzan a tenerte envidia, o usan tu talento de excusa para presionarte y pedirte que hagas y te esfuerces más que la gente ordinaria. Y yo no quiero que me pase eso… yo quiero simplemente tener una vida ordinaria y sin preocupaciones. Por eso fallo a propósito en algunas preguntas de mis exámenes, falto de vez en cuando a alguna de mis clases y hago cosas como escribir reportes con algunas faltas de ortografía, y cosas así. Todo lo hago calculando que calificación me pondrían a consecuencia de mis acciones, y así mantener un promedio ni alto ni tampoco bajo.

—No comprendo… pensé que a los humanos les gustaba competir y demostrarle a los demás quien era mejor. ¿Porqué a ti no…?

—Ya te expliqué porqué… —el rubio se desvió de su camino para dirigirse a un pequeño autoservicio, mientras continuaba explicándole al dios de la muerte su razonamiento—. Te pondré un ejemplo: supongamos que hay un niño que puede aprender en media hora lo que los demás niños de su edad aprenden en promedio en dos horas. Eso sería genial para ese niño, porque entonces solo necesitaría estudiar esa media hora para aprender lo que los demás deben aprender y jugar la hora y media restante. O si no jugar… haría lo que él quisiera con ese tiempo libre. Pero la realidad es que cuando los adultos se enteran de lo listo que es, ellos empiezan a tener muchas expectativas de él y comienzan a esperar que él haga cosas que no esperarían de los otros niños. ¿Que porqué…? —comenzó a hablar en tono irónico—. "Porque es un genio y su talento debe de ser utilizado en bien de los demás" —el joven representó unas enormes comillas con sus dos manos mientras pronunciaba sarcásticamente aquella frase—. Así que lo ponen a que estudie cosas que nunca esperarían que los demás aprendiesen. ¡Pobrecitos de los otros niños! ¡Su castigo por no ser tan talentosos como el otro niño es tener menos responsabilidades que él! Y el niño listo, en lugar de aprovechar su capacidad de aprender más rápido que los demás para si mismo y tener más tiempo libre, comienza a ser presionado por parte de los adultos para que éste haga cosas que los demás no pueden hacer y sólo él puede. Y en lugar de estudiar menos tiempo que los otros niños de su edad, el pobre niño listo termina estudiando hasta el doble de tiempo que ellos. Y lo hace porque los adultos lo convencieron que así él se convertiría en alguien que estaría por encima de los demás y que así sería "importante", poderoso y todas esas cosas. Tal vez sea cierto, pero al final de cuentas nada de eso lo hará ser feliz de grande, ya que siempre seguirá cargando con las responsabilidades y expectativas que los que son más tontos tienen hacia él y, sin embargo, no lo aprecian ni le agradecen nada de lo que hace. Y éste se pone a descubrir medicamentos o gobierna un país que siempre le echa la culpa al presidente de sus desgracias, para que después lo tachen de corrupto, de inepto, de falaz. Ahora contéstame Deementy… ¿Acaso él pidió ser más inteligente que los otros para esto…? ¿Acaso es justo que el que tenga más talento que los otros, termine a final de cuentas que esforzarse y dar más de su parte que los demás? ¿Y tú crees justo que, encima de todo esto, también tenga que soportar que los demás le envidien y le tengan rencor por ser algo que los demás no pueden ser, y que irónicamente tampoco lo hace ser más feliz que ellos…?

—Tienes razón… —murmuró el shinigami quien reflexionó y trató de comprender el punto de vista que Max le había expuesto—. En mi mundo las jerarquías existen únicamente como una distinción, un mero dato trivial. No existe la discriminación entre nosotros ni tampoco nos pedimos ni tenemos expectativas más allá de nuestro deber que, de no ser realmente un deber de vida o muerte, no haríamos. Existen burlas a quien trabaja en exceso, pero nunca presión ni desprecio por ser distintos.

Mientras tanto, el ojimaple y el dios de la muerte entraron a un autoservicio y pospusieron su charla para más adelante.

Max salió de aquella tienda con una enorme bolsa de papas fritas sazonadas, de las cuales ya había comenzado a devorar una. Con Deementy detrás de él, retomó de nuevo el rumbo hacia aquel parque de los suburbios de Londres.

—Como podrás ver, Deementy —nuevamente el rubio se puso a conversar con el shinigami, mientras masticaba y mordía una a una las papas—, ser inteligente resulta ser una desventaja y no una ventaja si los demás se enteran de que lo eres. Es por eso que prefiero engañar a los demás alterando mis calificaciones en la escuela, para que así todos piensen que soy un joven ordinario y así tener más tiempo libre para mí. De lo contrario, tal vez ya me hubieran encerrado en un manicomio para genios como a Kitty.

— ¿Te refieres a aquella humana con la que te reuniste hace unos días?

— ¡Oye! —Reclamó el castaños ojos—. ¿Acaso ya estabas siguiéndome desde aquel día?

El shinigami permaneció callado y no contestó la pregunta.

—Jum… como sea… al fin que según tú ya me venias observando desde tu mundo. —Max agarró tantas patatas fritas le cupieron en su mano y luego las acercó a su rostro, tratando de meterlas todas a su boca al mismo tiempo—. Gragias a ejo… no jolo no tenjo que preocuparme poj la prejión de jer lihjto… —trataba de decir entre crujidos y degluciones—, hino que tamjbién al pretender…Crunch… jer un ejtudiante ordinario… Crunch, Crunch, Crunch… he ojtenido máh tiempo libre…

— ¿Más tiempo libre?

—Así es —añadió mientras se chupaba el sazonador del que se había embarrado los dedos—. Aprender lo mismo que los jóvenes promedio no me cuesta tanto tiempo como a los otros. Así que el tiempo restante puedo utilizarlo para jugar videojuegos o leer mangas o historietas. Lo mismo pasa cuando me encargan hacer un ensayo de mil palabras y sólo escribo novecientas. El tiempo que me iba a ocupar en escribir las otras cien palabras mejor las utilizo para otras cosas, como ayudarle a mamá con algunas tareas del hogar… Pero no me malentiendas. Cuando contesto un examen y lo hago medio mal a propósito para sacar un notable en vez de un sobresaliente, primero me aseguro de que realmente me sé todas las respuestas, y luego lo verifico cuando me entregan los resultados. Para mí el aprendizaje es importante en cuanto no tenga que pasármela todo el tiempo estudiando o trabajando más de la cuenta repasando lo que ya aprendí. Yo me enseño a mi manera aunque los demás no se den cuenta. Así puedo vivir la vida como me place, y aunque no seré rico cuando crezca, seré feliz y tendré una vida tranquila. Esa es la forma como yo le sacaré provecho a mi intelecto.

—Nunca creí que hubiese un humano que no le quisiese probar nada a nadie…

—Pues como te dije, en realidad nadie tiene que probarle nada a nadie. Sólo las personas que realmente sean tus amigos y te quieran de verdad podrán ver que clase de persona eres realmente, y para mi opinión, esos son los únicos que lo deben saber.

El shinigami y el humano continuaron andando hasta que llegaron al parque. Ahí Max buscó una banca para sentarse donde no pasara mucha gente y descansó en ella para terminarse las papas fritas que llevaba. Una vez que terminó de comerlas todas, abrió con cautela su mochila y sacó de ella aquella aparentemente inofensiva libreta negra, y la observó detenidamente.

—Si escribo el nombre de una persona en esta cosa y esa persona muere, aún sin que yo le pusiera un dedo encima a él o ella, o incluso sin que yo nunca hubiera conocido a esa persona… ¿deberé asumir que yo la maté…? ¿O simplemente que esa persona murió a manos del poder del cuaderno y yo solo fui el que le dio la orden de darle muerte…?

— ¡Qué pregunta tan estúpida…! Aún si no conociste ni tocaste a la victima, fue tu decisión que muriera. No te engañes. Tú serías el asesino y ese cuaderno solo sería el arma que utilizaste para matarlo. Nada ganas con creer que fue la voluntad del cuaderno quien lo mató.

— ¡Cállate! —Gritó encolerizado—. Tú no entiendes que matar a alguien es algo que no cualquier ser humano en sus casillas se atrevería a hacer… Pero —miró de nuevo la pasta del cuaderno—… recuperar los cuadernos… será algo muy difícil de lograr por sí solo…

— ¿Acaso tienes miedo de usarlo? Ya te dije que los humanos propietarios de una Death Note ante los ojos de todos los shinigamis, con nuestro rey a la cabeza, e incluso de otros seres que se encuentran por encima de nosotros, tienen el derecho y gracia de quitarles la vida a los demás humanos.

—Eso es estúpido, Deementy. Ustedes lo hacen para vivir, ese es su modo de supervivencia; como cuando un animal carnívoro se alimenta de otro para sobrevivir. Pero… ¿qué razón puede haber para que un ser humano le pueda quitar la vida a otro humano?

—Los humanos eran polvo antes de ser humanos. No veo que tenga algo de malo que vuelvan al polvo y mueran —argumentó cruelmente—. Y si van a morir tarde o temprano, que más da si mueren por el capricho de otro humano.

—Si tu ideología es cierta —contestó con cinismo—, entonces tampoco tuvo nada de malo que tu hermana murie...

Max no se atrevió a terminar la frase al ver el abominable rostro del dios de la muerte, quien le clavó una mirada llena de la más profunda furia y rencor, así de horrible que incluso el mismo demonio se hubiese intimidado con verla. Comprendió que lo mejor para él sería no hacer comentarios irónicos que atacaran al shinigami o lo enfurecieran, aunque al mismo tiempo sintió desagrado de que a Deementy sólo le importase su hermana, mientras que a los humanos los veía como basura al grado de no importarle provocar la muerte de inocentes para recuperar un objeto.
—Bueno… e—este… ¿Y se puede saber como demonios es que tu hermana murió…? Se supone que los dioses de la muerte no pueden morir a menos que se les agote el tiempo de vida que robaron de los humanos o el mismo rey shinigami los castigue con la muerte —el rubio nuevamente recuperó la confianza para hablar abiertamente con el monstruo y se atrevió a cuestionarle—. Tú dijiste que murió por salvarle la vida a la humana a la que le había dado su cuaderno, ¿pero no se supone que los shinigamis son indestructibles y nada les afecta?

El shinigami permaneció callado mientras decidía si debía contestar o no. Luego de unos instantes, contestó: —Ella le salvó la vida a esa humana y faltó a una de las mayores prohibiciones de nuestro mundo… Nosotros no debemos alargar la vida de los humanos, sino todo lo contrario. Por eso, si conscientemente nos atrevemos a matar a alguien para salvarle y alargarle la vida a un humano, nuestro cuerpo se convertirá en cenizas y moriremos.

—Ya veo… Entonces… ella mató a un humano para que esa humana viviera más tiempo aún sabiendo que le costaría la vida… Tú y ella son muy distintos…

—Mejor ponte a pensar en como vas a recuperar las libretas.

Max y Deementy permanecieron en el parque durante un buen tiempo. Mientras que Deementy sentía que el rubio sólo estaba perdiendo el tiempo allí en lugar de ponerse a trabajar, Max se ponía a reflexionar en aquella información que el shinigami de plata le había dado, y que ahora lo hacía sentirse un paso más cerca de descubrir la verdad que se le había ocultado.

"Si lo que dijo es cierto, Kira debió de haber creado una escena en la que Rem se vio obligada a matar a alguien para proteger a esa mujer y así ella muriese y pudiera quedarse con su libreta. Eso fue muy astuto, pero entonces… ¿Cómo es que esa humana, quien era la cómplice de Kira, consintió que Kira le hiciera eso a Rem…? Tal vez no lo hizo… o tal vez…"

O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/
O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/

Eran las dos de la tarde. Aquella bella mujer de rasgos nipones se encontraba dando limpieza a su apartamento como le era costumbre a tales horas. Ansiosa se disponía a tener todo ordenado para el regreso de su hijo, a quien esperaba que le estuviera yendo bien en sus exámenes finales. Mientras la morena se encontraba limpiando el closet de su propia habitación, ésta encontró por accidente una vieja fotografía que había dado por perdida desde hacía mucho tiempo. Con un gesto melancólico y triste, la tomó y observó detenidamente. La fotografía estaba sucia por el polvo que había acumulado, así que cariñosamente la fue limpiando con las yemas de sus dedos hasta ver con claridad a las cuatro personas que aparecían en el retrato: un señor de rasgos orientales, de anteojos y cabellos un tanto grises, con unos enormes anteojos cuadrados y vestido de traje, con un semblante serio aunque paternal; a su lado se encontraba una mujer de cabellos negros, vistiendo un modesto vestido y con una sonrisa tierna y cálida; al otro lado, un apuesto muchacho de cabellos castaños, vistiendo un traje con corbata y sujetando fraternalmente los hombros de la cuarta persona; una jovencita de semblante alegre, que se encontraba en el centro del retrato, delante del hombre maduro. Ella vestía un lindo vestido azul y mostraba una enorme sonrisa mientras guiñaba un ojo y hacía con una mano la señal de "V" hacia delante.

—Papá, mamá… hermano… —susurró mientras sus ojos comenzaban a humedecerse—. Me hacen tanta falta…

La bella mujer permaneció observando con nostalgia aquella fotografía por un buen tiempo, sin moverse, hasta que una lágrima terminó por escaparse de uno de sus ojos, cayendo en la foto. Finalmente la mujer de rasgos orientales se levantó, limpió la lágrima de la fotografía con su pulgar, y la guardó en el buró de su alcoba. Continuó haciendo los quehaceres tratando de no pensar en más cosas tristes. De pronto, tocaron a la puerta. Se trataba del cartero que venía a dejarle la correspondencia de la semana. La señora fue a recibirlo y tomó las cartas para buscar si había alguna que no fuera publicidad o cobros de servicios. Cual fue su sorpresa que entre todas ellas se encontraba una en particular que llamó con alegría su atención al notar el nombre del remitente. Abrió con jubilo el sobre y leyó aquella carta que venía escrita con kanjis japoneses…

Querida Sayu:

Hace ya mucho tiempo sin saber de ti. Espero que tú y el pequeño se encuentren bien allá en Londres. Bueno, aunque ahora él ya debe ser todo un jovencito. Las cosas en Japón han cambiado mucho desde la última vez que te escribí. Hace poco mi esposa y yo fuimos a la boda de la hija del director Aizawa. Fue muy divertido. Sobre todo la parte en que a Ide, uno de mis compañeros se tropezó con la novia durante la recepción y el novio casi lo quería matar. Mis compañeros y yo no paramos de reír.

Recientemente Japón se ha vuelto un país tan violento como USA y otros países de América, pero afortunadamente mi equipo y yo hemos logrado salir sanos y salvos de todas las catástrofes. Estamos seguros que con el tiempo la Justicia prevalecerá ante todo y prometemos jamás darnos por vencidos. ¡Ah! Y algo más. ¿Qué crees…? ¡Finalmente me ascendieron a jefe del departamento de policía local de Tokio! ¿Puedes creerlo? Ja, ja, ja…

Espero que tu vida también éste bien allá. Sabes que puedes venir a visitarme cuando quieras. La última vez que vi a Sato, era muy pequeño. Y por lo que me has contando, se que él se ha vuelto un chico bastante interesante. Si te decides visitar Japón, sabes que puedes contar conmigo para lo que se te ofrezca. Bueno, espero que pronto puedas responderme y contarme sobre ti y tu hijo. Cuídate, y por favor escríbeme de vez en cuando.

ATTE: Matsu…

—Ese tonto… —la morena cerró y guardó en el sobre la carta que había terminado de leer—. Ya hacía tres años que no me escribía y ahora lo hace sólo para presumirme que ya es el jefe de policía de Tokio. No tiene remedio. Sigue pareciendo un niño…

O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Karen aún se encontraba triste por lo ocurrido con su amigo hace unos días. Desde aquella discusión que tuvieron con el profesor Gerald, Aarón había permanecido encerrado casi todo el tiempo en su habitación. Ya no hablaba con nadie y solo salía de su alcoba para lo más indispensable. Dejó de asistir a sus clases privadas para encerrarse toda la tarde, y aunque sus maestros trataron de convencerlo de que saliese, éste se negaba y permanecía encerrado en él. Karen comprendía la razón de su tristeza y frustración. Trató de hablar con él en numerosas ocasiones, pero éste simplemente no le respondía y se encerraba en su cuarto hasta que ella se cansaba de gritarle y lo dejaba en paz. Los otros niños no comprendían, aunque tampoco es que les importase demasiado, lo que estaba pasando con Aarón, y los grandes no sabían que hacer para que éste dejase de estar así. Las cosas estuvieron así hasta que Karen se atrevió a tomar medidas extremas para hablar con Aarón. Ella fue a la parte externa del pasillo de las habitaciones para chicos por la tarde y, cuando se aseguró de que no había ningún maestro que tratase de hablar con el pelinegro, escaló por las paredes del orfanato para entrar por la ventana de la habitación de Aarón, ubicada en el segundo piso. La ventana estaba cerrada y la parte por donde Karen tenía que escalar no había cerca algún árbol donde pudiera apoyarse de las ramas. Pero la pelirroja era muy ágil, y escaló sola el muro y abrió la ventana por fuera sin ningún problema y sin que nadie se diera cuenta. Cuando finalmente estuvo dentro de la alcoba, lo primero que hizo fue voltear hacia la litera del joven genio, y pudo verificar que él se encontraba recostado ahí, enredado entre las mantas y en silencio. La muchacha lo miró apenada y luego trató de llamar su atención.

—Aarón, quiero hablar contigo.

— ¿Por qué entraste a mi habitación sin mi permiso…? —contestó en voz queda y apagada y sin voltear hacia la ojiazul.

—Tú también entraste a la mía, así que ya estamos a mano.

—Déjame en paz… —la mirada del pequeño genio aún seguía vacía y sin ninguna expresión.

—Aarón, comprendo que estés triste —la pelirroja se acercó lentamente donde su amigo y trató de consolarlo—. Puedo entenderte… pero… ¡A mi también me están cometiendo una injusticia! ¡Yo no quiero que me manden lejos! Sin embargo… van a hacerlo en contra de mi voluntad. ¿Pero ves que por eso yo también me encierre y reniegue de la vida como tú? El señor Gerald dijo que la razón por la que no podías ir todavía era porque aún eras muy joven. Eso quiere decir que sólo es cuestión de tiempo para que puedas ir a conocer a ese tal L. —La jovencita trataba de animarlo y le decía todo esto con la intención de que dejase de preocupar a los demás.

—Tú no lo comprendes… no sabes lo que es pasar toda tu vida esforzándote para ser reconocido y luego todo tu esfuerzo pase desapercibido.

—Tu esfuerzo nunca ha sido despreciado, Aarón. Tú vales mucho para todos en el orfanato… Te juro que si pudiera intercambiar lugares contigo, lo haría. ¡Pero no te rindas! Sé que la última vez no logramos convencer al señor Gerald, pero si lo seguimos intentando tal vez podamos conseguir algo.

—Esto no sólo se trata del señor Gerald… —Aarón se desenredó los cobertores que llevaba encima. "¿Cómo se le ocurre cobijarse en julio?" pensaba Karen irremediablemente al mirarlo.

El crío por fin encaró a la intrusa: —Esta no es la primera vez que quedo detrás de ti… Ya me cansé de que tú me superes hasta en lo que ni siquiera te interesa… Sólo soy un año y medio menor que tú…, eso de que soy muy joven no es más que un pretexto, ya que el hecho de que te eligieran, a pesar de ser una niña, demuestra que si lo quisieran podrían ser flexibles con las reglas. Así que lárgate y déjame en paz.

—Aarón… perdóname… —La mirada de la pelirroja comenzaba a reflejar la tristeza que obtenía del comprender los sentimientos de Aarón—. Yo realmente preferiría que tú aprovechases ese viaje. Pero no conseguirás nada haciéndote el mártir…

Karen fue interrumpida por el sonido de la puerta de la habitación de Aarón abriéndose. Detrás de ella se encontraba el profesor Gerald, quien la había abierto, a pesar de estar cerrada, con su llave maestra.

—Joven Aarón, señorita Olsen. Necesito que vengan a mi oficina por favor…

—Profesor…

—Ya les dije que no quiero hablar con nadie —el de ojos grises volvió a acurrucarse y a taparse el rostro con las mantas—. ¡Déjenme solo…!

— ¡Aarón! —Le replicó la ojiazul a su amigo y después se dirigió al maestro por él—: ¿Qué se le ofrece, profesor…?

—Karen, en otras circunstancias te reprendería por estar aquí adentro, pero necesito hablar con los dos. Al ver la situación, decidí informarle a L sobre lo ocurrido y él ha tomado una decisión referente a ustedes dos. Les explicaré todo en mi oficina.

Karen pensó que tal vez esto era el indicio de algo bueno, aunque temía que a Aarón no le importaría y permanecería en su posición de no hablar con nadie, y no se movería de su cama. Sin embargo, se equivocó… Aarón se levantó de su lecho, y con una mirada totalmente cambiada dijo que estaba de acuerdo y se dirigió junto con Karen y Gerald a la oficina del último.

"Karen tiene razón… no ganaré nada con hacerme la victima…" —pensaba el pelinegro mientras se dirigía decidido a escuchar la decisión final que L había tomado. Tal vez informarían que L finalmente había decidido absolver a Karen del compromiso que no quería asumir, o que tal vez aquel berrinche de su parte le había costado la oportunidad de ser candidato para la sucesión de L para siempre. Fuera lo que fuera, estaba a punto de descubrirlo.

Ya en la oficina del profesor Gerald, Karen se acomodó en un banco, postrándose de rodillas encima de él y con los brazos completamente tapados por las mangas de su camisa hacia abajo. Ésta era la pose con la que la jovencita acostumbraba sentarse cuando estaba nerviosa o se ponía a pensar detenidamente las cosas. Por otra parte, Aarón permaneció de pie, erguidamente, esperando con ansias las palabras de su profesor.

—Aarón, Karen, después de lo ocurrido hace cuatro días, me di cuenta de que lo que ustedes me dijeron era cierto. Haber tomado decisiones en torno a Karen sin consultar sus deseos fue completamente contraproducente, sobre todo en el caso de que por no haberle informado sobre la existencia de L antes, se consiguió como resultado su absoluta desaprobación. Sin embargo, como yo ya había dicho antes, esta decisión no fue tomada por mí, por lo que no puedo cambiarla…

Antes estas palabras, Aarón bajó la cabeza desilusionado y Karen se sorprendió y puso una expresión de sorpresa y decepción.

—Pero señor Gerald… —interrumpió la linda joven—. En verdad las cosas no se pueden quedar así… ¡Pensé que haría algo al respecto…!

—Y lo hice, señorita Olsen. Como en estos asuntos la autoridad suprema y quien tiene la última palabra es L, decidí contarle a él lo ocurrido y le pedí que encontrase una solución.

—Y de seguro dijo que no había marcha atrás y que Karen debía de ser enviada a como diera lugar… —musitó en voz baja el pelinegro—. ¿No es así?

Karen volteó hacia Aarón y notó en su demacrada cara la personificación misma del dolor. Ésta entonces optó por ponerse de su lado suyo el final, y amenazar con hacer un gran escándalo y no permitir ser arrastrada fuera del orfanato mientras Aarón estuviese deprimido. Preparó su garganta para gritarlo con todas sus fuerzas, pero el profesor no había terminado de decirlo todo, y la pelirroja se detuvo al escuchar a su asesor decir:

—Sin embargo, joven Aarón… L reflexionó sobre la situación y dijo que había encontrado solución a esto. Karen, Aarón, escuchen con atención —el octogenario se enderezó un poco y miró fijamente a los jóvenes—: Dentro de tres semanas ustedes dos irán juntos a USA…

— ¿Qué…?

— ¡¿Qué?!

—Como lo oyeron… Karen, tú iras a USA a conocer en persona a L como se planeó desde un principio. Sin embargo, si al pasar un mes y al haber conocido todo lo referente a él y a su trabajo, decides que no te interesa ser candidata a su sucesión, entonces respetaremos tu decisión y te enviaremos de regreso a Wammy's House. Claro, siempre y cuando demuestres verdadero interés y a que hagas todo lo que se te pida estando allá. Entonces sólo te quedarías más tiempo en USA en caso de que decidieses continuar. Y tú, Aarón, después de que hablé con L de ti, este decidió darte la oportunidad de iniciar tu entrenamiento a pesar de tu corta edad, así que irás junto con Karen a USA. En caso de que Karen decida rechazar la candidatura a su sucesión, tú pasaras automáticamente a tomar su lugar y te quedaras en USA el tiempo que sea necesario. Si Karen acepta convertirse en candidata y L la aprueba, entonces L decidirá si ya estas listo para volverte también su pupilo de acuerdo a tu desempeño en los primeros treinta días, y será él quien tenga la decisión de regresarte o permitirte volverte su aprendiz.

Ambos niños permanecieron en silencio. Por un lado, Aarón no sabía si alegrarse por que finalmente se le daría la oportunidad de conoce enfadarse por que aún tendría que competir con su compañera; aunque, la verdad, no le preocupaba que ella decidiese quedarse, más bien, le molestaba que aún lo estuvieran poniendo después de ella. Por otro lado, Karen se alegraba de que finalmente Aarón fuese tomado en cuenta y tuviera la oportunidad de realizar su sueño, Pero ella aún estaba en contra de ir a USA, aunque sólo se tratase de un mes. Ella no confiaba en absoluto en ese tal L, y supuso que todo esto debía ser una artimaña.

"Aunque el señor Gerald me asegure que solo será por un mes, no puedo garantizar que una vez allá lo cumplan… pero… si me niego… es probable que tampoco se lleven a Aarón. Ya que lo más seguro es que decidieron llevarlo también para que yo no pudiera objetarme por él… No… no cabe duda que es así. Pero no tengo otra opción. Deberé entonces arriesgarme. Lo haré por Aarón… pero antes…" —Karen salió de sus pensamientos y se dirigió hacia su asesor:

—Me parece muy amable de parte de L que haya tomado en cuenta nuestra situación y permitiera a Aarón venir también conmigo. También agradezco mucho que tomara mis deseos en cuenta y me permita volver al orfanato en cuanto se convenza de que esto no es para mí. Es por eso que ahora estoy en deuda con él y con usted, y por lo tanto accederé a su petición. Pero… un mes no es necesario para eso. Solo estaré allá por dos semanas.

—Me temo que es imposible, señorita Olsen. L tomó la decisión de que fuera un mes completo, así que tendrá que hacerlo. Le aseguro que si después de ese mes no se convence, nunca más tendrá que volver a saber de él si no quiere.

—Karen tiene razón profesor —interrumpió Aarón, quien se encontraba ahora más animado—. Con dos semanas serán suficientes para que L pueda saber todo lo que necesita de Karen. Yo, por mi parte, puedo quedarme allá cuanto tiempo sea necesario.

—L dijo que esta decisión era absoluta, joven Aarón… Me temo que aunque le comunicara sus términos y deseos, él no cambiaría sus planes de nuevo.

—No se preocupe, señor Gerald —Karen se levantó de su asiento y se acercó a su asesor con un tono confiado y algo irónico—. Comprendo que usted ya incomodó una vez al señor L, y que de seguro eso le trajo algunos problemas. Por eso lo mejor será que yo misma le diga a L en persona que solo me quedaré allá dos semanas. Después de todo, estoy segura que él debe de ser una persona muy razonable y comprenderá mis motivos. Lo importante ahora es que Aarón y yo nos preparemos para el viaje. Si sólo será por un tiempo, tal vez hasta sea divertido irse de vacaciones por unas semanas.

—Esto no es un viaje de placer, Karen —el crío se acercó a su amiga con el rostro completamente restaurado de seguridad y altanería—. El señor Gerald dijo que L sólo te dejaría retornar si observa que realmente pusiste empeño y aprendiste todo lo referente a su trabajo. Así que debes echarle ganas y hacer todo lo que nos pida, eso si quieres que te deje volver antes.

— ¿Yo cuando no le he echado ganas a algo, mocoso? ¿Eh?

—No te expreses como si no te conociera —fanfarroneó el pelinegro—, pero bueno, allá tú.

—Silencio, por favor —interrumpió el octogenario al ver que aquellos jóvenes estaban por pelearse—. Me alegra que el resultado de mis esfuerzos les haya complacido y resuelto parcialmente sus dilemas. Les agradezco que finalmente estén cooperando con nuestro proyecto, especialmente usted, señorita Olsen. Les aseguro que no se arrepentirán, y que esta experiencia les será muy provechosa para su desarrollo, no importa lo que decidan ustedes y lo que decida L al respecto.

Luego de haber escuchado a su profesor, los jóvenes superdotados salieron de la oficina de la dirección del orfanato; mientras, el octogenario se quedó dentro para arreglar algunos asuntos que tenía pendientes. Karen y Aarón caminaron por los pasillos, en lo que el pelinegro, que iba detrás de su compañera, comenzó a decirle:

—Karen… gracias. Estoy en deuda contigo.

—No tienes que agradecerme nada —ella paró de andar y volteó hacia el—, fue el señor Gerald el que enfrent lo convenció de que te dejara ir también.

—No te hagas la tonta conmigo. Yo sé que a pesar de que el señor Gerald dijo que solo estarías ahí un tiempo, tú no confías en que, ya estando allá, L cumpliría con su promesa; y aún si fuera así, tú no te marcharías lejos de aquí ni un solo día. Pero aceptaste a pesar de ello para que yo pudiese ir también.

—Aarón —la pelirroja se acercó al ojigrís y colocó su brazo en el hombro del crío—, como tú lo dijiste, este es tu sueño, y nadie tiene el derecho a quitártelo. Sólo prométeme que no volverás a chantajear a los adultos con algo tan cursi como hacerte el súper deprimido. Tuviste preocupado a todos.

— ¡Ja, ja! Así que te diste cuenta —cerró los ojos y semi sacó la lengua mientras hacía una mueca pícara a jactancia de haber sido descubierto—. Es que no se me ocurrió manera más efectiva de ejercer presión en el profesor.

Karen y Aarón rieron juntos en un tono discreto para que nadie los escuchase, y después se dirigieron a las afueras del edificio para relajarse en los jardines. Ambos sabían que debían prepararse para el viaje que tendrían dentro de pocos días. Mientras tanto, Karen pensaba en lo triste que podría ser separarse un tiempo de sus amigos del orfanato y de lo agotador que podría llegar a ser conocer a ese tal L e involucrarse con su extravagante oficio. No obstante, ella confiaba en que se las arreglaría para volver lo más pronto posible sin quedarle mal a su asesor y asegurarse de que su pequeño amigo pudiese realizar su sueño al mismo tiempo.

"En dos días me veré de nuevo con ese tonto" —reflexionó la pelirroja mientras se recostaba en el pasto para dormir una siesta—. "Supongo que deberé contarle sobre lo del viaje, aunque no será necesario que le diga el tan extraño motivo del mismo. Cómo aún no estoy segura de poder convencer a ese sujeto de dejarme volver en dos semanas, le diré a Max que estaré allá por un mes entero… aunque… me volvería loca si no pudiera gritarle y maltratarle por tanto tiempo… Ji ji ji…"

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/

Su pulso se había vuelto inestable. Eran las 11:00 PM y aquel muchacho de cabello rubio y ojos castaños había sido trastornado completamente. Permanecía de pie dentro de su habitación, en silencio. El dios de la muerte que le había cambiado radicalmente su vida lo observaba fijamente. Aunque en apariencia su rostro no mostraba ninguna expresión, cualquiera que pudiera ver en lo más profundo de sus ojos, se daría cuenta que su alma había sido completamente destruida. Así fue…, ya no le quedaba ningún vestigio de humanidad debajo de ese cuerpo. Lo único que quedaba dentro de éste, lo único que aún hacía que ese cuerpo continuase con vida, era un enorme cúmulo del más puro e intenso odio que jamás se hubiera pensado que un humano pudiese llegar a sentir. Odio, odio y nada más que odio sentía ahora. Odio hacia el mundo, odio hacia la humanidad, odio hacia su supuesta madre que todo este tiempo lo había engañado. Odio hacia el miserable dios de la muerte que se atrevió a decirle la verdad. Odio hacia él mismo por haber sido tan estúpido y haberse dejado arrastrar por aquel mundo de falsedad y por haber creído alguna vez en aquellos ideales de justicia que resultaron ser una idiotez, un fraude, una quimera y una mofa. Odio hacia su verdadera madre que murió a conciencia dejándolo solo en este asqueroso mundo. Odio hacia su padre, que alguna vez fue el hombre que más había admirado, la única figura que realmente creyó como un ejemplo y un punto de partida para hallar sentido a este miserable universo. Él simplemente no creía que los humanos pudiesen llegar a ser perfectos, pero al menos él pensaba que su idolatrado progenitor era alguien que, dentro de sus límites de humano, siempre se dedicó a hacer lo correcto. Y ahora él odiaba saber esa abominable verdad. Su corazón latía, pero él simplemente sentía que él, Satoshi Yagami, había muerto en el momento que su más grande sospecha se había confirmado, permaneciendo taciturno.

Mientras tanto, Deementy le observaba de reojo mientras se preguntaba que haría el joven humano ahora que sabía toda la verdad: la maldita verdad que él trató de no contarle aún porque quería que no lo descubriese mientras su maquinación avanzaba. El rubio acastañado salió lentamente del trance y con un débil tono de voz comenzó a musitar:

—Ahora que sé que clase de abominación soy… que nunca debí de haber nacido… y que todo lo que me motivaba a vivir resultó ser una mentira… solo hay algo que quiero y puedo hacer…

El dios de la muerte se le quedó observando y no pudo contener las ganas de preguntar:

— ¿Qué vas a hacer…? No me importa lo que hagas mientras me devuelvas las libretas de mi hermana.

—Lo único que una abominación que ha muerto en vida puede hacer, Deementy… Continuar… continuar hasta el final… continuar hasta morir… continuar hasta obtener no sólo tus cuadernos…

— ¿Qué más vas a obtener...?

Cuando el rubio de ojos maple volteó donde el shinigami, éste se impresionó a más no poder al ver el diabólico rostro que había puesto aquel humano. El shinigami nunca se imaginó que volvería a ver de nuevo aquella desquiciante mirada; era idéntica a ese ser humano que alguna vez creyó poder convertirse en un dios. Ahora, ese joven había adquirido casi el mismo semblante. Su mirada completamente desubicada proclamaba que, de alguna manera, aquel humano sediento de poder había reencarnado en él. Sólo que esa sed de poder había sido remplazada por otro deseo aún más intenso:

—¡VENGANZA…! ¡Voy a vengarme de todos los mal nacidos que por su culpa mi alma se ha hecho pedazos…! ¡Incluyéndote a ti…! ¡Incluyendo al que mató a mi padre… e incluyendo a la Humanidad misma…! Nadie va a escaparse de mi venganza… aún si tengo que morir… le devolveré este dolor al mundo entero con creces, sin ninguna excepción… ¡TODO LO QUE AHORA QUIERO ES VENGARME…!

El dios de la muerte permaneció en silencio y contempló el dolor que su llegada le había provocado a aquel humano. Por dentro, Deementy experimentaba un cruel y sádico placer al presenciarlo, pues con esto parte de su anhelada venganza hacia aquellos humanos verdugos de su hermana se había consumado, y sólo era cuestión de tiempo para que el resto de la Humanidad sufriera también.

CONTINUARÁ…

No hay comentarios.: