FANFICTION: Los hombres mueren, las leyendas no. (Death Note) cap 4

LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO

CAPITULO 4: VENGANZA

—Así que planeas vengarte, ¿no…? —El shinigami musitó con sadismo—. Me alegra que finalmente lo hayas comprendido.

—Bastardo… —con la mirada oculta tras la sombra de su largo flequillo dorado, el joven llamado Satoshi Yagami se acercó y se postró justo enfrente del abominable monstruo plateado—. Ahora comprendo todo. Tú lo que quieres es verme sufrir y volverme un infeliz como lo fue mi padre… Y al final… me matarás como compensación por no haber podido matarlo tú a él. Esa es tu venganza, ¿no es así…?

El shinigami permaneció callado. No obstante, bastaba con ver su semblante para saber la respuesta. Estaba claro lo que él quería.

—Entonces… yo… —el trastornado rubio levantó lentamente la mirada hacia el enorme monstruo, revelando poco a poco una siniestra sonrisa que dejó perplejo a Deementy—, estoy en deuda contigo… ¡Muchas gracias, maldito imbécil! No podría estar más agradecido contigo.
— ¿Agradecido…?

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
Hace unas horas…
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

—Oye, Deementy… —murmuró el ojimaple en voz baja a su infernal compañero, mientras caminaba por las calles de regreso a casa—. Puede que sólo yo pueda verte y escucharte… y bueno… eso de que tienes que seguirme a todas partes, pues… por mi no hay ningún problema, pero… por lo menos hazlo caminando. ¡Ese horrible zumbido de tus alas de insecto me esta volviendo loco!

—No pienso obedecerte en nada, insignificante humano…

—Creo que lo que te estoy pidiendo entra en la categoría de un favor. —El rubio volteó discretamente hacia atrás, a donde se encontraba el shinigami—. Después de todo, tú y yo somos socios.

—Ya te he dicho que no malinterpretes las cosas. —El dios de la muerte levantó su cuerpo un metro más arriba de donde se discernía del piso para evadir la mirada de aquel humano. Como consecuencia, el zumbido de sus alas se intensificó—. Yo no podría odiarte más…, y no estoy siguiéndote por gusto. Sabes que lo único que quiero es que recuperes las libretas de mi hermana por mí. Si no fuera así, te quitaría la vida este mismo instante.

El ojimaple frunció el ceño de disgusto y se irritó más de lo que estaba. No por las palabras de Deementy, sino porque éste había incrementado intencionadamente aquel desesperante zumbido.

—Sigo pensando que te estas arriesgando demasiado. —El joven sacó de su bolsillo un modesto celular, con el que se dispuso a jugar con él mientras caminaba—. Si realmente uno de esos Death Notes está bajo la custodia de un humano, y tú sabes quien es y donde se encuentra, ¿por qué no mejor fuiste con él a pedirle que te diera ese cuaderno y te ayudara a encontrar el otro?

Deementy permaneció unos segundos en silenció, meditando que excusa podría darle al humano, hasta que le respondió:

—Ese humano… No creo que ese humano tenga intenciones de soltar ese cuaderno.

— ¿Y porqué no? —Arqueó una ceja—. Dices que ni siquiera lo utiliza en absoluto.

—Porque… —el shinigami puso un discreto gesto de exasperación pues ya estaba harto de que el rubio, a cada momento, se la pasará cuestionándolo—. Porque después de que se apoderó supuestamente de los dos cuadernos, aquel humano les hizo creer a todos los demás que los había quemado todos. Cuando en realidad solo quemó el falso cuaderno de Kira y una copia que él mismo había hecho del otro cuaderno y que remplazó por el verdadero, sin que los otros humanos lo notaran.

—Ah… ya entiendo… —contestó Max mientras continuaba jugando con su celular—. No sé si ese tal L estaba consciente de que el otro cuaderno del que se apoderó era falso. Sin embargo, se las arregló para quedarse con el otro cuaderno que sí era legítimo y quemó el falso junto a otro cuaderno falso para que así los que también sabían de la existencia del cuaderno creyeran que todos los Death Notes que había en el mundo humano se habían destruido…, pero en realidad preservó uno sin que nadie se diera cuenta. Eso significa que aunque no utilice el cuaderno, él en realidad quiere conservarlo al grado de haber engañado a los demás y, así, evitar cuestionamientos y sospechas. Y ya que su deber era supuestamente destruir los cuadernos, y en lugar de eso se quedó con uno, eso sólo significa que él realmente quería quedarse con esa Death Note; por eso piensas que no la va a soltar por nada de este mundo.

—Así es. Pero no es solo por eso… tu padre tiene una deuda conmigo y decidí que tú, como su hijo, tienes que pagarla en su lugar.

— Yo no entiendo como mi padre llegó a ganarse el desprecio de una criatura como tú. ¿Qué pudo haberte hecho? Por lo que tú y mi madre me han dicho, sé que él era uno de los policías que trabajaban en secreto en el caso Kira y eso lo llevó a descubrir la existencia del Death Note. Kira también estaba en ese equipo sin que nadie se diera cuenta, y una vez que fue descubierto, él trató de matar a todos los presentes, pero falló y murió. ¿Acaso odias a mi padre porque él provocó que Kira muriera antes de poder matarlo tú mismo y vengar a tu hermana?

Deementy soltó una enorme sonrisa de mofa por las conclusiones del rubio, la cual no fue notada por éste ya que Max continuaba sin despegar los ojos de su celular.

— ¿Realmente crees que un humano me impediría matar a alguien, o podría adelantarse a un dios de la muerte como yo?

—Bueno, entonces explícame, ¿por qué no mataste a Kira antes o en el momento en que Kira hizo que tu hermana se muriera?

Las palabras de Max le hicieron sentir remordimiento e impotencia a Deementy, quien recordó con amargura aquel día cuando él solamente pudo observar desde su mundo como su hermana moría sin poder hacer nada. —Porque existe una regla en la que los shinigamis no podemos matar a los humanos que han recogido una Death Note. En esos casos, el único shinigami que tiene derecho a matarlo, es el shinigami que dejó caer la libreta que el humano recogió. Únicamente él podía matarlo. De hecho…

— ¿De hecho, qué?

—No, nada… mejor olvídalo.

"Este maldito solo me dice lo que le conviene." comenzó a pensar Max mientras aparentaba sólo seguir jugando en silencio con el celular. "La verdad yo ya había descartado la teoría que mi padre murió por haber descubierto la identidad de Kira. Lo más probable, por lo que me dijo Deementy, de que descubriría quien mató a mi padre ayudándolo a recuperar las libretas, es que ese sujeto llamado L, quien es el poseedor de una libreta, fue quien lo mató. Pero… ¿Por qué lo mató? ¿Habrá sido solo un accidente? No lo creo… También debo tener en cuenta que Kira y mi padre murieron el mismo día. ¡Con un demonio! Por más que trato de darle vueltas al asunto y encontrar una explicación a todo esto, la única respuesta que tiene lógica y sentido es que… que Kira y mi padre… ¡No! No me atreveré a siquiera pensarlo hasta haberlo comprobado rotundamente. Lo único que puedo hacer por el momento es seguir interrogando a Deementy hasta lograr que me diga algo que lo delate y me revele la verdad."

—Y bien… —nuevamente el shinigami interrumpió los pensamientos de Max—. ¿Ya pensaste en como recuperar el cuaderno de las manos de ese humano y encontrar el otro?

— ¿Sabes? Si me dijeras más información sobre Kira y sobre ese tal L, me facilitarías más las cosas.

—Ya te dije todo lo que necesitas saber, y también te dije que si usabas la Death Note que te di, podrías ejercer presión sobre ese humano y después enfrentarlo.

—Y yo ya te dije que trataría de recuperar las malditas libretas sin tener que matar a nadie. Es más… hasta se me ocurre algo —el rubio se acercó la mano al mentón para frotárselo—. ¿Por qué no contactó a ese tal L, y le pido que me ayude a encontrar la otra libreta de Kira, y que después me diera la que él tiene a cambio de ésta que me diste? Así yo podré darte lo que quieres y ese sujeto aún seguirá teniendo una Death Note en sus manos. Eso sin contar que así, finalmente, él podrá asegurarse de que todas las Death Notes del mundo excepto la suya se han ido. Por otra parte, él seguro que sabe qué fue lo que le ocurrió a mi padre y si se lo pregunto, es muy probable que me lo diga. Sí…, eso será lo mejor.

"No. Eso no es lo que yo quiero. Debo de hacer que deteste a ese sujeto…" decía en sus adentros el dios de la muerte, bastante molesto por la ocurrencia del joven.

— ¿Realmente piensas aliarte con ese tipo, después de lo que le hizo a tus padres?

— ¿Qué acabas de decir…? —contestó con tono mordaz el astuto joven mientras pensaba con malicia: "Caíste"—. ¿Acaso estás diciendo que ese sujeto fue quien mató a mi padre…?

Deementy comprendió que Max sólo lo había provocado con aquellas palabras para hacerlo hablar más de la cuenta. Pensar que había sido engañado por la "escoria de aquel desgraciado", lo hacía sentirse irritado, pero después pensó detenidamente si tal vez no sería tan malo que se enterase de una buena vez…

—No, él no lo mató, pero puedo decirte que si no hubiera sido por él, tu padre no habría muerto aquel día. Eso es todo lo que te diré por el momento.

"Por el momento, ¿eh…?" pensó el rubio. "O sea que realmente tengo razón y tú sólo me estas diciendo lo que quieres que sepa, mientras tratas de ocultarme algo… Además, con esto puedo confirmar algo. No solo Kira y mi padre son odiados por igual por Deementy, sino que también mis sospechas de que la persona que mató a Kira y la persona que mató a mi padre son la misma, se han comprobado. Solo que según Deementy, él no mató literalmente a mi padre, sólo provocó que lo mataran… ¡Maldita sea…! Las probabilidades de que mis sospechas sean ciertas se han incrementado a un 39 %, pero no lo creeré cierto hasta que sea del 99 %. No, del 100 %…"

— Oye, Deementy —nuevamente se dirigió hacia el monstruo—. Quiero que también me hables más de los cómplices de Kira. Sobre todo háblame de esa humana de la que se posesionó tu hermana. Me interesa saber más de ella.

A Deementy le pareció extraño que a Max se le ocurriera de repente preguntar por aquella persona. Pero decidió hablarle un poco acerca de ella, procurando, como siempre, no decirle algo que lo llevará a descubrir la verdad:

— No hay mucho que hablar de ella. Sólo que ella recibió el cuaderno de mi hermana y después se alió con ese infeliz de Kira. Como ella había hecho el trato de los ojos, se convirtió en el juguete que Kira utilizaba para matar a las personas con mayor facilidad.

— Mmm… —Max meditó por unos momentos—. Tú me habías dicho que Kira encontró el cuaderno por pura casualidad, pero con esa mujer dijiste que ella "recibió" el cuaderno de Rem. O sea que Rem le dio ese cuaderno a ella a propósito.

Deementy se sorprendió un poco de que Max se diera cuenta tan fácil, pero no creyó que con eso él fuese a descubrir algo, por lo que decidió no negarlo.

—Dime entonces porqué se lo dio específicamente a ella —agregó el de castaños ojos.

—Porque de acuerdo a ella… ese cuaderno merecía ser suyo y de nadie más.

— ¿Merecía ser suyo…? Oye… ¿Cómo es que tu hermana sí se pudo hacer de dos cuadernos para darle uno a un humano y tú no?

—Como ya te lo había dicho antes, el rey de nuestro mundo cree innecesario que un dios de la muerte tenga más de un Death Note, y por lo que es normal que un shinigami sólo cuente con uno. No obstante, si uno de nosotros muere, su libreta quedará sin dueño y el siguiente shinigami que la recoja se puede quedar con ella.

—Mmm… interesante… —continuó frotándose el mentón—. Si es así… creo que pudiste también haber esperado para quedarte con la libreta de un compañero tuyo que hubiera muerto, o pedirle a alguien, que tuviera más de una libreta, ya que se quedo con la de otro shinigami que murió, que te diera una, para así haberme dado tú esa libreta y así no haberte expuesto como lo hiciste dándome la única que tienes.

—Es extremadamente raro que un shinigami muera. Eso casi nunca sucede. De hecho, desde que mi hermana murió, solamente supe de la muerte de otros dos shinigamis que eran muy perezosos. Uno de los subordinados del rey llegó antes de que yo pudiera aprovecharme del suceso y se llevó ambas libretas antes de que pudiera apoderarme de una para mi propósito. Tal vez pasen siglos para que vuelva a ocurrir otra muerte y yo ya no contaba con más tiempo. Y en cuanto a pedirle a un compañero que me diera una libreta que él se haya quedado de otro shinigami que murió, eso tampoco me fue posible. A los shinigamis les parece trivial y absurdo tener más de una libreta, ya que una les basta para poder matar y prolongar su vida, por lo que cuando un shinigami muere y otro recoge la libreta que dejó, por lo regular éste se la devuelve inmediatamente al rey shinigami.

—Mmm… ¿Entonces cómo rayos le hicieron tanto tu hermana como el otro shinigami para conseguir una libreta extra y dárselas a los dos Kiras…? —El rubio acastañado guardó su celular en su mochila y se puso a escuchar más atento las respuestas del shinigami, ya que todo esto le estaba pareciendo información muy valiosa.

—Ya te lo dije… Mi hermana Rem obtuvo una segunda libreta de otro shinigami que murió y ella lo recogió antes que cualquier otro. Mientras que con el shinigami que le dio la libreta a Kira, él fue bastante astuto y cruel a la vez. Le robó sin que se diera cuenta su única Death Note a un shinigami llamado Shidoh, y lo hizo de modo que ni siquiera el rey de mi mundo se dio cuenta. Después hizo creer a todos que la libreta era suya y la arrojó al mundo humano por mera diversión… sin importarle siquiera lo que podría ocurrirle a su compañero si no podía recuperar su cuaderno.

—Vaya… ese tal Ryuk sin duda es un tipo bastante entretenido —comentó Max irónicamente. De pronto, su mente recordó las pláticas anteriores que tuvo con Deementy, y una chispa de entendimiento lo llevó a descubrir algo importante—. Oye Deementy, dijiste que el día que yo fuera a morir tú escribirías mi nombre en tu libreta y me matarías primero, y que de hecho podrías matarme cuando tú quisieras, porque ese es el trato entre el humano que recogió la libreta y el shinigami que se la entregó —le cuestionó con un tono altibajo y desesperado, como si estuviera por entrar en shock—. ¿Cierto…?

— Me alegra que lo tengas bien en mente… así que deja de preguntarme cosas tontas y ve planeando de una buena vez como recuperar mis cuadernos.

— Eso significa que el ser que a final de cuentas acabó con la vida de Kira no fue ese tal L, sino que fue el shinigami poseedor de aquel humano quien lo mató, ¿no?

Esta vez el shinigami plateado no respondió la pregunta y permaneció callado.

"Miserable… tu silencio me lo dice todo" pensó. "Me dijiste que mi padre no murió a manos de L, pero, no obstante él fue el responsable de que mi padre muriera. De seguro Kira no fue asesinado por ningún humano. Más bien, el shinigami que le dio el cuaderno, al ver que su marioneta había sido derrotada, le quitó la vida antes de que pudieran arrestarlo. Por lo tanto, Kira no habría muerto si L no lo hubiese… ¡Mi padre no habría muerto si L no…! ¡Y además…! ¡Deementy odiaba a Kira y a mi padre por igual; a Kira no pudo matarlo porque había sido poseído por otro dios de la muerte, y cuando le pregunte a Deementy hace tiempo si él había sido quien mató a mi padre, me respondió que eso le hubiera gustado, pero quien lo mató había sido alguien más! ¡¿Qué le impedía entonces matar él mismo a mi padre al que tanto odiaba?! ¡Lo único que impide que un shinigami mate a un humano es que ese humano… ese humano…!"

Max bajó la mirada hacia el piso y paró de andar. Permaneció en silencio e inerte en el camino, y Deementy detuvo su vuelo y se acercó hacia el rubio, pues le extrañó el repentino cambio en el semblante de su humano. Lo observó fijamente y alcanzó a apreciar una lagrima descender de la mejilla del joven. Deementy no se atrevió a preguntarle lo que le ocurría y el rubio, al notar como era observado por el dios de la muerte, salió de su trance y se soltó corriendo en dirección a su casa a toda velocidad. El shinigami se quedó perplejo y permaneció en el mismo sitio durante unos momentos, pensando en el porqué del comportamiento tan desubicado de su humano. Luego, alzó vuelo de vuelta para alcanzarlo. Mientras iba camino a la casa de Sato, Deementy reflexionó en las palabras que el rubio le había dicho acerca de su hermana y el "¿Por qué no evitaste que tu hermana muriera?". Esas palabras lo hicieron recordar con dolor muchas cosas, entre ellas la última vez que vio frente a frente a Rem, el día que ésta se marchó al mundo de los humanos:

O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Rem… de haber sabido que esa iba a ser la última vez que nos volveríamos a ver…

En nuestro mundo, todo seguía su curso normal a pesar de que los humanos estuvieran en pánico por la culpa de una de nuestras libretas. Ese día te vi muy decidida a dirigirte hacia el portal que dirige al mundo humano…

—Rem… —observé como caminabas con tu rostro algo triste. Nunca pensé que tú pudieras sentir tristeza por algo—. ¿Vas al mundo humano acaso…?

—Deementy, he estado pensando en algo que ocurrió y… he tomado una decisión. Creo que iré a permanecer un tiempo en el mundo humano.

—No comprendo… acaso tú vas a…

Me mostraste aquella libreta y con ello comprobaste mi suposición. Yo todavía no entendía porqué irías a posesionarte de un humano. Tú no eras de aquellos shinigamis que les divirtiera esa clase de tonterías…

— ¿De donde sacaste esa libreta…?

—Si te lo dijera, tal vez no me creerías… Jealous murió hace unos días y esto es lo único que quedó de él.

— ¿Te refieres al shinigami que está obsesionado con una humana? —Al principio no entendía cuales eran tus intenciones y no le presté mucha importancia—. ¿Y que piensas hacer con esa libreta? ¿No me digas que tú también la vas a dejar caer al mundo humano para que cause destrozos…?

—Voy a dársela a aquella humana.

—No comprendo porque quieres hacer semejante cosa. Si tú le das esa libreta deberás quedarte allá hasta que mates a esa humana o ella renuncie a tu cuaderno.

—Ella debía de haber muerto hace unos días. Ese era su destino. Sin embargo, Jealous se encariñó tanto con aquella jovencita, que usó su cuaderno para alargar su vida… y eso le costó la suya propia. Ahora ella ya no tiene ningún motivo que justifique su existencia.

Tus palabras no tenían sentido para mí en aquel entonces. Al principio creí que lo harías porque esa chica debió de haber muerto y por eso no te sentirías culpable si la maldecías y jugabas con ella.

—Después de que Jealous murió, continué observándola. Y descubrí que tenía un solo anhelo… —Tú continuabas avanzando, mientras que yo solo te seguía y te escuchaba. Finalmente llegamos a un portal y me invitaste a que la observara.

— Hace un año, sus padres murieron asesinados por unos ladrones que entraron a su casa a asaltarlos. Lo sé porque yo también la he estado observando un poco al igual que Jealous.
Observé a esa humana y no me pareció que ella fuese diferente a los demás humanos, pero no te dije nada y seguí escuchándote.

—Los asesinos de sus padres no fueron castigados. Al final salieron libres sin recibir castigo alguno y eso hizo que ella terminara muy decepcionada. Comenzó a odiar a los demás humanos. En silencio fue empezando a maldecir y a dejar de creer en aquello que los humanos llaman Justicia. Pero de pronto, sucedió que los verdugos de sus padres fueron castigados por el humano que recogió la libreta de Ryuk. Desde ese día, ella volvió a creer, y se ha dedicado a encontrar la manera de conocer a ese humano para agradecerle. Ahora ella no piensa en otra cosa que encontrarlo para agradecérselo.

Yo la miraba. La veía mientras escuchaba tus palabras, pero seguía sin comprender del todo que tenías pensado hacer, hermana…

— ¿Piensas darle esa libreta para que ella tenga el mismo poder que la persona que tanto admira…? No tienes por que tomarte tantas molestias. Si lo que quieres realmente es hacerle un favor, mejor mátala. Termina con su vida como debió de haber sido.

—Para que ahora ella tuviera esa vida extra, Jealous dio su vida. Su sacrificio sería en vano si simplemente muriera. Ahora se puede decir que ella y esta libreta son el único vestigio que queda de él. Es por eso que pienso que si alguien debería de tener este cuaderno, ese alguien es ella.

Desplegaste tus alas y atravesaste el portal para llegar al mundo humano. Yo me quedé aquí… desconcertado, pues seguía sin entender por qué lo estabas haciendo. Así que decidí observarte mientras te encontrabas allá.

Le entregaste la libreta de Jealous a esa humana y ésta simplemente la aceptó con gran alegría, pues gracias a ti obtuvo respuesta a todas sus dudas y sintió que ahora sería capaz de encontrarse con la persona a la que tanta gratitud sentía. No sé si realmente querías que ella conociera a la marioneta de Ryuk, pues le advertiste de lo peligroso que sería. Pero, a final de cuentas, con tu ayuda logró encontrarse con ese bastardo. A mí no me importaba si esa humana moría a manos de él. Yo solo quería que regresaras lo más pronto posible, conmigo. Pero algo que en definitiva me extrañó de ti, fue que hiciste algo que jamás pensé que uno de nosotros se atrevería a hacer por un humano. Tú… le juraste a ese mal nacido que si él se atrevía a hacerle algo a ella, lo matarías para protegerla de él, aún si eso te costaba la vida. Fue en ese momento cuando lo entendí… entendí el verdadero motivo por el que tú habías decidido a darle esa libreta. Tú… tú querías estar con ella. Tú querías estar allí, para asegurarte que la vida que recibió del sacrificio de Jealous la pasara feliz, porque sentiste que, de alguna manera, Jealous lo habría querido así. Y no sólo eso. Pude ver que tú también habías llegado a sentir afecto por esa humana. Su dolor se había vuelto tu dolor, y su felicidad, de alguna manera también sería tu felicidad. Jamás entenderé porqué… pero a pesar de ello no me preocupé de que tú llegases a hacer una idiotez, pues sabía que no eras ninguna tonta, y no creí que llegarías a encariñarte tanto con aquella humana como para dar tu vida por ella, como lo había hecho Jealous. Sabía que cuando le dijiste a ese mal nacido que lo matarías, solo estabas alardeando. Tú y yo sabíamos a la perfección que los humanos que recogen una Death Note sólo pueden morir a manos del shinigami que dejó caer la libreta que poseen. Por lo tanto, aunque quisieras matarlo, no podrías hacerlo, pero sabias que ese miserable era un cobarde que no se atrevía a acortar su propia vida, y que si lo amenazabas con matarlo, garantizarías que no se atrevería a hacerle daño a tu humana. Tonta. No obstante, no tenías por qué dar la cara por ella. Los shinigamis que nos posesionamos de un humano, no tenemos por que intervenir en sus vidas. Nuestro único deber es observarlos hasta el día de su muerte o que renuncien a nuestro cuaderno. Pero esa humana ahora te pertenecía, y si tú querías ayudarla, no había reglas que lo impidieran. Ella en cierta forma se había vuelto muy feliz por estar al lado de ese maldito. Y aunque él a ti no te simpatizaba en lo más mínimo, tú también te sentías tranquila de que ella estuviera jubilosa. Pero no siempre habrían de ser así las cosas…

Aquel humano que había jurado encontrar y detener a ese miserable, se encontraba muy cerca de descubrirlo y vencerlo. Y esa niña, por haberse vuelto su cómplice, también corría el riesgo de ser atrapada por él y compartir su destino. Tú estabas consciente de ello y decidiste ayudar a ese infeliz para que tu humana no corriera ningún riesgo. Pero a pesar de tus esfuerzos, ella terminó siendo atrapada por ese humano. Tú te sentiste culpable de que la vida de esa jovencita corriera tan grave peligro, ya que fuiste tú quien le dio ese cuaderno desde el principio, pensando que la creencia de que "los humanos que son poseídos por los dioses de la muerte se vuelven infelices y su vida se torna en desgracias" era solo una superstición de nuestro mundo. Ahora esa humana corría peligro de perder la vida que Jealous le había dado y tú te sentías responsable. Querías encontrar la forma de sacarla de ese apuro, pero no podías matarlos ni tampoco liberarla de esas ataduras. Tu única opción era… pedirle ayuda a ese bastardo. Ya que él era el único capaz de encontrar la manera de sacarla de ese aprieto y, además, también era el culpable de que tu humana estuviera en peligro. Hiciste que ella renunciara a tu libreta para asegurar que estaría a salvo por más tiempo y fuiste con ese miserable para ordenarle que ayudara a tu humana a salir del aprieto en el que ambos la habían metido. Una vez más lo amenazaste con matarlo aunque en realidad tú no podías hacerlo. No sólo por nuestras reglas sino también por los sentimientos de tu humana, que era capaz de dar la vida por aquel infeliz. Matar a ese bastardo ya no era una opción para ti. Si lo que realmente querías era que tu humana fuese feliz, tu única opción era ayudarlo a él también, para que así ella pudiera sentirse feliz al lado de ese maldito.

Le ayudaste a ese miserable a confundir a su perseguidor, dándole su cuaderno a otro imbécil para que continuara utilizándolo en lugar de él, y así pudiera demostrar temporalmente su inocencia y recuperar su libreta en el momento más conveniente. Tu único interés seguía siendo proteger y resguardar la seguridad de tu humana. Hiciste todo lo necesario para asegurarte que el plan de ese infeliz saliera a la perfección. Tú estabas consciente de que a él no le interesaba en lo absoluto salvar la vida de esa jovencita, que él solo quería salvar la suya y derrotar a ese hombre que había prometido detenerlo a como diera lugar. Pero tú sabías que la felicidad de ella estaba en estar con ese bastardo, y además pensabas que mientras tú estuvieras allí, podrías cuidarla de cualquier abuso de ese infeliz. No cabía duda de que a estas alturas eras capaz incluso de dar tu vida para protegerla de ser necesario.

Los dioses de la muerte existimos para acortar la vida de los humanos. Para alimentarnos de sus vidas. Para matarlos. Ellos son nuestros juguetes, nuestro ganado, un simple fruto que cortamos y devoramos a nuestro beneficio. Que uno de nosotros haya llegado a sentir compasión por uno de ellos. Que un shinigami haya llegado a sentir afecto y protegiese, arriesgando hasta su propia vida, a un humano que se supone que para nosotros sólo son seres insignificantes de los que obtenemos vida. ¿No debería ese acto de compasión ser visto como algo maravilloso y magnánimo…? Los humanos que realmente se preocupan incondicionalmente por otros humanos ya son muy pocos, y los shinigamis somos seres tan indiferentes que no nos preocupamos ni nos afligimos ni entre nosotros mismos. Que tú hayas sentido compasión y protegieses a esa jovencita, procurando su felicidad, a pesar de que sólo se trataba de una simple humana… eso probaba que tú eras muy distinta de nosotros. Tú no tenías el corazón podrido como todos los demás de nuestro mundo. Que un shinigami haya querido con todas sus fuerzas a un humano. Que alguien cuyo oficio es el de matar a los humanos protegiera con su vida a uno. Eso era algo digno de admirarse —una lágrima comenzó lentamente a derramarse por la mejilla del dios de la muerte. Tal parece que los shinigamis también pueden llorar—. Tú… tú eras un ejemplo que tanto shinigamis como humanos deberíamos de reconocer. Ambos mundos serían muy distintos si más seres como tú existieran en ellos. Pero ese mal nacido. Esa escoria de alma putrefacta. A él no sólo no le conmovió tu compasión. No solo no reconoció y aprendió de ti lo que era pensar en los demás… sino que también… ese miserable se atrevió a usar tu compasión a favor de él. Y no le importó que tú fueras a perder tu vida, él te utilizó sin piedad y se aprovechó cruelmente de tu bondad para deshacerse del único humano que era capaz de acabar con él. Eso lo prueba. Los humanos no se merecen la compasión de nuestra parte. Ellos no saben apreciar y honrar este sentimiento. Aunque te preocupes por ellos, ellos seguirán preocupándose sólo por ellos mismos. Los humanos no merecen la compasión de nadie. Mucho menos la nuestra…

Cuando yo ya había comprendido sus intenciones, ya era demasiado tarde para ayudarte. No podía matar a ese maldito. Solo tú y Ryuk podían hacerlo, pero él no mataría a su juguete todavía y tú no conseguirías proteger a tu humana matándolo. Todo lo que podías hacer para protegerla y hacer que ella pudiese ser feliz al lado de esa lacra, era matar al hombre que ese bastardo quería ver muerto para cumplir sus propósitos. Pero eso te costaría la vida. En ese momento yo aún no creía que serías capaz realmente de sacrificar tu existencia para que una simple humana viviera feliz lo que le restaba de vida… pero cuando observé como te dispusiste a utilizar tu cuaderno para cumplir las ambiciones de esa escoria, mi rabia hacia aquella basura se incrementó y caí en el pánico. No había manera de que yo pudiese detenerte desde nuestro mundo. Solo podía observar como lo hacías… pero… yo no quería verte morir; mucho menos ver a ese bastardo sacar provecho de tu sacrificio. Solo había algo que a estas alturas podía hacer para salvarte. Empuñé mi bolígrafo y mi libreta… y me dispuse a escribir el nombre de esos dos sujetos antes que tú, y tomar tu lugar. Iba a hacerlo. Realmente prefería mil veces morir yo, que verte morir a ti a consecuencia de las atrocidades de esa bazofia. Así tú podrías continuar protegiendo a tu humana y ese miserable continuaría a merced tuya. Escribir esos nombres no me hubiera costado ni tres segundos… pero… pero… no pude… Titubeé por un instante y al final terminaste de escribir ambos nombres antes que yo… Al final tú moriste, como lo había planeado ese mal nacido. Ver como te desintegrabas como castigo a faltar a nuestras leyes… ver como ese infeliz se apoderaba de tu cuaderno después de haberte asesinado, como si se tratase de un trofeo, de una insignia que lo galardonaba de ser el humano que llegó a ser capaz de asesinar a un dios de la muerte… esas imágenes aún siguen atormentándome, recordándome dolorosamente lo completamente inútil que fui esa vez. Jamás me perdonaré por no haberte salvado. Al final de cuentas tú fuiste más valiente que yo, y no tuviste miedo de morir para proteger a la persona que tanto te importaba. Desde esa vez, mi rabia y odio hacia ese humano cobarde y sin sentimientos no ha disminuido. Aún después de muerto no dejaré de odiarlo jamás. Siempre maldeciré su recuerdo… siempre…

Después de tu muerte, quise encontrar la manera de vengarte, pero… por más que tratara de escribir su nombre en esa libreta, las reglas lo protegían de cualquier shinigami excepto el que le dio su libreta, que era el único que legítimamente podía matarlo. Lo mismo ocurría con esa mujer; que al principio también odié, ya que era también la responsable de que murieras. Pero al igual que ese bastardo ella también estaba protegida por las reglas de nuestro mundo. Lo único que pude hacer durante mucho tiempo fue observar. Observé como lentamente el mundo humano estaba cayendo a merced de ese mal nacido. Él mataba a quien se le venía en gana, como si ahora él tuviese la autoridad para decidir quien merecía vivir y quien no. Mi odio hacia él y hacia la humana por quien moriste también fue creciendo. Finalmente ocurrió algo: Aparecieron otros humanos que estaban en contra de ese infeliz y quienes lo combatieron con el mismo fervor que aquel otro humano que mataste, sacrificándote. Verlo sufrir de nuevo me causó mucha alegría. Yo podía ver su tiempo de vida. Era largo, envidiablemente largo para cualquier otro humano. Aún con eso yo sabía que si los humanos empiezan a involucrarse con uno de nuestros cuadernos, su periodo de vida puede alterarse y acortarse. Y en esos casos ya no nos es posible saber cuando morirán. No importa, tarde o temprano morirías, mal nacido. Fuiste muy estúpido al creer que por no haber hecho el pacto con el shinigami tu vida sería larga. Olvidaste por completo que el shinigami que te dio el cuaderno te podía quitar la vida cuando él quisiera y solamente continuabas vivo para satisfacer sus deseos banales… Ni siquiera tú, maldito bastardo, eras invencible, ni podías hacer siempre que las cosas salieran como tú querías. Fuiste vencido. Fuiste vencido en tu propio juego y quedaste expuesto como lo que realmente eras: un insignificante humano. Tú nunca fuiste ni serías jamás un dios, no importaba cuanto cambiaras ni voltearas el mundo a tu antojo. Tú solo eras un humano. Un humano que había vendido su alma a uno de nosotros a cambio de un poder relativamente fútil a tus deseos. Y la hora de pagar finalmente había llegado. Solo eras un humano y le diste muerte a miles y miles de ellos. Que tú sólo murieses una vez fue un castigo insignificante. Lo que realmente fue tu castigo fue el haberte visto por primera vez como un simple humano inútil y patético. Ryuk pudo haberte matado desde mucho antes. Él, desde antes de que tú, se había dado cuenta que habías sido vencido, y esperó a verte caer en lo más bajo para quitarte la vida. Creo que también se te había olvidado quien en un principio había sido la mascota de quien.

Pensé que el dolor que me había ocasionado que murieras, hermana, se apaciguaría una vez muerto ese infeliz. Pero no fue así… Aún me sentía vacío. Al principio lo atribuí a que la humana por la que diste tu vida seguía con vida, y mientras fuera así, mi rencor hacia ella seguiría atormentándome. Pero no era así. Yo la seguí observando y esperé su muerte, que se encontraba muy cerca ya, pero a diferencia del mal nacido de Light Yagami, yo no sentía realmente desprecio hacia ella. No comprendía porqué. Ella también tenía la culpa de tu muerte y debería aborrecerla por lo mismo, pero no lo hacía. La seguí observando hasta que finalmente llegó el día de su muerte, y murió. Fue algo extraño, pero al momento de verla morir recordé aquello que me dijiste cuando te vi por ultima vez: "Jealous había dado su vida por aquella humana, para que continuara viviendo, y por eso es que esa humana y esta libreta, son los últimos vestigios que quedan de su existencia…" Finalmente comprendí porque no sentía odio después de todo hacia ella. Como tú habías dado tu vida para protegerla, su existencia se había vuelto una prueba de que alguna vez la diosa de la muerte Rem existió. Esa humana era un recuerdo tuyo para mí. Nuevamente, ella murió sin que yo interviniese en lo absoluto, y eso me hizo sentir más vacío…

Y es por eso que ahora estoy aquí. Arriesgando mi vida. Esta vez ya no seré de nuevo un simple espectador desde mi mundo. Este humano… este humano es el fruto que quedó de aquellos humanos que causaron tu muerte. Por sus venas corre la misma sangre de ese maldito. Es por eso que no puedo evitar odiarlo con todas mis fuerzas. Pero… a la vez… este humano… este humano también tiene la sangre de la humana a la que protegiste con tu vida. Si tú no hubieras sacrificado tu vida, este humano jamás hubiera existido. Aquellos cuadernos y la vida de este humano son lo último que queda de ti. Por eso… este humano… me pertenece… y puedo hacer lo que yo quiera con él. Estaré a su lado por lo que le reste de vida y me aseguraré de que se vuelva un ser tan despreciable como lo fue su padre. Él cargará con todas las deudas que ese miserable tiene conmigo. Me vengaré con él y a través de él de los humanos por haberse aprovechado de tu bondad. Él me devolverá lo que sus padres te quitaron a ti. Y al final… nadie más que yo podrá quitarle la vida… y cuando se la quite… será como si le hubiese quitado la vida a ese bastardo. Esa será mi venganza. ¡Yo usaré a la encarnación de tu sacrificio como venganza hacia ti, hermana…!

Poco a poco, el shinigami plateado fue difuminando aquellos recuerdos. Se encontraba ya muy cerca al domicilio del humano a quien había poseído. Ya había sido suficiente nostalgia por hoy. Lo importante ahora era reencontrarse con Max, al que había perdido de vista.

/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O
/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O/O

Nuevamente Max estaba de regreso en su casa. Había corrido desesperadamente y ya casi no le quedaba aliento. Su madre se percató de su regreso, un poco más temprano de lo que él acostumbraba, y desatendió sus labores domésticas por unos momentos para darle la bienvenida.

—Sato. Llegaste temprano. ¿Cómo te fue en tu examen?

La bella mujer no recibió respuesta de su hijo. Éste simplemente pasó de largo a su madre en el recibidor del apartamento y continuó corriendo hasta subir las escaleras y encerrarse en su habitación. Sayu, que no comprendía del todo el comportamiento de Max mas no le tomó mucha importancia, decidió que tal vez simplemente había tenido alguna pelea en la escuela o que no le había ido muy bien en su examen, así que permitió que descansase en su alcoba hasta que éste tuviera la tranquilidad para contarle lo que le había ocurrido. Tal vez si hubiese alcanzado a ver la expresión de dolor en el rostro de su hijo, se hubiera dado cuenta que esto no se trataba de cualquier pequeño problema que se pudiese solucionar.

Max permaneció de pie y en silencio dentro de su oscura habitación, esperando. Esperando a que llegara el ser que era, en parte, el causante del dolor que ahora le estaba quemando el alma. Él quería respuestas. Las quería ahora y no permitiría que aquel dios de la muerte le siguiese ocultando una verdad que, para él, era más latente que nunca. Finalmente el shinigami plateado hizo acto de presencia, atravesando lentamente los muros de la sombría alcoba del rubio de ojos maple. Deementy notó rápidamente que Max aún continuaba con el mismo semblante de cuando iban en las calles y salió corriendo. No comprendía del todo qué le estaba ocurriendo, así que le preguntó:

— ¿Qué demonios pasa contigo? —El shinigami guardó la distancia para no provocar al ojimaple mientras le cuestionaba—. Dime porqué saliste corriendo así. ¿Crees que te puedes esconder de mí acaso…?

Max permaneció en silencio durante unos instantes. Tenía el rostro apuntando hacia el piso. Su flequillo caído no permitía ver desde lejos sus ojos color miel de maple, cuya expresión que ahora tenían era mejor no ver, ya que su mirada se había vuelto caótica y llena de dolor.

— Respóndeme —insistió el monstruo—. ¿Qué te pasa? Dime.

— Cuando tenía 12 años —sin voltear a ver directamente al shinigami, Max comenzó a dirigirse hacia Deementy sin dejar de tener ese semblante tan tétrico—, me encontré con una carta de un amigo de mi madre. La leí y entonces me di cuenta de algo… en ella decía… que mi madre se había suicidado cuando yo apenas era un bebé. Al principio me pareció que no tenía sentido, pero luego me puse a investigar, y con la ayuda de un amigo entré a la base de datos del registro civil de Japón desde mi PC para investigar… Teniendo como referencia mi nombre y fecha de nacimiento, busqué mi registro de nacimiento. En él encontré la verdad. Es verdad que soy hijo de madre soltera, pero mi verdadera madre era en realidad otra persona. Ésta murió cuando apenas era un bebé, e inmediatamente después fui adoptado por la mujer que ahora es mi madre. Al principio esto me desconcertó bastante. No obstante —la voz del rubio comenzó a quebrarse conforme continuaba relatando—, nunca le he reclamado nada, ya que a pesar de todo, ella siempre ha sido muy buena conmigo y me ha tratado como si realmente fuera su hijo. Así que simplemente espero a que ella se sienta preparada para confesármelo… ¿Tú también eras consiente de eso, no es así…?

—Sí…, y también era consciente de que tú ya lo sabías. ¿Crees que traté de engañarte ocultándote este hecho? ¿Crees que ganaría algo ocultándote esto…?

—Mi padre… —Max continuó hablando sin dejar de mirar hacia el piso y con una voz aún más temblorosa—. Lo primero que pensé cuando descubrí que era adoptado, fue que la persona de la que tanto mi madre me hablaba tal vez no fuese mi padre y sólo fue un amor que mi madre tuvo antes de adoptarme. Para confirmarlo, continué buscando en la base de datos del registro civil nipón. Primero investigué a mi verdadera madre y no encontré algún registro de que ella hubiera estado casada o comprometida con nadie, por lo que encontrar a mi padre a través de ella me fue imposible. Luego investigué los registros de mi madre y busqué el nombre de la persona que ella me decía que había sido mi padre… y descubrí que… Sayu Yagami, mi madre adoptiva, y Light Yagami, la persona que ella afirmaba que era mi padre… son hermanos. Al principio pensé que no tenía sentido. Si ella en realidad no sabía quien era mi verdadero padre y creó a una figura paterna para hablarme de ella y ocultarme así que soy adoptado, ¿por qué usaría a su propio hermano como supuesto padre? Pero luego medité meticulosamente los hechos y vi que si tendría sentido si realmente él fuese mi padre. Porque entonces eso explicaría el porqué mi madre me adoptó… mi padre murió y como mi madre biológica también, mamá decidió adoptarme por ser el único recuerdo que le había quedado de su idolatrado hermano… esa es la única explicación que llena casi todos los espacios… Así que… Deementy, ¿puedes confirmarme una vez más que Light Yagami… es mi padre…?

—Así es… —el shinigami asintió fríamente—. Si tú no llevaras en tus venas la misma sangre que él, yo no estaría aquí, atormentándote y odiándote por ser hijo de aquella escoria.

— ¡Con un demonio…! —Iracundo, el rubio alzó la mirada y encaró al shinigami con furia y desesperación—. ¡Por qué odias a mi padre! ¡Dímelo de una buena vez! ¡DÍMELO…!

El dios de la muerte permaneció callado. Por más que el ojimaple le ordenó a base de gritos que le contestase, éste permaneció inerte. Los gritos del jovencito sólo consiguieron que Sayu alcanzara a escucharle levemente su desesperada voz. Lo que hizo que ella se preocupara aún más por él. Pensó que tal vez sería bueno ir a hablar con él, sin embargo, decidió mejor dejarlo solo.

Ella conocía de sobra el temperamento introvertido de su hijo y sabía que sólo conseguiría irritarlo más. "Lo mejor será hablar con él cuando esté calmado", pensó, por lo que continuó preparando la cena, aunque aún estaba bastante preocupada por él.

Mientras tanto, Max continuaba gritándole maldiciones al dios de la muerte, pero éste siguió sin articular ni una sola palabra. Finalmente el rubio se cansó de gritarle y, tomando una pausa para recobrar el aire, comenzó a dirigirse de nuevo en voz baja y entre jadeos y respiros hacia su poseedor:

—Siempre que te pregunto porqué odias a mi padre… cambias de tema, te quedas callado o me respondes con cosas incoherentes que no me dicen nada… ¿P-por qué…? ¿Por qué no quieres decírmelo…?

—No tienes por qué saberlo… ni yo por qué decírtelo —le contestó finalmente con el mismo tono de voz frío y cruel, sin haberse inmutado en lo absoluto por las palabras del muchacho—, pero si lo quieres saber… entonces te lo diré…

—Imbécil… ya no es necesario que me lo digas… —nuevamente el rubio adoptó su posición de bajar y ocultar su rostro. Al parecer no quería que ese monstruo viese su expresión—. Si mi padre murió antes de que yo naciera, y, no obstante, sabes que soy su hijo… eso significa que desde antes de que yo naciera ya estabas observando a mi verdadera madre. ¿No es así…?

—A quien yo observaba era a tu padre, no a ella. Fue así como supe que ese bastardo te había engendrado en ella.

—Mentiroso… para que pudieras estar al cien porciento seguro de que yo era hijo de él…, significa que tú conocías a mis padres por igual; a ambos los observabas desde tu mundo… y sabías de alguna manera que mi madre sólo estaba con mi padre y con ningún otro hombre… Tú estuviste observando a mi madre aún cuando no estaba con mi padre y por eso te consta que no puedo ser el hijo de ninguna otra persona…

La capacidad de deducción del joven de cabellos blondos le hicieron recordar por unos momentos a Deementy a aquel humano a quien tanto despreciaba, aún después de muerto. Por un instante se le figuró como si realmente fuese aquel humano el que estaba allí con él. Ese jovencito en definitiva se sentía similar a él. Tenía el mismo aroma, el mismo semblante, y su aura comenzaba a irradiar la misma energía, y aunque el shinigami sólo conoció desde lejos al padre de aquel humano, sentir esa aura tan sobresaliente y diferente de los demás humanos lo hizo suponer que así también se sentía estar frente a su padre. El shinigami sólo pudo permanecer callado y dejar que su humano continuara hablando:

—La aliada de Kira… aquella humana que también se hizo de una Death Note y por la que tu hermana dio su vida… ¿Por qué se alió a Kira y le fue tan fiel…? Responde.

—Ella creía en los ideales de ese bastardo ya que fue él quien castigó a los criminales que acabaron con las vidas de sus padres. Yo ya te lo había dicho, no tiene ninguna importancia.

— ¿Tú lo crees? —Max levantó un poco el rostro y miró descorazonado hacia el shinigami de plata mientras le esbozaba una leve sonrisa maliciosa que, pese a lo que muchos podrían pensar, no había nada de alegría detrás de ella—. He estado meditando este dato, y me parecería muy interesante… que ellos, además de haber sido cómplices, también hubieran terminado siendo ¡AMANTES…!

El shinigami no soportaba tener que concebir que el muchacho estuviera sabiendo más de lo que él creía. Ante esto, comenzó a sentirse desafiado por él, por lo que le contestó agresiva y soberbiamente:

—Y si fuera así, ¿qué?

Max se alejó unos pasos más del dios de la muerte, volteó de nueva cuanta hacia él y finalmente lo encaró de lleno, con una penetrante mirada de odio, rencor y desprecio.

—Mi padre y Kira… Ambos fueron oficiales de policía… Ambos murieron el mismo día… También deduzco que la persona que derrotó a Kira y la que ocasionó que mi padre muriera son el mismo: L. O sea… que ambos sucumbieron por la obra del mismo hombre, y tal vez por las mismas razones… Ambos son odiados profundamente por el mismo dios de la muerte… y ambos estuvieron involucrados con una Death Note…

Deementy permaneció inerte mientras escuchaba las palabras del humano.

— Todo es demasiado obvio… de hecho… comencé a sospecharlo desde aquella noche, cuando acepté convertirme en tu juguete. Si acepté en un principio ser tu marioneta para que me dejaras continuar con vida, fue porque no podía dejar que me mataras hasta desaparecer este horrible presentimiento de mi cabeza. Sin embargo… mientras más lo meditaba y mientras más escuchaba lo que me decías, las probabilidades de que mi temor fuera cierto fueron incrementándose cada vez más y más. Pero no quería creerlo. Quería encontrar como fuera algún hecho que refutara mi teoría y la convirtiera en una absoluta falsedad sustentada en simples casualidades. Pero en lugar de eso… en vez de encontrar algo que desmintiera mi presentimiento… encontré algo que acabó por comprobar, para mi desgracia…, mi terrible suposición…

Aunque Deementy seguía aparentando indiferencia y frialdad por fuera. Por dentro comenzaba a darse cuenta que aquel joven finalmente había comprendido la verdad que hasta ahora no quería que todavía supiera. Aún no estaba seguro si era conveniente que se enterara de una buena vez. Aún había muchas cosas por hacer. Temía que, confirmándolo ahora, él decidiese desistir y dejarse morir para terminar con su sufrimiento. Pero lo cierto era que ya no había marcha atrás con respecto a lo que él ya había averiguado.

—Sé que tú no vas a decirme porqué odias a mi padre —continuó—… pero… ¿Puedes afirmarme que lo odias con todas tus fuerzas y que no podrías odiarlo más…?

—Así es… aún después de muerto no dejaré de odiarlo nunca.

—Entonces… dime… ¿Por qué no lo mataste…?

Las palabras de Max hirieron por dentro al shinigami, quien todavía se odiaba a sí mismo por haber sido completamente inútil en aquellos tiempos. Pero Deementy continuó escuchando y permaneció en silencio, sin mostrarle ninguna emoción a su humano.

—Vamos, dime. ¿Por qué no lo mataste tú mismo? ¿Qué te hubiera costado escribir su nombre en tu Death Note y darle una dolorosa muerte? Responde. ¡Vamos! ¡Responde…! ¿Será acaso que no lo odiabas lo suficiente como para quererlo matar tú mismo…? ¿O será que… tú simplemente no podías matarlo…?

Nuevamente, el shinigami permaneció sin mover un solo músculo y sin articular una sola palabra.

—Hace unos minutos me explicaste que los shinigamis tienen el derecho de matar a las personas a las que les dieron una Death Note. Y que ni siquiera ese derecho se lo pueden quitar los otros shinigamis. Es decir, un shinigami no puede matar a un humano que recibió la Death Note de otro shinigami. Tú no mataste a mi padre… porque ese derecho le pertenecía a otro shinigami… ¡Porque mi padre había recibido una Death Note al igual que yo y sólo ese shinigami podía matarlo! ¡MI PADRE ERA KIRA Y ES POR ESO QUE TÚ ODIAS A AMBOS!

El grito lleno de dolor de Max, se dejó retumbar por toda la habitación. Su madre adoptiva, por fortuna, sólo escuchó el eco distorsionado desde la cocina, sin poder entender legiblemente las palabras de su hijo adoptivo, su sobrino biológico. No obstante, dicho grito la preocupó más de lo que ya estaba y la hizo apresurarse a terminar de servir la cena y, así, tener un pretexto para llamar a Sato para la cena y poder hablar con él.

—Estoy en lo correcto, ¿no es así…? —siguió reclamando al shinigami—. ¡Respóndeme! Mi padre era la persona detrás de Kira… o mejor dicho ¡Mi padre era Kira…! Y no sólo eso… mi verdadera madre… si mi padre era Kira…, entonces aquella mujer que se alió a Kira… Aquella mujer que tanto lo admiraba porque él dio castigo a los verdugos de sus padres… la humana por la que tu hermana Rem dio su vida… ¡ella fue la mujer de mi padre…! ¡Ella era mi madre! —los ojos del ojimaple parecían que estuvieran a punto de desbordarse en lágrimas, mientras que su voz me manifestaba cada vez más rota conforme iba expresando cada palabra que, una tras otra, estaba cargada de más dolor y sufrimiento—. No sólo soy el hijo de la persona a quien tanto odias por haber matado a tu hermana… también soy el hijo de la humana por la que se sacrificó. Y por eso quieres que recupere esos cuadernos… ¡¿Verdad…?!

Un abrumador silencio recorrió la lóbrega habitación. Hasta que, finalmente, el dios de la muerte de coraza plateada, ojos carmesíes y filosas garras llamado Deementy, salió de su inercia y musitó fríamente la tan esperada confirmación de sus sospechas:

—Así es, Satoshi Yagami… tu padre, Light Yagami, él junto con tu verdadera madre, Misa Amane, fueron los responsables de que Rem, mi hermana, muriera… Y esa es la verdadera razón por la que te di esta libreta desde un principio. Tu padre y tu madre eran Kira. Esa es la verdad…

Finalmente Deementy le había contestado la respuesta que él tanto esperaba y a la vez no quería recibir. Escuchar aquellas palabras fue para él la sensación de dolor más intensa que jamás llegó a sentir en su vida. Su más grande temor había sido confirmado. La conmoción de estas palabras le hizo quedar paralizado, con las pupilas dilatadas y los ojos desorbitados de una manera espeluznante. Sin embargo, no pasaron ni tres segundos cuando la puerta de su habitación se abrió repentinamente.

—Sato —dijo suavemente la nipona mujer—, ven, ya está servida la cena.

—En seguida bajo… —contestó el rubio, aparentando la mayor naturalidad que pudo.

La puerta se cerró y el ojimaple volvió a permanecer en silencio, con el shinigami observándolo detenidamente. Después de unos minutos, el rubio acastañado finalmente se movió y bajó lentamente al comedor, donde su madre le esperaba para servirle sus alimentos. Se sentó tranquilamente y, fingiendo naturalidad, comenzó a comer lentamente lo que su madre le había servido. Sayu trató de platicar meticulosamente con su hijo; aún pensaba que su comportamiento tan extraño se debía a que tal vez no le había ido bien en su examen de filosofía, y trató de preguntarle con disimulo como le había ido. Max continuó demasiado serio a lo normal en él, y contestó las interrogantes de su madre lo más fríamente que pudo. Una vez que terminó de cenar, el rubio pidió seriamente a su madre que le permitiera regresar a su habitación, pues tenía que estudiar muy duro para el examen de mañana, y le dijo que no se preocupara, que lo de hace unos momentos solo había sido un pequeño berrinche que le ocasionó verificar algunas respuestas de la prueba que había sacado mal, y que sólo estaba nervioso por lo difícil que eran estos exámenes finales que tenía. El rubio subió de nueva cuenta a su alcoba y se volvió a encerrar en ella.

Y allí permaneció de nuevo. De pie, sin que nada lo hiciera moverse ni un sólo milímetro, con la cara hacia el suelo. Ni siquiera Deementy podía ver su rostro ni lo que se ocultaba tras de su mirada. Mientras permanecía quieto, un cúmulo de pensamientos, fueron girando vertiginosamente, una y otra vez en su mente, que estaba al borde del desquicio:

"Kira es mi padre… La persona a quien más odiaba y repudiaba es mi padre… La persona a la que más admiraba y ponía como gran ejemplo es Kira… Mi padre es Kira… Mi padre es Kira… Mi padre es Kira… ¡Mi padre es Kira…! ¡Mi padre es KIRA…! ¡MI PADRE ES KIRA! Mi padre es… ¡KIRA!"

Esta verdad, cruel y demasiado fuerte para que el joven adolescente pudiera asimilarla, lo continuó torturando por dentro. Permaneció inerte durante horas, con el cuerpo totalmente paralizado. Pensando en todas las vidas que sus padres debieron haber segado, en todo el daño que hicieron. En cuanto había admirado a su padre, cuando en realidad sólo fue un demente asesino que creó los más grandes suplicios de la historia moderna. El haber tenido una idea tan falsa de la realidad y enterarse de ella tan cruelmente, estaba destruyendo lentamente toda su cordura. Durante ese lapso de tiempo, una lágrima se derramó por la mejilla del ojimaple. Posiblemente ésta sería la última que derramaría en su vida.

Permaneció quieto y en silencio hasta ser las 11:00 PM. Durante todo ese tiempo, el dios de la muerte lo observó sin saber a ciencia cierta qué decisión iría a tomar su humano de ahora en adelante. No se atrevía a hablarle y sacarlo de su trance. Prefirió esperar pacientemente a que él volviese a dirigirse a él.

—Ahora que sé que clase de abominación soy… que nunca debí de haber nacido… y que todo lo que me motivaba a vivir… resultó ser una mentira… sólo hay algo que quiero y puedo hacer…

El dios de la muerte se le quedó mirando y no pudo contener las ganas de preguntarle:

— ¿Qué vas a hacer…? No me importa lo que hagas mientras me devuelvas las libretas de mi hermana.

—Lo único que una abominación que ha muerto en vida puede hacer, Deementy… Continuar… continuar hasta el final… continuar hasta morir… continuar hasta obtener no sólo tus cuadernos…

— ¿Qué más vas a obtener…?

Cuando el rubio de ojos maple volteó donde el shinigami, éste se impresionó a más no poder al ver el diabólico rostro que había puesto aquel humano. El shinigami nunca se imaginó que volvería a ver de nuevo aquella desquiciante mirada; era idéntica a ese ser humano que alguna vez creyó poder convertirse en un dios. Ahora, ese joven había adquirido casi el mismo semblante. Su mirada completamente desubicada proclamaba que, de alguna manera, aquel humano sediento de poder había reencarnado en él. Sólo que esa sed de poder había sido remplazada por otro deseo aún más intenso:

— ¡VENGANZA…! ¡Voy a vengarme de todos los mal nacidos que por su culpa mi alma se ha hecho pedazos…! ¡Incluyéndote a ti…! ¡Incluyendo al que mató a mi padre… e incluyendo a la Humanidad misma…! Nadie va a escaparse de mi venganza… aún si tengo que morir… le devolveré este dolor al mundo entero con creces, sin ninguna excepción… ¡TODO LO QUE AHORA QUIERO ES VENGARME…!

—Así que planeas vengarte, ¿no…? —El shinigami musitó con sadismo—. Me alegra que finalmente lo hayas comprendido.

—Bastardo… —con la mirada oculta tras la sombra de su enorme flequillo, el rubio de ojos castaños se acercó y se postró justo enfrente del abominable monstruo plateado—. Ahora comprendo todo. Tú lo que quieres es verme sufrir y volverme un infeliz como lo fue mi padre… Y al final… me matarás como compensación por no haber podido matarlo tú a él. Esa es tu venganza, ¿no es así…?

El shinigami permaneció callado de nuevo, guardándose el derecho de contestarle al ojimaple, aunque para el joven estaba claro lo que el shinigami pretendía con sólo ver su semblante.

—Entonces… yo… —el trastornado rubio levantó lentamente la mirada hacia el enorme monstruo, revelando poco a poco una siniestra sonrisa que dejó perplejo a Deementy—, estoy en deuda contigo… ¡Muchas gracias, maldito imbécil! No podría estar más agradecido contigo.

— ¿Agradecido…?

Deementy no podía creerlo. Aquel nuevo semblante que el rubio había adquirido, había sido incluso capaz de asustarlo a él. ¿Qué clase de pensamientos tenía ahora aquel joven en su mente, qué ahora su rostro parecía el de alguien completamente diferente?

—Así es, mi querido Deementy —comentaba Max con una sonrisa siniestra en su rostro—. A-g-r-a-d-e-c-i-d-o… Gracias a ti, no sólo descubrí la verdad que tanto tiempo se me había ocultado, sino que también ahora tengo la oportunidad de recuperar lo que debía pertenecerme desde un principio y que me fue arrebatado desde antes que yo naciera.

— ¿A qué te refieres…?

—Pues… míralo de esta manera. — El joven Yagami pasó a pararse arriba de su cama para dar su discurso, mientras se valía desquiciantemente de sus manos para simular torpes explicaciones gráficas como complemento a sus palabras—. Mi padre y mi madre eran Kira, pero por desgracia, L terminó por vencer a papi… Piensa por unos momentos que hubiera sido del mundo y de mi vida si aquello no hubiese ocurrido. ¡Píensalo…! En estos momentos papá tendría al mundo entero bajo su control, y yo estaría a su lado, aprendiendo de él a cada momento. Viviendo en la holgura, sería alguien respetado. Y sería también el hijo del hombre más poderoso del mundo… Y no sólo eso… Mi padre, por muy dios que se sintiese, no era más que un simple humano que, con el tiempo, envejecería y moriría como los otros. Entonces, para que su mundo utópico continuara por toda la eternidad, tarde o temprano hubiese tenido que buscar a alguien que continuase ejerciendo la Justicia con mano de hierro como él. Y qué mejor candidato que la carne de su carne —se tocaba a sí mismo con manía al decir esto— y sangre de su sangre… Mi vida hubiera sido muy distinta si ese mal nacido de L no hubiese vencido a mi padre. Con el tiempo, yo me hubiera convertido en Kira. Ahora comprendo que ese era mi destino y ese infeliz de L me lo arrebató desde antes de que yo naciera. Pero… gracias a ti, maldito imbécil. Gracias a tus sentimentalismos y deseos de venganza, no sólo me he enterado de la verdad que tanto tiempo se me ocultó, sino que también ahora tengo el poder que debí de haber tenido desde un principio. —El rubio se acercó donde tenía guardado su Death Note, lo tomó y empezó a acariciarlo con demencia—. Con esto… podré reivindicar todo lo ocurrido… y tomar el lugar que me corresponde por derecho. Me vengaré de ese bastardo de L, no sólo porque mató a mi padre, sino también por haberme condenado a esta vida que no merezco. Y también me vengaré de todas aquellas personas que estuvieron involucradas. Y como pago a esto, te devolveré las libretas de tu querida hermana. Ahora… ambos nos odiamos por igual, y si algo llegase a salir mal, los dos caeremos y moriremos. Y eso nos hará igualmente felices… Ver sufrir al otro… Pase lo que pase… ambos ganamos. Las cosas no podrían haber ido mejor entre nosotros…

El shinigami, aunque trató de mostrar entereza, no pudo evitar esbozar una diabólica sonrisa frente al joven humano. Como resultado, ambos rieron bellacamente. Deementy estaba satisfecho de que todo hasta el momento estuviera saliendo a pedir de boca. Pero no había por qué confiarse. La verdadera batalla estaba a punto de comenzar. Una batalla que reiniciaría aquella contienda que se había quedado pendiente hace años y que decidiría, de una buena vez por todas, que clase de orden debería regir el mundo humano a final de cuentas.

CONTINUARÁ…

No hay comentarios.: