FANFICTION: Los hombres mueren, las leyendas no. (Death Note) cap 5

En el capítulo anterior: Satoshi finalmente se ha dado cuenta de la verdad. Las pistas que había reunido en base a las condiciones de la muerte de su padre reveladas por Deementy junto con el odio del shinigami a éste ble hicieron confirmar el terrible siniestro. Su padre había sido Kira, el anterior poseedor de la Death Note que engañó y manipuló al mundo con su poder. Por otro lado, la conversación que tuvo con Sato le hizo redordar a Deementy al dolor por el que había pasado en aquella época donde ocurrió la muerte de su hermana sin que él pudise hacer nada para evitarla. Luego de escuchar toda la verdad de los labios de Deementy, Satoshi Yagami se decide a seguie adelante con el trato entre él y el shinigami teniendo en mente ejecutar en el proceso una terrible venganza contra la humanidad, convencido de que esta junto con la intervención de los cuadernos de la muerte en la vida de sus padres, eran los responsables del tremendo dolor que habitaba ahora en su destrozada alma.

LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO

CAPITULO 5: AMISTAD

El tiempo a veces solía pasar muy rápido. Ya era viernes, el día en que Karen y Satoshi habían quedado de verse de vuelta. La jovencita se levantó de la cama —más o menos por eso de las 9:00 AM, muy temprano para ella— con aquel único pensamiento en mente. ¿Qué cosas harían? ¿A dónde irían esta vez? Eso era lo de menos. Lo más importante para ella era que, probablemente, ésta sería la última vez que se verían antes de que la mandasen a Estados Unidos, por lo que debía de mencionárselo ya. Si bien aún faltaban otras dos semanas más para que ella junto con su compañero Aarón emprendieran el viaje, lo más seguro es que después de esta reunión ya no habría otro momento para decírselo. Y esto se debía a la peculiar manera de contactarse que tenían entre ellos: Como ambos no tenían ningún método para comunicarse a distancia y planear sus encuentros, durante cada reunión ellos planificaban a detalle el lugar, la hora y las actividades de la siguiente reunión. En caso de no definirse la fecha y lugar del siguiente encuentro, se acordaba que ellos se verían de nuevo en dos semanas, el mismo día, en el mismo parque al que acostumbraban ir, a las 4:00 PM. Era por eso que lo más probable, a menos de que hiciesen algún plan para verse en una semana o menos, era que ésta iría a ser la última vez que se verían en un considerable lapso de tiempo.

Karen aún no confiaba en ese tal "L", pues nada le garantizaba que realmente aquel individuo cumpliría su promesa de tenerla allá solamente durante un mes. "Nada les impide que una vez yo allá, se inventen un montón de pretextos para retenerme el tiempo que ellos quieran" pensaba la pelirroja mientras caminaba hacia su habitación, con su ya peculiar y desalineada camisa a medio abrochar. "Como nada me garantiza que podré regresar en un mes, lo mejor será decirle a Max que estaré allá por un tiempo indefinido". La catorceañera entró a su alcoba y, después de haberse percatado por la ventana de que nadie estuviese rondando en el patio trasero, saltó hábilmente hacia la rama del enorme árbol y bajó a través de el mismo. "No importa lo que pase… Voy a luchar para regresar al orfanato lo más pronto posible, aún si eso significa tener que hacer todo lo que ellos quieren… Espera… ¿Qué tal si ese es precisamente el plan de L para hacer que yo obedezca y haga lo que él quiere…? ¡Pero claro! ¡Es un maldito chantajista! Además, hacer lo que ellos quieren tampoco me garantizará poder volver…". La joven genio recorrió con presura los jardines del internado hasta llegar a las murallas de la parte trasera de la construcción, donde, sin que ella se lo esperase, se encontraba Aarón, esperándola recargado en el muro.

— ¿Vas a citarte con ese amiguito tuyo insistentemente? Estoy plenamente seguro de que le habías ratificado al señor Gerald que te habrías de pasar estudiando toda la tarde…

— ¡Aarón! No molestes. Dime que haces aquí —contestó la ojiazul un poco malhumorada.

—Sosiégate. Ya te he asegurado que no delataré con nadie tu secreto. Sólo vine porque fastidiarte un poco es plenamente deleitable. Le guiñó un ojo maliciosamente.

La jovencilla de cabellos escarlatas frunció el ceño, infló un poco las mejillas a modo de berrinche y le miró con desconfianza y rencor.

—Hablo en serio —agregó—… aún me encuentro en deuda contigo por haberme apoyado hasta el final…, no deseo que vayas a pensar que yo soy un vil ingrato. Si te sirve mi ayuda, me ofrezco a cuidar, a prevenir que alguien se entere de tu ausencia mientras estás ocupada afuera. Así tú podrás sentirte más tranquila, ¿no lo crees…?

—Ya qué… —suspiró, algo resignada—. Sólo no vayas a meter la pata.

— ¿Pero yo cuando he metido la pata, eh…?

—Tu mayor metedura de pata fue el haberte criado tan grosero, engreído y cínico —le respondió con firme voz mientras se alistaba a trepar por el enorme muro. El crío de negros cabellos y piel pálida ya no le contestó; prefería no exponerse a que Karen comenzase a tergiversar sus propias palabras como solía hacer en aquella veces que ella perdía la paciencia para con él y esperó a que ésta terminase de marcharse para regresar dentro del orfanato y ocuparse de sus asuntos. Él aún estaba muy feliz de pensar que ya solo faltaban dos semanas para viajar y conocer en persona al hombre al que tanto había admirado desde pequeño, deseando seguir sus pasos.

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Ya eran las 4:15 PM. Kitty apenas acababa de llegar al sitio donde tanto ella como Max solían reunirse. No era sorpresa para la muchacha que el rubio todavía no estuviese ahí, aunque tampoco ella era muy puntual a final de cuentas como para enfadarse. La pelirroja permaneció sentada en un banco del parque, esperando a que su amigo llegara.

"Si le digo que me van a mandar a conocer a un detective mundialmente desconocido, Max creerá que le estoy diciendo mentiras… pero… él es muy perspicaz y siempre se da cuenta cuando le estoy ocultando algo. Aunque no creo que sea necesario tocar el tema y explicárselo todo. Sólo tengo que decirle que me mandarán un mes o dos a USA para estudiar en una universidad como el MIT, o algo así…" meditaba la hermosa jovencita, pensando en la mejor manera de contarle a su amigo lo de su viaje.

Dieron las 4:50 PM en el reloj de Kitty y aún no se veían las luces de Max. Ya no era del todo normal que alguien se tardara tanto para asistir a una reunión. No obstante, este tipo de situaciones ya se había dado para ambos. Si por alguna razón, alguno de los dos no pudiera venir a verse con el otro, el próximo encuentro se planearía para dentro de dos semanas, el mismo día y en el mismo lugar. Y aquel que faltó tendría que explicar las razones por las que no pudo asistir —no pudo escabullirse, salió a algún lugar con su madre, etcétera— teniendo que ser estas creíbles y comprensibles. No obstante, el deber de la otra persona siempre era el esperar hasta el último momento la llegada del otro, pues no fuera a ser que simplemente a uno de ellos se le haya hecho tarde y, entonces, el verdadero culpable, el responsable de que fallase la reunión, el que dejó plantado al otro, habría sido el que se fue antes de que el otro pudiese llegar. No obstante, lo último que deseaba la bella Karen era que su amigo no asistiese, ya que en dos semanas ya no serían capaces de volver a verse.

"Tal vez lo está haciendo para vengarse por lo de la última vez… ese mocoso infantil y rencoroso…" pensó enfadada de ver que Max aún no llegaba. "Cuando lo vea le voy a meter una paliza por tenerme esperándolo como una loca."

Lo que ella no sabía es que su amigo Max ya había llegado al parque hacía un buen tiempo. Éste se encontraba observándola de lejos, parado junto a un viejo árbol de nogal, en una pequeña colina del parque, con su demoníaco compañero detrás de él. Claro que nadie más que el ojimaple podía ver a aquel siniestro shinigami plateado.

"Kitty…" pensaba el rubio mientras miraba desde lo lejos la inconfundible figura de su amiga. Aquel cabello tan intensamente rojo, largo hasta llegarle a la cadera, y esa ropa tan floja y desgastada que siempre se ponía, la hacían fácil de identificar aún desde lo lejos. "A pesar de que juré odiar a todos y a todo en este mundo… tú eres de lo poco a lo que yo no puedo odiar. Si te llegases a involucrar en esto… podrías salir lastimada. Y en el peor de los casos, yo me vería obligado a asesinarte… Lo mejor será que nuestros caminos no se vuelvan a cruzar…"

—Max… —el shinigami plateado comenzó a tocar con su helada garra el hombro del joven, pero éste se había sumergido tanto en sus pensamientos y recuerdos que no se inmutó.

"Tú… que eres la niña más maravillosa que alguien podría conocer… no mereces tener como amigo a un mal nacido como yo…"

—Max… —insistió el shinigami.

"Así es… No merezco estar contigo… Éste será un adiós…"

— ¡Max…!

— ¡¿Qué quieres, mal nacido? —Volteó y le gritó con rabia a Deementy—. ¿No ves que me estoy luciendo?

—Esa jovencita ya se dio cuenta de que estás aquí y viene para acá.

— ¡¿Qué? ¡Y por qué no me lo dijiste antes! ¡Pedazo de…!

— ¡Maaax…! — Gritó Karen con su dulce voz en una tonalidad enérgica. El rubio tuvo que callarse y voltear de nuevo hacia la vereda, donde pudo confirmar que su amiga se iba acercando corriendo a donde se encontraba.

"¡Oh, no…! Ya me vio" pensó asustado. "Si corro, sólo conseguiré que me persiga y se extrañe de mi comportamiento…"

—Max —finalmente la niña había llegado donde el rubio y su dios de la muerte. Comenzó a reclamarle con un tono molesto mas no agresivo—: ¡Eres un mequetrefe! Te estabas escondiendo de mí para vengarte por lo de la última vez.

—Si eso fuera… mi reloj marcarían las 5:45 —contestó fríamente, como si no estuviera dando uno de sus tantos sarcasmos.

— ¡Cínico! —la jovencita le arrojó un golpe a la cabeza para castigarle, como siempre solía hacerlo en estos casos. Sin embargo, esta vez pasó algo que la dejó desconcertada: en lugar de que Max se acurrucará torpemente para recibir el golpe de su pequeño y blanquecino puño mientras hacía una mueca de niño castigado pero sin arrepentimiento alguno de su travesura, en esta ocasión Max alzó su brazo izquierdo a la altura de su cabeza y lo usó para protegerse del inofensivo coscorrón que Karen le había arrojado.

"Max… tú…" tal acción desconcertó mucho a Karen. Su amigo no era de esa clase de muchachos que reaccionaran agresivamente ante tal situación, al menos no con ella. Su desconcierto aumentó más cuando miró detenidamente el rostro del rubio. Su gesto y su mirada eran diferentes. Casi irreconocibles.

—Max… ¿te ocurre algo? Parece que estas molesto.

—Estoy bien. No es nada…

— ¿Seguro…?

—Sí. Vamos a sentarnos.

Ambos jóvenes caminaron hacia el banco donde Kitty lo había estado esperando. Kitty aún estaba extrañada. Pensó que probablemente estaba enojado por algo que le había ocurrido y que, una vez que se le pasara el coraje, le contaría con lujo de detalles su problema, como siempre era costumbre entre ellos. Una vez sentados, la ojiazul trató de conversar con él al ver la falta de iniciativa del rubio.

—Y bien, Max… ¿Te trajiste los cómics que dijiste que me prestarías en cuanto los terminaras de leer?

—Lo siento. Se me olvidaron…

— ¿Qué? ¡Oye! Me lo prometiste.

—No es para tanto…

—Argh… tú no tienes remedio —refunfuñó la pelirroja—. Bueno, ya qué… al fin y al cabo, pedirte que se te quite lo torpe sería como pedirle nueces al cactus.

El rubio no respondió a la ofensa. En lugar de eso continuó viendo hacia lo lejos con ese gesto frío que no tenía nada que ver con el Max al que la pelirroja estaba acostumbrada. Kitty volvió a extrañarse y nuevamente trató de llamar la atención de su amigo.

—Oye Max —volvió a comentar la ojiazul—, respecto al juego de la vez pasada. Lo he estado pensando bien, y ¡quiero que me des la revancha! Esta vez no caeré en tus sucias trampas.
—No puedo. Tal vez otro día.

— ¿N-no…? —Se anonadó—. ¿Por qué…?

—Debo de regresar a mi casa temprano hoy. Le prometí a mi madre que estudiaría un poco más para los exámenes finales. Ya solo faltan los más difíciles y quiero salir bien librado de ellos. Si vine para acá fue sólo para no dejarte plantada.

"¿Qué es lo que está pasando…?" —pensó la jovencita. A ella simplemente le extrañaba que el ser más despreocupado que había conocido y podría conocer estuviese diciendo que no se divertiría porque debía ponerse a estudiar. Kitty concluyó que esto no era otra cosa más que un malísimo pretexto de su amigo. Y con ello confirmó su sospecha de que algo le estaba ocurriendo.

—Vamos, ¿no puedes posponerlo aunque sea sólo por este día? —La jovencita se paró del banco del parque y se postró en frente de su amigo, para rogarle con la mirada, con esos enormes ojos azul profundo que se quedara más tiempo.

—Lo lamento. —Max permaneció con el mismo semblante frío con el que había llegado, ni aún teniendo delante ante sus ojos los de su amiga, suplicantes, preocupados, su frialdad no cedió ni un grado—. Tal vez otro día, cuando hayan comenzado las vacaciones de verano.

A Kitty ya no le quedó la menor duda. Algo andaba mal. ¿Dónde estaba el niño ocurrente y sarcástico, con ese gesto tan desvergonzado y a la vez tan humilde que lo hacía único? Si bien era cierto que suele ser serio y discreto con los demás, aún en su seriedad mantenía un gesto calido y humano. Y con ella, él siempre tenía una sonrisa guardada que sacaba cuando había la oportunidad de ser travieso y ocurrente. ¿En dónde había quedado ese niño hiperactivo, siempre dispuesto a aceptar un reto? Ese cínico sinvergüenza, que siempre encontraba la manera de gozar la vida sin importarle las circunstancias y las consecuencias. Ya no quedaba reflejado nada de eso en su ahora opaca mirada. Nada de aquel jovencito que gustaba de ser autentico sin importarle en lo absoluto lo que los demás pensarían de él; si los demás lo creían un tonto, él sabía que los tontos eran ellos y no él. No, ya no quedaba rastro de ese niño en su mirada. Su cabello rubio acastañado, lacio y bien definido, esparcido hacia todas las direcciones de su rostro y cabeza; sus ojos maple, enormes como platos y brillantes como los de un pequeño niño; su nariz recta y delgada; sus labios finos y su piel blanca y tersa. Todo estaba en su lugar. Pero ese muchacho no era su Max. No se sentía ni se comportaba como él. Ni su mirada era la del de siempre. Ahora era fría y hería fuertemente a quien la recibía. Kitty permaneció observando aquella mirada y encontró que en el fondo de esa frialdad, yacía escondida una tristeza profunda y lastimosa.

—Bueno… creo que lo mejor será que me vaya, Kitty… En dos semanas no sólo habrán terminado los exámenes, sino que también ya estaré consciente de los resultados. Mejor esperemos hasta entonces para la revancha de "King of Warriors."

—No, Max… eso no será posible… —contestó la ojiazul, algo cabizbaja.

— ¿No…? ¿Por qué…?

Kitty tragó saliva y meditó por un instante. Aún no estaba al 100% segura, pero la hora de decírselo había llegado. Si a eso se le añadía el extraño aspecto y comportamiento de su amigo, se deduciría con facilidad lo difícil que era para ella explicarle lo de su partida.

—Verás… —nuevamente la pelirroja tomó asiento; sin voltear a ver directamente al rubio, pues no se sentía capaz de verlo a la cara y contárselo al mismo tiempo—. Tú sabes como son en el orfanato donde vivo. Siempre se la pasan buscando la manera de ponerme a estudiar como una loca. Y esta vez… han llegado muy lejos…

Si se hubiese tratado del Max que Kitty conocía, éste ya le hubiese interrumpido a la jovencita para decirle uno de sus tantos comentarios irónicos que él tenía hacia el lugar donde vivía. En cambio, esta vez el rubio permaneció callado y esperó a que su amiga le contara a detalle de su situación.

—Ellos… —continuó la pelirroja—, han decidido mandarme a Estados Unidos a estudiar.

— ¿Qué acabas de decir? ¿Te van a mandar lejos de Londres…?

— ¡No! Espera… —rápidamente le aclaró a su amigo—. Solo será por un tiempo.

— ¿Cuánto tiempo?

—No lo se… el tiempo puede variar de acuerdo a como me comporte allá.

El semblante del rubio continuaba algo frío y distanciado a cada momento. No obstante, las palabras de su amiga lo hicieron tener un presentimiento, como si esto, muy en el fondo, le concerniese más de lo que él podría creer.

—No lo entiendo. ¿No se supone qué aquí tienen todo lo necesario para criar a una superdotada cómo tú? ¿Por qué tienen que mandarte hasta allá?

—Lo que pasa es que ellos quieren que conozca a cierta persona. Un ex residente del orfanato, bastante destacado. Según ellos, él podría enseñarme muchas cosas. Él vive en los Estados Unidos, y van a mandarme a conocerlo en dos semanas. Una vez allá, no sé cuanto tiempo me quede.

Max meditó las palabras de su amiga. Pensó que esto era precisamente lo que él quería. Con Kitty ausente, él podría concentrarse en sus objetivos sin que ella pudiese involucrarse y salir perjudicada. Incluso, si existía la posibilidad de que ella jamás volviera, sería lo mejor para ambos.

—Ya veo… —añadió Max taciturnamente—, aunque… realmente, preferiría que no te tuvieras que ir. No me explico qué clase de sujeto es para que piensen que te va a servir de algo… Y a todo esto, ¿quién es ese supuesto hombre importante a quien debes conocer?

— No lo se… la verdad es algo extraño, pero no me dijeron su nombre. Solo sé que ese sujeto se hace llamar L… Es algo raro.

Una ráfaga de sensaciones intensas recorrió cada una de las células del jovencillo al escuchar aquel pseudónimo. "¡¿L…! ¿Podrá ser él…? ¡I-imposible…!" —pensó ofuscadamente, mientras su rostro comenzaba a reflejar la impresión que le había llegado. Su rostro sudaba frío y sus enormes ojos maple se dilataron a niveles extremos. Fue tanta su impresión que permaneció paralizado durante unos segundos, hasta que su amiga lo devolvió a la realidad.

—Max… ¡Max!

— ¿Di-dijiste L acaso…? —el rubio finalmente reaccionó—. ¿No se tratará del famoso detective internacional…? ¿Acaso es el mismo L?

Kitty se sorprendió. No esperaba que Max conociese a aquel sujeto. Ella nunca había escuchado antes de la existencia de L, y pensó que nadie más en el mundo exterior, que no estuviese involucrado con él, pudiese saber de su existencia.

— ¿Entonces tú también sabes quien es?

—Más o menos… —Max fue retomando entereza en lo que al mismo tiempo pensaba "Esto no puede ser cierto"—. Escuché acerca de L en Internet. Bueno, la verdad es que nunca se le menciona en la televisión, en la radio o en sitios web comerciales, pero hay algunos sitios de la red donde se habla de un hombre de identidad desconocida, que es el arma secreta de la policía internacional, y que resuelve cualquier crimen sin importar que tan difícil sea. Es como el líder supremo de la policía del mundo.

—A mí también me dijeron lo mismo… —agachó la mirada—, eso quiere decir que se trata del mismo L.

Karen pensaba que, quizás, Max en realidad sabía más de lo que ella misma creía saber, y reflexionaba en si tal vez no habría inconveniente en contárselo todo. Después de todo, él era su mejor amigo.

—También me dijeron —agregó— que él fue un residente del orfanato, y que ahora es uno de los benefactores más importantes de la fundación. Por alguna extraña razón, ese sujeto piensa que soy una niña talentosa y quiere conocerme. Mis profesores pensaron que esta experiencia me sería de utilidad, que conocerlo haría que yo obtuviese más interés en el estudio y me volvería más disciplinada. Así que decidieron trasladarme un tiempo al orfanato que tienen allá en USA, para así conocer en persona a aquel sujeto. Aún no estoy segura de cuanto tiempo me quedaré allá.

—Pero… ¿cómo es que permitiste que tomaran esa decisión sin tu consentimiento?

—Yo… yo no quería ir… pero tengo un amigo. Un amigo que admira profundamente a aquel sujeto y desea seguir sus pasos. Él y yo propusimos que en lugar de mandarme a mí lo mandaran a él, pero no quisieron. Y mi amigo realmente deseaba más que nada conocerlo. Así que llegamos a un acuerdo: a él también lo dejarían viajar a USA si yo también iba con él.

—Ya veo… ¿Crees que irán a tenerte mucho tiempo allá…?

— Me dijeron que en un mes me dejarían regresar si así lo quería, si hacía todo lo que ellos me dijeran. Pero no confío en ellos. No sé cuanto tiempo me vaya a quedar allá —su suave voz se tornó un tanto tristona y preocupada—. La verdad… tengo miedo de que una vez allá decidan retenerme el tiempo que se les dé la gana. Pero no te preocupes. Una vez allá, planeo hablar personalmente con él para pedirle que me permita regresar a Inglaterra lo antes posible. Tú sabes que esa es mi especialidad. Si no estuviera segura de lograrlo, jamás hubiera aceptado que me mandasen lejos.

Nuevamente Max permaneció callado y serio. La pelirroja se encontraba un poco afligida, pues temía que con esto Max se enfurecería y le gritaría que no está de acuerdo con que ella fuera a dejarse mandar lejos solo para que otro miembro de aquel "orfanato-manicomio" pudiese cumplir su capricho. Ya que si algo le había enseñado su amigo, era precisamente el nunca dejarse manipular por las demás personas.

—Tú en verdad no quieres ir… ¿O sí…?

—Pero que tonterías dices. Tú sabes mejor que nadie que yo jamás me prestaría para estas tonterías —respondió.

—En fin… supongo que ya no te queda otra solución que cumplir tu palabra… No te preocupes. Yo también confío en que estarás bien y regresarás pronto.

—Pero… ¿Y qué pasará si no? ¡Imagínate si al final no me permitirán regresar en mucho tiempo…! —La pelirroja frunció el ceño y se volteó hacia el lado contrario de su amigo—. No soportaría tener que separarme de ti por tanto tiempo.

— ¿Ah, sí…? ¿Y por qué no…? —el muchacho de avellanados ojos, aun absorto, le preguntó.

— ¿Eh…? —Kitty se asustó y reaccionó de forma turbada al escuchar la tan peculiar e inesperada pregunta. Ante ello, ésta dirigió su mirada al piso y, con un tono de voz nervioso y tartamudeante, le contestó al ojimaple mientras jugaba torpemente con los dedos de su mano entrelazándolos unos con otros—. Es que… Lo que pasa… Lo que p-asa… ¡Lo que pasa es que si me voy hasta allá de seguro terminaré rodeada de chicos genios residentes del orfanato de allá…! ¡ Y entonces, me voy a quedar sin nadie lo bastante estúpido para golpearlo y burlarme de él! ¡Ja, ja ja ja…! ¿Te lo imaginas?

Lo que Kitty pretendía era que el rubio le contestara el pseudoinsulto para poder reclamarle y cambiar de tema. Pero…

—Jum… Tienes razón. Ese sería un gran problema para ti —contestó sin inmutarse por el provocativo comentario.

"¿Qué pasa contigo?" pensó más extrañada que nunca la pelirroja. "¿Por qué no me contestas: La estúpida es otra, que se está dejando chantajear por una letra del alfabeto?"

— Bien —Continuó el jovenzuelo—. Si eso es lo que te preocupa lo único que tienes que hacer es encontrar la manera de seguir en contacto conmigo mientras te encuentras allá. Así podrás seguir faltándome al respeto y puede que hasta gritarme, aunque ya no me podrás seguir golpeando, pero todavía podrás seguir llamándome torpe, idiota y demás. Y yo por mi parte podré saber con exactitud cuando volverás, ya que tú vas a decírmelo.

— ¿Eh…?

— ¿Tienes una cuenta de Messenger?

—No… —contestó en voz baja—, me han enseñado de todo en informática, pero como no me dejan usar los PC del orfanato para nada que no sea educativo, pues… nunca estuve interesada en abrir una cuenta para mí.

—Entonces, cuando llegues allá, abre una cuenta y contáctame a través de ella.

—P-pero… —la jovencita encogió los hombros—. ¿Realmente crees que no me meteré en…?

— ¡Ya sé! —no le permitió terminar de dar el pretexto a su amiga y se levantó del banco para acercarse y agacharse justo en frente de ella mientras se metía la mano al bolsillo, buscando algo en él—. Yo te daré una de las mías. Veras, como soy el aprendiz de un hacker, tengo como diez cuentas de Messenger o más —el rubio sacó de su bolsillo un pedazo de papel y empuñó un bolígrafo para comenzar a escribir sobre éste—. La mayoría están registradas con nombres, direcciones y datos falsos. Con ellas casi siempre me pongo a hacer maldades. Te daré la dirección de una de ellas junto con su contraseña para que puedas usarla una vez que llegues allá.

— ¡Oye Max! ¿De dónde se te ocurren estos disparates…? —la tierna tez de la niña se ruborizó de la ofuscación.

—Toma. —El ojimaple le ofreció a su amiga el pedazo de hoja. Ésta lo tomó y, tras haber mirado lo que había anotado Max en él, lo dobló y lo guardó en su bolsillo, aún sobrecogida por las ocurrencias de su amigo—. Una vez que te instales allá, busca la manera de hacerte con un PC y averigua más o menos a qué horas puedes utilizarla a tus anchas sin que los de ahí vigilen lo que haces. Una vez que lo hayas confirmado, métete a esta cuenta. Para entonces yo habré eliminado todos los contactos que tengo en ella y solo dejaré las direcciones de mis otras cuentas. Mándale a cada una un mail o un "mensaje corto en espera", donde digas más o menos a que horas puedes conectarte. Y así yo me conectaré contigo a esas horas.

—Oye… Bueno… lo intentaré… pero si veo que es imposible no lo haré. Si me meto en problemas, después ese L no me dejará regresar pronto a Londres. Eso claramente me lo advirtieron.

—No digas eso, Kitty —contestó el rubio mientras se incorporaba. Una chispa de disgusto pasó fugazmente por su rostro—. Al igual que tú, yo me sentiría muy mal si no pudiera saber de ti en mucho tiempo.

— ¿Eh…? —las suaves mejillas de la niña de cabellos escarlatas se enrojecieron ligeramente, dándoles una tierna coloración rosada, mientras sus azules ojos se abrían un poco más en respuesta a las palabras de Max.

—Primero me dijiste que te distanciarías de ella —graznó burlonamente, aunque con un tono seco, el shinigami plateado que se encontraba a un lado de los jóvenes, sabiendo que sólo el rubio podría oírlo. Su intención precisamente era provocarlo—, y ahora le dices que no puedes apartarte de ella. ¡Ja!

A pesar de que tal comentario sádico le hizo hervir la sangre por dentro, el joven Sato no le hizo caso y continuó concentrado en su amiga.

— Grrr… —sin previo aviso la pelirroja le conectó al rubio un fuerte puñetazo en la cabeza, que sonó bastante fuerte y profundo—. ¡Tú lo que tratas es hacer que me avergüence como la ultima vez, idiota! ¡Inmaduro! ¡Sinvergüenza!

—Te equivocas… —contestó adolorido mientras se tocaba el lugar del golpe con la mano—. Bueno… quizás también por eso. Pero también lo digo porque es cierto.

—Bueno… —aún insegura, la jovencita comenzó a asentir lentamente con la cabeza mientras cerraba los ojos—. Que remedio… lo haré.

Max permaneció callado por unos instantes, mientras pensaba detenidamente en algo, y después contestó:

—Me alegro mucho. Sólo espero que a final de cuentas no permanezcas mucho tiempo allá. Bueno, creo que ya se me hizo tarde. Como te había dicho, estoy muy atareado y mi madre me está esperando.

— ¡Espera! Aún es muy temprano. Y lo más probable es que ésta sea la última vez que nos veamos antes de que me manden a USA. ¿Acaso no quieres…?

—Despabílate, que eso no es ningún problema —refunfuñó el rubio—. Déjame ver… ¿Cuándo te marchas a USA?

—El 8 de agosto, a primera hora —contestó algo molesta ante el comportamiento tan indolente del rubio.

—Bien. Entonces eso significa que aún tenemos dos semanas —continuaba diciendo mientras lentamente se alejaba de su amiga para tomar el camino del parque—. Sólo tenemos que volver a vernos otro día, en el que no tengamos ningún asunto pendiente. Te juro que ese día haremos todo lo que tú quieras. Pero por hoy lo mejor será despedirnos…

— ¡Espera! —La ojiazul se levantó para tratar de alcanzar a su amigo, quien ya le llevaba una considerable ventaja—. ¿No vamos a planear entonces que día vernos?

Ya dentro del sendero, Max comenzó a correr sin siquiera voltearse donde su amiga. —Yo mismo iré al orfanato y te dejaré un mensaje para decirte que día vernos.

— ¡¿Qué? —gritó a lo lejos la pelirroja a su amigo, quien ya se encontraba muy retirado de ella—. ¡Estás loco! Si vas al orfanato nos vas a meter en problemas a ambos.

El rubio ya no le contestó y continuó alejándose hasta perderse de vista, acompañado secretamente por aquella criatura plateada que ni la pelirroja ni nadie más excepto él podía ver. Kitty pensó en correr también y alcanzarlo, pero estaba tan confundida por el comportamiento tan inusual de su amigo, que se quedó inmóvil, reflexionando cuidadosamente lo que había vivido hace unos instantes:

"Max estuvo más raro de lo normal hoy…" meditaba con un fruncido gesto de preocupación. "Primero: esa actitud tan fría, tan distante, tan indiferente, que sólo me hace suponer una cosa: algo grave debió de haberle ocurrido. Y el hecho de que no quisiera contármelo… no es normal. Después me dijo que tenía mucha prisa y, por ello, no tenía tiempo para ponerse a jugar conmigo. Eso es una indiscutible mentira. Él NUNCA tiene nada que hacer que no sea dedicarse a la vagancia y al ocio. Y por último… cuando mencioné el sobrenombre de L, Max puso una cara de escepticismo y desesperación. ¿Por qué se puso tan nervioso…? Además… a pesar de que había dicho que le urgía por irse, en cuanto comencé a hablarle de mi viaje comenzó a tomar interés y se quedó más tiempo. Después me pidió que me pusiera en contacto con él una vez allá. Lo hizo pidiéndome que tomara precauciones de no ser descubierta y hasta me facilitó uno de sus Messengers para que no tuviese excusa. Y no se marchó hasta que yo le aseguré que lo haría. Una vez hecho esto, se marchó con prisa, como si lo hiciese para que no tuviera la oportunidad de cambiar de opinión. Que él dijera que irá al orfanato para avisarme cuando nos volveríamos a ver, aún cuando él me había jurado hace mucho tiempo que nunca pisaría ese sitio, ya que ese manicomio es para él el último lugar que pisaría… Todo esto es muy extraño…"

Kitty permaneció meditando un tiempo más en aquel parque. Tenía un mal presentimiento sobre todo esto. Había algo en el rostro de su amigo que no le permitía estar tranquila, pues se preguntaba una y otra vez que pudo haberle pasado para que ahora sus ojos reflejaran tanto dolor y sufrimiento. Era inadmisible todo, absolutamente todo lo que vivió hace unos momentos.

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La puerta principal del apartamento se abrió sin previo aviso y aquel jovencito de cabellos dorados entró en compañía del shinigami plateado, quien se le había adelantado atravesando las paredes de la edificación como si estas fuesen simples hologramas.

—Sato, otra vez llegas temprano —dijo su madre adoptiva desde la cocina del apartamento como cálido recibimiento—. La cena estará servida en apenas una hora más.

—Gracias, mamá. Estaré estudiando en mi habitación hasta entonces. Ya solo me falta un examen y quiero contestarlo lo mejor posible.

El joven de cabellos dorados subió por las escaleras del apartamento y entró a su alcoba. Le puso el seguro a la puerta y se colocó en el centro del dormitorio. No prendió la luz, por lo que el desordenado lugar lucía oscuro y lúgubre. Permaneció unos segundos en silencio y sin parpadear. Deementy tan sólo lo observaba.

— Jum… ju ju ju… —de repente una sonrisa de índole indescriptible se fue pintando en su rostro —. ¡Je, je, je… ja, ja, ja ja ja JA JA JAJA…!

Verlo carcajearse de esa manera hubiera impresionado hasta a la persona más fuerte y familiarizada con los casos de demencia más crudos. El shinigami sólo observó tal acto de su humano con frialdad y le preguntó confundido:

— ¿Por qué te estas riendo…?

—Ju, ju… —luego de un resoplido, el rubio dejó de reír—. L…, nunca imagine que daría contigo tan fácilmente. —Se dejó caer en su desatendida cama y sacó de su mochila aquella Death Note que Deementy le había dado arriesgando su vida, y que él ahora portaba con orgullo. Había escrito en su portada, con tinta roja, en letra hiragana, la sentencia que podía ser leída como Desu Noto, la pronunciación de Death Note en su lengua natal. Adentro, en la contraportada, había escrito, con una especie de tinta blanca y también en letra hiragana, una sentencia, que traduciéndola del nipón decía: El cielo y el infierno no existen. Todos los humanos al morir, sin importar lo que hicieron en vida, van al mismo lugar después de fallecer. Y ese lugar es la nada. Aquella verdad se la había dicho Deementy y él la escribió en el cuaderno para recordarla cada vez que escribiese un nombre en ella y matase a alguien; para así no tener ninguna vacilación ni culpa cada vez que usase el poder del cuaderno.

— ¿Así que te encuentras en USA, L? Bien, jamás imagine que encontraría la manera de vigilar tus movimientos.

— ¿Qué piensas hacer? —preguntó el shinigami.

—Veras, Deementy. Cuando escuché que Kitty iría a USA a conocer a ese detectivillo creí que esto no podía ser posible, que sólo se trataba de una coincidencia… pero… las descripciones que leí en Internet y las que Kitty me dio, coinciden a la perfección. No cabe duda: se trata del mismo bastardo… Kitty y yo somos muy buenos amigos. Una vez que dé comienzo mi plan, estoy seguro que contaré con ella para que me diga los movimientos y reacciones de ese maldito L.

—Pero… ¿Estas seguro? ¿Qué tal si a ella no se le comenta nada al respecto?

—Tú no la conoces. Es obvio que para nada va a estar involucrada en este caso, pero aún así ella es muy perspicaz y curiosa. Aún si no le dijesen nada, ella encontrará la manera de enterarse de lo que está pasando. Entonces, sólo tengo que hacer que me lo platique de forma muy discreta, y así siempre estaré un paso delante de los movimientos de ese mal nacido.

—Pensé que habías dicho que no querías involucrarla en todo esto. ¿No crees que podría correr peligro si la utilizas así?

Max permaneció unos segundos en silencio antes de contestar la interrogante que le plantó el shinigami. Su mirada un tanto agresiva y demente se fue suavizando luego de aquellas palabras. Finalmente, le contestó.

—Ella es una gatita, y los gatos tienen nueve vidas… Confió en que ella estará bien. No es que ella realmente sea un obstáculo, al menos no tiene porqué volverse uno mientras se mantenga firme en su decisión de no seguirle el juego al detective orate. Pero realmente es imprescindible que ella me tenga al tanto. Gracias a eso finalmente podré llevar a cabo un plan que había estado concibiendo mas en otras condiciones sería demasiado arriesgado —añadió mientras comenzaba a hojear la Death Note.

—Vaya… —dijo el shinigami con un tono entre serio e irónico—. Así que finalmente te decidiste a utilizar el cuaderno.

—Sí… —musitó fría y quedamente—. Las únicas personas en el mundo que deben de saber de la existencia de la Death Note son ese mal nacido de L y los hombres que trabajaron junto con él durante el caso, cuando luchó contra mi padre. Si comienzo a utilizarla, únicamente ellos sabrán lo que está pasando. Esa sería una buena manera de retarlos, de traerlos hacia mí y, por consiguiente, de tenderles una trampa. Pero… ellos ya saben cual es el modus operandi de Kira. Si llegasen a quitarme el cuaderno, entonces me quedaría sin poder y sería vencido. Por otro lado, investigar mi identidad les resultará mucho más fácil que con mi padre. Es por eso que debo tomar precauciones primero.

Después de aquellas palabras, el rubio acastañado se dirigió al escritorio con el cuaderno en brazos. Se sentó, abrió el cuaderno, y comenzó a arrancarle con cuidado una hoja tras otra. Procurando extirpárselas desde la raíz.

—Lo que tengo que hacer es utilizar el cuaderno para que aquellos que conocen la existencia del mismo se enteren de mi existencia. Entonces, L tratará de encontrarme para detenerme. Lo que no sabe es que lo tendré vigilado a través de Kitty, y así estaré siempre un paso delante de él. Bueno, en realidad no creo que la ventaja sea muy significativa si esto se alarga por mucho tiempo.

El joven Satoshi ya había terminado de arrancar diez hojas del cuaderno al término de aquellas palabras. Después de eso cerró la libreta y, tras esperar unos segundos, la abrió de nuevo y se puso a contar las hojas que le quedaban.

—Entonces, vas a utilizar el cuaderno para liquidar a los criminales y así provocar a ese detective.
—No seas estúpido, Deementy —respondió el ojimaple mientras continuaba hojeando el cuaderno—. Si yo me pusiera a hacer eso, le estaría aminorando el trabajo a ese imbécil. Si hago que los crímenes disminuyan, L y la policía internacional sólo se tendrían que concentrar en capturarme a mí, y entonces terminaría teniendo a toda la policía, a la que le aligeré el trabajo, concentrándose, ocupándose unicamente en capturarme. Esa es una gran ironía. Que la persona que le facilita el trabajo a la policía termine siendo el criminal más buscado por ésta… Je… No… no voy a cometer el mismo error que el imbécil de mi padre.

Después de eso, Deementy permaneció callado y observando a su humano. Mientras tanto, Sato finalmente había terminado de contar las páginas de su Death Note.

—No puedo creerlo —exclamó el rubio—. Por muy increíble que sea, lo que me dijiste resultó ser cierto. Este cuaderno tenía exactamente cien hojas. Le arranqué diez de ellas y lo cerré. Después volví a contar el número de páginas y… ¡el cuaderno seguía teniendo cien hojas!

—Claramente te lo había dicho. Una Death Note no es indestructible. Pero si se conserva, ésta jamás se termina. Sin importar cuantas hojas les arranques o cuantas paginas utilices, siempre seguirá teniendo el mismo número de páginas en blanco.

—O sea que si yo llenara una hoja en blanco y me pusiera a contar cuantas paginas en blanco me quedan, seguirían habiendo cien hojas en blanco, ¿no? —el shinigami de coraza plateada le asintió—. Vaya, entonces el cuaderno pasaría a tener 101 hojas en lugar de cien… Uff… ¡No quisiera imaginarme el grosor que debían de tener los cuadernos de mis padres! —comentó irónicamente.

—Te equivocas —aclaró fríamente el shinigami—. La Death Note siempre conserva las mismas dimensiones sin importar cuanto se haya escrito en ella.

—Mmm… —reflexionó Max mientras que de nuevo volvía a arrancar más hojas del cuaderno—. O sea… que aunque utilizara unas quinientas hojas en el cuaderno, ¿éste seguiría viéndose del mismo grosor? —nuevamente el shinigami le asintió.

— ¿Se puede saber porqué estás haciendo eso? —preguntó el shinigami con respecto a que Max aún seguía arrancando más hojas.

—Ya te dije. Como los sujetos a los que voy a desafiar ya conocen la existencia de la Death Note, necesitaré tomar algunas precauciones antes de comenzar con mi plan. —Contestó el ojimaple, mientras continuaba arrancando más hojas del cuaderno. Tras haber arrancado otras diez hojas, el rubio castaño volvió a cerrar por unos segundos el cuaderno para después volver a hojearlo y confirmar que éste se había regenerado de nueva cuenta.

"No conseguiré nada con sólo llamar su atención." pensó el ojimaple mientras continuaba contando las páginas del cuaderno. "Si lo que realmente quiero es ejercer presión en ese asqueroso malnacido de L para después acercarme a él y eliminarlo, usar el cuaderno para matar criminales no es una opción. Si lo hiciera, él simplemente tendría que tomarse su tiempo para encontrarme. Ese bastardo es muy influyente y cuenta con un sinnúmero de recursos. Tarde o temprano daría conmigo y me derrotaría. Lo que necesito es hacer que pierda terreno, obligarlo a que actúe rápido sin darle tiempo para hacer correctamente las cosas." finalmente terminó de contar las hojas de su Death Note. De nueva cuenta confirmó que el número de hojas seguía siendo el mismo y, sin pensarlo dos veces, continuó arrancándole más hojas.

—Dime… ¿ya tienes un plan para ir a por ese humano y quitarle el cuaderno que tiene…? —preguntó el dios de la muerte.

Max comenzó a utilizar su mente a todo su poder, buscando cual debía de ser la manera correcta de dar el primer paso. En lo que para una persona solo sería un insignificante segundo, un millón de ideas fueron mezclándose en la singular mente del joven genio, dándose como resultado una sorprendente alquimia de pensamientos dentro de él. Finalmente, una chispa de iluminación atravesó su juicio.

— ¡Lo tengo! ¡Ya se como utilizar la Death Note para derrotar a L!

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Era de noche. El cielo se encontraba totalmente despejado por lo que las estrellas se podían apreciar abiertamente. El silencio reinaba por completo en toda la mansión. En una ventana del tercer piso, ubicada en la parte trasera del orfanato, aún había una habitante que continuaba despierta y se asomaba desde su alcoba para contemplar el firmamento. Aquella jovencita, de cabellos rojos y rostro angelical, se había quedado dormida desde muy temprano. Y tras haber tenido una pesadilla que la hizo despertarse y perder el sueño, la pequeña genio había decidido mirar las estrellas y reflexionar algunos minutos, en lo que el bendito sueño regresaba a ella.

"Ya solo falta una semana para que viaje a USA junto con Aarón" pensó para sí misma mientras contemplaba el firmamento. "Max me dijo que todo estaría bien… pero no es lo que más me preocupa ahora." —Frunció ligeramente el ceño en lo que sacaba aquel pedazo de papel que su amigo le había dado. Observó aquella cuenta de Messenger con su contraseña escritas en él. "Puede que sólo esté exagerando… pero hubo muchas cosas en el comportamiento de ese tonto que… ya no sé que pensar… ¿Porqué me preocupo tanto?" La jovencita continuó observando las brillantes y abundantes estrellas que adornaban aquella tibia noche de agosto. ¿Qué cosas le deparaban allá? ¿Realmente sería capaz de convencer a aquel personaje tan legendario que a ella no le interesa en lo absoluto ser detective ni nada que se le pareciese? Estas y otras preguntas más rondaban por su mente, una y otra vez.

De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos por un inusual ruido que la sacó de su ensimismamiento, proveniente desde abajo. Dicho ruido se escuchaba como si se estuviera raspando alguna superficie con desesperación y sin recato. A Karen no le pareció normal aquel sonido, pues era como si alguien estuviera allá abajo haciéndolo. Por lo que se asomó hacia abajo para observar si había alguien husmeando en los jardines. Pero todas las luces se habían apagado y todo estaba tan oscuro que no se alcanzaba a ver con claridad.

Finalmente el ruido había finalizado, pero la pelirroja aún temía que pudiera tratarse de algún intruso que se había metido al orfanato, un ladrón por mencionar algo. Así que sin pensarlo dos veces, la joven bajó rápidamente a través del enorme árbol cercano a su ventana, para tratar de encontrar a la persona que había estado rondando por el jardín en plena media noche. Buscó en los alrededores del jardín y donde pudo haber huido aquel sujeto, pero ya no había nadie alrededor. Aquella persona que estaba deambulando ya se había marchado. La pelirroja se quedó un tanto perpleja, pues le preocupaba bastante el pensar que algún intruso se hubiese atrevido (y logrado) entrar en el orfanato, y las intenciones que éste podría tener. Cuando la jovencita se dispuso a trepar de nuevo por el enorme árbol, notó que había un sobre entremetido en una de las enormes grietas que se habían formado en el viejo roble a causa de su longevidad.

Extrañada, sacó el sobre para verlo a detalle. "¿Acaso lo dejó el sujeto que estaba aquí hace unos instantes?" se preguntó. Para averiguarlo, la jovencita abrió el sobre y tras leer la carta que venía dentro de él, todas sus dudas fueron aclaradas.

Nos vemos en el parque de diversiones MagicLand, a las diez de la mañana.

—Esta es la letra de Max… —musitó la ojiazul—. No puedo creer que ese tonto me haya hecho pasar ese susto… Me pregunto como fue que dio con mi habitación… Él nunca había entrado antes al orfanato… Bueno, eso creía…

Karen permaneció en el jardín, pensando en su amigo y en tan peculiar acto de su parte. El tibio viento veraniego soplaba en su rostro, airando sus largos cabellos carmesí como si se trataran de un bello conjunto de llamas incandescentes flotando en el aire. Mientras tanto, fuera de los muros de aquella institución para huérfanos superdotados, se encontraba avanzando hacia el oscuro horizonte aquel extraordinario dúo conformado por el joven humano de cabellos rubios llamado Satoshi Yagami, cuyo linaje lo había condenado a un destino lleno de penurias y atrocidades, y el dios de la muerte cuyos rencores y frustraciones lo llevaron a tomar la decisión de terminar por cuenta propia, un asunto que se había quedado pendiente desde hacía mucho tiempo atrás…

CONTINUARÁ…

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