ADVERTENCIA: ESTE EPISODIO CONTIENE LEMON(SEXO EXPLICITO), POR LO QUE EL RATING DE ESTE CAPÍTULO EN GENERAL ES M.
Personajes:
Yagami Satoshi(Max): Estudiante que recien pasò a preparatoria. Se le dió el Death Note a cambio de recuperar los otros dos que se quedaron en el mundo humano.
Karen Olsen(Kitty): Habitante y miembro distingido de "Wammy's House". A pesar de ser algo desobligada, L se interesa en ella y viajarà junto con Aaròn a USA a ser entrenada como posble sucesora.
Deementy: Dios de la muerte que le entregò su ùnico Death Note a Sato. Sus verdaderos propositos son algo confusos. Dice que quiere recuperar el cuaderno que se quedò en el mundo humano que solía ser de su hermana, la cual murió mientras estaba allá.
Aarón: Otro candidato a la sucesiòn de L.
Zero: Amigo virtual de Max. Poco se sabe de este personaje escepto que es un hacker muy àbil.
Price.
Rock.
Queenny.
hasta donde va la historia: Satoshi Yagami era un aparentemente ordinario jovencito hasta que un dìa, un shinigami llamado Deementy se le aparece amenazandolo con darle muerte si este no le ayuda a recuperar dos Death Notes que se encuentran en el mundo humano. Deementy le dice que a cambio se le darà la oportunidad de descubrir una verdad que se ha mantenido en secreto al respecto de su padre, y Sato acepta a regañadientes. De esta manera se convierte en el dueño del Death Note de Deementy, con él, podrà matar y manipular a los humanos con solo escribir su nombre en él. Sato se pone a investigar y consigue descubrir antes de tiempo la verdad a la que se refería Deementy: Su padre, quien se creía había muerto a manos de el asesino más temido de la historia: Kira; en realidad, su propio padre había sido Kira junto con su verdadera madre y ambos murieron a causa de los destrozos que ocasionaron y la hermana de Deementy, habìa sido otra de sus victimas, razón por la que el shinigami le odia profundamente. Tras aceptar con dolor esta terrible realidad, decide continuar con el trato que hizo con Deementy y planea una estrategia para recuperar los cuadernos que se quedaron en este mundo. Uno de ellos está en manos de L, misterioso y anonimo personaje conocido por ser el detective más grande de todos los tiempos y quien fue precisamente él quien logró derrotar a Kira. Por otro lado, Karen Olsen, amiga de la infancia de Sato, recibe la noticia del orfanato donde vive que ella es una de los candidatos pra convertirse a futuro en sucesora de L y que deberà viajara a USA junto con otro compañero llamado Aarón para iniciar su entrenamiento. Sato descubre esto y planea la manera de utilzar a su amiga para vigilar los movimientos de L durante su plan. El viaje de kitty ha comenzado y ya solo faltan nueve dìas para que el "dia cero" contemplado por Sato llegue...
LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO.
CAPITULO 9: SUEÑO
Aquellos días, en que no había diferencia entre un caluroso día de julio o una fría noche de enero. Aquellos días tristes, donde mi destino parecía ser cualquier cosa, menos lo que yo realmente quería…
"Profesor Gerald, finalmente hemos traído a la niña prodigio de la casa hogar de Winchester. Como usted ya sabe, apenas tiene cinco años y ya domina a la perfección no solo el inglés, sino también otras dos lenguas más que ella aprendió por si sola. Con esto se descubrió que a pesar de ser una niña introvertida y en apariencia ordinaria, ella ya conocía muchos temas avanzados para su edad sin que nadie lo notara. Los resultados de los exámenes apuntaron que posee un coeficiente intelectual de aproximadamente 207. No obstante, de pequeña ella sufrió un duro trauma. Sus padres fueron asesinados frente a sus ojos cuando apenas tenía tres años. Es por ello que ella no confía mucho en la gente mayor. Hay que tener muy en cuenta eso, profesor."
"No se preocupe. Por el momento, ella debe estar algo molesta por haber sido traída desde tan lejos. Hay que hacerla sentir en su hogar, ella es muy lista y podrá reponerse con el tiempo."
"¿Qué nombre clave le daremos…?"
"Es una tradición dejar que el niño elija su seudónimo si así lo desea. Si no se decide por ninguno, entonces nosotros se lo asignaremos."
Estas eran las palabras que alcazaba a escuchar desde el otro lado de la puerta. Con la puerta cerrada era imposible escuchar lo que había del otro lado, así que en silencio la entreabrí ligeramente para dejar pasar el sonido.
- Adelante, puedes pasar…
Ese señor se había dado cuenta que los estaba escuchando, y en lugar de enojarse, se dirigió amablemente hacia mí. Entré algo avergonzada y me senté frente a su escritorio. No sabía a ciencia cierta porqué estaba en ese lugar, y tenía miedo. Apenas y podía mirar a los ojos a ese viejo señor de anteojos.
- No tengas pena… De ahora en adelante vas a vivir aquí. Sé que debe ser duro para ti cambiarte de orfanato. Pero te prometo que aquí también harás muchos amigos.
Aún con desconfianza, permanecí en silencio, montada sobre la silla, de rodillas y apoyando las manos en ella.
- Y bien, pequeña… - me preguntó aquella señora – ¿Alguna vez has imaginado que la gente te llama de otra manera, con otro nombre distinto que tú quisieras que te dijeran? – me extrañé un poco ante esta pregunta – Si es así, ¿cómo te gustaría que te llamáramos todos aquí?"
- K…K-Karen… - musité con una voz tan baja que apenas se escuchó – Así es como me llamo. Creo que ya lo saben. ¿Por qué me preguntan algo tan raro?
- Ya sabemos que te llamas Karen. – Contestó la profesora que yacía a un lado mío – Pero en este orfanato nos llamamos unos a otros con nombres especiales, que son los que nosotros queramos. Dinos como te gustaría que te llamáramos aquí y así te llamaremos todos.
- Karen… Así me llamo y así quiero que me llame la gente…
- Comprendo… Ese es tu nombre, y nosotros no vamos a quitártelo ni a cambiártelo. Mira esto como un simple juego entre nosotros. Yo me llamo Sarah, pero aquí casi nadie me llama por mi verdadero nombre. Todos me conocen como Perséfone. Me puse ese mote porque es una de mis personajes favoritas de la mitología griega y…
- Yo no quiero… Mi papá me dijo que él y mi mamá me pusieron así porque para ellos, ese era el nombre más lindo de todo el mundo. Yo soy Karen. Así quiero que me digan todos…
- Si quieres, tu sobrenombre puede estar basado en tu nombre y también en tu apellido… Hay algunos niños que…
- ¡YO NO QUIERO…! – grité encaprichada, dándome la media vuelta y corriendo hasta salir por la puerta entreabierta de esa vieja y tétrica oficina. – ¡Los odio…!
Esa fue la primera vez que lloré dentro de ese orfanato. Bueno, no es que esperara que mi estadía allí fuera a ser muy alegre. Yo aún era muy pequeña, pero cuando supe que me cambiarían a otro internado, la idea no me gustó y tuve un mal presentimiento acerca de ello. No me equivoqué. Este lugar era totalmente distinto al anterior. Los niños de allí tenían una actitud que no me gustaba en lo absoluto. Y los adultos, eran peores. Sus tratos amables y gentiles eran tan metódicos, que podía percibir su falso cariño impuesto en su labor. Ese día que me dijeron que no sería llamada en el orfanato por mi propio nombre, corrí desconsolada por los pasillos, tratando de huir, como si fuera posible correr y escapar de ese frío lugar. Como si mis padres estuvieran afuera, esperándome con los brazos abiertos.
"¡Espera…!"
"Una nueva alumna… ¿qué coeficiente tendrá?"
"¿Porqué estará llorando esa niña?"
"No parece muy lista. No creo que sea alguien de cuidado."
"¡Oye…! Fíjate donde corres…"
Gritaba y lloraba con tantas fuerzas, que lo más seguro es que todos los niños volteaban al verme correr. No dejé de llorar, y en un descuido, me impacté bruscamente con alguien.
- ¡Oye…! – la voz de un niño se quejó. Yo había caído al piso. Continuaba llorando y no pude discernir al que había embestido.
- ¡Buaaahhh…! ¡Buuuhhaa…!
- Oye, ¿Estás bien…? – una pequeña mano se posó en mi hombro. Volteé hacia ese niño aún con lágrimas en mis mejillas - ¿Acaso te lastimaste por culpa mía?
Miré los ojos algo apenados de ese niño. Y me dio la leve impresión que él no era como los demás en aquel sitio. Bueno, si bien es cierto que no puedes juzgar a alguien por su apariencia, algo en él me inspiró una confianza que no había sentido antes con otro niño.
Los adultos seguían buscándome por todas partes y era cuestión de tiempo para que me encontraran. Yo lo sabía, y le pedí sin darle muchas explicaciones a ese niño que me ayudara a escapar.
- Por favor, no quiero que los grandes me encuentren. A-ayúdame a esconderme de ellos… Te lo ruego… – supliqué con la voz desquebrajada, apunto de estallar nuevamente en llanto. Aquel niño me miró detenidamente. Y luego, sin preguntar motivos, me tomó de una mano y me levantó.
- Está bien. Sígueme…
Con cautela nos escabullimos por los pasillos vacíos de la enorme mansión hasta salir al exterior. Al jardín posterior del edifico, por la puerta trasera de la cocina del orfanato. Corrimos hasta adentrarnos en aquellos bastos y hermosos jardines. Nos sentamos a descansar en un viejo roble.
- No te había visto antes por aquí. Entonces eres nueva. ¿Este es tu primer día?
- No… - le respondí cabizbaja – Ayer llegué como en la tarde…
- Ya veo. – dijo calmadamente, mirándome detenidamente de la cabeza a los pies. Yo continuaba encogida y apesadumbrada - ¿Cómo te llamas?
Su pregunta detonó en mí la ira, pues me recordó el trago amargo que había vivido hace unos momentos. Caprichosamente no evité en responderle con enojo.
- ¡Eso no te importa! – grité.
- Ya veo… entonces ¿cuál es tu nombre clave?
Quise gritarle de rabia cuando me dijo aquello. Pero en lugar de hacerlo, mi llanto se reanudó y comencé a llorar como no recuerdo haberlo hecho desde que mis padres fueron asesinados. Recuerdo que él trató de consolarme inútilmente y yo continué llorando sin cansancio. Entre mis lamentos y los consuelos de aquel niño, escuché de repente la voz de un adulto.
- Ya la encontré. – musitó mientras me tomaba del brazo y me cargaba.
Vanamente aquel hombre trató de consolarme en su pecho. Yo continuaba llorando, apoyándome en aquel joven señor.
- ¿Qué le pasó a esta niña? – escuché la voz de ese niño de ojos negros.
- No te preocupes Price, ella estará bien. – Le respondió el mayor con amabilidad – Solo está un poco triste por ser nueva aquí…
Yo continuaba con el rostro hundido en el pecho de ese señor. Y sentí como él caminaba y me alejaba de aquel niño. Decidí entonces, voltear para verlo de nuevo, y miré como me veía alejarme con sus ojos entristecidos. Como si de alguna manera, él sintiera pena por mí.
Fui llevada a una habitación. Y la misma maestra que hace unos instantes me había hecho enfurecer entró para hablar conmigo. Pensé que se disculparía o algo. En vez de eso, solo me habló de tonterías. Como tratando de hacer las paces conmigo sin tocar el tema. Le seguí la corriente y fingí que mi enojo se había ido por completo. Pero solo lo hice para que me dejara en paz y me dejara dormir. Una vez que se fue, volví a caer en silencioso llanto.
"Papá… Mamá…" susurraba una y otra vez. Tenía mucho miedo. El lugar donde estaba antes tampoco me gustaba, pero sentía que este sitio era mucho peor que el otro. Ya no estaba segura de lo que me iba a ocurrir aquí.
Después de eso no se volvió a tocar el tema de mi apodo, al menos no en frente de mí. Pero aún así yo sabía que ellos me obligarían a ser llamada de otro modo tarde o temprano. Solo esperarían el momento indicado. Solo bastaría con que me presentaran ante los demás con un seudónimo, para que todos allí, supieran que debían llamarme de esa forma, y no por Karen, por más que yo les rogara y les dijera que mi nombre es Karen y no ese.
Al día siguiente me levanté como a las once del día. Completamente desganada, como si en realidad no hubiera dormido nada anoche. El día pasó muy lento. Fui presentada ante el resto de los niños de mi edad y de otros maestros con el mote provisional de Kelly, y aclarando que mi apodo definitivo estaba pendiente por resolverse. Yo ya no tenía fuerzas para quejarme y permanecí en silencio, resignada a mi suerte. Las clases me parecieron insípidas. Estaba encerrada en cuatro paredes al lado de otros niños. El ambiente en ese sitio era muy distinto al otro orfanato, no era que fuera un ambiente denso y horrible, pero se sentía diferente. No me gustaba estar allí…
Las clases terminaron y aproveché para salir al patio. Algunos niños me invitaron a jugar con ellos, pero yo aún continuaba muy deprimida. Rechacé amablemente su invitación y me refugié en un árbol. Recordé sentada en él lo que me estaba ocurriendo. Haberme cambiado a ese lugar y ya no volver a ver a las personas del otro orfanato era una pesadilla. Más ahora que ellos ya no iban a llamarme por mi propio nombre. ¿Qué va a ser de mí de ahora en adelante? Era la pregunta que rodaba por mi mente una y otra vez mientras me acurrucaba junto a ese árbol y las lágrimas comenzaban a brotar nuevamente. Fue entonces que una voz quebró la tranquilidad del lugar.
- Oye, tú eres la niña de pelo rojo de ayer…
Me destapé el rostro y miré al niño que estaba parado en frente mío. Era el mismo niño con el que había chocado el día de ayer. El gesto curioso y embobado con el que me miraba me irritó.
- ¿Qué quieres…? Vete y déjame sola…
- Los otros niños me contaron que no quisiste jugar con ellos. Y te ves muy triste. ¿Acaso estás llorando porque no estás jugando con nadie? Pero… si tú fuiste quien no quiso jugar con ellos… ¿Por qué lloras entonces?
- Yo solo quiero que me dejen en paz…
El pequeño me miró de reojo como si me estuviera examinando a detalle. Su mirada me incomodó, pero antes de que pudiera gritarle que dejara de verme, él se me adelantó y dijo:
- Tu cabello es muy rojo. ¿Te lo pintas o es tu color natural?
- ¡Que idioteces dices! – le grité irritada. Ese niño muy contrario al resto era demasiado insoportable.
- Ya veo… entonces tú sí que eres pelirroja. Es que nunca había visto a una persona con el cabello así de rojo…
- Yo tampoco había visto a alguien de piel morena… y no por eso me la paso molestándote.
- ¿Eh…? ¿Te refieres a…? Pero yo soy moreno claro. – su gesto se volvió enojoso mientras se señalaba a sí mismo incrédulo. Creí que con esto él se daría la media vuelta y me dejaría en paz. Pero me equivoqué.
- Dime entonces, ¿por qué lloras…? – se sentó en frente de mí y colocó su rostro cerca del mío, como esperando mi respuesta con esmero. Después de unos instantes respondí.
- No te importa. Vete.
- Vamos Kelly, dime…
- ¡No me llames así y déjame sola! – grite tan enfurecida que ese niño se espantó y cayó al piso de un sentón. Inmediatamente se incorporó y sin dejar de mirarme con esos ojos negros y bobos, continuó tratando de hablar conmigo.
- ¡Ah! Ya entiendo. – Sonrió con una extraña alegría – Estás triste porque no te gustó el nombre clave que te dieron. Pero… - y se llevó el dedo índice al mentón – en realidad ese nombre es provisional. Puedes ponerte el nombre que tú quieras…
- ¡Cállate! ¡Ese no es mi problema!
El chico se quedó pensando en silencio. Mirándome con esos enormes ojos, como si tratara de ver a través de mí. Su manera de mirarme no era como la de un niño de su edad. Me sobrecogí al sentir su mirada sobre mí, al punto que no pude gritarle que dejara de hacerlo. Pasaron solo unos segundos, cerró los ojos un instante, y cuando los abrió, su mirada había vuelto a ser como la anterior. Me sonrió despreocupadamente y me dijo:
- Tienes razón, si realmente estuvieras triste porque no te gusta ese nombre, ya hubieras dicho a los grandes cual quieres que sea tu seudónimo. También iba a preguntarte si estabas triste porque no podías decidirte en tu nuevo nombre, pero sería absurdo que estuvieras enojada por llamarte con ese nombre provisional si fuera ese el caso. Si así fuera, no te molestaría que te llamasen como te llamasen porque estarías consiente que solo sería mientras piensas en tu nombre definitivo, y si Kelly no te gusta como nombre provisional, solo pedirías que te dieran otro. La razón por la que estás triste es porque no te gusta que te llamen por otro nombre que no sea el tuyo. Es por eso que no pides que te pongan otro nombre aunque Kelly no te gusta para nada. Daría igual que apodo te pusieran, tú igual te molestarías, ¿no es así?
Permanecí en silencio. Ese niño parecía entender porqué me encontraba triste, aunque yo no sentía que lo comprendiera del todo. Él seguía sin inspirarme confianza, por lo que continué a la defensiva.
- Te equivocas.…
- ¿En serio…? – sus gestos de sorpresa y desconcierto eran tan exagerados que me parecía que ese niño era lo más ridículo que había visto en mi vida – valla… creo que esta es la primera vez que me equivoco… al menos que… - otra vez se llevó el dedo al mentón y miró hacia la nada con esa mirada perdida – al menos que me estés diciendo mentiras. Pero… si lo que me dijiste es verdad… entonces yo me habré equivocado dos veces seguidas. Yo nunca me he equivocado dos veces seguidas, ¿será posible que…?
- ¡Ya cállate! – le amenacé. Luego de eso, permaneció callado y observándome. Volví a sobrecogerme y voltee hacia otra parte para ya no tenerlo que ver.
- ¿Cuántos años tienes…? – Preguntó – Yo tengo diez. ¿Y tú?
Era inútil ignorarlo. Si no le respondía o trataba de callarlo él simplemente me preguntaría otras cosas como si nada. Resignada, le contesté en voz baja:
- C-cinco…
- Ya veo. Sabes, por tu rostro y tu tamaño yo creía que debías tener unos tres. Pero hablas demasiado bien como para ser tan pequeña.
Tal comentario me hizo voltear de nuevo hacia él y mirarlo con enfado.
- ¿Y cuál es tu nombre real? - me preguntó así sin más. Esa pregunta me paralizó por unos instantes.
- ¿Para qué quieres saberlo…?- suspiré – Si de todas maneras te van a obligar a que me llames por un nombre falso…
- Ja ja ja ja… lo sabía. – Sonrió extensamente – Tú estás triste por eso, ¿No?
Idiota. ¿Cómo podía sonreír tan alegremente frente a alguien que estaba llorando en seco? Fruncí el ceño y me levanté. Caminé unos pasos tratando de alejarme de él. Pero inmediatamente él comenzó a seguirme.
- ¿Y bien…? – dijo.
- ¿Y bien qué?
- ¿Vas a decirme como te llamas realmente?
- No…
- ¿porqué no?
- Porque no tengo deseos ni tampoco la obligación de decírtelo.
Pude notar como su rostro perdió su tonta sonrisa con mis palabras. Continué caminando, pero él continuó siguiéndome.
- Vamos. Dime por favor tu nombre.
Me detuve y volví a encararlo con ira.
- ¿Para qué quieres saberlo?
- Curiosidad. – volvió a sonreír bobamente.
No supe que responderle. Era obvio que si me seguía negando sin darle un buen motivo él me seguiría insistiendo.
- Si me dices tu nombre – insistió – yo te daré el mío. Creo que a eso se le llama intercambio equivalente, ¿no? (Nota del autor: un pequeño guiño a otro de mis manganimes favoritos ;D)
- ¿Y a mí de que me sirve saber cual es tu nombre…? – contesté con apatía.
- Pues… - una vez más puso su dedo índice en el mentón y miró hacia la nada como un retardado – No estoy seguro para que te serviría, pero sabrías algo que casi nadie sabe en este orfanato. Creo que solo el señor Gerald lo sabe. Tú serías la única niña en saberlo. Luego podrías usar eso a tu favor y amenazarme con revelar ese secreto a los demás. Chantajearme.
- No me interesa…
- Vamos, no seas así… - permaneció en silencio unos instantes y luego sonrió - ¡Ya sé! Si tú me dices tu nombre, yo te daré el mío. Y además, también seré tu amigo. ¿Qué te parece?
Me di la media vuelta y avancé ignorándolo. Creí que con esto me dejaría en paz. Pero entonces escuché algo que me hizo voltear hacia él otra vez.
- Si me dises tu nombre… ¡Te diré cual es el mío, seré tu amigó, y además… te ayudaré a que los mayores dejen que todos te llamen por tu nombre real!
"Eso es imposible…" pensé apesadumbrada. No obstante, el hecho de que hubiera alguien que estuviera dispuesto a saber como me llamo en realidad, y que respetara mi deseo de ser llamada por mi nombre… me hizo sentir un poco mejor. Resignada ante la terquedad de aquel crío, cedí.
- Dime entonces como te llamas…
- ja ja ja ja – sonrió con gran alegría – Todos aquí me llaman Price, así que vas a tener que llamarme así aunque sepas como me llamo en realidad. ¿De acuerdo?
- Está bien. De todas maneras me da lo mismo.
- Pues bien, ¡mi nombre verdadero es…!
- Karen… ¡Karen, despierta! – el crío de cabello negro y grandes anteojos tocó con suavidad el hombro de la pelirroja, despertándola poco a poco de su letargo.
- ¿Mmm…? ¿Pero qué…?
Karen abrió sus ojos y miró a Aarón a un lado suyo, quien le sonreía divertido de verla abobada por el sueño. Ella aún se encontraba en pleno vuelo, camino a USA junto a su compañero y a aquel hombre llamado Giovanni. Se había quedado dormida y podía sentir que una considerable cantidad de tiempo transcurrió durante su sueño. Y si Aarón había tenido que despertarla, eso solo podía indicar una cosa…
- Ya estamos por aterrizar, ¿No es así? – le musitó al pelinegro en voz muy baja, aún con la pereza del sueño encima.
- No podrías ser más acertada, mi estimada Karen. Supongo que ya sabes que debemos disponernos para el aterrizaje.
- Sí…
A los pocos instantes, Kitty, Aarón y Giovanni aterrizaron a salvo en el aeropuerto de New York. Aquella ciudad la cual hace poco, comenzó a ser reconocida y llamada como "La cuidad más segura del mundo".
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Ambos cuerpos se encontraban en el clímax. La tersa y bronceada piel de esa bella mujer brillaba a todo su esplendor a causa del sudor que le cubría generosamente su desnudo cuerpo. El único sonido que se oía en toda la habitación eran los suspiros y gemidos de placer de ella y de su compañero. Él recorría cada parte de su curvilíneo cuerpo con sus enormes manos al compás en que ella se entregaba totalmente al deseo, al placer, al amor. Y ella simplemente se dejaba querer, y disfrutaba de estar y volverse uno solo con él en este delicioso juego.
Entre los jadeos de ambos amantes se podía escuchar de vez en cuando, entonadas suave y dulcemente, las sentencias "Te deseo…", "Te necesito…" "Dámelo ya…" Ambos cuerpos continuaron sumergidos en un vaivén de caricias de amor y complicidad mutua. Finalmente, ellos sintieron que estaban por alcanzar el límite, y se dispusieron a concretar su entrega. Aquella bella mujer fue recostada con cariño y su largo cabello negro se esparció a los costados de su lecho, mientras veía y le sonreía fatigada a su hombre. Cerró los ojos y tras un leve quejido sintió a su compañero entrar en ella.
- ¡Aaahhh…!
Para ambos, era como si el paraíso fuese alcanzado en esos momentos. Sus cuerpos se movían al compás uno del otro y todo lo que había para ellos era placer, pasión, cariño, deseo. Aquella trigueña mujer sonreía ampliamente mientras jadeaba y susurraba a su amante no se detuviera. Él continuó poseyendo a su hembra con gran fuerza y efusión. Probablemente, para ellos esta era la forma con la que podían estar más cerca de sentir la felicidad plena. Perdieron la noción del tiempo y el acto sexual continuó por muchísimo tiempo, hasta que finalmente el cuerpo de ambos llegó a su límite y ambos estallaron en la gloria del orgasmo. Primero él, unos instantes después ella. Ambos gritaron y cayeron exhaustos y satisfechos. Se abrazaron totalmente fatigados y campantes. Para ellos, hacer el amor era algo que los llenaba y los hacía sentir sumamente unidos. El joven agente de la CIA descansó con su bella amante entre sus brazos y acariciándole el cabello. Miraba el sensual rostro de su compañera descansar tranquilamente y sonriendo leve. De repente, la bella joven abrió los ojos un poco preocupada y miró hacia su hombre.
- ¿Qué hora es…? – susurró ella mientras se incorporaba levemente de la cama.
- Pues… deben de ser como las tres o las cuatro de la mañana. Mejor será que tratemos de dormir. – indicó pícaramente para que su bella amante se recostara nuevamente con él.
La sensual y joven mujer no se inmutó y caminó hasta el buró para mirar la hora indicada en el reloj despertador.
- Ya son las cinco…
- Je je je… - sonrió el agente, quien observaba divertido el desnudo y aún empapado cuerpo de su amante a la tenue luz de la recamara – Pero si llegamos a tu departamento como a las dos. No puedo creer que nos hayamos "ocupado" por tanto tiempo. ¿Qué no estas fatigada después de tanto? Deberías descansar.
- Claro que estoy fatigada. – respondió con dulzura mientras se acomodaba el cabello y comenzaba a ponerse su ropa interior – pero hoy tengo un compromiso y debo estar allí.
- ¿A que te refieres…? – preguntó entrometidamente, aún tumbado en la cama por la fatiga.
- Ji ji ji… es un secreto – dijo con una sonrisa pícara.
El joven y apuesto oficial permaneció en silencio. Reflexionó hasta que sintió haber deducido que clase de compromiso podía tener a primera hora del día. Concluyó y musitó:
- Es algo del trabajo, ¿No…?
- Así es. – Afirmó la bella mujer que había terminado de ponerse sus prendas – Debo reportarme a más tardar a las nueve.
- Entonces descansa un poco más. Aún tienes tiempo.
- No. Si me duermo siento que después no podré despertar. – Agregó y se acercó de nuevo para darle un suave beso en los labios – Además… necesito tomar un buen baño y vestirme apropiadamente, pues hoy recibiremos a unos huéspedes especiales.
- ¿Qué…?
- Ju ju… - taponó la boca de su novio con su dedo – ya dije suficiente.
La sensual pelinegra sonrió, dejando paralizado a su pareja y luego caminó hacia el baño.
- A veces creo que esa letra te explota demasiado. – Dijo irónicamente el guapo agente – ¿No lo crees?
- Que irrespetuoso eres. – Dijo con un tono divertido – Mira que faltarle el respeto a él. Sinvergüenza.
Una vez que aquella sensual joven entró al baño de su apartamento y el sonido de la regadera se escuchó. Aquel apuesto y fornido hombre se levantó de la cama, caminó hacia la puerta de la alcoba, y con un tono gallardo y gentil exclamó:
- Ni hablar. No me queda otra más que hacerte de desayunar mientras te arreglas. Así ganarás más tiempo.
Al escuchar estas palabras desde la ducha, la morena ojiverde sonrió. Detalles y ocurrencias como estas, eran precisamente lo que la había hecho enamorarse de él. Aunque apenas llevaban un mes conociéndose y tan solo una semana de ser amantes.
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El aeropuerto estaba a tope de gente. Giovanni, Aarón y Kitty recién habían bajado del avión y observaban con curiosidad los alrededores.
- Valla… - musitó Aarón a su compañera mientras ajustaba el reloj de su reloj – El vuelo partió de Londres a las diez, llegamos a New York, y resulta que aquí siguen siendo las diez. Es como si no nos hubiera tomado nada de tiempo llegar hasta aquí. – musitó en plan de sátira.
- Sí, que irónico… - contestó la pelirroja poco animada – Aunque en realidad aquí eran apenas las cinco de la mañana cuando partimos allá a las diez, así que realmente si nos llevó tiempo llegar.
- Lo sé. Yo solo estaba bromeando.
Karen también miró a su reloj y lo retrasó cinco horas al igual que su compañero. Ambos continuaban siendo escoltados por Giovanni, quien se encontraba conversando a través del "manos libres" de su NaNoToP con alguien. Palabras como "Bien", "Entendido", y "Me dirigiré hacia allá" alcanzaban a ser escuchadas por los dos infantes que se morían de curiosidad por saber a donde y con quien serían llevados ahora.
Salieron del enorme aeropuerto y contemplaron por vez primera la fachada de esa enorme cuidad. Ahora ellos se encontraban en la mundialmente proclamada cuidad más segura del mundo. "¿Cómo puede ser una cuidad segura siendo tan enorme?" pensaba Kitty mientras miraba azorada los enormes rascacielos que se divisaban a lo lejos. Aún con sus cincuenta millones de almas, Nueva York se había convertido en un lugar donde imperaba el orden en todos los sentidos. Ya no había pobreza extrema. El trafico de drogas, la prostitución, la delincuencia organizada y las actividades ilegales a gran escala habían sido erradicadas por completo. La tasa de violencia y el número de asesinatos y secuestros eran prácticamente nulos. Era increíble que se pudiera mantener el orden y cuidar de tantos seres humanos. Pero esa era la verdad. Ya no existía ninguna mafia u organización delictiva operando en Nueva York. El cuerpo policiaco neoyorquino era reconocido alabado y admirado por los abrumadores resultados.
- Joven Aarón, señorita Karen, - Giovanni, quien aún se encontraba escoltando a los jóvenes genios y conversando a través del "manos libres", puso cada una de sus manos en un hombro de ambos para llamar su atención – En unos instantes llegarán por nosotros. Debemos esperarlos.
El trío permaneció en ese lugar, hasta que un modesto y aparentemente común taxi se estacionó a unos metros de donde se encontraban. Giovanni dio aviso a través de su NaNoToP y recibió las indicaciones para identificar al vehículo y asegurar que se trataba de el que había sido enviado para llevarlos. Tras confirmarlo, escoltó a los dos jóvenes hasta el automóvil y entraron. El chofer de dicho taxi en realidad era un agente de policía que había sido enviado. El taxi fue rentado para aparentar que tanto Giovanni como los dos jovencitos solo eran unos turistas recién llegados tomando un Taxi camino al hotel. Aarón pudo darse cuenta al igual que Karen de todas estas medidas, por lo que Aarón no pudo evitar cuestionarse: "Se supone que esta es la cuidad más segura del mundo. No obstante están tratando de ser cuidadosos en nuestro traslado. Me pregunto… ¿Por qué?"
Viajaron en el coche hasta a las afueras de la monstruosa metrópolis y llegaron al lugar del destino. La enorme instalación estaba frente a ellos. No parecía una mansión o una vieja y enorme escuela como el orfanato de Londres. Aquellas instalaciones eran más modernas y soberbias. El espacioso edificio de color metálico emergía por encima de las enormes murallas grises de tres metros de altura. El diseño del lugar era tan sobrio y simétrico. Tan simple y frío, que Karen al verlo le dio la impresión de el arquitecto que diseñó el lugar lo había hecho pensando que se utilizaría para una prisión. El automóvil llegó a la entrada del orfanato. Y tras identificarse, se les dio inmediato pase. Entonces Kitty pudo ver que detrás de esa muralla y antes de ese enorme y plano edificio había una extensa área verde llena de pasto, plantas y árboles perfectamente podados y arreglados. No obstante, no se daba ninguna pinta de que los niños que habitaban aquel lugar pudieran estar allí, pues no había absolutamente nadie en todo ese extenso paraje. Conforme el vehículo se fue acercando, Kitty pudo contemplar el monstruoso tamaño del edifico del centro. Ese edificio tenía sus paredes repletas de pequeñas ventanas rectangulares. No había balcones ni ornamentas en ellas. Bien cada ventana podía indicar una habitación, oficina o cuarto de lo que fuera, pegado a ese enorme muro, apreciándose a través de ellas que aquel extenso edificio era de cinco pisos en total.
Aquel lugar al que habían entrado era nada más ni nada menos que uno de los orfanatos de la fundación Wammy. El orfanato más grande del mundo: "The Roger's Children". Construido hace ya siete años, fue nombrado así en honor al fallecido hombre que fue amigo del fundador de la institución "Wammy's" y que pasó a tomar su lugar como director general de la fundación en su momento. Las dimensiones de aquel lugar eran imponentes. La extensión total del lugar tenía la forma de una enorme casilla de un Kilómetro cuadrado, mientras que el puro edificio tenía doscientos cincuenta mil metros cuadrados de superficie. Aunque por la fachada del frente daba la impresión de ser un lugar completamente cerrado y simétrico, en realidad el edificio tenía por dentro una enorme cantidad de espacios al aire libre, llenos de canchas deportivas y albercas, jardines, zonas de recreación y de juegos. Y un gran jardín trasero donde a diferencia del imponte jardín central que esta entre la muralla y el orfanato, los habitantes podían servirse y de él para pasear, descansar y jugar. El taxi se estacionó en el estacionamiento cercano a la entrada de la institución. Giovanni, Aarón y Kitty bajaron y se dirigieron al recibidor del orfanato. Aarón sentía gran emoción a pesar de que sabía que este orfanato solo sería el lugar donde se hospedarían. Kitty cargaba en su brazo su diario y el bolígrafo que su amiga Joan le había regalado. Ella se estaba llenando de valor, y lo único en lo que pensaba era en lo que debía de hacer una vez que tuviera a L en frente suyo. No estaba dispuesta a permitir que la volvieran parte de este circo que solo servía para vanagloriar a ese detective caprichoso y egocéntrico que se creía tan indispensable que el mundo necesita encontrar un heredero suyo a como diera lugar.
Pero que sorpresa le estaba esperando a ella. Cuando finalmente entraron a la recepción, Karen y Aarón divisaron las siluetas de dos personajes que estaban aguardando su llegada. Y fue entonces que Kitty lo vio. Esperándolos estaban dos jóvenes de apariencia sonriente. Una bella y joven mujer de cabello lacio y negro, de ojos verdes y piel tostada, portando un bello vestido rojo y tacones altos, maquillada de una manera provocadora y sensual, tanto que incluso Giovanni y Aarón se quedaron por un instante estupefactos al verla. Pero lo que petrificó por completo a Kitty había sido ver el rostro del joven que yacía a un lado de la bella mujer. Él simplemente le sonrió al reconocerla y le confirmó por completo que se trataba de él a través de su inconfundible voz.
- Hola… Karen. Finalmente nos volvemos a encontrar.
Era él. Su rostro reflejaba más madurez, pero era él. Esa sonrisa tan amplia y contagiosa solo podía ser de él. ¿Qué estaba haciendo aquí? Se preguntó el corazón de Karen. Tal vez se trataba de una alucinación. Tal vez esto era un sueño. ¿Pero y si realmente se trata de él?
- Price… - susurró aún boquiabierta.
- Sí. – continuó sonriendo y comenzó a acercarse donde ella.
"Price… Price… … ¡Price!… Pero… ¿Es que tú estuviste aquí todo este tiempo…?"
Y mientras miró los ojos negros de su amigo de tiempos de antaño, recuerdos tristes atravesaron de golpe por su mente:
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- Que lista te has vuelto, Karen. De verdad. Te aprendiste los teoremas más rápido de lo que esperaba.
"Price, hace cinco años tú…"
- No. Aún no soy tan lista. Aún me falta mucho para ser como tú.
- Pero… - balbuceó sorprendido en lo que se puso el dedo índice en su mentón – Pero si yo soy cinco años más grande que tú. Yo no recuerdo haber aprendido tantas cosas a tu edad.
- Aún así… realmente yo quisiera seguir aprendiendo un poco más.
- Bueno… sí. Pero no todo en la vida es estudio.
- Quiero convertirme en la alumna más destacada de todas. Por eso es que me gusta estudiar contigo.
- Ya lo sé… pero siempre que vienes conmigo, te propongo jugar al menos un poco y siempre terminamos estudiando y no hacemos otra cosa. – suspiró con un poco de decepción.
"Price… te fuiste y me dejaste sola…"
- ¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?
- Déjame ver… Supongo que mi manera de tocar la flauta o que soy la única que resuelve todos los problemas que me pones.
- No.
- Entonces… Mi memoria, mi capacidad de concentración…
- Tu cabello. – sonrió con los ojos cerrados.
- ¿Qué? Eso que tiene que ver con…
- Es que tu cabello es el más rojo que he visto en toda mi vida. Además, desde que te conocí no te has cortado el cabello. Me pregunto que tan largo lo puedes llegar a tener.
"Te fuiste… Y ahora… resulta que estabas aquí todo este tiempo…"
- Price, sabes que mi objetivo es superarte. Por eso no puedo dejar de estudiar al ciento por ciento.
- Pero tú ya eres más lista que yo en potencial. ¿Para qué exactamente quieres ser la más inteligente?
- Por que mi potencial es todo lo que me queda… Mis padres murieron y no tengo ningún otro familiar. Y en este orfanato la única manera en que lo toman en cuenta a uno es a través de sus capacidades. No les interesa otra cosa. Si yo solo fuera una niña genio más como los demás no me tomarían en cuenta individualmente. Solo sería una habitante más. Ellos no dejan de ponerme programas de estudio más y más desafiantes, sin importar cuanto mejore y empiece a sobrepasar a los otros niños. Eso demuestra que su objetivo es que yo me vuelva la mejor de todos. Ellos quieren que también te supere a ti.
"Eras el único en el orfanato que no me envidiaba ni me veía con rencor…"
- Cualquiera que te oyera no pensaría que tienes nueve años, Karen. Realmente, ¿Siendo la más lista del orfanato te sentirás feliz…?
- No lo se. Pero no lo hago para ser feliz. Lo hago porque eso es lo que esperan de mí en este lugar y la razón por la que me trajeron desde el principio. Después de que murieron mis papas, no me pude imaginar que iba a ser de mi vida de ahora en adelante sin familia. Pero al menos aquí… aquí soy alguien más que una niña huérfana. Tengo una razón importante para existir, tengo un destino que cumplir.
- Yo no creo que ese sea tu destino.
"Tú me prometiste que te quedarías conmigo pasase lo que pasase…"
- Entonces… ¿Qué se podría esperar de alguien como yo? Sin mi talento yo solo sería una niña más. Yo quiero tener un destino. Y tal parece que ese destino se encuentra…
- No. – Sonrió dulce y confortante – Tu destino no está hacia donde los demás te den a entender que debas ir. Puesto que tu destino es tuyo y de nadie más. Tú eres dueña de tu destino. Tu destino está hacia donde tú quieres ir
- Ese es el problema. Yo no sé que quiero…
- Ten paciencia – siempre sonriente. Siempre tratando de ser optimista pensando en los demás. Aún si en realidad la tristeza le invadía el corazón y en ese momento sentía pena y dolor por su amiga, el ojinegro atenuó con alegría artificial la aflicción de Karen – Mientras tengas por soquete amigo a este chiflado, solo será cuestión de tiempo para que lo averigües. Te prometo estar contigo hasta que puedas descubrir tu destino ideal.
"Ni siquiera me dijiste adiós… simplemente te fuiste un día y no me dijiste porqué…"
- Price, abre… - tocaba la puerta sin recibir respuesta – "Son las seis de la tarde y se supone que estudiaríamos. ¿Donde estará?" – pensó la pelirroja y fue a buscar a un profesor para preguntarle si lo habían visto.
- Señor Gerald. ¿No sabe donde se encuentra Price?
El septuagenario frunció con tristeza el ceño y bajó la mirada.
- Señor Gerald… ¿Dónde está Price?
- Karen… - su voz se quebró. Titubeó en silencio unos segundos antes de decirle de golpe la verdad – Él… se marchó del orfanato.
- ¿Qué…?
"El día anterior te portaste como si nada fuera a pasar. Jamás pude entender porque no me dijiste nada."
- Fue muy temprano. Tú aún estabas dormida. Desde hace tiempo se tenía contemplado enviarlo a estudiar al extranjero. Solo que todo fue tan repentino y…
- ¡No es cierto! – gritó y salió corriendo de vuelta a la alcoba del ojinegro.
Karen giró la perilla confirmando que la puerta estaba sin seguro y abrió la puerta. La habitación estaba vacía. La cama y los demás muebles estaban desolados y sin ninguna pertenencia del joven. Él se había ido. Karen cerró la perilla de la puerta para que nadie más pudiera entrar y se desplomó en la vacía cama a llorar. Lloraba como si nada pudiera consolarla. Mientras sollozaba tendida en el colchón, miró por unos instantes hacia el mueble vacío de al lado, y miró que debajo de este, se encontraba tirada una prenda blanca ininteligible desde donde se encontraba. Se levantó y se acercó a recogerla para ver que era. Se trataba de una camisa blanca. La era sin duda de aquel jovencito de 15 años que se había marchado. Esa camisa era de Price y de seguro no se la había llevado por haberla tenido extraviada debajo de su cómoda. La ojiazul abrazó con tristeza aquella camisa blanca y se envolvió en ella mientras continuaba llorando.
- ¿Por qué te fuiste…?
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- ¿Por qué te fuiste…?
La pelirroja había tirado inconscientemente su cuaderno negro al piso. Para cuando volvió a la realidad, ella se encontraba llorando y siendo abrazada por el moreno de ojos negros.
- Perdóname… - susurró Price con voz suave y confortante – No era mi intención irme sin despedirme de ti. Perdóname…
- I-idiota… - apenas alcanzó a musitar con desquebrajada y furiosa voz, antes de estallar en llanto.
Ante la vista conmovida de los presentes, ambos se abrazaron y permanecieron así por mucho tiempo. El ojinegro se dedicó a consolar a su amiga como no lo había hecho en mucho tiempo. El rencuentro que hasta hace poco ambos creían que nunca se daría se había dado.
- ¡Price…!
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- Oye, espera… - dijo con suavidad una linda jovencita de cabello castaño que vestía modestamente un vestido largo y blanco.
- ¿Mm? ¿Qué pasa…? – el joven rubio volteó donde ella, más por reflejo que por cortesía.
- Pues… - con timidez, la jovencita se dirigió hacia él – Verás… Una amiga mía quiere saber como te llamas pero le daba vergüenza preguntarte. Y… me mandó a mí a… preguntártelo. Podrías… ¿Podrías decirme tu nombre…? – bajó levemente la mirada al pedírselo.
El ojimaple sonrió con indiferencia y un poco de malicia, y luego respondió.
- Pues… ve y dile a tu amiga que si tanto interés tiene en saber como me llamo, que venga personalmente a preguntármelo y yo con gusto, se lo diré.
- ¿Eh…? – Desilusionada, la jovencita se ruborizó y se llevó una mano al rostro – Ya veo… lo siento. Discúlpame por hacerte perder tiempo.
La joven se dio la media vuelta y se retiró, dejando solo al rubio, que estaba siendo acompañado en secreto por un dios de la muerte plateado que solo él podía ver.
- Jum… valla con las jovencitas de hoy en día. Me sorprende que a pesar de ser tan bonita sea tan tímida. – platicó al monstruo mientras caminaban por las calles de Londres.
- Me pregunto por qué la amiga de esa chica quería saber tu nombre.
- ¿Eh…? Deementy, ¿no me digas que no te diste cuenta…?
- ¿De qué hablas?
- La que realmente quería conocerme era ella. Solo que le daba tanta pena acercarse a mí que inventó lo de su amiga para no verse tan obvia. Eso lo pude ver por lo nerviosa y apenada que estaba.
El shinigami se quedó extrañado por unos instantes y luego argumentó:
- Ya veo. Fue por eso que le dijiste eso.
- Así es. Imagínate como debió sentirse la insulsa con esas palabras. Debió haberse sentido la más grande de las tontas. Ahora mismo debe estarse lamentando por ser tan cobarde y penosa.
La manera tan fría en la que su humano se expresaba hacían sentir asombro a Deementy. El shinigami voló cerca de Sato hasta que ambos llegaron a su apartamento. Un par de horas más tarde, el rubio de ojos maple reanudó su jornada de usar a diestra y siniestra el Death Note durante tres horas seguidas. La velocidad que Max había desarrollado era formidable. El único ruido que se escuchaba en la oscuridad de su alcoba eran los veloces deslices del bolígrafo sobre el papel en unísono a la demente frase del escritor en cada nombre escrito…
- "Return to the dust…" "Return to the dust…" "Return to the dust…" "Return to the dust…" "Return to the dust…"
- "Ya solo faltan 9 días para que llegue la fecha que él estableció." – pensó Deementy mientras observaba fríamente al rubio hacer su trabajo – "Ya puedo adivinar lo que planea. Y lo que está por ocurrir… es realmente abominable…"
- ¡Return to the dust…!
FIN, TOMO I: "RETURN"
CONTINUARÁ…
PERFÍL DE PERSONAJES DE DEATH NOTE "LHM, LLN"
AARÓN.
Tercer OC al hilo. Al igual que con Karen, la relevancia y participación de este personaje en la trama de la historia irá aumentado conforme vallan pasando los hechos. Paciencia queridos lectores n n. Ahora vallamos con él.
Aarón es para mí, el estereotipo de los niños que son criados en Wammy's House y que desean con fervor convertirse en el elegido para ser el sucesor de L. Él siempre se ha sabido alguien excepcional y genial. Y es por eso que desea sobrepasar con su talento a los otros y ser el mejor. Ya que esa es la mentalidad que se les inculca a los niños de Wammy desde muy temprana edad. Descubrir la existencia de L, fue una gran alegría para él. Una contienda para quedarse con un puesto que solo podía ocupar el más apto, y que requería del mejor talento, lo hizo ilusionarse enormemente y desde entonces ha dedicado su vida a alcanzar y superar a L. Casualmente, antes de conocer la existencia de L, Karen solía ser la alumna estrella mientras que Aarón parecía ser solo un genio más en Wammy's. De los más destacados de su generación, pero aún sin ser considerado un candidato. No obstante, él desde pequeño había dejado claro su deseo de volverse detective y fue por esa razón que con apenas ocho años se le reveló sobre L y sobre la oportunidad de volverse su sucesor. Y en lo que Kitty dejó de ser competitiva y pasó a ser un tanto desobligada y humilde, Aarón comenzó a esforzarse mucho más de lo que ya lo hacía y pasó a tener a pesar de su corta edad en el alumno más brillante de todo el orfanato. A pesar de eso, él siempre se sintió frustrado de que los maestros continuaran interesándose en Karen tanto como en él a pesar de que él ya la había superado. Sentía envidia de que Karen en realidad tuviera un potencial mayor al suyo a pesar de su indisciplina y por ello los profesores hicieran hasta lo imposible por que ella volviera a ser la estudiante insaciable de antaño. Si tan solo ella fuera la de antes, él podría medir fuerzas con ella. Demostrarles a los mayores que él realmente era el más talentoso. Pro en lujar de eso terminaba irritándose ante la mentalidad de Karen de no querer ser competitiva y a menudo trataba de provocarla pero sin éxito. Sus celos explotaron al máximo cuando descubrió que a pesar de todo, el mismísimo L la nominó. ¿Era justo acaso que el talento siguiera siendo más importante que la dedicación aún en casos tan extremos? Él piensa que si Karen es de por sí valiosa y fue vista por L a pesar de todo esto, lo más probable sería que si ella siguiera siendo la alumna estrella de hace cinco años lo dejaría en vergüenza a él y nadie le reconocería tanto su genialidad. Sería solo uno más. Pero está equivocado. Sus propios celos no le dejan ver lo valioso y apreciado que es para todos e incluso para el mismo L, independientemente de Karen o de cualquier otro.
Nombre real: (Atención, que es muy probable que este dato nunca se revele en la historia) Alexander Rosebell.
Fecha de nacimiento: 1 de junio del 2012.
Características físicas: 1.50 de estatura. 41 Kg. Ojos grises claro. Cabello negro y muy rebelde. Piel sumamente pálida. Utiliza unos enormes anteojos semi redondos. Para que se hagan una idea de cómo es su apariencia, es una mezcla entre L y Conan pero sin ojeras (risas).
Lugar de nacimiento: Winchester, Inglaterra.
Comida favorita: Ninguna. Pero tiene la costumbre de llevar una estricta dieta rica en alimentos que se supone son buenos para el rendimiento mental.
Acerca de él: Suele ser alguien sumamente educado y fino, pues le gusta que los mayores digan que es un niño maduro y responsable. El clásico niño educado que todos quisieran tener por hijo para presumírselo a los vecinos y parientes (risas).
Representa: La envidia.
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