Capítulo VI
—Disculpe… señorita —se dirigió a
ella, titubeante y con una forzada sonrisa que sólo servía para delatar aún más
su nerviosismo, el profesor Ninjirou Fukuda.
—¿Qué quiere? —respondió de mala
gana y encrespada, la jovencita albina. El pobre hombre se estremeció y tragó
saliva. Ella podía oler su miedo y la insignificancia en todo su ser.
—Me parece que ésta no es su clase…
Así que le pediré amablemente que… si no es mucho pedir…
—Sí va a decirme algo —lo devoró con
los ojos—, dígalo ya. Que no tengo su tiempo.
El profesor Fukuda se echó unos
pasos hacia atrás. ¿Cómo era posible que aquella insignificante, diminuta
jovencilla extranjera, quien apenas y cursaba el primer año, fuera capaz de
infundir tanto miedo en un hombre adulto como él? Todos los alumnos observaban,
por lo que no era buena idea dejarse amedrentar frente a ellos. Si lo hacía,
quizá perdería todo el respeto que alguna vez esos ingratos, mezquinos y
mequetrefes adolescentes pudieron haberle tenido alguna vez.
—Usted no puede estar en este salón.
Le pido que por favor se vaya para su clase, señorita —le contestó con lo que
probablemente habían sido sus últimos vestigios de coraje.
—¿Y por qué no puedo? Sólo haga como
que no estoy aquí y dé su jodida clase de una vez. ¿O acaso le incomoda mi
presencia o qué?
—No, para nada —tragó saliva—. Es
solo que usted no tiene por qué estar aquí, y…
Una escalofriante aura asesina
emergió del cuerpo de Paula McCoy. Y con eso bastó para que el infortunado
profesor al fin se convenciera de que tenía todas las de perder. Se regresó a
su escritorio con el rabo entre las patas, reprendiéndose a sí mismo por lo
patético que podía llegar a ser.
Raku y Chitoge habían observado,
desde sus pupitres, todo el quilombo. Sintieron un poco de lástima por su
maestro, pues conocían muy bien el peligro al que cualquier persona normal se
exponía al encarar a la albina.
Ya habían pasado dos días desde la
aparición de Max en el colegio. El padre de Chitoge continuaba ausente y
Tsugumi, por otro lado, había dejado de asistir a clases. En su lugar envió un
permiso a la dirección en el que alegaba el padecer de una muy contagiosa enfermedad,
de origen desconocido y por demás peligrosa. Tan exagerada y poco creíble era la
nota que al menos todos los de la clase dedujeron que debía tratarse de una
mera coartada. Pero, ¿qué estaría haciendo ella entonces?
Paula, desde ese día y pese a ser de
otro salón y grado, había pasado a ocupar el lugar que le corresponde a
Tsugumi. Hizo gala de sus peculiares ‘métodos de persuasión’ y consiguió que
todos los profesores lo dejaran pasar. Raku y Chitoge no tardaron, pues, en
sospechar que ella debía saber el porqué de la ausencia de Tsugumi, pero, por
más que la interrogaron, la albina jamás les reveló nada acerca de su compañera
o sobre el incidente con Claude.
Se pasaba el día entero colándose
dentro del grupo de amistades de Chitoge —a veces a la fuerza—, y la seguía de
cerca a todos lados valiéndose de cualquier excusa, sin ninguna discreción. Era
más que obvio lo que Paula hacía: ahora era ella quien desempeñaba el papel de mantener
vigilada a Chitoge en lugar de Tsugumi. Esto sólo incrementó aún más el enojo
de la joven rubia hacia su padre. ¡Cuántas ganas tenía de verlo y decirle, de una
buena vez por todas, sus verdades! ¿Pero en dónde se había metido? Claude era
otro que también brillaba por su ausencia, sólo que con él Chitoge ni se llegó
a dar cuenta.
Pasó el tiempo y no fue sino hasta
el tercer día que el padre de Chitoge por fin se apareció. Aquella tarde los
sirvientes le informaron a la rubia que apenas había llegado, se encerró en su oficina
y no se le veían intenciones de salir pronto. Ya había anochecido cuando
Chitoge, armada de valor y dispuesta a reclamarle por todas y cada una de sus
acciones, se decidió ir a encararlo.
Abrió sin tocar la puerta y se
encontró frente a un agobiado Adelt quien se miraba bastante estresado y
frustrado; actitudes fuera de lugar para el tranquilo y sereno hombre que todo
mundo, incluyendo ella, conocía. Pero a Chitoge poco o nada le importó verlo
así. Estaba tan furiosa que ni un solo reparo ni consideración tuvo hacia su
padre. De inmediato le echó en cara que ella ya se había dado cuenta que estaba
siendo exhaustivamente vigilada. Le advirtió sobre lo mucho que le molestaba
que siempre estuviera tratando de ocultarle los problemas que también le
concernían a ella. Adelt, con todo lo que lo aquejaba encima, no estaba de
humor para lidiar con semejantes berrinches. Claude yacía malherido en el hospital,
al borde de la muerte, y todos sus intentos por localizar al responsable: un
mocoso sin escrúpulos que tiene como objetivo a su propia hija, fueron en vano.
De no resolver esto pronto, no sólo podría dar pie a un mayor conflicto, sino
que algo en verdad malévolo le podría pasar a su hija.
Pero no le quedaba otra opción,
tenía que encarar a Chitoge de una vez por todas. Tenía que hacerle entender
que todo lo estaba haciendo era por su propio bien, que no era momento para
disputas. Que era primordial mantenerla a salvo a cualquier precio.
—Tú no lo entiendes, papá, no se
trata de protegerme o no —le rezongaba una Chitoge renuente a aceptar razones—,
se trata de que siempre arremetes con este tipo de cosas a mis espaldas, sin
consultarme nada. Si Max tan sólo quería hablar conmigo, era yo quien debía
decidir si quería o no encararlo. Tú sólo le echaste más leña al fuego
corriéndolo de la casa, amenazándolo y con tus hombres rodeándome en la
escuela.
—La que no entiendes nada eres tú,
Chitoge —contestó Adelt enérgico. La necedad de su hija le estaba colmando la
paciencia—. Ese muchacho no vino hasta aquí a razonar como tú piensas, él tiene
una idea metida en la cabeza y no va a descansar hasta cumplirla. No puedes
imaginar lo que alguien como él es capaz de llegar a hacer con tal de obtener
lo que quiere.
—¿Y por eso te vas por el lado de la
violencia en lugar de convencerlo por las buenas?
—Chitoge… eres muy inocente aún. En
nuestro mundo las cosas no siempre se pueden resolver 'por las buenas'. No todo
se soluciona con sentarse a conversar. No siempre se puede llegar a un acuerdo.
—Digas lo que digas yo voy a hablar
con Max y lo convenceré por mis propios medios.
—Estás muy equivocada si crees que
todo será así de sencillo. Tienes una idea muy errónea de quién es él. En su
mundo y en el mío…
—¡Cállate!
Adelt se encogió de hombros. Jamás
en toda su vida imaginó que su propia hija se atrevería a alzarle así la voz,
ni a llevarle la contraria hasta esos extremos.
—¿Pero qué manera es esa de
dirigirte a mí? —resopló.
—Tú siempre con tus cosas de la
banda. Tú siempre en tu mundo de rivales y disputas. Mi vida desde pequeña ha
sido un infierno por tu culpa —la voz de Chitoge comenzaba a quebrarse cada vez
más—. Nunca pude tener amigos porque tú y tus hombres los espantaban, siempre,
vigilándome de cerca, acosándolos. Luego, cuando creí que por fin mi vida iba a
ser tranquila y normal, me obligas a tener un compromiso con un chico al que ni
siquiera recuerdo, sólo para que no tuvieras problemas con tu banda… Y ahora…
ahora…
A Chitoge se lo hizo un nudo en la
garganta. La hora de gritar, de soltar la mayor de sus frustraciones, había
llegado:
—Ahora resulta que otra vez por
culpa de tu trabajo me voy a tener que ir de Japón, irme de la ciudad dónde por
fin pude conocer amigos a los que no les importa de quién soy hija, y que me
aceptan como soy. —De sus bellos ojos azules sendas lágrimas se derramaron sin
dejar a un lado esa mirada llena de resentimiento—. Ya no quiero… ¡ya no quiero
que mi vida se siga hundiendo en un vacío por tu culpa! Yo quiero vivir una
vida normal y no estar siempre rodeada de problemas que me cohíban. Si así lo
quieres, puedes largarte con tus hombres cuando quieras, que yo me voy a quedar
a vivir aquí por mi propia cuenta.
—Chitoge, entiende que no es tan
sencillo como eso. Mientras tú seas mi hija, quieras o no hay cosas que tienes
que tomar en cuenta. No es fácil, lo sé, yo mismo he tenido que renunciar a
muchas cosas por…
—¡No me importa! —Gritó tan fuerte
como su aliento se lo permitió—. ¡Ya no quiero seguir siendo la hija de un
gánster si eso no me va a dejar tener amigos y vivir como una persona normal!
¡Ya no quiero ser tu hija! ¡Te odio!
Chitoge pasó a retirarse azotando la
puerta. Adelt quedó petrificado, ya no supo qué más hacer. Él también sufría,
entendía a la perfección las razones de la tristeza de su hija y sabía mejor
que nadie que él era el responsable. Era más que obvio qué la tenía tan dolida:
el haberse enterado que en un año se tendría que marchar de la ciudad que
tantos bellos recuerdos y amistades le había regalado. Pero este no era el
momento para explicaciones, disculpas y reconciliaciones. Había un peligro en
puerta que tenía que resolver antes de que se saliera de control. Ya una vez
arreglado el asunto con ese muchacho insolente, gozaría de todo el tiempo
necesario para compensar a Chitoge y rogar por su perdón.
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Pasaron un par de días. Durante
estos, Chitoge no le volvió a dirigir la palabra a su padre, Tsugumi continuó
desaparecida y, sin dar aviso, Paula también se esfumó sin dejar rastro. Raku y
compañía intentaron contactar a ambas pero todo fue en vano. Tampoco volvieron
a haber indicios ni de Max ni de su enigmática escolta, pese a las esperanzas que
Chitoge tenía de hablar con él, dejar las cosas en claro y convencerlo por la
vía pacífica de que desistiese de su propuesta. Chitoge ya no volvió a tratar
de hablar con Raku de su problema y sus sentimientos; en lugar de eso se distanció
del resto del grupo, lidiando en silencio con la profunda depresión en la que se
había sumido. Su amiga Kosaki notó su tristeza y se preocupó. Marika, en
cambio, se aprovechó de la situación y de nuevo se lanzó a Raku en cada
oportunidad que tenía como solía hacerlo.
Las clases de aquel viernes
terminaron. Ya que Chitoge aún se veía muy desanimada, Raku decidió ofrecerse a
acompañarla hasta las puertas de su hogar. Ella aceptó a regañadientes. Durante
el camino platicaron de cosas triviales hasta que, en un momento que consideró
oportuno, Raku le preguntó si este fin de semana tenía pensado llevar a cabo
alguna otra cita de simulacro. Chitoge le confesó que no estaba de humor para
esas cosas. Él, como era de esperarse, le preguntó el por qué.
—Sabes, Raku —le dijo Chitoge en voz
baja y pausada, cabizbaja—, hace unos días tuve una pelea muy fuerte con mi
papá. Estaba muy molesta con él por haberme ocultado que me iban a estar
vigilando, y terminé diciéndole cosas muy hirientes. Me siento arrepentida,
creo que le dije muchas cosas que en realidad no siento, y me gustaría pedirle perdón.
Pero, por otro lado… Aún sigo molesta con él, y por más que lo intento no se me
quita este sentimiento. No sé qué hacer.
—¿Tan molesta estás con él por que
quiso protegerte a su manera de ese sujeto?
La forma en la que Raku le había
planteado las cosas sonaba como si, de alguna manera, tratara de hacerle ver
que su actuar era propio de un mal agradecido. Chitoge se encogió de hombros,
no pudo evitar sentirse avergonzada.
—No, Raku, en realidad eso no es lo
que me tiene tan molesta.
—¿Entonces?
Chitoge guardó silencio.
—¿Es por aquello que me dijiste que
ibas a contarme? —Preguntó de vuelta el joven Ichijou.
Chitoge se ruborizó.
—¿Cómo te diste cuenta? —Murmuró
Chitoge, con la mirada hacia abajo.
—No me di cuenta de nada. Sólo lo
supuse y te pregunté.
—Ya veo… Pues sí. Es el mismo
problema.
—¿Y bien? ¿Esta vez me contarás qué
es eso que tienes que hablar conmigo?
Llegaron a la entrada de la mansión.
Chitoge se detuvo y permaneció unos segundos en silencio sin voltear a ver a
Raku. Cuando éste estuvo a punto de volver a preguntarle, Chitoge reaccionó de
forma explosiva y tomó su mano. Enlazó su dedo meñique con el de él, tal y como
hacen los niños cuando se disponen a hacer un juramento.
—Te prometo —dijo la rubia con
decisión—, que la próxima vez que estemos a solas te lo contaré todo, y nada ni
nadie nos va a interrumpir de nuevo. Es una promesa, ¿vale?
Raku boqueó, miró extrañado a
Chitoge y, tras un instante sin saber cómo responder, asintió con la cabeza sin
silabar palabra alguna. La rubia se despidió con una sonrisa y corrió al
interior de su mansión. Raku se retiró con tranquilidad.
Chitoge, apenas entró a la casa,
notó que algo no andaba bien. Tanto por la servidumbre, quienes se veían
asustados y nerviosos, como por algunos de los gansters del Beehive, quienes
apenas verla desviaban la mirada y fruncían el ceño, furiosos, impotentes.
Todos lucían en cierta medida, aterrados, como si algo nada bueno estuviese sucediendo
y su sola llegada lo empeorase. Cada vez que Chitoge trataba de saludarlos y les
preguntaba si había pasado algo, ellos lo negaban en vano. Pero incluso hasta hubo
una mucama que apenas al verla quebró en llanto y se retiró corriendo. La rubia
entonces decidió que tenía que buscar a su padre. Pero la mayor rareza de todas
se hizo presente al llegar a las escaleras. Ahí se topó con aquella joven mujer
de traje negro que siempre escoltaba a Max a todas partes, quien la recibió con
cordialidad:
—Bienvenida, señorita. Mi señor
aguarda por usted en la biblioteca.
—¿Qué? ¿Max está aquí? —Exclamó
Chitoge asombrada.
Corrió hacia el lugar indicado.
"¿No se suponía que papá le había prohibido poner un pie en nuestra casa?
Ojalá que esto signifique que ellos dos por fin pudieron hacer las paces. Al
final sabía que Max no podía ser tan mala persona como papá lo pintaba."
Al entrar, Chitoge encontró al joven
italiano de espaldas frente a la enorme ventana del recinto. Le pareció un poco
extraño que estuviera ahí solo, pues había asumido que se él encontraría en compañía
de su padre.
—Oh, Chitoge, por fin llegaste —se
giró hacia ella y la recibió hablando en el único idioma en el que coincidían:
el inglés—. Estaba esperando por ti desde hace algo de tiempo.
—¿Por qué estás aquí…? ¿Y dónde está
Papá?
—Tu padre se encuentra en su estudio.
Digamos que en estos momentos él no se encuentra con la disposición adecuada
para recibir a alguien. Se acaba de enterar de ciertas cosas que no le sentaron
muy bien al viejo.
—¿A qué te refieres?
Max se acercó a ella y la miró con
suma mesura.
—Chitoge, tengo que hablar contigo
de algo muy importante.
La conversación dio inicio. En todo
momento, el joven Maximiliano permanecía y se expresaba de manera estoica,
mientras que Chitoge a cada rato estallaba en gritos, se aterraba, enmudecía
del pánico, perdía la compostura, rogaba y suplicaba, amenazaba, volvía a
gritar.
Cuando la conversación estaba a
punto de finalizar, Chitoge ya lucía una mirada totalmente desencajada. Su
rostro era la viva imagen de la impotencia, la desesperanza y la frustración.
Cuando su interlocutor le reiteró una vez más que esto no podría ir más en
serio, y ella terminó de convencerse de que no se trataba de una pesadilla sino
de una terrible realidad, una lágrima brotó de su ojo derecho y rodó por la
blanca mejilla hasta el cuello. Recordó todas y cada una de las advertencias de
su padre y se arrepintió, desde lo más profundo de su corazón, el no haber
creído en ellas.
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Durante todo el fin de semana, Raku
no volvió a recibir llamada ni mensaje alguno de Chitoge, ni tampoco se la topó
en ningún rincón de la ciudad. Nadie en el mismo grupo, de hecho, supo nada de
ella durante ese par de días.
Llegó la mañana del lunes. Raku se
dirigió como de costumbre al lugar donde siempre esperaba a Chitoge para ir
juntos a la escuela.
Chitoge jamás se apareció.
La llamó por celular, quería saber
si se encontraba enferma o algo. Para su desconcierto, su teléfono móvil estaba
apagado o fuera de servicio. Entró a sus redes sociales a dejarle un mensaje.
Éstas revelaron que ella no había tenido actividad alguna durante todo el fin
de semana. Como ya se había hecho muy tarde, Raku ya no tuvo más opción que
correr sin ella. Llegó a la escuela con bastante retraso aunque aún así logró
que lo dejasen entrar. Tampoco había rastro alguno de Chitoge en el plantel.
Raku de inmediato le preguntó a Onodera, a Shuu, a Marika, a Ruri, a todo el
salón en general si sabían algo de ella. Muchos se preocuparon e intentaron
llamarla con sus móviles y descubrieron, al igual que Raku, que su cel estaba
apagado o fuera de servicio. Nadie la había visto desde que se fue a su casa el
viernes con él. Para empeorar las cosas, Tsugumi y Paula seguían desaparecidas
por lo que no había nadie quien les pudiera dar razón de su paradero.
—Esto es muy extraño —decía Raku una
y otra vez, pero todos sus amigos le dijeron que no debía preocuparse tanto.
'Quizás simplemente surgió algo y por azares de la vida su teléfono no
funciona,' le dijeron varios. Raku por un momento pensó llamar al número de la
mansión, pero al último decidió hacerle a caso a sus compañeros y dejarlo por
la paz. Ya mañana Chitoge se presentaría, creía.
Terminaron las clases. Raku intentó
llamar de vuelta a Chitoge pero su celular continuaba apagado o sin señal.
Pensó en irla a ver a su casa pero recordó que ese día iba a estar muy ocupado
en su propio hogar, por lo que se abstuvo y confió, una vez más, en que ya
mañana la vería de nuevo.
Al día siguiente Chitoge tampoco apareció.
Raku intentó por enésima vez
llamarla a su móvil. Y este seguía fuera de servicio. Yui, como la profesara
consejera del salón, le preguntó a Raku si sabía la razón de la ausencia de
Chitoge.
—Yo también quisiera saberlo,
Yui-nee —contestó cabizbajo.
Raku ahora sí intentó llamar al
número de la mansión pero, para agravio de su ya de por sí gran desconcierto,
se topó con la típica grabación que dice que el número marcado no existe o se
había dado de baja. "¿Acaso se cambiaron de número en la casa de
Chitoge?" Se cuestionó un Raku cada vez más confundido.
—¿Qué es lo que deberíamos hacer?
—Preguntó Raku en una especie de asamblea que había hecho entre todos los
aledaños a Chitoge en el salón.
—No es obvio —contestó Shuu, su
mejor amigo y el más entrometido del grupo—. Cuando salgamos de clase iremos a
su casa a preguntar si no le ha ocurrido algo malo.
—Sí, eso mismo yo también pensaba
hacer.
Como Raku a estas alturas ya no era
el único que se sentía preocupado por Chitoge, se decidió organizar un grupo
para ir a visitarla a su mansión saliendo de clases. Al joven novio le acompañaron
Shuu, Kosaki, Ruri, Haru —quien además quería saber del paradero de Paula, ya
que había escuchado que a ella veces se quedaba a dormir ahí junto a Tsugumi—,
Marika —quien alegó que lo hacía sólo porque quería aprovechar esta oportunidad
de pasar tiempo al lado de Raku—, Yui y algunas otras amigas más de Chitoge.
—Dime, Raku —preguntó Shuu a su
amigo mientras viajaban en el metro—, ¿No recuerdas haber notado algo en la
actitud de Chitoge fuera de lo común?
—¿A qué te refieres?
—Tú sabes, si había algo que
delatase que estuviera pasando por algo difícil, o que ella misma te dijera que
tenía un problema.
—Ahora que lo dices —Raku ladeó la
cabeza—, ella me contó que había tenido una discusión con su padre… y además…
—¿Además qué?
—No, nada.
Raku por un momento pensó en
contarle sobre el incidente con aquel capo italiano y su extrema proposición,
pero se detuvo al concluir que ese tipo de temas eran mejor tratarlos con calma
y en un mejor momento. Por lo pronto, visitar la casa de Chitoge y asegurarse
que ella estuviese bien era su prioridad.
Cuando el grupo ya estaba a sólo a
unas cuantas cuadras de llegar a la mansión, Raku divisó algo que llamó su
atención. Tras darse cuenta de lo que era, un escalofrío recorrió su columna
vertebral. Salió corriendo como un bólido ante la sorprendida mirada del resto,
especialmente de Kosaki y Shuu quienes iban al lado suyo.
—Ichijou-kun… ¿A dónde vas…? —preguntó
alzando el brazo la joven Kosaki.
"No, esto no puede ser
cierto" pensó Raku con el corazón latiendo a mil por minuto.
Una vez que se acercó lo suficiente,
Raku Ichijou constató, horrorizado, que sus ojos no le habían mentido: lo que
parecían ser camiones de mudanza entraban y salían por el portón de la mansión.
—¿Qué está pasando aquí? —Gritó,
pero ninguno de los hombres presentes le hizo caso.
Raku se asomó por el enrejado, pudo
ver a varios hombres los cuales entraban y salían de la mansión, cargando
muebles y enormes cajas que subían a los camiones que esperaban en fila. No
cabía ninguna duda: ¡Se estaban mudando! El resto del grupo llegó y contempló, igual
de atónito, la escena.
—¿Qué está pasando aquí? —Preguntó
Kosaki.
—¡Eso mismo es lo que quiero que
alguien me explique! —Berreó Raku con suma agresividad. De inmediato se
escabulló por el portón, que se acababa de abrir para dejar salir a uno de los
camiones.
—¡Espera, jovencito, no puedes
pasar! —Gritó en vano el que se suponía vigilaba la entrada.
Raku corrió por el patio rumbo a la
puerta de la residencia. “¡Chitoge! ¡Chitoge!” gritaba sin parar mientras la
buscaba con la vista de un lado a otro.
Fue en ese momento que, al voltear
hacia una de los balcones del tercer piso de la residencia, vio a una familiar
silueta asomarse por la ventana.
—¡Chitoge! —corrió aun más rápido.
Conforme se fue acercando constató que aquella figura tras los cristales era
ella. Inclusive notó cómo la misma Chitoge le miraba también a él, con una
expresión opaca, fría, sin emoción aparente.
No obstante, cuando ya sólo le
faltaba un par de metros para llegar a la puerta, dos sujetos, de complexión
robusta y facha muy intimidante, lo detuvieron en seco sujetándole por sendos
brazos. A aquellos dos hombres Raku no recordaba haberlos visto antes, y ellos,
por la forma tan hostil en que lo trataban, tampoco parecían reconocerlo a él.
—¡Suéltenme! —Ordenó mientras era
arrastrado de vuelta a la salida—. He venido a ver a Chitoge. ¿Acaso no saben
que yo soy su novio?
No hubo respuesta. Tal y como se
temía, esos dos sujetos no lo reconocían en lo absoluto; por eso ni se
inmutaron cuándo les dijo de su relación con la hija de Adelt. No lo soltaron
hasta botarlo fuera de la propiedad. Todos los acompañantes de Raku se
arremolinaron a su alrededor.
—¡CHITOGE! —Gritó Raku con tanta
fuerza que parecía que sus pulmones estallarían—. ¡Ya sé que estás ahí, ven y
dinos a todos qué demonios está pasando!
—¡Raku Ichijo! —Se trataba de la voz
de Tsugumi—, ¿Qué está pasando aquí?
Raku y el resto voltearon a atrás.
Ella y Paula acababan de llegar. Lo habían observado todo, igual de confundidas
y anonadadas que el resto.
—Tsugumi, ¿dónde estuviste todo este
tiempo? Me puedes… ¿me puedes explicar qué está pasando aquí?
—Lo lamento —ladeó la cabeza—, pero
yo tampoco tengo idea. Paula y yo llevábamos días sin pararnos en la mansión y
recién en este momento fue que venimos a averiguar qué está pasando.
—No es posible —se lamentó Raku con
un tono de voz que reflejaba muchísimo estrés y un gesto de desconcierto—.
¿Dónde han estado ustedes todo este tiempo?
—Es una larga historia. Pero ahora
mismo eso es lo de menos —contestó Tsugumi haciendo énfasis en lo que todos presenciaban.
—La familia de Chitoge-chan —acotó
Kosaki asustada—, ¿se van a mudar de casa? ¿Por qué Chitoge-chan no nos lo
dijo?
—¡Eso mismo es lo que quiero que alguien
me explique! —Raku se veía tan furioso, tan fuera de sí mismo, tan histérico y
sobresaltado, que parecía una persona distinta. Si bien era cierto que todos
los demás también estaban aturdidos, lo del joven Ichijou estaba sin dudas a otro
nivel.
Marika incluso sintió tanto miedo que
trató de calmarlo. Sujetó su mano y le pidió con ternura que se tranquilizase.
Pero Raku despreció el gesto e intentó una vez más colarse a la mansión, sólo
que esta vez el guardia del portón sí estaba preparado y lo detuvo en seco.
—¡Por favor, necesito hablar con Chitoge,
déjeme pasar! —le exigió al guardia pero éste se negó a soltarlo.
—Aquí estoy.
Al reconocer aquella voz, Raku de
inmediato volvió la cabeza y confirmó que se trataba de Chitoge, quien ahora estaba
frente al pórtico.
Ella ahora llevaba el pelo recogido
en un giro francés e iba ataviada en un elegante vestido de gala rojo. Algo
inusual en ella, salvo en fiestas que lo ameritaban. Caminó por el patio hacia
la entrada en lo que con un ademán de su mano ordenaba que abrieran el portón.
En cuanto el guardia soltó a Raku,
éste se dejó ir cuan vertiginosamente pudo sobre Chitoge. Shuu y el resto se
arremolinaron desde el otro lado del portón a observar.
—Chitoge —le dijo—, Ya faltaste dos
días seguidos a la escuela y no has contestado ningún mensaje. Tu celular lo
tuviste apagado todos estos días. Dime, ¿qué rayos estuviste haciendo todo este
tiempo?
Pese a la actitud de Raku, que
parecía que iba a explotar de un momento a otro, Chitoge permaneció estoica.
—Raku —musitó con frialdad—, yo que esperaba
que ya no fuera necesario que nos volviéramos a ver. Pero creo que es mejor
así, para dejar en claro las cosas.
—¿Qué? ¿A qué te refieres con…?
—Raku, hemos terminado.
‘¿Cómo…?’
Fue la pregunta general que pasó por
la mente de todos los que la escucharon.
—¿Pero de qué demonios estás hablando,
Chitoge? —replicó un cada vez más desconcertado Raku.
—Lo que acabas de oír. A partir de
ahora tú y yo hemos terminado. Ya no quiero ser más tu novia. Nuestra relación
se terminó.
—Chitoge, ¿qué disparates estás
diciendo? Tú sabes muy bien que eso es imposible. Tú sabes tan bien como yo lo
que ocurriría si nosotros…
—¡Cállate!
Raku sólo trataba de recordarle —con
discreción, pues había compañeros presentes que no aún no sabían que su
relación era una farsa— que ellos no tenían la opción de terminar su noviazgo
mientras no hubiesen transcurrido los tres años de instituto, ya que, de no ser
así, podría desatarse una guerra sangrienta entre sus bandas. Pero Chitoge lo
paró en seco y pasó a decirle:
—No tienes que preocuparte por nada.
Mi padre, sus hombres y yo en breve nos iremos del país, por lo que ya no tiene
ningún sentido que sigamos saliendo juntos. ¿Lo entiendes?
Tal declaración hizo sentir a Raku
como si la presión sanguínea se le bajara de golpe. Su mandíbula se desplomó.
—Pero, pero… ¿Cómo es posible? ¿Tan
de repente? ¿Por qué…? ¡Esto no tiene ningún sentido! —gritaba y se quejaba con
la voz cada vez más tosca y recia—. ¿Por qué vienes tan de repente con esto?
¡Nunca me dijiste nada de esto! —Recordó por un breve instante que ella le
había prometido contarle algo importante la próxima vez que se vieran—. ¿Por
qué te vas así sin más? ¿Ha ocurrido algo? ¡Dime la verdad! ¡Dime qué está
pasando en realidad! ¡No juegues conmigo! ¡Chitoge, tú me dijiste que…!
Ante los atónitos ojos de todos los
presentes, Chitoge silenció a Raku con una recia bofetada que resonó a lo largo
y ancho del extenso patio. Si bien era cierto que él estaba por demás
acostumbrado a los golpes de aquella enfadosa rubia, y que, sin duda, los había
recibido mucho más fuertes, hubo algo en aquella bofetada en particular que le
dolió por dentro como ninguna otra.
Pero lo que más lo sacó de su sano juicio
fue que, al observar con atención la mano izquierda de Chitoge —misma que ella
había extendido para propinarle el guantazo—, se dio cuenta que ésta llevaba insertado
en uno de sus dedos un enorme anillo de diamante solitario que brillaba como
una estrella a la luz del sol. ¿Dónde había visto ese anillo antes? Y de
repente lo recordó: ¡Era ese mismo anillo!
—Chitoge… ¿cómo es que tú llevas
puesto…? —Señalaba incrédulo el lustroso objeto.
—Oh, ¿te refieres a esto? —La rubia
alzó de vuelta la mano para mostrárselo mejor—. Así es Raku, es justo lo que
estás pensando. Acepté la proposición de Max. Dentro de poco nos casaremos.
Shuu, Marika, Kosaki, Haru, Yui,
Tsugumi, Paula y el resto de estudiantes que habían acompañado al grupo,
escucharon esta declaración impactados; tanto que sus ojos casi se les
desorbitaron de las cuencas y sus cabellos se pusieron de puntas, como si acabasen
de ver a un espectro o a un muerto viviente.
Y Raku no estaba menos estupefacto
que ellos. Apretaba los puños y los dientes con todas sus fuerzas mientras
Chitoge continuaba diciéndole:
—Y es por eso que me iré a vivir a
Italia con mi prometido. Incluso mi padre ya nos dio su consentimiento. ¿Ahora
lo entiendes, Raku? Es por eso que lo nuestro se termina. A partir de hoy ya no
hay nada entre nosotros. Como están las cosas es muy probable que jamás nos
volvamos a ver. Hasta siempre, Raku.
El joven se quedó sin aliento. Hubo
un sinnúmero de cosas que en ese momento deseó gritar. Quería protestar, negar,
poner mil y una objeciones, mas su cuerpo había dejado de responderle, como si
el control que ejerce su mente se hubiese perdido. Chitoge se dio la media
vuelta y caminó de regreso a la mansión. Al ver que ella se alejaba, el cuerpo
de Raku comenzó a temblar. Sus dientes rechinaron. Cerró y apretó los ojos con tanta
fuerza que desfiguró su rostro en un mohín de amargura. Hasta que por fin el
control sobre si mismo volvió; entonces se echó a correr tras de ella.
—Espera, Chitoge… ¡Chitoge!
Nadie supo de dónde es que había
salido, pero en menos de un segundo, la guardaespaldas de Max le bloqueó el
paso a Raku punta de pistola.
—Ya escuchó a la señora. Salga ahora
mismo de esta propiedad.
Kosaki, desde el otro lado del
portón, se desmayó; Ruri y Haru la detuvieron. Tsugumi ya no pudo seguir
cruzada de brazos y corrió a toda velocidad a defender a Raku.
—Aléjate de él, ¡tú, maldita…!
Pero aquella mujer se dio cuenta, y,
con unos reflejos y velocidad sobrehumanos, se abalanzó sobre la nueva invasora
situándose justo frente a ella. Tsugumi ya no fue capaz de reaccionar.
"¿Pero en qué momento se
movió?" fue todo lo que alcanzó a preguntarse antes de recibir una patada
frontal en la boca del estómago que la mandó varios metros por los aires, hasta
caer fuera del patio de la residencia.
Paula miró helada tan extraordinaria
escena.
"¡Dejó fuera de combate a Black
Tiger de un solo movimiento! Entonces… entonces no cabe duda de que se trata de
ella… Cabello rojo, que siempre lleva recogido dentro de una boina negra, con
la fuerza para hacer caer a un régime
entero ella sola: Sanguigna
la sanguinaria soldato más temida de la familia
Benedetti…" sus brazos involuntariamente comenzaron a temblar. Ni siquiera
se pudo mover del pavor que en esos momentos sintió.
Chitoge, al escuchar el grito
sofocado de dolor de su amiga, se giró por un instante a contemplar tan
horrible escena. Por un leve momento sus ojos perdieron toda esa frialdad que
habían estado aparentando, mas se contuvo, cerró los ojos y apretó los puños. Rápidamente
les dio de nuevo la espalda a todos y siguió su camino hacia a la puerta de la
mansión. Ya no volvió a mirar atrás.
—¿Cómo te atreves a hacerle eso a
Tsugumi…? —Por mero instinto Raku intentó atacar a aquella mujer, pero ésta lo
dejó fuera de combate con un golpe seco en la nuca.
Mientras Raku yacía tirado en el césped,
divisó, en medio de las tinieblas que se cernían frente a sus ojos, a Chitoge a
pie de la entrada de la mansión. Tras la puerta se encontraba nada menos que
aquel joven italiano, Sottocapo de la familia Benedetti, recibiendo a la rubia,
mientras que a él le dedicaba una mirada de desdeño. La oscuridad llegó por
completo a Raku, quien cayó inconsciente.
5 comentarios:
No le veo ningún sentido a el fanfic este de Nisekoi xD
Es verdad que esta bastante currado como va progresando la historia , pero no le pega el ntr a Nisekoi ni a palos...
Por otro lado , como le tienen tanto miedo porque es de la Mafia italiana xD como si la mafia italiana fuera lo que era en sus viejos tiempos ahora las mas jodidas son las Triadas con el mayor número de integrantes y los mismos Yakuzas , con que en ese aspecto no se que hace ese niño enfrentandose a unos Jodidos yakuzas,triada y gansters xD si fuera por los años 70s jodido lo tendría Raku y compañía pero la mafia italiana ya no es lo que era , aparte de que es una simple comedia romántica con harem , el cual no le pega el Ntr , solo que haya dos personajes destacable el mismo prota y el amigo troll
Antes que nada, gracias por tomarte la molestia de leer mis desvaríos t dejar un comentario.
En primera, estoy consciente de que este tipo de temática no es por donde se fue el manga, de ahí que se me haya ocurrido la idea en primer lugar. Aunque pareciese que la idea va por el lado del NTR, en realidad, es sólo un mero eje que puse para lograr un desarrollo, más adelante quizás veas lo que trato de decir ahí.
Men, pero lo dices como si en la misma historia el grupo de Raku luciese de mucho cuidado xD Si acaso el Beehive es la única organización que da luces de ser de cuidado y parece tener una fuerte presencia en todo el mundo. Pero si leiste bien el fic creo que ya sabes para donde va la cosa por lo que se entiende las intenciones del OC. Supongamos, pues, que al menos las familias más influyentes siguen dando miedo por respeto a la mitificación que estas organizaciones siguen teniendo hasta nuestros días.
Insisto, el ntr no es la razón de ser del fic, sino tomar a través de este un desarrollo, ese que tú dices que 'no pega' con el manga, cosa que estoy en desacuerdo por que el mismo mangaka tiene en hiatus todos esos recursos argumentales.
Saludos
Ah! , la historia ha sido creada por ti (?)
Si es a si Wow con tu escritura literaria es de tener envidia poder expresarse tan claramente y tener bien fluida la historia.
Bueno no digo que me desagrade la historia pero le falta esos típicos puntos cómicos de nisekoi , y al parecer has querido ir tirando por la trama profunda , bueno por lo menos en la historia no sale Onodera robando todo el papel con eso me conformo *~*
Espero con ansias que termines la historia , pero desde lo profundo de mi corazón espero que no coja este hilo Nisekoi T.T
Estoy de acuerdo con el otro usuario (esta es mi primera vez escribiendo también ;) )
Nisekoi empezó siendo un triángulo amoroso y luego paso al harem , si es verdad que la trama la tiene en hiatus pero como el otro usuario si el autor piensa meterle Ntr estropearía la serie , ya que harem y ntr como que no...
No veo por qué subiría un fic a un blog personal si no es de mi autoría xD. Peo bueh, el próximo fin de semana tendré un nuevo cap.
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