Capítulo VII
Raku
Ichijou andaba sin un rumbo fijo en medio de un desolador paisaje. Nada había a
su alrededor, a excepción de un negro vacío sin fin. No existía tal cosa como
un horizonte que dividiese lo que parecía ser el suelo con lo que quizá era el
cielo. ¿Oscuridad absoluta? Imposible. Él podía verse a sí mismo sin ningún
problema. El silencio era tal que el eco de sus pasos resonaba una y otra vez
hasta el hartazgo.
"¿En
dónde estoy?"
Caminó
sin hallar una salida o por lo menos un camino, un lugar concreto a dónde ir,
hasta que de pronto vislumbró la figura de alguien que parecía estar a unos
cientos de metros de distancia.
"Espera
un momento… ¡Es Chitoge!"
Raku
corrió hacia ella. Gritó su nombre, una y otra vez, mas nunca recibió respuesta.
Chitoge tan sólo permanecía ahí, quieta, de espaldas, como si no le hubiese
escuchado. Pero lo más extraño de todo era que, sin importar cuanto Raku corriese,
la distancia entre él y Chitoge no parecía disminuir. Ella aún seguía igual de
distante, tanto que apenas y se lograba divisar en medio de las tinieblas.
Desesperado, Raku trató de correr más rápido, pero fue inútil. Incluso comenzaba
a creer que estaba dandose, por extraño que fuese, el efecto contrario al
deseado, pues cada vez la silueta de Chitoge se veía más pequeña, más lejana.
"¡Chitoge!" siguió gritando con más fuerzas pero siguió sin recibir
respuesta. Raku volteó a mirar a sus pies; comprobó que sí estaba corriendo en
la dirección correcta, pero aún así la distancia entre ellos iba en aumento,
como si el piso que había entre ellos se expandiese dos espacios por cada uno
que él avanzaba. Cuando ya faltaba muy poco para que la figura de Chitoge se perdiera
de vista entre la lejanía del abismo de penumbra, Raku se tropezó y se dio de
cara contra el suelo.
—¡Chitoge!
Gritó con fuerza a la par que alzaba
con desesperación el brazo, como si tratara de alcanzar algo en el techo. Miró
a su alrededor, se dio cuenta que en realidad se hallaba recostado en un
sillón, arropado con una frazada.
"¿En donde estoy…?"
Miró el entorno con atención. Parecía
ser la sala de un pequeño departamento de estilo y mobiliario occidentales.
Todo lucía limpio, ordenado y acogedor. Al parecer ya era de noche pues estaba
oscuro. Por alguna razón, intuía que él ya había estado antes en aquel refugio.
Su cabeza le dolía tanto. Acercó su mano a la nuca y se tocó en la parte adolorida.
De ese modo descubrió que llevaba puesto un vendaje. ¿Quién se había tomado la
molestia de curar su herida?
—Vaya, al fin despertaste.
Las luces se encendieron. Se trataba
de la voz de Paula. Raku se volteó hacia donde ella. La joven albina, quien
acababa de entrar a la sala, se acercó a él.
—Paula, ¿en dónde estamos? —preguntó
un desorientado y confundido Raku Ichijou.
—En el departamento de Black Tiger. Decidí
traerlos hasta acá por ser el lugar que quedaba más cerca a la mansión.
—¡Tsugumi! —A Raku se le vinieron a
la mente los nefastos recuerdos de lo acontecido—.
¿Cómo se encuentra Tsugumi?
—Ella resultó herida, mucho más que
tú, que sólo te llevaste un golpe en la cabeza, pero se encuentra bien. Por
ahora ella duerme en su habitación.
Raku intentó incorporarse pero de
inmediato sintió mareos.
—Aún no estás del todo bien —le
advirtió la joven sicario—, necesitas guardar más reposo.
—¿Qué pasó con los demás? —Raku se
llevó la mano a la sien, intentando mitigar su jaqueca.
—Ellos me ayudaron a traerte a ti y
a Black Tiger hasta aquí. Como ya era muy noche, todos ya se retiraron a sus
hogares —explicó Paula. Al hacerlo, recordó lo molesta que había sido en
particular Marika Tachibana, quien se había negado a abandonar el apartamento,
hasta que el cansancio la hizo caer dormida. Entonces su asistente, aquella
mujer de pelo largo que siempre lleva cubierto un ojo, aprovechó para llevársela—.
Excepto la Don del Char Siu, ella dijo que te llevaría a casa cuándo estuvieras
mejor, y ese tal Shuu Maiko.
—¿Qué? ¿Yui-nee está aquí? ¿Y
también Shuu?
—Así es. Ahora mismo los dos duermen
tranquilos en la habitación contigua, junto con Black Tiger.
—¿Qué hora es?
—La una de la mañana.
Raku no podía creerlo. Tanto tiempo que
él había estado inconsciente. Tantos acontecimientos que se habían dado y sin
que él pudiese hacer nada. El darse cuenta que había estado fuera de sí tantas
horas acrecentó aún más sus inquietudes.
—Espera un segundo… ¡Chitoge! ¿Dónde
está Chitoge? —Preguntó con suma ansiedad.
—Yo qué sé —le contestó—. Es bastante
probable que a estas horas ya hayan terminado de desocupar toda la mansión. Si
es así, no me sorprendería que la señorita Chitoge ya haya abordado un avión y
se encuentre fuera del país.
Al oír Raku esto, un profundo dolor arrugó
su pecho. Los recuerdos de todo lo que había vivido en la tarde eran demasiados
densos para lidiar con ellos. Estaba demasiado confundido y desesperanzado.
Aquella forma tan fría en que Chitoge lo había despreciado en frente de los
demás, aquella bofetada y el cómo les había dado la espalda tanto a él como a
Tsugumi mientras estaban siendo agredidos por aquella mujer tan misteriosa, no
dejaban de atormentarlo.
“¿Ahora
lo entiendes, Raku? Es por eso que lo nuestro se termina. A partir de hoy ya no
hay nada entre nosotros. Como están las cosas es muy probable que jamás nos
volvamos a ver. Hasta siempre, Raku.”
'¿Por qué…?' era la mayor de las
cuestiones dentro del corazón de Raku cada que recordaba las hirientes palabras
de Chitoge.
—Toma, te traje algo de té. —Paula,
al decir esto, devolvió a la realidad al joven—. Disculpa si su sabor no es
agradable, pero nunca he sido buena para este tipo de cosas.
—No te preocupes —dijo con la voz apagada;
se le oía incluso algo deprimido—, muchas gracias.
Raku tomó la taza y sorbió de ella lentamente.
Se trataba de té instantáneo, incluso podía verse como colgaba el listón de la
bolsita de té de un lado; ni siquiera tenía azúcar. Paula notó en los ojos del
joven una profunda tristeza. Quería encontrar palabras para reanimarlo, o lo
que fuera, pero eso nunca ha sido su fuerte.
—¿Dices que ya han desocupado toda
la mansión? —preguntó Raku.
—¿Eh? Sí, yo misma fui a cerciorarme
luego de traerlos acá, y ya no había nadie. Supongo que ya terminaron.
—Ya veo… No importa. Es probable que
Chitoge aún no haya tomado ningún vuelo y que ella aún esté en algún lugar de
la ciudad. Si me doy prisa es posible que pueda encontrarla.
—¿Estás loco? —Gritó exaltada
Paula—. ¿Aún después de lo que la señorita te hizo planeas volver a buscarla?
—Tengo que hacerlo. Nada de lo que
me dijo en ese momento tenía sentido. No tiene ningún sentido que de la noche a
la mañana ella haya decidido algo tan radical como esto, y luego intente
abandonarnos sin darnos ninguna explicación. Algo tuvo que haberle pasado y
debo averiguar qué fue.
—Despierta a la realidad. ¿Acaso no
te bastó que ella te cortara y te echara en cara que se iba a casar con otro
hombre en frente de todos tus amigos? ¿Qué más pruebas quieres?
—Tú no lo entiendes.
—Por supuesto que no lo entiendo
—dijo Paula, levantando un poco la ceja—, pero creo que puedo hacerme una idea.
Estás muy dolido porque ella se deshizo de ti para marcharse con ese otro sujeto,
¿no es así?
—No, no lo entiendes. —Las manos de
Raku, que aún sostenían aquella taza, empezaron a temblar. Ondulaciones se
formaban en el líquido tambaleante del trasto—. Ella ya había rechazado su
propuesta. Y tú y Tsugumi me dijeron que ese hombre es peligroso. ¿Acaso no
puedes ver que nada de esto tiene ningún sentido?
—Es verdad, ese hombre es peligroso.
Y nosotras temíamos por lo que sería capaz de hacer si la señorita seguía
negándose y él se decidía a tomar medidas más extremistas. Pero si fue la señorita
la que por su propia cuenta decidió aceptar su propuesta, y hasta su padre ya les
ha dado su consentimiento, significa que esto es lo que la señorita quiere, y no
nos queda más opción que aceptarlo. Yo al principio también estuve tan escéptica
como tú, pero hice un par de llamadas a mis contactos. Ellos me dijeron que por
orden directa de nuestro jefe todos en el Beehive deberemos abandonar Japón lo
más pronto posible. Al parecer el señor Kirisaki está haciendo esto concienzudo
de lo que va a ocurrir una vez que tu clan se entere de lo que la señorita Chitoge
te hizo.
»La señorita y el Sottocapo de los
Benedetti —prosiguió Paula en su sermón—, al parecer ellos comparten un pequeño
pasado en común, por lo que ella nos contó. Quizás en el fondo la señorita sí sentía
algo por él, no es tan descabellado si vemos lo mucho que se molestó con su
padre cuando se enteró que él estaba tratando de evitar que se acercara a ella.
Sé que algo como un matrimonio podrá sonar muy descabellado, pero no es del
todo imposible.
"Es cierto" dijo en sus
adentros Raku en lo que iba recordando más detalles de su último encuentro con
Chitoge. "Ella me dijo que ya no tenía que preocuparme por nada y que su
padre y sus hombres se marcharían del país. Si los del Beehive se van, es imposible
que la guerra que intentábamos evitar se pueda dar, por lo que ya no va a ser
necesario seguir fingiendo."
—No —Raku negó con la cabeza—. Ella
jamás nos abandonaría de esa forma.
—Acéptalo de una vez. ¿Vas a creerle
más a lo que tus ojos presenciaron o a lo que a ti te gustaría que fuera?
Quizás todo este tiempo sólo fuiste un juego para ella, y cuando por fin se apareció
alguien por quién la señorita Chitoge sí se sintió realmente interesada, pasó
lo que tenía que pasar. Supéralo.
"Es cierto" pensó Raku.
"Después de todo, nosotros nunca fuimos novios de verdad. Si se llegaba a
aparecer alguien a quien Chitoge en verdad quisiera, lo más normal sería que
ella prefiera irse con él a tener que continuar con esta farsa. Pero hay algo
que no entiendo… una cosa es empezar a salir con alguien. Pero,
¿comprometerse?"
—Me niego a aceptarlo hasta que ella
me diga cuáles son sus razones —declaró Raku—. Tengo que volver a hablar con
ella, y hasta que no me las diga, no lo aceptaré.
—No seas estúpido —insistió Paula—.
Ya no hay nada que puedas hacer, ¡entiende! Ahora ella es su prometida, ya no
hay ninguna razón por la que la señorita te deba dar una explicación. ¿Cómo vas
a hablar con ella? ¿Crees que te van a dejar acercarte a la señorita así sin
más? ¿Qué tienes planeado hacer? ¿En serio crees que si esto no fuese la
voluntad de la señorita, el señor Kirisaki se habría cruzado de brazos y le
permitiría a ese hombre que se la llevara así como así? Aún si logras llegar
hasta ella y le cuestionas sobre su decisión hasta saciarte, y descubres que en
verdad la señorita quiere esto, ¿qué vas a hacer después? ¿Vas a obligarla a
que regrese contigo? ¿Vas a llevar a tus hombres a una confrontación con una de
las mafias más temidas de toda Italia por tu capricho? Ese hombre, a diferencia
tuya, se ha involucrado con los negocios de su familia desde que era pequeño y
sabe cómo desenvolverse ante este tipo de conflictos. Y, según escuché de los
rumores, no debe faltar mucho para que él se convierta en el nuevo Don de su familia
¿Comprometerás a los tuyos a ganarse un temible enemigo sólo por tu terquedad e
inmadurez? ¿Vas a provocar una guerra sólo porque te niegas a aceptar que te
han abandonado por otro hombre?
Estas últimas cuestiones fueron las
que más mella hicieron en la voluntad de Raku. Todo este tiempo él había sido
forzado a actuar como el novio de Chitoge con el fin de evitar una guerra que
cobraría muchas vidas. Ahora, por el mismo motivo, tenía que abstenerse de
hacer algo imprudente y dejar que Chitoge se marchara para siempre. Sin
embargo, un fuerte e indescriptible sentimiento de inconformidad no le permitía
encontrar sentido a este abandono.
—¡No! —Gritó con todas sus fuerzas y
arrojó la taza de té al piso. Ésta se hizo añicos—. No me importa cuantas
excusas digas, es imposible que Chitoge, después de tanto tiempo juntos, nos
abandone a todos de esa forma sólo para irse con ese sujeto. ¡No voy a aceptar
esto! Tengo que hablar con ella a cualquier costo.
Raku se levantó del sillón y caminó
rumbo a la puerta de salida. En ese instante, Yui, quien se había despertado
debido al ruido de los gritos del muchacho y de la taza que se había quebrado,
se asomó desde la entrada a la alcoba de Tsugumi.
—¡Raku-chan, ya estás despierto! —Trató
de acercarse a él para abrazarlo, pero cierta hostilidad que vio en los ojos del
morocho la hizo titubear—. Raku-chan, ¿a dónde vas?
—A afuera —contestó con tono de voz
un tanto agresivo. Salió del departamento casi azotando la puerta.
—Espera —dijo Yui muy preocupada—,
ya es de noche y no creo que puedas ir solo a…
Shuu la sujetó del hombro.
—Déjalo que se vaya —le dijo—, De
seguro tiene muchas cosas en qué pensar.
—Pero…
—Él va a estar bien. Lo que necesita
ahora es estar solo.
Yui sentía mucha pena por Raku.
Quería consolarlo o por lo menos darle a saber que ella siempre estaría con él
sin importar lo que pasase. Pero aceptó el consejo de Shuu y se quedó a
ayudarles a él y a Paula a cuidar de Tsugumi.
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Las calles estaban vacías. El
viento, que silbaba un agudo canto de desolación, estaba tan frío que le calaba
la piel del rostro. Quizás no debió haberse precipitado a salir, no sin antes haber
tomado su chaqueta del uniforme escolar. ¿Pero ya qué más daba? ¿Había modo de
saber que afuera hacía tanto frío? Llegar cuanto antes a su casa era, de
momento, su única enmienda. Aún se sentía débil por el golpe que le habían
propinado, por lo que el caminar le resultaba más difícil y tardado de lo
habitual.
Un sinnúmero de interrogantes se arremolinaron
alrededor de sus caóticos pensamientos. En esos momentos el joven se sentía de tantas
maneras a la vez; algunas hasta se podrían considerar contradictorias, y ni siquiera
era capaz de enfocarse en al menos la mitad de ellas: miedo, ira,
resentimiento, confusión, incertidumbre, desesperación, impotencia, orgullo
quebrantado, desesperanza. El que Chitoge lo haya dejado con todo ese caos y
malestar dentro, con una infinidad de interrogantes sin respuesta, con esa insoportable
sensación de que todo lo que él había creído hasta hace poco había sido una
mentira; era un infierno en vida. Deseaba tener a Chitoge en frente, gritarle, reclamarle
por lo todo lo que le había hecho. Pero ni él mismo sabía, para empezar, lo que
en realidad buscaba de ella.
De lo que sí que estaba seguro era que
explotaría en mil pedazos si no lo conseguía pronto.
Los recuerdos entraban y salían por
su mente: desde el día que se conocieron y pelearon por primera vez, pasando
por aquella fatídica tarde donde sus padres los comprometieron a salir juntos,
su supuesta primera cita y aquella fatídica noche en que descubrieron que ya se
habían conocido desde pequeños. Su primer distanciamiento, todas esas ocasiones
en que se vieron obligados a trabajar en equipo para salir de un enorme
problema, como la obra de teatro o la visita de su madre en Navidad. Las falsas
citas donde eran espiados por un sinnúmero de miembros de sus familias; los
malentendidos, las riñas, las risas, los llantos. Los festivales escolares, las
fiestas de cumpleaños, las vacaciones de verano, el viaje escolar. Todo
aquello, así, tan de repente, ¿se había vuelto parte del pasado, una simple anécdota
distante que había finalizado para siempre?
A pesar de que en un inicio ellos no
se llevaron del todo bien, de sus diferencias, de sus peleas; siempre que hubo
un problema estuvieron ahí, el uno para el otro. Juntos salieron adelante de
las dificultades. Confiaron mutuamente, se comprendieron mutuamente, aún si a
veces el orgullo era demasiado grande para reconocerlo frente al otro, las
acciones decían más de lo que guardaban las palabras.
“¿En verdad quieres esto?” —Pensó—.
“¿Acaso en verdad ya no quieres volver a saber nada de nosotros, Chitoge? ¿Qué
hemos sido para ti todo este tiempo?”
Tras meditarlo, Raku llegó a una
conclusión: quizás este evento, tarde o temprano, de alguna u otra forma, tenía
que ocurrir. Después de todo, ellos no iban a poder ser novios falsos por
siempre. Su vida en algún punto habría de continuar más allá de esa falsa
relación. Si bien él ya tenía una visión más o menos clara de lo que quería
hacer con su vida, con Chitoge nunca supo qué tenía planeado hacer ella con la
suya una vez acabara el instituto. Siendo americana, Chitoge podía regresar a
Estados Unidos cuando quisiese. Aún así, Raku nunca contempló esa posibilidad
por lo bien acomodada que la rubia parecía estar a su nueva vida en Japón. Pero
ahora, así sin más, ¿ella iba a empezar otra vez desde cero, en un nuevo país y
dando el salto a la vida de adulto esposándose con un hombre? Irrazonable. Definitivamente
aún había muchos cabos sueltos por atar. Necesitaba hallar respuestas y su
instinto le dijo dónde buscarlas.
Tras una larga caminata, Raku finalmente
llegó a su mansión. Aunque ya era de madrugada, todos los hombres de su padre
seguían despiertos, aguardando su regreso. Estaban muy preocupados por él, pues
llevaban bastantes intentos fallidos de contactarlo. Raku revisó su teléfono
móvil y vio que era cierto: su bandeja de entrada estaba atiborrada de avisos
de llamadas perdidas de Ryuu y los demás Yakuza. Les pidió disculpas mas no les
reveló nada de lo que había pasado; no quería preocuparlos ni hacerlos estallar
en ira.
—Estoy bien, no se preocupen por mí
—les contestaba una y otra vez a sus insistentes preguntas de "¿Se
encuentra bien, señorito? ¿Dónde estuvo todo este tiempo, señorito?"—. Por
cierto, necesito hablar con mi padre ahora mismo.
Ryuu se sorprendió, no era común ver
esa actitud en Raku.
—En estos momentos su padre se
encuentra en su estudio, Bocchan —le contestó—. Por alguna razón él también permaneció
despierto hasta estas horas. Quizás estaba esperando por usted.
—Bien, entonces iré a verle.
Raku entró al salón. Su padre yacía
sentado en el centro, parecía estar meditando. El muchacho al acercarse notó un
mohín de melancolía en su rostro.
—Raku, por fin llegas —saludó el
anciano a su vástago.
—Parece ser —dijo Raku, quien pasó a
sentarse frente a él—, que tú también te has enterado de lo que pasó. ¿O me
equivoco, viejo?
El señor Ichijou asintió con
pesadumbre.
—Así es. En la tarde Adelt me llamó
y me lo contó todo. Chitoge se va a casar con ese jovencito imprudente de los
Benedetti. También me dijo que este mismo día él y todos sus hombres se marcharían
de Japón.
—¿Pero por qué? ¿Qué más te dijo el
padre de Chitoge? ¡Dime si sabes qué está ocurriendo! —Gritó histérico.
—Al parecer toda la iniciativa vino
por parte del mismo Maximiliano. Todo fue parte de un convenio que se pactó
entre los Benedetti y los Beehive. Ahora que ese jovenzuelo se ha comprometido
con la hija de Adelt, se está acordando una especie de asociación entre ambas
organizaciones con el fin de mantener la paz y evitar futuros conflictos. Parte
de esa asociación tiene ciertas condiciones a cumplir por parte de cada una de
las facciones. Una de ellas fue que Adelt y sus hombres abandonarían Japón y se
irían de regreso a América, mientras que Chitoge se iría a vivir a Italia bajo
la protección de su futuro esposo en lo que dan comienzo los preparativos para
la boda.
—Pero lo que quiero que me digas
—vociferó Raku con rabia —, es: ¿Qué razones tiene ese sujeto para venir así de
repente, a pedir la mano de Chitoge? ¿Sabes por qué lo hizo?
—¿Acaso no te lo acabo de decir?
—¿C-cómo?
—Adelt me contó que ese muchacho
tiene planeado suceder el cargo de su abuelo lo más pronto posible. Esto se
debe a que Maurizio, el actual Don de la familia Benedetti, es un hombre que se
encuentra ya muy viejo y enfermo, por lo que podría morir de un día para otro.
Es por eso que ese muchacho busca erigirse cuanto antes como el nuevo Don de su
familia. Sin embargo, él aún es demasiado joven y se dice que no todos dentro
de su familia están de acuerdo en que él sea quien tome el control. Pero si ese
jovencito se llegara a casar con la hija de algún jefe de otra organización, lo
más común y sensato en estos casos es que ambas organizaciones entablen una
especie de tregua o sociedad para evitar que futuros conflictos perjudiquen a
uno de los dos bandos, por respeto a los lazos familiares entre los líderes. Es
probable que ese mequetrefe haya pensado que tener a los Beehive de su lado le
sería de gran utilidad a su causa. No hay nada como tener el respaldo de un
fuerte aliado para afrontar cualquier futuro intento de insurrección. Si bien
es cierto que Adelt solía ser amigo del difunto padre y del abuelo de ese
mocoso, lo cierto es que los Benedetti y los Beehive llegaron a tener varios
conflictos y disputas por el territorio cuando estos últimos se encontraban
expandiendo sus dominios a Europa. Pero todas esas rivalidades y disputas
acabarán si él logra sellar la alianza a través de su matrimonio con la hija
del jefe. Dime, ¿esto no te suena familiar?
Raku sudó frío. Todo lo que su padre
le acababa de decir, explicaba a la perfección qué motivos podría haber detrás
de todo. Pero seguía sin responder a algo: ¿Por qué Chitoge se prestaría para
semejante estupidez? Decidir algo tan substancial como anclarse de por vida a
una persona, sólo para favorecer a sus mezquinos propósitos…, pero Raku se dio
cuenta que tal afrenta no era tan distinta a lo que ella tuvo que lidiar desde
que llegó a Japón. “¡No! Esto es sin duda mucho más abusivo que un simple
noviazgo de mentiras” pensó indignado.
—Pero si todo lo que dices es
cierto, ¿entonces quiere decir que él está obligando a Chitoge a…?
—Te equivocas —le interrumpió su
padre—. Si ellos dos van a casarse, es por que la misma Chitoge decidió por
voluntad propia aceptar su propuesta. De otra manera, conociendo a Adelt, él
jamás habría permitido semejante atropello. Es más, ¿tienes idea del por qué
parte del acuerdo fue que Adelt y su grupo se marcharan del país?
—¿Qué?
—Una vez que mis muchachos se
enteren que has sido abandonado por tu novia para casarse con otro hombre,
¿tienes una idea de lo que podrían llegar a ser capaces?
Raku hizo una mueca de espanto y
tragó saliva. En efecto, no había que ser muy avispado para darse cuenta que
cuando los Yakuza de su clan, indignados y furiosos, se hayan enterado de todo,
lo primero que harían sería declararles una guerra sin cuartel al Beehive.
—Aunque la iniciativa de este
acuerdo vino por parte del joven Maximiliano —agregó el señor Ichijo—, no me
sorprendería que en realidad todo haya venido de los deseos de la misma Chitoge.
Después de todo, si Adelt y sus muchachos se marchan del país, ya no habrá
ningún peligro de que se desate una guerra, por lo que ya no sería necesario seguir
con este simulacro para mantener la paz. Así, Chitoge puede marcharse sin tener
que preocuparse por nosotros.
Raku apretó aún más los puños y sus
brazos temblaron de impotencia. Golpeó con todas sus fuerzas el piso de madera.
El azote retumbó por toda la habitación. Tenía el rostro apuntando hacia el
suelo y cargaba una expresión de frustración, de impotencia en su rostro.
—Chitoge… —chilló casi crujiendo los
dientes—. ¿Pero entonces por qué no me dijo nada?
—¿Decirte qué?
—¡Que ella tenía planeado marcharse!
—¿Y qué habría cambiado? —Sentenció
el viejo y sabio señor Ichijou—. Si te negabas o lo aceptabas, ¿Crees que eso
hubiera cambiado en algo las cosas? Ella, por lo visto, tenía pensado marcharse
sin despedirse de ti, porque quizás pensó que las cosas así serían más fáciles.
—Pero… entonces… ¡Dime, viejo! ¿Qué
es lo que podemos hacer?
El padre de Raku suspiró y cerró los
ojos.
—Nada. A partir de ahora, lo que
pase con ellos ya no es más de nuestra incumbencia.
—¿Qué? ¿Pero por qué?
—Ya te lo dije, esto fue la decisión
de Chitoge, por lo que Adelt no tuvo más alternativa que aceptar. Y Como ahora él
y sus hombres se han ido del país, ya no es necesario que sigamos aparentando
que hay algo entre ustedes dos. Es más: ella de hecho ya ha terminado contigo
de manera oficial frente a todos tus amigos. Con esto, la relación que tuvieron
se ha acabado. Ya no es necesario que nuestra facción se siga entrometiendo en los
asuntos de Adelt y sus muchachos. El acuerdo de su falso noviazgo llegó a su
fin.
Las palabras de su padre retumbaron
en su pecho como ráfagas de aire. Su mirada desencajada, junto a una expresión
de completo abatimiento, fueron toda la respuesta que le pudo dar a su progenitor.
Ya no quedaron ni más palabras que decirle, ni las fuerzas para arremeterlas.
"Entonces... ¿Se terminó? ¿Ya nunca
más volveré a ver a Chitoge?”
2 comentarios:
Nada mal solo que esto si que se me hizo nisekoi alargando un capitulo sin havanzar nada xd
lel, pero sin transfondo no hay angst xD así que era necesario =P
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