FANFICTION: Los hombres mueren, las leyendas no. (Death Note) cap 2

LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO

CAPITULO 2: ALIANZA

— ¡Ey! ¡Shidoh! —Un pequeño shinigami con cabeza de cráneo de bestia se acercó donde su compañero—. ¿Ya te enteraste de lo que le ocurrió a Deementy?

— ¿Deementy? ¿Te refieres al tipo que dejó de juntarse con los otros desde hace ya muchos años?

— ¡Ja ja ja! El mismo. El muy tonto estaba trabajando en el mundo humano y por accidente su libreta se le cayó al piso. Luego, un humano la recogió antes que él, y aunque logró matar al humano con un trozo de libreta que se había guardado, otro humano la recogió primero y el pobre ya no tuvo manera de matarlo.

El shinigami de apariencia y cabeza extraña tomó un gesto de leve preocupación y recordó la experiencia que tuvo hace mucho tiempo en el mundo humano.

—Eso no es gracioso, Kuber. Ahora el pobre no podrá recuperar su libreta hasta que el humano que la recoja renuncie por voluntad propia a ella y se la regrese. Si el cuaderno es destruido, el viejo rey se enojará por su descuido y no le dará otro. Y peor aún, sino lo recupera en el momento en que le fuera posible, el viejo, de castigo, no le dejará recuperarlo nunca.

—Ja ja ja… lo sé. Pero sólo a él se le ocurre cometer un descuido así. Espero que encuentre la manera de recuperarlo. De lo contrario el pobre morirá cuando se le acabe la vida que tiene ahora.

Los dos dioses de la muerte se acercaron a uno de los extraños aparatos que utilizan para observar desde su mundo al mundo humano. Su objetivo era darse cuenta de lo que estaba ocurriendo allí, ahora que otra Death Note se encontraba en aquel lugar.

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Finalmente el calido sol de julio se había asomado por las ventanas de las habitaciones de aquel orfanato londinense. Los niños se levantaban con fervor, pues el desayuno les esperaba en el comedor y Mary, la cocinera, les tenía prometido un gran banquete ese día. Eran las nueve de la mañana y ya todos los niños habían terminado su desayuno, excepto por una habitante, que ni siquiera había despertado todavía. Aquella señorita de cabellos rojo sangre casi siempre se levantaba a la hora que se le venía en gana, sin importar cuanto la habían regañado y tratado de corregirle dicha manía sus maestros. Sí, Karen Olsen, la jovencita que debería de ser el orgullo y alumna numero uno por su genialidad, tenía esa costumbre de dormir hasta 12 horas diarias, contando las siestas que tenía a la mitad del día. Sus profesores jamás pudieron corregir ese hábito y finalmente terminaron por tolerarlo.

— ¿Mmm…? —lentamente los ojos de la pelirroja se fueron abriendo—. Diablos… Seguro que esos mocosos me volvieron a dejar las sobras… —susurró con un gesto adormecido y apático.
La pequeña superdotada se fue vistiendo lentamente y se dirigió al único lugar en todo el orfanato que sería capaz de quitarle aquel estado somnoliento: las duchas. Solo con un buen baño podría espabilarse toda esa pereza. Cuando la tibia agua comenzó a mojar su cuerpo, su juicio fue paulatinamente regresando a ella. Ahora podía pensar claramente sobre la situación en donde estaba y como podría solucionarla:

"El señor Gerald tiene planeado enviarme a USA y usar mi indisciplina y necesidad de explotar mi potencial como pretexto" —meditaba la pelirroja mientras lavaba poco a poco la tersa y blanca piel de sus senos—. "Lo más seguro era que pensaba decírmelo en esa charla de ayer, pero no tuvo el valor de hacerlo al ver mis lágrimas y reclamos. Entonces el pobre se debe sentir como una basura por no habérmelo dicho, y, conociéndolo, no podrá juntar las agallas para confesármelo hasta una semana antes de mi viaje. Debo tratar de hacer que hablemos del tema mientras aún esté vulnerable. Entonces solo necesitaré a un chivo expiatorio que vaya en mi lugar…" —Sus ojos se abrieron repentinamente cuando su prodigioso entendimiento discernió lo que estaba pasando—. "¡Ya veo…! ¡Es por eso que Aarón me lo dijo! Tal vez Aarón quiere que rechace el traslado a USA para que lo lleven a él en mi lugar. Si es así, entonces puedo confiar en que él hará lo posible por evitarlo… aunque me da un poco de coraje el haberme creído que Aarón lo estaba haciendo por mí. Lo mejor será dejar que lo lleven a él. Ya tengo un plan. Solo tengo que hablar con el señor Gerald y lo haré este mismo día…"

La jovencita cerró la llave de la regadera y caminó desnuda hasta el sitio donde se encontraban las toallas. Mientras se dirigía hacia allá, se empezó a contemplar y acariciar su joven cuerpo con timidez y nostalgia, lo que le hizo recordar, de pronto, aquel comentario malintencionado de su gran amigo. Su cara hizo una mueca de enfado, y después se tornó melancólica y apenada.

"¿Por qué tenemos que crecer tan rápido…? Yo aún no estoy lista para eso de ser una mujer…" —pensó mientras se secaba y observaba detenidamente en el espejo del baño cuanto se había desarrollado su figura sin que ella lo hubiese notado.

—Yo creo que ya deberías pedirles que te den un sujetador. —Una niña que había entrado sin que Karen se diese cuenta sacó de su trance a la pelirroja con su comentario pícaro, y la hizo gritar del susto—. ¡Como me gustaría que de grande me volviera tan bonita como tú!

—No sabes lo que estas diciendo, Joan —Karen volteó ruborizaba hacia su compañera, mientras se cubría bien el cuerpo con la toalla—. Cuando crezcas te darás cuenta de que la belleza es efímera y solo le atrae problemas a quienes la tienen… —advirtió con su experiencia de ayer hostigándole en la mente

—Pues yo ya quiero crecer y encontrar al amor de mi vida —suspiró la chiquilla con un gesto embobado—. ¡Y darle mi primer beso como un regalo de verdadero amor!

Karen recordó con estas palabras su experiencia un tanto extraña con su amigo, y por ello apretó los puños y cerró los ojos con un gesto de enojo.

—Oye Karen, ¿a qué crees que sepan los besos? ¡Yo pienso que deben saber a chocolate!

—No… más bien saben a papas fritas con sabor a queso… —entrecerró los ojos con un gesto irónico y socarrón.

— ¿Eh?

—Olvídalo… Bueno. Creo que ya me retrasé. Debo irme a…

— ¡Ah! Es cierto. Karen, les pedí que te guardaran un poco del desayuno que sirvieron. Así que apresúrate. Vístete y baja a desayunar de una buena vez.

—Gracias, Joan, enseguida bajo. —Karen salió con sólo una toalla hacia su habitación para cambiarse, pues no se había llevado ropa limpia cuando entró a los baños, y después bajó al ya vacío comedor del orfanato para tomar su desayuno con tranquilidad, sin el estorbo del bullicio que tanto odiaba.

"Me pregunto que estará haciendo ese idiota en estos momentos." —pensó mientras comía su desayuno que, por cierto, ya estaba algo frío.

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Max no había vuelto a dormir desde que tuvo aquella experiencia tan horrible en la madrugada. Su rostro demacrado reflejaba aún el miedo y desconcierto que le provocó aquel encuentro con el dios de la muerte, quien dijo volvería en veinticuatro horas para recibir la respuesta a su proposición. El rubio, aún estando en mitad de clase, no podía dejar de pensar en eso y mantenía su mente alejada de la realidad, sin escuchar nada de lo que los profesores decían durante las clases. Su profesor de francés notó su distracción y le arrojó un marcador de agua en la cabeza.

— ¡Ayyy!

— ¡Señor Yagami! ¡Ya deje de estar en las nubes! Traduzca la siguiente oración o me veré obligado a amonestarlo y sacarlo de la clase.

—Está bien… —se sobó el golpe con una mano y agarró su libro con la otra—. Y… ¿en qué página vamos?

El profesor perdió los estribos ante estas palabras y corrió al joven de su clase a base de gritos. Max simplemente encogió los hombros y salió del aula pensando que era lo mejor, ya que no estaba de humor para las clases. De hecho, no estaba de humor para nada. Aprovechó y se dirigió temprano a su casa, donde dentro de pocas horas tendría que encarar a aquel monstruo que afirmó que sería incluso capaz de matarlo si no lo obedecía.

"Ese monstruo de una u otra forma debió conocer a mi padre… La verdad ni yo mismo estoy seguro. Si él me dio ese cuaderno… de seguro es porque quiere que me convierta en un asesino. No importa lo que me diga… yo no quiero ser un asesino como lo fue ese infeliz de Kira. Pero si no lo obedezco me matará y buscará a alguien que si acepte ese cuaderno. Además quiero saber de una buena vez por todas a que se refiere con que Kira no mató a mi padre y qué rayos quiere recuperar que necesita la ayuda de un humano…"

Max continuó caminando hasta llegar a su hogar, donde su bella madre lo estaba esperando. Él aún continuaba con ese gesto deprimente de la mañana. Todo el día había sido gris para él, y todo lo que hacía era pensar una y otra vez en aquel monstruoso ser.

—Sato. ¡Llegaste temprano! —La hermosa mujer de cabellos negros salió desde la cocina para darle la bienvenida a su hijo—. ¿Qué te pasó? ¿Te fue mal en la escuela?

—No mamá… solo que estoy un poco pensativo por algo que vi en la TV. No te preocupes…

—Ya veo… enseguida te preparo algo de comer.

Madre e hijo se sentaron en la mesa con la merienda servida, y mientras la primera se puso a merendar con tranquilidad, el segundo apenas comía algo y jugaba con su alimento.

—Sato, ¿no tienes apetito…? ¿Te sientes mal?

— ¿Eh? No… estoy bien. Solo que no tengo apetito.

La madre no tardó en notar que algo le estaba ocurriendo a su hijo, ya que él estaba así desde la mañana en el desayuno, sólo que no le había tomado importancia porque creyó que se le pasaría volviendo de la escuela. Sin embargo, observaba con trsiteza que no fue así.

—Sato, sabes que si te ocurrió algo puedes contármelo. Si tienes algún problema dímelo, para que así pueda ayudarte.

—Mamá… sé que esta pregunta te la he hecho ya muchas veces, pero… ¿Dime qué clase de hombre era papá? —El joven alzó la mirada para encarar a su madre—. ¿Cómo era? ¿Qué cosas le gustaban? ¿Cómo se portaba con los demás?

—Tu padre… —una expresión de nostalgia y tristeza abordó el rostro de la mujer nipona—. Él era un gran ser humano… Tenía un enorme sentido de la justicia y dedicó su vida a ella. Era una persona ejemplar en todos los aspectos, bondadosa y dispuesta a ayudar a los demás. Su trabajo en la policía lo llevó a dar su vida por los ideales que él defendía. —Los ojos de la morena comenzaron a cristalizarse de la humedad—. A veces pienso que en el fondo tú tienes el mismo corazón que él. Tus ojos reflejan esa misma sagacidad y sentido de justicia que los suyos. Es por eso que siempre que te veo, es como si lo estuviera viendo a él.

Max recordó las palabras de aquel siniestro shinigami al mismo tiempo que escuchaba las de su madre, en las que el monstruo afirmaba que su padre fue un maldito y que hasta él, por llevar su sangre, era un adefesio. Estas contradicciones lo hicieron sentirse aún más confundido.

—Mi papá fue tan valiente que fue uno de los pocos hombres que siguieron luchando contra Kira —agregó Sato—. Y cuando finalmente mi papá y sus hombres pudieron desenmascararlo, Kira mató a mi padre y huyó.

—Así es —acarició el cabizbajo rostro de su hijo con su suave mano—. Kira solo era un delincuente. Los que aún creen en él y esperan su regreso son unos imbéciles que no comprenden el respeto hacia la vida. Desde ese entonces, Kira no volvió a matar a las personas. Tal vez finalmente comprendió su error y dejó de hacerlo, o tal vez ya esté muerto. Nadie en todo el mundo lo sabe con seguridad.

—Entonces… el mismo día que Kira mató a mi padre, fue el día que desapareció Kira: el 28 de enero del año 2010.

—Así es… Tu padre murió como un héroe luchando contra ese villano —una lágrima comenzó a rodar de la mejilla de la desconsolada mujer—. Tú eres el único recuerdo que me queda de él…

—Mamá… perdona por haberte hecho recordar estas cosas tan tristes —Max bajó la cabeza avergonzado—, pero es que a mi también me causa rabia que él haya tenido que morir antes de que yo naciera… Cómo me hubiera gustado conocerlo yo mismo…

— ¿Es por eso que estas triste…? —la bella madre se levantó del asiento para acercarse a su hijo y abrazarlo—. Ya te he dicho que en realidad él sigue vivo dentro de ti… Yo sé que tú serás una gran persona al igual que él, y continuaras con sus ideales algún día…

—Pero no soy tan listo ni tan habilidoso como dices que era Papá…

—Te equivocas. Yo sé que en el fondo tú eres como él. Tus ojos, que se niegan a ceder ante nada, llenos de sagacidad y de sed de justicia, me lo dicen.

El rubio acastañado se desprendió lentamente de los brazos de su madre y se levantó de su asiento.

—Como sea… Gracias mamá… Ya me siento mejor… —mintió, pues aún estaba deshecho por dentro—. Iré a mi habitación. Tengo algo de tarea y también quiero chatear con algunos amigos de la red.

Max se retiró a su alcoba, sabiendo que en la noche tendría que encarar de nuevo a aquel dios de la muerte, y que en él se encontraban todas las respuestas que él quería.

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La hora finalmente había llegado para la jovencita de cabello rojo. Ya había desarrollado su plan, y pensado en todas las alternativas. Su especialidad siempre había sido el manipular las emociones humanas para conseguir que los demás hicieran lo que ella quería, y aunque su asesor y profesor de Filosofía no era un hueso fácil de roer, no sería la primera vez que lograría engañarlo. Sabía más o menos a qué horas siempre estaba en su oficina arreglando algunos asuntos burocráticos, y fue a donde se encontraba con minuciosidad. Entonces tocó la puerta y dijo:

—Señor Gerald, ¿puedo pasar?

—Buenas días, señorita Olsen. Adelante, puede pasar. —Karen abrió la puerta inmediatamente y pasó actuando con cierto nerviosismo.

—Si no es mucha molestia, quisiera hablar con usted… —tomó asiento.

— ¿Qué se le ofrece, señorita Olsen?

—Es sobre la plática que tuvimos ayer… He estado pensando las cosas y creo que usted tiene algo de razón…

Karen sabía que si le llegaba por el ego y le hacía creer que cedería, su asesor bajaría la guardia y confiaría en ella.

—No es común oírla expresarse así, señorita Olsen.

—No me malentienda, profesor. A mi me encanta aprender cosas nuevas. Es por eso que el estudio siempre lo he tenido muy en cuenta y nunca lo he echado a un lado. Sólo que también me gusta jugar y pasármela tranquila y meditando. Pienso que si me obsesiono con el estudio como los demás niños, el aprendizaje dejaría de serme divertido y tarde o temprano lo dejaría de querer como ahora lo quiero.

— ¿Y es por eso que llega tarde a sus clases y no estudia por su propia iniciativa?

—Es eso de lo que quería hablar, profesor. Como le dije antes, hay muchas cosas que me gusta hacer además de estudiar, pero ya comprendí lo que usted trataba de decirme ayer: Eso no es un pretexto. Por eso vine para confirmarle que dejaré de darle tan poca importancia a mi puntualidad, a comprometerme. De ahora en adelante llegaré a tiempo a todas mis clases y también estudiaré para los exámenes por iniciativa propia; y no sólo repasaré aquello que ustedes me pidan que estudie; también, de ser posible, avanzaré en las partes que vaya dominando desde antes que se me diga. Así podrán llevar a cabo el programa especial de estudios a corto plazo que siempre han querido aplicarme. Pero para ello voy a necesitar de su ayuda, profesor Gerald.

El maduro profesor permaneció en silencio, tratando de entender el tan repentino cambio en su alumna.

—Usted es una joven muy inteligente, señorita Olsen. No veo por que tendrías que necesitar mi ayuda.

—Porque la disciplina es una cualidad ajena a la inteligencia, profesor…

—Entonces usted quiere que le ayude a ser más disciplinada, ¿no es así?

—No. Lo único que quiero es pedirle un favor —la ojiazul tragó saliva y encaró a su asesor con un gesto de determinación—. Los jardines del orfanato me fascinan y uno de mis pasatiempos es precisamente relajarme y jugar en ellos. Voy a estudiar más duro y ser más puntual a cambio de que me regalen un pequeño espacio de los jardines del orfanato, para que después de cumplir con todas mis obligaciones, se me permita ir a él a cuidarlo. Ese será mi lugar para descansar y relajarme. Si me dan un horario y lugar especifico para divertirme, entonces yo podré ser puntual y responsable con mis obligaciones, ya que todo tendrá su momento exacto y programado. Y que ningún día, a menos que sea de suma necesidad, me impidan ir a ese pequeño jardín para relajarme.

"No podrá negarse" —comenzó a pensar la astuta jovencita sin alterar su espléndida actuación—. "Esto es lo que siempre han querido de mí. No podrán negarse a darme esto que estoy pidiendo, que es tan sencillo y fácil de conceder… Pero, como voy a ser transferida a USA por un tiempo, no podrán complacérmelo a menos de que me quede… Pero esa tampoco es una opción. Solo tienen dos opciones: la primera sería fingir que me darán ese segmento de jardín para que no sospeche de que van a transferirme y decirme la verdad hasta el último momento; pero si hicieran eso entonces yo podría armarles un buen escándalo por el bien justificado motivo de haberme engañado, y se arriesgarían a que nunca más volviese a confiar y cooperar con ellos; por lo que lo más probable es que sea la segunda opción: el señor Gerald me revelará su plan de enviarme a USA durante un tiempo y me dirá que se me dará ese jardín una vez que haya vuelto de allá. Entonces pasaré a dar mi siguiente paso…"

—Señorita Olsen… su proposición suena bastante sensata y con gusto la efectuaremos. Pero, lamentablemente, no podremos llevarla a cabo hasta dentro de unos cuantos meses.

— ¿Pero porqué…? Acondicionarme mi pequeño jardín no les tomaría ni un día.

—Señorita Olsen… —El semblante de aquel hombre se tornó aún más serio—. Hay algo que tengo que decirle, y esperaba el momento indicado para hacerlo. Creo que éste es el momento. Escúcheme por favor…

— ¿De que se trata? —dijo mientras por dentro pensaba que su estratagema había funcionado.

—Verá, los altos mandatarios de nuestra fundación han estado al tanto de sus talentos, y hace poco uno de ellos vino para hablar conmigo sobre usted y su educación. —A pesar de que Karen ya estaba enterada de todo esto, ella actuó como si le causara impresión oírlo—. Él me propuso algo que consideré apropiado y que estoy seguro también le agradará a usted. Verá, hemos decidido que para que usted mejore y descubra su propio potencial oculto, la enviaremos un tiempo a conocer a un antiguo residente de nuestro orfanato. A un destacado miembro y benefactor de nuestra fundación que en su tiempo fue el alumno más destacado de su generación…, y que actualmente reside en Estados Unidos.

—Es decir… —las pupilas de Karen de dilataron—. ¡¿Qué van a llevarme lejos de aquí para verlo?!

—Señorita Olsen… Sé que es una decisión bastante repentina para usted, pero la verdad es que llevábamos bastante tiempo contemplando la idea, y finalmente se decidió que ya es momento de que usted conozca algunas verdades sobre nuestra fundación y la razón por la que usted y muchos niños están aquí…

— ¿D-de qué esta hablando…? —La pelirroja actuó como si perdiera los estribos más aún de los que en realidad estaría—. ¡¿Cómo pudieron tomar esa decisión tan importante para mí sin consultarlo primero conmigo…?! —Se levantó de su asiento y se acercó al escritorio, estrellando con fuerza sus manos sobre él.

—Como usted ya se le ha enseñado, nuestro fundador, el señor Quillsh Wammy, creó éste y muchos otros orfanatos desde hace mucho tiempo. Él era un gran genio pero, por desgracia, quedó huérfano y pasó su juventud en la soledad. No obstante, logró salir adelante y explotó su genialidad convirtiéndose en un gran inventor, uno de los más reconocidos del siglo XX. Los grandes beneficios que dejaron sus patentes han sido hasta la fecha el sostén económico principal de estos orfanatos. Él hizo todo esto porque quería ayudar a los niños del mundo a ser felices y encontrar una familia. Pero, además, él era alguien con un gran sentido de la justicia y dedicó gran parte de su vida a luchar secretamente contra el crimen…

Karen permaneció escuchando, aún fingiendo cólera por las palabras de su asesor, aunque mucha de ella comenzaba a brotar sinceramente de su corazón. No obstante, aunque al principio dedujo que esto solo sería una anécdota más de él, después intuyó que pronto se le daría a conocer algo importante que la involucraría a ella, por lo que decidió dejar que su tutor continuase.

—No cualquier residente de este orfanato sabe cual era la otra ocupación que tenía el señor Wammy, pero usted ya debe de saberlo. Ya es momento de que sepa porqué nos interesa mucho sus talentos y hacerle una proposición acerca de una labor que nos gustaría que desempeñase algún día. —La niña miró con los ojos más abiertos que nunca a Gerald y comenzó a tomar más inquietud por lo que este estaba a punto de revelarle.

— ¿A qué se refiere…? ¿Y en qué me involucra a mí…?

—En el mundo de los detectives, existe un personaje reconocido a nivel mundial. Toda la policía del globo se encuentra bajo sus órdenes y él es quien se encarga de resolver los casos criminales más complicados con su talento y recursos. Su verdadera identidad es completamente desconocida, por lo que todos le conocen como L. Nuestro fundador fue quien encontró y crió a ese gran genio y lo ayudo a convertirse en aquella legendaria figura; le dio, además, los recursos necesarios para resolver cualquier caso. Con el tiempo, la reputación de L creció y se fue ganando la confianza de las fuerzas policíacas del mundo. Incluso, la resolución del caso del genocida más grande del mundo, el caso Kira, llegó a ser solucionado por él. Aunque esto en realidad nadie lo sabe —gachó la mirada—, pues todos piensan que en realidad Kira simplemente desapareció sin dejar rastro…

Karen continuaba escuchando las palabras de su asesor. Ella nunca había escuchado nada acerca de la existencia de ningún L, pero si llegó a saber algo de Kira; había escuchado que había sido un ser que juzgaba y asesinaba a las personas malvadas sin el consentimiento de nadie, y un día dejó de hacerlo y desapareció. Nunca se supo quien era en realidad o si realmente se trataba de un humano, ni cómo lo había logrado, pero sabía que aún había personas que esperaban su regreso para que él volviese a dirigir el mundo.

—Señorita Olsen… —el hombre maduro retiró sus anteojos del rostro y los limpió meticulosamente—, nos gustaría que fuera un tiempo y conociese en persona a L. Por lo regular esta oportunidad no se les ofrece a las señoritas, pero después de pensarlo concluyentemente decidimos hacer una excepción con usted.

— ¿Pero porqué… o para qué…? —la jovencita se volvió a levantar de su asiento mientras pensaba: "Si mi teoría de que Aarón quiere ir en mi lugar es correcta, entonces él debe saber sobre ese sujeto L."—. Señor Gerald, la verdad es que a mí me gusta mucho este orfanato y no me gustaría que me enviaran a ninguna parte. ¿Por qué quieren que conozca a ese sujeto?
El señor Gerald permaneció unos segundos en silencio mientras contemplaba a su alumna. Explicarle la verdad le había resultado un poco más difícil de lo que creía, pero más difícil sería convencerla de que aceptara lo que irremediablemente ya se había decidido sin su permiso.

—Cada determinado tiempo, escogemos a los residentes más destacados y talentosos de este orfanato y les proponemos convertirse en los aprendices de L, ya que la más importante y secreta misión de este orfanato es encontrar al joven más capacitado y talentoso para convertirse en su sucesor. Es decir, hemos hecho un acuerdo para que usted vaya a conocerlo durante un tiempo, con la intención de que lo conozca a él y a su labor, y decida si desea convertirse en candidata para ser su sucesora legítima algún día.

— ¿Acaso está bromeando? —Karen se levantó nuevamente de su asiento y se acercó con un tic de inquietud—. Yo ya le he dicho muchas veces que mi sueño es convertirme en escritora. A mí no me interesa para nada ser detective o algo que se le parezca, y eso sin contar que todo lo que usted me está diciendo ha caído en lo absurdo y fantástico. ¡No! Yo no quiero irme de aquí solo para conocer a ese sujeto ni mucho menos ser su sucesora…

—Tranquilícese señorita… Yo no he dicho que la forzaremos a ser la sucesora de nadie si no lo quiere, y estamos conscientes de sus aspiraciones. Por el momento sólo queremos que lo conozca y sepa más acerca de él. Eso es todo.

—Por el momento… O sea… ¿Qué después querrán pedirme otras cosas?

—No si usted no quiere. Si después de conocer a L y de saber de sus acciones y oficios, nos dice que no le interesa ser candidata para su sucesión, nosotros respetaremos su decisión, pero para ello es necesario que usted lo conozca antes; ya que llegamos a la conclusión de que sin importar lo que decida, esta experiencia es necesaria para el óptimo desarrollo de su potencial.

—Pero… ya les dije que de ahora en adelante daré el 100 % en mis estudios. Si es así y se los demuestro con hechos, verán que ya no es necesario —la pelirroja comenzó a alzar la voz y mirar con desesperación al profesor—. ¡Por favor, no me lleven lejos de aquí! ¡Se lo suplico! ¡No quiero…!

—Desafortunadamente esto ya no está en mis manos… Lo lamentó Karen…, pero ya no se puede dar marcha atrás.

La situación se había tornado en demasía incomoda, tanto para la alumna como para el tutor, porque el sufrimiento que esta separación les causaría a ambos ya se estaba volviendo presente. El hombre entrado en años se levantó para tratar de abrazar a la jovencita que lo miraba llena de rencor y desprecio. Justo en ese momento una conocida y joven voz interrumpió el momento e intervino de lleno en el asunto.

— ¿Por qué no mejor voy yo en lugar de Karen, profesor? —La puerta de la oficina se fue abriendo descubriendo al sagaz muchacho que había espiado la conversación—. Así ella no tendría que irse y el compromiso que hizo con ese tal Giovanni no se suspenderá.

Ambos, Karen y su profesor, voltearon y contemplaron la inesperada intervención de aquel niño prodigio, e inmediatamente supieron que los había estado escuchando todo este tiempo.
"Lo sabía… Aarón, esto es lo que querías desde un principio…" —pensó con desprecio la pelirroja, quien finalmente había comprendido todo.

—Joven Aarón… me temo que las cosas no son así de fáciles… —respondió Gerald, aún algo sobrecogido por la repentina intervención del pelinegro.

—Profesor, Karen simplemente no está interesada en conocer a ese sujeto y forzarla podría ser contraproducente. Si lo que ustedes desean es que ella adquiera más interés en los estudios y su autodesarrollo, deben respetar su voluntad y sus deseos personales. En cambio yo he esperado con vehemencia esta oportunidad desde que usted me reveló sobre la existencia de L y su trabajo. Después de todo, yo también soy el alumno más destacado y hábil de la clase, junto con Karen.

Karen no estaba contenta por la manera tan desdeñosa con la que Aarón se estaba expresando, pero sabía que sí quería evitar ser llevada a USA, la única manera era convencer al señor Gerald que llevaran a Aarón en lugar suyo.

—Aarón tiene razón, profesor. Si él, a diferencia de mi, desea ir a USA a conocer a ese sujeto, lo mejor sería que él fuese en mi lugar. Además, él, a diferencia mía, es alguien muy responsable y dedicado. Estoy segura que él merece más esta oportunidad que yo…

—No diga esas tonterías, señorita Olsen. Tanto usted como el joven Aarón son muy valiosos para nosotros —el octogenario se colocó entre ambos jóvenes para reclamar la plena atención de ambos—, pero como ya había mencionado, éstas son órdenes que vienen de arriba. No es algo que yo pueda cambiar aunque lo deseara.

— ¿Pero por qué? —El crío apretó los puños y con un movimiento tosco encaró enfadado a su profesor—. ¿Por qué a ella la llevaran antes que a mí, si a mí se me reveló ser un posible candidato mucho antes que a ella, que apenas lo está empezando a saber y no tiene interés en serlo?

—Tú aún eres muy pequeño, Aarón… por eso los altos directivos de la fundación aún no creen conveniente que comiences tu entrenamiento. Y en cuanto a Karen, la razón por la que no se lo comenté a la misma edad que a ti, fue porque supuse que a ella no le interesaría y porque no es común que las jovencitas sean involucradas, al menos que ellas mismas manifiesten interés. Pero ahora que los altos directivos y hasta el mismísimo L han fijado su atención en ella, tuve que decírselo. Ellos me dijeron que por lo menos se le debía dar esa opción, y que el mismo L quería conocerla en persona.

Karen escuchaba atenta y la vez algo sorprendida las revelaciones que el profesor Gerald le estaba dando con sus atónitas palabras. En ese instante recordó un comentario que su amigo Max le había hecho hace tiempo, donde decía que era bastante raro que existiera un orfanato para niños superdotados nada más que por que sí. Ahora ella se daba cuenta de que dicha sospecha de su amigo era correcta.

—No… es justo… —el pelinegro cerró los ojos y los puños y bajó el rostro—. Siempre me he esforzado y he dado lo mejor de mí… Sin embargo, ahora me dice que L está más interesado en Karen, a quien nunca le ha importado el quedar bien con nadie, que en mí… —una lagrima comenzó a rodar por la mejilla del infante, quien de pronto perdió los estribos y comenzó a gritar con odio—. ¡No es justo! ¡Éste ha sido mi sueño! ¡No pueden darle a ella lo que es MÍO!

El asesor de ambos jóvenes trató de tranquilizar al desconsolado niño, pero fue inútil. Antes de que Gerald pudiera terminar de decir media palabra, el crío salió corriendo fuera de la oficina donde se encontraban, dejando solos y aturdidos a Karen y a su tutor.

—Profesor… —la jovencita, aún entristecida, volteó hacia Gerald—. Aarón tiene razón… a mi no me interesa en absoluto conocer a ese sujeto, y él se lo merece más que yo. Usted no es de los que dicen que no se puede hacer nada al respecto… Debe tratar de resolverlo… por mí y por él.

Sin recibir contestación de su asesor, Karen permaneció unos segundos inmóvil y después se acercó lentamente hasta la puerta de la oficina.

—Muchas gracias por su atención. Con su permiso —hizo una pequeña reverencia y se marchó dejando solo al hombre mayor.

El profesor Gerald permaneció inerte en el mismo sitio unos minutos, mientras reflexionaba sobre lo ocurrido. Finalmente retomó su asiento detrás de su escritorio y con un aire bastante serio y preocupado, y un suspiro, marcó su teléfono móvil y se lo acercó al oído.

—Giovanni… Necesito hablar con Watari de un asunto importante…

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Los segundos parecían horas y los minutos eternidades. El rubio acastañado estaba ahí, en su desordenada habitación, oscura y con una sensación fúnebre y desquiciante. En silencio, mientras sujetaba y observaba con dolor aquella libreta de pasta negra. Esperando… esperando el regreso de aquel aterrador ser de color plateado y mirada siniestra. Estaba hambriento, pero no sentía ningún apetito. Estaba cansado y débil, pero no podía conciliar el sueño. Lo único que su cuerpo le permitía hacer era esperar con impaciencia y sufrimiento el regreso de aquel dios de la muerte. Su ansiedad era tanta que cada instante que pasaba era como si estuviese sufriendo un martirio de días enteros. Desde que había entrado en su alcoba por la tarde, no había hecho nada que no fuera esperar tranquilo y en silencio. Ya era media noche y aún faltaban tres horas y media para que las supuestas 24 horas de plazo terminasen y el shinigami volviera, ya fuera para matarlo o para utilizarlo para sus propósitos. Su mente era un torbellino de dudas que no lo dejaban de torturar. Sólo con el regreso de aquel ente podría comenzar a enfrentarlas y salir de lo que, para él, fue el momento más angustioso de su vida.

—Dijiste que tu nombre era Deementy, ¿no es así? —Comenzó a hablar en voz baja—. Pues bien, Deementy… no necesitas esperar más tiempo… ya tomé una decisión… Así que puedes venir de una vez y acabar con esto. Ya me cansé de sufrir mientras te espero. Hay algo que quiero preguntarte…

Max no dijo más palabras y volvió a esperar calladamente, pues pensó que sus súplicas no serían escuchadas y que el shinigami de filosas y enormes garras no vendría ni un minuto más ni un minuto menos de lo predicho. Sin embargo, se equivocó. Una espeluznante voz se dejó escuchar dentro de las cuatro paredes del dormitorio.

—Satoshi Yagami… —el dios de la muerte lentamente fue descendiendo desde el techo de la habitación, atravesándolo como si su cuerpo fuese intangible. Max lo miró con desprecio y desconfianza, mientras el monstruo se fue acercando lentamente a él—. Y bien… ¿Qué has decidido…?

Max cerró los ojos y se levantó de su cama para dirigirse al shinigami. Permaneció en silencio durante unos segundos, observándolo, y, después, contestó con decisión.

—Ya tomé una decisión… y te aseguro que nada en este mundo me hará retractarme… pero antes de responderte, quisiera que tú primero me respondieras algunas preguntas. Hay algo que debo saber primero o mi corazón nunca estará tranquilo…

—Está bien, pero no podré responder a todas tus dudas… haz las preguntas correctas y yo te las contestaré.

—Dijiste que Kira no mató a mi padre. Eso quiere decir que tu sabes quien lo mató realmente… ¿Puedes decirme quien fue…?

—No. Eso no nos está permitido a nosotros. Los dioses de la muerte no pueden revelar a los humanos los nombres de otros humanos.

—Entonces, si llegara a conocer a esa persona, tú podrías decirme que se trata de él… ¿no es así?

—Correcto. Pero ¿qué te hace creer que yo haría algo por ti?

—Aunque Kira no mató a mi padre, ¿puedes garantizarme que murió el mismo día que mi madre me ha dicho que murió? ¿El 28 de enero del 2010?

—Sí, él murió ese mismo día, de un ataque al corazón.

Max volvió a permanecer inerte por unos momentos, reflexionando tanto en las palabras del shinigami como en las de su madre, tratando de encontrar la verdad oculta detrás de ellas. Hasta que finalmente tragó saliva e hizo la ultima pregunta con un gran esfuerzo, casi sintiendo dolor por hacerlo.

—Si tú conociste a mi padre, y hasta odio sientes hacia él, significa que él… se involucró con una de estas libretas, ¿no es así? —acercó un poco la libreta negra que llevaba consigo, para mostrársela a su anterior dueño.

—Veo que eres muy perspicaz… —el shinigami, aún con su semblante serio y lleno de odio, asintió sutilmente—. Así es, tu padre estuvo involucrado con la Death Note.

Una lágrima quiso escaparse de los ojos del desconsolado joven, pero como él quería mantenerse firme ante los ojos de aquella malvada criatura, no se permitió la flaqueza de llorar. Su corazón quería estallar del miedo de que sus sospechas fueran cada vez más seguras de ser ciertas, pero aún necesitaba más pruebas, que para su suerte y desgracia, el shinigami plateado ya no le dio.

—Ya he contestado suficiente —interrumpió Deementy a Max de sus pensamientos—. Dime cual es tu respuesta. Vas a ayudarme a cambio de la oportunidad de descubrir quien mató a tu padre, o vas a dejar que te mate…

Max se alejó unos pasos y sin dejar de sujetar aquella libreta, nuevamente subió la mirada y con un gesto inderrotable dio al monstruo la tan esperada respuesta:

—Tú lo que quieres es que me vuelva un asesino. Un asesino como lo fue Kira. Y Kira es el ser que más he odiado en mi vida. Aún ahora que sé que Kira no mató a mi padre, no he dejado de odiarlo ni una pizca siquiera. Convertirme en un asesino igual que él… preferiría morir mil veces antes que ser como él… —Cuando el dios de la muerte escuchó esto, decepcionado se dispuso a sacar su trozo de página para matarlo; pero paró al ver que Max aún no había terminado de hablar—: Pero… ahora me he dado cuenta de que todo de lo que me dijeron desde que era un niño ha sido mentira y falsedad. Siento que mi corazón no volverá a estar tranquilo hasta que descubra la verdad acerca de mi padre. Y más ahora que sospecho algo horrible —frunció el ceño de sufrimiento—. ¡No puedo morir hasta saber la verdad sobre quien fue mi padre y quien lo mató realmente! ¡Mi padre es la única persona que realmente he admirado en mi vida y debo saber a cualquier precio quien lo mató realmente…! No… no puedo morir hasta saberlo… Haré lo que tu me pidas para poder continuar con vida y averiguarlo a como dé lugar…

El shinigami sonrió por dentro, sin dejar de mostrar ese porte serio y frío al humano. Sabía que el chantaje que había hecho había funcionado y que, por tanto, el rubio estaría a su servicio y haría lo que él quisiera.

—Entonces que así sea… —señaló con su afilada garra al cuaderno—. Esa libreta ahora es tuya. Podrás matar a los humanos con sólo escribir sus nombres en ella…

Deementy comenzó a darle una pequeña explicación a Max sobre como funciona la Death Note: le explicó acerca de los tiempos que se daban para escribir las circunstancias y el motivo de muerte. El porqué debía tener en mente el rostro de las personas al momento de escribir el nombre, y del famoso intercambio de los ojos de shinigami por la mitad de vida restante del humano, para que éste pudiese ver el nombre real que debía utilizar para matar a las personas con sólo ver su rostro, y que podía solicitarlo cuando quisiese. También le dio algunos ejemplos de cómo podía manipular el momento exacto y comportamiento de la victima antes de morir a través de las descripciones de las circunstancias de muerte. Max escuchaba atentamente cada una de sus palabras y le parecía sorprendente y difícil de creer el poder asesino de aquél objeto. Pero la existencia de Kira había sido un hecho y solo tendría sentido con la existencia de un poder similar. Deementy continuaba explicándole algunas reglas cuando fue interrumpido por el jovencito.

—Antes de seguir con esto, explícame porqué necesitabas darme esta libreta y qué es lo que quieres recuperar que tanto necesitas la ayuda de un humano.

—Está bien… —el shinigami plateado miró con un gesto más suavizado al humano y recordó con un poco de dolor aquel pasado que lo había marcado por dentro—. Verás… hace mucho tiempo una shinigami llamada Rem descendió al mundo humano para entregarle una Death Note a uno de ellos. Ella era mi hermana… y por culpa de un mal nacido humano, se vio obligada a sacrificar su vida para proteger a la persona a la que había entregado su cuaderno. Jamás entenderé porqué ella hizo algo tan estúpido. Los seres humanos no se merecen piedad de nuestra parte… A pesar de que han pasado más de 20 años desde su muerte, no he podido quitarme este dolor de encima. Ya que no fui capaz de hacer nada para evitarlo.

—Entonces fue tu hermana quien le dio una de estas porquerías a un humano con delirios de Dios, y así fue como nació Kira… Si ella fue quien provocó tantas muertes entonces sí que merecía la…

Deementy no permitió que Max terminara de hablar y le conectó con su enorme garra una fuerte azotada que lo derribó al piso y lo hizo sangrar levemente de los labios. El rubio se disgustó y se asustó al mismo tiempo, pues no comprendía el inestable comportamiento de aquella criatura.

—Nosotros somos seres que nos dedicamos a matar a los humanos y esa es nuestra misión. No eres quien para reclamarnos o juzgarnos por hacer nuestro trabajo… —Max miró con rencor a al shinigami mientras escuchaba desde el suelo sus palabras—. Además… Kira recibió ese poder de otro shinigami, y después manipuló la situación para que mi hermana muriera y después sacar ventaja de ello. Como podrás ver, yo también odio a Kira como tú, y de ninguna manera querría darle a un humano mi libreta para que éste lo sucediera y honrara su memoria.

—Ya veo… —se levantó aún adolorido del piso con lentitud—. Entonces, ¿qué rayos pretendes?

—Tal vez te parezca muy sentimental de mi parte, pero quiero recuperar algo que era de mi hermana: su libreta…

— ¿Su libreta…?

—Así es. Cuando Rem murió, Kira se quedó con su libreta y con la libreta que ella había dado a la otra persona. Quiero que me ayudes a recuperar la libreta de mi hermana.

— ¿La libreta de tu hermana…? Pero… ¿por qué necesitas que un humano te ayude a recuperarla? Si está en este mundo, ¿no podrías simplemente buscarla tú mismo y llevártela?

—No es tan fácil… Cuando una libreta cae al mundo de los humanos y uno de ellos la recoge, ésta se vuelve parte del mundo de los humanos. Aunque intentara llevármela, ésta no atravesaría el puente que conecta mi mundo con el tuyo y se quedaría aquí. La única manera de recuperar esa libreta es que el humano que la posea renuncie a ella y se la devuelva a los shinigamis.

—Entonces quieres que encuentre el cuaderno de tu hermana y luego te lo dé, para que así puedas llevártelo a tu mundo —el shinigami asintió a las deducciones de Max—. Entonces, ¿sabes donde se encuentra escondido? Si es así, sólo tienes que decirme donde se encuentra y entonces te lo regresaré.

—No es tan fácil. Sé perfectamente donde Kira escondió el cuaderno antes de morir, pero a los dioses de la muerte no nos tienen permitido revelar la ubicación de estos cuadernos a los humanos. Si te dijera donde se encuentra, el rey de mi mundo me castigaría con la muerte.

—Entonces deberé encontrarlo por mi mismo…

—No solo deberás encontrar ese cuaderno, también necesito recuperar el otro. O de lo contrarió moriré…

— ¿El otro…? ¿También quieres que te entregue el otro cuaderno?

—Déjame explicarte. Necesito recuperar ambos cuadernos porque he cometido un grave crimen en mi mundo y sólo podré regresar a él si consigo ambas libretas —el dios de la muerte comenzó a explicarle a Max la situación detalladamente, y el rubio fue meditando y comprendiendo lo que este le iba diciendo con gran discernimiento.

—Déjame ver si entendí… Los shinigamis no pueden ser vistos por los humanos, al menos que estos posean o toquen una libreta de la muerte que haya sido suya. Por lo tanto, para poder pedirle ayuda a un humano tenías que darle una libreta para que pudieras comunicarte con él. Sin embargo, para que un shinigami pueda darle una libreta a un humano, necesita tener dos o más, ya que él debe quedarse con al menos una para él mismo. Pero como tú únicamente poseías una, no te quedó otra opción más que darme tu única libreta. Darle intencionalmente tu única Death Note a un humano es uno de los delitos más grandes que hay en tu mundo y el castigo es una tortura suprema que termina en la muerte para el que lo comete.

—Exactamente. Y ya que el castigo por dejar caer la libreta por accidente no es tan grave, bajé al mundo humano con el pretexto de hacer mi labor de acortar la vida de las personas y aparenté dejar caer mi libreta por error, para que un humano la recogiera. Una vez que ese humano recogió esa libreta y aparentemente yo ya no podía recuperarla hasta que muriera, manipulé a esa persona con una hoja de Death Note que conservé para que trajera la libreta a tu casa y la arrojara dentro de tu cuarto. Luego la acomodé donde pudieras verla y tocarla, y le di al otro humano una hora de muerte asegurándome que tú tocaras la libreta en ese momento. Así tú pasarías a ser el nuevo propietario sin que hubiese un momento donde yo tuviera la oportunidad de recuperar el cuaderno, y así no pudieran reprochar que yo no recuperara el cuaderno por mi gusto. De esta manera no podrán culparme de haberte dado mi libreta a propósito, y el único castigo que recibiré por haber cometido aquel grave error, será que no se me permitirá recuperar nunca la propiedad de esta libreta. Y cuando regrese a mi mundo, tendré, además, que darle una Death Note como multa al shinigami supremo por mi descuido.

—Entonces… —el rubio acastañado volvió a tomar aquella libreta entre sus brazos—. Ahora la única alternativa que te queda es hacerte de las otras dos libretas. Solo así podrás regresar a tu mundo.

—Sí. Si solo recupero una, al volver a mi mundo se me quitaría esa libreta, y yo al quedarme sin ninguna, moriría al transcurrir el tiempo, ya que dejaría de matar humanos y alimentarme de sus vidas. Es por eso que debo recuperar ambas, así me quedaré con la libreta de mi hermana y la otra se la daré al rey de mi mundo.

—Jum… —Max sonrió con una mueca sarcástica—. Me sorprende que un dios de la muerte se arriesgue hasta estos extremos solo para recuperar el único recuerdo de su hermanita… ¿Y dices que a cambio me estás dando la oportunidad de saber quienes fueron los responsables…? —el shinigami asintió—. Eso quiere decir… que uno de los responsables de la muerte de mi padre posee una de esas libretas, y que para recuperarla deberé enfrentarme a él, ¿cierto…?

—Es cierto, pero tampoco tengo permitido darte el nombre y ubicación de ese sujeto… Deberás descubrir por ti mismo donde se encuentra, pero es por eso que te di mi Death Note… Con ella tendrás el poder necesario para hacerle frente, ya que se trata de un humano muy poderoso e influyente. Pero confío en que podrás contra él. Después de todo… eres el hijo de ese infeliz.

Max no comprendía del todo a que se refirió Deementy con aquel comentario. Él sabía que su padre había sido reconocido por su genialidad y talento, por los comentarios de su madre, y en cierta forma él también era algo listo aunque no tanto como su progenitor, pero él intuyó que detrás de este rencor debía haber un gran secreto.

—Entonces supongo que es aquí donde yo debo de planear como acercarme a ese sujeto y después averiguar donde está escondido el otro cuaderno. Bien, entonces… creo que lo mejor será que trate de dormir —el rubio se dio la media vuelta y se recostó en su cama—. Yo te daré los cuadernos, y tú me darás un poder maldito que me ayudará a descubrir quien mató en realidad a mi padre a cambio. Me parece un buen trato, Deementy. Aunque te diré que preferiría no usar ese cuaderno tuyo y volverme un asesino. El trato está cerrado. Mañana comenzaremos a primera hora. Pero por ahora necesito dormir. —E-l joven se puso cómodo en su litera y cerró los ojos pretendiendo quedarse dormido.

—No malentiendas las cosas, Satoshi Yagami —contestó con voz fría el shinigami de plata—. Yo te aborrezco. Si te elegí a ti fue porque dicen en mi mundo que los humanos que recogen nuestros cuadernos, sin excepción, se vuelven miserables y experimentan el sufrimiento por el resto de sus vidas. Aún si no consigo salir de ésta y muero, me daré el placer de ver como mueres y sufres junto conmigo.

—Sí, como sea, como sea… buenas noches…

En realidad Max no estaba tranquilo ni aceptaba del todo la situación, pero el haber hablado con el shinigami y comprender más a fondo lo que estaba ocurriendo le quitó la mitad de la angustia que cargaba de encima. Y eso fue suficiente para que el sueño regresara a él y el cansancio lo hiciera relajarse, y hallar, aunque fuera por unos instantes, la paz. Mientras que el shinigami se quedó observando fijamente al humano que a querer o no, se convertiría en su compañero y formaría, lo que sería una alianza memorable y nunca antes vista.

Max fue tranquilamente cayendo en el sueño que el cansancio liberado le había ocasionado. Mientras su conciencia se iba difuminando, algunos pensamientos recorrieron su mente que ansiaba ahora más que nunca, alcanzar la verdad por encima de todo. Entre todos esos pensamientos, el último y más intenso fue:

"Ese shinigami odia con fervor a Kira y a mi padre. A Kira lo odia porque según él, Kira provocó que su hermana muriera y sacó ventaja de ello. ¿Pero qué cosa pudo haber hecho mi padre para que lo odiara tanto…? ¿O acaso será que…?"

CONTINUARÁ…

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