Pánico (segunda parte)
Aquel
bello cielo despejado, en menos de una hora, se había vuelto tan
nublado que no se podía discernir la luz de ninguna estrella; ni
siquiera la de la hermosa luna. Daba la impresión de que en cualquier
momento llovería, mas, por más horas que transcurrieron, las gotas del
cielo jamás cayeron durante aquella tranquila noche. Así llegó la
madrugada de lo que sería el veintiuno de marzo del año dos mil once; la
primavera había llegado.
Rompiendo el silencio de un tétrico
callejón, los pasos apresurados de cinco agentes de policía resonaron a
lo largo y a lo ancho del. La marcha era sobresaliente, recia; reflejaba
de alguna manera estrés y ansiedad por parte de quienes avanzaban. Los
cinco hombres encargados de dar seguimiento y captura al asesino serial
Kira parecían muy molestos, especialmente su líder: el joven y talentoso
Light Yagami, que, pese a ello, era quien se encargaba de sosegar los
estribos del resto.
—No teníamos otra opción —le aseguró
convencido y a la vez un poco taciturno el detective Ide Hideki—; no nos
arrepintamos. Si dejábamos pasar aquella pista nos habríamos lamentado
después de no haberla descartado, y la intriga nos remordería por
siempre. ¿No es así, Light-kun?
—Me has quitado las palabras de la
boca, Ide —contestó Light sin desviar la mirada que llevaba al frente—.
Si me lo preguntan, desde un principio supuse que las probabilidades de
reunirnos con el supuesto subordinado de Kira eran casi nulas. Sin
embargo, si no lo hubiésemos intentado, si no agotásemos cada una de las
oportunidades que se nos presentan, no seremos capaces de prosperar en
el caso.
—Tienes razón, Light —secundó su padre, Soichiro, quien se mostraba compresivo pese a ser el más desilusionado de todo el grupo.
Ninguno
dejó de cuestionar y discutir sobre cuales serían los motivos e
intenciones de aquella mala jugada por parte de Kira o cualquier otro
posible criminal, mientras conducían de regreso al apartamento. ¿Una
trampa? No. Light de inmediato dedujo que era imposible que se tratase
de eso. Les explicó que el autor de la llamada había tenido que ser Kira
y que quizás lo había hecho con las intenciones de asegurarse qué tan
dispuestos estaban sus perseguidores a seguir sus órdenes en caso de una
contingencia; probar que el control que tenía en esta era llegaba
incluso a dónde sus enemigos declarados, que podía medirles sus
movimientos. Todos estuvieron de acuerdo con los argumentos que Light
dio, y se decidió, tras tomar algunas indicaciones dictadas por Light,
no hablar más del asunto y seguir con el curso de la investigación.
—
¡Es cierto! —Exclamó Ide en lo que se sacaba el celular de la funda del
cinturón—. Matsuda hace tiempo que debió llegar; debe estar muy
preocupado por nosotros. Le llamaré.
Al encenderlo notó en la
pantalla del móvil que Matsuda le había estado llamando muchas veces. Se
extrañó y de inmediato le avisó a los demás, quienes también se
inquietaron. Light encendió su móvil y notó que también tenía un
sinnúmero de llamadas perdidas registradas, pero no solamente de su
compañero, sino que la inmensa mayoría le pertenecían a su pareja, Misa.
—Misa trató de llamarme también muchas veces —dijo. El resto se extrañó aún más—. Le llamaré a ella primero.
Pero el celular de la joven futura madre se encontraba apagado. Nuevamente todos se preocuparon.
Ide
llamó de inmediato al móvil de Matsuda. El grupo no sólo se había ido
sin avisarle a él y a Misa a dónde iban sino que, además, habían apagado
sus celulares como medida de prevención, por lo que de seguro ambos
debieron haberse preocupado cuando intentaron llamarles; además, era
necesario asegurarse de que nada alarmante les hubiese ocurrido mientras
estaban afuera.
"¡Ide-san!" se escuchó la voz del detective gritar en cuanto inició la llamada.
—Que ocurre, Matsuda. Suenas alterado. ¿Acaso ocurrió algo?
Efectivamente.
Él se encontraba a punto de caer en pánico al ya no poder seguir
conteniendo los ataques de histeria de la aterrada rubia mientras eran
llevados a exceso de velocidad por un estólido e insensato taxista.
"¡Ide-san!"
Continuó. Los chillidos de terror de Misa podían escucharse junto a la
voz de un Matsuda que ya no sabía qué hacer. Ide sudó frío de sólo
escucharlo. "Misa-misa y yo nos encontramos camino al hospital. ¡Ella
está a punto de tener al bebé! ¿En dónde se han metido? ¡Vengan rápido!"
El
restó observó la mirada de Ide, que les decía de sobra que algo muy
serio había ocurrido. Antes de que alguno pudiese preguntarle qué había
pasado, gritó:
— ¡Misa está por dar a luz y Matsuda la está acompañando a la clínica!
— ¿Qué? —Gritaron todos a excepción de un Mogi que solamente se abochornó.
Soichiro,
quien era el que se encontraba conduciendo, frenó en seco el vehículo.
Luego de permanecer unos segundos en silenció, con voz ronca y
desencajada, gritó con todas sus fuerzas:
¡Démonos prisa!
—
¡Sí! —Contestaron casi al unísono. Soichiro metió el acelerador a fondo
y cambió el rumbo hacia la zona este de Kanto. Todos deseaban que al
menos Light estuviera presente en la sala de espera para cuando
estuviese naciendo su primogénito. Pese a la seriedad que trataron de
conservar, la mayoría de ellos estaban sumamente emocionados.
Especialmente Soichiro, quien en una oportunidad le sonrió
fraternalmente a Light. Casi por completo se habían olvidado de la
decepción de hace apenas unos instantes.
"Esa idiota" decía Light en sus adentros, "¿Cómo se le ocurre armar este alboroto precisamente esta noche?"
…
En
las afueras de la clínica general número 56, un pequeño pero moderno
hospital que no tenía más de tres años de haber sido abierto, reinaba
una absoluta tranquilidad, misma que el viejo vigilante del
estacionamiento apreciaba en comparación con el resto de las noches.
Hasta ahora no había habido ningún accidentado de gravedad, ningún
atropellado, ningún hombre sufriendo intoxicación por estupefacientes,
ninguna mujer golpeada gravemente por algún violador, nada. La sala de
urgencias no había recibido ningún paciente por lo que se encontraba
vacía, salvo por un par de ancianos diabéticos que se encontrabas bajo
observación desde en la tarde.
—Ojalá todas las noches fuesen así
de tranquilas —decía para sí mismo mientras miraba con melancolía el
nublado cielo oscuro, luego de darle un sorbito a su humeante taza de
café, mientras descansaba dentro de su pequeña caseta desde la que
vigilaba la entrada al estacionamiento.
Su paz y su tranquilidad
fueron interrumpidas por el chirrido de las llantas friccionando en el
asfalto de un vehículo girando estrepitosamente sin disminuir la
velocidad.
— ¿PERO QUÉ RAYOS…?
El taxi se pasó de largo la
caseta, ignorando completamente que la barrea de acceso tenía bloqueado
el paso con el brazo de Metal. Como consecuencia éste se estrelló con el
vehículo y fue arrancado de su base por la fuerza del impacto ante los
aterrorizados ojos del vigilante y los pasajeros del taxi. La defensa
del automóvil quedó magullada y el chofer al notarlo, en lugar de
importarle, soltó una siniestra risilla de diversión. El guardia trató
de sonar la alarma de emergencias pero el café que hasta ese momento
disfrutaba se había derramado sobre el tablero de control y su radio
comunicador. Aún incrédulo de su mala suerte, el desgraciado vigilante
decidió salir de su caseta para tratar de perseguir al demente que
acababa de allanar el hospital.
El conductor frenó en seco frente a
la entrada del edificio. Si no hubiese sido por los cinturones de
seguridad, Misa y Matsuda seguramente se habrían estrellado con los
asientos delanteros.
—Hemos llegado en tan solo siete minutos y
medio. Son XXX0 yens, por favor—dijo el conductor con un tono tan
tranquilo, como si nada anormal hubiese ocurrido, que esa fue la gota
que derramó el vaso para Misa.
— ¡Idiota, idiota, idiota, idiota,
IDIOTA! —le gritaba Misa, quien era sujetada por Matsuda—. ¡Eres un
idiota! ¡Acaso quieres provocarle a Misa el parto en el coche! ¡Yo sí te
mato…!
— ¡Tranquilízate, Misa-chan! —Suplicó su acompañante—. Ya llegamos al hospital, ¡lo importante ahora es el bebé!
Misa
apretó los dientes y recordó que de un instante a otro le llegaría otra
contracción que la dejaría incapaz de mantenerse en pie por sí sola;
que no había, por lo tanto, tiempo que perder. Bajó la cabeza de
resignación, le dio la espalda al lunático conductor y le pidió a
Matsuda que la llevase cuanto antes a ser atendida. Matsuda miró con
enfado al conductor, se sacó su billetera, le extendió el dinero del
pasaje y se encaminó junto con Misa a la entrada. Antes de darle la
espalda, Matsuda había murmurado algo inaudible que Misa no notó. El
chofer, casi intuitivamente, interpretó que el detective había dicho
"gracias" por la manera en que había movido los labios. Sonrió
descaradamente.
El guardia de seguridad finalmente alcanzó al
responsable de destrozar el mástil. Comenzó a reclamarle y amenazarle
muy seriamente. No obstante, la sonrisa en el rostro del conductor jamás
se borró. Al final, sólo le contestó:
"Siempre quise ayudar a
una pareja como ellos a llegar a tiempo. Yo nací en un taxi por culpa
del tráfico que se estancó durante un accidente de tránsito…"
…
—
¡Light! —gritó de júbilo Matsuda al verle entrar; se levantó del
asiento a recibirle. Los demás, que habían entrado acompañando al
castaño, le miraron extrañados de lo demacrado que había quedado el
pobre hombre—. ¡Qué bueno que por fin llegaste! Misa-misa se encuentra
ya en la sala de partos. La enfermera me dijo que el bebé ya estaba por
venir y…
—Matsuda, compórtate. —Más que una petición de Aizawa,
esa había sido una orden directa, pues el agente sentía pena ajena de
verlo gritar y estrujar a Light como si él fuese aún un pequeño infante.
Matsuda se ruborizó y dejó de estrujar los hombros de Light.
—Te
agradezco mucho —dijo Light con cordialidad— que hayas ayudado y cuidado
de Misa mientras nos ausentamos. Luego te contaremos que fue lo que
ocurrió. Lo importante ahora es Misa.
—S-sí.
La
recepcionista les explicó que la paciente estaba a punto de entrar en
labor de parto y que el padre, si lo deseaba, podía esperar en el salón
ubicado en al lado del paritorio para entrar una vez que el bebé hubiese
nacido.
— ¿O sea que no le dejarán estar presente hasta después del parto? — reclamó Matsuda con inconformismo.
—Nuestra política es clara. Esto no es una película extranjera, señor.
— ¡Pero…!
— ¡Matsuda! —Le regañó Aizawa.
—Está
bien, Matsuda —dijo Light—, no hay problema. Esperaré afuera del
paritorio hasta que pueda entrar. Aún si muero de ansias por ver a Misa y
a nuestro hijo, debo ser paciente.
La recepcionista encaminó al joven Yagami y el resto permaneció en la recepción.
—Entonces
de qué sirvió que lograsen llegar a tiempo para el parto —susurró el
infantil agente con la mirada en el piso. Ide le consoló.
Por otro
lado, el resto del equipo también se encontraba muy emocionado por el
suceso —sólo que a diferencia de Matsuda, ellos sabían disimularlo—, en
especial Soichiro, que no le cabía la dicha de pensar que su nieto
nacería de un momento a otro. Tal pensamiento le trajo recuerdos del día
en que se había convertido padre y la nostalgia le invadió todo su ser.
Empezó a caminar rumbo a la puerta.
— ¿A dónde va, jefe? —le preguntó Mogi.
—A tomar un poco de aire.
Ya
en las afueras del hospital, Soichiro miró hacia el firmamento. Notó
que ya no estaba tan nublado como cuando se encontraban en el muelle,
aunque seguía sin apreciarse una sola estrella, se podía mirar huecos
entres la espesa capa grisácea de nube que permitían ver el negro cielo.
En uno de esos huecos, la luna había quedado por fin descubierta. Era
una hermosa luna llena cuya luz, que se asemejaba a un radiante
plateado, iluminaba los alrededores del estacionamiento, el pequeño
jardín y el edificio entero.
"Es casi tan bella como la de aquella noche" reflexionó con una sonrisa en el rostro.
…
Aquella
madrugada solo había una persona en la sala de esperas: un joven
universitario de bellos cabellos castaños que irradiaba belleza y finura
con su porte llamado Light Yagami. En cuestión de unos instantes se
convertiría en padre, quizá ya lo era. ¿Qué pensamientos pasaban por su
cabeza sabiéndolo?
"Lo sabía. Lejos de hacerlos sospechar de mí,
cada una de las trampas que Kira aparentemente nos pone, y las
soluciones que propongo como contramedida que hacen parecer que hay un
enfrentamiento entre nosotros, les han hecho creer que realmente ha
habido avances significativos en el caso. No sospechan nada ni lo harán
hasta que sea demasiado tarde. Debo cuidar que mi reputación como
detective, al menos entre nosotros mismos, se conserve por el mayor
tiempo posible, así mi dominio total sobre ellos se perpetuará y se me
facilitarán las cosas. Ya bastante pesado se me han hecho otros aspectos
desde que Misa se embarazó. Menos mal que las sentencias de este día,
así como las de la siguiente semana, ya han sido escritas, me esperaba
que en cualquier momento esto ocurriría y no tendría tiempo libre para
ejecutar criminales, por lo que entre Misa y yo cubrimos durante las
últimas semanas los siguientes ocho días de sentencias, aún así, en un
determinado momento debo buscar la oportunidad para hacer la sentencia
de criminales recientemente anunciados para no levantar sospechas."
Pasó
el tiempo. El genio estaba tan inmerso en sus pensamientos que no tuvo
noción de cuanto había sido; si cinco, diez, quince o treinta minutos,
una hora o hasta dos. Le daba igual, seguro ya era que no dormiría esta
noche por culpa del reloj biológico de Misa. Entre los cientos de
pensamientos que cruzaron su brillante mente, le llegó la pequeña
inquietud de saber como sería su vida de ahora en adelante con esta
pequeña contrariedad de no sólo cargar con Misa sino también con un hijo
de ambos. Realmente nunca estuvo entre sus planes, pero tampoco lo
estuvo Misa y terminó siendo una pieza importante de su ambición. Pero,
¿ser padre? ¿Él? ¿El futuro dios que llevaría a la humanidad al
siguiente paso evolutivo habría también de jugar a la familia como
cualquier otra persona como parte de su máscara con la que se esconde de
quienes aún son demasiado necios y estrechos de mente para permitirle
encaminar a la sociedad a la salvación?
— ¿Cuánto tiempo más
tendremos que estar aquí? —La molesta voz de un hasta ese instante
callado shinigami le sacó de sus pensamientos—. Estoy aburrido. ¿Cuándo
nacerá el bebé?
—En cualquier momento, Ryuk. El bebé pudo ya haber
nacido. Si es así en cualquier momento vendrán a notificarme… ¿Si estás
tan aburrido porque no sales a dar una vuelta?
—Eso hice. Pensaba
quedarme a ver como salía el bebé, pero Misa no dejó de mirarme con
esos ojos tan amenazantes que al final preferí dejarla sola. Los
hospitales no son muy interesantes para mí; por lo general están llenos
de gente a la que le queda poco tiempo de vida, aunque este es una
excepción, solo hay gente sana que cree estar enferma.
—Esta
clínica es así, Ryuk. Por algo nuestro médico de cabecera nos la
recomendó: por la poca cantidad de pacientes. Así el trato se vuelve más
personal.
De repente la puerta se abrió. Una joven enfermera de mediana estatura se acercó a Light.
—Señor Yagami, le informo que su bebé ya ha nacido. Puede pasar a verlo en la ventanilla de la sala de los recién nacidos.
Ryuk
abrió los ojos como platos de la emoción y light sonrió con sencillez.
La enfermera le indicó el camino al vidrio y le dijo que su primogénito
era el de la cuna número 27.
…..
—
¡Grandes noticias! —Gritaba Matsuda con ilimitada alegría y emoción
mientras corría hacia donde esperaban semidormidos el resto del equipo
de investigación—. ¡El bebé de Misa y Light-kun por fin ha nacido!
— ¿En serio? —preguntó Soichiro igualmente emocionado.
— ¿Y qué es? —preguntó Aizawa también contagiado de entusiasmo.
—Sí, dinos —se apresuró Ide—. ¿Niño o niña?
— ¡Eso es lo mejor de todo! ¡Misa y Light tuvieron…!
CONTINUARÁ…
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