Pánico. (Primera parte)
Era el
veinte de marzo del año 2011. Ya sólo faltaba un día para que diese
comienzo la primavera y Misa Amane contemplaba las estrellas del
firmamento, sentada en el balcón de su apartamento, mientras acariciaba
su abultado vientre materno con cariño. De un momento a otro el niño
nacería, mas el no saber exactamente cuando le provocaba unas tremendas
ansias. No estaba preocupada por que el momento llegase en aquel
instante, ya que, a unas habitaciones, se encontraba el padre de su
criatura y su padre, futuro abuelo, investigando exhaustivamente al lado
de sus compañeros. Misa arrullaba con su preciosa voz una canción de
cuna de entre tantas que había aprendido en los muchos libros para
madres primerizas que había leído a lo largo de aquellos nueve meses
desde que se le había ocurrido mentirle a su novio para conseguir pasar
la noche con él, luego de haberse quedado en la casa de sus suegros. El
ruido de los suburbios era, curiosamente, un tanto más tranquilo que de
costumbre.
¡Duerme, duerme, duerme, niñito!
Las canciones de la cuna, el canario canta.
¡Duerme, duerme, duerme, niñito!
Pero
toda esa paz se vino abajo con el estruendo de los pasos agolpados que
tronaron en el pasillo. Misa se asomó y miró como su prometido Light, su
suegro Soichiro Yagami y los demás agentes: Ide, Mogi y Aizawa, se
disponían a salir por la puerta principal a toda prisa.
— ¿A dónde…? —trató de preguntar la rubia.
—Misa
—le interrumpió el joven Light mientras se ponía a toda prisa su
chaqueta y el resto se adelantaba a salir—, quédate aquí. Volveremos en
unas horas.
—Pero…
—No tengo tiempo para explicarte.
Light
se dio la vuelta, salió del departamento y cerró la puerta con un poco
de brusquedad. Misa se quedó perpleja. El shinigami de ojos ocre, Ryuk,
se colocó a su costado y observó con la misma rareza la puerta del
pasillo.
—Je, je, je… Hace unos instantes Soichiro gritó como loco
a los demás algo sobre… no entendí muy bien, pero tenía que ver con un
descubrimiento importante. Entonces Light dijo que debían ir a la bahía
nosequé cuanto antes, y todos saltaron a correr.
Misa suspiró de resignación. "No hay manera" pensó mientras se llevaba los dedos a la mejilla.
—Ryuk —rogó con su dulce voz al shinigami negro—, ¿me traes una rebanada de pastel de la nevera?
—No quiero. Mejor iré a seguir a Light… —se volteó y casi se echó a andar, pero paró en seco en cuanto escuchó a Misa:
—No surtiremos manzana la próxima que vallamos al supermercado.
—E-enseguida
te lo traigo. —El shinigami se movió tan rápido que daba la impresión
de haberse esfumado del lugar donde había permanecido inerte.
Misa regresó de vuelta al asiento de su balcón. "Espero que Light no se demore y que no le pase nada" meditaba.
Ryuk
regresó con una pequeña rebanada de pastel de chocolate en una mano y
una taza de té en la otra. El dios de la muerte nunca se imaginó que
terminaría aprendiendo a preparar té para servírselo a la humana a la
que poseía.
—Gracias, Ryuk —dijo con un timbre de voz tan dulce y
sincero que el shinigami no pudo evitar avergonzarse un poco; sin
demostrarlo para mantener su orgullo de dios, claro está. Sin embargo,
antes de que pudiese entregarle a la modelo y actriz ambos platos, ésta
se quedó estática al momento de recibirlos, provocando que tanto la taza
como el pastel cayesen al suelo. El rostro de la linda rubia parecía
desencajado y aterrado. Ryuk se sorprendió del repentino estado de ánimo
de su humana.
— ¿Qué te pasa? —dobló el cuello en señal de confusión.
—No puede… ser…
Aquel
agudo dolor en la espalda que Misa estaba experimentando era mucho más
intenso que todos aquellos calambres producidos por las contracciones Braxton hicks
que tuvo durante el último trimestre de su embarazo y que la habían
hecho pasar al principio un gran susto hasta que su médico le explicó
que solo eran "contracciones de preparación". Pero aquella contracción y
el dolor que le acompañaba se sentían tan diferentes de los demás, tal y
como el doctor Toriyama le había advertido.
— ¿Qué no puede ser? —preguntó el shinigami más confundido que antes ante la conducta de Misa.
La
contracción duró más de un minuto y Misa apenas y pudo resistir el
malestar, tanto que la pobre sentía que sudaba frío. Pese a eso, Misa
prefirió seguir creyendo que solo se trataba de una "falsa alarma" como
las anteriores, por lo que tomó entereza y se levantó de su asiento para
tratar de asomarse por el balcón y tomar un poco de aire. Su cuerpo se
había vuelto muy pesado y sus pies hinchados desde hacía ya unas semanas
eran bastante molestos al caminar.
—Misa, ¿te sientes mal? ¿Estás enferma?
—No es nada que te importe, Ryuk. Yo…
No
habían pasado ni dos minutos y las intensas contracciones regresaron.
Eso ya no era normal. Las contracciones irregulares nunca habían sido ni
tan frecuentes ni tan duraderas, mucho menos tan dolorosas. Misa ni de
broma había tenido que soportar un dolor tan intenso en toda su vida —no
es que fuese realmente tan insoportable, sino que la delicada rubia no
estaba ni de broma acostumbrada a tener que soportar ninguna clase de
dolor—, ni siquiera los molestos cólicos menstruales se comparaban a
esto. Ya no le cabía duda: el bebé estaba en camino.
— ¡Ryuk!
—Gritó con su chillona voz ahora quebrada y un poco más afónica—.
Tenemos que llamar a Light para que me lleve a la clínica…
— ¿Qué?
— ¡Trae el celular de Misa!
Ryuk, sin comprender del todo lo que pasaba, se apresuró a traérselo de la mesita donde lo había dejado.
Misa
lo tomó con la mano temblándole y seleccionó del directorio el número
del móvil de su amado. Esperó nerviosa a que Light contestase pero…
"No puede ser… Light apagó su celular" se apresuró a llamar al móvil de Soichiro. "¡Mi suegro también lo tiene apagado!"
Otra
dolorosa contracción llegó y Misa casi deja caer el celular al piso al
sentir los calambres en su espalda. La pobre apenas podía con ella misma
al sujetarse de las barandas del balcón. Fue en ese momento que se le
cocurrió llamar a Sayu o en su defecto a su suegra Sachiko para que la
acompañasen al hospital. Pero antes de que pudiese llamar a una de las
dos, la pantalla a color de su teléfono móvil desplegó de repente un
fondo azul con la terrible sentencia en letras blancas: "batería baja"
y, acto seguido, el aparato procedió a apagarse. Misa hubiese soltado un
berrinche de enfado de no ser que el dolor no la dejaba concentrarse ni
para eso. Una vez pasada la contracción, caminó despacio hacia la sala
del departamento a por el teléfono que estaba en la mesa cercana a la
entrada del comedor. Su cara se puso aún más pálida cuando descubrió que
la línea estaba muerta.
"El bebé de Misa está por venir… Misa tiene que llegar a la clínica, pero será muy difícil que lo haga sola."
—Misa,
¿por qué estás actuando tan extraño? —El inoportuno e inútil Ryuk sólo
consiguió con su pregunta poner más nerviosa a la preñada actriz, quien
estaba a pocos instantes de caer de en pánico.
—Ryuk… —contestó en voz baja y sin mirarle, con una serenidad artificial—, Misa está a punto de tener al bebé…
— ¿QUÉ?
El shinigami se quedó boquiabierto y con la mirada desencajada. Tres segundos de total silencio después, éste habló:
—Entonces tenlo de una buena vez y…
—
¡NO SEAS ESTÚPIDO! —Aquel grito, seguido de una fiera y terrible mueca
de cólera, fue tan repentino y fuerte que logró meterle un buen susto al
shinigami. Ninguno de los arrebatos de ira de Light le habían parecido
tan intimidantes a Ryuk como este—. Misa necesita que la lleven pronto a
la clínica, ¡pero no puede llamar a nadie y tú eres un bueno para nada!
—No tienes que ser tan ofensiva —balbuceó—. Los shinigamis también tenemos sentimientos.
Unos
momentos más tarde, la puerta del apartamento se escuchó abrirse. El
joven y despreocupado agente de policía, Touta Matsuda, entró cargando
unos paquetes de comida rápida y una bolsa llena de bebidas en lata.
—
¡Muchachos, he traido la comida! —gritó una vez se sintió lo
suficientemente cerca de la habitación donde supuestamente estaba el
resto del equipo esperándole. Continuó caminando y fue entonces que notó
a Misa con las manos apoyadas en la pared, la expresión entre a punto
de caer en shock y estresada, sudando frío y respirando agitadamente.
Pese a todo eso, los ojos de la joven brillaban intensamente de la
alegría de verle, cosa que le pareció un poco extraña a Matsuda.
— ¿Qué ocurre, Misa-Misa? ¿Por qué me miras así?
—Matsu…
Yo… Yo… —Dos borbotones de lágrimas empezaron a brotar de los ojos de
Misa, deslizándose por sus sonrojadas mejillas. Parecía una niña pequeña
pidiendo auxilio a sus padres—. ¡Misa está por tener al bebé y no hay
nadie más en el departamento!
—Yo estoy aquí —corrigió Ryuk apuntándose a sí mismo con el dedo.
Matsuda retrocedió un paso y dejó caer lo que llevaba al piso.
— Q-q-q-¿QUÉ? ¿DÓNDE ESTÁN LIGHT Y LOS OTROS?
—Se fueron de repente y aún no han regresado —musitó Misa con la voz quebrada del dolor y la mano en el vientre.
— ¡Tenemos que llamarlos! —Buscó entre su cinturón, con suma torpeza de los nervios, su celular, y se dispuso a abrirlo.
—Misa ya lo intentó. Pero tienen sus celulares apagados… Matsu… será mejor que tú lleves a Misa al hospital...
— ¿YO...?
Matsuda
comenzó a correr en todas direcciones como un loco, sin saber qué hacer
ni qué decir. Estaba totalmente histérico. Nunca en su vida había
tenido la tremenda carga de ayudar a una mujer próxima a entrar en
parto. "¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer…? ¿QUÉ DEBO HACER?"
—
¡MATSUDA INUTIL! —Gritó Misa al ver la infantil actitud del único sujeto
que la podía ayudar en ese momento—. ¡Deja de correr como un tonto y
ayuda a Misa a bajar las escaleras!
— Ku, ku, ku… —rió Ryuk, quien comenzaba a divertirse con tremenda escena.
—E-está bien, Misa-Misa.
Matsuda
en verdad no sabía qué era lo que debía hacer. Torpemente sujetó del
brazo a la rubia, la encaminó y salieron del departamento. Lentamente
avanzaron hasta los elevadores y Ryuk les acompañó volando a unas
cuantas pulgadas del piso, con un par de manzanas en su mano, la cuales
había recogido de la cocina "para el camino". Las contracciones
continuaban cada vez con más constancia y la pobre primeriza apretaba
con fuerza los dientes y gemía del malestar. La muy ingenua temía porque
el bebé estuviese a punto de nacer y no consiguiesen llegar a tiempo a
la clínica, por lo que a cada contracción que le llegaba se desquitaba
con el noble de Matsuda, gritándole que él era demasiado lento y que si
no llegaban a tiempo iba a ser por su culpa. Matsuda trató vanamente de
calmarla pero todo lo que le decía era inservible.
Una vez que los
tres estuvieron fuera del edificio comenzaron a esperar que un taxi
pasara para abordarlo, pero el tráfico era muy escaso y casi todos los
taxis que pasaban iban ya ocupados. A Misa le desesperó mucho esto y
Matsuda intentó nuevamente calmarla:
—Tranquilizate, Misa-Misa. Tomaremos uno muy pronto.
—
¡Dices eso por que a ti no te duele como a Misa! —Le espetó en la cara
mientras le sujetaba con rudeza el cuello de la camisa—. ¡Misa ya no lo
soporta! ¡Siente como si el bebé se le fuera a salir en cualquier
momento!
Dos lágrimas de dolor y tristeza se deslizaron epor la
blanca piel de las mejillas de la idol. Matsuda bajó la mirada al
verlas. Con mayor ahínco se dispuso a buscar y detener un taxi. No había
tiempo que perder. Ryuk únicamente observaba sin saber qué decir y sin
estar muy seguro de lo que iba a ocurrir.
Finalmente un taxi se
detuvo frente al oficial y la idol. Ambos se alegraron mucho y no se
quedaron ni un segundo estáticos. Inmediatamente abordaron el coche
—Misa ayudada cautelosamente por Matsuda.
—Buenas noches —saludó el joven chofer—. ¿A dónde los llevó?
—Al
hospital general del este de Kanto —contestó una agobiada Misa Amane
que no dejaba de tocar su zona baja del vientre con una mueca de dolor—.
Ahí es donde Light y Misa hicieron la reservación para el parto…
— ¡Señorita! —el chofer se quedó atónito y con la boca abierta—. No… ¿No me diga que usted…?
— ¿QUÉ NO ME ESTÁS MIRANDO? ¡Misa podría dar a luz a su bebé en cualquier momento!
—Tranquilizate,
Misa-Misa —dijo Matsuda moviendo de nervios sus manos por arriba de los
hombros—. ¡No es bueno que te desesperes!
Pero ambos se quedaron
helados al ver reflejada, en el espejo retrovisor del centro, la
siniestra sonrisa del joven e impulsivo conductor del taxi.
—Así
que está por tener a su bebé… —dijo con voz bastante áspera e,
inmediatamente, metió el acelerador hasta el fondo, haciendo rechinar
las llantas del automóvil al friccionarse de una manera tan desaforada
con el aslfasto. Matsuda y Misa se hundieron en el asiento trasero de lo
brusco que había arrancado el vehículo. El chofer comenzó a conducir
como un cafre ante los aterrados rostros de los pasajeros—. ¿Saben? Uno
de los tantos sueños de nosotros los taxistas es participar en
circunstancias extremas como una persecución, un acoso o un parto. ¡Y
ustedes serán la primer pareja a la que les ayude a llegar al hospital
para la llegada de su bebé! ¡Jya, ja, ja…! ¡Estoy tan emocionado!
No
era para no tomarse en serio la actitud del chofer enloquecido. Iba tan
aprisa que a Ryuk se le perdió la vista el coche pese a que trató de
seguirle desde los cielos, volando a toda velocidad. La manera en la que
arrebasaba a otros vehículos con los que se encontraba a lo largo de la
autopista, y derrapaba las curvas, era escalofriante. Los rostros de
Matsuda y Misa se tornaron azules y ambos terminaron abrazandose del
miedo.
—Y, díganme… —de repente volvió a invadirles la siniestra voz del demente chofer—, ¿este será su primer hijo?
— ¿Estás loco? —gritó una iracunda Misa—. ¡De ninguna manera el bebé que está esperando Misa es de Matsu! ¡ES DE MI AMADO LIGHT!
—Misa…
tranquilízate por favor —repitió el agente de policía nuevamente, pero
éste de vuelta entró en pánico al percatarse que el chofer se acababa de
pasar una luz roja—. ¿Qué demonios estás haciendo?
—Tranquilo,
Don Juan. A este ritmo llegaremos al hospital en menos de un minuto. No
se preocupen, nunca he chocado en toda mi carrera como conductor de
Taxi.
Apenas había terminado de decir esto y el vehículo estuvo a
punto de estrellarse con una furgoneta, hecho que hizo caer en shock a
ambos pasajeros.
— ¡Light! —Gritó la rubia que se abrazaba con Matsuda del miedo—. ¿En donde te has metido, LIGHT…?
Continuará…
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