Fanfiction: ¡Fada! (Death Note) cap 4

FIESTA DE CANASTA.


—Misa-Misa, ¿Es cierto lo que acaba de decir? ¿Usted va a…? —preguntaba totalmente sorprendido el reportero a la bella actriz quien se encontraba rodeada de camarógrafos y periodistas durante la rueda de prensa, anunciando la gran noticia de su retiro temporal del medio artístico y sus motivos. Decenas de camarógrafos disparaban con el flash de sus cámaras a la bajita rubia.

—Sí —contestó con su chillona y optimista voz—. Mi pareja actual y Misa hemos decidido sentar cabeza y vamos a tener un hijo. Aunque como él aún se encuentra estudiando, nuestra boda no se llevará a cabo hasta después. Pero nuestra relación es muy unida. Llevamos viviendo juntos desde hace ya casi tres años.

La noticia era todo un bullicio. Todas las revistas niponas para jóvenes y sobre el medio artístico tuvieron por portada a la joven Misa Amane, quien había revelado que estaba esperando un hijo de su enamorado, por lo que se tomaría un año sabático y tendría que renunciar a algunas propuestas fílmicas que recientemente le habían hecho.

Tal y como se lo había advertido Light, tuvo que revelar discretamente que su novio era un distinguido estudiante de la facultad de Toodai llamado Light Yagami y dejar que ellos averiguasen el resto. La noticia de que el padre del bebé de la famosa idol era el hijo del subdirector del departamento de policía de Japón no se dejó esperar y, rápidamente, la familia Yagmi comenzó a ser acosada por docenas de reporteros y paparazis hambrientos de respuestas y forografías. Una revista consiguió, en exclusiva, una entrevista con la hermana del enamorado:

"Mi hermano es sencillamente apuesto y muy caballeroso. Misa-Misa se sacó la lotería con él. ¡Estoy muy emocionada de saber que dentro de poco seré tía!"

Después vinieron las fotografías y fichas biográficas del castaño. Una reseña sobre su destacado historial académico, su maravillosa participación en el torneo intercolegial de tenis juvenil en la secundaria, su hazaña de sacar la calificación más alta en el examen de admisión de la universidad de Tokio y sobre como había ayudado a resolver algunos casos policíacos con sus excelentes deducciones, aún siendo extremadamente joven. Light Yagami era un muchacho excepcional, de eso no cabía duda. A pesar de no ser una figura pública, la promoción que se le hizo a su imagen le ganó cientos de jovencitas fans que aclamaban que su corazón era del guapo genio. La pareja se volvió la más famosa del país del sol naciente. Los programas de espectáculo, de una manera u otra, hablaban siempre de ellos. Light había predicho que algo de esta índole ocurriría y era por ello que le había aconsejado a Misa callar sobre su noviazgo; pero ahora ya era inevitable y, como si de una pieza de bajo valor en una partida de ajedrez que requiere de sacrificarse para seguir la jugada se tratase, tuvo que dejar a la bella asesina confesarlo. Antes bien, esto solo ayudaba a fortalecer la pantalla por la que Light Yagami podía esconder a Kira debajo de una vida que, a pesar de ser excepcional, no dejaba de ser normal para los ojos humanos.
Todo estaba decidido. Dentro de aproximadamente siete meses nacería el bebé y el momento de hacer los preparativos había llegado. Era por eso que Misa y su futura cuñada Sayu se la pasaban de tienda en tienda, viendo que artículos deberían comprar de entre todas las opciones. La rubia modelo había decidido que no averiguaría el sexo de la criatura hasta que naciese, por lo que comprar ropa y muebles de un color determinado como rosa o azul no era posible por el momento. Pero nada perdía con ir a ver a las tiendas para niños los diferentes tipos de cunas y ropita para recién nacidos. Sin importar que fuese niño o niña, ese niño sería simplemente encantador, de eso sí estaba segura la bella idol. Ya que, irremediablemente, de una u otra forma, aquel pequeño pedazo de amor se parecería —mucho o poco— a su encantador padre. El hijo de Light Yagami solo podía merecer lo mejor de lo mejor; ya sea ropa, juguetes, mobiliario… todo. Misa también aprovechó para comprarse cuantos libros para madres primerizas encontraba en las librerías y los llevaba consigo a todas partes, leyendo con cuidado cada una de las páginas para memorizar cada consejo, cada instrucción que le permitiera ser la mejor madre del mundo. Fue por leer uno de esos tantos manuales que, mientras andaba por la calle, camino al registro civil, fortuitamente se tropezó con un sujeto que iba saliendo del edificio, derribando todos los documentos que cargaba, sus anteojos y su maletín. La despistada Misa también cayó adolorida al suelo.

— ¡Idiota! —le reclamó al joven fiscal, como si la culpa solo fuera de él y no de ella.

— ¿Se encuentra bien? —el recién nombrado fiscal, de cabellos largos, porte estoico y elegantes anteojos, ayudó a la rubia a levantarse—. Espero no haberla lastima…

— ¡Cállate! —reclamó enfurecida—. Por si no lo sabías, Misa está esperando un bebé. Si algo le llega a pasar al bebé de Misa, te juro que…

—Lo lamento —contestó sin inmutarse y permaneciendo impasible, mientras recogía, uno a uno, sus papeles del suelo.

—Eso no es suficiente. Si mi doctor me dice que el bebé resintió esta caída…

—Pero usted fue quien se tropezó conmigo —el joven fiscal recogió sus anteojos y se los situó en el rostro, luego miró a Misa a los ojos—. Aún así, no creo que una simple caída como esa afecte a su bebé. Apenas y se golpeó las caderas.

—Como sea… —Misa se sacudió el polvo y acarició su vientre, cerciorándose a su modo que su niño se encontraba bien—. Oye, Tú trabajas aquí, ¿cierto?

—Sí.

— ¿Eres notario del registro civil…?

—No. Soy un Kenji —contestó.

—Ya veo —suspiró algo decepcionada—. Pero tú debes tener algún amigo que trabaje como notario, ¿no?

—Sí. Tengo algunos conocidos que ejercen en el registro civil.

— ¿Podrías recomendarme al mejor asesor de matrimonios que conozcas? Lo que pasa es que muy pronto mi amado Light va a contraer nupcias con Misa, y Misa está buscando a un buen juez para casarnos. También Misa quisiera a alguien que me pudiera asesorar con el registro del bebé de Misa.

El joven meditó unos momentos antes de contestar. —Podría llevarla ahora mismo, señorita. Pero el tiempo apremia y tengo que asistir a un compromiso —el apuesto fiscal dio una reverencia, tomó su maletín y se dio la media vuelta, alejándose de la actriz. Misa no se lo permitió y corrió para alcanzarlo.

—Espera. Por lo menos déjale a Misa tu teléfono para que luego la lleves a ver a tus amigos del registro civil.

El fiscal movió la cabeza y al no tener más opción, decidió darle un par de tarjetas a la idol.

—Este es mi número, y éste otro es el del encargado del registro Civil. Me retiro. Que tenga una buena tarde —se alejó de inmediato.

Misa se quedó pensando en que el carácter del joven abogado no era muy sociable y se quedó leyendo la tarjeta.

—"Mikami Teru…" Bueno, Misa aún tiene muchas cosas por hacer. Al menos ya no tendrá que buscar por hoy en el registro civil…

Y continuó caminando, leyendo aquel manual para madres primerizas sin fijarse por donde caminaba; de regreso al centro comercial para ver más artículos para niños recién nacidos, donde unos paparazzis la esperaban con sus cámaras para tomar las imágenes para su artículo amarillista sobre la vida privada de la actriz.


Las visitas que Misa hacía a casa de los Yagami, ahora que ella se había retirado de los medios, se habían incrementado; y, por lo menos, un par de horas por las tardes dedicaba a pasarla con su suegra y su cuñada, para luego regresar al departamento de su amado antes de que terminara de ocuparse en sus asuntos. La mayoría del tiempo lo pasaba con Sayu, la hermana de su amado, con quien pasaba horas hablando de cosas frívolas mientras Sachiko les servía algo de Té, en la modesta sala del domicilio que se había llenado de vida.

—Creo que ya es hora de que hagamos la fiesta de canasta. ¿No lo crees, Misa?

— ¿Una fiesta de canasta…?

—Sí. Nos reuniríamos entre amigas para celebrar que vas a ser mamá, y te obsequiaríamos algunos regalos para tu bebé; como ropa, juguetes y otras cosas.

— ¿En serio? —La bella lolita no sabía muy bien en que consistía eso de una fiesta de canasta pero la idea le pareció bastante entretenida—. ¿Y podremos invitar también a Light?

—No, Misa —contestó con una gota de sudor en la frente—. Se supone que es una reunión entre mujeres para celebrar que pronto vas a ser mamá. Podemos hacer la fiesta en la casa, yo invitaré a algunas amigas del campus y tú puedes invitar a tus amigas de la agencia. ¡Ya verás que será muy divertido!

— ¿Y va a haber manzanas? —preguntó Ryuk, el curioso shinigami que sólo podía ser visto por la futura madre, misma que le ignoró por completo.

Al dios le parecía algo interesante todo esto de hacer fiestas y comprar regalos sólo porque un humano estaba en camino. La verdad es que el shinigami nunca comprendía del todo las conversaciones que había entre mujeres, ¡eran tan distintas de las conversaciones entre hombres! Y por mucho que le preguntaba a Light al respecto, el genio no le daba importancia y le decía que la mentalidad femenina no era ningún enigma y no debía tomarle demasiada importancia a sus palabras.

Ambas mujercitas —Sayu y Misa— rieron jovialmente, la madre de la menor llegó a servirles un poco de té, y su pequeña hija le contó el plan que traía entre manos. Sachiko asintió y las tres decidieron efectuar el evento dentro de dos semanas para dar el tiempo necesario de organizar el acontecimiento.


— ¡Light! ¡Light! —gritaba sin parar el shinigami de alas negras al humano que recién había llegado al departamento y tomado asiento en el sofá.

— ¿Qué sucede, Ryuk? —preguntó mientras se aflojaba la corbata del cuello y tomaba el periódico.

—Estaba en la casa de tus padres y escuché que Sayu y Misa van a hacer una fiesta de canasta.

—Ryuk, es completamente normal que las mujeres hagan ese tipo de fiestas cuando una de ellas va a ser madres —el castaño le dio vuelta a la página del diario.

—Eso también dijo tu hermana. Yo solo quería saber si en las fiestas de canasta se les llama así porque hay canastas en ellas.

— ¿Canastas? —arqueó una ceja.

—Y si va a haber canastas… tal vez pueda ser una canasta con manzanas.

—Ryuk, las fiestas de ese tipo se les llama así porque en ellas se dan obsequios a la futura madre para su bebé, tales como ropa, biberones, mantas. Todos esos artículos sirven para formar un grupo de productos de primera necesidad en el cuidado de un niño recién nacido, que es conocido como canastilla del bebé. De ahí el nombre.

La futura madre llegó desde la cocina con una taza de café y se la sirvió a su novio. Ella, el shinigami y el autoproclamado dios del nuevo mundo, pasaron el resto de la tarde en tranquilidad. Al caer la noche, el momento de hacer justicia había llegado y tuvieron una larga jornada de asesinatos en masa antes de irse a dormir.


Transcurrieron las dos semanas, y la fiesta de canasta que Sayu había organizado, inició. La universitaria invitó a algunas amigas del colegio; a su vez, Misa llevó a varias conocidas de la agencia de modelos donde antiguamente trabaja, a quienes consideraba sus amigas a pesar de haberlas dejado de tratar desde que comenzó a vivir junto con Light, y a algunas actrices de reparto que había conocido hace poco, durante la filmación de sus películas; a su vez, Sachiko también invitó a algunas familiares: hermanas suyas, tías de Light; a sus sobrinas, primas del genio, y también algunas parientes de por parte de su señor esposo. La fiesta no tenía mucha gente a pesar de todo, y logró ser ocultada de los medios de comunicación para ser llevada con privacidad. O al menos eso pensaron, pues un astuto y joven reportero había logrado obtener información del acontecimiento gracias a la indiscreción de una actriz invitada por Misa, y, decidido a llevarse la exclusiva, se aventuró a guardar el secreto e ir en solitario al lugar para obtener la exclusiva del año. Armado con su cámara y su computadora de mano con micrófono integrado, Tarou Kagami* se acercó lo más que pudo a una de las ventanas de la residencia para capturar el mayor número de imágenes y venderlas al mejor postor como "La fiesta de canastilla de la idol Misa-Misa."

El morocho enfocó su poderosa cámara a través de la ventana y observó la reunión. Misa se encontraba charlando con sus amigas de la agencia y la familia de su enamorado sobre sus futuros planes como madre y de algunos consejos que había leído en los libros para primerizas que compró, que, desafortunadamente, no había memorizado del todo bien y sólo podía recordar incoherencias que hacían reír a las muchachitas que aún no eran madres, al escucharlas.

—Misa-Misa, no puedes calentar el agua con el bebé dentro… —le corregía su futura suegra Sachiko.

—Pero… el libro dice que…

—No. Mira, el libro dice que debes…

"Esto es fantástico" pensaba el intrépido paparazzi mientras comenzaba a tomar fotografías de la idol en compañía de las demás mujeres. Mientras lo hacía, el shinigami de ojos ambar, Ryuk, gracias a su sobrehumana visión y audición, le descubrió con ayuda de su potente sentido del oído que detectó los sonidos que hacía la cámara. Éste, sin ser visto por el joven, se acercó lleno de curiosidad para averiguar que hacía.

— ¡Oh! Pero si es otro de esos sujetos que tratan de espiar a Misa con sus cámaras —habló Ryuk en soliloquio—. ¿Debería de advertirle a Misa?

El dios de la muerte continuó observando al camarógrafo. Éste continuó tomando unas cuantas fotografías más y luego se dispuso a buscar otro lugar donde tomar más imágenes y grabar las conversaciones. Misa, tras unos minutos más de conversación, notó que su posesor se había ausentado y se preguntó el motivo de aquello. Tal vez se había ido a un lugar seguro para poder comerse una manzana. O tal vez…

"Perfecto. ¡Perfecto!" decía una y otra vez en sus adentros el periodista, al lograr infiltrarse en la casa, tomar mejores fotografías y grabar las conversaciones de los presentes. Ryuk le seguía de cerca.

—Permítanme un momento —Misa se levantó de su asiento—. Iré al baño.

La rubia bajita hizo como si se dirigiera al lugar que indicó, pero en realidad caminó hacia la cocina. Ahí, tomó una manzana del frutero y se escabulló por el pasillo hasta llegar a la sala donde el paparazzi se encontraba espiando a las demás. Quedó justo detrás del camarógrafo, sin que este lo notara, y Ryuk volteó a verla junto a la jugosa manzana que llevaba.

— ¡Uoh! —exclamó el simpático monstruo, casi saliéndole la baba por la boca. Misa señaló la manzana con su dedo y luego hizo lo mismo con la cámara del paparazzi, dándole a entender la condición para recibir el premio. Ryuk aceptó, tal y como había aceptado siempre en este tipo de situaciones, y, con su invisible e intangible mano, penetró dentro del aparato y destruyó discretamente la tarjeta de memoria del mismo. Igual hizo con la palmtop que el reportero llevaba como grabadora de audio.

"¡Mi cámara! ¿Qué fue lo que le pasó?" caviló Tarou, una vez que se dio cuenta del sabotaje. El paparazzi maldijo su suerte y tuvo que huir de la residencia para evitar ser descubierto. Una vez que se marchó, Misa rió jocosamente.

— ¿Me das ahora sí la manzana? —el shinigami impaciente puso sus manos por delante y la rubia dejó caer la fruta en ellas con una sonrisa. Después, Misa entró de vuelta al lugar de la reunión, por donde el camarógrafo estaba espiando, y se sentó a seguir conversando.

Con lágrimas en los ojos, el mal afortunado hombre corría con su cámara favorita arruinada y el orgullo de periodista destrozado. "Esto es imposible. No creí que la maldición de los paparazzis que intentaban espiar a Misa-Misa fuese cierta. Y yo que les aposté a esos imbéciles que si podría tomar esas fotos…"

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