INTRODUCCIÓN.
Light Yagami.
Si
hubiera un estereotipo universal sobre las aspiraciones del ser humano
encaminadas a su autorrealización, a la grandeza, de seguro ese
estereotipo nos llevaría a Light Yagami. Todas aquellas cosas que un
hombre desearía ser y poseer quizás él las tiene todas. Simplemente
Light es el estereotipo del hombre ideal.
Poseedor de un intelecto
extraordinario con el que es capaz de aspirar a cualquier carrera u
objetivo que se proponga, sus ambiciones o desganas pasan a ser su único
límite. Con una belleza difícilmente superable, una educación y modales
intachables y esa rectitud y sentido de justicia inverosímiles, Light
Yagami es por demás una persona admirable en todos los aspectos. No
parece haber ninguna rama de la ciencia o la cultura donde Light Yagami
no sea talentoso, su carisma y su talento no parecen conocer los
límites.
Hasta aquí la pregunta es: ¿Cuáles son las metas y
ambiciones de alguien como él, cuyo talento y reputación le abren todas
las puertas del mundo? ¿A que habrá de dedicar su singular vida este
talentoso y joven genio?
A la justicia.
No hay mayor
aspiración, ni trabajo tan noble como dedicar tu vida a la seguridad de
las demás personas, cuidar de ellas; utilizar tu talento para llevar la
paz y la armonía a una humanidad tan necesitada de ambas. Light Yagami
supo desde pequeño lo importante que es que los seres humanos pudiesen
aspirar a ser felices por igual. Solo a través de la justicia los seres
humanos podrían conseguirlo. Pero, ¿cómo lograr aquel utópico sueño que
la humanidad, desde sus inicios, ha anhelado más jamás alcanzado? Todos
los esfuerzos por alcanzar la justicia absoluta han sido en vano; de una
u otra forma siempre terminan fracasando.
Pero si alguien debía ser capaz, ese sin duda debía ser Light Yagami.
Si
Light Yagami, el hombre que encarnaba todos los ideales y virtudes
humanos tampoco fuese capaz de lograrlo, ¿Alguien más podría llegar a
lograrlo?
Esta misma cuestión rondaba en la cabeza del joven genio
cada vez que miraba a su alrededor y veía con antipatía como las
imperfecciones, los vicios y flaquezas humanas corrompían lentamente a
la sociedad entera y degeneraban aquellos ideales que, alguna vez,
sirvieron al hombre en pro de su evolución.
De seguir así las
cosas, el hombre terminaría por autodestruirse. Nada más de pensar que
el ser humano está destinado a extinguirse por sus propias acciones,
Light Yagami sentía una profunda depresión, mas bien, decepción. ¿De que
servía ser el humano ideal si la humanidad actual valía tan poca cosa?
Aquello sólo tendría valor si la humanidad en general fuese excelsa.
Así
que él tenía que hacer algo al respecto. Light Yagami no podía quedarse
con los brazos cruzados. Su talento le permitiría aspirar a cualquier
profesión en esta vida, solo necesitaba que se le diera la oportunidad
para lograrlo lo que fuera, y él no descansaría hasta conseguirlo. Nada
podría detenerlo, él estaba consiente de ello. Fue por eso que, al
recibir aquel regalo de los dioses —El Death Note—, no hubo ninguna duda
en su extraordinaria mente de que sólo él sería capaz de cargar con
aquella ofrenda y darle el uso necesario para cumplir su sueño. Llevar a
la humanidad por el camino del enaltecimiento, hacer que el homo sapiens
retomase la evolución positiva que lo llevaría a convertirse en el
organismo más grande de todo el universo. La mediocridad desaparecería
para siempre porque él, el humano ideal, estaría ahí para segarla
cuantas veces fuese necesario.
Un largo camino le esperaba, él
estaba consiente de ello. Sabía de antemano que habría muchos obstáculos
por superar, pero que, en realidad, sólo eran un mero protocolo del
universo que él había de transigir como cualquier otro. Toda acción trae
consigo una reacción —ley universal que casi resume al universo entero—
y todo acto trae consecuencias, solo hay que afrontarlas y listo; no
había nada que él no pudiese predecir, controlar y aprovechar hasta
llegar a su objetivo.
O al menos eso había pensado Light Yagami, hasta que lo conoció a él.
A
aquel sujeto le había tomado por sorpresa. Jamás había escuchado de su
existencia, no hasta aquella tarde de Diciembre donde se retaron el uno
al otro vía televisión.
La reacción de la policía ante su
aparición, el comportamiento y la doble mentalidad de la sociedad y de
los medios de comunicación ante sus actos, todo lo había predicho tan
prodigiosamente. TODO, excepto la existencia de él. Por primera vez en
su vida, Light Yagami había errado. Había encontrado a alguien capaz de
hacerle frente, a alguien que, prediciendo sus reacciones, volcó su
temperamento en contra suya y le sacó partido. Ni siquiera pudo predecir
su trampa, su exceso de confianza esta vez le había traicionado. No
debió haberlo subestimado. Ni tampoco debió haber creído que en este
mundo no habría nadie que estuviese a la par de él, por muy singular que él fuera.
Pero Light Yagami no permitiría que esto detuviera su cruzada, no. Todos los obstáculos pueden superarse, todos.
Incluso él. A partir de aquel momento, Light Yagami no descansaría
hasta vencerle. Porque ni él ni nadie le arrebatarían su destino.
Y
una batalla sin precedentes, entre Light Yagami y aquel otro joven de
nombre desconocido, dio inicio. Ambos, el día que se conocieron, se
autoproclamaron la Justicia, pero ambos no podían ser tal cosa al mismo
tiempo; a lo mucho, solo uno de ellos. Y si la justicia prevalece ante
lo inicuo, el que prevaleciera debía entonces serlo. Tan sencillo como
eso.
La batalla continuó por mucho tiempo. Hubo una gran pelea
encarnizada. Ninguno de los dos sabía perder y no iban a dejar que el
otro se lo enseñase. Pero al final solo uno podía ganar. La batalla
llegó a su clímax y...
Light Yagami venció.
L, su rival,
murió en sus brazos. Todo este tiempo supo la verdad —que él era Kira—,
pero la verdad, para que brille, debe de salir a flote, y Light Yagami
nunca se lo permitió. Le venció en el juego en que él jamás había
perdido.
Han pasado tres años desde aquella feroz batalla. Ya no
parecía haber ningún obstáculo más, ahora Light Yagami solo debía
dedicarse a recorrer con ahínco por aquel camino en el que se embarcó
hasta llegar a su meta. Por un lado, nunca dejó de ser Light Yagami: un
joven universitario de 21 años al que le esperaba una comprometedora y
exitosa carrera dentro del cuerpo de policía nipón, el reconocido y
admirado hijo de Soichiro y Sachiko Yagami, el ejemplo a seguir de su
alegre hermana menor Sayu y el cariñoso novio de la idol número uno del
medio artístico oriental: Misa Amane; por otro lado, Light Yagami se
había convertido en un Dios. No solo tenía en una mano el poder de
impartir justicia al mundo como "Kira", el asesino de criminales y
personas inmorales, y someter la mala voluntad del hombre, sino que,
además, en la otra mano poseía al sistema actual de justicia junto con
las influencias que había obtenido de derrotar a su Némesis. Ya sólo era
cuestión de tiempo. El mundo tarde o temprano se purificaría y ya nada
debería ser capaz de detenerlo. De hecho, la mayoría del mundo había
empezado, secretamente, a apoyarlo a él —el dios del nuevo mundo— aunque
todavía no lo expresase abiertamente.
...
"El
índice de delincuencia continuará descendiendo", pensaba con optimismo
el joven de castaños cabellos mientras viajaba en el tren bala, camino a
su departamento. "Aún cuando los medios de comunicación dejaron de
transmitir incluso las fotografías de los delincuentes, mi treta de
subir a Internet en diferentes páginas "pro—Kira" los datos que hackeo
del registro policiaco ha funcionado a la perfección. Por el momento,
sólo debo dedicarme a fingir que estoy tratando de encontrar a los
responsables de subir a Internet las fotografías de los criminales y
averiguar como las obtienen. Todo está marchando a la perfección. El
crimen a nivel mundial ha disminuido un cincuenta y cinco por ciento y
va en aumento. No obstante, debo mantenerme al margen y actuar como si
Kira realmente estuviera siendo presionado por L; al menos hasta que la
mayoría del mundo acepte a Kira y la reputación de L se haya deteriorado
por completo."
Eran tantos los cuidados que debía tener el joven
de ojos castaños para que su plan siguiera marchando a la perfección y,
sin embargo, se mostraba tan tranquilo. No parecía haber cosa que no
pudiese manejar.
Light llegó a su departamento, donde su bella
novia, Misa, le esperaba ansiosa. Para el joven, aquella bajita rubia de
ojos azules y enorme encanto no era otra mujer más. Ella era su carta
del triunfo, la poseedora de la habilidad que le otorgaba la mayor
ventaja sobre cualquier ser que tratase de interponerse en su camino. El
amor que ella le profesaba le garantizaba una fuerte y útil aliada,
cuya lealtad le llevaría a dar su vida sin pensarlo. Sin dudas, su
sueño, aún cuando a veces era demasiado orgulloso para admitirlo, era
más fácil de alcanzar gracias a Misa y el amor que esta sentía por él.
— ¡Light, Llegaste temprano! —Exclamó con entusiasmo la linda actriz al ver a su querido novio cruzar la puerta.
—Sí
—contestó sin perder seriedad mientras se quitaba el saco y aflojaba su
corbata—. El día de hoy no iré a investigar, así que mejor aprovecharé
la tarde entera para culminar algunos pendientes que tengo por Internet.
—
¿No quieres cenar primero? —Misa le sonrió. Quizá la noticia de que su
amado permanecería en la casa el resto del día le había fascinado al
grado de ponerla más alegre porque, sin duda alguna para el castaño,
lucía curiosamente más animosa que de costumbre. La joven rubia se
apresuró a sujetar del brazo a su enamorado, quien la miró algo
desconcertado, y lo encaminó a que se sentara en el sillón de la sala—.
Misa no te esperaba a esta hora pero ahora mismo se pondrá a hacerte de
cenar.
Light no entendía del todo la actitud de su pareja. Si bien
ella siempre se portaba entusiasta al verlo, había ahora algo en su
sonrisa, en su expresión que era diferente. Sabiendo que aún tenía mucho
tiempo por delante y que mal pasarse no le serviría de nada, asintió a
la propuesta de su enamorada.
— ¡Sí! —exclamó como sólo ella sabía
hacerlo—. Espera aquí, en seguida Misa te preparará algo muy sabroso
—le dijo, besó con dulzura los finos labios del apuesto genio y corrió
hacia la cocina con una risilla bastante lozana.
Light, sin
levantarse de su cómodo sofá, tomó el periódico que yacía en la mesita
de centro y se relajó leyéndolo. En eso, la silueta delgada y enorme de
un shinigami negro de cabellos tiesos atravesó una de las paredes del
departamento y se postró encima del sofá, frente al castaño.
—Hola Light. ¿Por qué llegaste temprano hoy?
—No es nada, Ryuk. Solo voy a aventajarme en algunos pendientes que tengo.
El
shinigami gesticuló un mohín que bien podría interpretarse como de
decepción, miró con una enrarecidamente seria mirada al castaño y
espectó:
—Últimamente las cosas ya no han sido tan divertidas como antes. ¿No lo crees, Light?
—Tal
vez para ti no, Ryuk. Pero, por el contrario, para mí ha significado un
tiempo bastante óptimo. Aún son muchas las cosas que tengo por hacer
para crear mi mundo ideal. Aunque todo está bajo control, debo
aprovechar esta calma para imponer la voluntad de Kira en los corazones
del mundo de una manera más eficaz. Nunca se sabe si las cosas podrán
seguir así de fáciles de ahora en adelante, por lo que debo aprovechar
que por ahora no hay nada ni nadie quien me dificulte las cosas.
—No me refiero a eso.
— ¿Entonces?
—Estar
al lado de Misa es muy aburrido —aclaró el shinigami en lo que tomaba
una manzana del frutero de la mesita—. La verdad es que extraño mucho
aquellos días en la universidad. Tú sabes. Ya tenemos mucho que no
jugamos algún videojuego o hacemos algo entretenido. Últimamente Misa ha
dejado de hacer cosas divertidas y verte investigando en el
departamento junto a tu padre y los otros agentes ya no es tan
entretenido como antes. Siempre terminan haciendo y diciendo lo mismo.
Light
no prestó mucha atención a las quejas de Ryuk. El mundo estaba
empezando a cambiar su manera de pensar y concebir la realidad, y aquel
dios de la muerte solo parecía fijarse en cosas triviales, como las
investigaciones que Light utilizaba de cuartada o el hecho de que ahora
él debía permanecer al lado de Misa y eso le impedía divertirse.
—Light
—continuó el monstruo luego de haber mordido su gran manzana—, hoy en
la mañana Misa fue a ver a un sujeto en una clínica, y desde entonces ha
estado muy sonriente. No puse atención en lo que ese señor le dijo,
pero Misa no ha parado de estar contenta desde ese momento. ¿Qué crees
que pueda ser?
—No creo que se trate de nada importante —contestó
el castaño—. De seguro fue a hacerse un chequeo médico y el doctor
terminó por elogiar su salud y su apariencia mucho más joven a la de su
edad.
Light encendió el televisor de la sala. Sintonizó un
noticiero para ver si daban alguna noticia relacionada con Kira. Quería
estar al tanto de cómo evolucionaba la opinión de los medios de
comunicación ante las acciones del dios del nuevo mundo y los cambios
positivos de la sociedad que comenzaban a ser reconocidos abiertamente.
Cada vez que miraba a un locutor expresar indirectamente su aprobación
al proceder de Kira o hablar mal del desempeño de L, Light no podía
evitar sonreír con un toque de malicia y placer.
— ¡Light! ¡La
cena está servida! —gritó con sumo júbilo la rubia a su enamorado. Al
escucharlo, el joven pasó al comedor en compañía de Ryuk.
Tal y
como había dicho el shinigami y él también había notado, el
comportamiento de la idol rayaba fuera de lo común. No dejaba de sonreír
y de mirar con malicia al castaño mientras se encontraban en la mesa.
Light podía notarlo, pero dedujo que, tal vez, sólo se trataba de alguna
tontería: una nueva película que filmaría, una entrevista que daría en
televisión o para una importante revista. Siempre que pasaba algo de
esta índole, su joven amante se portaba así. De seguro estaba ansiosa
por darle la nueva buena a su amado y por eso no podía contener la
alegría.
— ¿Cómo te fue en la escuela, Light? — preguntó con dulce voz mientras veía a su prometido cenar tranquilamente.
—
Lo de siempre —respondió sin desatender su café, dándole un sorbo—.
Hoy, mi padre, sus hombres y yo decidimos descansar este día, así que
tendremos el resto de la tarde libre. Hay que aprovecharlo y preparar
algunas sentencias para las siguientes cuatro semanas.
—Ay,
Light... —la actriz rió quisquillosamente al ver que esa cara de
seriedad de su novio no parecía quitarse con nada—. Light, te tengo una
sorpresa.
— ¿Ah, sí? —el castaño continuaba sin casi inmute. "De
seguro la contrataron para filmar otra película, no tiene importancia"
pensaba sin dejar de leer su diario.
— En la mañana fui con el doctor Tori—chan
para que me entregara el resultado de nuestros análisis clínicos.
Afortunadamente todo está bien, Light. Pero, además de eso, me dio una
gran noticia que me dejó totalmente feliz. ¡Light, Misa es tan feliz!
"¿El
doctor Toriyama? ¿No se suponía que esto se trataba sobre su carrera?"
pensó un poco menos despreocupado por el tema. "¿Qué clase de noticia
podría alegrarla tanto...?"
—Light, no tienes idea de cuanto te amo. ¡Esa noticia me ha vuelto la mujer más feliz de todo el universo!
Ryuk rió entre dientes al ver las expresiones bobas de Misa.
"¿Será
posible que...?" Light esperó con ansias la respuesta de su aliada.
Pero antes de que pudiera articular palabra, la rubia se le adelantó y
gritó:
—Light, ¡Vas a ser PAPÁ!
—Oye Light, ¿cómo le hizo
ese sujeto para saber que vas a ser papá? — preguntó un curioso e
ingenuo Ryuk, en lo que el castaño permanecía inmóvil, con la taza de
café en el aire y derramándosele el líquido por un lado, viendo
desconcertado y escéptico la expresión sonriente y despreocupada de
Misa.
— ¿Padre...?
CONTINUARÁ...
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