TODOS FELICES.
La lluvia caía
con ferocidad, salpicando todo lo que se encontraba en aquella terraza
del edificio. El apuesto joven de cabellos castaños salió a la azotea y
se encontró con aquel otro muchacho, el cual se hallaba divagando en
medio del fuerte aguacero, mirando hacia la nada. Light le preguntó que
hacía afuera, mas el moreno solo contestaba con un ademán que le
indicaba no escucharlo bien. Por lo que Light Yagami tuvo que salir a la
intemperie para acercarse donde el detective y terminó empapándose de
inmediato. El de cabellos negros y mirada tan profunda como sus ojeras
le esperaba en medio del chubasco, quieto, sumergido en sus
pensamientos; un sentimiento comparable a la tristeza se veía reflejado
en su rostro. L sintió cuando el otro joven se acercó, y volteó a verlo.
El castaño le cuestionó de nuevo:
— ¿Qué andas haciendo aquí afuera, Ryuzaki?
—Nada
que valga la pena mencionar… —contestó después de unos instantes, con
su suave tono de voz—. Es por el sonido de las campanas.
— ¿Campanas?
—Sí. —Volteó de nuevo hacia la nada—. Las campanas son increíblemente ruidosas hoy.
—Yo no escucho nada. —El joven miró extrañado hacia los lados.
— ¿En serio? Han estado así todo el día sin cesar. No puedo dejar de pensar en ello. Quizás hay una boda en una iglesia o tal vez…
— ¿De qué estás hablando, Ryuzaki? Solo estás diciendo cosas sin sentido.
— Decía que… esas campanas deben provenir de alguna boda.
— ¿Qué boda? Yo no escucho ninguna…
— Tu boda, Yagami-kun.
Y
de pronto, el sonido constante de las recias gotas de lluvia comenzó a
opacarse por las imponentes colisiones de los duros metales huecos de
incontables y grandísimas campanas. El ruido que causaban era tremendo,
casi ensordecían al joven Yagami, quien comenzó a voltear hacia todas
partes, tratando inútilmente de comprender de donde podía provenir tanto
bullicio.
—Ryuzaki, ¿Qué está ocurriendo…? ¿De dónde viene…?
—Es por nuestra boda, Light.
Esa
suave y chillona voz lo hizo voltear a su costado derecho. Ahí se
encontraba aquella jovencita de cabellos dorados, vestida hermosamente
de blanco, mirándole con los ojos colmados de amor hacia él, pidiéndole
con el alma ser también amada. ¿De dónde había salido ella?
Y
antes de que dicha aparición terminase de desconcertarlo, el ruido de
la lluvia, que de por sí ya casi ni se escuchaba por el bullicio de las
campanas, desapareció por completo. El agua se había ido. Light Yagami
se apresuró a voltear nuevamente donde Ryuzaki, pero, al hacerlo, notó
que ya no se encontraba en la terraza del edificio —era por eso que ya
no había más lluvia—. Ahora se encontraba dentro de una iglesia, con la
bella niña de cabellos blondos a su lado, abrazándolo, engalanando ese
maravilloso vestido blanco. Mirándole y susurrándole con voz totalmente
sincera:
"Te amo, Light…"
Y el sonido de
las campanas se hacía cada vez más y más intenso. El joven genio sentía
que el ruido estaba a punto de reventarle los tímpanos. Su enloquecida
mente llegó a desear, sobre cualquier otra cosa, que las campanas se
detuviesen; y mientras más lo ansiaba, éstas con mayor y mayor fuerza
sonaban. El dolor de cabeza iba en aumento. Y la joven vestida de novia
se aferraba a él y repetía una y otra vez:
"Hasta que la muerte nos separe… Light…"
"Hasta que la muerte nos separe…"
"Hasta que la muerte…"
— ¡Silencio!
Y
el joven genocida despertó de golpe, sudando frío, jadeando y con el
latir del corazón alterado. Miró, bajo la tenue luz, que él aún se
encontraba recostado en su cómoda alcoba. Pasado el aturdimiento,
maldijo el haber tenido semejante estupidez de pesadilla, pues él no era
de aquellos que se dejaran engañar ni por él mismo, ni tampoco creía
que algo tan tonto pudiese tenerlo así de alterado como para que dicho
trastorno se reflejara en sus sueños.
Volteó a su costado y la
miró a ella, descansando con una sonrisa de oreja de oreja. La paz se
pintaba en el rostro adormilado de aquella jovencita —pues por su
apariencia y forma de ser, a sus veintitrés seguía siendo toda una
niña—. Misa era todo lo contrario a lo que Light Yagami reflejaba en su
cara húmeda y de fuerte respiros. Como si en lugar de tener alguna
terrible pesadilla, Misa se encontrase soñando plácidamente lo que por
excelencia siempre quisiera soñar cada vez que durmiese. Aún en ese
estado, la actriz no soltaba del brazo al universitario. Light la miró
enfurecido, pues, en el fondo, no podía pasar por alto su terrible
negligencia, su desobediencia que, lejos de hacerle sentir mal, la
estaba colmando de alegría. Por unos momentos parecía que el futuro dios
del nuevo mundo envidiaba que su herramienta estuviese tan feliz por
algo que a él le estaba quitando el sueño.
¿Y todo porqué? ¿Solo
por qué iría a engendrar un hijo de la persona que ama? ¿Cuál es el
verdadero valor de convertirse en padre? ¿Qué tiene de maravilloso saber
que, gracias a tus fluidos corporales, nacerá otro ser humano en un
mundo sobre infestado de ellos? Ciertamente, aquella criatura iba a
tener el cincuenta por ciento de su patrón genético. Pero, analizándolo
con más frialdad, un padre supone más que eso a los ojos de la humanidad
aunque tal vez nada importante para los del frío universo. Muchos
humanos encuentran sentido a su existencia a través de la paternidad,
pero el objetivo de Light Yagami no era vivir como otro ser humano más
—ni mucho menos morir como tal—, no. Su destino sería encaminar a la
humanidad a una nueva era de paz y progreso, presentándose como su nuevo
dios. Tener que hacer el amor con aquella mujer, cada cierto tiempo,
orillado por sus humanos instintos, ya era bastante recordatorio de que
su cuerpo siempre sería el de un ser humano. Ser padre significaba algo
demasiado trivial como para pensar demasiado en ello. Aún tenía mucho
por hacer como Kira para preocuparse de ser Light Yagami. Entonces,
¿cómo es que no podía dejar de observar a aquella insolente chiquilla
que descansaba en su regazo, pensando en que ella se convertiría, a
querer o no, en la madre de su hijo? Tonterías. Lo mejor sería dormir de
nuevo, pues el dios del nuevo mundo debía conservarse el mayor tiempo
posible por el bien de la humanidad. Mientras esto no llegase a ser un
obstáculo en sus planes, poco o nada debía importarle el embarazo de su
compañera. Así de simple.
…
A la
mañana siguiente, Misa llevó a Light al consultorio del doctor Toriyama.
Aquel hombre entrado en años, de apariencia simple pero agradable, era
el médico de cabecera de la familia Yagami. Conocía al joven genio desde
que él había nacido. Desde siempre, Toriyama se había impresionado con
la sagacidad y talentos del castaño, al cual le había cogido un cariño
muy especial. Cuando Light era pequeño, a menudo el médico le insinuaba
sobre lo divertido que podría resultarle el estudiar medicina. Lástima
que Light ya había decidido que seguiría los pasos de su padre y
lucharía por defender la justicia, pues con ese talento, Light pudo
haber sido un erudito de la medicina. Ahora el doctor Toriyama era
también el médico de confianza de la bella actriz, quien ya consideraba
parte de la familia del joven genio.
—No se preocupe, joven Yagami
—le dijo—. Todo parece indicar que se trata de un embarazo estable.
Puede estar tranquilo, yo me encargaré de vigilar el progreso de Misa
para asegurarnos de que todo salga a la perfección.
— ¿Ya lo
oíste, Light? —Misa sujetó del brazo a su enamorado—. Puedes estar
tranquilo. Tori-chan dice que nuestro bebé va a nacer tan sano y bello
como su padre.
—Él no dijo eso —acotó el siempre entrometido Ryuk.
—Se
lo agradezco mucho, doctor Toriyama —el castaño dio una reverencia y
salió del consultorio en compañía de Misa y el shinigami.
El
doctor Toriyama sonrió al ver a la bella pareja, al pequeño Light —quien
ya era todo un hombre—, alejarse. "¡Pero vaya con esta juventud!"
pensaba con malicia al imaginarse a esos dos en la intimidad.
Light
acompañó a Misa de vuelta al departamento. Como tenía muchos pendientes
más por hacer, se despidió de ella y se encaminó a la universidad. Más
tarde tendría que verse además con su padre y el resto del equipo de
investigaciones, el caso debía continuar. Pasaron las horas en un abrir y
cerrar de ojos y, antes de que Light diera un paso fuera de la escuela,
su celular sonó.
—Es Sayu… —recibió la llamada y puso el móvil en su oído—. ¿Qué ocurre, Sayu?
"Quiero
que vengas a la casa de inmediato" dijo cortantemente la fémina voz que
salió del teléfono e, inmediatamente después, colgó.
"¿Pero qué
rayos…? Sayu no suele portarse así… ¿Acaso algo habrá ocurrido en casa
de mis padres?" Light no podía estar seguro de nada en concreto, excepto
de qué debía ir lo más pronto posible a casa de sus padres si quería
averiguarlo.
Con la mayor rapidez posible llegó a la residencia
Yagami. Durante todo el camino estuvo analizando que es lo que pudo
haber ocurrido, sin llegar a nada concreto. Listo para enfrentarse a lo
que fuera, entró a la residencia y caminó por los silenciosos pasillos.
El silencio era terriblemente desolador, daba la impresión de que la
casa estaba sola. ¡Pero si su hermana le había pedido que viniera hace
menos de media hora! Caminó del pasillo a la cocina, de ahí, a la sala;
donde, al entrar, vio una silueta, sentada en completo silencio en aquel
sillón color caoba. Dicha silueta era la de su joven hermana de
cabellos azabaches.
—Hermano…
— ¿Sayu…? ¿Qué fue lo que ocurrió?
—Hermano… —continuaba murmurando sin voltear a verlo—. ¿Sabes el porqué estás aquí?
— ¿Le ocurrió algo a mamá? ¿O acaso…?
— ¡No! No intentes hacerte el tonto conmigo. Finalmente… sé tu secreto, hermano.
"¿Mi
secreto?" el joven pensó, tratando de mantenerse inerte. "¿Estará
hablando de…? No. Ella no puede saberlo ya. Es imposible que Sayu, por
si sola, se pueda enterar de…"
—Misa fue quien me lo dijo.
— ¿Qué?
—Ahora me crees, ¿Verdad? ¿Qué crees que dirán papá y mamá cuando se enteren de que su hijo idolatrado no es más que un…?
—Basta,
Sayu —Light interrumpió con entereza—. No sé que es lo que Misa te haya
dicho pero… —y entonces, un rayo de luz cruzó la mente de Light. "Ya
veo. Se trata únicamente de eso." Pensó con una mezcla de alivio y
desilusión.
La joven adolescente se levantó del sillón y corrió
hacia su hermano para abrazarlo. A sus dieciocho recién cumplidos años,
Sayu ya era todo un ejemplar de la belleza; su modestamente bien
proporcionado y esbelto cuerpo y su rostro angelical, donde aún
predominaban por mucho los rasgos infantiles, ya tenían fascinados a la
mayoría de sus compañeros del campus al que recién había ingresado.
Abrazó al castaño con emoción y gritó de alegría.
— ¡Hermanito! ¡No puedo creer que yo ya vaya a ser tía! Eso me hace sentir más grande. Cómo te odio por eso.
"Lo
supuse. Solo se trataba del embarazo. Que tonto fui al imaginarme que
Misa le diría sobre Kira". Light suspiró por dentro y se dispuso a
interpretar el papel del hermano mayor.
—Así que Misa ya te dijo todo.
—Ayer
me llamó por el celular y me dijo que guardara el secreto hasta que
ella te lo dijera. Luego me llamó en la noche diciéndome que ya lo
sabías y que tú también estabas muy emocionado. Dime, ¿Cuándo piensas
decirles a nuestros padres la noticia?
Light guardó silencio por un leve instante y luego dijo:
—No hay ningún motivo para ocultarlo. Se los diré en cuanto pueda tocarse el tema.
—Huuy,
veo que no tienes miedo que te regañen por tu travesura, hermanito.
Misa y tú siguen sin casarse y tú todavía no terminas tus estudios.
¿Crees poder salir de esta sin ningún reprendo?
Light no contestó,
sonrió secamente y apartó a su joven hermana. Se dio la media vuelta y
avanzó hacia la salida. Sayu permaneció en la sala viéndolo alejarse.
— ¡Hermano! ¡No les diré nada si me das tres mil yenes!
El joven genocida no contestó. Su padre le estaba esperando para continuar el caso y ya se le había hecho tarde.
"Le
dije a Misa que fuera discreta y no titubeó en decírselo a Sayu antes
que a mí. A este paso, todos se van a enterar en muy poco tiempo.
Estúpida Misa…"
CONTINUARÁ…
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