FANFICTION: En mi mundo. (Nisekoi) capítulo 16



Capítulo XVI



Se hallaba el cuarteto de viajeros ahí parado, contemplando con profundo escepticismo y una pizca de desilusión, aquella fachada tan alfeñique y pobre de aquel modesto complejo habitacional que se ubicaba en la parte más profunda de la calle Mario Adorno, en el barrio de Settecannoli.

—Black Tiger, ¿estás segura que éste es el lugar? —Preguntó Paula. Se le veía, al igual que el resto del grupo, renuente a aceptarlo.

—No cabe duda —contestó Tsugumi, quien llevaba una hoja en sus manos y la leía una y otra vez, como deseando que se tratara de algún error—, la dirección es la misma que viene escrita en las indicaciones.

—El edificio, por lo que se ve, está habitado casi en su totalidad —acotó Migisuke—. ¿No tendrán planeado hacerles daño a todos esos civiles con su operación, verdad? —Frunció el seño y miró con recelo a las dos chicas del grupo.

—¡Cállate! —Gritó Tsugumi, tan ofendida que una vena se le había marcado en la sien y sus dientes se volvieron afilados como los de un tiburón—. ¡Esta operación es muy delicada y lo último que queremos es llamar la atención de los demás! Y es por eso que no me explico cómo es posible que nos vayamos a reunir en este sitio tan concurrido y lleno de gente.

—Quizás —agregó un Raku quien finalmente se había atrevido a opinar—, es una especie de 'psicología inversa.' Ya saben, nadie sospecharía que un grupo de gangsters se reuniría en un lugar como éste; todos esperarían que fuese en un edificio viejo y aparentemente abandonado como en las películas… o algo por el estilo, creo.

—Puede que tengas razón —dijo Paula—, pero… no lo sé —señaló al azar uno de los tantos pisos habitados—, ¿cómo se supone que vamos a caber todos en un departamento de ese tamaño?

—Bueno, tampoco es que vayamos a ser tantos. —Tsugumi ladeó un poco la cabeza—. Tendremos suerte si somos en total una veintena o un poco más.

—¿Qué? —Volteó a mirarle un tanto histérica— ¿Cómo se supone que iremos a hacerle frente a toda una familia del crimen con tan pocos efectivos?

—Ya te dije mil veces que nuestra misión no es una confrontación directa… Como sea, llevamos un par de horas de retraso, de seguro el resto del equipo ya deben estar esperándonos adentro. En marcha.

Según las instrucciones, el departamento se encontraba en uno de los pisos más altos de uno de los edificios traseros del complejo, por lo que tuvieron que pasar, a través de un corredor, a una especie de patio donde habían estacionados un considerable número de coches compactos y motocicletas, propiedad seguramente de los inquilinos de aquellos recintos.

El lugar tenía una pinta un tanto deprimente: la pintura de los muros estaba desgastada y sucia, como si tuviesen un buen de tiempo sin repintar, y había uno que otro grafiti cerca de los portones de lámina medio oxidada, que se encontraban en fila, uno tras otro, en la parte baja de los edificios como una especie de cocheras. Estas, sin embargo, se mantenían todas cerradas y con los coches por fuera. De algunos pequeños balcones y ventanas de los pisos altos colgaban ropas que habían sido puestas a secar. Raku, que hasta la fecha no estaba nada acostumbrado a presenciar viviendas tan estrechas, miraba extrañadísimo todos esos detalles.

Entraron a uno de los edificios más altos y subieron por las escaleras hasta llegar al octavo de los nueve pisos que en total había. Tsugumi, Raku, Paula y Migisuke miraron la puerta y el número escrito sobre ella; ese era sin duda el lugar indicado. El joven del clan Shuuei tocó la puerta. No hubo respuesta. El grupo volteó a mirarse entre ellos y, luego de unos segundos, Ichijou volvió a tocar.

"¿El casero? Dígame, ¿cuántos días me quedan de alquiler?"

Todos voltearon a mirarse nuevamente, desconcertados por las palabras de aquella joven y masculina voz que tenía un rarísimo acento que no era para nada italiano ni japonés, ni siquiera norteamericano. Todos excepto Tsugumi, quien sí se esperaba aquella frase y pasó a responder:

—Siete días. Nos quedan sólo siete días de alquiler.

Hubo otro lapso de silencio.

"¿Quién es la cuarta persona que les acompaña?" Preguntó la misma voz. Migisuke pegó un respingo del susto y Raku se puso nervioso. Al parecer habían colocado una cámara en el exterior de la entrada y en estos momentos ellos estaban siendo observados.

—Viene con nosotros —respondió la joven sicario—. El señor Claude le envió de último momento. Él es un nuevo miembro que se unió a nuestra organización cuando aún estábamos establecidos en Japón.

"¿En serio? No se me había informado nada al respecto."

Migisuke se puso cada vez más nervioso y una infantil mueca de angustia se pintó en su rostro mientras raudales de sudor circulaban por toda su cara y cuello. Sabiéndose de alguna manera observado, trató de disimularlo pero sólo consiguió ponerse más tenso y verse aún más sospechoso. Paula, al notarlo, le pisó el pie provocándole un dolor punzante que el policía trató de soportar sin soltar un grito.

—Así es —musitó lentamente Migisuke, aún muy nervioso y con los brazos pegados a los costados—, yo soy un gánster, me gusta cometer crímenes y hacer fechorías, y abusar de los más débiles…

A Paula le irritó tanto la pésima actuación de ese lerdo policía que le volvió a pisar el pie, esta vez de manera insistente machacándole con el talón los dedos hasta hacerlos crujir. Migisuke de nuevo contuvo sus ganas de gritar y, en su lugar, exclamó con voz más alta:

—¡Sí, señor! Soy un miembro fiel del Beehive. Puede confiar en mí.

Hubo otro lapso de tiempo. Finalmente se escuchó como si un una especie de cerrojo o cualquier otro mecanismo similar de la puerta se moviese.

"Muy bien, pasen."

Raku y compañía suspiraron de alivio. Tsugumi giró la perilla de la puerta y corroboró que ésta se podía abrir. Entraron.

El departamento se veía un poco desordenado. Estaba casi en su totalidad oscuro. Había unas cuantas envolturas de comida chatarra tiradas en el piso y los muebles brillaban por su ausencia. Las persianas de la ventana estaban cerradas y no había nadie más en esa sala. Pero al fondo de ésta, se hallaba una puerta entreabierta de la que provenía ruido y algo de luz. El grupo se dirigió hacia allá.

Lo primero que vieron al entrar fue a un sujeto sentado en el piso frente a un monitor de cincuenta pulgadas. Estaba jugando un videojuego FPS, bastante quitado de la pena. Raku, Paula, Migisuke, pero sobre todo Tsugumi, quien se molestó bastante al verle perder el tiempo de esa forma, lo miraron extrañados.

—¿En dónde están los demás? —Interrogó la sicario—. ¿Y quién se supone que eres tú?

—Los mandé afuera a hacer una misión de reconocimiento de la ciudad o algo por el estilo —contestó tranquilamente sin desatender su partida del juego—, o al menos eso fue lo que les dije. La verdad es que me estaban comenzando a incomodar tenerlos aquí sin hacer nada. Es su culpa por haberse tardado tanto. Se suponía que debieron haber llegado hace dos horas.

Paula, al reconocer aquella estrafalaria, cínica y ligeramente irónica voz, se echó unos pasos hacia atrás y su cara comenzó a pintarse de un extraño color azul, como si la presión sanguínea se le hubiese bajado toda de golpe. Sólo Raku pudo percatarse de su exagerada reacción mientras que los otros dos seguían atentos al extraño personaje.

—Por cierto —aquel sujeto pausó su juego y se volteó a mirarles. En la oscuridad del lugar y con la fría luz del monitor de fondo, su rostro pálido se veía escalofriante—. Aunque se trate de un mero golpe de suerte, ¡no tienes idea de lo feliz que me puse cuando me informaron que tú también ibas a participar en esta misión junto a mí, oh, mi bella musa loli!

"¿Bella musa loli?" pensaron al mismo tiempo Raku, Tsugumi y Migisuke. Paula apenas oír esto comenzó a echar espuma por la boca y, con los ojos en blanco, gesticuló una horrenda mirada psicópata que asustaría inclusive al más temerario del mundo. Sin previo aviso se lanzó a pisotear la cabeza del extraño sujeto con todas sus fuerzas. Los demás miraron la escena horrorizados.

—¡TE HE DICHO UNA Y MIL VECES QUE NO ME LLAMES ASÍ! ¿Acaso quieres que te mate?

Al cabo de unos instantes Tsugumi y Migisuke reaccionaron y sujetaron a la iracunda Paula, apartándola de su pobre víctima. Ella permaneció pataleando al aire mientras que era cargada, vociferando toda clase de amenazas e insultos.

—Se… ¿se conocen? —Preguntó Raku, con una enorme gota de sudor en su nuca.

—Vaya falta de profesionalismo el tuyo, pequeña Paula. —El sujeto alzó la cara mientras aún yacía tirado en el piso. Ésta se encontraba toda ensangrentada y llena de moretones por los azotes de la albina; no obstante, sonreía tan alegremente, como si no le importase—. ¿Qué manera es esa de tratar a tu líder táctico en esta misión?

—¿Líder táctico? —exclamó Raku incrédulo.

—¡Vete al demonio, maldito pervertido, y déjame en paz! —gritó la albina que aún trataba de zafarse para atacarlo.

—Hieres mi corazón con toda esa rudeza —dijo mientras recogía sus anteojos cuadrados, de pasta gruesa y de tamaño mediano, que habían caído al piso tras el ataque sorpresa de Paula. Se los acomodó con cuidado y así todos pudieron contemplar por primera vez su apariencia normal.

Lucía como una persona sospechosamente joven, probablemente no más de veinte años, aunque quizás sólo se veía así por sus prendas casuales y su mirada demasiado relajada y distraída, como la de un púbero que se la pasa malgastando su vida en pasatiempos triviales. Sus expresiones y lenguaje corporal daban la impresión de que se trataba de una persona bastante excéntrica y ensimismada. La forma tan perniciosa en que observaba de reojo a la furiosa albina no resultaba muy agradable para el resto del grupo —mucho menos para ella.

—Paula, ¿de dónde conoces a ese tipo? —Preguntó Tsugumi—. ¿Sabes cuál es su nombre?

Su compañera no contestó. En vez de eso, se limitó a guardar silencio, cruzarse de brazos, voltear hacia otro lado y ruborizarse, como si le apenase sobremanera el decírselo.

—Mi nombre no es importante —respondió en su lugar aquel sujeto una vez que hubo terminado de ponerse de pie—, pero en el Beehive todos me conocen bajo el nombre clave de Oblivion.

—¡Ah! —Exclamó Tsugumi señalándole con el dedo—. ¿En verdad tú eres Oblivion?

—¿Lo conoces, Tsugumi? —preguntó Raku.

—He oído hablar de él. Es uno de los miembros del cuerpo de inteligencia del Beehive. Un hacker que se especializa en tácticas de infiltración, robo y manejo de información, y espionaje.

—En efecto —afirmó reacomodando sus anteojos con un dejo vanidoso—, ese soy yo. El señor Claude necesitaba que alguien se encargara de dirigir esta operación en su ausencia y de recabar toda la información necesaria para su ejecución, y yo con gusto me ofrecí de entre todos los capaces para esta tarea. Y respecto a su otra duda: White Fang y yo nos conocemos porque en el pasado hemos trabajado juntos en varias ocasiones. ¿No es así, mi bella musa loli?

—¡Ya te dije que no me llames así, viejo verde!

Tsugumi y Migisuke tuvieron que hacer uso de toda su fuerza para que Paula no se les escapara de las manos.

—Entonces, básicamente, tú eres quien nos va a dirigir, ¿no? —infirió Raku.

—Pues se podría decir. Pero no me cambien el tema de conversación, chicos listos. Antes contéstenme porqué se tardaron tanto si el vuelo en el que arribaron llegó hace más de dos horas.

—Todo fue por Paula —contestó el muchacho—. Ella dijo que se moría de hambre y que debíamos parar primero a un restaurante a comer.

—Oh, ya veo —se llevó la mano al mentón y sonrió—. Si es así, los perdono. Como sea. El resto del equipo llegará en unos momentos. —Sacó su celular y comenzó a marcar—. Una vez que estemos todos pasaré a dar una junta explicativa sobre nuestra misión. Entre tanto, ordenaré una pizza. ¿Alguien gusta?

—¡Idiota! —Esta vez fue Tsugumi quien se arrojó contra aquel extraño sujeto, al cual agarró del cuello de su playera y acercó su rostro hacia ella de forma amenazante—. ¡Se supone que debes estar investigando el paradero de la señorita! ¡Y en vez de eso llego y te encuentro aquí perdiendo el tiempo con juegos estúpidos! ¡Tómate más en serio tu trabajo, bueno para nada!

—Y lo estoy haciendo —replicó sin amedrentarse en lo más mínimo—. Aparte, no quiero escuchar eso de alguien que llegó tarde por ponerse a comer a mitad del camino.

Tsugumi gruñó, lo arrojó al piso y se dio la media vuelta cruzando los brazos. Raku y Migisuke miraron la escena aterrorizados. Aquel extraño joven sólo se rió divertido.

0/0/0/0/0/0/0/0/0/0/0

—Muy bien, ahora que ya todos están aquí —se dirigía el excéntrico joven de gafas, de modo firme y lúcido, al selecto grupo de sicarios que se habían reunido ante él en aquella modesta sala—, ya puedo pasar a darles algunos detalles sobre esta operación:
 »Como ya sabrán, se nos ha encomendado en secreto la importantísima misión de evitar a toda costa que se lleve a cabo la boda entre el Sottocapo de la familia Benedetti y nuestra señorita, la hija del señor Kirisaki, que se oficiará dentro de poco en esta ciudad a menos que nosotros lo evitemos. Además de averiguar cuáles son las verdaderas intenciones que hay detrás de todo esto y lo que ese hombre inicuo tiene en realidad planeado…

Todos los presentes lo escuchaban atentos. De entre ellos, los que más resaltaban eran Raku, Paula, Tsugumi y Migisuke, quienes comparecían enfrente de todo el grupo. Al primero se le veía preocupado pero decidido a hacer lo que fuese necesario; la segunda aún se le notaba un poco irritada, pensando en que tendría que soportar al pesado de Oblivion durante toda la misión; la tercera era la más seria y concentrada de ellos; y el cuarto, Migisuke, él estaba tan nervioso y arrepentido de haberse involucrado en esto que las rodillas le temblaban a la par que trataba fútilmente de aparentar sosiego.

"¡Pero en qué menudo lío me acabo de meter!" Pensaba. "Si el superintendente Tachibana se llega a enterar que estoy colaborando con delincuentes…" La imagen mental de su jefe torturándole con esa característica mirada asesina, que era capaz de intimidar hasta al delincuente más brabucón del mundo, le atormentaba. "¡En menudo problema que me ha metido usted, señorita Marika!"

—Antes que nada, permítanme recordarles algo —continuó Oblivion en su elocuente discurso—: Como todos ustedes ya sabrán, esta es una misión extraoficial. ¿Qué quiere decir esto? Que en caso de que lleguemos a ser descubiertos, en caso de que fracasemos, el Beehive desconocerá todas y cada una de nuestras acciones y se asumirá como si nosotros hubiésemos actuado por cuenta propia, en contra de la voluntad de nuestros altos cargos. ¿Saben por qué? —Señaló con el dedo al monitor que había colgado en el muro. En éste se mostraban algunos dibujos hechos en Paint por él. La diapositiva de turno era una caricatura versión Chibi de Chitoge abrazándose cariñosamente con una versión Chibi de lo que parecía ser Maximiliano Benedetti—. Porque en estos momentos, aunque nos duela aceptarlo, nuestra organización y la familia Benedetti han formado una asociación común, esto con el motivo de evitar cualquier tipo de disputa o conflicto entre ambos bandos que pudiese perjudicar tanto a la señorita Chitoge como a su prometido. Y es precisamente por esa razón que debemos evitar que la boda se lleve a cabo. Si el matrimonio se cancela —pasó a mostrar otra diapositiva donde ahora se veían a las mismas personificaciones en dibujo de Max y Chitoge dándose la espalda y a dos grupos de hombres armados mirándose de manera amenazante—, ya no habrá más razones para seguir con esta charada y la supuesta alianza se romperá. Ya no tendremos porqué seguir lamiéndoles el culo a esos italianos apestosos, ¡podremos ir tras ellos y hacerles pagar por su osadía!

Tan campantes palabras hicieron gritar de euforia y optimismo a los presentes. Incluso Raku, Tsugumi y Paula esbozaron una leve mueca de convicción y fe.

—Pero —agregó cuando los clamores pararon—, las cosas no son así de fáciles. Mientras que la señorita Kirisaki esté de acuerdo con esta alianza, y sea ella la que declare que es su deseo y su voluntad contraer nupcias con el Sottocapo de la familia Benedetti, hacer que la asociación entre las bandas se disuelva es prácticamente imposible —sentenció de tal forma que las sonrisas de los sicarios se borraron por completo y, a cambio, sus rostros languidecieron—. Aún no me he podido informar de todos los detalles, pero, por lo que me pude enterar, fue la mismísima señorita la que le suplicó a su padre que aceptara esta comunión entre las dos organizaciones.

Los gangsters comenzaron a murmurar entre ellos. Se preguntaban cuáles pudieron haber sido los motivos por los que la hija de su jefe solaparía y se estaría prestando a las maquinaciones de aquel miserable hombre. Los más molestos eran, en efecto, Raku y Tsugumi, quienes estaban por demás convencidos de que Chitoge estaba siendo forzada de un modo u otro.

—Y es por eso justamente que rescatar a la señorita no va a ser suficiente —advirtió el joven estratega, mientras caminaba impasible de un extremo a otro del muro y limpiaba sus anteojos con un paño—. Es verdad: en cuanto la señorita esté con ese bastardo, intentar romper la alianza podría ser peligroso, pues no sabemos lo que ese bastardo sería capaz de hacerle. A mi modo de ver, la señorita Kirisaki en estos momentos es un rehén, y por tal motivo nuestro líder no ha tenido más opción que aceptar las condiciones que él impuso. Si nuestro jefe intentase traicionarlo directamente, no duden en que ese infeliz podría tomar venganza a través de la vida de la señorita —dijo esto último de manera muy seria, que hasta en su rostro se vio reflejada la gravedad de la situación. Raku y Tsugumi fueron los que más se indignaron al escucharle—. Necesitamos apartarla de su lado para poder contraatacar sin temor a nada. No obstante, si simplemente vamos y la tomamos por la fuerza, mientras sea la misma señorita la que, por algún motivo u otro, se aferra a seguir con esta boda y perpetuar la alianza, el ir a por ella y rescatarla no va a ser suficiente. Si lo hacemos, nosotros quedaríamos a los ojos de todos como unos viles secuestradores, unos traidores que se oponen a esta unión que, se supone, tiene la bendición de ambas organizaciones. No sólo los Benedetti nos darían caza, sino también nuestros propios compañeros del Beehive irían tras nosotros, nos asesinarían; y la señorita Kirisaki simplemente volvería de nuevo a los brazos de ese infeliz y todo seguiría igual. Sea lo que sea lo que la esté obligando o persuadiendo a aceptar estar con él, en tanto ella lo consienta, las cosas no van a cambiar. Es por eso que, antes de poder traerla de vuelta, es necesario hacer que la señorita decida por su propia voluntad cancelar el compromiso, para que así nuestro jefe ya no tenga que seguir más con este estúpido teatro.
»Para serles sincero, desconozco cuáles puedan ser los motivos por los cuales la señorita aceptó casarse en primer lugar con ese hombre. Es por eso que no les puedo asegurar a ninguno de ustedes si en realidad la señorita está siendo obligada o no, o si seremos capaces de persuadirla de que cambie de opinión o no; ésta es la principal razón por la que no les puedo prometer el éxito de esta misión.
»¡Pero hay alguien que sí puede! —Señaló con ímpetu hacia donde se encontraba Raku Ichijou. Todos voltearon a mirarle, provocando que éste se pusiese un tanto nervioso—. El jovencito que están viendo aquí es ni más ni menos que el segundo maestro del clan Shueei y el legítimo novio de nuestra señorita hasta el día en que ese bastardo llegó y se la arrebató. Él es quien nos ha asegurado que esta supuesta boda no es más que una maquinación y que, de ninguna manera, nuestra señorita habría accedido a esto por su propio gusto. ¡Si hay alguien que puede persuadir a la señorita de que cancele el compromiso y nos confiese toda la verdad, es él!

Si bien Raku ya estaba más que acostumbrado a estar rodeado de ese tipo de gente, la manera en que habían empezado a mirarle le hizo sentir una presión tan enorme que se encogió de hombros y emitió una risilla nerviosa. Algunos de los gangsters, al notarlo, le dieron palabras de aliento y uno que otro espaldarazo para animarlo:

—¡Vamos, Romeo! No te desanimes.

—Haremos que la señorita regrese contigo. Ese hombre va a pagar por lo que te hizo.

—Ella está esperando por ti. Sé valiente.

Esto le pareció inaudito. Siendo ellos subordinados de Claude, en su vida se habría imaginado que le apoyarían tanto. 

Oblivion cambió a otra dispositiva. En ésta se veía ahora un dibujillo chibi de lo que parecía ser Raku Ichijou al lado de Chitoge, ambos sonriendo y con corazoncitos a su alrededor.

—Es por esto mismo que nuestra misión —dijo— se basará en hacer que este tórtolo se reúna con su enamorada, para que así sea él quien se encargue de convencerla de cancelar el compromiso. ¡Nada mejor que un amor verdadero para desenmascarar a un amor falso!

Tales palabras taladraron en la consciencia de Raku, provocándole un poco de malestar y sentimiento de culpa.

—Una vez que lo haya hecho —agregó Oblivion—, le ayudaremos a llevársela lejos de las garras de ese italiano apestoso. Ya con el compromiso roto y la señorita de vuelta, nuestra misión habrá sido un éxito; la comunión se deshará y nuestra organización por fin podrá hacerle pagar a esos malditos. Ya no habrá nada que nos impida tomar venganza.

Nuevamente los gangsters volvieron a gritar eufóricos y a saborearse la satisfacción de poder tomar represalias contra la familia Benedetti. Cuando se calmaron un poco, Oblivion continuó con su discurso:

—Pero bueno, seguramente muchos de ustedes deben estar pensando que las cosas no son igual de fáciles en la teoría que en la práctica. No estamos en posición de intentar algo demasiado audaz como una confrontación directa, mucho menos si tomamos en cuenta que para esta operación somos un reducido número de efectivos contra una familia del Cosa Nostra entera. Pero no se preocupen, que lo que nos falta en cantidad de efectivos, lo compensaremos con calidad. Dos de nuestros mejores agentes estarán con nosotros en esta misión. 'Black Tiger' y 'White Fang', este par de leyendas del bajo mundo que no necesitan presentación. —Los matones fijaron su mirada en aquel par de jovencitas a las que señalaba entusiasmado. Tsugumi casi ni se inmutó y Paula sonrío a secas con un dejo de vanidad—. Con ellas de nuestro lado, ¡es como si contáramos con la fuerza de mil hombres!
 »Pero bueno, basta ya de elogios y sinsentidos. Voy a pasarles a explicar nuestro plan:

El monitor cambió de diapositiva; mostró una en la que se apreciaba un grupo de personas armadas, que de seguro representaba al equipo, infiltrándose en una especie de edificio, que tenía a su vez muchos sujetos ubicados en diferentes lugares del complejo, y a Chitoge en el centro de todo.

—Nuestro plan consiste en infiltrarnos, uno o dos días antes de que se lleve a cabo la boda, al recinto donde quiera que se encuentre la señorita en ese momento, escoltando a Raku Ichijou para que pueda llegar hasta ella. Una vez que logremos que se reúnan, él se encargará de convencerla para que cancele la boda y venga con nosotros. Entonces les ayudaremos a escapar. Si lo hacemos todo correctamente, la misión habrá sido todo un éxito. Mientras más sigilosos, rápidos y precisos seamos, mejores serán los resultados, y las probabilidades de éxito aumentarán, así como también disminuirán las posibles pérdidas y costos. ¿Suena simple, no? Pues no lo es tanto, ya que para lograrlo va a ser necesario primero ubicar en dónde tienen a la señorita y fraguar una estrategia para infiltrarse a dicho lugar. Pero no se preocupen, que de eso me encargaré yo. Falta todavía una semana para la boda, así que mientras llega la fecha, retírense y esperen mis instrucciones.

Raku quedó algo perplejo. Luego de unos momentos, reaccionó y cuestionó a Oblivion:
—Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer hasta entonces?

—Te lo acabo de decir. Antes de poder hacer algo, es necesario que primero reúna toda la información necesaria y diseñe un plan en base a ella. Hasta entonces, deberán permanecer ocultos y esperar a que los llame.

—¡Pero Chitoge está en algún lugar de esta ciudad! ¿Cómo puedes pedirnos así nada más que nos quedemos de brazos cruzados?

—¡No me hagas tener que repetirlo! —Interrumpió con un aire de autoridad e intransigencia que no había mostrado hasta ese momento—. Hasta que no sepamos en dónde se encuentra la señorita no podemos hacer nada. Aún tenemos una semana completa antes de la boda, mozalbete, por lo que debemos aprovechar todo el tiempo que disponemos para desarrollar una buena estrategia. Y ese no es su trabajo, es mi trabajo. Así que abstente de hacer algo estúpido como buscar a la señorita por tu propia cuenta, que esta ciudad está hasta la coronilla de mafiosos. Si te llegan a descubrir, se darán cuenta de que estamos aquí y todo se echará a perder. ¡Sé paciente! A tu novia no le va a pasar nada. Confía en mí. Mi especialidad es justamente el robo de información. Menos de una semana es más de lo que necesito para localizar a la señorita y reunir la información que vamos a necesitar para infiltrarnos y rescatarla. Hasta entonces, goza de esta ciudad, date un paseo y mata el tiempo hasta que los preparativos para la operación estén listos y los convoque de nuevo.

Raku enmudeció. Sus tres acompañantes le miraron apenados. Se veía tan frustrado. Él, que se esperaba poder actuar de inmediato; ahora mismo le acababan de soltar la atroz noticia de que no podría hacer nada, y que debía permanecer esperando. ¡Chitoge se encontraba en algún lugar  de esta ciudad y él ni siquiera podía salir en su búsqueda!

Oblivion despidió al equipo y todos pasaron a retirarse. Todos excepto Raku y compañía, quienes permanecieron estáticos sin saber qué hacer.

—Sé que debes estar muy preocupado —se dirigió el hacker a Raku— pero no te desesperes. Te aseguro que ella está bien en estos momentos. La rescataremos. Te lo prometo.

—Supongo que tienes razón —murmulló con una mueca de resignación.

—Pues bien, eso es todo por el momento —dio un par de aplausos—. Pueden marcharse. Nos veremos de vuelta cuando todo esté listo para desarrollar nuestro plan.

—¿Marcharnos? —Interrogó Tsugumi confundida—. ¿A dónde?

—A dónde quiera que tengan planeado hospedarse.

—Espera… ¿no se supone que aquí nos íbamos a quedar durante la operación?

—¿De qué estás hablando? Este lugar es demasiado angosto para que todo el equipo se quede a dormir aquí. Además, sería bastante sospechoso que un grupo tan grande apareciese de la nada en un mismo departamento; llamaríamos demasiado la atención. Este lugar es simplemente nuestro punto de reunión, cada agente tiene la obligación de buscar por su cuenta un lugar para quedarse. ¿Acaso no leíste bien las instrucciones o qué?

Tsugumi se ruborizó. Raku, Paula y Migisuke le reprocharon su torpeza con la mirada y ella se encogió de hombros. Pidió disculpas con timidez. El grupo se empezó a preguntar sobre los posibles costos de algún lugar amueblado que pudiesen llegar a pagar con el poco dinero que llevaban entre los cuatro, y se pusieron a contar lo que llevaban entre todos, algo desesperanzados. Oblivion, al verlos así, sintió algo de pena junto con un remordimiento de consciencia, emitió un profundo suspiro y dijo:

—Ustedes no previeron esto, ¿no es así?

—No —dijo Raku, cabizbajo, con voz muy queda.

—Ni hablar —Oblivion hizo un mohín de resignación y se rascó la cabeza—. Saben algo, incluso este departamento tan pequeño es demasiado para una sola persona. Supongo que unos cuantos más que se queden no harán daño ni levantarán sospechas. Así que… si ustedes me ayudan con la limpieza del lugar, puedo dejar que se queden. Sólo tendrían que conseguir unas bolsas de dormir o qué sé yo para pasar la noche. Y si saben cocinar también me estarían ayudando mucho.

Todos se entusiasmaron y sonrieron con gratitud. Todos excepto Paula, a quien un fuerte escalofrío recorrió su espina dorsal, y puso una mueca que denotaba miedo y enfado a partes iguales. Raku le agradeció al hacker con una reverencia su hospitalidad, actitud que a éste le causó algo de gracia. Oblivion le dijo que en lugar de eso mejor se pusiera a limpiar las habitaciones de una buena vez. El joven asintió y se dispuso a hacer el aseo. Migisuke se acomidió a ayudarlo. Tsugumi observó con atención todo el lugar, buscando algo que pudiese hacer también, y al final se decidió por guardar el equipaje del grupo y buscar la mejor manera de disponer de los cuartos.

"¡Vaya suerte la mía!" Decía para sí mismo Oblivion, quien se frotaba las manos y se cargaba tremenda sonrisa de oreja a oreja. "No sólo voy a participar en esta misión junto a la linda Paula, sino que también se quedará a dormir conmigo. ¡Soy tan feliz!"

Se le veía tan contento, emocionado. Tal y como a un niño a punto de disponer de ese juguete que tanto había anhelado de regalo de navidad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pusiste "Paula y Migisuke tuvieron que hacer uso de toda su fuerza para que Paula no se les escapara de sus manos" paula agarra a paula xd

Animetrixx dijo...

cierto, mi betareader tambien me lo dijo pero se me pasó corregirlo acà xD