El Alquimista de Oz.
Género: K+
Sinopsis: Pequeña parodia/homenaje al famoso cuento "El maravilloso mago de Oz" de Lyman Frank Baum, con los personajes de Full Metal Alchemist.
Acerca del fic: Luego de siglos de no escribir un nuevo proyecto, he decidido echarme otra soga al cuello con este alocado fic ligero que se me ocurrió. Eso y además porque quería hacer mi propio homenaje a esta serie que considero una de las mejores de esta década y que está por finalizar pronto (lágrimas.)
Advertencias: Posible OoC por parte de algunos personajes que se ven obligados a interpretar un rol completamente distinto al que tienen en la serie, siendo, quizás, Winry la única 100 por ciento canónica al inicio.
Full Metal Alchemist, sus personajes, lugares y situaciones no son de mi propiedad, sino de una vaquita con lentes de lo más buena onda llamada Hiromu Arakawa. Este fanficton fue escrito con el único objetivo de entretener y divertirme un poco.
Introducción.
— ¡Idiota!
Gritó la rubia jovencita al teléfono, con una rabia para nada fingida. La noticia le había caído peor que un balde de agua fría, más aún por haber esperado una buena nueva por parte de su amigo y no esto. Ingenua.
"¡No me llames idiota!" contestaba tan fuerte el otro rubio que la abuela Pinako podía escucharle desde la cocina, pese a que supuestamente la voz reproducida por la bocina de un teléfono sólo debía ser oída por quien la tiene junto a su oreja.
— ¡Esto es inadmisible, Edward Elric! —Le reprendió Winry—. Ya van con ésta tres veces que te estropeas el automail ¡en un mes!
"¡Ya lo sé! No tienes que recordármelo!"
— ¿Hasta cuando…? ¿Hasta cuando dejarás de exponerte a esa clase de peligros? ¿Es que no valoras tu vida?
Hubo un asolador silencio. Luego, con voz más suave, Edward continuó:
"Lo lamento. Al y yo nos encontramos a salvo, sólo fue un pequeño incidente. De ninguna manera estuvimos realmente en peligro. Te contaré los detalles una vez que lleguemos a Rizembul. Te aviso porque necesito que vayas preparando mis refacciones en lo que Al y yo llegamos. Nos encontramos en medio de una importante investigación y no podemos perder mucho tiempo. ¿Podrás reparar cuanto antes mi brazo?"
— ¿Para qué? —la voz de Winry se había quebrado—. ¿Para que lo dañes de nuevo? —gritaba—. ¿Para que vayas de nuevo a exponer tu vida?
Colgó con todas su fuerzas y el teléfono estuvo a punto de romperse a causa de ello. Pinako frunció el ceño de angustia y se dirigió a donde su nieta para confirmar que ella se encontraba llorando silenciosamente, con los puños apretados de ira.
— ¿Cómo puede ser tan estúpido? —susurró la niña con un par de lágrimas escapando por sus blancas mejillas. Pinako trató de consolarse pero ella se dio a la fuga y se encerró en su cuarto.
Su imprudente amigo regresaría a más tardar en la mañana por la tarde y ella tendría que repararle por enésima vez su prótesis automatizada. No era normal que alguien se expusiese a tantos percances al punto de que su brazo automail se dañase tan seguido.
"Si esto sigue así…" sus miedos le torturaban mientras lloraba con el rostro hundido en su almohada. El sólo pensar que se estaba volviendo una cómplice de sus desventuras, que al arreglarle cuantas veces necesitara sus automails sólo estaba solapando que siguiese con sus adversidades, donde ponía en peligro constantemente su vida, la hacía sentirse sumamente aterrorizada. El miedo de perderle y ser ella la culpable le carcomía. ¿Cómo podía él no darse cuenta de lo mucho que ella se preocupa por él y dejar de ser tan imprudente? Y, lo peor del caso, a final de cuentas, sin importar cuanto le amenazase, lo único que terminaba haciendo era verle partir de nuevo con la esperanza de que volviese sano y salvo. En el fondo de su corazón comenzaba a cuestionarse si realmente tenía el porqué seguir soportando todo este martirio.
…
Mediodía. Los hermanos Elric, Edward y Alphonse, estaban por llegar a la residencia de las mecánicas Rockbell. Pinako salió a recibirlos en cuanto los vislumbró desde el balcón. Notó que el brazo automail de Edward se encontraba bastante dañado, al punto de que había perdido completamente la movilidad de su codo, por lo que lo llevaba atado con un vendaje a la altura del lumbar cual brazo fracturado en rehabilitación.
— ¿Y winry? —preguntó el acorazado Alphonse. Ya había pasado demasiado tiempo y ella seguía sin hacer acto de presencia.
—En su habitación. —La abuela Pinako bajó sin darse cuenta la mirada.
—Espero que hayan podido preparar mis refacciones —dijo Ed—, Al y yo no podremos quedarnos mucho tiempo.
Justo cuando se disponían a entrar a la casa, salió una enérgica Winry de la misma a recibirlos.
— ¡Edward!
— ¡No, Winry! ¡Yo…! —Ed temía por la reacción de su amiga. Su expresión completamente enfadada le vaticinaba un violento impacto en la cara con una llave inglesa. Se cubrió el rostro esperando el golpe del susodicho objeto. Pasaron unos instantes para que Ed se diera cuenta que Winry no le había lanzado ni le lanzaría nada. Ella, esta vez, sólo se mantuvo a distancia, mirándole con desdén.
—Edward Elric, si tanto te gusta romper tus automails, vete a conseguir otro mecánico, que yo ya no pienso seguir reparando los miembros de un idiota que sólo quiere que se los repare para irse a rompérselos de nuevo.
— ¿Qué? —tartamudeó Edward, casi al mismo tiempo que Al.
Todos quedaron estupefactos. Incluso llegaron a creer que esto debía de tratarse de una broma; "Winry no es así" era el pensamiento genérico entre todos.
—Winry… espera… —Ed trató de acercarse a ella, quien caminaba hacia la puerta dándole la espalda. Justo cuando la alcanzó y tomó su mano, ella se volteó. Ed entonces notó una pequeña lágrima que quería derramarse de sus hinchados ojos, pero antes de que pudiera gesticular algo, la mecánica de automails le propinó una potente bofetada que resonó abruptamente. Pinako y Alphonse se quedaron boquiabiertos.
—Déjame sola— le ordenó e inmediatamente se metió a la casa y cerró con llave la puerta, evitando así que el alquimista estatal pudiese seguirla.
— ¡Winry! —gritaba una y otra vez mientras golpeaba la puerta con su brazo izquierdo. Si tan solo funcionase su otro brazo, juntaría sus manos y usaría la alquimia para abrirse paso—. Al, abre la puerta con alquimia, ¡rápido!
—No.
—Pero ¿por qué…?
—Ella se encerró porque no quiere que te acerques, si aún así lo haces por la fuerza, no ganarás nada y ella se enfadará contigo… y se sentirá aún peor.
— ¿Pero qué mosco le picó ahora? —gruñó Edward, enfadado y confundido. Pinako y Alphonse bajaron la mirada—. Esa Winry, se porta como si no le pagase bien o le pidiera imposibles. Si no tiene tiempo para reparar mi automail de inmediato simplemente puede decírmelo y…
— ¡Guarda silencio, mocoso! —la voz colérica de Pinako le intimidó—. Ella no está enojada contigo por eso.
Ambos hermanos se miraron el uno al otro, no sabían a ciencia cierta de que hablaba la abuela. Pinako suspiró. "Después de todo aún son unos niños" se dijo en sus adentros.
Mientras tanto, Winry yacía acostada en su alcoba, sollozando de rabia. Su perro, Den, al escucharla, aprovechó que la puerta de la habitación se había quedado entreabierta para entrar y acercarse a la rubia jovencita.
"Estúpido… estúpido… dices que quieres recuperar tu cuerpo y el de tu hermano, y lo único que sabes hacer es arriesgar sus vidas. ¿Cómo piensas cumplir tu promesa así? ¿Cómo…?"
Winry sintió su mano siendo lamida tiernamente por Den, despegó el rostro de la almohada, lo miró con tristeza, lo levantó hacia ella y lo abrazó.
"Es un verdadero idiota, Den. Como quisiera que fuese más prudente y no se jugara la vida creyendo que siempre habrá de ganar. Si Edward no fuese tan intrépido… Tal vez no lo sería si nada hubiese pasado desde un principio. ¡Como me gustaría que fuese distinto a como es!"
Y de pronto, el ensordecedor ruido de una ráfaga de aire comenzó a silbar. Los cristales de la ventana se rompieron en añicos y el furioso vendaval se impactó violentamente con el cuerpo de la rubia, despeinando su melena. Ella gritó del miedo y agarró con más fuerza a Den.
"¡Winry!" se escuchó muy apenas, casi ahogado por el silbido de la violenta ventisca que azotaba los alrededores, la voz histérica de Edward.
La joven mecánica reunió todas sus fuerzas y, sin soltar a Den, se acercó donde la ventana. Miró, llena de horror, que la casa se encontraba atrapada en medio de una especie de tornado gigantesco, y que ésta poco a poco estaba siendo elevada del suelo por la fuerza del tornado, encontrándose ya a una considerable altura de no menos de quince metros.
— ¡Ed…! —gritó difusamente. Los violentos vientos huracanados que entraban por el balcón la arrojaron hacia adentro, estrellándola con la pared de su habitación, y provocando con ello que sufriera un profundo desmayo.
CONTINUARÁ…
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