FANFICTION: En mi mundo. (Nisekoi) capítulo 2


Capítulo II



A la mañana siguiente Chitoge envió un mensaje de texto al celular de Raku, dónde le preguntaba si en esa tarde la podría acompañar a comprar ropa al centro comercial. Raku le contestó que, dado que ellos ya habían tenido una cita ayer, él ya había hecho planes de quedarse en casa a ayudar a los suyos con unas reparaciones y limpieza general de la mansión. Pero Chitoge le insistió alegándole que si acababa temprano ellos podrían ir de compras por la tarde y que no les llevaría más de un par de horas.

"Si quieres lo podemos hacer otro día con más calma" le escribió Raku en respuesta desde la aplicación de su teléfono móvil.

"Por favor, no seas así, frijolito de soya. Unas amigas me dijeron que acababa de llegar una tanda de vestidos preciosos. ¿Qué tal si después ya no encuentro algo?"

"Si tanta prisa tienes deberías ir con Tsugumi o alguna de tus amigas."

"Pero yo quería ir contigo."

Raku no estuvo seguro de cómo interpretar aquello. Cada vez quedaba más y más atónito del comportamiento de la rubia.

"¿Por qué? No entiendo."

Pasaron al menos un par de minutos antes de que llegara la respuesta:

"¡Porque eres mi novio, estúpido! Por una vez en la vida actúa como uno y llévame de compras."

Nuevamente, el morocho se quedó sin saber qué pensar. Aunque semejante oración, dado por el contexto y la inusual situación que vivían, bien podría estar haciendo alusión a su obligación de aparentar ser novios frente los demás. Pero incluso si era algo como eso, seguía sin tener mucho sentido pues toda la semana se la habían pasado juntos tras las clases: El lunes fueron a comer ramen y vieron una película; luego el martes merendaron hamburguesas en un restaurante familiar y de ahí se pasaron al Karaoke; el miércoles pararon en una fuente de sodas y jugaron como locos en unas máquinas recreativas; el jueves estuvieron en el boliche; el viernes visitaron un acuario; el sábado desde temprano se pasaron casi todo el día en un parque de atracciones. Y ahora, como si todo ese ajetreo no hubiese bastado, Chitoge estaba ahí otra vez, pidiéndole que la acompañe a comprar ropa.

"¡Pero si de algo he estado haciendo todo este tiempo es justamente de eso! Por favor, dame un respiro. Sabes bien que no necesitamos salir tan seguido para que no sospechen. Ya bastante pesado es que tengamos que hacerlo una buena parte de nuestro tiempo cuando estamos la escuela. ¿No te parece suficiente?"

Chitoge tardó de más en contestar:

"Entonces es por eso, ¿cierto?"

"¿Qué quieres decir con ‘eso’?"

"¿Tanto te desagrada la idea de tener que pasar tiempo conmigo? Llevar este compromiso del noviazgo aparentado, siempre ha sido una carga demasiado grande para ti, ¿verdad?"

Hasta aquí llegó la paciencia del joven. Sin más preámbulos, Raku llamó directamente al celular de Chitoge.

—¿Se puede saber de una jodida vez qué pasa contigo? ¿A qué viene esa actitud tan extraña? Por más que lo intento no logro entenderte. ¿Qué demonios es lo que quieres? ¡Contesta!

Unos incómodos instantes de total y frío silencio transcurrieron antes de escuchar la contestación de la jovencilla:

—Raku… —enunció con una timidez bastante remarcada—. ¿Recuerdas que te dije que había algo que tenía que hablar contigo?

—¿Eh…? S-sí… —el propio Raku, al notar la mansedumbre con la que la casi siempre agresiva para estos casos Chitoge le había contestado, bajó de forma considerable su voz del comienzo—. Eso me habías dicho.

—Creo que ha llegado el momento de decírtelo.

—¿En serio?

—Sí. —Hubo otro lapso de mutismo—. Pero no es algo que pueda hablarlo por teléfono. Necesito decírtelo de frente.

—¿Pero por qué…?

—Te digo que esto es algo que debo decirte de frente, tonto.

Raku llevó la mirada hacia el techo y soltó, resignado, un profundo suspiro.

—De acuerdo. Tú ganas.

—Ven a mi casa antes de las ocho. Te estaré esperando en las afueras de la entrada.

—Bien.

Chitoge colgó. Raku se quedó dubitativo. Por un lado no le agradaba nada el haber accedido a un capricho más de aquella voluble mujer, pero por el otro lado estaba más que interesado en saber de una vez por todas qué era lo que había pasado hace una semana, junto a la razón de su conducta tan errática de los últimos días. Atendió todos sus deberes y, cuando cayó la tarde, se preparó para salir.

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—¡Señorita! —Gritó la siempre leal Seishirou Tsugumi luego de confirmar que aquella silueta que había divisado en las afueras de la residencia se trataba de su señora.

Chitoge volteó. Tsugumi, quien hasta hace poco se asomaba por una de las ventanas del tercer piso de la mansión, acababa de saltar y corría a toda velocidad por los jardines del patio. Con agilidad felina brincó la barda que marcaba los límites de la enorme propiedad. Ya estando junto a su señora, la miró de reojo y apreció que en ella se recalcaba una mezcla de impaciencia, temor, nerviosismo e incertidumbre. Chitoge le dedicó una sonrisa nerviosa a su amiga.

—Señorita, ¿qué está haciendo afuera? Ya anocheció. Debería entrar.

—No te preocupes, Tsugumi, estoy bien. Entraré más tarde. Pero no le digas a nadie que estoy aquí. ¿Sí?

La joven sicario se cuestionó qué razones podría tener Chitoge para querer estar a solas en aquel sitio y a esas horas. Aunque, tras meditarlo un poco…

—¿Acaso está esperando a alguien?

—¿Q-qué…? —Chitoge era muy fácil de leer, su reacción alterada y el color que se le había subido al rostro la delataban en toda regla—. ¡No, de ninguna manera! ¡Cómo crees! Lo que pasa es que yo… yo sólo quería tomar un poco de aire fresco, pero… desde afuera de la casa, para evitar que los chicos me molestaran —dijo "casa" tartamudeando y, además, remató su excusa con una risilla artificiosa que sólo ponía aún más en evidencia su nerviosismo.

—Señorita, ¿no me diga que usted…?

—¡Hey, Chitoge, Tsugumi!

Ambas reconocieron al instante aquella voz. Se giraron y divisaron a Raku a mitad de la calle acercándose.

"¡Oh, no, Raku ya está aquí!" Chitoge sintió como si el corazón se le fuese a salir del pecho. De sólo pensar que Tsugumi se podría enterar de lo que estaba a punto de hacer, le entraban unas ganas de ser devorada por la tierra.

—Tsugumi —le susurró deprisa—, perdóname por haberte mentido, pero la verdad es que quería hablar con Raku de algo importante. MUY importante. Tan importante que tengo que hablarlo a solas con él. Así que por favor, Tsugumi, déjanos a solas.

—Pero señorita…

—¡Te lo suplico, Tsugumi! Y otra cosa más: por nada del mundo le cuentes a nadie de esto. Ni permitas que nadie en la casa se entere que estamos afuera. Ya bastante avergonzada estoy de lo que estoy a punto de hacer que… Quizás más adelante te diga lo que está pasando pero por ahora déjame seguir con esto sola. ¡Por favor! —Rogó a su confidente juntando las palmas de sus manos a la altura del rostro.

Tsugumi por unos momentos pensó en cuestionar los motivos de su señora, pero a final de cuentas se trataba de una orden suya, por lo que debía obedecerla.

—De acuerdo, señorita. Le deseo suerte.

—Hey, Tsugumi —le saludó Raku, quien acababa de acercarse a donde ellas—. No sabía que tú también ibas a…

—Buenas noches, Raku Ichijou. Yo sólo estaba acompañando a la señorita mientras te esperaba. Con tu permiso. Señorita —se giró hacia Chitoge y le hizo una reverencia—, le deseo suerte, y cuídese.

Tsugumi se retiró a paso seguro de vuelta a la mansión. Chitoge se quedó petrificada, tan muerta de la pena que ni siquiera podía mirar a Raku a los ojos. El sólo pensar que su confidente estuvo a una nada de enterarse, volvía mil veces aún más difícil su empresa. Ahora, ya con  Raku frente a ella, hasta el respirar le resultaba dificultoso. Pero ya no había marcha atrás: por fin estaban los dos solos y en un lugar dónde nadie vendría a molestarlos. Y en el fondo de su corazón sabía que si desaprovechaba semejante oportunidad de oro, el volver a reunir el valor necesario para intentarlo de nuevo le llevaría muchísimo tiempo. Y 'tiempo' era algo que ya no le quedaba tanto, pues desde hace dos años que lo había venido desperdiciando a causa de su indecisión.

—Chitoge… ¿Te encuentras bien? —Preguntó Raku un poco preocupado al ver que ella no se movía ni un milímetro—. Tu cara está roja.

—¿Eh? —La jovencita se volteó hacia otro lado—. No te apures, estoy bien.

—Bueno, aquí estoy. ¿Ibas a decirme qué fue lo que te pasó hace una semana?

Chitoge tragó saliva. Respiró profundo y se armó con toda la voluntad que pudo.

—Sí, Raku —se giró de nuevo hacia él—. Vamos a hablar.

Raku, al ver aquella expresión tan sincera que irradiaba dulzura, se ruborizó. Aunque él ya estaba por demás acostumbrado a este tipo de situaciones sugestivas junto a Chitoge —y a las otras chicas—, reconoció que al menos aquella escena en particular lo era demasiado si se comparaba a las anteriores. El rostro de Chitoge, iluminado por la escasa luz de las lámparas de la tranquila calle, lucía angelical, tanto que ni siquiera Raku pudo evitar ponerse casi igual de nervioso.

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"La señorita y Raku Ichijou…" meditaba Tsugumi con un poco de desasosiego, rumbo a su habitación. "Me pregunto de qué tratará su conversación. Ellos ya llevan más de un año saliendo, ¿por qué iba a querer la señorita que nadie en la mansión se entere que su enamorado la vino a visitar, si eso es algo de lo más normal para una pareja como ellos? No será… ¿no será que la señorita no quiere que nadie se entere de lo que van a hablar? ¿Pero qué podría ser tan íntimo como para desear hasta esos extremos que nadie más lo sepa? Un momento… ¿No fue hace tan solo una semana cuando la señorita canceló su cita con Raku Ichijou y se encerró todo el día en su habitación? Ese día ella no quiso que nadie la molestara... ¿Qué pudo haberla puesto de ese humor tan repentinamente? ¿Será que la señorita se enteró de algo muy desagradable? Incluso a la mañana siguiente la señorita continuó muy decaída durante todo el colegio. Y después de eso, toda la semana la señorita ha estado muy cercana a Raku Ichijou, más de lo normal, y salió con él todos los días, y fue mucho más afectuosa con él que de costumbre. Ahora la señorita me acaba de decir que tenía que hablar a solas con Raku Ichijou de algo muy importante y dijo que nadie más debía enterarse bajo ninguna…"

A veces la imaginación de Tsugumi era muy fructífera y maliciosa. Esta ocasión no fue la excepción. La imagen mental de una Chitoge con el vientre ligeramente abultado diciéndole a Raku que debía tomar la responsabilidad de sus acciones, cruzó su cabeza. Y, ante el enorme shock que le provocó el sólo imaginárselo, su piel se erizó y se tornó pálida como el papel.

"No… no será posible que la señorita esté esperando un… un… de Raku Ichijou y… y… la semana pasada fue cuándo ella se enteró de esto y… y… y… ahora ella va a confesárselo a Raku Ichijou y… no quiere que su padre ni nadie más que se lo pueda decir se entere porque aún no sabe cómo va lidiar con esto y… y…"

—Seishirou, ¿has visto a la señorita? —Su tutor y mentor, Claude, no podría haberla abordado en momento menos oportuno.

—¡NOOO! ¡No la he visto y no tengo idea de lo qué esté haciendo! —Gritó a todo pulmón y se echó a correr a una velocidad inhumana, dejando a su paso una estela de polvo que hizo toser a todos los que tuvieron la desdicha de cruzarse con ella.

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—¿Y recuerdas también cuando el mal entendido del hotel en navidad? Esa vez sí que me hiciste pasar vergüenza en frente de todos —le dijo a Raku con una espontaneidad pura, propia de quien platica una trivial anécdota con la mera intención de hacer reír.

—Sí, la reacción de nuestros amigos fue muy divertida.

"¿Pero qué estoy haciendo?" Chitoge por dentro quería estrellarse la cabeza contra el muro. "¡Se suponía que le iba a confesar mis sentimientos y a decirle lo de mi Papá, que me quiere mandar de regreso a América, pero que yo quiero quedarme junto a él como su novia de verdad! Pero en lugar de eso sólo estoy divagando. ¡Concéntrate! Primero debo decidir qué le voy a decir primero. ¿Me declaro? ¿O primero le cuento lo que me dijo Papá? O me declaro y después, si me acepta, le digo que me voy a tener que ir lejos a menos que nos volvamos novios de verdad… o le cuento primero lo del lapso de tiempo y que quiero seguir viviendo aquí terminado el plazo de los tres años, y entonces le digo que me gusta y quiero ser su novia de verdad… ¿Qué hago? ¿QUÉ HAGO?"

—Oye, Chitoge.

—¿S-sí?

—Me dijiste por cel que me ibas a decir lo que te pasó el domingo pasado, o al menos eso entendí.

—¡Ah claro! —A Chitoge se le cerró la garganta por uno segundos—. El domingo… yo… ¿Escuchaste eso?

—¿Escuchar qué?

—Un arbusto —volteó hacia todos lados—, se escuchó como un arbusto moviéndose.

—Yo no escuché nada. Debe ser tu imaginación…

Pero no era así. A unos cuantos metros de ellos había un frondoso árbol. Dentro de sus ramas se acababa de esconder el responsable del ruido que Chitoge había percibido. Para fortuna de aquel sujeto, no fue descubierto.

"¡Soy una total y completa basura!" se lamentaba a si misma el supuesto espía que no era otro que Tsugumi. "La señorita me acaba de ordenar que la dejara hablar a solas con Raku Ichijou y ahora, sin saber cómo, corrí hasta aquí y me oculté. ¡Deberían hervirme en aceite por mi desobediencia! Ahora, aunque quisiera, ya no me puedo bajar o sería descubierta."

—Raku, el domingo pasado yo…

Tsugumi, en cuanto escuchó la voz de Chitoge, el corazón le retumbó en el pecho como un tambor. Agudizó su oído tanto como pudo.

"Si la señorita está… de Raku Ichijou… Si la señorita y Raku Ichijou están… esperando…" Su rostro transpiraba cantidades exorbitantes de sudor y sus ojos adoptaron la forma de espirales. Se mordía los labios para no gritar. El terrible shock de pánico en el que había entrado sería imposible de narrar.

—El domingo pasado me enteré de algo que me tomó por sorpresa. La razón por la que cancelé nuestra cita de ese día fue porque aquello me dejó en shock. Al día siguiente, cuando me preguntaste si había algo en que me pudieras ayudar, te mentí y te dije que esto no te concernía. Pero no es verdad. Raku, la verdad es que este asunto nos concierne a los dos…

"¿A los d-d-d-dos? ¿Que es asunto de los dos? Entonces es verdad que la señorita está…" Tsugumi respiraba agitadamente, con cada palabra sus sospechas crecían más y más, sobre todo por lo terriblemente incómoda y apenada que se veía Chitoge al decirlas.

—Pero tenía mucho miedo de decírtelo en ese momento, porque pensé que quizás no te lo ibas a tomar a bien. Incluso ahora mismo me sigo temiendo que no vayas a querer aceptar…

"¿Qué no lo aceptará?" Tsugumi volteó a mirar furiosa y con un aura asesina a Raku. "Señorita, no diga disparates. Si ese mal nacido de Raku Ichijou osara no hacerse responsable de lo que le hizo, ¡yo sería la primera en llenar de plomo cada gramo de la carne de su cuerpo! No tema y dígaselo. Haga que ese miserable se responsabilice de sus imprudencias y responda ante usted."

—¡Basta! —Chitoge estalló, alzando los brazos y la cara hacia el cielo, ante los ojos estupefactos y confusos de Raku y de Tsugumi desde su escondite—. ¿Por qué no puedo simplemente decírtelo y ya? ¿Por qué tengo que dar tantos estúpidos rodeos por algo tan simple? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

—Chi-toge… —musitó un Raku encogido de hombros—. Está bien, no tienes por qué decirme nada si aún no te sientes lista…

—¡Cállate! —Le gritó la rubia con ese carácter tan propio de ella y que Raku equiparaba al de un gorila enfurecido. Éste se amedrentó.

—Escúchame bien, Raku —sentenció la joven Chitoge, señalando a su interlocutor de forma desafiante—. Sólo lo voy a decir una vez, así que más te vale que prestes atención… Yo… Yo… ¡YO…! ¡Yo estoy…! ¡YO ESTOY…!

A Chitoge le temblaba el brazo. Raku sentía mariposas en su estómago y la cara le había comenzado a arder. A Tsugumi le faltaba el aliento; quería salir huyendo de ahí para no tener que escucharlo, mas no podía, estaba atrapada. Justo en el momento en que Chitoge estuvo a una nada de completar su oración, la una fría luz chocó con su rostro, encandilándola.

—Pero qué… —Se tapó los ojos con la mano—. ¿Un auto? 

Una limusina blanca se estaba estacionando a unos cuantos metros de la pareja. Raku volteó a verla.

—Chitoge —Señaló hacia el vehículo—. Esa limusina, ¿es de los tuyos?

—No lo sé. Se me hace un poco raro que se esté estacionando afuera en vez de entrar.

El chofer salió del vehículo y le abrió la puerta a su único pasajero, quien iba en la cabina trasera. Tsugumi tuvo un mal presentimiento y de inmediato preparó su revolver. Los dos sujetos se acercaron a paso moderado donde Chitoge y Raku.

—<Pero miren a quién tenemos aquí> —dijo una masculina voz en el idioma inglés—. <Chitoge, es un placer volver a verte.>

Raku, quien aún no podía entender dicho idioma con total soltura, se quedó en blanco. Chitoge, al ver que aquel enigmático joven, quien iba elegantemente ataviado de traje color azul rey y corbata gris, se acababa de dirigir a ella y sabía su nombre, intentó recordar de dónde le había conocido. Su rostro se le hacía familiar mas no lograba ubicar de quién se trataba. La misma Tsugumi, desde su escondite, sospechaba cada vez más del invasor.

—<Disculpa> —le contestó la rubia, también en idioma inglés puesto que aquel hombre joven no sólo tenía toda la pinta de ser un extranjero sino que además él la acababa de saludar en ese idioma—. <¿Me puede decir de dónde le conozco?>

—<Supuse que el que me reconocieras a simple vista sería mucho pedirle a la vida. Chitoge, soy yo, Max. ¿Te suena ese nombre?>

—¿Max?

Raku tan sólo observaba sin saber qué más hacer. Chitoge pensó en aquel nombre durante unos segundos, hasta que por fin pudo recordar su origen. Miró atentamente su rostro: ese cabello lacio de un color parecido al caramelo, sus enormes ojos castaños, un mentón prominente y delineado, su nariz aguileña y cejas pobladas. Tras fijarse con atención en ese gallardo rostro Chitoge finalmente pudo recordar que hacía unos años ella había conocido a un jovencito así.

—¡Ah! —Señaló al joven con asombro—. <Ya te recuerdo. ¡Eres Max!>

El joven extranjero sonrió con sutil modestia y asintió.

—<Ya han pasado cinco años. En aquellos tiempos aún éramos unos niños. Hemos cambiado mucho desde entonces. Tú también te ves distinta a cómo te recuerdo. Ahora ya eres toda una dama.>

—<Sí, bueno…> —Chitoge se ruborizó—, <es que en verdad tú sí que te ves diferente a cómo te recordaba. ¿Pero qué estás haciendo aquí?>

—<Vine a saludar a tu padre. ¡Pero cual fue mi sorpresa de toparme primero contigo!>

—<¿A mi padre?>

—<Sí. Por cierto, ¿qué haces afuera de tu casa a esta hora? Creía que aquí en Japón se tenía la costumbre de entrar temprano…>

Continuaron hablando de cosas frívolas, entre bromas ocurrentes y risillas, tal y como lo harían un par de viejos amigos que llevaban ya un buen de tiempo sin verse. Raku, quien era incapaz de entender lo que hablaban aquellos dos, se sintió un poco exiliado. "Un momento, ese rostro se me hace familiar…" Pensó.

Tsugumi, mientras tanto, observaba con atención a los dos sujetos desde su escondite. Tras fijarse bien se dio cuenta que el silencioso acompañante del castaño era en realidad una mujer joven, quien por ir vestida de traje sastre negro y llevar recogido el cabello en una boina militar negra, su género era difícil de discernir a la distancia. Tuvo la sensación de que aquella reservada mujer joven se había volteado por un instante a mirar en dirección de la copa del árbol donde ella yacía oculta, pero no pasó nada, por lo que lo descartó.

"¡Ya recuerdo!" exclamó Raku en sus adentros. "Ese sujeto es el mismo que se quedó observándonos a Chitoge y a mí mientras pasaba en su limusina. Entonces no fue ninguna casualidad. Él debió reconocer a Chitoge en ese momento…"

—Disculpa —Raku por fin se decidió a romper el silencio—, ¿se puede saber quién eres y de dónde conoces a Chitoge?

Max le observó de reojo, con una mirada algo escalofriante.

—<Chitoge, aún no domino el japonés lo suficiente. ¿Podrías hacernos el favor de traducirnos?>

—<¿ah? Sí. Con gusto.> —La joven pasó a traducirle.

—<¡Oh! Disculpa —dijo el extranjero—, me había olvidado presentarme. Mi nombre es Maximiliano Benedetti, y conocí a Chitoge hace años gracias a que su padre y mi abuelo son conocidos. ¿Puedo saber con quién tengo el gusto?>

¡Maximiliano Benedetti!

Tsugumi, al escuchar ese nombre, sintió como si una fuerte descarga eléctrica recorriera cada uno de los nervios de su columna. "Benedetti… ¿será casualidad? ¡No puede ser! ¡Es imposible! Pero… ¡Él acaba de decir que su abuelo conoce al padre de la señorita…! ¡Entonces tiene que ser de esa misma familia!"

—Yo soy Raku Ichijou —contestó el japonés una vez Chitoge terminó de traducirle.

—<Ichijou… ¿Acaso no serás familiar de la casa que encabeza al Shuuei-gumi?> —Preguntó si esperarse a la traducción de Chitoge que no necesitaba.

Raku, quien tampoco requirió que le tradujeran aquella línea, asintió y agregó—: Sí, mi padre es el jefe.

Chitoge le tradujo. Max puso una leve expresión de asombro.

—<Vaya, vaya. ¡Pero quién diría que tendría la oportunidad de conocer al siguiente maestro de ese clan! Es un placer conocerte, Raku Ichijou.> —Le extendió su mano, ambos la estrecharon.

Raku se preguntó como era posible que aquel extranjero, que ni siquiera podía hablar e interpretar japonés por si solo, conociera tanto de su familia. Pero en ese momento aquella era la menor de sus preocupaciones. Había algo en la forma en que aquel día él se le había quedado viendo a Chitoge, que le hacía desconfiar. Más aún por el hecho de que ahora se estaba presentando ante ella omitiendo ese detalle, actuando como si esta hubiese sido la primera vez que la encontraba desde que llegó a Japón.

—En fin —continuó Max tras unos instantes de silencio incómodo—. Por lo visto ustedes estaban a mitad de una conversación y les interrumpí. Con su permiso, iré a saludar a Adelt. Los veré adentro.

Antes de darse la vuelta, su asistente le dio un toque en el hombro.

—¿Qué ocurre, Karen?

La joven acercó su rostro y le habló directamente al oído.

—Oh, ya veo. Chitoge.

—¿Sí?

—Dile a tu guardaespaldas que debe aprender a ser más discreta y diplomática. Eso de esconderse en un árbol y apuntar con un arma creyendo que nadie la ve es de muy, pero muy mal gusto.

—¿Cómo?

Tsugumi se espantó. Chitoge volteó hacia el árbol que más cerca se encontraba y, tras observarlo con atención, corroboró que ella yacía ahí oculta.

—¡TSUGUMI! —gritó Chitoge molesta.

Mientras Max y su escolta se retiraban, la joven sicario bajó del árbol.

—Señorita, perdóneme —dijo Tsugumi muy apenada—. No era mi intensión desobedecerla…

—¿Qué no era tu intención? —Chitoge sonaba cada vez más enfurecida—. ¡Te dije claramente que nos dejaras a solas! ¡Y te escondiste para escuchar lo que conversábamos!

—¡No! No lo vea de esa manera, señorita… yo solo… —En un acto de total arrepentimiento, Tsugumi se postró con la cara en el suelo ante Chitoge—. Lo lamento, señorita. No era mi intención faltar a su confianza.

Pero la rubia, sin ninguna pena ni asco, le dio la espalda y pasó a retirarse.

—Chitoge —Raku trató de seguirla. Quería abogar por Tsugumi—, ¿a dónde…?

—Me voy para adentro. Nuestra conversación se terminó. Te veré mañana en la escuela, querido —contestó; el enfado se le notaba bastante en la forma tan tajante de hablar—. Tsugumi, no me sigas. Quédate un rato más afuera y reflexiona en tus acciones.

Tsugumi alzó la cara y miró a Chitoge caminando de vuelta la mansión. En ese momento la joven sicario sintió que estallaría en llanto. Raku se acercó a ella.

—Tsugumi, no te preocupes —dijo en lo que se inclinaba a su costado y posaba su mano en la espalda de ella—. Sé que Chitoge sólo está molesta. Cuando se le pase volverá a ser la misma de siempre, ya lo verás.

Comenzó a llover.

—No necesito tu compasión, Raku Ichijou —dijo la sicario, taciturna—. He traicionado la confianza de la señorita. Ahora deberé pagar un alto precio si lo que quiero es recuperarla algún día y lograr que me perdone.

—Estás exagerando. Estoy seguro que mañana en la escuela ni lo mencionará. Y aún si ella siguiera molesta, entonces te prometo que yo...

—Raku Ichijou —Tsugumi se incorporó.

—¿Qué pasa?

—Ahora mismo yo no soy importante.

—¿Eh? ¿A qué te refieres?

—Protege a la señorita. Ya deberías haberte dado cuenta que ese hombre puede resultar peligroso.

—¿Qué dices? —Raku se puso de pie. Se esperanzó al ver que Tsugumi parecía compartir su opinión—. Entonces, ¿tú sabes quién es ese sujeto?

—Espera un segundo… ¿acaso no sabes quién es él?

—No. Sé que me dijo su nombre y todo pero…

—¿Y te dices el segundo maestro de una facción de Yakuza sin ni siquiera saber de la familia Benedetti? —Tsugumi pasó de su semblante serio a estar muy molesta.

—¿Qué? —Raku se apenó y puso nervioso—. No me veas así. Por mucho que lo digas yo nunca me he involucrado en esas cosas.

—Eres un inútil —le espetó acompañado de un buen golpazo en la cabeza—. En fin, pase lo que pase, protege a la señorita, que yo haré lo mismo por mi cuenta.

—Está bien.

—Ah, y una cosa más, Raku Ichijou.

—¿Qué pasa?

Tsugumi frunció el ceño, los colores se le subieron al rostro y una vena de enfado se le marcó en la sien.

—¡Más te vale que actúes como el hombre que eres y tomes la responsabilidad por lo que hiciste! ¿Me oíste?

—¿Qué? —Raku no podría haber quedado más desconcertado.

—Nada de "qué", tienes que cumplirle a la señorita y apoyarla, ya que toda la culpa es tuya, Raku Ichijou. Así que deberás asumir las consecuencias de tus actos como el hombre que eres. Si intentas abandonar a la señorita, yo misma llenaré de plomo tu cabeza. ¿Te quedó claro?

—¿Pero de qué estás hablando? ¿Qué se supone que hice ahora?

Tsugumi quería explotar; la frustración y vergüenza eran excesivas. Pero al final logró guardar la compostura.

—Ya lo sabrás cuando la señorita hable contigo. Yo no soy quién para dártelo a saber, menos siendo que fue por mi culpa que no te lo haya podido decir.

—Tsugumi, entonces ¿Tú sabes qué es lo que Chitoge quería decirme…?

—CÁLLATE.

La sicario se marchó. Raku Ichijou se quedó ahí parado, en mitad de la lluvia, confundido y con un sinfín de dudas en las cuales pensar.

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