Capítulo II
A la mañana siguiente Chitoge envió
un mensaje de texto al celular de Raku, dónde le preguntaba si en esa tarde la
podría acompañar a comprar ropa al centro comercial. Raku le contestó que, dado
que ellos ya habían tenido una cita ayer, él ya había hecho planes de quedarse
en casa a ayudar a los suyos con unas reparaciones y limpieza general de la
mansión. Pero Chitoge le insistió alegándole que si acababa temprano ellos podrían
ir de compras por la tarde y que no les llevaría más de un par de horas.
"Si quieres lo podemos hacer
otro día con más calma" le escribió Raku en respuesta desde la aplicación
de su teléfono móvil.
"Por favor, no seas así,
frijolito de soya. Unas amigas me dijeron que acababa de llegar una tanda de
vestidos preciosos. ¿Qué tal si después ya no encuentro algo?"
"Si tanta prisa tienes deberías
ir con Tsugumi o alguna de tus amigas."
"Pero yo quería ir
contigo."
Raku no estuvo seguro de cómo interpretar
aquello. Cada vez quedaba más y más atónito del comportamiento de la rubia.
"¿Por qué? No entiendo."
Pasaron al menos un par de minutos
antes de que llegara la respuesta:
"¡Porque eres mi novio,
estúpido! Por una vez en la vida actúa como uno y llévame de compras."
Nuevamente, el morocho se quedó sin
saber qué pensar. Aunque semejante oración, dado por el contexto y la inusual
situación que vivían, bien podría estar haciendo alusión a su obligación de
aparentar ser novios frente los demás. Pero incluso si era algo como eso,
seguía sin tener mucho sentido pues toda la semana se la habían pasado juntos
tras las clases: El lunes fueron a comer ramen y vieron una película; luego el
martes merendaron hamburguesas en un restaurante familiar y de ahí se pasaron
al Karaoke; el miércoles pararon en una fuente de sodas y jugaron como locos en
unas máquinas recreativas; el jueves estuvieron en el boliche; el viernes
visitaron un acuario; el sábado desde temprano se pasaron casi todo el día en
un parque de atracciones. Y ahora, como si todo ese ajetreo no hubiese bastado,
Chitoge estaba ahí otra vez, pidiéndole que la acompañe a comprar ropa.
"¡Pero si de algo he estado
haciendo todo este tiempo es justamente de eso! Por favor, dame un respiro. Sabes
bien que no necesitamos salir tan seguido para que no sospechen. Ya bastante
pesado es que tengamos que hacerlo una buena parte de nuestro tiempo cuando estamos
la escuela. ¿No te parece suficiente?"
Chitoge tardó de más en contestar:
"Entonces es por eso,
¿cierto?"
"¿Qué quieres decir con ‘eso’?"
"¿Tanto te desagrada la idea de
tener que pasar tiempo conmigo? Llevar este compromiso del noviazgo aparentado,
siempre ha sido una carga demasiado grande para ti, ¿verdad?"
Hasta aquí llegó la paciencia del joven.
Sin más preámbulos, Raku llamó directamente al celular de Chitoge.
—¿Se puede saber de una jodida vez
qué pasa contigo? ¿A qué viene esa actitud tan extraña? Por más que lo intento
no logro entenderte. ¿Qué demonios es lo que quieres? ¡Contesta!
Unos incómodos instantes de total y
frío silencio transcurrieron antes de escuchar la contestación de la jovencilla:
—Raku… —enunció con una timidez bastante
remarcada—. ¿Recuerdas que te dije que había algo que tenía que hablar contigo?
—¿Eh…? S-sí… —el propio Raku, al notar
la mansedumbre con la que la casi siempre agresiva para estos casos Chitoge le había
contestado, bajó de forma considerable su voz del comienzo—. Eso me habías
dicho.
—Creo que ha llegado el momento de
decírtelo.
—¿En serio?
—Sí. —Hubo otro lapso de mutismo—.
Pero no es algo que pueda hablarlo por teléfono. Necesito decírtelo de frente.
—¿Pero por qué…?
—Te digo que esto es algo que debo
decirte de frente, tonto.
Raku llevó la mirada hacia el techo
y soltó, resignado, un profundo suspiro.
—De acuerdo. Tú ganas.
—Ven a mi casa antes de las ocho. Te
estaré esperando en las afueras de la entrada.
—Bien.
Chitoge colgó. Raku se quedó dubitativo.
Por un lado no le agradaba nada el haber accedido a un capricho más de aquella voluble
mujer, pero por el otro lado estaba más que interesado en saber de una vez por
todas qué era lo que había pasado hace una semana, junto a la razón de su
conducta tan errática de los últimos días. Atendió todos sus deberes y, cuando
cayó la tarde, se preparó para salir.
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—¡Señorita! —Gritó la siempre leal
Seishirou Tsugumi luego de confirmar que aquella silueta que había divisado en
las afueras de la residencia se trataba de su señora.
Chitoge volteó. Tsugumi, quien hasta
hace poco se asomaba por una de las ventanas del tercer piso de la mansión,
acababa de saltar y corría a toda velocidad por los jardines del patio. Con
agilidad felina brincó la barda que marcaba los límites de la enorme propiedad.
Ya estando junto a su señora, la miró de reojo y apreció que en ella se recalcaba
una mezcla de impaciencia, temor, nerviosismo e incertidumbre. Chitoge le dedicó
una sonrisa nerviosa a su amiga.
—Señorita, ¿qué está haciendo
afuera? Ya anocheció. Debería entrar.
—No te preocupes, Tsugumi, estoy
bien. Entraré más tarde. Pero no le digas a nadie que estoy aquí. ¿Sí?
La joven sicario se cuestionó qué
razones podría tener Chitoge para querer estar a solas en aquel sitio y a esas
horas. Aunque, tras meditarlo un poco…
—¿Acaso está esperando a alguien?
—¿Q-qué…? —Chitoge era muy fácil de
leer, su reacción alterada y el color que se le había subido al rostro la
delataban en toda regla—. ¡No, de ninguna manera! ¡Cómo crees! Lo que pasa es
que yo… yo sólo quería tomar un poco de aire fresco, pero… desde afuera de la casa, para evitar que los chicos me
molestaran —dijo "casa" tartamudeando y, además, remató su excusa con
una risilla artificiosa que sólo ponía aún más en evidencia su nerviosismo.
—Señorita, ¿no me diga que usted…?
—¡Hey, Chitoge, Tsugumi!
Ambas reconocieron al instante
aquella voz. Se giraron y divisaron a Raku a mitad de la calle acercándose.
"¡Oh, no, Raku ya está
aquí!" Chitoge sintió como si el corazón se le fuese a salir del pecho. De
sólo pensar que Tsugumi se podría enterar de lo que estaba a punto de hacer, le
entraban unas ganas de ser devorada por la tierra.
—Tsugumi —le susurró deprisa—, perdóname
por haberte mentido, pero la verdad es que quería hablar con Raku de algo importante.
MUY importante. Tan importante que tengo que hablarlo a solas con él. Así que
por favor, Tsugumi, déjanos a solas.
—Pero señorita…
—¡Te lo suplico, Tsugumi! Y otra
cosa más: por nada del mundo le cuentes a nadie de esto. Ni permitas que nadie
en la casa se entere que estamos afuera. Ya bastante avergonzada estoy de lo
que estoy a punto de hacer que… Quizás más adelante te diga lo que está pasando
pero por ahora déjame seguir con esto sola. ¡Por favor! —Rogó a su confidente
juntando las palmas de sus manos a la altura del rostro.
Tsugumi por unos momentos pensó en cuestionar
los motivos de su señora, pero a final de cuentas se trataba de una orden suya,
por lo que debía obedecerla.
—De acuerdo, señorita. Le deseo
suerte.
—Hey, Tsugumi —le saludó Raku, quien
acababa de acercarse a donde ellas—. No sabía que tú también ibas a…
—Buenas noches, Raku Ichijou. Yo
sólo estaba acompañando a la señorita mientras te esperaba. Con tu permiso.
Señorita —se giró hacia Chitoge y le hizo una reverencia—, le deseo suerte, y
cuídese.
Tsugumi se retiró a paso seguro de
vuelta a la mansión. Chitoge se quedó petrificada, tan muerta de la pena que ni
siquiera podía mirar a Raku a los ojos. El sólo pensar que su confidente estuvo
a una nada de enterarse, volvía mil veces aún más difícil su empresa. Ahora, ya
con Raku frente a ella, hasta el
respirar le resultaba dificultoso. Pero ya no había marcha atrás: por fin
estaban los dos solos y en un lugar dónde nadie vendría a molestarlos. Y en el
fondo de su corazón sabía que si desaprovechaba semejante oportunidad de oro,
el volver a reunir el valor necesario para intentarlo de nuevo le llevaría muchísimo
tiempo. Y 'tiempo' era algo que ya no le quedaba tanto, pues desde hace dos
años que lo había venido desperdiciando a causa de su indecisión.
—Chitoge… ¿Te encuentras bien?
—Preguntó Raku un poco preocupado al ver que ella no se movía ni un milímetro—.
Tu cara está roja.
—¿Eh? —La jovencita se volteó hacia
otro lado—. No te apures, estoy bien.
—Bueno, aquí estoy. ¿Ibas a decirme
qué fue lo que te pasó hace una semana?
Chitoge tragó saliva. Respiró
profundo y se armó con toda la voluntad que pudo.
—Sí, Raku —se giró de nuevo hacia él—.
Vamos a hablar.
Raku, al ver aquella expresión tan sincera
que irradiaba dulzura, se ruborizó. Aunque él ya estaba por demás acostumbrado a
este tipo de situaciones sugestivas junto a Chitoge —y a las otras chicas—, reconoció
que al menos aquella escena en particular lo era demasiado si se comparaba a las
anteriores. El rostro de Chitoge, iluminado por la escasa luz de las lámparas
de la tranquila calle, lucía angelical, tanto que ni siquiera Raku pudo evitar
ponerse casi igual de nervioso.
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"La señorita y Raku
Ichijou…" meditaba Tsugumi con un poco de desasosiego, rumbo a su
habitación. "Me pregunto de qué tratará su conversación. Ellos ya llevan
más de un año saliendo, ¿por qué iba a querer la señorita que nadie en la
mansión se entere que su enamorado la vino a visitar, si eso es algo de lo más
normal para una pareja como ellos? No será… ¿no será que la señorita no quiere
que nadie se entere de lo que van a hablar? ¿Pero qué podría ser tan íntimo como
para desear hasta esos extremos que nadie más lo sepa? Un momento… ¿No fue hace
tan solo una semana cuando la señorita canceló su cita con Raku Ichijou y se
encerró todo el día en su habitación? Ese día ella no quiso que nadie la
molestara... ¿Qué pudo haberla puesto de ese humor tan repentinamente? ¿Será
que la señorita se enteró de algo muy desagradable? Incluso a la mañana
siguiente la señorita continuó muy decaída durante todo el colegio. Y después
de eso, toda la semana la señorita ha estado muy cercana a Raku Ichijou, más de
lo normal, y salió con él todos los días, y fue mucho más afectuosa con él que
de costumbre. Ahora la señorita me acaba de decir que tenía que hablar a solas
con Raku Ichijou de algo muy importante y dijo que nadie más debía enterarse
bajo ninguna…"
A veces la imaginación de Tsugumi
era muy fructífera y maliciosa. Esta ocasión no fue la excepción. La imagen mental
de una Chitoge con el vientre ligeramente abultado diciéndole a Raku que debía
tomar la responsabilidad de sus acciones, cruzó su cabeza. Y, ante el enorme shock
que le provocó el sólo imaginárselo, su piel se erizó y se tornó pálida como el
papel.
"No… no será posible que la
señorita esté esperando un… un… de Raku Ichijou y… y… la semana pasada fue
cuándo ella se enteró de esto y… y… y… ahora ella va a confesárselo a Raku
Ichijou y… no quiere que su padre ni nadie más que se lo pueda decir se entere
porque aún no sabe cómo va lidiar con esto y… y…"
—Seishirou, ¿has visto a la
señorita? —Su tutor y mentor, Claude, no podría haberla abordado en momento
menos oportuno.
—¡NOOO! ¡No la he visto y no tengo
idea de lo qué esté haciendo! —Gritó a todo pulmón y se echó a correr a una
velocidad inhumana, dejando a su paso una estela de polvo que hizo toser a todos
los que tuvieron la desdicha de cruzarse con ella.
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—¿Y recuerdas también cuando el mal
entendido del hotel en navidad? Esa vez sí que me hiciste pasar vergüenza en
frente de todos —le dijo a Raku con una espontaneidad pura, propia de quien platica
una trivial anécdota con la mera intención de hacer reír.
—Sí, la reacción de nuestros amigos
fue muy divertida.
"¿Pero qué estoy haciendo?"
Chitoge por dentro quería estrellarse la cabeza contra el muro. "¡Se
suponía que le iba a confesar mis sentimientos y a decirle lo de mi Papá, que me
quiere mandar de regreso a América, pero que yo quiero quedarme junto a él como
su novia de verdad! Pero en lugar de eso sólo estoy divagando. ¡Concéntrate!
Primero debo decidir qué le voy a decir primero. ¿Me declaro? ¿O primero le
cuento lo que me dijo Papá? O me declaro y después, si me acepta, le digo que
me voy a tener que ir lejos a menos que nos volvamos novios de verdad… o le
cuento primero lo del lapso de tiempo y que quiero seguir viviendo aquí
terminado el plazo de los tres años, y entonces le digo que me gusta y quiero
ser su novia de verdad… ¿Qué hago? ¿QUÉ HAGO?"
—Oye, Chitoge.
—¿S-sí?
—Me dijiste por cel que me ibas a decir
lo que te pasó el domingo pasado, o al menos eso entendí.
—¡Ah claro! —A Chitoge se le cerró
la garganta por uno segundos—. El domingo… yo… ¿Escuchaste eso?
—¿Escuchar qué?
—Un arbusto —volteó hacia todos lados—,
se escuchó como un arbusto moviéndose.
—Yo no escuché nada. Debe ser tu
imaginación…
Pero no era así. A unos cuantos
metros de ellos había un frondoso árbol. Dentro de sus ramas se acababa de
esconder el responsable del ruido que Chitoge había percibido. Para fortuna de
aquel sujeto, no fue descubierto.
"¡Soy una total y completa
basura!" se lamentaba a si misma el supuesto espía que no era otro que
Tsugumi. "La señorita me acaba de ordenar que la dejara hablar a solas con
Raku Ichijou y ahora, sin saber cómo, corrí hasta aquí y me oculté. ¡Deberían
hervirme en aceite por mi desobediencia! Ahora, aunque quisiera, ya no me puedo
bajar o sería descubierta."
—Raku, el domingo pasado yo…
Tsugumi, en cuanto escuchó la voz de
Chitoge, el corazón le retumbó en el pecho como un tambor. Agudizó su oído
tanto como pudo.
"Si la señorita está… de Raku
Ichijou… Si la señorita y Raku Ichijou están… esperando…" Su rostro
transpiraba cantidades exorbitantes de sudor y sus ojos adoptaron la forma de
espirales. Se mordía los labios para no gritar. El terrible shock de pánico en
el que había entrado sería imposible de narrar.
—El domingo pasado me enteré de algo
que me tomó por sorpresa. La razón por la que cancelé nuestra cita de ese día
fue porque aquello me dejó en shock. Al día siguiente, cuando me preguntaste si
había algo en que me pudieras ayudar, te mentí y te dije que esto no te
concernía. Pero no es verdad. Raku, la verdad es que este asunto nos concierne
a los dos…
"¿A los d-d-d-dos? ¿Que es
asunto de los dos? Entonces es verdad que la señorita está…" Tsugumi
respiraba agitadamente, con cada palabra sus sospechas crecían más y más, sobre
todo por lo terriblemente incómoda y apenada que se veía Chitoge al decirlas.
—Pero tenía mucho miedo de decírtelo
en ese momento, porque pensé que quizás no te lo ibas a tomar a bien. Incluso
ahora mismo me sigo temiendo que no vayas a querer aceptar…
"¿Qué no lo aceptará?"
Tsugumi volteó a mirar furiosa y con un aura asesina a Raku. "Señorita, no
diga disparates. Si ese mal nacido de Raku Ichijou osara no hacerse responsable
de lo que le hizo, ¡yo sería la primera en llenar de plomo cada gramo de la
carne de su cuerpo! No tema y dígaselo. Haga que ese miserable se
responsabilice de sus imprudencias y responda ante usted."
—¡Basta! —Chitoge estalló, alzando
los brazos y la cara hacia el cielo, ante los ojos estupefactos y confusos de
Raku y de Tsugumi desde su escondite—. ¿Por qué no puedo simplemente decírtelo
y ya? ¿Por qué tengo que dar tantos estúpidos rodeos por algo tan simple? ¿Por
qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
—Chi-toge… —musitó un Raku encogido
de hombros—. Está bien, no tienes por qué decirme nada si aún no te sientes
lista…
—¡Cállate! —Le gritó la rubia con
ese carácter tan propio de ella y que Raku equiparaba al de un gorila
enfurecido. Éste se amedrentó.
—Escúchame bien, Raku —sentenció la joven
Chitoge, señalando a su interlocutor de forma desafiante—. Sólo lo voy a decir
una vez, así que más te vale que prestes atención… Yo… Yo… ¡YO…! ¡Yo estoy…!
¡YO ESTOY…!
A Chitoge le temblaba el brazo. Raku
sentía mariposas en su estómago y la cara le había comenzado a arder. A Tsugumi
le faltaba el aliento; quería salir huyendo de ahí para no tener que
escucharlo, mas no podía, estaba atrapada. Justo en el momento en que Chitoge
estuvo a una nada de completar su oración, la una fría luz chocó con su rostro,
encandilándola.
—Pero qué… —Se tapó los ojos con la
mano—. ¿Un auto?
Una limusina blanca se estaba
estacionando a unos cuantos metros de la pareja. Raku volteó a verla.
—Chitoge —Señaló hacia el vehículo—.
Esa limusina, ¿es de los tuyos?
—No lo sé. Se me hace un poco raro
que se esté estacionando afuera en vez de entrar.
El chofer salió del vehículo y le
abrió la puerta a su único pasajero, quien iba en la cabina trasera. Tsugumi
tuvo un mal presentimiento y de inmediato preparó su revolver. Los dos sujetos
se acercaron a paso moderado donde Chitoge y Raku.
—<Pero miren a quién tenemos
aquí> —dijo una masculina voz en el idioma inglés—. <Chitoge, es un
placer volver a verte.>
Raku, quien aún no podía entender
dicho idioma con total soltura, se quedó en blanco. Chitoge, al ver que aquel enigmático
joven, quien iba elegantemente ataviado de traje color azul rey y corbata gris,
se acababa de dirigir a ella y sabía su nombre, intentó recordar de dónde le
había conocido. Su rostro se le hacía familiar mas no lograba ubicar de quién se
trataba. La misma Tsugumi, desde su escondite, sospechaba cada vez más del
invasor.
—<Disculpa> —le contestó la
rubia, también en idioma inglés puesto que aquel hombre joven no sólo tenía
toda la pinta de ser un extranjero sino que además él la acababa de saludar en ese
idioma—. <¿Me puede decir de dónde le conozco?>
—<Supuse que el que me
reconocieras a simple vista sería mucho pedirle a la vida. Chitoge, soy yo,
Max. ¿Te suena ese nombre?>
—¿Max?
Raku tan sólo observaba sin saber
qué más hacer. Chitoge pensó en aquel nombre durante unos segundos, hasta que
por fin pudo recordar su origen. Miró atentamente su rostro: ese cabello lacio
de un color parecido al caramelo, sus enormes ojos castaños, un mentón
prominente y delineado, su nariz aguileña y cejas pobladas. Tras fijarse con
atención en ese gallardo rostro Chitoge finalmente pudo recordar que hacía unos
años ella había conocido a un jovencito así.
—¡Ah! —Señaló al joven con asombro—.
<Ya te recuerdo. ¡Eres Max!>
El joven extranjero sonrió con sutil
modestia y asintió.
—<Ya han pasado cinco años. En
aquellos tiempos aún éramos unos niños. Hemos cambiado mucho desde entonces. Tú
también te ves distinta a cómo te recuerdo. Ahora ya eres toda una dama.>
—<Sí, bueno…> —Chitoge se
ruborizó—, <es que en verdad tú sí que te ves diferente a cómo te recordaba.
¿Pero qué estás haciendo aquí?>
—<Vine a saludar a tu padre.
¡Pero cual fue mi sorpresa de toparme primero contigo!>
—<¿A mi padre?>
—<Sí. Por cierto, ¿qué haces
afuera de tu casa a esta hora? Creía que aquí en Japón se tenía la costumbre de
entrar temprano…>
Continuaron hablando de cosas
frívolas, entre bromas ocurrentes y risillas, tal y como lo harían un par de viejos
amigos que llevaban ya un buen de tiempo sin verse. Raku, quien era incapaz de
entender lo que hablaban aquellos dos, se sintió un poco exiliado. "Un
momento, ese rostro se me hace familiar…" Pensó.
Tsugumi, mientras tanto, observaba
con atención a los dos sujetos desde su escondite. Tras fijarse bien se dio
cuenta que el silencioso acompañante del castaño era en realidad una mujer
joven, quien por ir vestida de traje sastre negro y llevar recogido el cabello
en una boina militar negra, su género era difícil de discernir a la distancia.
Tuvo la sensación de que aquella reservada mujer joven se había volteado por un
instante a mirar en dirección de la copa del árbol donde ella yacía oculta,
pero no pasó nada, por lo que lo descartó.
"¡Ya recuerdo!" exclamó
Raku en sus adentros. "Ese sujeto es el mismo que se quedó observándonos a
Chitoge y a mí mientras pasaba en su limusina. Entonces no fue ninguna
casualidad. Él debió reconocer a Chitoge en ese momento…"
—Disculpa —Raku por fin se decidió a
romper el silencio—, ¿se puede saber quién eres y de dónde conoces a Chitoge?
Max le observó de reojo, con una
mirada algo escalofriante.
—<Chitoge, aún no domino el
japonés lo suficiente. ¿Podrías hacernos el favor de traducirnos?>
—<¿ah? Sí. Con gusto.> —La
joven pasó a traducirle.
—<¡Oh! Disculpa —dijo el
extranjero—, me había olvidado presentarme. Mi nombre es Maximiliano Benedetti,
y conocí a Chitoge hace años gracias a que su padre y mi abuelo son conocidos.
¿Puedo saber con quién tengo el gusto?>
¡Maximiliano Benedetti!
Tsugumi, al escuchar ese nombre,
sintió como si una fuerte descarga eléctrica recorriera cada uno de los nervios
de su columna. "Benedetti… ¿será casualidad? ¡No puede ser! ¡Es imposible!
Pero… ¡Él acaba de decir que su abuelo conoce al padre de la señorita…!
¡Entonces tiene que ser de esa misma familia!"
—Yo soy Raku Ichijou —contestó el
japonés una vez Chitoge terminó de traducirle.
—<Ichijou… ¿Acaso no serás
familiar de la casa que encabeza al Shuuei-gumi?> —Preguntó si esperarse a
la traducción de Chitoge que no necesitaba.
Raku, quien tampoco requirió que le
tradujeran aquella línea, asintió y agregó—: Sí, mi padre es el jefe.
Chitoge le tradujo. Max puso una
leve expresión de asombro.
—<Vaya, vaya. ¡Pero quién diría
que tendría la oportunidad de conocer al siguiente maestro de ese clan! Es un
placer conocerte, Raku Ichijou.> —Le extendió su mano, ambos la estrecharon.
Raku se preguntó como era posible
que aquel extranjero, que ni siquiera podía hablar e interpretar japonés por si
solo, conociera tanto de su familia. Pero en ese momento aquella era la menor
de sus preocupaciones. Había algo en la forma en que aquel día él se le había
quedado viendo a Chitoge, que le hacía desconfiar. Más aún por el hecho de que
ahora se estaba presentando ante ella omitiendo ese detalle, actuando como si
esta hubiese sido la primera vez que la encontraba desde que llegó a Japón.
—En fin —continuó Max tras unos
instantes de silencio incómodo—. Por lo visto ustedes estaban a mitad de una
conversación y les interrumpí. Con su permiso, iré a saludar a Adelt. Los veré
adentro.
Antes de darse la vuelta, su
asistente le dio un toque en el hombro.
—¿Qué ocurre, Karen?
La joven acercó su rostro y le habló
directamente al oído.
—Oh, ya veo. Chitoge.
—¿Sí?
—Dile a tu guardaespaldas que debe
aprender a ser más discreta y diplomática. Eso de esconderse en un árbol y
apuntar con un arma creyendo que nadie la ve es de muy, pero muy mal gusto.
—¿Cómo?
Tsugumi se espantó. Chitoge volteó
hacia el árbol que más cerca se encontraba y, tras observarlo con atención,
corroboró que ella yacía ahí oculta.
—¡TSUGUMI! —gritó Chitoge molesta.
Mientras Max y su escolta se
retiraban, la joven sicario bajó del árbol.
—Señorita, perdóneme —dijo Tsugumi
muy apenada—. No era mi intensión desobedecerla…
—¿Qué no era tu intención? —Chitoge
sonaba cada vez más enfurecida—. ¡Te dije claramente que nos dejaras a solas!
¡Y te escondiste para escuchar lo que conversábamos!
—¡No! No lo vea de esa manera,
señorita… yo solo… —En un acto de total arrepentimiento, Tsugumi se postró con
la cara en el suelo ante Chitoge—. Lo lamento, señorita. No era mi intención
faltar a su confianza.
Pero la rubia, sin ninguna pena ni
asco, le dio la espalda y pasó a retirarse.
—Chitoge —Raku trató de seguirla.
Quería abogar por Tsugumi—, ¿a dónde…?
—Me voy para adentro. Nuestra
conversación se terminó. Te veré mañana en la escuela, querido —contestó; el
enfado se le notaba bastante en la forma tan tajante de hablar—. Tsugumi, no me
sigas. Quédate un rato más afuera y reflexiona en tus acciones.
Tsugumi alzó la cara y miró a
Chitoge caminando de vuelta la mansión. En ese momento la joven sicario sintió
que estallaría en llanto. Raku se acercó a ella.
—Tsugumi, no te preocupes —dijo en
lo que se inclinaba a su costado y posaba su mano en la espalda de ella—. Sé
que Chitoge sólo está molesta. Cuando se le pase volverá a ser la misma de
siempre, ya lo verás.
Comenzó a llover.
—No necesito tu compasión, Raku
Ichijou —dijo la sicario, taciturna—. He traicionado la confianza de la señorita.
Ahora deberé pagar un alto precio si lo que quiero es recuperarla algún día y lograr
que me perdone.
—Estás exagerando. Estoy seguro que
mañana en la escuela ni lo mencionará. Y aún si ella siguiera molesta, entonces
te prometo que yo...
—Raku
Ichijou —Tsugumi se incorporó.
—¿Qué pasa?
—Ahora mismo yo no soy importante.
—¿Eh? ¿A qué te refieres?
—Protege a la señorita. Ya deberías
haberte dado cuenta que ese hombre puede resultar peligroso.
—¿Qué dices? —Raku se puso de pie.
Se esperanzó al ver que Tsugumi parecía compartir su opinión—. Entonces, ¿tú
sabes quién es ese sujeto?
—Espera un segundo… ¿acaso no sabes
quién es él?
—No. Sé que me dijo su nombre y todo
pero…
—¿Y te dices el segundo maestro de
una facción de Yakuza sin ni siquiera saber de la familia Benedetti? —Tsugumi
pasó de su semblante serio a estar muy molesta.
—¿Qué? —Raku se apenó y puso
nervioso—. No me veas así. Por mucho que lo digas yo nunca me he involucrado en
esas cosas.
—Eres un inútil —le espetó
acompañado de un buen golpazo en la cabeza—. En fin, pase lo que pase, protege
a la señorita, que yo haré lo mismo por mi cuenta.
—Está bien.
—Ah, y una cosa más, Raku Ichijou.
—¿Qué pasa?
Tsugumi frunció el ceño, los colores
se le subieron al rostro y una vena de enfado se le marcó en la sien.
—¡Más te vale que actúes como el
hombre que eres y tomes la responsabilidad por lo que hiciste! ¿Me oíste?
—¿Qué? —Raku no podría haber quedado
más desconcertado.
—Nada de "qué", tienes que
cumplirle a la señorita y apoyarla, ya que toda la culpa es tuya, Raku Ichijou.
Así que deberás asumir las consecuencias de tus actos como el hombre que eres.
Si intentas abandonar a la señorita, yo misma llenaré de plomo tu cabeza. ¿Te
quedó claro?
—¿Pero de qué estás hablando? ¿Qué
se supone que hice ahora?
Tsugumi quería explotar; la frustración
y vergüenza eran excesivas. Pero al final logró guardar la compostura.
—Ya lo sabrás cuando la señorita
hable contigo. Yo no soy quién para dártelo a saber, menos siendo que fue por mi
culpa que no te lo haya podido decir.
—Tsugumi, entonces ¿Tú sabes qué es
lo que Chitoge quería decirme…?
—CÁLLATE.
La sicario se marchó. Raku Ichijou
se quedó ahí parado, en mitad de la lluvia, confundido y con un sinfín de dudas
en las cuales pensar.
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