A partir de aquí inicia la reedición de LHMLLN. Esperen proximamente la apertura del blog oficial ;), y si esta es la primera vez que lees, espero que sea la historia de tu agrado.
Agradecimentos: A mi amiga Loveover que fue quien me empezó a involucrar en esto de escribir fanfictions y me apoyó con algunos detallitos para esta obra.
Una especial dedicatoria: A Tsugumi Ohba y a Takeshi Obata, que a través de sus personajes, nos recoradron que el arma más poderosa y destructiva del ser humano no son ni las armas de fuego, ni los virus letales, ni siquiera la bomba atómica. Sino nuestras mentes, que son las que en un principio crearon y les dan uso a todas las demás armas del mundo.
Un consejo: Si eres de los que no les gustan los detalles y quieren pasar de inmediato a la trama, te sugiero que te brinques el prefacio y pases al segundo capitulo, que enrealidad es el primero. Y si te gustó, puedes ver el prefacio para algunas aclaraciones sobre los personajes de mi creación.
Acerca del fic: Se podrìa decir que es una secuela. Tomè como punto de referencia la cronologìa y final de manga, solo que le cambie algunos detalles del tomo 12 e ignorè por completo algunos datos del "How To Read" (si los escritores del anime lo hicieron por què yo no?) para que tuviera concordancia con los hechos de mi historia. Cuando lo lean tengan muy en cuenta esto.
LOS HOMBRES MUEREN, LAS LEYENDAS NO.
PREFACIO: RECUERDOS.
La fúnebre y funesta imagen de los alrededores de aquel bizarro mundo eran contemplados por la mirada fría, aunque con un toque de tristeza, de un dios de la muerte, quien, lentamente, caminaba por la oscura vereda llena de otros seres similares a él; los cuales no hacían otra cosa que no fuese el interesarse en sus propios asuntos. Siempre era lo mismo, no había nadie en todo ese desolador mundo al que le importase nada excepto el tratar de divertirse con juegos de azar bastante improductivos. Todos excepto aquel shinigami, que con un gesto de enfado hacia la actitud de indiferencia del resto de los de su especie, continúo caminando, tratando de no llamar la atención. No obstante, uno de ellos se percató de su presencia y, volteando a verlo, le preguntó:
— ¡Hey, Deementy! ¡DEMEENTY! —Gritó el dios de la muerte de piel leprosa y ojos carmesíes—. ¿A dónde vas? ¿No me digas que todavía no te cansas de observar el mundo humano?
—Es verdad —añadió su compañero de juegos—. Desde hace más de 20 años no has hecho casi otra cosa que observarlo, y si no estas mirándolo, entonces te la pasas hablando con el viejo sobre no sé que cosas. Sé que nunca has sido muy sociable, pero prácticamente ya no sabemos que ocurre contigo. Deberías superar de una buena vez lo de tu hermana y continuar con tu vida.
—Tal vez tengan razón —contestó, con su ronca y estridente voz, Deementy, el shinigami de coraza plateada, sin siquiera voltearles a ver ni dejar de avanzar—. Hace un par de días vi morir a Korf y a Mazz. La razón es más que obvia: descuidaron su trabajo durante muchos años y su vida se les agotó.
— ¡OH! Ya veo…entonces esa era la razón por la que no los hemos visto en estos días —exclamó el shinigami de ojos rojos—. Y yo que creía que ya no querían jugar con nosotros.
Habiendo dicho esto, los dos dioses de la muerte soltaron una cruel carcajada divertidos por la tragedia mientras que Deementy, sin dejar de caminar con lentitud, volteó hacia atrás, donde sus compañeros, y, desde lo lejos, les enunció con voz firme:
—Como yo no quiero que me ocurra lo mismo iré al mundo de los humanos a trabajar por un tiempo. No sé cuanto tiempo me quede, ya que pienso reunir suficiente vida para no tener que preocuparme por mi trabajo durante unos cuantos siglos.
Ambos rieron y el más pequeño Agregó: —Lo dices como si alguien aquí te fuera a extrañar mucho.
—Sí. Además no sé que piensas hacer con todo ese tiempo. Como no te gusta jugar con los otros, no comprendo para qué querrías tanto tiempo libre.
Deementy ya no prestó atención a estas últimas palabras y continuó su camino hasta que las tinieblas del sitio hicieron que su imagen se perdiera de vista para el par de shinigamis apostadores. Finalmente llegó a donde se encontraba un enorme pozo del que emergían, a cada momento, miles de destellos brillantes del fondo. Por dentro de éste y a través de las luces, se discernían unas escaleras que descendían hasta desaparecer en la niebla del fondo del abismo. Todo indicaba que el shinigami tenía la intención de descender por ellas, sólo que en lugar de hacerlo, de su espalda emergieron un enorme cuarteto de alas, parecidas a las de una libélula, de un largo de apenas 20 centímetros menor a los 2 metros de estatura del erguido y muy esbelto cuerpo de la criatura, el cual era muy raro ver en los de su especie, que casi siempre tenían una posición encorvada. Sus enormes brazos, tan gruesos que casi se confundían con su delgadísimo torso y tan largos que sus filosas garras colgaban por debajo de sus rodillas, fueron levantados a la altura de su pecho, y con un fuerte impulso de sus alas, su cuerpo rápidamente se despegó del oscuro piso para precipitarse, a gran velocidad, hacia el fondo del abismo; aquel que no es otra cosa sino el puente que conecta el mundo de los shinigamis con el de los humanos.
"Hermana…" pensaba mientras descendía a gran velocidad por el abstracto túnel de luz y tinieblas. "Por más que pasan los años yo no dejo de sentir dolor por no haberte detenido de ir al mundo de los humanos. Sin embargo, tal vez, lo que debo hacer no es el seguir observando y vigilarla desde aquí… Aún cuando ese bastardo ya pagó con su vida, hay algo más que tengo que hacer todavía. Y no estaré tranquilo hasta haberlo conseguido."
Deementy por fin cruzó el umbral que yacía en el fondo del abismo, viéndose rodeado, repentinamente, por el azul celeste de los cielos del mundo humano.
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Era una tranquila tarde de julio, con un cielo despejado y una temperatura cálida aunque no extenuante. En medio de un maravilloso y verde paisaje se encontraba dormitando en el pasto de ese tranquilo jardín y recibiendo los tibios rayos del sol con una pequeña mueca de tranquilidad sobre su rostro, una pequeña jovencita de cabellos rojos, cual tono era equiparable al de la misma sangre. Su larga cabellera escarlata se esparcía por todo el pasto en que se encontraba acostada. Sus vestimentas no eran propiamente adecuadas para resaltar su juvenil figura que, a sus 14 primaveras, comenzaba a mostrar discretamente el ya notorio desarrollo de su feminidad. Éstas consistían, humildemente, en unos jeans azules un tanto flojos para su tan esbelto cuerpo, una pequeña blusa de tirantes, tan corta que no alcanzaba a cubrir su abdomen por completo, y una enorme y vieja camisa de manga larga que, por su tamaño, bien podía decirse que para ella el usarla era como llevar puesta una bata. Dicha prenda estaba completamente abierta y arrugada, era de color blanco un tanto percudido, con las mangas tapándole las manitas por completo. La tranquilidad que figuraba en el rostro de aquella chiquilla era digna de envidiarse. Aparentemente no tenía ninguna preocupación en mente. Todo hubiera seguido así, en apariencia, hasta que de pronto un pequeño pajarillo descendió y se postró en su pequeño pecho. Su sueño poco a poco se desvaneció y, paulatinamente, sus azules ojos se fueron abriendo, mostrando un gesto cansado. Pero una vez que la conciencia volvió por completo a la linda jovencita, dicho gesto cambió rápidamente de tranquilidad y cansancio a desesperación y precipitación.
La pelirroja soltó un chillido de pánico y el pajarillo salió volando lejos.
— ¡Me quedé dormida! —Exclamó con fuerza y muy sorprendida —Q-que, ¿qué hora es...? ¡Voy a llegar tarde otra vez!
Comenzó a correr veloz por la extensa vereda que formaba parte del jardín de una enorme mansión, a la cual la pelirroja se dirigía con la misma desesperación de una persona que se había retrasado a un compromiso sumamente importante. Mientras corría, comenzó a abrocharse torpemente los botones de su enorme camisa, los cuales ella se había desabrochado inconscientemente mientras soñaba debido al calor que le ocasionó estar bajo el sol durante un buen tiempo. Su distracción por hacer esto llegó a ser tanta que, una vez en el pórtico del edificio, se impactó violentamente con un niño que iba saliendo de ahí, provocando que ambos cayeran al piso y derribando, junto con ellos, los libros que el infante llevaba consigo.
— ¡K-aren! ¿Pero por qué demonios no te fijas cuando corres? —Reclamó el crío con enfado, mientras permanecía en el piso recogiendo, uno a uno, sus libros, aun adolorido por el golpe.
—Lo siento, Ulises… lo que pasa es que hoy tenía clases particulares con el señor Gerald y ya llevo más de media hora de…
—En realidad ya se retrasó cuarenta y tres minutos con veintisiete segundos, señorita Olsen — interrumpió un hombre de apariencia muy madura, ataviado con un traje negro, de cabellos grises y enormes anteojos redondos. La presencia de este sujeto pintó en el rostro de la pelirroja una expresión de nerviosismo y de miedo, dejándola casi petrificada y con unos reflejos entorpecidos.
— ¡Profesor Gerald! Permítame explicarle… —Se incorporó rápidamente—. Me encontraba meditando en los jardines como inspiración para hacer mi ensayo de reflexión sobre la naturaleza de la existencia, y sin querer…
—Hágame el favor de acompañarme —le interrumpió drásticamente, dándole a entender, con su tono de voz, que no le justificaría su retraso, explicase lo que le explicase. Acto seguido se dio la media vuelta y, tras caminar unos pasos hacia el interior de aquellas instalaciones, la joven de azules ojos comenzó a seguirle con la mirada en el piso.
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Dentro de una pequeña oficina, sentado detrás de su viejo escritorio, el profesor Gerald Jackson observaba fijamente a la irresponsable jovencita, a quien había pedido que tomase asiento. Lo que quería era hablarle seriamente sobre su comportamiento y sus últimos retrasos a sus clases particulares de filosofía. Karen esperaba nerviosamente el reprendo al que ella ya estaba familiarizada, con el temor de que, probablemente, esta vez las cosas no se arreglarían con solo disculparse sino que tal vez su profesor particular procedería a castigarla de una manera definitiva e irrevocable.
—Señorita Olsen —sentenció el hombre entrado en años—, sus padres murieron cuando usted apenas tenía tres años de vida. ¿No es así?
—Sí, profesor —asintió en voz baja sin siquiera poder mirar a su maestro a la cara.
—Bien. Ahora dígame: ¿Por qué habiendo otros orfanatos en Inglaterra, nuestra institución se tomó la molestia de traerla aquí con nosotros, aún cuando usted ya había sido acogida por otro orfanatorio?
—Yo nunca pedí venir aquí —respondió de mala gana y clavando ferozmente sus enormes ojos en su profesor.
—Responda la pregunta por favor, señorita Olsen.
La joven se quedó en silencio por unos instantes, titubeando en si tenía realmente por qué responder algo que tanto él como ella ya sabían.
—Porque soy especial… y ustedes quieren ayudarme a desarrollar mi potencial lo mejor posible…
—Exactamente, señorita Olsen. —El anciano entrelazó los dedos de su mano mientras continuaba sermoneando a su alumna—. Como usted ya sabe, nuestra noble organización se ha dedicado a cuidar e instruir a aquellos niños que han recibido, por parte de Dios, el don del entendimiento y la razón a un nivel mayor que el de los demás jóvenes; pero que, por desgracia, fueron abandonados o sufrieron la perdida de su familia. Nosotros nos hemos dado a la misión, no solo de darles un hogar donde puedan criarse apropiadamente, sino también de ponerles a su alcance un sinnúmero de recursos, tanto económicos como humanos, para que puedan desarrollar su enorme potencial y darles la oportunidad que la vida estuvo por arrebatarles, de convertirse en personas que marcarán, de manera positiva y trascendente, la historia de la humanidad. Si usted está aquí, es por que nuestra fundación está consciente de que tiene un gran talento, y nosotros queremos ayudarle a que lo desarrolle para bien tanto suyo como el de los demás. Incluso, aún cuando haya sido adoptada o cumpla la mayoría de edad y se marche a vivir por su cuenta, la fundación Wammy le reservará un fondo para seguir ostentando sus estudios.
La joven de cabellos rojos escuchaba las palabras de su asesor sin dejar de pensar que de nada le servia escuchar por enésima vez aquellas sentencias que ya sabía muy bien de antemano, por lo que decidió interrumpirlo:
—Profesor, lo entiendo perfectamente, pero yo nunca dije que no apreciara lo que ustedes hacen por mí. —Se levantó de su asiento y, apoyando sus manos sobre el escritorio, clavó su mirada en el anciano, reclamando su total atención—. Me quedé dormida porque ayer no pude dormitar bien. Me la pasé estudiando para el examen de física quántica que habrá en dos días, y como estaba muy cansada, quise dormir una siesta antes de asistir a nuestra sesión; para así, estar más lúcida y…
—Hágame el favor de no inventar pretextos tontos —la interrumpió—. Todos sus instructores sabemos a ciencia cierta que usted solo dedica un par de horas a la semana al estudio individual de sus materias y que durante sus ratos libres se la pasa holgazaneando. No sabemos a ciencia cierta en que malgasta tanto tiempo, pero está claro que no le interesa dar lo mejor de sí en su preparación académica.
— ¡Eso no es cierto! Para mí los estudios son muy importantes. Y como prueba está que siempre he sacado muy buenas notas —le contestó soltando sus manos del escritorio y dándole la espalda en señal de indignación.
—No obstante, sus instructores creemos que no está dando el rendimiento de una joven cuyo coeficiente intelectual fue calculado por arriba de los doscientos.
Habiendose dicho esto, la habitación fue invadida unos instantes por el sigilo. Entonces, con un gesto que pasaba del enojo a la pena, la jovencita volteó de nuevo a ver a su asesor. Éste, al notar la tristeza en los azules ojos de su alumna, acotó:
—No malentienda mis palabras. Todos sus profesores le tenemos un gran afecto a usted. Y sabemos que es una gran estudiante, con muchas aptitudes para la música, la literatura y la comprensión abstracta. Pero el talento sin disciplina es como querer sembrar en la tierra más fértil la semilla más saludable y nutritiva de la cosecha, y esperar que ésta crezca y dé un fruto excelente, aún cuando después de haberla sembrado nadie se dedicó a darle los cuidados pertinentes, como regarla y protegerla de plagas y malezas, con el pretexto de que por ser una semilla saludable y de suprema calidad, esta podría crecer sola y sin ayuda de nadie. Entonces el resultado de su fruto será incierto y sin ninguna garantía.
—Comprendo —respondió la taheña con baja voz—. Si se trata únicamente de que quieren que me esfuerce a todo mi potencial y no únicamente lo necesario para que mis calificaciones sean perfectas, creo que puedo hacerlo. Pero ustedes también deben de entender que así como yo nunca le daría la espalda al estudio, mucho menos se la daría a mi infancia. Todos aquí están tan ocupados compitiendo unos con otros que casi se les olvida que tan sólo somos unos niños, y que la vida es bella, y que hay un mundo allá afuera esperándonos… Mi sueño es convertirme en una escritora de literatura, en una gran novelista, y sé muy bien que para ello tendré que prepararme arduamente. Pero mientras llegue ese día, quiero divertirme, reír, soñar, emocionarme y conocer muchos lugares y personas aparte de este orfanato. Y esa es la razón por la cual sólo dedico el tiempo que creo necesario para los estudios y el resto para relajarme y divertirme. Profesor, prometo esforzarme más, pero por lo que más quiera, no me pida que me la pase todo el tiempo estudiando únicamente.
Dos lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de la pequeña genio mientras esperaba la respuesta de su asesor, temiendo, quizás, que su respuesta sea el no acceder a su petición y ordenar las restricciones de sus libertades como castigo a su falta de disciplina académica y conformismo. Pero, en lugar de eso, el anciano encargado de su desarrollo y educación se levantó de su escritorio y, con una mirada tan tierna como la de un padre, se acercó a la pequeña señorita para darle un fraternal abrazo.
—Yo sería incapaz de pedirte que renunciaras a tu felicidad, Karen —le susurró suavemente para consolarla, pues la niña ya había caído en llanto—. Puedes seguir divirtiéndote como siempre lo has hecho; si te digo todo esto es por que quiero pedirte que cuando tengas algún compromiso relacionado con tu aprendizaje, seas puntual y lo tomes más en serio. Sabes que no es la primera vez que llegas tarde a una clase particular. Si tú asistes y te comprometes con el programa que hemos diseñado para ti, nosotros no tenemos por qué forzarte a que pases tu tiempo libre estudiando si no lo deseas. Eso es lo único que quería decirte. Perdóname si con mis palabras tan duras te hice sentir presionada.
— ¿H-habla en serio, profesor? —Volteó a mirarlo aun con las mejillas húmedas.
—Sí. Es más, pospondremos para mañana nuestra clase a la misma hora, para que así puedas tomarte este día libre.
—Gracias, profesor…
Karen se secó el rostro y, con una sonrisa muy dulce, se despidió de su asesor, salió de la oficina y corrió camino a su habitación, ubicada en el tercer piso del orfanato, en la parte trasera del edificio. Una vez adentro de su cuarto, Karen liberó de su rostro una pequeña sonrisa maliciosa en señal de victoria.
—Chantaje sentimental… ¡Siempre funciona! —Luego de su mofa, alzó la enorme manga de su camisa para fijarse, en su reloj de pulso, cuanto tiempo se le había ido en la conversación—. ¡Diablos! Apenas me queda tiempo de llegar. Sólo espero que aún esté ese engreído cuando llegue. ¡Debo darme prisa!
En cuanto terminó de hablar para sí misma, se apresuró a abrir la ventana de su habitación, la cual es bastante grande, y se trepó en ella, para después brincar ágilmente a la rama de un gran árbol próximo a la habitación. Poco a poco fue descendiendo de él, cuidando que nadie se diera cuenta de su fuga, y, una vez en el piso, la pelirroja salió corriendo apresuradamente lejos del orfanato, cosa que muchas veces hacía en secreto por las tardes después de clases.
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Aquel día, el pequeño local de videojuegos de los suburbios de Londres se encontraba más repleto de lo que era costumbre. Casi la totalidad de los muchos jóvenes que estaban adentro no se encontraban jugando. La razón era que habían sido atraídos ante el espectacular acontecimiento que no podían dejar de presenciar: Se trataba de un desconocido joven que estaba siendo retado una y otra vez en el juego de pelea más reciente del local —el cual se había convertido en el juego de moda— y de cómo, sin importar quien lo retase, éste siempre conseguía la victoria sin demostrar el más mínimo esfuerzo. La cantidad de victorias consecutivas ya había alcanzado las cincuenta, y en vez de que esto emocionara al invicto, parecía que sólo lo hacía aburrirse más. Pero lo más raro era que no importaba si era retado por un novato o por alguien experimentado, en todos los rounds que jugaba les ganaba por KO, pero no sin que su propio peleador perdiera al menos el cincuenta por ciento de su barra de energía vital durante la batalla. Ese patrón era bastante raro. Si bien un experto pudo haber estado cerca de ganarle, ¿porqué un jugador de un nivel más bajo le daría la misma batalla, si lo lógico sería que con un novicio le sería más rápido y fácil acabar con él? Aunque hasta ese momento nadie le había prestado importancia a aquello, hubo alguien quien sí, y que, además, se molestó mucho. Ese alguien era ni nada más ni nada menos que Julian, el chico conocido en ese local por ser el mejor de los jugadores de la zona. Él había llegado hace apenas unos minutos y al enterarse de lo que estaba ocurriendo, decidió observar al forastero y ver que tan hábil era antes de medir fuerzas con él.
— ¡Oye tú! El rubio… —reclamó la atención del gamer, quien acababa de sumar otra victoria a su marcador.
— ¿Mm? —Aquel jovencito de cabello dorado acastañado se volteó buscando la voz de quien lo había llamado—. ¿Qué quieres?
—Me parece una falta de respeto que no estés jugando en serio con ninguno de tus oponentes. ¡Verte jugar así me da la impresión de que no crees que nadie pueda llegar a ganarte!
"¡No puede ser! Por culpa de esa estúpida ya me expuse a tener que lidiar con sujetos como ese" —pensó para sus adentros el delgado jovencito, sin que se dejara de pintar en su rostro esa expresión de fastidio que había adquirido desde pasado un tiempo en el local.
—Mira —aclaró—, la verdad yo no me estoy divirtiendo con esto. Tampoco se trata de humillar a nadie. Lo que hago es esperar a alguien que, de hecho, ya se tardó bastante. Y mientras yo me puse a practicar, estos tipos se pusieron a jugar conmigo uno tras otro.
—Eso no es lo que me molesta —reclamó el castaño—. Si alguien te reta, tú debes enfrentarte a él con todas sus fuerzas.
—Eso no es cierto. Además nadie les dijo que me retaran. Con gusto me dejaría ganar por algunos de ustedes, pero me di cuenta que esta es la única moneda que traje y estoy tratando de durar el mayor tiempo posible mientras llega la persona a quien espero. Por eso trato de que los duelos duren lo mayor posible. No es por ofender a nadie.
—Entonces… —Julian se acercó al tablero de juegos—. ¿Supongo que está bien que juegue contigo mientras tu amigo llega?
—Bueno. Sólo que después no te quejes.
—No voy a quejarme. Porque voy a pedirte que juegues con todas tus fuerzas. —El castaño insertó una moneda en la ranura del aparato y se preparó para el duelo virtual—. Si no lo haces, desconectaré la maquina para que pierdas tu juego, al fin y al cabo ya jugaste bastante.
"Desgraciado… —pensó el rubio con enfado—. Debes creerte el mandamás de aquí para retarme y exigirme con descaro y enfrente de tantos que luche contigo en serio. Tal vez sea idiota de mi parte seguirte el juego, pero lo haré para que se te quite lo creído."
—Está bien, me sorprende que te dieras cuenta, así que a ti te mostraré con gusto mis habilidades.
—No te será tan fácil conmigo, solo peleando con todas tus fuerzas podrías ganarme. —Julian no estaba seguro de que tan bueno era realmente, ya que hasta ahora aquel joven había ocultado perfectamente su desconocido talento con todos sus contrincantes. Pero confiaba en que si peleaba con todas sus fuerzas, sería capaz de obligarlo a revelárselos. Tampoco estaba seguro si podría, a final de cuentas, vencerle; pero debía intentarlo. Sólo luchando contra él se daría cuenta que tan fuerte era. Le retó escogiendo el mismo personaje que él; no por que tratara de imitarlo sino por que ese era el peleador con el cual se desempeñaba mejor, ya que no tenía pensado darle tregua alguna a ese sujeto que se la había pasado burlándose de los demás jugadores. Una vez que el escenario fue escogido y los avisos de preparación para el primer round estaban por comenzar, la pequeña multitud de espectadores postraron los ojos ante lo que para ellos sería una gran batalla que no se repetiría en mucho tiempo.
"ROUND ONE… ¡FIGHT!" Fue el sonido con el que el juego dio inicio. Rápidamente el retador se lanzó contra su oponente, atacándolo velozmente desde el aire. Pero con un reflejo oportuno, el rubio hizo un movimiento evasivo, librando el ataque y quedando detrás de su adversario que aun no tocaba el piso, para así pasar a darle rápidamente el primer golpe: un simple puñetazo débil del que fue imposible protegerse dada su rapidez, y que fue dado antes de que el peleador virtual pudiese recuperar su guardia. Inmediatamente el invicto jovencito hizo retroceder a su peleador para evitar que su oponente pudiera regresarle el daño. Entonces Julian le lanzó una bola de energía y volvió a echarse al aire para atacarlo de nuevo, creyendo así que lograría que su rival saltase para evadir la bola de fuego, y golpearlo en el aire con un ataque que no podría superar ni con un counter attack. Pero el invicto se anticipó a sus movimientos y dio un paso hacia atrás antes de brincar. Esto lo dejó en una posición donde no solo esquivó la bola de fuego de su oponente, sino que también no quedó expuesto en el aire a un ataque directo de su adversario, a quien derribó con una patada desde su posición segura en el aire. Después de esto hubo unos intentos más por parte de Julian por acercarse y herirlo, pero el rubio siempre respondía evadiéndolos o protegiéndose, dándole un pequeño golpe y alejándose. Hasta que el retador decidió cambiar de estrategia y esperar que el invicto diera el primer paso, que, para sorpresa suya, no lo daba. Pues simplemente el desconocido jugador no realizaba ningún movimiento mientras su oponente no se le acercara.
— ¡Bastardo! ¡Te dije que pelearas en serio conmigo! —reclamó con ira el retador.
—Y lo estoy haciendo. Es por eso que no pienso dejar que me des ni un solo golpe.
— ¡Te estas burlando de mí!
Julian nunca se había sentido tan ofendido en un duelo. Sin embargo, sentía que mientras no pudiese ser capaz de romper aquella formidable defensa, no tendría ninguna oportunidad contra su ofensiva, cual fuera que fuese. Lo único que le quedaba por hacer era golpearlo fuertemente, aunque solo fuese una vez, para que el engreído muchacho perdiese finalmente los estribos, bajase inconsciente su guardia y comenzase a luchar en serio. Entonces descuidaría su defensa para comenzar a atacar, y así Julian tendría una oportunidad de ganarle; ya que con la estrategia de apenas golpearlo y alejarse, su rival solo le había bajado a su peleador la cuarta parte de su barra de energía vital y el primer round estaba a punto terminar. Necesitaba de sólo un ataque. Únicamente necesitaba darle un buen combo de ataques para arrebatarle la ventaja y ganarle por término de tiempo el round. Habían sido tantas las maneras con las que había intentado atacarlo que ya tenía una idea de cómo leer sus movimientos. Así que gastó un marcador de su barra de poder para hacer que su personaje entrara en modo "Attack Buster" y se lanzó ferozmente en un último ataque desesperado.
—Esto se está poniendo muy interesante. —El invicto esbozó una sonrisa; finalmente estaba divirtiéndose. Ningún oponente anterior lo había entretenido como Julian. A todos los vencía con tanta indiferencia, como si en vez de entretenerse, sólo se aburriese más. Pero esta vez el joven pareciera que por fin se estaba entreteniendo. Al ver como su contendiente se dispuso a atacarlo una vez más, sonrió emocionado, aceptando el desafío. Así que se dispuso a esperar el ataque para intentar evadirlo como lo había hecho con los otros. El ataque de Julián fue rápido y directo: una patada fuerte, que por el ángulo aéreo y rapidez del movimiento, el invicto no tuvo otra opción que cubrirse. Inmediatamente Julian comenzó una serie de combos, sometiendo a su oponente a no poder zafarse de los ataques que, por la velocidad del modo "Attack Buster", no dejaban tiempo para contraataque o escape alguno. Faltaban ya pocos segundos para que terminara el round y, aunque Julian no dejaba de atacar a su adversario, el tiempo de su modo "Attack Buster" estaba por terminar y entonces aquel rubio a quien había retado podría zafarse de sus ataques y contraatacarlo. Cuando el cronómetro había llegado a dos segundos y todo parecía que la victoria sería del invicto, una suave voz, entonada firme y fuertemente, se dejó escuchar detrás de la multitud de espectadores del duelo virtual.
— ¡Maaax!...
Aquella conocida voz hizo que el video jugador de cabello dorado se distrajera por unos instantes.
"Te tardaste demasiado, maldita Kitty" pensó, y por un reflejo involuntario despegó por unos instantes la vista de la pantalla, tratando de voltear hacia donde estaba la jovencita a quien había estado esperando desde que llegó al local. Pero en ese momento su adversario se aprovechó de su descuido y, con un poderoso combo de ataques, comenzó a herirlo por vez primera en la pelea. Aquel combo hubiera sido capaz de bajarle más de la tercera parte de su barra de energía vital, pero, por los escasos dos segundos que quedaban de tiempo, el combo se quedó incompleto. Apenas logró bajarle la cuarta parte de su vital restante. Mientras tanto, el jugador invicto volteó de nuevo hacia la pantalla y presenció el resultado de su descuido. El contador había llegado a cero y el primer round llegó a su fin. Las barras de energía vital quedaron tan parejas que nadie sabía a ciencia cierta quien había ganado el primer asalto. Todos los espectadores esperaban con vehemencia que la computadora anunciara al ganador. Para sorpresa de todos, la pantalla anunció un empate.
—Max, perdóname por haberme tardado tanto. —La jovencita de cabello escarlata y ojos azules, quien había llegado hace unos momentos, un poco agitada, se acercó donde se encontraba la multitud y se abrió paso donde se encontraba la batalla entre ambos gamers—. Mi asesor me reprendió por no haber ido a una clase particular y…
— ¡Infeliz! ¡Te dije que pelearas en serio conmigo! —Le gritó con enfado Julian a su contrincante, quien permanecía indiferente al resultado de la pelea simulada—. ¡Te dije claramente que si no lo hacías apagaría la maquina y te correría de aquí!
—Ahora sí que te pasaste, Kitty —le comentó el rubio a su bella amiga que lo había llamado Max, ignorando los gritos de Julian. Kitty se tocaba la nuca y hacía un gesto de apenamiento por su tardanza.
— ¡Te estoy hablando! —volvió a gritarle el iracundo gamer, esta vez jalándolo hacia él con su brazo.
—Todavía queda un round —contestó muy molesto por haber sido interrumpido de tal forma—. Si lo que tengo que hacer para que ya no me molestes es vencerte, entonces vete preparando porque ya no pienso seguir aguantándote... Kitty —miró a su amiga de nuevo—, espera sólo un momento. No será nada comparado con el tiempo que yo te esperé a ti.
Después de haberle dicho eso a su compañera, volteó y clavó una intimidante mirada hacia su adversario, retándole con sus castaños ojos hacia lo que sería una feroz batalla virtual. Como el primer round había terminado en empate, la batalla se decidiría con el resultado del segundo round. Los espectadores observaban con mucha emoción el inicio del fatal encuentro. Todos creían que por el resultado de la anterior contienda, el nivel de ambos jugadores era el mismo. La única persona que no mostraba interés era la joven genio de cabellos rojos que se dejaba llamar "Kitty" por su amigo. Ella únicamente se limitó, cruzada de brazos, a esperar que el duelo terminarse.
Justo en el momento en que el computador dio la indicación del inicio del segundo round, Max, el desconocido jugador, se dejó abalanzar ferozmente hacia su adversario virtual; caso muy contrario a lo que se había dedicado todo el duelo anterior, y, así, comenzó una serie de veloces y precisos ataques que Julian apenas pudo cubrirse. Pero entonces el rubio aprovechó la inmovilidad que le había provocado a su contrincante para acercarse y aplicarle una llave a su virtual oponente, dando el primer hit del round. Julian se quedó horrorizado ante las habilidades del rubio, quien daba unos ataques insistentes sin bajar su defensa en lo más mínimo. Todo indicaba que no tendría oportunidad de ganarle. Siempre que intentaba acercarse, él lo golpeaba antes que pudiera golpearlo él primero y después se le iba encima como una fiera a atacarlo tan hábilmente que no podía quitárselo de encima. Cuando Max se acercaba para atacarlo, Julian trataba de detenerlo, pero su enemigo se movía con tanta agilidad que terminaba siendo apaleado una y otra vez. El resultado del desempeño real de Max se estaba revelando ante los ojos de aquellos espectadores, quienes no podían creer que el mejor de los video jugadores del barrio estuviera recibiendo una paliza de un desconocido. Finalmente Max dio fin al encuentro con un fuerte ataque especial que, aunque Julian logró cubrirse, barrió lo poco que le quedaba de energía vital al personaje de su oponente.
El campeón local había sido derrotado en "perfect" por un chico desconocido. Los espectadores se quedaron sin aliento; nadie lo podía creer. Incluso Julian se quedó petrificado de ver que contra aquel sujeto era imposible defenderse. Ahora entendía por qué aquel chico no quería esforzarse en ninguna de sus batallas.
—Kitty, ya estoy listo. —El rubio volteó a mirar a su amiga, dirigiéndola hacia él con sus enormes ojos avellanados.
—Eres un creído. —La jovencita se fue acercando hacía los controles de la maquina en lo que se alzaba las largas mangas de su camisa y sacaba una moneda de su pantalón—. ¿Me permites pasar? —le preguntó con amabilidad al castaño que aún estaba semi escéptico del resultado del juego. Después de que Julian se hizo a un lado, la pelirroja insertó la moneda en la ranura de la maquina y retó a Max a un duelo. Mientras que Julian, aún un poco tieso por la batalla, se quedó cerca del aparato, junto con un amigo que trataba de animarlo por su derrota. Los demás espectadores se fueron retirando poco a poco. Ya habían estado mucho tiempo presenciando como jugaba aquel rubio de cabellos semi lacios, cuyos mechones se dejaban caer hacia todas direcciones, dejando casi tapadas su frente y sus orejas. Al parecer ya habían perdido la esperanza de ver que fuese derrotado y no le tomaron la menor importancia al hecho de que esa jovencita lo retase también. Julian, quien todavía no se recuperaba de la impresión causada por el juego, volteó hacia los jóvenes que se habían quedado casi solos, y contempló de nuevo a aquel sujeto que, en cierta manera, había herido su ego.
—Espero que hayas practicado, Kitty. Me molestaría que después de haber esperado tanto no me divirtieras —le dijo el rubio a su compañera de juegos mientras esperaba que seleccionara a su peleador.
—Pues la verdad apenas y pude probarlo. Pero no le he visto mucha diferencia de sus versiones anteriores, así que no importa. —La chica seleccionó a un personaje de género femenino, bastante utilizada por su gran velocidad y el alcance de sus ataques; la cual lucharía contra el personaje protagonista de Max, cuyas técnicas y fortalezas lo volvían peligroso en manos de alguien hábil y de buenos reflejos.
—Hum… ¿Qué caso tiene probar una nueva versión si escoges un personaje que sale en las anteriores y a quien ni siquiera le cambiaron el look ni le agregaron nuevas técnicas?
—Ya te dije que no tuve tiempo de practicar bien.
— ¿Que no? Hace un mes que acordamos venir aquí a probarlo juntos y eso era más que suficiente para que buscaras un lugar donde probarlo adecuadamente.
—No todos tenemos la bendición de ser unos vagos como tú.
La discusión entre ellos se hubiera alargado más de no ser que el duelo estaba a punto de comenzar y su atención se fijó en prepararse para la pelea. El "Fight!" que indicaba el inicio del primer asalto se dejó escuchar y la pelea dio inicio. El semblante de Max se volvió serio y con un rápido movimiento se acercó a su rival lanzándole una fuerte patada voladora. La pelirroja apenas pudo reaccionar y respondió con una técnica de patada de media luna. Ambos ataques colisionaron al mismo tiempo, arrojando a los dos personajes contra el piso en direcciones opuestas y bajándoles a ambos energía vital como resultado. Al de Kitty, un poco más que al de Max. Tal acción fue tan rápida e impresionante que hizo que Julian, quien miraba junto con su amigo la batalla, se sorprendiera enormemente.
"¡Imposible! ¡¿Quiénes son estos tipos!?" Pensó al observar tan solo el comienzo de lo que sería una batalla sin tregua hasta el fin.
Después de ese singular inicio, la pelea continuó con unas demostraciones de técnicas y velocidad asombrosas. Cada movimiento del adversario era leído fácilmente por el otro, que a su vez, mantenía su defensa esperando el momento oportuno para pasar a ser el atacante. Solo de vez en cuando la defensa de uno de ellos era superada por el otro, logrando herirlo. Pero el contraataque era tan inmediato que los contendientes se mantuvieron parejos durante todo el round. Su concentración era tanta que no conversaban entre sí, ni ponían atención en si alguien los estaba observando. Para ellos solo existía el juego. A cinco segundos de que el round uno terminase, Kitty consiguió superar la defensa de su amigo y conectarle a su peleador un ataque especial de múltiples hits, con lo que obtuvo bajarle lo que quedaba de energía vital a su enemigo y ganar el primer asalto. Max gruñó molesto mientras que Kitty se volteó para mostrarle su lengua en señal de burla. Mientras tanto, detrás de ellos, los jóvenes que se habían quedado a observar estaban totalmente anonadados por lo que habían presenciado. Esa chica no solo le había hecho frente a aquel muchacho, sino que también había conseguido ganarle un asalto.
"¡Imposible! ¿Acaso ese miserable esta jugando y se dejó ganar por ella?" Pensó el castaño que había quedado tan sorprendido que decidió seguir observando para ver el resultado final de la contienda entre estos dos jovencitos. "No. Aunque antes no jugó en serio, él jamás se dejó ganar un solo round cuando peleó con los otros. No creo que ahora sí lo haga sólo porque se trata de su amiga. Además dijo que estaba esperando todo este tiempo a alguien, y no me cabe duda que se trata de ella. Y no solo eso, están jugando de una manera asombrosa. No creo que ninguno de ellos esté bromeando."
El segundo round dio comienzo y Max volvió a lanzarse ferozmente hacía la luchadora virtual de Kitty. La pelirroja soltó rápidamente su ataque de patada de media luna, creyendo que esta vez sería más rápida que él, y lo derribaría al piso; sólo que esta vez el personaje de Max no se lanzó hacia el de Kitty, sino que se pasó de largo, por encima de este, haciendo que solo abanicara con su patada el aire. Después, Max aprovechó para golpear a su adversaria por la espalda mientras seguía en el aire, para inmediatamente aplicarle una serie de ataques en combo en el piso, concluyendo con un fuerte ataque especial que arrojó lejos a su oponente; con un total de hits de siete y bajándole casi la tercera parte de su barra de energía vital.
—Ingenua… —le sonrió maliciosamente el rubio acastañado a su amiga quien había caído en su trampa.
—Creído… —la linda aunque desalineadamente vestida mujercita hizo una mueca de enfado y se preparó para cobrar venganza por el truco sucio en el que había caído. La batalla continuó su curso. Los ataques de cada quien eran tan parejos que el tiempo se fue pasando sin que la diferencia en las barras de energía vital disminuyera mucho. Gracias a la ventaja que Max había obtenido al inicio del juego, logró obtener la victoria a los 15 segundos por terminar el segundo round. Kitty estaba tan furiosa con ella misma por haber perdido por aquel descuido que apretó los puños, puso una mirada de resentimiento y esperó firmemente el comienzo del último round, haciéndose por dentro la promesa de que ya no caería en otra trampa tan infantil.
"Ya no me cabe la duda de que están peleando en serio" pensó Julian. "Él no le tiene piedad y aprovechará cualquier descuido para derrotarla lo más pronto posible. Y, sin embargo, si él comete un solo descuido, esa chica podría aprovecharlo. Y entonces, no le será fácil recuperar la ventaja, ya que esta chica no es fácil de vencer. A estas alturas saber quien va a ganar es casi imposible de saber."
El tercer round comenzó y ambos jugadores retrocedieron como primer movimiento, esto como precaución ante cualquier intento de ataque del otro. Ambos sabían que cualquier error les costaría la derrota. Durante unos segundos se mantuvieron quietos, pensando en como predecir los movimientos del otro y esperando que su oponente se precipitara en un ataque para después intentar contrarrestarlo. Finalmente Max tomó la iniciativa y se acercó cautelosamente hacia su rival para comenzar a atacarla. Kitty se escapó hábilmente de su ofensiva, pero cuando trató de acercarse recibió un puñetazo del personaje de su adversario. No obstante, se barrió en el piso para derribar a su oponente y después esperó a que se levantara para arremeterlo con más ataques. Pero el peleador de Max se barrió hacia donde estaba la peleadora virtual de Kitty y rápidamente le aplicó una llave de judo, estrellándola contra el piso. Max se alejó para evitar un contraataque sorpresa de su amiga, pero ella aprovechó su alejamiento para levantarse sin problemas y se acercó a su rival para atacarlo una y otra vez, aprovechando que Max se había acorralado él mismo en la orilla izquierda del escenario. Con movimientos más y más peligrosos la batalla continuó manteniéndose muy pareja. No obstante, en los últimos segundos del juego, Kitty logró impactarle un ataque con el que lo deja a muy poco de quedarse sin energía vital, al peleador de Max. Ella solo tenía que darle, ahora, un pequeño golpecito para derrotarlo y ganar el juego; mientras que a su personaje todavía le quedaba por arriba del 20% de su barra de vital. La joven comenzó a saborear su victoria. Y, para consumarla, se preparó en acorralar a su rival para, así, lanzarle una súper técnica especial que no podría esquivar y que, al cubrirse, terminaría perdiendo lo que le restaba de vital. Todo parecía el fin y resolución del juego. Aquel último movimiento daría por terminado el round y no había escapatoria alguna. Julian y su amigo estaban conscientes de la situación y adelantaron que esa formidable chica había logrado vencer, finalmente, a aquel sujeto que había permanecido invicto durante más de 50 enfrentamientos. Pero en el instante en que Kitty lanzó el ya inesquivable súper ataque al casi vencido enemigo, Max, consciente de la situación, hizo algo que nadie se esperaba: en lugar de tratar de evadir o cubrirse la embestida de patadas que se aproximaba a su peleador, utilizó sus tres barras de energía de poder para que su luchador entrase en modo"Defense Counter", y, antes de recibir el impacto, lanzó una técnica de embestida contra su adversaria. Ambos peleadores virtuales chocaron brutalmente y cayeron arrojados al piso en direcciones contrarias. El juego proclamó la terminación del tercer asalto y declaró el resultado en empate. Como los tres rounds ya se habían jugado y nadie todavía ganaba, el match completo fue declarado un empate por el CPU del videojuego y ambos jugadores perdieron.
— ¡Soquete! —Le reclamó la chica al rubio de ojos cafés—. ¿Por qué hiciste eso si tú ya habías perdido?
—Pues si tenía que perder, al menos no me iría solo.
—Pero no se vale. Tú ya habías jugado. Por tu culpa mi juego se terminó. Te hubieras dejado ganar para que yo siguiera jugando.
—No. Ni de loco.
Kitty miró con una infantil expresión de rencor a su pesado amigo, quien, a pesar de haber empatado con ella, mostraba un gesto de soberbia; como si él hubiese sido el vencedor.
—Mejor vayámonos de aquí —agregó—. Por tu culpa ya se hizo tarde.
—Bueno… —suspiró la niña con cansancio—. Ya me las pagarás otro día…
Ambos chicos se fueron retirando hasta salir del establecimiento, que se quedó vacío excepto por Julian y su amigo; estos permanecieron quietos en el lugar donde vieron la pelea.
—No entiendo bien que pasó —le dijo el muchacho a su amigo una vez que aquellos jóvenes desconocidos se retiraron. Julian se quedó callado por unos momentos y después le respondió:
—Ese tipo es increíble. Nunca imaginé que a pesar de toda esa presión pudiese hallar la manera de empatarle. Aún cuando yo pensé que el juego ya estaba decidido, pudo hallar el método para defenderse.
—Sí… pero entonces explícame como le hizo. Pensé que el ataque de esa chica ya no podía esquivarse y que además le quedaba suficiente barra como para aguantar un simple golpe como el que le dio.
—Exactamente. En una situación normal, su embestida hubiera sido rechazada y habría sido atrapado por la ráfaga de hits del oponente. Pero el estado "Defense Counter" que activó le permitió no recibir daño del primer impacto del oponente durante la realización de su ataque, por lo que su peleador no fue repelido hasta no impactar su puño contra su oponente. Ya que el estado "Defense Counter" también incrementa el daño que le haces a tu enemigo, y el ataque se dio al mismo tiempo que ella se encontraba atacando, la técnica causó mucho más daño de lo normal y fue suficiente para quitarle todo lo que le quedaba de energía vital, al mismo tiempo que le quitaba a él el suyo.
—Ya veo… Entonces esa era la única alternativa que había y él la encontró y la utilizó en un instante. No cabe duda de que es un prodigio. Ju… —de pronto, aquel joven notó como su amigo empezó a gruñir de dolor mientras se tocaba con fuerza el pecho y se precipitaba al piso—. ¡JULIAN!
Aquel muchacho estaba muriendo irremediablemente, ya que su corazón se había detenido. Su compañero gritó por ayuda y permaneció a su lado esperando que alguien llegara a ayudarlo. Mientras que, detrás de él y sin que pudiera darse cuenta, les observaba una criatura enorme y plateada que presenciaba fríamente el resultado de su intervención. "Tomaré unas cuantas vidas más antes de ir con ese humano" pensó y se marchó, dejando solo al inconsolable niño que ya se encontraba llorando por su difunto amigo.
En un hermoso parque de Londres, en el puente que se encontraba dentro de un pequeño lago artificial con una bella fuente en el centro, se encontraban aquellos chicos especiales, contemplando el caer del agua de la fuente de ese lago. Max, acurrucándose en los pedestales con la cabeza recargada y con un ceño aburrido y cansado; Kitty, con sus manos en la cintura y mirando atentamente el roció de la fuente que, con el viento, les rociaba a ambos con unas cuantas briznas que les refrescaban del calor de Julio. Aquellos chicos se encontraban entre platicando y discutiendo, como era ya costumbre en ellos.
—Entonces… ¿Por qué te tardaste tanto? —Preguntó el rubio acastañado a su amiga sin dejar de mirar hacia la nada.
—Pues… —la chica suspiró y volteó a mirarlo— me quedé dormida cuando tenía unas clases particulares con mi asesor, y como no alcancé a llegar, me dio un sermón bastante largo sobre por qué no debo ser indisciplinada por más lista que sea y cosas así. El sermón duró más de lo que esperaba.
—Ja. —El chico soltó una sonrisa algo burlona—. La verdad no me gustaría estar en tus zapatos. Más que un orfanato parece una especie de prisión donde explotan los intelectos de sus reos para generar energía eléctrica con sus neuronas o algo así.
—No seas payaso.
—En ese sitio les lavan el cerebro a los niños para que se sientan los salvadores de la humanidad y ponerlos a estudiar como locos, con la promesa que de grandes van a ser muy felices. ¡Como no!
— ¡Que malo eres! Lo dices como si aprender no valiera la pena.
—Yo no dije eso. Pero ¿de qué sirve entregarte al trabajo y al estudio si no hay diversión? La vida es muy corta como para no divertirse y relajarse. Por ejemplo, estoy por cumplir los quince años de vida y siento que todavía me falta mucho por jugar y divertirme.
— ¿Qué? Pero si casi la mayoría del tiempo te la pasas holgazaneando y jugando videojuegos.
—Pues no me es suficiente. —El rubio se levantó de su posición e hizo una leve indicación a su amiga para que ambos comenzaran a caminar lejos de la fuente—. Aún hay muchos videojuegos que quiero jugar, muchos cómics y mangas que quiero leer y mucha comida chatarra que quiero comer.
—Hablas como si fueras un niño de 10 años —fanfarroneó la pelirroja mientras seguía a su amigo—. ¿No crees que ya es hora de que empieces a madurar?
—Sí, claro… Como tú ya estas "madurando"…
Las palabras de aquel muchacho le hicieron darse cuenta a Kitty que éste se había estado fijando en su camisa, que se había ajustado a su joven cuerpo por la humedad que se impregnó del roció de la fuente. Como lo único que llevaba debajo ella era una delgada blusa de tirantes, parte de su atractivo se alcanzaba a apreciar si se miraba con atención.
— ¿Pero qué me estas mirando, maldito pervertido? —Le conectó una buena bofetada a su amigo, quien comenzó a alejarse de ella, a correr—. ¡No huyas!
— ¡Tranquilízate! —Max comenzó a huir por los prados con su amiga pisándole los talones—. Dije eso porque cuando nos conocimos sólo éramos unos pequeños niños. ¡Y mírate ahora! —le insinuó pícaramente, con un gesto malicioso.
Los comentarios de Max inundaron el rostro de Kitty de rojo a la vez que lo marcaron con una mirada de furia. La persecución los llevó a casi darle la vuelta entera al parque, hasta que, mientras corrían por lo profundo de las áreas verdes, Max se tropezó y calló al suelo. Entonces Kitty aprovechó y lo sujetó en el piso, volteándolo boca arriba y sujetándole los brazos.
—Nunca vuelvas a hacer comentarios de esa índole. ¿Entendido?
—L-lo siento… —le contestó con una expresión artificial de arrepentimiento—. No era mi intención avergonzarte.
"Lo que quieres es molestarme. No te seguiré el juego" pensó la de azules ojos mientras miraba a su amigo. Tras unos instantes, contestó: —No es que me diera vergüenza… pero me molestó mucho que le hicieras un comentario así a una señorita tan decente como yo.
Kitty, aun con su amigo sometido en el pasto, comenzó a pasar la punta de su dedo índice por encima de la playera de Max, a modo de provocación. Y éste simplemente se empezó a poner nervioso.
—Después de todo, tal y como dices, yo ya no soy una niña. Y a las señoritas como yo no nos gusta que nos hagan comentarios ofensivos. —Kitty decía estas palabras con una expresión tan dulce y provocativa que las mejillas de Max comenzaron a ruborizarse. Y no era para menos. La criatura tenía un rostro angelical. Su piel blanca y tersa sin ningún defecto resaltaba sus finas facciones al grado que cualquier muchacho se enamoraría de ella a primera vista. Su sumamente larga melena escarlata se había dejado esparcir hacia el pasto, rodeando parcialmente los rostros de ambos. Esa fue la primera vez que Max miró a su compañera de una forma muy distinta a como solía verla: como a una niña, como a una simple amiga.
"Miserable… si quieres guerra… veamos hasta donde puedes seguir con tu teatro…" dijo para sus adentros con la respiración agitada y con un cosquilleo en el pecho. —Te equivocas, Kitty —le dijo—. Estoy tan consiente como tú de que ya eres una hermosa dama y, como tal, debo tratarte con respeto. Pero mis palabras no fueron para ofenderte… —le aseguró clavando su mirada en ella de forma audaz y firme— Lo dije porque soy un tonto y no hallaba las palabras adecuadas para expresar lo mucho que admiro tu belleza. Lo que trataba de decir es que me gusta ver como te estas volviendo, poco a poco, una mujer tan preciosa. Perdona si me expresé de esa manera tan infantil y vulgar.
El rostro de Kitty se sonrojó aun más de lo que ya estaba. Por un momento pensó echarse para atrás con este juego y golpearlo, pero su orgullo le dijo que debía resistir hasta que Max perdiera los estribos y quedara como el inmaduro torpe que era.
— ¿Realmente crees que me estoy poniendo muy bonita? —Le susurró en voz baja mientras acercaba atrevidamente su rostro al suyo.
—Sí. Si como niña eras muy bonita, como mujer te estas convirtiendo en una belleza —contestó haciendo el mayor esfuerzo de no desviar la mirada a pesar de lo nervioso que empezaba a sentirse—. Pero pienso que no está bien que, siendo amigos, tenga estos pensamientos hacia ti.
Ambos niños estaban muriéndose de pena por dentro, tanto por la manera en que se expresaban ellos mismos como también las palabras y acciones del otro. Aún sabiendo que sólo estaban fingiendo pata molestarse, esto les parecía de lo más extraño, porque era la primera vez que se les pasaba por la cabeza decir esa clase de cosas; y menos, decírselas entre ellos. Pero ninguno estaba dispuesto a echarse para atrás hasta que el otro saliera corriendo muerto de vergüenza.
—No veo que tenga nada de malo que lo hagas. Eres mi amigo y si piensas en mí, al menos ya sé que lo haces con respeto. A las mujeres nos gustan los halagos…
"Siento que la sangre se me va a salir por los poros…" Max titubeó por unos segundos antes de seguir. —Sí lo tiene… porque sería un problema que con el tiempo me fuera enamorando de ti…
Estas últimas palabras fueron lo último que Kitty pudo soportar. Al escucharlas sintió como si el corazón se le fuera a salir de un latido. "I-infeliz… Siento que debería golpearlo por descarado, pero en lugar de eso… ¡No puedo moverme…!" pensó la todavía infante mientras continuaba intercambiando miradas con su amigo.
—Esos jóvenes, que envidia me dan…
—Shhht… no los molestes y déjalos solos, querido.
Max y Kitty salieron de su trance, rápidamente voltearon hacia el camino más cercano al área verde donde estaban, y vieron que aquellas voces eran de una pareja de ancianos que iban caminando por el sendero y los vieron, ocasionalmente, en su singular escena.
— ¡AHHHHHHHRG!
— ¡KYAAAAAAAA!
Gritaron, casi al unísono, del susto y se levantaron con desesperación para correr hasta perderse de vista.
—Ves. Te dije que no los interrumpieras —le dijo calmadamente la viejecita a su esposo.
—Me recuerdan a nosotros cuando teníamos su edad —le contestó, tiernamente y con una sonrisa, el señor a su fiel compañera.
Kitty y Max permanecieron corriendo aún después de salir del parque, hasta agotar todas sus energías. Finalmente se recargaron en una esquina de los suburbios para recuperar el aliento.
— ¡Estúpido! —Gritó Kitty entre jadeos de agitación—. ¡Todo esto es por tu culpa!
— ¡¿Mi culpa?! ¿Quién fue la que comenzó ese jueguito de "a ver quien se apenaba primero"?
Al oír esto, Kitty le conectó un trancazo en la cabeza por su atrevimiento.
— ¡¿Y quien fue el que en un principio me estaba mirando el busto e hizo un comentario atrevido al respecto?!
—Al fin que si no te hubiera dicho nada no te hubieras dado cuenta. ¡Mejor ni te quejes!
— ¡Grandísimo animal! Tú siempre encuentras la manera de fastidiarme, ¡pero esta es la primera vez que lo haces de una manera tan sucia!
— ¿Estás segura?
El silencio anidó por unos instantes.
— O sea… ¿O sea que ya en otras ocasiones me has mirado?
—Puede ser… Si no fueses tan descuidada con tu apariencia, quizás te darías cuenta sobre lo importante que es usar sujetador cuando tu busto lleva más de un año que se empezó a desarro…
— ¡Cállate! —la joven, más avergonzada que antes, le conectó un puñetazo en el oído que le hizo perder el equilibrio.
La discusión siguió su curso como era ya costumbre. En lo que se recuperaban completamente del cansancio, los dos amigos fueron a un pequeño autoservicio donde Max se compró una enorme bolsa de papas fritas que se fue comiendo mientras se dirigía, junto con Kitty, al lugar donde ellos siempre se despedían para regresar a sus hogares.
—Oye, Kitty —le susurró Max a su amiga en lo que sacaba una papa frita de su bolsa para morderla—, ¿crees que alguien más nos habrá visto aparte de esos viejitos?
—De ser así… —una vena de enojo se marcó en la sien de Kitty— más te vale que, si el que nos vio fue un conocido tuyo, le aclares que no soy nada de esas cosas tuya. ¿Entendido?
—Ja —sonrió sarcásticamente el joven—, ¿qué podría decirles entonces para explicarles? ¿Que querías violarme?
Como resultado de su comentario excesivamente atrevido, Max recibió, de nueva cuenta, otro manotazo de su amiga, éste dado justo en la boca, con el que finalmente guardó silencio y continuó caminando, dedicándose únicamente a comer su tan querida botana mientras se sobaba la pequeña herida.
Su paseo continuó normalmente para los dos. Sin embargo, había algo que desconocían. Detrás de ellos una criatura completamente invisible para los ojos de los humanos, les venía siguiendo desde hacía tiempo, cuando aún estaban en el parque. Aquella figura plateada y monstruosa que los acompañaba, volando encima de ellos con sus enormes alas de libélula, los observaba fríamente mientras un profundo pensamiento de rencor le pasaba por la mente:
"Ha llegado la hora. Voy a utilizarte a ti. De esta manera, no solo obtendré lo que quiero, sino que también vengaré la muerte de mi hermana, al marcarte con la peor maldición con la que un humano puede cargar…"
CONTINUARÁ…
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