FANFICTION: ¡Fada! (Death Note) cap 9

Nativitas


— ¡Grandes noticias! —Gritaba Matsuda con ilimitada alegría y emoción—. ¡El bebé de Misa y Light-kun por fin ha nacido!

— ¿En serio? —gritó un Soichiro que inmediatamente se había contagiado de la emoción.

— ¿Y qué es…? —preguntó Aizawa.

—Sí, dinos —se apresuró Ide levantándose con ansias del sillón—. ¿Niño o niña?

— ¡Eso es lo mejor de todo! ¡Misa y Light tuvieron…!

Unas horas atrás…

—Aquí están —exclamó Ide a sus compañeros al ofrecerles a cada uno un vaso desechable lleno de café expreso, que había comprado de la máquina expendedora de la clínica—. Ten, Matsuda, aquí está el tuyo.

—Gracias. —Lo tomó. Sopló ligeramente tras intuir que, de lo humeante que estaba, seguramente estaría demasiado caliente. Luego le dio un pequeño sorbo—. ¡Ahh! ¡Delicioso! Nada como un buen café para pasar la noche en vela. ¡Hoy sí que ha sido una noche muy larga!

—Ni falta hace que lo digas —musitó luego de un suspiro el detective de mediana edad a la vez que fruncía ligeramente el ceño. Mogi y Soichiro Asintieron con tenuidad.

Todos estaban realmente fatigados. Aunque, gracias a su incomparable entusiasmo, Matsuda aparentaba seguir lleno de energía, pese a que, en realidad, era quien más cansado sentía.

—Por cierto, Mogi-san, Ide-san —acotó el jovial Matsuda—, ya hemos terminado la investigación por hoy. Si quieren pueden retirarse a descansar con sus familias.

Soichiro se extrañó un poco de aquella actitud aparentemente sensata.

— ¿Y no acompañar al jefe, ahora que está por nacer su primer nieto, el primer hijo de Light-kun? —Contestó Ide, a la par que tomaba asiento junto a los otros. Luego pasó a mirar fijamente al techo con sus pequeños ojos—. ¿Qué clase de compañeros…? No… ¿qué clase de amigos seríamos?

Mogi le secundó con la mirada. Matsuda sonrió satisfecho de haber escuchado la palabra "amigos" aplicada a ellos como grupo, no solamente compañeros de trabajo.

—Además —continuó—, ¿por qué no te aplicas el consejo a ti también?

— ¡Ide! ¡Yo también quiero conocer al bebé de Light-kun! Además yo soy soltero y no tengo porqué regresar a mi departamento si no quiero.

—A propósito, jefe, ¿ya le avisó a su esposa y su hija dónde se encuentra?

—Sí… —respondió—. Cuando salí afuera le llamé por teléfono. Le pedí que no le avisara a Sayu hasta que se despertara. Mañana a primera hora vendrá a visitar a Misa.

Continuaron conversando de cosas triviales y relacionadas a la futura paternidad de Light. Matsuda era quien se encontraba más animado de todos, ya no podía contenerse las ganas de saber el género del bebé que venía en camino.

—Y… ¿Ustedes qué creen que será el bebé? ¿Niño? ¿O una linda niña?

—Sea niña o niño, amaré por mucho a mi nieto. —Se vanaglorió Soichiro con una fraternal y sincera sonrisa.

—Aún así… ¿No hay un sexo que le gustaría que fuese? Si es un niño… o una niña… ¡A mí…! ¡A mí me gustaría que fuera una niña!

—Tonterías —interrumpió Ide, quien acababa de darle un buen trago a su café humeante—. El primogénito de una familia de preferencia debe de ser un varón. Luego del varón, pueden venir todas las damitas que se quieran. Pero siempre debe haber al menos un varón en la casta.

— ¡Ide-san! ¡Cómo puedes decir esas cosas en pleno siglo veintiuno!

Ide se ruborizó y se levantó de su asiento exaltado. — ¡No me malinterpretes, idiota, dije claramente que eso sería lo mejor, no que es obligatorio!

— ¡Silencio! —Exigió el hasta entonces callado Aizawa—. Ide, mi primera hija fue una niña a la que amo mucho y nunca me decepcionó no haber tenido primero un varón. Y Matsuda, el jefe ya te dijo que le daba igual el género de su nieto. Estamos en un hospital, ¡compórtense!

Los dos agentes agacharon la cabeza y un aura de depresión les rodeó. Soichiro se sorprendió de lo enérgico que a veces podía ser Aizawa con ellos, especialmente por Matsuda.

—Sigo insistiendo en que será una niña… —susurró el ocurrente detective a su amigo, tratando de no ser oído por Aizawa.

—Será un niño —contestó Ide en el mismo tono bajo.

— ¿Quieres apostar?

—Con gusto…

—10,000 yens a que es niña.

—Doblo la apuesta a 20,000 a que será niño.

—De acuerdo…

—Bien…


Misa Amane tenía unos pocos instantes de haber sido trasladada al paritorio. La enfermera le explicó que el estrés al que había sido sometida le había hecho adelantar el parto, no obstante que, gracias a Dios, no hubo mayor percance y que podría llevarse a cabo de manera natural. "Todo por culpa de ese chofer loco" pensó con un mohín de rabia y una pequeña vena marcada en su sien izquierda.

— ¡Qué lugar tan interesante! —Exclamó Ryuk, quien miraba de arriba abajo los aparatos de monitorización que había junto a la peculiar camilla donde yacía recostada la rubia—. ¿Eh…? ¿Por qué me estás mirando tan feo, Misa?

Efectivamente, la mirada llena de hostilidad de Misa hablaba por sí sola para cualquier sujeto con sentido común, cualidad de la que, desgraciadamente, el shinigami carecía. La próxima a ser madre le hacía toda clase de señas con la cabeza para indicarle que se largara, señalándole con la colérica mirada la salida.

— ¿Quieres que me vaya? Pero yo quiero ver como nace el bebé…

Misa frunció el ceño, apretó los dientes con todas sus fuerzas y comenzó a golpear con fuerza el colchón de la camilla con ambos puños cual niño haciendo una rabieta. ¡Cuántas ganas tenía de que la comadrona y las enfermaras asistentes no estuvieran para poderle gritar a aquel dios de la muerte un sinfín de cosas que él no podría olvidar en mucho tiempo!

—Señorita —una de las enfermeras se dirigió a Misa al verla comportarse desesperadamente—, entiendo que el dolor es grave pero, por favor, sea paciente, relájese y continúe con sus respiraciones. Terminaremos pronto con esto.

—Está bien —contestó con la voz medio desgarrada. Dejó de moverse y solo se dedicó a observar a Ryuk. Mientras le miraba, dos lágrimas de enfado comenzaron a rodar por sus mejillas. El shinigami se consternó ligeramente de verla en aquel estado, permaneció inerte por unos instantes más y, finalmente, cedió a su súplica.

—Tú ganas. Iré a ver si Light por fin llegó.

La joven suspiró de alivio una vez que el cuerpo del monstruo desapareció por completo al traspasar el piso. Justo a tiempo, porque la tocóloga, con ayuda de sus asistentes, comenzaron a posicionarla para el parto. El dolor que sentía ya no significaba tanto para ella; más le preocupaba ahora saber si su enamorado había llegado a tiempo para acompañarla. Unos minutos más tarde, otra enfermera asistente entró a la sala.

—Le tengo buenas noticias, señora Amane —le dijo—: Su enamorado llegó a la clínica hace poco.

— ¿En serio? —susurró casi sin aire, con un dije de alegría que se entreveía pese a sus gestos de dolor—. Entonces… ¿Light podrá estar con Misa durante el parto?

—Lo siento. Si ustedes hubiesen llegado con antelación quizá habríamos podido prepararlo apropiadamente para que asistiera él también. Pero el parto se dará de un momento a otro, ya no hay tiempo; lo mejor será que él espere y pase a visitarla una vez finalizada la labor de parto.

—Yo quería que Light estuviera conmigo —reprochó entre quejidos.

—Muchas otras jovencitas también…

— A… ¿A qué se refiere con…?

—Que muchas mujeres desean que sus maridos estén con ellas cuando dan a luz —le contestó a la vez que arqueaba una ceja.

—Más… ¡más le vale!

La adolorida rubia apretó los dientes; era mucho el acongojo que pasaba y el no poder tener a su tan amado dios la deprimía aún más.

"Misa tiene que ser fuerte" decía para sus adentros. "Misa tiene que ser fuerte. Misa tiene que ser fuerte… Light ha venido a verme, estaremos juntos una vez que nuestro bebé haya nacido. Juntos los tres, como una familia"

Luego de casi un par de horas el parto dio inicio. Para la pobre e inexperta rubia esa fue la media hora más larga, casi eterna, de su lozana vida. No tuvo ni ánimos de tener los ojos abiertos en ningún momento. Apretaba tantos sus dientes que sentía su esmalte maltratarse. Las asistentes le vigilaron y la sujetaron con firmeza sin dejar de animarla para que continuase pujando; era casi imposible mantenerla quieta debido a los estertores que la orillaban a arquearse. Hubo momentos en que se le escaparon fuertes alaridos. Su hermoso rostro yacía empapado en sudor, transfigurado por las expresiones remarcadas de su inaguantable sufrimiento. Lo único que le continuaba dando fuerzas para continuar eran sus enormes ganas de ver a su amado con su bebé, el hijo de ambos, en brazos con esa imagen en mente la joven pudo obtener fuerzas para continuar. Finalmente el dolor disminuyó, lo suficiente para que Misa pudiese darse cuenta que la expulsión había terminado. Pese a sus enormes deseos por conocer a su bebé, continuó con los ojos cerrados, exhausta, tratando de recuperar la mayor cantidad de aliento posible. No fue sino hasta que escuchó el tranquilizador llanto de su criatura que tuvo la voluntad para abrir los ojos y levantar un poco la cabeza para verle por vez primera. El cordón umbilical apenas estaba a punto de ser cortado por los asistentes cuando volteó a conocerlo. Pese a su condición completamente exhausta, la ahora madre sonrió de satisfacción.


—Ese tonto de Matsuda —gruñía Aizawa con la mano a punto de aplastar el vaso desechable aún un poco lleno del café que se había enfriado—. ¿En dónde se habrá metido?

—Me dijo que quería ir al baño —contestó Ide con naturalidad. Soichiro soltó un suspiro y Aizawa tomó asiento con resignación, aunque todavía molesto de la actitud tan infantil de su compañero.

—No hay remedio. De seguro intentará escabullirse para averiguar si el bebé ya ha nacido.

—Yo juraría que desde que se enteró de la noticia ha estado más emocionado que el mismo Light. ¿Y usted, jefe —el detective volteó a mirar al futuro abuelo que permanecía sereno y en silencio al lado de Mogi—, no le emociona también la llegada de su primer nieto?

—Por supuesto, Aizawa. Pero…

Soichiro permanecío en silencio antes de atreverse a continuar:

—Me pregunto si seremos capaces de regresar todo a la normalidad a tiempo, si todo nuestro esfuerzo dará frutos y podremos darle a este bebé que viene en camino a todos los demás un mundo que no viva dominado por las acciones infantiles de un hombre que juega a ser Dios con la vida de los demás…

—Jefe…

Aizawa podía entender a la perfección los sentimientos de Soichiro. Él también se había preguntado en numerosas ocasiones en que clase de mundo tendrían que vivir sus hijos si él fracasase en detener a Kira.

—No importa cuanto nos tome —sentenció con seriedad y solemnidad el maduro agente—, sé que lo detendremos. Nuestros esfuerzos ayudarán a que este y otros niños en camino puedan tener un futuro.


—Señor Yagami, le informo que su bebé ya ha nacido. Puede pasar a verlo en la ventanilla de la sala de los recién nacidos.

Ryuk abrió los ojos como platos de la emoción y light sonrió con sencillez. La enfermera le indicó el camino al vidrio y le indicó que su primogénito era el de la cuna número 27.

— ¿Así que es aquél, Light? —preguntó el shinigami de negras alas.

—Sí…

¡Light!

Aquel grito había sido nada menos que de Matsuda, quien se acercaba corriendo desde el fondo del pasillo.

— ¿Qué está haciendo este tipo tan lerdo aquí? —preguntó Ryuk.

—Conociéndolo es más que obvio, Ryuk —susurró Light en respuesta.

— ¡Light! —exclamó casi sin aliento el detective al haber llegado donde el castaño—. Perdona por venir tan de repente. Pero me muero de ganas por saber sobre el bebé. ¿Ya nació? Y dime… ¿FUE NIÑO O NIÑA? —el timbre de voz de Matsuda en esta última sentencia era como si el saberlo fuese un asunto de vida o muerte.

Light cerró los ojos y sonrió secamente. — ¿Por qué no lo descubres por ti mismo, Matsuda?

— ¿Qu-qué…?

El joven genio le indicó se voltease al cristal que asomaba al nido de la clínica. Le señaló la cuna número 27 que se encontraba a poca distancia de la esquina superior izquierda de la sala. El extrovertido agente solo atinó a sonreír cuando leyó con atención los datos del recién nacido en la tarjeta anexa al catre.

…..

— ¡Grandes noticias! —Gritaba Matsuda con ilimitada alegría y emoción mientras corría velozmente hacia donde esperaban semidormidos el resto del equipo de investigación. Todos se espabilaron el sueño un poco alarmados e inmediatamente después molestos con su compañero—. ¡El bebé de Misa y Light-kun por fin ha nacido!

Soichiro, Mogi, Ide y Aizawa quedaron boquiabiertos al oír la buena nueva.

— ¿En serio? —preguntó Soichiro igualmente impactado que el resto.

— ¿Y qué es? —preguntó Aizawa que, sin darse cuenta del todo, también había quedado contagiado de entusiasmo.

—Sí, dinos —se apresuró Ide, que no solo estaba ansioso por la felicidad de la nueva vida que había llegado al mundo, sino que también había recordado la tonta apuesta que hizo con Matsuda y que deseaba resolver de una buena ve por todas—. ¿Niño o niña?

— ¡Eso es lo mejor de todo…!

Los ojos del agente brillaron como un par de estrellas en una noche de verano.

— ¡Misa y Light tuvieron una NIÑA!

— ¿UNA NIÑA? —exclamaron casi al unísono.

— ¡Sí! ¡UNA NIÑA!

Ide se estremeció de miedo. Sabía que su compañero no solo le obligaría a pagar la apuesta sino que, además, tendría que soportar sus humillaciones y recordatorios sobre su error y el acierto de él. Aizawa se enfureció y le ordenó que guardase silencio. Mogi sonrió sin gesticular palabra alguna.

Mogi no sabía qué hacer o decir. Su rostro se ruborizó sin que él se diese cuenta. Finalmente trató de sonreír pero la expresión que salió fruto de la combinación de sus nervios y emoción aterró un poco a Matsuda.

Aizawa continuaba muy molesto con su compañero por haberse escabullido a la sala de espera a sacarle información a Light. "¡Pero qué clase de actitud infantil es esa para alguien de su edad!" Pensaba. No obstante, acompañó al grupo en el festejo.

Soichiro por su parte se quedó estático. Un mohín de conmoción, felicidad, satisfacción y nostalgia se fue pintando poco a poco en su rostro hasta que, sin que él pudiese evitarlo, una lágrima brotó de uno de sus ojos, escapándose hasta casi caer al cuello de su arrugada y sucia camisa.

— ¿Jefe? —le preguntó un preocupado Aizawa.

—Estoy bien —contestó en compañía de una fraternal sonrisa. Aquel cansado y demacrado hombre no se había sentido tan feliz desde hacía ya años.

…..

La puerta de la habitación se abrió; Light Yagami entró y caminó hacia la cama donde le esperaba su mujer acompañada por una enfermera mientras cargaba a la recién nacida. La rubia se veía, pese a lo agotada, llena de júbilo. Su sonrisa de satisfacción decía más palabras de las que se pudiesen utilizar en el intento de versificar sus sentimientos.

—Light —se apresuró a encarar al amor de su vida con su ahora más que nunca dulce voz—, mira, ella es nuestra hija.

El castaño se acercó y se inclinó donde Misa, ésta le ofreció para que cargase a la pequeña bebita que estaba envuelta en una suave frazada. Light la miró con detenimiento. Su tez era muy rosada, probablemente su tez habría de ser tan blanca o más que la de la propia madre. En la parte superior de su frente se alcanzaban a apreciar unos finos cabellos blondos. Las hendiduras de sus cerrados ojos eran larguísimas, señal de que sus ojos serían enormes una vez los abriese. El resto de sus diminutas facciones eran bastantes similares a la de ambos padres, aunque a final de cuentas los rasgos más prominentes de su rostro eran herencia dominante de la madre.

—Misa… Es hermosa. Al igual que tú.

—Se llamará Hikari —contesta la rubia, con letargo pero a la vez con firmeza—. En honor a ti, Light… Así lo he decidido desde el momento en que la vi…

—Misa…

—Te amo… Y siempre te amaré, Light.

—Y yo a ti, Misa.

Permanecieron así unos instantes más, en cuanto les fue posible alargar la visita antes de que la bebita fuese llevada de vuelta al nido, en lo que la madre intentaba torpemente de darle pecho por vez primera a su recién nacida hija.

(Final, primera parte) Continuará…

FANFICTION: ¡Fada! (Death Note) cap 8

Pánico (segunda parte)


Aquel bello cielo despejado, en menos de una hora, se había vuelto tan nublado que no se podía discernir la luz de ninguna estrella; ni siquiera la de la hermosa luna. Daba la impresión de que en cualquier momento llovería, mas, por más horas que transcurrieron, las gotas del cielo jamás cayeron durante aquella tranquila noche. Así llegó la madrugada de lo que sería el veintiuno de marzo del año dos mil once; la primavera había llegado.

Rompiendo el silencio de un tétrico callejón, los pasos apresurados de cinco agentes de policía resonaron a lo largo y a lo ancho del. La marcha era sobresaliente, recia; reflejaba de alguna manera estrés y ansiedad por parte de quienes avanzaban. Los cinco hombres encargados de dar seguimiento y captura al asesino serial Kira parecían muy molestos, especialmente su líder: el joven y talentoso Light Yagami, que, pese a ello, era quien se encargaba de sosegar los estribos del resto.

—No teníamos otra opción —le aseguró convencido y a la vez un poco taciturno el detective Ide Hideki—; no nos arrepintamos. Si dejábamos pasar aquella pista nos habríamos lamentado después de no haberla descartado, y la intriga nos remordería por siempre. ¿No es así, Light-kun?

—Me has quitado las palabras de la boca, Ide —contestó Light sin desviar la mirada que llevaba al frente—. Si me lo preguntan, desde un principio supuse que las probabilidades de reunirnos con el supuesto subordinado de Kira eran casi nulas. Sin embargo, si no lo hubiésemos intentado, si no agotásemos cada una de las oportunidades que se nos presentan, no seremos capaces de prosperar en el caso.

—Tienes razón, Light —secundó su padre, Soichiro, quien se mostraba compresivo pese a ser el más desilusionado de todo el grupo.

Ninguno dejó de cuestionar y discutir sobre cuales serían los motivos e intenciones de aquella mala jugada por parte de Kira o cualquier otro posible criminal, mientras conducían de regreso al apartamento. ¿Una trampa? No. Light de inmediato dedujo que era imposible que se tratase de eso. Les explicó que el autor de la llamada había tenido que ser Kira y que quizás lo había hecho con las intenciones de asegurarse qué tan dispuestos estaban sus perseguidores a seguir sus órdenes en caso de una contingencia; probar que el control que tenía en esta era llegaba incluso a dónde sus enemigos declarados, que podía medirles sus movimientos. Todos estuvieron de acuerdo con los argumentos que Light dio, y se decidió, tras tomar algunas indicaciones dictadas por Light, no hablar más del asunto y seguir con el curso de la investigación.

— ¡Es cierto! —Exclamó Ide en lo que se sacaba el celular de la funda del cinturón—. Matsuda hace tiempo que debió llegar; debe estar muy preocupado por nosotros. Le llamaré.

Al encenderlo notó en la pantalla del móvil que Matsuda le había estado llamando muchas veces. Se extrañó y de inmediato le avisó a los demás, quienes también se inquietaron. Light encendió su móvil y notó que también tenía un sinnúmero de llamadas perdidas registradas, pero no solamente de su compañero, sino que la inmensa mayoría le pertenecían a su pareja, Misa.

—Misa trató de llamarme también muchas veces —dijo. El resto se extrañó aún más—. Le llamaré a ella primero.

Pero el celular de la joven futura madre se encontraba apagado. Nuevamente todos se preocuparon.

Ide llamó de inmediato al móvil de Matsuda. El grupo no sólo se había ido sin avisarle a él y a Misa a dónde iban sino que, además, habían apagado sus celulares como medida de prevención, por lo que de seguro ambos debieron haberse preocupado cuando intentaron llamarles; además, era necesario asegurarse de que nada alarmante les hubiese ocurrido mientras estaban afuera.

"¡Ide-san!" se escuchó la voz del detective gritar en cuanto inició la llamada.

—Que ocurre, Matsuda. Suenas alterado. ¿Acaso ocurrió algo?

Efectivamente. Él se encontraba a punto de caer en pánico al ya no poder seguir conteniendo los ataques de histeria de la aterrada rubia mientras eran llevados a exceso de velocidad por un estólido e insensato taxista.

"¡Ide-san!" Continuó. Los chillidos de terror de Misa podían escucharse junto a la voz de un Matsuda que ya no sabía qué hacer. Ide sudó frío de sólo escucharlo. "Misa-misa y yo nos encontramos camino al hospital. ¡Ella está a punto de tener al bebé! ¿En dónde se han metido? ¡Vengan rápido!"

El restó observó la mirada de Ide, que les decía de sobra que algo muy serio había ocurrido. Antes de que alguno pudiese preguntarle qué había pasado, gritó:

— ¡Misa está por dar a luz y Matsuda la está acompañando a la clínica!

— ¿Qué? —Gritaron todos a excepción de un Mogi que solamente se abochornó.

Soichiro, quien era el que se encontraba conduciendo, frenó en seco el vehículo. Luego de permanecer unos segundos en silenció, con voz ronca y desencajada, gritó con todas sus fuerzas:

¡Démonos prisa!

— ¡Sí! —Contestaron casi al unísono. Soichiro metió el acelerador a fondo y cambió el rumbo hacia la zona este de Kanto. Todos deseaban que al menos Light estuviera presente en la sala de espera para cuando estuviese naciendo su primogénito. Pese a la seriedad que trataron de conservar, la mayoría de ellos estaban sumamente emocionados. Especialmente Soichiro, quien en una oportunidad le sonrió fraternalmente a Light. Casi por completo se habían olvidado de la decepción de hace apenas unos instantes.

"Esa idiota" decía Light en sus adentros, "¿Cómo se le ocurre armar este alboroto precisamente esta noche?"


En las afueras de la clínica general número 56, un pequeño pero moderno hospital que no tenía más de tres años de haber sido abierto, reinaba una absoluta tranquilidad, misma que el viejo vigilante del estacionamiento apreciaba en comparación con el resto de las noches. Hasta ahora no había habido ningún accidentado de gravedad, ningún atropellado, ningún hombre sufriendo intoxicación por estupefacientes, ninguna mujer golpeada gravemente por algún violador, nada. La sala de urgencias no había recibido ningún paciente por lo que se encontraba vacía, salvo por un par de ancianos diabéticos que se encontrabas bajo observación desde en la tarde.

—Ojalá todas las noches fuesen así de tranquilas —decía para sí mismo mientras miraba con melancolía el nublado cielo oscuro, luego de darle un sorbito a su humeante taza de café, mientras descansaba dentro de su pequeña caseta desde la que vigilaba la entrada al estacionamiento.

Su paz y su tranquilidad fueron interrumpidas por el chirrido de las llantas friccionando en el asfalto de un vehículo girando estrepitosamente sin disminuir la velocidad.

— ¿PERO QUÉ RAYOS…?

El taxi se pasó de largo la caseta, ignorando completamente que la barrea de acceso tenía bloqueado el paso con el brazo de Metal. Como consecuencia éste se estrelló con el vehículo y fue arrancado de su base por la fuerza del impacto ante los aterrorizados ojos del vigilante y los pasajeros del taxi. La defensa del automóvil quedó magullada y el chofer al notarlo, en lugar de importarle, soltó una siniestra risilla de diversión. El guardia trató de sonar la alarma de emergencias pero el café que hasta ese momento disfrutaba se había derramado sobre el tablero de control y su radio comunicador. Aún incrédulo de su mala suerte, el desgraciado vigilante decidió salir de su caseta para tratar de perseguir al demente que acababa de allanar el hospital.

El conductor frenó en seco frente a la entrada del edificio. Si no hubiese sido por los cinturones de seguridad, Misa y Matsuda seguramente se habrían estrellado con los asientos delanteros.

—Hemos llegado en tan solo siete minutos y medio. Son XXX0 yens, por favor—dijo el conductor con un tono tan tranquilo, como si nada anormal hubiese ocurrido, que esa fue la gota que derramó el vaso para Misa.

— ¡Idiota, idiota, idiota, idiota, IDIOTA! —le gritaba Misa, quien era sujetada por Matsuda—. ¡Eres un idiota! ¡Acaso quieres provocarle a Misa el parto en el coche! ¡Yo sí te mato…!

— ¡Tranquilízate, Misa-chan! —Suplicó su acompañante—. Ya llegamos al hospital, ¡lo importante ahora es el bebé!

Misa apretó los dientes y recordó que de un instante a otro le llegaría otra contracción que la dejaría incapaz de mantenerse en pie por sí sola; que no había, por lo tanto, tiempo que perder. Bajó la cabeza de resignación, le dio la espalda al lunático conductor y le pidió a Matsuda que la llevase cuanto antes a ser atendida. Matsuda miró con enfado al conductor, se sacó su billetera, le extendió el dinero del pasaje y se encaminó junto con Misa a la entrada. Antes de darle la espalda, Matsuda había murmurado algo inaudible que Misa no notó. El chofer, casi intuitivamente, interpretó que el detective había dicho "gracias" por la manera en que había movido los labios. Sonrió descaradamente.

El guardia de seguridad finalmente alcanzó al responsable de destrozar el mástil. Comenzó a reclamarle y amenazarle muy seriamente. No obstante, la sonrisa en el rostro del conductor jamás se borró. Al final, sólo le contestó:

"Siempre quise ayudar a una pareja como ellos a llegar a tiempo. Yo nací en un taxi por culpa del tráfico que se estancó durante un accidente de tránsito…"


— ¡Light! —gritó de júbilo Matsuda al verle entrar; se levantó del asiento a recibirle. Los demás, que habían entrado acompañando al castaño, le miraron extrañados de lo demacrado que había quedado el pobre hombre—. ¡Qué bueno que por fin llegaste! Misa-misa se encuentra ya en la sala de partos. La enfermera me dijo que el bebé ya estaba por venir y…

—Matsuda, compórtate. —Más que una petición de Aizawa, esa había sido una orden directa, pues el agente sentía pena ajena de verlo gritar y estrujar a Light como si él fuese aún un pequeño infante. Matsuda se ruborizó y dejó de estrujar los hombros de Light.

—Te agradezco mucho —dijo Light con cordialidad— que hayas ayudado y cuidado de Misa mientras nos ausentamos. Luego te contaremos que fue lo que ocurrió. Lo importante ahora es Misa.

—S-sí.

La recepcionista les explicó que la paciente estaba a punto de entrar en labor de parto y que el padre, si lo deseaba, podía esperar en el salón ubicado en al lado del paritorio para entrar una vez que el bebé hubiese nacido.

— ¿O sea que no le dejarán estar presente hasta después del parto? — reclamó Matsuda con inconformismo.

—Nuestra política es clara. Esto no es una película extranjera, señor.

— ¡Pero…!

— ¡Matsuda! —Le regañó Aizawa.

—Está bien, Matsuda —dijo Light—, no hay problema. Esperaré afuera del paritorio hasta que pueda entrar. Aún si muero de ansias por ver a Misa y a nuestro hijo, debo ser paciente.

La recepcionista encaminó al joven Yagami y el resto permaneció en la recepción.

—Entonces de qué sirvió que lograsen llegar a tiempo para el parto —susurró el infantil agente con la mirada en el piso. Ide le consoló.

Por otro lado, el resto del equipo también se encontraba muy emocionado por el suceso —sólo que a diferencia de Matsuda, ellos sabían disimularlo—, en especial Soichiro, que no le cabía la dicha de pensar que su nieto nacería de un momento a otro. Tal pensamiento le trajo recuerdos del día en que se había convertido padre y la nostalgia le invadió todo su ser. Empezó a caminar rumbo a la puerta.

— ¿A dónde va, jefe? —le preguntó Mogi.

—A tomar un poco de aire.

Ya en las afueras del hospital, Soichiro miró hacia el firmamento. Notó que ya no estaba tan nublado como cuando se encontraban en el muelle, aunque seguía sin apreciarse una sola estrella, se podía mirar huecos entres la espesa capa grisácea de nube que permitían ver el negro cielo. En uno de esos huecos, la luna había quedado por fin descubierta. Era una hermosa luna llena cuya luz, que se asemejaba a un radiante plateado, iluminaba los alrededores del estacionamiento, el pequeño jardín y el edificio entero.

"Es casi tan bella como la de aquella noche" reflexionó con una sonrisa en el rostro.


Aquella madrugada solo había una persona en la sala de esperas: un joven universitario de bellos cabellos castaños que irradiaba belleza y finura con su porte llamado Light Yagami. En cuestión de unos instantes se convertiría en padre, quizá ya lo era. ¿Qué pensamientos pasaban por su cabeza sabiéndolo?
"Lo sabía. Lejos de hacerlos sospechar de mí, cada una de las trampas que Kira aparentemente nos pone, y las soluciones que propongo como contramedida que hacen parecer que hay un enfrentamiento entre nosotros, les han hecho creer que realmente ha habido avances significativos en el caso. No sospechan nada ni lo harán hasta que sea demasiado tarde. Debo cuidar que mi reputación como detective, al menos entre nosotros mismos, se conserve por el mayor tiempo posible, así mi dominio total sobre ellos se perpetuará y se me facilitarán las cosas. Ya bastante pesado se me han hecho otros aspectos desde que Misa se embarazó. Menos mal que las sentencias de este día, así como las de la siguiente semana, ya han sido escritas, me esperaba que en cualquier momento esto ocurriría y no tendría tiempo libre para ejecutar criminales, por lo que entre Misa y yo cubrimos durante las últimas semanas los siguientes ocho días de sentencias, aún así, en un determinado momento debo buscar la oportunidad para hacer la sentencia de criminales recientemente anunciados para no levantar sospechas."

Pasó el tiempo. El genio estaba tan inmerso en sus pensamientos que no tuvo noción de cuanto había sido; si cinco, diez, quince o treinta minutos, una hora o hasta dos. Le daba igual, seguro ya era que no dormiría esta noche por culpa del reloj biológico de Misa. Entre los cientos de pensamientos que cruzaron su brillante mente, le llegó la pequeña inquietud de saber como sería su vida de ahora en adelante con esta pequeña contrariedad de no sólo cargar con Misa sino también con un hijo de ambos. Realmente nunca estuvo entre sus planes, pero tampoco lo estuvo Misa y terminó siendo una pieza importante de su ambición. Pero, ¿ser padre? ¿Él? ¿El futuro dios que llevaría a la humanidad al siguiente paso evolutivo habría también de jugar a la familia como cualquier otra persona como parte de su máscara con la que se esconde de quienes aún son demasiado necios y estrechos de mente para permitirle encaminar a la sociedad a la salvación?

— ¿Cuánto tiempo más tendremos que estar aquí? —La molesta voz de un hasta ese instante callado shinigami le sacó de sus pensamientos—. Estoy aburrido. ¿Cuándo nacerá el bebé?

—En cualquier momento, Ryuk. El bebé pudo ya haber nacido. Si es así en cualquier momento vendrán a notificarme… ¿Si estás tan aburrido porque no sales a dar una vuelta?

—Eso hice. Pensaba quedarme a ver como salía el bebé, pero Misa no dejó de mirarme con esos ojos tan amenazantes que al final preferí dejarla sola. Los hospitales no son muy interesantes para mí; por lo general están llenos de gente a la que le queda poco tiempo de vida, aunque este es una excepción, solo hay gente sana que cree estar enferma.

—Esta clínica es así, Ryuk. Por algo nuestro médico de cabecera nos la recomendó: por la poca cantidad de pacientes. Así el trato se vuelve más personal.

De repente la puerta se abrió. Una joven enfermera de mediana estatura se acercó a Light.

—Señor Yagami, le informo que su bebé ya ha nacido. Puede pasar a verlo en la ventanilla de la sala de los recién nacidos.

Ryuk abrió los ojos como platos de la emoción y light sonrió con sencillez. La enfermera le indicó el camino al vidrio y le dijo que su primogénito era el de la cuna número 27.

…..

— ¡Grandes noticias! —Gritaba Matsuda con ilimitada alegría y emoción mientras corría hacia donde esperaban semidormidos el resto del equipo de investigación—. ¡El bebé de Misa y Light-kun por fin ha nacido!

— ¿En serio? —preguntó Soichiro igualmente emocionado.

— ¿Y qué es? —preguntó Aizawa también contagiado de entusiasmo.

—Sí, dinos —se apresuró Ide—. ¿Niño o niña?

— ¡Eso es lo mejor de todo! ¡Misa y Light tuvieron…!

CONTINUARÁ…

FANFICTION: En mi mundo. (Nisekoi) cap 18



Capítulo XVIII



Sentía como si su garganta se le cerrara de tan tremenda impresión, al punto de que el aliento comenzaba a faltarle. Desesperado, trató de acercarse más al monitor, pero se movió tan precipitadamente que tropezó y se estrelló de cara contra el piso. Mas ni el dolor de tan tremendo porrazo fue capaz de detenerlo. Como pudo, se arrastró hasta casi embarrar sus ojos en la pantalla. La nitidez de la escena oscilaba constantemente: de repente se enfocaba de tal forma que se apreciaban a gran detalle los rostros de quienes se encontraban cenando alrededor de aquella elegante mesa; pero luego a los pocos segundos todo se volvía demasiado difuso como para discernir sus facciones. Raku, por un instante, pensó en tratar de ajustar él mismo la toma de la cámara, moviéndole al ratón inalámbrico y teclado que había a un lado en el piso, buscando entre todos los comandos que se desplegaban a los costados de la imagen, aquel que solucionase el problema; pero recapacitó al saberse un completo ignorante sobre el funcionamiento de ese programa. En cambio, permaneció quieto, aferrándose al monitor fuertemente con ambas manos; incrédulo y con una sensación de vacío en el pecho que iba en aumento.

Aquella mujer tenía que ser Chitoge, no le cabía la menor de las dudas. ¡Pero se veía tan distinta! El pelo recogido, el vestido de noche, el maquillaje y toda esa aparatosa joyería que llevaba encima la hacían verse de mucha mayor edad. Para colmo, aquel enorme listón rojo, tan característico de ella, que siempre portaba sin importar la ocasión ni el peinado ni las prendas, brillaba por su ausencia. Las manos de Raku, que no paraban de apretar ansiosas los extremos del monitor, comenzaron a temblar. Una gota de sudor cayó desde su mentón al piso. Sus ojos quedaron abiertos de par en par, al igual que su boca; ni siquiera pestañeaban. Sus labios y lengua se resecaron.

Ahogó una mueca de rabia cuando al fin prestó la atención debida y se dio cuenta que quien se encontraba sentado al lado de ella era ni más ni menos que Maximiliano Benedetti. "Es ese maldito…" dijo entre dientes para sí mismo en cuanto lo hubo reconocido. Tanto él como la rubia se hallaban en compañía de una pareja de burgueses, quienes lucían mucho mayores en edad a ellos. Raku, tan anonadado que ni siquiera era capaz de saber qué hacer o qué pensar, siguió observando abobado la escena, casi hipnotizado. Sus pensamientos poco a poco fueron quedando en blanco. Hasta que…

—¿Te gusta lo que ves, Romeo?

La voz de Oblivion lo hizo estremecerse. Sus cabellos se tensaron como las púas de un erizo. Volteó, casi por mero reflejo, hasta toparse con la silueta del excéntrico hacker, quien clavó en él una mirada imposible de descifrar. Sus labios se torcían en una mueca que llevaba impresa la frustración misma; su postura, la resignación; sus puños, el enojo.

—¿Cuándo fue que tú…? —Tartajeaba Raku con la voz desencajada, mientras se incorporaba—. ¿Cómo es que…? ¿En dónde se supone que…? ¿Por qué no nos lo dijiste…? —Agarró a Oblivion de los hombros y empezó a zarandearlo. Éste se limitó a cerrar los ojos, suspiró, esperó dos o tres segundos y, finalmente, lo detuvo sujetándolo de las muñecas.

—Una pregunta a la vez, por favor —solicitó aparentando frialdad, cuando lo cierto era que no podía estar más disgustado consigo mismo y su terrible descuido—. ¿Desde cuándo? Pasé toda la noche anterior buscando y rastreando algunas transacciones comerciales y del registro civil hasta que los encontré. ¿Cómo? Tomé 'prestado' esta belleza de satélite que puede filmar sin problemas desde el espacio mientras no esté muy nublado. Desde que encontré la ubicación de la señorita la he estado siguiendo a través de esta preciosidad ¿En dónde están? En un restaurante de cinco estrellas. Y sobre la última pregunta: no quería que te enteraras porque ya sabía que ibas a reaccionar de esta manera tan estúpi…

—¿Y QUÉ ESTAMOS ESPERANDO? —Raku gritaba tan fuerte y desmesurado que incluso le salpicaba con su saliva—. ¡Si ya sabes en dónde está, entonces debemos ir por ella cuanto antes!

—No. No seas estúpido.

—¿Pero qué…?

Raku le soltó. Su cuerpo aún tiritaba y le respondía arrítmicamente. Se inclinó a mirar de vuelta al monitor. La terraza del restaurante, por lo que se alcanzaba a apreciar, era muy elegante y debía estar situada en una especie de edificio. O al menos esa impresión le daba. Trató de mover por sí mismo la vista de la cámara por si lograba divisar más del lugar, pero Oblivion le reprendió dándole un fuerte manotazo en la cabeza.

—No toques —le ordenó.

—¡Dime en dónde está! —Vociferó de tal forma que Oblivion llegó a pensar que se le había zafado un tornillo.

—¿Y para qué quieres saberlo? —Preguntó con un tonecillo de retórica.

—¿Cómo que para qué? —Se incorporó y, pasando de él, se dirigió a la salida—. Voy a ir por ella ahora mismo.

—Esto es el colmo… —Oblivion se pegó una palmada en la frente. Se lamentaba muchísimo su mala suerte, que lo había arrastrado a tener que lidiar con semejante desastre.

Antes de que Raku pudiese alcanzar la puerta, el hacker le agarró con firmeza su brazo izquierdo y le aplicó una llave que lo hizo soltar un profundo y adolorido grito. Raku se preguntó a sí mismo de dónde un sujeto tan enclenque como él sacaba la fuerza para someterlo con tanta facilidad, como si fuera un muñeco de trapo. Luego supuso que quizá esto no se trataba de una cuestión de poder, sino de habilidad y técnica.

—A ver, “Romeo” —le dijo mientras lo empujaba de regreso—, ya que al parecer todo lo que expliqué ayer te ha entrado por una oreja y salido por la otra, quiero que mires esto:

Lo tumbó de rodillas frente al monitor. Se aseguró en todo momento de estarle torciéndole el brazo con la misma o más fuerza, pues quería asegurarse que el dolor lo mantuviese bien dócil. Mientras, con la otra mano se puso a operar el teclado y ratón que yacían en el piso.

—Presta mucha atención… —le susurró al oído. Raku aún forcejeaba, intentando inútilmente liberarse. La visión de la cámara satelital dejó de lado a Chitoge y a los otros y pasó a mostrar los alrededores del edificio—. ¿Ves a todos esos coches estacionados en las afueras del restaurante? ¿Por qué te imaginas que están ahí en lugar de haber entrado al estacionamiento del sitio? Míralos bien… Ellos no vinieron a cenar, no señor. Ahí se encuentran los soldati de la familia Benedetti, vigilando que nadie venga a intentar 'colarse sin invitación' a la cena. Si te llegaras a pasear cerca y te reconocen, ten por seguro que quedarás con más agujeros que un queso gruyer, ¿entiendes eso?

—¡Entonces llama a los demás! ¡Vayamos todos de una vez por ella…!

Oblivion no le dio ni tiempo de terminar su frase pues torció aún más su brazo haciéndolo gritar de nuevo.

—Ya deja de decir estupideces. Aunque fuéramos todos en este mismo instante a ese restaurante, no podríamos solos contra todos ellos. Ni siquiera seríamos capaces de acercarnos a la señorita Kirisaki, ya ni hablemos de escapar. Ten en cuenta que mientras estuviésemos lidiando con esos simios, tratando de hacernos paso, otros soldati llegarían al lugar. Y aunque los venciéramos también a ellos, llegarían otros, y después otros… En esta ciudad infestada de mafiosos nosotros no somos más que una manada de ratones en medio de un callejón repleto de gatos callejeros. Haber localizado a la señorita no es ni la cuarta parte de lo que vamos a necesitar para poder rescatarla. Es sólo a través del factor sorpresa que tendremos una leve oportunidad de lograrlo. Y para ello tengo que reunir más información y elaborar el plan meticulosamente en base a eso, para después movilizarnos en el momento más oportuno. ¿Entiendes?

—¡SUÉLTAME! —Ordenó Raku, quien luchaba por incorporarse pese a tener encima al joven estratega, llegando incluso a ignorar el punzante dolor de su brazo torcido tras su espalda.

El mismo Oblivion se sorprendió de la tenacidad del chico y de la fuerza de voluntad que poseía. No obstante, logró someterlo una vez más contra el piso y le sujetó de una pierna, pasando así a aplicarle un dolorosísimo leglock que terminó por subyugar por completo al japonés. Éste pegó un chillido de una potencia mucho mayor a las anteriores.

"Incluso yo mismo me llevé una sorpresa" reflexionaba en sus adentros el especialista mientras jalaba con fuerza de la pierna de Raku. "Las escoltas que van con la señorita son demasiadas, muchas más de lo que calculé originalmente que serían. Y el número no disminuye sin importar a dónde vaya, incluso cuando la señorita no está con él. No logro entenderte, bastardo. Todas esas escoltas que le has encasquetado a la señorita dan la impresión de que tienes miedo de que ocurra un altercado en contra de la señorita en cualquier momento. No obstante… se supone que en la actualidad ya no queda una sola familia que se oponga a los Benedetti en todo Palermo; todas las que quedan en pie se han subordinado a ellos. Sus enemigos viven refugiados en las demás provincias, incapaces de hacerles un rasguño. Adelt no está en posición de traicionarte y, aunque lo hiciera, él nunca le haría daño a su propia hija. Entonces, ¿de quién la proteges? ¿A qué le tienes tanto miedo, Benedetti? ¿O a quién…?"

Un muy estrepitoso impacto sacó al hacker de sus pensamientos. Volteó hacia donde la puerta de la habitación. Ésta acababa de ser derribada, con todo y seguro.

—¡Pero qué demonios…! —Fue todo lo que alcanzó a gritar…

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—Paula —llamaba Tsugumi en voz queda a su compañera. Ambas ya se encontraban recostadas en sus respectivos futones y con la luz de la habitación apagada—. Paula… ¿ya te dormiste?

—No molestes —contestó Paula, irritada aunque tratando de aparentar apatía. La joven yacía recostada en sentido opuesto a Tsugumi—. Quiero dormir.

—Paula, yo… yo sólo quería saber… sólo quería que me dijeras si estás enojada conmigo.

La albina resopló de coraje, hizo un puchero, frunció ligeramente el entrecejo y estrujó con ansiedad su almohada. En efecto, tal y como Tsugumi sugería, ella no había dejado de ponerle muy mala cara cada vez que la veía o ella intentaba entablar conversación.

—Es que —continuó— desde que regresaste te he notado muy molesta. ¿Pasó algo cuando nos separamos? ¿Estas enfadada porque Raku Ichijou y yo te dejamos a solas con ese policía? ¿No me digas que…?

—¡Cállate! —Se giró hacia ella—. ¡Por supuesto que estoy molesta contigo, Black Tiger! ¡No puedo creer que hayas desaprovechado la oportunidad tan valiosa que te di!

—A… ¿a qué te refieres?

Paula dio un azote al suelo y se incorporó hasta quedar sentada sobre el futón—. ¡Esa tarde te di una oportunidad única de estar a solas con Raku Ichijou y no hiciste nada! No puedo creer que todavía sigas tan indecisa luego de tanto tiempo, ¡simplemente no lo entiendo!

—¿Qué? —las mejillas de la sicario se ruborizaron—. ¿Entonces lo hiciste adrede?

—Black Tiger —la jovencita gateó hasta quedar cara a cara con Tsugumi, a quien le invadieron los nervios—, ¿en verdad estás bien con esto?

—¿De qué hablas?

—De tus sentimientos. ¿En verdad está bien para ti dejar las cosas como están? ¿Es que nunca vas a hacer nada?

Tsugumi giró el rostro hacia otro lado. Cabizbaja, dejó pasar unos cuantos segundos antes de contestar:

—Te lo he dicho mil veces, Paula, no hay nada entre él y yo. Nunca lo habrá… porque a quién él ama es a la señorita. Yo sólo soy…

—¡Ese es el problema contigo!

—¿Qué?

—Todo este tiempo has estado poniendo de excusa que él es el novio de la señorita Chitoge. De seguro te la pasas pensado idioteces como: 'Esto es lo mejor para los tres' o 'no puedo traicionar la confianza de la señorita' o qué sé yo. ¡Pero mira ahora cómo están las cosas! Ellos ahora mismo no son nada y la señorita hasta se va a casar con otro hombre, pero aún así no has hecho nada. ¿A qué estás esperando? ¿Qué te detiene?

—¡No, Paula! —Tsugumi golpeó el suelo con frustración, rechinando los dientes—. ¡Que no! ¡La señorita a quién ama es a Raku Ichijou! ¡Es por eso que nosotras debemos…!

—¿Y qué tal si no resulta ser cierto? —Gritó a todo pulmón, interrumpiéndole—. ¿Qué es lo que vas a hacer? ¿Vas a seguirte aferrando a esa excusa por siempre?

—El señor Claude —respondió ahora con voz temblorosa, dubitativa—, y Raku Ichijou… Si ellos están seguros que esto es una farsa, entonces…

—¿Y si no es así? ¿Qué vas a hacer si no es así? ¡Contéstame!

Tsugumi enmudeció y clavó los ojos en el piso.

—Si tú lo quisieras, Black Tiger —dijo Paula—, podrías simplemente pedir ser la escolta personal de la señorita y venirte a vivir con ella; no sería ningún problema pasarte a la otra familia ahora que las bandas han hecho un pacto, para seguir sirviéndole. ¿Por qué te arriesgas de esta forma para traerla de vuelta?

—¡No, Paula! ¡No lo estoy haciendo por eso! ¡Lo hago porque…!

—¡Ah, ya sé por qué! Porque no sólo no te quieres separar de la señorita Chitoge, no. Tú quieres que ella regrese con Raku Ichijou ¡porque así podrás estar al lado tanto de ella como de él! ¿Me equivoco?

—¡Cállate! —Ladeó la cabeza, cada palabra de Paula le punzaba en el pecho de forma inmisericorde—. ¡Tú no entiendes que todo esto fue por mi culpa! ¡Es mi deber emendar mis errores y…!

Paula tomó con ambas manos el rostro de su amiga, obligándola a mirarle a los ojos.

—Deja de poner excusas tontas. Date cuenta… date cuenta que dependiendo de cómo se den las cosas, estos podrían ser los últimos días que podrás pasar al lado de ese hombre. Si no le confiesas tus sentimientos y nunca más lo vuelves a ver, ¿vas a estar bien con eso? Responde: ¿en verdad quieres esto, Black Tiger?

No hubo respuesta verbal. En su lugar, Tsugumi se quedó mirando a Paula con los ojos humedeciéndoseles poco a poco, con la expresión de una pequeña niña extraviada en un centro comercial a punto de entrar en pánico. Sorbía por la nariz conteniendo el inminente llanto que amenazaba con escapársele. Finalmente tomó entereza, cerró los ojos y retiró poco a poco las manos de su amiga del rostro. Justo en ese momento, ambas escucharon el profundo grito de alguien en el otro extremo del departamento.

—¿Esa voz no es de…? —Preguntó Paula.

—¡RAKU ICHIJOU!

Corrieron hasta la habitación de enfrente. Tsugumi, tras verificar que la puerta estaba cerrada con el seguro, la derribó de inmediato con una potente patada. Cuando miro la escena, en donde Raku estaba siendo torturado en el suelo con una llave a la pierna que Oblivion le aplicaba con fuerza, su mandíbula se vino abajo.

—¡Pero qué demonios…! —Fue todo lo que alcanzó a gritar el hacker antes de que la enfurecida asesina de azabaches cabellos lo mandase a volar contra el muro de un puñetazo. Sus anteojos cayeron y rodaron por el suelo.

—Raku Ichijou —tomó al desfallecido entre sus brazos—, ¿te encuentras bien?

—¿Qué le estabas haciendo, pervertido? —Vociferó Paula señalándolo con oprobio—. ¿No me digas que además de lolicon también eres…?

—Paula… Tsugumi… —balbucía Raku entre gemidos de dolor—, ese sujeto… él ya localizó a Chitoge y nos lo estaba ocultando.

—¿Cómo dices? —Tsugumi junto con Paula se giraron hacia el monitor, y los ojos de ambas casi se les salieron de las cuencas al observar el video—. ¿Qué significa esto? ¡RESPONDE!

—¿Pero qué está pasando aquí? —Exclamó un Migisuke que acababa de llegar alarmado por todo el escándalo—. ¡Santo cielo! ¿Qué le pasó a Raku-kun?

"Y yo me pregunto" pensó Oblivion, tirado en el suelo, con los demenciales gritos de todos martillando su ya de por sí contusionada cabeza, "¿en qué mierda estaba pensando cuando dejé a estos locos quedarse a dormir aquí? ¡Ah, sí! En mi querida Paula… Bien. No me arrepiento de nada."

Para el excéntrico hacker explicarles a las dos agentes la situación no era trabajo fácil. La forma en que Raku había dado a conocer su versión de los hechos, lo había dejado muy mal parado. Pero tenía que hacer el intento, todo sea por evitar que la situación se le saliera aún más de las manos.

—Muy bien, infeliz —le espetó Tsugumi—, será mejor que nos expliques por qué no nos dijiste que ya habías localizado a la señorita.

—Tú misma lo acabas de ver —contestó mientras se llevaba un pañuelo a su ensangrentada nariz—. Sabía que si se enteraban cometerían alguna estupidez y se harían una idea equivocada de la situación. ¡Y vaya que si no me defraudaron! Es más: ¡rompieron todas mis expectativas! Entiendan de una vez que aunque haya localizado a la señorita aún es muy pronto para que podamos hacer algo. Tenemos que esperar para que…

—¡Esperar una mierda! —Profirió Raku con enfado—. Vayamos de una vez por ella.

—Por enésima vez: no sólo es encontrarla y ya. Ahora que ya la tenemos ubicada necesitamos elaborar un plan. Tengo que reunir más información. Debo de cerciorarme muy bien cuál de todos los posibles lugares es en el que ella podría estar presente cuando hagamos nuestra jugada, conseguir los planos de cada uno de los posibles sitios, estudiarlos, hacer tiempos, decidir en qué momento exacto comenzar la operación. Instruir y preparar a cada miembro y…

—Tsugumi, Paula, en marcha. —Raku le había ignorado por completo y se alistaba rumbo a la puerta.

—Seishirou, te ordeno que detengas a ese idiota —dijo con autoridad. Tsugumi, cabizbaja, pasó a sujetar a Raku del brazo.

—Él tiene razón —susurró—. Aún es muy pronto.

—Tiene que haber una forma… —dijo entre dientes Raku, su mirada denotaba una tremenda frustración.

—Si quieres que la haya, entonces ¡déjame hacer mi trabajo! —Oblivion se acercó y posó su mano en el hombro del chico—. Aprende a mirar el lado lleno del vaso, jovencito. ¡Mírala! Por fin la encontramos, ahora sólo debemos planear nuestra jugada.

—¡Esperar mierda! Ya estuve esperando durante muchísimo tiempo. No necesitamos complicar las cosas. Sólo debemos llegar a Chitoge y escapar con ella. Mientras más pronto lo hagamos, mejor.

—Creo que tienes una idea equivocada de cómo son las cosas, mozalbete, y es mi culpa por haber sido demasiado indulgente con ustedes. Entiéndelo de una vez: soy yo quién está a cargo de esta misión. Yo decido cómo se hacen las cosas. Vamos a esperar hasta uno o dos días antes de la boda antes de ir a por la señorita. Aprovecharemos todo el tiempo disponible para recaudar cuanta información podamos y trazar el mejor plan posible. Si no nos preparamos adecuadamente, no vamos a poder lograrlo ¿entiendes? No te estoy pidiendo permiso ni estoy tratando de persuadirte, te estoy diciendo cómo van a hacerse las cosas. Puede ser que en tu clan se la pasen consintiendo cada una de tus estupideces, pero yo no me voy a arriesgar a que la misión fracase por tus caprichos. Se harán las cosas a mi modo, te guste o no.

Raku apretó los puños. Más que molesto, se veía insatisfecho. Tenía los ojos en el suelo, emitía quejidos por lo bajo, como si se estuviera aguantando unas enormes ganas de gritar y maldecir.

—Por cierto —agregó el hacker mientras caminaba de regreso a su lugar frente al monitor—: Seishirou, Paula, Aiba, a partir de este momento Raku Ichijou tiene prohibido pisar un pie fuera del departamento. Ustedes se asegurarán de ello. Es una orden.

—¿Qué? —Gritaron casi al unísono los cuatro.

—Ya no puedo seguirme arriesgando a que este remedo de Romeo intente actuar por su cuenta. Hay muchas, demasiadas cosas en riesgo para que todo se eche a perder por los actos impulsivos y estúpidos de un niño llorón y berrinchudo que ni siquiera fue capaz de evitar que su novia se largara con otro hombre.

Raku ya no pudo contenerse más: corrió, ante la sorpresa de todos, y le conectó un derechazo en la mejilla a Oblivion que mandó a volar de nueva cuenta sus anteojos. Éste, sin embargo, encajó el golpe y aprovechó para agarrar del brazo a su atacante y aplicarle una llave de judo que lo estampó de espaldas contra el suelo. Tsugumi reaccionó con cólera y alzó a Oblivion contra la pared, sujetándolo con una sola mano por el cuello de la playera.

—¿Tú también, Seishirou? —Hablaba con dificultad—. ¿Vas a ponerte del lado de ese inepto? ¿Hace falta que te recuerde quién está a cargo?

—No confío en ti —sentenció con fría y punzante voz mientras le enterraba como puñales sus asesinos ojos. 

—¡Qué lástima! —Respondió con ironía.

Tsugumi chasqueó la lengua y lo arrojó al suelo. Luego ordenó al resto que 'dejaran solo a ese infeliz' y se retiró de la habitación azotando la puerta. Migisuke ayudó a Raku a levantarse.

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Los ojos de aquel maduro y un tanto regordete hombre brillaron y se abrieron como platos al ver a la pareja recién salida del edificio.

—¡Pero qué sorpresa! —exclamó con una sobreactuada sonrisa. Se acercó donde ellos en compañía del serio y enigmático hombre, alto y canoso, que caminaba a su costado—. Mi querido sobrino, no había tenido el gusto de verte desde que regresaste a la ciudad. ¡Ven, salúdame! ¿Qué has estado haciendo, eh? ¡Cuéntame!

Aunque por dentro Maximiliano Benedetti se maldecía su suerte, accedió a estrechar manos y darse un pequeño abrazo con él. 

—Lo lamento mucho —le dijo su tío—. He estado muy ocupado con los preparativos y algunos otros asuntos.

Luego de eso, aquel alegre hombre de bigote y medio calvo clavó de inmediato su mirada en la bella prometida de su sobrino.

—Ya lo creo que sí, hijo, ya lo creo que sí… ¿Así que es ella, eh? —añadió con voz cantarina—. Es la primera vez que la veo. ¡Oh, pero si es preciosa! ¡Te sacaste la lotería! ¿Qué estás esperando para presentarme a tu prometida, eh?

Chitoge, mientras tanto, se volteó hacia el silencioso acompañante del tío de Maximiliano. No le gustó para nada la manera tan fría e insistente en que éste le observaba, que contrastaba con la simpatía irradiada por el otro señor. Maximiliano por su lado pasó a hacer la presentación de manera formal:

—Chitoge, él es mi tío: Paolo Benedetti. Tío, le presento a mi prometida: Chitoge Kirisaki.

—Es un placer conocerlo —Chitoge saludó con una cordial reverencia, flexionando brevemente las rodillas e inclinando un poco la cabeza.

—Al contrario, el placer es mío —correspondió el gesto.

—Por cierto, ¿Cómo sigue mi abuelo? —Preguntó Maximiliano.

—No debes preocuparte por él, hijo —contestó Paolo—. Él ha estado muy alegre desde tu regreso. No para de hablarnos de lo encantadora que es su futura nieta y de lo complacido que está. ¡Deberías oírlo! Bien hasta podríamos asumir sin miramientos que su estado ha mejorado y todo gracias a ti, muchacho —rió.

—Lo visitaré de vuelta una vez que haya terminado mis asuntos. Mientras ese día llega, les suplico que continúen cuidando de él como hasta el momento.

—Hablando de ello —por fin se hubo animado a hablar el estoico viejo que escoltaba a Paolo—, le informo, señor, que la Comisión ha solicitado que en la mayor brevedad posible, comparezca y rectifique ante ellos su condición como el futuro capo de nuestra familia. Hay algunos asuntos substanciales que los representantes de las otras familias desearían tratar con usted cuanto antes.

—Me encargaré de todo una vez haya contraído matrimonio con mi enamorada. Hasta ese entonces, le suplico que usted y mis tíos se sigan haciendo cargo en mi ausencia.
—Como usted mande, señor.

Tras uno o dos minutos de trivial plática, Paolo Benedetti y su acompañante pasaron a retirarse alegando que tenían cosas por hacer. Chitoge los miró alejarse por unos momentos. Luego se giró hacia Max y se percató de que, para gran sorpresa de ella, éste se encontraba con el rostro tenso, molesto; y con un inexplicable dejo de rencor en su mirada.

—¿Te ocurre algo? —Le preguntó la joven.

—No te preocupes, estoy bien.

El castaño encaminó a Chitoge rumbo a la limusina que aguardaba por ellos frente a la entrada del edificio.

—¿Así que él es uno de tus tíos? —Volvió a preguntar la rubia.

—Así es.

—¿Y quién era la otra persona?

—Él es el Consigliere de nuestra familia, la mano derecha de mi abuelo, así como en su momento lo fue de mi padre. Su nombre es Mario Andolini. Él es quien prácticamente se ha estado haciendo cargo de todos los asuntos diplomáticos desde que la salud de mi abuelo decayó.

—Ya veo… —susurró.

—Chitoge.

—¿Sí?

—No te fíes de ellos. Aunque no lo demuestren y finjan tratarte con respeto, en estos momentos lo cierto es que no podrían repudiarte más. Por mucho que intenten aparentar lo contrario, no son más que lobos con piel de oveja, así que ten mucho cuidado.

Chitoge miró de reojo cómo el joven italiano apretaba su tembloroso puño al momento de decir tales palabras. La rubia suspiró y bajó la mirada.

—'Lobos con piel de oveja…' tú debes saber de eso mejor que nadie —espetó de forma fría y sin reparos. Maximiliano no le contestó.

Karen les estaba aguardando con la puerta del vehículo abierta, listo para ser abordado rumbo a la mansión.

Eran las once y media de la noche en la ciudad de Palermo. Dentro de poco sólo iban a faltar cinco escasos días para que la boda entre la hija del máximo jefe de la organización criminal norteamericana conocida como 'The Beehive', y el nieto del Don de los Benedetti, familia de la Cosa Nostra, se llevase a cabo.



FIN DE LA SEGUNDA PARTE.
CONTINUARÁ…