(ADELANTO) En mi mundo (Acto 1 del cap 29)

Ejem, no sé si debería hacer esto, pero viendo que ha habido varios comentarios deciendome que debería subir rápido el cap (aunque aún no sé si son el mismo con disntintas identidades, creo que tengo confirmados a un seguidor de españa y uno argentino por las estadisticas del blog) y sabiendo que este cap me llevará quisá un buen de tiempo completar, he decidido por mientras subir la primera escena para darles una proabada del capítulo.

No estoy seguro, pero todo parece indicar que este capi va a ser muy largo, ya que hay cinco escenas programadas en total y este adelanto es apenas la primera escena. Así que bueh, igual es tan largo que por poco llega al mínimo de un capítulo, así que puede servir como uno muy breve. Espero lo disfruten y me den tiempo para completar el capítulo.

Si se preguntan por qué ya no he subido más capítulos a Wattpad, necesitó primero editar la tercera parte de la historia antes.

Ahora sí: aquí el adelanto.




En mi mundo.

Capítulo XXIX





(Ten cuidado, hay alguien detrás de ti.)
—¿Eh? ¿De veras?

Bambinna detuvo su paso. El invasor, entonces, extendió su brazo para agarrarle.

No se supo a ciencia cierta qué fue lo que había pasado; pero una especie de impacto, del cual se produjo una poderosa onda de choque, mandó a volar al invasor varios metros de distancia, hasta hacer que se estrellara en uno de los muros en el otro extremo del cruce de pasillos.

La jovencita de vestido negro victoriano se acercó a donde había caído el desconocido. En esta ocasión no necesitó de tanta reflexión para deducir lo que era obvio: aquel sujeto tenía que ser uno de los invasores. Lo observó de reojo, con cierta curiosidad. Lo que más le llamó la atención fue su minúscula estatura en comparación a los demás, sus facciones aniñadas, su cabello blanco como la nieve, y su uniforme, que era un tanto distinto al de los otros intrusos. Aquel invasor llevaba puesto una especie de gabardina negra, que le quedaba holgada, en lugar del típico chaleco táctico.

“¡Ah, pero si es una chica! —Exclamó Bambinna en sus adentros—. Ya decía yo que su cara era muy bonita para la de un asesino.”

—Oye, tú: ¿quieres jugar con Elisabetta? —Le preguntó, con una sonrisa que en el exterior lucía inocente y pura pero que muy probablemente escondía otra intención.

Aún aturdida, la muchacha albina se incorporó como pudo. En ese momento, reconoció que si no hubiese sido por su chaleco blindado, el daño a su cuerpo hubiese sido mucho mayor, posiblemente hasta letal. “¿De dónde saca toda esa fuerza esa mocosa?” Se preguntó en sus pensamientos.

—¿Quién demonios eres tú? —le gritó Paula a la extraña, con la voz medio ronca.

—¡Oye, esa es mi línea! —contestó la chiquilla. Acto seguido, alzó su muñeca, sujetó su bracito y señaló con éste a la desconocida—: Tú debes ser uno de los invasores que se infiltraron a la mansión, ¿no es así? Entonces prepárate porque Elisabetta y yo acabaremos contigo.

Paula peló los dientes. —¿P-pero qué has dicho?
(Reconozco a esta mujer.)
—¿Qué? —Bambinna se giró hacia su muñeca—. ¿Entonces ya sabes quién es, Elisabetta? ¡Dime, dime!

Paula arqueó una ceja. Aquella extraña niña ahora cuchicheaba en un idioma que no parecía ser el italiano, aunque se le parecía un poco. Mientras hablaba sola, miraba en todo momento a esa enorme muñeca de porcelana que cargaba en su brazo derecho, a la altura de su pecho, dedicándole toda clase de muecas, la mayoría de asombro.

—¡Oye, tú! —Gritó la albina—. ¿Se puede saber con quién estás hablando?

—Ya veo —Bambinna tomó un semblante más serio, se giró de vuelta hacia Paula y la señaló desafiantemente con su mano izquierda—, así que tú eres White Fang, sicario de los Beehive.

Paula se estremeció.

—¿Qué…? ¿Pero cómo es que tú…?

—¿No se supone que ustedes ahora son nuestros aliados? ¿O acaso el Beehive ha decidido traicionarnos? ¿O no serás tú la traidora que se alió con alguna banda enemiga? Dime: ¿cuál es tu objetivo tuyo y de tus compinches? ¡Vamos! ¡Habla! Si confiesas ahora mismo es probable que Elisabetta se apiade de ti y te perdone la vida. Claro que no te lo garantizo.

Menudo lío en el que se había metido Paula. Ahora que su identidad había sido expuesta, no podía permitir que aquella mocosa de ropa ridícula fuera a informar al resto. Dadas las circunstancias, si se llegaba a descubrir quiénes estaban detrás de la operación, los involucrados podrían ser tomados como traidores ante el resto de la organización. Fue un fatal error haberse deshecho de su máscara y su comunicador. Y fue un error aún más fatal haber subestimado a su enemigo. Pero, ¿quién se lo hubiera siquiera imaginado, que aquella niñata, que ni siquiera expedía el aura propia de un sicario, podría tratarse de un enemigo? ¿Quién demonios, entonces, es ella?

—¿Qué te pasa? —Insistió la pequeña italiana—, ¿te comió la lengua el ratón? O tal vez necesitas que Elisabetta te dé otro golpe para que se te afloje esa bocaza. ¿Sabes una cosa? Me sorprende que hayas podido ponerte en pie luego de ese golpe. Tus queridos amigos quedaron fuera de combate con menos que eso.

—¿Qué dijiste?

Paula apretó la mandíbula y emitió gruñidos entre dientes. Cerró los puños y sus brazos tiritaron en señal de rabia. Aquella mocosa que tenía en frente resultó ser, de alguna manera y pese a su aspecto, alguien de cuidado. Haberle subestimado por poco le costaba la vida, por lo que a partir de aquí ya no tendría misericordia alguna.

—Tú… tú… ¡Miserable!

Sacó de su abrigo su fusil M5 y acometió con todo al enemigo. “¡Cómete ésta!” gritaba la albina, recién poseída por el espíritu de los dioses de la guerra. Los casquillos caían y rebotaban en el suelo, uno tras otros; parecían interminables.

La jovencita, por su lado, todo lo que hizo fue poner a su muñeca por delante, alzándola con ambos brazos.

Las balas rebotaban en el rostro de la muñeca sin hacerle la más mínima abolladura. Un estruendo metálico se producía con cada impacto. En la zona del cuerpo, las municiones penetraban en su vestido; siendo la tela, blanca como el papel, poco a poco cercenada por la lluvia de plomo. No obstante, el ropaje no se llegó a deshilachar por completo. La niña movía con suma precisión a su peculiar escudo, de un lado para otro, de arriba hacia abajo, interceptando todos y cada uno de los disparos.

La ráfaga de balas cesó. Paula permaneció unos segundos más jalando del gatillo, hasta convencerse de que se había agotado el cartucho. El aire ahora estaba infestado con el tufo de la pólvora, y una endeble cortina de humo se había formado entre la albina y la jovencita de vestido negro. Casquillos y restos de balas quedaron desperdigados a lo largo y ancho de aquel corredor. Cuando el humo se hubo disipado lo suficiente, Paula miró horrorizada que la mocosa ésa seguía campante, sin ningún rasguñó.

La pequeña Bambi sacudió a su muñeca de un tirón. Las innumerables balas que se habían quedado incrustadas al vestido de Elisabetta cayeron todas al suelo; las puntas de éstas quedaron tan aplastadas que el largo de la munición se había reducido a la mitad.

—¿Qué demonios? —profirió Paula.

Bambi hizo un ademán presuntuoso y sobreactuado con la mano a la altura de su boca, fingiendo una risa altanera propia de una señora burguesa ridícula.

—Jo, Jo, Jo. ¿Cómo te quedó el ojo? Vas a necesitar mucho más que eso si lo que quieres es vencer a Elisabetta. ¡Ella es más dura que el mismísimo acero! Ahora lo verás:

Se inclinó, agarró uno de los piecitos de su muñeca, que estaba ataviado con un pequeño zapato blanco, y lo movió para darle un pisotón al suelo. La potencia fue tan monstruosa que se formó una fisura demoledora que iba levantando todo el suelo a su paso. Los muebles que se cruzaban con la mortal fisura salían volando al techo rompiéndose en mil pedazos. Paula, para evadir el ataque, se apresuró a patear una puerta y saltar al interior de un enorme salón contiguo. Una espesa nube de polvo se alzó a lo largo y ancho del corredor. Todo lo que había en él, había quedado destruido.

Paula se tapó la boca y tosió un par de veces a causa del polvo que se había filtrado por la entrada. “¿Pero cómo pudo hacer eso? —se preguntó—. ¿No había dicho el pervertido que se necesitarían de los misiles de un Caza para destruir este sitio?”

—¿Qué te pareció? —dijo Bambi, cuya silueta ahora se asomaba por la puerta en medio de la polvareda—. Aunque seas una sicario de renombre, déjame decirte que no tienes ninguna oportunidad contra Elisabetta.

Entró al salón, que era una especie de habitación de estar repleta de cuadros pintorescos, libreros, divanes, figuras de mármol, jarrones exóticos y demás decoraciones ostentosas.

—Así como la ves —agregó la jovencita—, Elisabetta solía ser una de las personas de mayor confianza de nuestro señor Marzio. Y no solo por su gran fuerza, no, no, no… Elisabetta le ayudó a conquistar toda Sicilia gracias a su gran inteligencia, que no se compara con la de nadie.

Familia Benedetti.
Antigua agente ultra secreta, asesina, consejera y espía de elite bajo el mandato directo y único del Sottocapo.
Nombre clave: Numerale Quattro.
Especialidad: Tácticas bélicas, infiltración y espionaje.
(Estás hablando más de la cuenta.)
—¡Pero Elisabetta! Es para que sepa que no se está enfrentando a cualquier gentuza. De seguro en estos momentos la tipa esa debe estar muerta de miedo. Vamos a darle una lección para que nos confiese todo lo que sabe.

Paula arqueó una ceja. Se incorporó y gritó con fuerza:

—¡Oye!, ¿se puede saber con quién se supone que estás hablando?

—¿Cómo que con quién? —Alzó a su muñeca—. Pues con Elisabetta. ¿Qué no la estás viendo?

La quijada y hombros de la albina se vinieron abajo. Una gota de sudor se visualizó en su nuca.

—¿PERO QUÉ ESTUPIDECES ESTÁS DICIENDO? ¡Esa muñeca no es más que un pedazo de basura! ¡No me quieras tomar el pelo!

—Pe… ¿PEDAZO DE BASURA? —La cara de la jovencita se puso roja—. Dime: ¿Acaso un ‘pedazo de basura’ podría hacer esto?

Sujetó ambos bracitos de Elisabetta y los manipuló de tal manera que éstos levantaron un enorme sillón, y lo hizo con una facilidad que rozaba lo ridículo. Inmediatamente se lo arrojó a Paula. La albina a duras penas se alcanzó a agachar. El aparatoso mueble se estrelló en una de las ventanas; sólo que en lugar de haberse roto los cristales, fue el propio sillón el que quedó reducido a cascajos.

—¿Pero es que a ti se te zafó un tornillo? —Gritó Paula—, ¡cualquiera con dos dedos de frente vería que eres tú la que lo hizo! Esa cosa ni siquiera puede hablar ni se mueve por sí sola. ¡Qué va a andar ayudando a conquistar regiones ni qué nada!

—¡Pero por supuesto que ella puede hablar…! lo que pasa es que Elisabetta sólo le gusta hablar en siciliano. Por eso siempre la acompaño yo para traducirle a la gente ignorante como tú. ¿Verdad, Elisabetta? —Movió la cabeza de su muñeca de abajo hacia arriba dos veces—. ¿Lo ves?
 
—He conocido muchas personas raras, ¡pero tú estás en otra liga! Tú y esa muñeca horrible son las cosas más extrañas que he visto en mi vida.

—¡Basta! No dejaré que le sigas faltando el respeto a Elisabetta. ¡Elisabetta y yo acabaremos contigo!

Acto seguido, la joven y su preciada muñeca se lanzaron contra la intrusa. Con una velocidad sobrehumana, Paula evadió al dueto saltando hacia atrás. El puño de Elisabetta golpeó una mesa de centro, destruyéndola junto a todos los trastos que había encima. Paula contraatacó con su escopeta pero ni ésta le podía hacer daño a Elisabetta, que servía a su vez de protección a Bambinna. Muñeca y niña corrieron hacia donde Paula, Bambinna sacudiendo la manita de Elisabetta, creando una ráfaga de embates. Paula se hizo a un lado. Un antiguo cuadro, de metro y medio de largo, terminó hecho jirones junto a la superficie del muro. “¿Cómo diablos?” pensó la albina al ver de lo que eran capaces esas manitas de porcelana. Bambinna se giró y volvió a arremeter. Esta vez, un sillón quedó cercenado de forma similar a una hogaza de pan. Paula corrió tan rápido como pudo, necesitaba ganar cuanta distancia pudiese. Elisabetta volvió a dar un pisotón al suelo, generando un temblor en toda la sala que hizo a Paula perder el equilibrio y caer de sentón.

—¡Ya me tienes harta! —Paula se incorporó de un brinco y se apresuró a revelar su arma más potente: un lanzacohetes RPG-7—. ¡CÓMETE ESTA! —Disparó.

A Bambinna casi se le salieron los ojos del susto. Rápidamente se hizo a un lado; el cohete pasó a escasos centímetros de ella y su muñeca. La explosión a sus espaldas generó una onda de choque tan poderosa que la mandó a volar al muro opuesto. Los muebles, cuadros, alfombras y demás objetos que había en ese lado del salón, fueron reducidos a poco menos que polvo. Al menos la mitad del recinto había quedado cubierto por una mancha negra que apestaba a calcinamiento.

—¡Ay, ay, ay!  —la jovencita italiana se sobó el trasero. Más enfurecida que nunca, se incorporó y se giró hacia la albina—: ¡Oye, tú! ¿Acaso estás demente? ¿Cómo te atreves a disparar un cohete en un lugar cerrado? Tú también pudiste haber muerto… Y a todo esto: ¿dónde llevabas un arma de ese tamaño? ¿Y dices que yo soy la rara? Tú sí que eres rara.

—Lo sabía —Paula arrojó el lanzacohetes—, ni tu querida Elisabetta podría salir ilesa de algo como eso, ¿no es cierto? —y luego sacó de su abrigo dos escopetas lanzagranadas Ultimate M79 de cuatro tiros, empuñando una en cada brazo—. Prepárate, porque las voy a reducir a ambas a escoria.

Bambinna infló sus mejillas a tope y frunció el entrecejo. —No creas que has vencido a Elisabetta —advirtió. Metió su mano por debajo del vestido de su muñeca, por la parte de la espalda, tal y como se hace con los muñecos de ventrílocuo. Jaló de algo y los labios de Elisabetta se abrieron en el acto, dejando asomar del interior de su boca la punta de una especie de tubito metálico. Paula miró esto extrañada.

—¿Pero qué se supone que…?

—¡Toma!

Una llamarada lo suficientemente grande como para envolver a la sicario, emergió de la boca de la muñeca. Paula, a duras penas, la evadió. Detrás de ella había un diván, una mesita de cedro y una pintura antigua. Las flamas en un instante redujeron a cenizas aquellos objetos. El rostro de Paula se puso azul al verlo. “Si me hubiera dado, no la hubiera contado” pensó con el corazón a una nada de salírsele.

—¿Lo ves? —dijo la pequeña Bambi en un tono altanero—. La pelea apenas está comenzando. ¡Prepárate!

—¡Si serás!



El combate se enfrascó en un ir y venir de disparos, explosiones y fuego abrasador. Cada que Paula arremetía con sus escopetas lanzagranadas, Bambinna esquivaba las explosiones y contraatacaba con su lanzallamas. Cada que Elisabetta se acercaba a atacar con sus manos que lo cortan todo, Paula escapaba y se defendía con sus granadas antipersonales, gas lacrimógeno y explosivos. Desde las afueras se veía cómo las ventanas de aquel salón de la cuarta planta se iluminaban con cada detonación. Era una lástima que no hubiese nadie en los jardines de la mansión que apreciase tal espectáculo. Pues en todos estaban demasiado ocupados en su propia querella, en la parte frontal de la propiedad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

conti... para cuando va estar el capitulo completo??? ya tenes planeado el final???

Animetrixx dijo...

estoy tratando de terminar el capítulo en la brevedad posible. Sorry ToT

Así es. Ya tengo el final bien claro junto con todo lo que va a pasar, tengo, de hecho, un resumen de la historia, solo falta irle dando prosa hasta acabar.