En mi mundo.
Capítulo XX
—Muy bien,
señores —exclamó Oblivion, el ahora líder táctico de la operación de rescate, tras
haber dado un par de recias palmadas en el aire. La gran mayoría de los presentes,
quienes se habían reunido en su departamento desde temprano, dejaron de chismear
entre ellos y se giraron atentos hacia él—, quiero que ahora presten mucha
atención a lo siguiente:
Las luces de
la habitación se apagaron en el acto. Oblivion encendió el cañón proyector. En la
enorme pantalla reflectora que yacía colgada en el muro comenzó a visualizarse
la fotografía de una enorme y elegante residencia. Todos los reunidos miraron
atentos.
—Esta,
señores, es ni más ni menos que la mansión donde nuestra señorita se ha estado alojando
casi desde que llegó a Palermo…
Oblivion caminó
al frente. Sacó de su bolsillo y extendió una varita para exposiciones, misma
que utilizaría durante el resto de la reunión para señalar, conforme desfilaban
las imágenes y se adentraba en su discurso, algunos lugares clave del tan
importante inmueble, tales como su entrada, las cuatro torres ubicadas en cada
esquina, el enorme balcón del salón principal y el extenso jardín trasero.
—No se dejen
engañar por su apariencia —agregó con ese tono medio bromista y ocurrente que
lo distinguía—. Esta casucha, aunque parezca sacada del siglo XIX o de una de
las muchas fantasías alucinógenas de Tim Burton, en realidad no tiene ni dos
décadas de haber sido mandada a erigir.
»Ubicada en
las afueras de la ciudad, sobre una extensa llanura a los pies del imponente
Monte Cuccio, justo a un costado del
antiguo poblado de Baida (ahora zona
suburbana que se localiza al oeste del
núcleo de Palermo,) esta singular mansión ocupa, junto a todo el terreno de la
propiedad circundante, un total aproximado de tres hectáreas. “38.113889,
13.283540” son sus coordenadas, por si un curioso al leer esto quiere saber
dónde está ubicado. Sólo tienen que abrir Google maps, copiar y pegar.
—Oye, espera
un momento —le interrumpió Paula desde el rincón—. ¿A qué viene esa estupidez
sin sentido que acabas de decir?
—No lo sé,
querida y dulce Paula —se llevó la mano al frentón y miró hacia el techo—.
Supongo que debo ser ese tipo de personajes sabelotodo que los autores ponen en
sus historias para dar a saber todo lo quieren que sus lectores sepan a través
de sus tediosos diálogos y pensamientos —se aclaró la voz y volteó de nuevo
hacia la pantalla—. En fin, como les iba diciendo…
—A este tipo
ya se le zafaron todos los tornillos que le quedaban —masculló la albina con
una mueca de repulsión—. ¿No lo crees, Black Tiger? ¿Eh? ¿Black Tiger?
Su compañera
no le contestaba. Parecía estar completamente atenta a las explicaciones,
ignorando cualquier distracción del resto del mundo. Su mirada profunda, con el
seño fruncido reflejaba una seriedad y determinación apabullantes, así como
también un dejo de rabia contenida. Paula, de lo mucho que se impresionó, se
echó unos cuantos pasos atrás hasta tropezarse con Raku. Él, muy por el
contrario de Tsugumi, se le veía tan cohibido, tan distraído; miraba hacia su
costado como tratando de evadir a toda costa el contacto visual con Tsugumi, y
se le notaban toda clase de tics nerviosos tales como golpetear su pierna con
los dedos. En pocas palabras, se portaba como si en el fondo preferiría no estar
presente pese a lo importante que era la reunión. Miró extrañada a ambos
repetidas veces. Empezaba a sospechar que algo debió de haber pasado entre
ellos.
—Toda la
edificación en sí —continuaba, mientras tanto, Oblivion en su discurso— está
hecha de hormigón armado de alta densidad reforzado con fibra de acero, y sus
muros a su vez están engrosados con un doble revestimiento de CMC, material sintético
que absorbe y mitiga las ondas de impacto y que brinda, por consiguiente, una
resistencia increíble a las explosiones. Ya puedes estallarle hasta doscientos
o más kilogramos de TNT en las narices a esos muros y estos seguirán en pie,
incluso protegiendo de la onda sónica a los que se encuentren del otro lado pues
este material también aísla la mayor parte del estruendo; que puede reventar los
tímpanos y dañar los pulmones. Por si fuera poco, la misma densidad del
concreto es efectiva para disminuir la radiación. ¡Carajo! Ya quisieran muchas
prisiones tener la resistencia contra ataques terroristas de ese manicomio. Y
todo esto sin perder el glamur, la elegancia —remató con tono irónico, burlesco,
mientras señalaba las decoraciones y acabados de los balcones.
»¿Qué por qué
les cuento todo esto? —La diapositiva cambió, mostrando ahora una imagen
satelital enfocada en una de las torres de la mansión. Oblivion señaló con su
varita hacia la ventana más alta—. Pues antes que nada, miren esto con
atención. ¿Pueden decirme qué ven?
A Raku y
Seishirou se les vinieron las quijadas abajo; sus ojos casi se les salían del
rostro cuando se fijaron bien en la pequeña silueta de aquella persona asomándose.
“¡No me digas que es...!” pensaron al unísono. Un buen puñado de los gansters
presentes se les sumó cuando el hacker hizo varios acercamientos a la imagen,
hasta que la identidad de esa jovencita de cabello rubio se hizo evidente.
—¡Así es,
señores! —Gritó señalando con su vara la imagen de Chitoge, mientras señalaba
hacia el techo y adoptaba una pose heroica—. Es en lo más alto de esta torre,
la de la esquina trasera izquierda del edificio, dónde nuestra señorita, la
hija de nuestro jefe se ha estado hospedando todo este tiempo. Y estoy
completamente seguro de eso porque ella se ha asomado por esa misma ventana, una
y otra vez, a la misma hora todas las mañanas y también por las noches desde
que la comencé a monitorear. Al principio —reacomodó su gafas hacia atrás con
la yema del dedo—, tenía mis dudas sobre cual de todos los posibles lugares
sería en el que la señorita pasaría la noche en el momento en que ejecutáramos
nuestro rescate. Pero ahora estoy completamente seguro de que ella va a estar
presente en ese mismo lugar, incluso un día antes de la ceremonia, como lo ha venido
haciendo todos estos días. Después de todo, todo parece indicar que ella no se
encuentra hospedada en esa residencia por casualidad. ¡Qué mejor lugar que
aquella fortaleza, que pareciera que fue mandada a hacer por un loco paranoico…!
De todos modos, yo mismo me cercioraré que se la señorita esté presente en el
lugar previsto antes de dar comienzo la operación. Es por esta razón que no he
dejado de seguirle el rastro y no lo voy a dejar de hacer hasta que haya
llegado la hora de proceder. Pero por si acaso, también tengo en mi poder toda
la información necesaria de cada uno de los otros posibles lugares en los que
la señorita podría pasar la noche de improviso, para que podamos operar de
acuerdo al caso que se nos presente. Pero, dado que las probabilidades de que
ella se va encontrar en este lugar cuando nos movamos, son prácticamente ya un
hecho, vamos a enfocarnos en este sitio. Así que abran muy bien los ojos:
La imagen del
proyector volvió a cambiar. Esta vez mostró en conjunto lo que parecían ser los
planos arquitectónicos del sitio. Paula en sus adentros reconoció con un poco de
asombro que toda la información que aquel sinvergüenza había reunido,
aparentemente sin la ayuda de nadie, era sorprendentemente extensa, más si se
tomaba en cuenta que una organización del crimen en teoría no se dejaría robar
información confidencial tan fácilmente. Ichijo, Migisuke y Tsugumi, por su
lado, se veían cada vez más interesados. A su manera trataban de descifrar por
si mismos las imágenes, especialmente estas últimas, de las que intentaron
memorizar cuanto les fuese posible.
—He aquí con
ustedes cada uno de los planos del lugar.
—Uno de estos pasó a pantalla completa, aquel en el que se mostraban las
dimensiones del exterior—. Como podrán apreciar, hay un total de más de sesenta
metros de altura desde lo que es el suelo de la primera planta hasta la punta
de cada una de las torres. Quizá algunos de ustedes se hayan imaginado, antes
de saber esto, que lo más fácil y rápido hubiera sido escalar en sigilo desde afuera
hasta llegar al balcón de la señorita. ¡No! Eso sería un puto suicido. Está
demasiado alto por lo que nos llevaría un considerable tiempo el llegar hasta
ahí y el sistema de seguridad nos detectaría. Eso sin contar que todas las
ventanas del lugar están blindadas por lo que el derribar una para entrar desde
lo alto sería muy complicado. No, no, no, sólo seríamos carne de cañón; nos
acorralarían antes de poder siquiera llegar a nuestro objetivo. Lo mismo si
intentamos llegar por paracaídas: vuestros cadáveres aterrizarían lentamente
con decenas de hoyos en el cuerpo sobre el tejado.
»Tras haber
estudiado minuciosamente todo el lugar, el sistema de seguridad, la ubicación
del dormitorio de la señorita, pero sobre todo, al número y distribución de
efectivos que asisten por las noches en esa residencia, llegué a la conclusión
de que la mejor ruta para la infiltración es (y vaya que si es bastante irónico)
entrar por la puerta del frente.
Algunos de
los presentes se tomaron esta declaración como una posible broma de mal gusto.
Las murmuraciones entre ellos no se dejaron esperar.
—Orden… orden…
¡Orden! —gritó Oblivion hasta hacerlos callar—. Dejen que les explique. Observen
muy bien la distribución de cada una de las plantas primero:
Otro de los
planos se mostró en pantalla completa. Se trataba del croquis de la primera
planta.
—Como podrán
apreciar, pese a lo que uno pudiese creer al ver la forma tan simétrica de la
fachada, la distribución y tamaño de las habitaciones, pasillos y demás
recintos dentro de la mansión es bastante irregular, como si no hubiese ningún
patrón a seguir. Los corredores no guardan una disposición lineal que te
permita avanzar y acceder rápidamente a los recintos, sino que te obligan a
rodear y a veces tener que pasar forzosamente por ciertos salones para poder
abrirte paso de un extremo a otro. Tan solo miren todo el jodido camino que hay
que hacer para llegar de la entrada hasta las escaleras que se ubican casi en
el costado derecho y hacia el fondo. —Cambió, en cuanto terminó de recorrer
todo el camino con la punta de su vara, a otra diapositiva—. Llegas al segundo
piso y te llevas la grata sorpresa de que las escaleras sólo llegan hasta ahí,
y que para llegar a la siguiente planta debes ahora dirigirte a las escaleras
que se encuentran casi al otro extremo del lugar, cruzando nuevamente por un
sinfín de corredores van en zigzag, y que te pueden conducir, si no conoces el
camino exacto, a salones cerrados que no te dan más opción que devolverte.
Llegas a las escaleras, subes a la tercera planta y de nuevo tienes que lidiar
con un camino tortuoso y confuso para llegar a las escaleras que conducen al
cuarto piso. Llegas al quinto piso y… pff, creo que ya me entendieron… Llegan
finalmente al quinto piso y pasan por unos cuantos corredores y salones hasta
llegar al enorme salón de Banquetes: el recinto más grande de todos y que
abarca la gran mayoría de esa planta. Este salón a su vez conecta con otros
cuatro corredores más, que conducen a las escaleras de las cuatro torres de la
mansión. Estas torres a su vez son tan altas como el resto de la edificación y
agregan otros tres niveles más a escalar, dando un total de ocho plantas desde
la entrada hasta la habitación de la señorita. Toda la puta mansión es,
literalmente, un laberinto.
»Ya sé, ya
sé… Dan unas profundas ganas de golpear en la cara al arquitecto responsable de
semejante caos, ¿no es así? Pues así lo sería si no fuera por el pequeñísimo
detalle de que el lugar está hecho así a propósito. De esta manera, una
invasión, cualquier intento de atentado contra la mansión haría sumamente
difícil a cualquier invasor abrirse paso a su objetivo, estando así en una gran
desventaja en contra de sujetos que pueden moverse sin problemas por el lugar,
y dando el tiempo necesario para la llegada de refuerzos; convirtiendo así este
lugar en el refugio casi perfecto. Pero ese no va a ser nuestro caso, señores,
porque para eso es que yo estoy aquí. Gracias a esta valiosa información que
pude robar sabemos por dónde debemos ir para avanzar, y si lo hacemos en
sigilo, adentrándonos lo más que podamos antes de ser descubiertos, podremos
usar esta misma cualidad del edificio como ventaja a nuestro favor. Yo mismo he
estudiado todo su sistema de seguridad ya que mi trabajo va a ser el abrirles
un pequeño boquete para que puedan hacer su misión, además de dirigirlos y
orientarlos ante cualquier inconveniente que se les presente durante el acto.
—¿Y cómo es
que vamos a hacer todo eso? ¿Cuál es tu plan?—Cuestionó un Migisuke curioso y
un poco escéptico ante lo pretenciosos que eran los planes del hacker—. Si se
puede saber…
—¡Qué bueno
que preguntas! Ya me estaba cansando un poco de la poca participación de
ustedes.
Oblivion se
sirvió un poco de refresco de cola en un vaso. Pasó a humedecer su boca con un
profundo trago antes de proseguir en su discurso. Las imágenes mostradas en la
pantalla cambiaron de vuelta, mostrando de nuevo aquellos burdos dibujos en
caricatura hechos en paint que, se suponía, representaban a todos los
participantes de la operación. La explicación dio comienzo, abordando temas,
paso por paso, sobre el cómo se infiltrarían, los distintos roles que cada
miembro ocuparía, los tiempos, los planes de contingencia y el equipo que se
les proporcionaría a cada uno de ellos. Era un breve resumen teórico de cómo se
darían las cosas en un caso relativamente moderado y controlado de acuerdo a
sus expectativas y predicciones. Algunos de los gansters presentes sonreían
emocionados cuando escuchaban los ases que el metódico agente guardaba en sus
mangas; otros en cambio estaban un tanto confundidos o desilusionados con su
rol asignado.
—Oye, espera
un segundo, friki de mierda —un hombre corpulento, rapado y con tatuajes
asomándose por su ramera sin mangas hasta llegarles al cuello, se pronunció—,
¿quieres decir que mientras nosotros nos vamos a partir el culo tú eres el
único que va estar a salvo, escondido lejos del lugar y mirando todo desde un
monitor?
Oblivion se
rascó la nuca y suspiró—. A ver, déjame ver qué puedo hacer… ¿Sabes qué? ¡Tienes
razón! —Gritó alzando los brazos de manera muy sobreactuada—. Voy a ponerme una
gorra de beisbol y un pañuelo para cubrir mi rostro, voy a descargar todas mis
aplicaciones mágicas de hacker en mi Smartphone —sacó su dispositivo del
bolsillo y lo aireó de manera ridícula, haciendo toda clase de ademanes con él—,
y voy a llegar en un coche robado hasta la mansión. Me voy a escabullir de
cuclillas para que nadie me vea, lo suficiente para que mi teléfono pueda
hackear el dispositivo de la alarma y ¡PUM! Desactivo las alarmas. Luego me
acerco sin hacer ruido a uno de los muchos mafiosos que están de guardia y
¡Pum! Hago volar una tubería con agua caliente hackeando el sistema de agua y
drenaje con mi celular mágico, y los dejo inconscientes. Me acerco a una puerta
cerrada y ¡Zaz! Abro la cerradura eléctrica, que muy convenientemente también
tiene una señal inalámbrica que puedo controlar desde mi teléfono gracias a mis
aplicaciones de hackeo ‘for dummies.’ Luego, si me encuentro a mitad de una
balacera, puedo hacer explotar algún aparato que esté cerca hackeándolo una vez
más con mi celular para crear una distracción y así aprovecho para volarle los
sesos a esos sujetos con mi escopeta recortada y… ¡MIS PELOTAS!
»Yo no estoy
hecho para estas cosas. ¿Acaso es la primera vez que participas en una
operación de este tipo, grandote? Es necesario que alguien más vigile y dirija todo
desde un punto seguro y ese es mi trabajo. Los SWAT lo hacen, el ejército lo
hace, las organizaciones no gubernamentales lo hacen y vaya que también lo
hacemos nosotros cuando la misión es tan precisa y metódica como esta. Ya
bastante he hecho yo con mi rol de robar información como para que todavía
tenga que estar organizando y dirigiéndolo todo, ¿pero sabes algo? Igual tuve
que hacerlo, porque no había nadie más lo suficientemente capacitado de los que
lograron reunir. Ya quisiera verte a ti y a tus pocas neuronas haciéndolo todo
y solo.
—¿QUÉ
DIJISTE?
Migisuke tuvo
un mal presentimiento y de inmediato corrió a interponerse entre ellos—.
Tranquilos, muchachos, ¡vamos a calmarnos! —Sonrió con nerviosismo.
—Tú no te
metas —el fornido hombre le empujó, pero el joven no se amedrentó.
—¡Quietos
ustedes dos! —Oblivion aprovechó la confusión para sujetar de su musculoso
brazo al agresivo hombre. Lo torció de manera hábil y amañada hasta obligarlo a
caer de rodillas. Su víctima intentó zafarse pero por la manera en que le había
aplicado dicha llave ya no podía hacerle nada. Terminó gritando, implorándole
que lo soltara.
—¿Lo ves? La
fuerza bruta no lo es todo. Es muy útil, sí. Pero más importante que la fuerza
es el cómo la aplicas y dispones de ella. Ese es nuestro caso. Ellos nos
superan en número, pero nosotros vamos a actuar de manera astuta pero sobre
todo eficaz. Debo reconocer que mi trabajo nunca ha sido dirigir personalmente
a un equipo. Lo mío siempre ha sido traficar con datos, monitorear y rastrear,
pero siempre bajo la dirección de otra persona. Pero no estamos para ponernos
exquisitos, lo quieran o no yo seré quién tome las riendas y ustedes me van a
obedecer. ¿Están de acuerdo?
Los demás quedaron
impresionados. Se miraron los unos a los otros y asintieron con timidez. El
extravagante hacker sonrió satisfecho.
—Muy bien,
muchachos. Esa es la actitud. Ahora, ¡vamos a probarles a esos come-pasta de
qué estamos hechos! ¡Les demostraremos que uno no simplemente puede someter y
humillar a nuestra banda sin sufrir su merecido castigo! Esos italianos no son
más que un montón de mentirosos y buenos para nada, que se atrevieron a meterse
con la hija de nuestro jefe. ¡Pero yo sé de donde vienen y quienes son, porque
los he rastreado, conozco la identidad de quienes lo han hecho y no voy a dudar
en denunciarlos con la cyber-policía! Si se atreven a hacer algo o hackearme de
nuevo ¡serán ejecutados! Y si se atreven a meterse otra vez con la señorita
Kirisaki, ¿adivinen qué? ¡Las consecuencias no volverán a ser las mismas!
Un silencio
incómodo, en el que se podía incluso alcanzar a oír el ruido del tráfico por
fuera del edificio, se formó luego de las últimas palabras del raro sujeto, ya
que para todos los demás éstas carecían de total sentido. Oblivion experimentó
aquella singular sensación que da al descubrir que uno simplemente acababa de
hacer el ridículo; todo por tratar de ser gracioso mediante una parodia que
nadie excepto él era capaz de entender.
—Olviden eso
último —masculló cabizbajo y un aura de energía negativa rodeándolo. Caminó de
regreso a la pantalla y continuó dando las indicaciones para la ejecución del
plan.
No habría ensayos,
por lo que todos debían memorizar tan bien como les fuera posible cada una de
las indicaciones. Repasaron los pasos a ejecutar una y otra vez, durante todo el
día hasta caer la noche. Cada uno de los posibles escenarios, los tiempos de
ejecución, el recorrido que seguirían dentro de la mansión, los posibles
hombres a los que podrían llegar a enfrentarse si algo salía mal y cómo debían
actuar en caso de un imprevisto. Sin contarlo a él, los participantes de la
operación de infiltración, búsqueda y rescate, eran un total de diecinueve
miembros:
Migisuke, que
por alguna razón desconocida para la mayoría de los presentes, había sido
escogido por Oblivion para ser quien iría al frente dirigiendo a los demás. Con
el apoyo de otros cuatro agentes, avanzarían unos metros por delante del resto
del grupo, asegurando el sitio y haciéndose paso. Raku permanecería en el
centro del grupo, siendo ‘Black Tiger’ y ‘White Fang’ sus escoltas personales,
encargadas de protegerlo de cualquier peligro. Habría otros dos sicarios más en
cada costado avanzando a la par del hijo del cabeza del Shuuei-gumi, listos
para actuar ante cualquier situación, y por último otros cuatro miembros al
final de la formación vigilando la retaguardia y cuyo objetivo sería retener
cualquier inconveniente mientras el resto continua avanzando. Otro miembro más
sería el encargado de tener preparado el vehículo que usarían para escapar,
siendo respaldado por un compañero. Y, por ultimo, tres snipers vigilando y cuidando de este a la vez que esperan
instrucciones en caso de alguna situación extrema.
—Bien,
señores —dijo Oblivion luego de una atenuante sesión que parecía eterna—, creo
que esto es todo lo que podemos repasar; ya no hay nada más que pueda prever
por el momento. Así que espero que todo haya quedado lo bastante claro. Lo
mejor será que descansemos. Hay que estar completamente descansados y en
nuestra mejor condición posible. Mañana nos reuniremos en punto de las diez de
la noche, y pasaré a proporcionarles el equipo que utilizaran para la
operación. El asalto dará inicio a pocos minutos de la media noche por lo que
todos deberemos estar en nuestras posiciones con antelación. Eso es todo,
pueden retirarse.
Ya se había
hecho de noche. Tanto Raku como el resto se sentían un poco cansados, pero su
mente estaba tan saturada con información, que estaban seguros que no podrían
dormir de inmediato. Oblivion les propuso dar una última cena y brindar por el
éxito de la misión para despejarse un poco y todos estuvieron de acuerdo.
—Por cierto
—se le ocurrió preguntar a Paula a mitad del festín, mientras devoraba un
enorme cannolo—. Dijiste que nos darías todo el equipo necesario para la misión
una hora antes de dar comienzo. ¿En qué momento vas a conseguir todo eso? Son
muchas cosas. ¿Dónde las vas a conseguir en menos de un día?
—¿Pero de qué
hablas, linda Paula? —Hizo un gesto bobo. Que su musa loli le dirigiese la
palabra de manera tan casual le encantaba. La albina se irritó a ver su cara—.
Ya hace mucho que tengo en mi poder todo lo que vamos a necesitar para la
misión, desde las armas hasta el vehículo.
—¿En serio?
—dijo Raku luego de haberle dado un mordisco a su emparedado—. ¿Y dónde los
tienes?
—Pues el
vehículo lo tengo aparcado en un estacionamiento privado que renté. Con las
armas y demás equipo era mucho más complicado el tenerlas ocultas, por lo que
opté por traerlas aquí.
—¿A-AQUÍ?
—Gritaron Raku, Paula, Tsugumi y Migisuke.
—Sí.
—¿Pero en
dónde? —Cuestionó la sicario de cabellos azabache—. En ningún momento he visto
que tengas guardado nada de eso.
El hacker
miró hacia el techo se rascó la sien con su dedo antes de contestar.
—Bien, si
tanto lo desean saber, se los mostraré. Síganme.
El grupo
caminó hasta la habitación donde dormían los varones. Una vez ahí Oblivion
desprendió un poco el papel tapiz del muro del fondo descubriendo una pequeña
chapa. Introdujo en ella una pequeña llave que llevaba consigo y la giró. La
supuesta pared resultó ser una puerta corrediza que daba acceso a una pequeña.
El resto miró sorprendido.
—¿Creyeron
que el cuarto de chicos era mucho más pequeño que el de las damas por simple
capricho? —Se jactó con una media sonrisa.
Metió la mano
y presionó el interruptor. Las luces se encendieron revelando el interior del
pequeño cuarto. Todos boquearon de la impresión. Pero a quien verdaderamente le
brillaban los ojos era a Paula. ¡Casi toda una semana sin cargar armas consigo
y ahora estaba frente a un paraíso!
—¡No puedo
creerlo! —Gritó Paula con alegría mientras abría una a una las cajas y
escrudiñaba el maravilloso surtido de arsenal que había en ellas. Raku al verla
pensó en que su comportamiento y humor era equiparable al de una niña en una
juguetería; comparación bastante macabra dado el contexto y la actitud a veces
demasiado infantil de la sicario—. Pistolas semiautomáticas 9mm, Desert Eagle y
revólveres de todo tipo de calibres; Carabinas M4A1 con lanzagranadas y visor
ópticos integrados; Fusiles de asalto AR-15, AR-16 y AK-103 modificados, con
mira óptica; fusiles de precisión Barrett
M107CQ para francotiradores; escopetas regulares y recortadas,
subfusiles automáticos Uzi, mini Uzi y micro Uzi, PP-19 Bizon y MP7A1 con
silenciador y mira óptica, entre otros; granadas, explosivos plásticos y
detonadores; granadas de luz cegadoras, gas lacrimógeno, equipos de visión
nocturna…
Estuvo a
punto de soltar un largo y escandaloso chillido cual fanática al ver pasar de lado
a su artista favorito, pero contuvo su euforia al sentir la macabra presencia
de cierto sujeto mirándole con una sonrisa mórbida desde atrás.
—¿Te gusta lo
que ves, no es así? —Oblivion le acercó su rostro mientras le hacía ojitos—.
¿Eh? ¿Eh? ¿A que sí?
—Bueno
—carraspeó, se cruzó de brazos y giró la cara hacia el lado opuesto—, n-no está
mal, pero pudiste haber conseguido cosas mejores…
—Sabes que tú
eres alguien muy especial para mí, querida Pauly. Por eso voy a hacer una
excepción contigo y dejaré que tomes ahora mismo todo el armamento y munición
que desees. Anda, que no te de pena. Coge
todo lo que quieras —le susurró esto último al oído en un tono muy
sugestivo.
La albina
estalló en cólera, tomó del cuello a su acosador y comenzó a estrangularlo—.
¡Maldito pervertido! ¿Quién te estás creyendo? ¡Ya déjame en paz!
Por un
momento los otros tres pensaron en detenerle pero supusieron que el tipo se lo
tenía bien ganado, así que sólo observaron crispados.
—Por cierto…
—musitó Oblivion con lo que le quedaba de aliento—, tengo algo especialmente
para ti…
—¿Eh?
Cuando la
albina por fin lo soltó, el hacker alzó su mano para alcanzar de un estante un
enorme estuche de madera. Con un dejo orgulloso lo abrió frente a los ojos de
Paula, dejando escapar un reluciente brillo que llamó la atención del resto.
—¿Qué es eso?
—Preguntó Raku.
—¡Ta-da! Son ni
más ni menos que dos preciosas Desert Eagle 6” calibre .357 magnum. Están
chapadas en oro puro y tienen tus iníciales grabadas sobre en las culatas.
Además vienen con un elegante set de cartuchos con balas de Plata. Yo mismo las
mandé a fabricar como un presente especialmente para ti, mi bella musa lo…
digo, mi querida y apreciada musa inspiradora. Espero que sean de tu agrado.
Así, cada vez que las utilices podrás sentir como ellas te protegen como si mi
propio cariño hacia ti lo hiciera y…
—¿Dices que
tú las mandaste a hacer para mí?
Oblivion
asintió con una sonrisa.
—Ya veo
—devolvió el gesto, tomó el estuche y caminó hacia el baño, donde arrojó al
retrete ambas pistolas. Todos los demás observaron desde afuera la escena:
Tsugumi conteniendo lo más que podía las ganas de reír, Raku pensando en que
había mil maneras mucho menos crueles de rechazar un obsequio, Migisuke
preguntándose como era posible que semejantes armas pudiesen pasar a través del
ducto de drenaje como si nada y Oblivion con la boca abierta, la mirada perdida
y el cuerpo transformado en un pilar de sal que se deshacía poco a poco.
—Por cierto,
se puede saber de dónde sacaste todo ese armamento —dijo Migisuke, quien parecía
movido en su carácter de oficial encubierto.
—Así que te
preocupa, ¿eh? —Oblivion caminó seguido por el resto de vuelta a la bodega—. Pues
eso es lo más gracioso de todo. Verás, yo… se le compré todo a los Benedetti.
“¿Que tú
Qué?” Gritaron todos con la piel erizada y los pelos de punta.
—Sí, lo sé.
Es bastante irónico, ¿no? Me recuerda a cuando jugaba GTA-SA y por pura maldad
mataba al vendedor de armas con las propias balas que me había vendido —sonrió
de forma maliciosa—. Pero es que realmente no tenía otras opciones. El haberme
traído todo este arsenal desde el extranjero habría sido sumamente complicado y
tedioso, y el tráfico ilegal de armas en la isla de Sicilia es en la actualidad
manejado casi en su totalidad por ellos. Así que realmente esto era lo más
práctico y sencillo de hacer. ¡Pero no se preocupen, chicos! Todo lo hice con
suma discreción, así que no hay nada de qué preocuparse. ¡Ah, por cierto! Raku…
—¿Sí? —Volteó
confuso.
—Quiero que
me digas si hay un arma en específico con el que tengas mayor experiencia o te
sientas más cómodo.
—Realmente no
tengo experiencia alguna.
—¿En serio?
—Exclamó realmente asombrado—. Eso es un problema, pero veré que puedo hacer.
El experto en
informática buscó entre todas las armas hasta que sacó una pistola
semiautomática de tamaño mediano y se la ofreció al japonés.
—Toma. Es una
Glock 22C. Es ligera y su fuerza de retroceso al disparar es muy baja, por lo
que no se necesita mucha experiencia para poder dominarla.
—No la
quiero.
—¿Qué
dijiste?
—Que no la
quiero. No uso armas de fuego. No va conmigo.
—Debes estar
bromeando, ¿verdad?. Esto no es un juego, mozalbete. Por mucha protección que
lleves nunca se sabe cuándo deberás defenderte por ti mismo. Tienes que pensar
en las muchas cosas que podrían ocurrir si…
—Lo siento
—Raku la empujó de vuelta a quien la ofrecía—. Aunque tú lo digas, yo no soy de
los que usarían este tipo de armas para lastimar a otras personas. No la usaría
así me la dieras. Así que no pierdas tu tiempo.
—Esto es
problemático —se quitó sus anteojos, frunció el seño y se limpió el sudor de la
frente pasando su mano. En su carrera dentro del bajo mundo era la primera vez
que veía al hijo varón de un líder
criminal negándose a portar armas de fuego—. Pero por más pacifista que seas
vas a tener que usar un chaleco antibalas. ¿De acuerdo? —Raku le asintió—.
Déjame pensar en algo… ¡Ya lo tengo!
Oblivion
volvió a hurgar entre todas las cajas hasta que sacó una de color negro y
dimensiones un poco mayor a la de una caja de zapatos. La abrió y todos miraron
lo que parecían ser unas pistolas de plástico un tanto extrañas. Cuando uno de
ellos le preguntó qué eran, él respondió:
—Es una
pistola de aire. Dispara dardos.
—¿Dardos?
—cuestionó Raku confuso.
—Sí, dardos.
Pero no cualquier tipo de dardos —contestó mientras mostraba uno de estos—. Son
dardos tranquilizantes especiales. Estos bebés contienen una de las drogas
somníferas más potentes y eficaces jamás creadas.
—¿En serio?
—Paula parecía haberse interesado mucho—. ¿Puedo verla de cerca?
—Por
supuesto, pequeña y dulce Paula. Toma. Bueno, como les decía, el efecto sedante
de estos dardos es bastante efectivo: si le das de lleno a una persona con uno
de estos, quedará irremediablemente dormida y fuera de combate. Y no importa lo
que se haga, esta no despertará hasta después de las siguientes seis a doce
horas a menos que se le administre el antídoto. Como podrán imaginar, la
portación de este tipo de arma está completamente prohibida debido a que se le
podría dar un mal uso como lo es el secuestro. Pero lo que convierte a estos
dardos en un arma efectiva incluso para la defensa personal en situaciones de alto
riesgo es que, a diferencia de las drogas que son comúnmente utilizadas para
capturar animales, estas tienen un efecto instantáneo impresionante. Apenas
pinchas a la victima y esta caerá al suelo.
—¿Oh, en
serio es así de rápida? —Se escuchó la voz de Paula de alguna parte.
—¡Sí! La
persona quedará inconsciente tan rápido que ni siquiera le dará el tiempo de
darse cuenta que se está quedando dor…
Y de repente,
Oblivion cayó contra el piso, revelando que Paula estaba detrás de él sujetando
uno de los dichosos dardos.
—Dulces
sueños, pervertido.
Tsugumi,
Migisuke e Ichijo se horrorizaron ante lo que acababan de presenciar.
—¡P-Paula!
—Gritó Raku entrado en pánico, agitando con pavor los brazos—. Qué… qué… ¿qué
es lo que acabas de hacer?
—Lo mandé a
dormir un rato porque ya me tenía harta. ¿No ves?
—¡No me
refiero a eso! ¿Por qué lo hiciste?
Paula caminó
de vuelta a la sala—. Ya mañana por la noche dará comienzo la operación. Por lo
tanto esta es tu última oportunidad para buscar a la señorita
Chitoge por tu propia cuenta y convencerla a tu manera que vuelva. ¿No es
esto lo que tanto querías?
—Espera un
momento —tanto él como Tsugumi quedaron pasmados—, ¿cómo es que tú sabes esto?
—No hay
tiempo para explicaciones —la albina se sentó junto al enorme monitor en el
piso y tomó el teclado y mouse—. La verdad es que no soy buena para estas
cosas, pero creo que al menos deberí poder operar este satélite de rastreo y darte la
ubicación actual de la señorita.
Todo este
tiempo el hacker había estado consultando y siguiendo la ubicación de Chitoge
desde su teléfono móvil, el cual usaba como medio de acceso remoto a su
ordenador. Miraba constantemente y programaba la cámara para que siguiese su
figura y cualquier vehículo que ella abordara a través de unos comandos que
rozaban en la AI implementados por el mismo satélite. Tal y como había advertido
en su discurso, él no le iba a quitar los ojos de encima hasta la hora cero.
—Parece que
están de suerte —masculló Paula—. La señorita en estos momentos se encuentra
fuera de la mansión.
Los tres
japoneses se acercaron como bólidos al monitor. Observaron a Chitoge
conversando junto a otros sujetos a quienes no pudieron reconocer, en lo que
parecía ser una especie de parque. Pero lo que más llamó su atención era la ausencia de cierta persona.
—Qué raro
—dijo la joven albina—. No veo al Sottocapo de los Benedetti.
Hizo un
alejamiento del lugar, tratando de buscarlo. Notó que, efectivamente, Chitoge
se encontraba dentro de un enorme parque y que sus escoltas estaban
estacionadas en las afueras del lugar. Tras consultarlo con un mapa global de la
red, identificaron el parque como El Jardín de la Zisa, una zona verde
recreativa ubicada a un costado del palacio de Zisa, en la zona centro de la
ciudad.
—¡Esta es
nuestra oportunidad! —Gritó Tsugumi apretando los puños.
—Yo me
quedaré aquí a vigilar los movimientos la señorita. Les avisaré por móvil si
algo pasa, ¿entendido?
—¡Bien! —Gritó
Tsugumi—. Entonces Migisuke-san y yo acompañaremos a Raku Ichijo y le
ayudaremos armando una distracción para que pueda escabullirse hasta la
señorita. ¡Démonos prisa!
—¡Espera,
Black Tiger! —Con pequeñas lágrimas en sus ojos, Paula sujetó a del brazo a su
colega.
—¿Qué te ocurre?
—Es que… es
que… —Hizo un puchero. Se veía como una niña asustada—. ¡No quiero que me dejen
aquí sola! ¿Qué tal si ese pervertido se despierta? De seguro va a estar muy
molesto conmigo. ¡Tengo miedo!
—¿Estás de
broma? —Tsugumi agitó su pierna tratando de liberarla de Paula, quien se había
aferrado a ella con todas sus fuerzas—. Esto no es juego. Debemos escoltar a
Raku Ichijo o de lo contrario…
—Lo sé… pero…
¡No me dejes sola con ese cabrón!
“¿Tanto miedo
le tienes a ese sujeto?”
—Si ese el
caso —se pronunció Migisuke—, entonces yo me quedaré con Paula-san.
—¿Qué? —Exclamó
Tsugumi—. Pero Migisuke-san, ¿está usted bien con esto?
—Ella es su
amiga —respondió echándole un vistazo a la pantalla—, así que lo mejor será que
ustedes dos vayan y se reúnan con ella. Yo también estoy de acuerdo con esto.
Si podemos solucionar las cosas sin necesidad de ser violentos, será lo mejor.
—Paula, ¿estás
de acuerdo con esto?
La albina lo
pensó por unos segundos antes de contestar—: Sí, supongo que mientras no me
quede aquí sola.
—Bien,
entonces ya está decido —sentenció Raku—. Tsugumi y yo iremos por Chitoge.
Tsugumi
sufrió un sobresalto y todos sus músculos se tensaron. Tremendo nerviosismo que
le invadió cuando cayó en cuenta que iba a quedarse una vez más a solas con
Raku, luego de lo ocurrido apenas ayer. Con su rostro pálido y nadando en sudor
frío, se apresuró a tomar cuantas armas, municiones y equipo le cupieron en su
saco. Ambos japoneses salieron con presura camino al lugar señalado.
CONTINUARÁ…
2 comentarios:
Momentos RakuxChitoge porfavor!!! XD
Me gusto mucho cuando ella era mas sincera y se acercaba mas a él x3
A mí también me gustaba esa parte de la historia, y si hubiera sabido que me iba a extender tanto con lo de la busqueda/rescate me habría extendido más en esa parte antes de la separación u.u Medio quise parcharlo con ese capi especial spin off. A ver si luego hago más spins off basados en lo mismo :D
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